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"Las citas textuales en el cuerpo del texto y notas al pie correspondientes a documentos escritos en el siglo XIX son copiadas sin modificación del documento original, se conserva la ortografía y redacción."
Enero de 1811
1 de enero. Santafé. Se eligen para alcaldes a los americanos Andrés Otero y Antonio Leiva, capitán de milicias. Durante las elecciones, el Cabildo “opinó que en las demás poblaciones no debía haber sino un solo Alcalde, en vez de dos, como se usaba en el régimen colonial.” (Ibáñez, 1891: capi39).
Santafé. Se publica en el periódico Diario Político de Santafé de Bogotá la continuación de un edicto enviado por el gobernador de Popayán Miguel Tacón, el 4 de octubre de 1810, dirigido a los cabildos de Cali, Buga, Caloto, Cartago, Anserma y Toro. La primera parte del edicto fue publicada en el mismo periódico, con fecha de 28 de diciembre de 1810. En el documento, Tacón exhorta a las ciudades a no separarse de Popayán, continuar con la monarquía y ser fieles a la Regencia española a fin de no sufrir después los castigos por parte del rey como sucederá a “quantos se hagan cómplices de la turbacion y sus resultos.” (Caldas, 1811: dpbta37a).
2 de enero. Santafé. La Suprema Junta envía una nota oficial al Congreso, advirtiendo que no se toleraría la aceptación de diputados que no pertenecieran a las provincias matrices, además, la Junta también publica un folleto en el que desaprueba la conducta de Mompos.
“El 2 de enero de 1811 recibió el Congreso una nota oficial de la Junta de Santafé, en la cual se notificaba a los legisladores que el gobierno de la Capital no toleraría la aceptación de diputados no pertenecientes a las provincias matrices, nota que coincidió con la publicación, ordenada por la misma Junta, de un "folleto insultante contra Mompós", folleto que provocó la respuesta airada del vocero de dicha Villa. En medio de esta atmósfera de general exaltación, el Congreso pronunció su fallo y siguiendo los principios adoptados en el caso de Sogamoso «acordó - dice el Acta - la admisión de su representante provisionalmente (del de Mompós) y sin perjuicio del arreglo general que ha de establecer el mismo Congreso en las provincias del Reyno ».” (Liévano, 1996: cseiii08b).
Antioquia. La Junta de Antioquia agradecía a la de Santafé el apoyo prestado para someter a Zaragoza en su intento por independizarse de la capital de la Provincia. “Antioquia fue de las primeras en utilizar la fuerza para someter a sus regiones a su disciplina como provincia matriz.” (Llano, 1995: antioquia).
Cali. Baraya le escribe a Tacón exigiendo permita al pueblo payanés un pronunciamiento sin amenazas.
“Baraya le escribió a Tacón, exigiendo un pronunciamiento del pueblo payanés en cabildo abierto y sin amenazas militares; El mismo día le escribió al Cabildo de Popayán, exigiendo que en el cabildo abierto no estuviera presente Tacón para que se pudieran manifestar acerca de la independencia y el desconocimiento del Consejo de Regencia.” (Llano, 1995: popayan).
4 de enero. Santafé. Sale de prisión el comerciante español José González Llorente quien había sido recluido desde el 20 de julio pasado. (Llano, 1995: santafe).
Santafé. En el periódico Diario Político de Santafé de Bogotá se publica la respuesta dada al gibernador de Popayán, Miguel Tacón, que el 21 de noviembre de 1810, firma José Miguel Pey en nombre de la Junta de Santafé. En ella se mantiene en su posición de apoyar a Cali y a las demás ciudades que soliciten su ayuda para liberarse de España. (Caldas, 1811: dpbta38).
5 de enero. Cali. Se crea el Batallón de Patriotas de Cali. “El Cabildo de Santiago de Cali ordenó llamar al servicio de las armas a todo varón mayor de quince años, con los cuales se creó el batallón patriotas de Cali.” (Llano, 1995: popayan).
6 de enero. Cartagena. Sale expedición militar comandada por Antonio José de Ayos, pretende someter a Mompóx que ha decidido declararse independiente de Cartagena. (Tisnes, 1976: 150).
Cartago. Apoyando el movimiento de Cali contra Tacón, se crea una Junta de gobierno. (Llano, 1995: popayan).
8 de enero. Santafé. En el Diario Político de Santafé, se publica una carta de la Gazeta de Caracas del 9 de octubre, en la que un vecino de Caracas que se encuentra en Cádiz, informa sobre la mala situación política y militar de España. (Caldas, 1811: dpbta39).
10 de enero. Antioquia. La Junta de Antioquia nombra a José Manuel Restrepo y Juan del Corral como representantes de la provincia para el Congreso General del Reino. (Llano, 1995: antioquia).
11 de enero. Santafé. La Suprema Junta, en respuesta a un impreso en el que el delegado de Mompós contesta las acusasiones hechas a su provincia, emite un decreto en el que se impide la publicación de documentos que no sean aprobados por la Junta.
“La notificación de que en Santafé estaba vigente, como si nada hubiera ocurrido el 20 de julio, el más riguroso régimen de censura, se produjo al publicarse el Manifiesto en que el diputado Mompós respondía a los agravios difundidós contra su provincia por la Junta de Cartagena. Como los periódicos el "Diario Político" y el "Aviso Público" - controlados por los vocales de la Junta de la Capital -, se negaron publicar la respuesta de Mompós, su representante acudió a la llamada "Gaceta Ministerial", publicación esporádica, editada en la imprenta de Espinosa, que la Junta puso inicialmente a órdenes del Congreso. En ella se hizo una edición extraordinaria del documento momposino y la reacción de la camarilla gobernante de Santafé se tradujo, inmediatamente en el Decreto de la Sala Ejecutiva de la Junta, firmado por don José Acevedo Gómez, cuyo texto decía: « Teniendo noticia que los autores de la "Gaceta Ministerial", sin embargo de que habían suspendido la redacción después de que publicaron el primer número, aprovechándose de ese título han impreso un papel que se dice sea ofensivo al decoro de la provincia de Cartagena, con cuyo gobierno mantiene y debe mantener el de ésta la más sincera y recíproca correspondencia, inquiérase la verdad del hecho, y resultando ser cierto, recójanse todos los ejemplares de ese papel ultimándose orden a los impresores, para que bajo las penas de las leyes, se abstengan de imprimir escrito ni documento alguno |sin previa revisión de este gobierno, quedando exentos de esta regla el "Diario" y el "Aviso" ».” (Liévano, 1996: cseiii08b).
17 de enero. Santafé. Por orden de la Suprema Junta es apresado José María Carbonell, acusado de organizar actos de desorden y protesta que alteraron el orden de la ciudad.
“…el 17 de enero la crisis política adquirió características extremadamente graves porque las antiguas células revolucionarias de los barrios de Santafé, utilizadas por Carbonell en las grandes jornadas que siguieron el 20 de julio, reiniciaron sus actividades de agitación y la expectativa de posibles perturbaciones del orden agudizó la pugna entre patricios y chisperos y el clima social de la Capital adquirió de nuevo las características explosivas que lo distinguieron en los días anteriores a la prisión del Virrey Amar. En tan críticas circunstancias, la Junta de Santafé, con la firma del señor Pey, ordenó, por segunda vez, la prisión de don José María Carbonell quien fue capturado por los esbirros del gobierno y conducido a las cárceles comunes.” (Liévano, 1996: cseiii08b).
18 de enero. Santafé. El Congreso se reúne en sesión extraordinaria para deliberar sobre unas acciones militares que ha decidio la Junta Suprema y que considera son indebidas.
“como los oficiales españoles de los cuerpos armados que en dicha fecha prometieron lealtad a la Junta, por presidirla el Virrey y reconocer ella a Fernando VII y la Regencia, habían solicitado, en los últimos días, sus pasaportes para salir del país, por considerar que se había cedido a las presiones indebidas del "pueblo insubordinado" de la Capital, los vocales de la Junta no sólo rogaron a los peticionarios reconsiderar su decisión, sino que ordenaron poner las tropas de línea a su mando. Pero esto no fue todo; como el control militar de la Capital dependía del Parque de Artillería, la Junta llegó hasta el extremo de intentar destituir a los oficiales patriotas, don Salvador Cancino y Mariano Millán, para transferir el comando del Parque a los comandantes españoles Cebolino y Salcedo. Tales medidas, inexcusables en un gobierno al que se ha pretendido presentar como inclinado a buscar la emancipación del Nuevo Reyno, comenzaron a ejecutarse hacia el atardecer del día 18 de enero, cuando ya el pueblo se había dispersado, y ello in dujo a los representantes al Congreso, justamente alarmados, a reunirse en sesión extraordinaria esa misma noche, sesión en la que se pasó revista a los últimos acontecimientos políticos y se acordó denunciar públicamente la maniobra regentista de la Junta de notables, obviamente inspirada por el señor Pey y don Camilo Torres.” (Liévano, 1996: cseiii08b).
La reunión del Congreso, estuvo acompañada de rumores de levantamiento por parte de los regentistas, razón por la cual los regimientos de Santafé alistaron sus armas:
“…por la noche, se pusieron todos los regimientos que había sobre las armas, porque se temía traición de parte de los regentistas y napoleonistas que había ocultos el 18 por la mañana; vino la compañía de Granaderos a la Artillería y sacaron dos cañones de los grandes y los pasaron al cuartel del Auxiliar, con música.” (Caballero, 1974: diario4).
El mismo día, Antonio Nariño imprimía la que se llamó Acta Secreta, lo que le valió después persecución.
“En los talleres de Bruno Espinosa se imprimió la famosa "Acta Secreta" que Nariño publicó a espaldas del Congreso y de la Suprema, para conocimiento del público a quien se le quería ocultar.” (Llano, 1995: santafe).
19 de enero. Santafé. El vicepresidente de la Junta, José Miguel Pey, escribe a la Junta realista de Santa Marta, explicando que en el centro del país no se desconoce la soberanía de Fernando VII, pero tampoco se reconoce la autoridad del Consejo de Regencia: “…el Vicepresidente Pey le decía a la Junta realista de Santa Marta que los pueblos del centro del país no desconocían a su legítimo Soberano, pero que no se sometían a autoridades arbitrarias que querían escudarse con tan augusto nombre sin consentimiento de los americanos1
Al mismo tiempo, Emigdio Benítez, representante en el Congreso por Sogamoso, escribe una carta al Magistral Andrés Rosillo, describiéndole la situación que se vive en la capital:
“La atmósfera de crisis que reinaba en la ciudad, la describió adecuadamente don Emigdio Benítez en carta dirigida, el 19 de enero de 1811, al Magistral don Andrés Rosillo: «Mi estimado compañero y amigo - le decía - por el Acta o acuerdo que le acompaña el Congreso verá los apurados extremos a que se le tiene reducido por la Junta. El tal vez acuerde de hoy a mañana su salida a Sogamoso, o a otro lugar. A los Pombos, a Torres (Camilo) y a Acevedo se les han cogido cartas en que descubren el plan de que reconozca la Regencia... Se pidió a la Junta que se les separase de vocales para proceder contra ellos, y nada se ha conseguido, sino desavenencias. Al señor Pey (Juan Bautista) le vino el Deanato por la Regencia. Ayer se puso preso a Carbonell y la artillería a disposición de Cebollino y Salcedo, y en una palabra los regentistas y chapetones llevan la voz... ».” (Liévano, 1996: cseiii08b).
El mismo día, José Acevedo y Gómez reorganiza la secretaría de Gracia y Justicia que se encontraba a su cargo: “El Secretario de Gracia y Justicia, Acebedo Gómez, organizó su Secretaría con el Oficial Mayor Gregorio Martínez Portillo y con el Oficial Antonio Margallo. Martínez Portillo ascendió a Secretario de Hacienda y Guerra, y don Juan Ronderos fue nombrado Relator de las dos Salas.” (Ibáñez, 1891: capi39).
21 al 24 de enero. Mompóx. Batalla de la Quinta o de “los Cañones de Guadua” entre Mompóx y Cartagena. Las tropas cartageneras estaban comandadas por Antonio José de Ayos, mientras las momposinas eran dirigidas por Pantaleón Ribón y Nicolás Valest. Los combates tienen lugar en “San Zeñón, a poco más de 2 millas de Mompós”. Los cartageneros obtienen la victoria. (Tisnes, 1976: 150).
22 de enero. Cali. Baraya le escribe al Cabildo de Buga, protestando porque se ha enterado que esa ciudad adelanta negociaciones con Tacón. (Llano, 1995: popayan).
Venezuela. Francisco Miranda escribe un documento dirigido a la Junta Suprema de Santafé en el que propone la unión de las dos naciones. (Llano, 1995: noticias).
Santafé. Se publica en el Diario Político de Santafé de Bogotá un docuemnto enviado el 2 de enero por la Junta de Antioquia a la de Santafé en la que la felicita por no admitir a Zaragosa como parte de Santafé y por negarse a recibir en el Congreso a representantes de ciudades que quieran independizarse de sus provincias, argumenta que con dicha resolución, “…se han cortado de raiz los males que sufrian, é iban á experimentar las Provincias, con sus divisiones intestinas, y con la funesta anarquia que ardia rapidamente, pues no habia poblacion que no quisiese ser independiente, y tener una reprsentación legal, contada, en que seria admitida y ayudada por esa Junta Suprema. Y no dude V.S. que la admision ó las esperanzas dadas á algunos lugares de que serian recibidos por ese Gobierno con algunos principios adoptados en los paples públicos, que parece propenderian a la division, iban retrayendo mas y mas la voluntad de las Provincias y retardando el Congreso General en esa ciudad.Ya han cesado semejantes temores con la declaratoria de V.S. y la union mas estrecha va á renacer en todas ellas.” (Caldas, 1811: dpbta43).
25 de enero. Santafé. El Cuerpo Ejecutivo designa a José María Domínguez del Castillo, Luís Eduardo de Azuola, Jorge Tadeo Lozano y M. Tobar, para que redacten un proyecto de constitución: “El Cuerpo Ejecutivo reconoció el 25 que el «gran pueblo de la capital» tenía la plenitud de los derechos naturales para la elección de los individuos que debían ejercer autoridad, y comisionó a los beneméritos ciudadanos J. M. del Castillo, L. E. de Azuola, J. T. Lozano y M. Tobar para redactar un proyecto de constitución sobre los principios de un sistema liberal representativo.” (Ibáñez, 1891: capi39).
Mompóx. Es tomada la ciudad por las tropas cartageneras después de su victoria. El mismo día se informa del hecho a los representantes ante el Congreso General del Reino quienes entonces perdían su facultad para conformarlo. (Tisnes, 1976: 151).
Esta acción la ubica Rodrigo Llano Isaza con fecha del 23 de enero, “Las tropas de Cartagena se tomaron a Mompox; Ayos entró a saco sobre las propiedades de los momposinos y los persiguió con denuedo, además, que confiscó los bienes de Vicente Celedonio Gutiérrez de Piñeres, acto que no le perdonarían los hermanos de éste en Cartagena; También confiscó los bienes de Pantaleón de Germán Ribón y Segura,…” (Llano, 1995: cartagena).
Palmira. “Palmira reclutó 80 hombres para enrolarlos en el ejército de Baraya.” (Llano, 1995: popayan).
28 de enero. Santafé. Por bando se reafirma la independencia de la Junta del Consejo de Regencia: “La Junta publicó un bando el día 28, unida al Poder Ejecutivo y en nombre de Fernando VII, con absoluta independencia del Consejo titulado de Regencia y de cualquiera otra autoridad. Tenía por principal objeto la promulgación de ese Acuerdo, protestar contra el Tirano, o sea Napoleón I; contra sus ejércitos y sus estandartes, y desconocer de manera resuelta y absoluta al Supremo Consejo de Regencia2.” (Ibáñez, 1891: capi39).
El mismo día, la Junta, a través de un desfile militar, realiza una advertencia al Congreso con quien no está de acuerdo ideológicamente: “La Junta de notables de Santafé graduó de desafío la resolución del Congreso3 y las medidas de represalia que tomó a continuación, entrañaban no sólo flagrantes abusos de poder, sino que constituían una manifestación desembozada del visible apego de considerable parte de sus miembros al partido regentista, partido que defendía la integridad de los vínculos coloniales con la Metrópoli. El 28 de enero de 1811, día de mercado, se sacaron los cañones a la calle y se hizo un amenazador despliegue de tropas frente a la sede del Congreso, no sólo para intimidar a los legisladores sino para atemorizar a la multitud reunida en la plaza, entre la cual se encontraban don José María Carbonell y los principales dirigentes del antiguo Club Revolucionario de San Victorino.” (Liévano, 1996: cseiii08b).
La presencia de la tropa en las calles de la ciudad, ayudan a controlar a la multitud “que protestaba contra la Suprema y pedía la libertad de Carbonell.” (Llano, 1995: santafe).
29 de enero. Santafé. Por bando se anuncia la situación de España frente a Francia, se teme lo mismo para América: “…se echó bando de la desunión total de España, por haber venido noticia de estar perdida y dueños los franceses de toda ella, a excepción de la isla de León y plaza de Cádiz, lo que se consideraba correrían la misma suerte las Américas.” (Caballero, 1974: diario4).
En el Diario Político de Santafé de Bogotá, se anuncia la instalación de las Cortes en España que tuvieron lugar el 24 de septiembre de 1810. La noticia se acompaña de la opinión sobre la desigualdad entre europeos y americanos en la respresentación de las Cortes. (Caldas, 1811: dpbta45).
En el mismo mes de enero se observan las consecuencias de las noticias llegadas de España, aumenta la división entre los neogranadinos:
“Las noticias de un suceso acaecido al otro lado de los mares vinieron a aumentar las divisiones, y hacer pronunciar a los partidos de una manera más decisiva. Hablamos de la instalación de las Cortes de España hecha en la isla de León el 24 de septiembre de 1810. Los principios liberales que proclamaron, la representación popular de toda la nación española que figuraba tener, proclamas elocuentes que dirigieran a los pueblos, promesas magníficas de reformar abusos, y sobre todo la fuerza del hábito y de las preocupaciones, dieron a las Cortes un partido numeroso en los países revolucionados de América. Sin embargo de que todos los españoles europeos, muchos empleados por el gobierno real, y una gran parte del clero, que ha ejercido tanto influjo en estas regiones, jamás habían sido partidarios de la revolución, ocultaban hasta entonces sus verdaderos sentimientos. Mas cuando supieron que en España había Cortes y una Regencia a la que no se podían objetar los defectos de la primera, arrojaron la máscara, y abierta y ocultamente comenzaron a minar el edificio aún mal cimentado de los gobiernos revolucionarios.
En las provincias del istmo de Panamá, en Santamarta, y en Riohacha las Cortes fueron reconocidas sin limitación alguna. La junta de Cartagena, que había reconocido a la Regencia de Cádiz, hizo lo mismo respecto de las Cortes, seducida, como ella misma dijo después, con ver declarada la soberanía de la nación, la división de los poderes públicos, la igualdad entre Españoles europeos y americanos, la libertad de imprenta y otros derechos capitales de los pueblos; las reconoció, empero, - “como una soberanía interina, mientras que se constituían legalmente conforme a los principios que proclamaban, reservando siempre el gobierno económico y la administración interior de la provincia”. Las demás juntas se mantuvieron firmes: ellas no habían querido reconocer a la Regencia, que en los últimos momentos de su poder formó la central; asimismo se negaron al reconocimiento de las Cortes instaladas con diputados suplentes, en cuya elección ninguna parte habían tenido los pueblos de la Nueva Granada: tampoco reconocieron a la Regencia nombrada por ellas. Hubo por tanto dos partidos fuertemente pronunciados: los patriotas o independientes, y los regencistas, según se les llamaba, o adictos al gobierno español.” (Restrepo, 1974: 154-155).
31 de enero. El Socorro. El Cabildo de El Socorro anuncia su desconocimiento de la Regencia española. (Llano, 1995: socorro).
1. Nota al pie en el texto original: “M. E. CORRALES, Documentos cit., I, 248.”. (Ibáñez, 1891: capi39).
2. Nota al pie en el texto original: “M. E. CORRALES, Documentos cit., I, 250.” (Ibáñez, 1891: capi39).
3. Refiriéndose a la decisión del Congreso de aceptar a los representantes de las provincias que recientemente se declaraban independientes como Sogamoso y Mompós.
Febrero de 1811
Casanare. En este mes la provincia del Casanare decide auxiliar a Santafé con el fin de defender el Congreso del Nuevo Reino. “Para defender al Congreso del Nuevo Reino, la provincia ordenó auxiliar a Santafé con cincuenta fusiles, dos pedreros y $2.000 en efectivo.” (Llano, 1995: casanare).
1 de febrero. Palmira. Se establece la Junta Provincial de Gobierno de las ciudades amigas del Valle del Cauca. Se confederan seis ciudades: Cali, Toro, Cartago, Caloto, Buga y Anserma. El gobernador Tacón las declara en rebeldía.
“Se instaló en Palmira la Junta de las ciudades amigas y confederadas del Valle, conformada por Cali (Joaquín Caizedo), Toro (el franciscano Fray José Joaquín Escobar), Cartago (el también franciscano Fray José Joaquín Meléndez), Caloto (José María Cabal), Buga (Nicolás Ospina) y Anserma (José María Cuero y Caicedo).” (Llano, 1995: popayan).
Santafé. Se preparan los ejércitos y se ordena el reclutamiento militar de todos los hombres entre 15 y 40 años.
“…se echó bando de que todos los oficiales, así de caballería como de infantería, asistiesen a sus obligaciones del ejercicio, y que se alistase todo hombre, desde la edad de quince años hasta cuarenta; Y el que no quisiese o no le acomodase el nuevo sistema, que pida su pasaporte y desocupe el lugar.” (Caballero, 1974: diario4).
Sobre la orden de alistamiento también escribe Ibáñez: “En los primeros días de febrero de 1811 se ordenó que se alistasen todos los hombres, desde la edad de quince años hasta la de cuarenta, y se dispuso que a los que no tomaran servicio o no apoyaran al Gobierno, se les daría pasaporte para que desocuparan la comarca. Para alojar a las nuevas milicias patriotas se señaló como cuartel las ruinas del primitivo Palacio de los Virreyes, situado, como queda dicho, en la acera sur de la plaza principal.” (Ibáñez, 1891: capi39).
Cartagena. Fiel al gobierno español las autoridades cartageneras escriben a España felicitando al gobierno por la instalación de las Cortes en la Isla de León. (Llano, 1995: cartagena).
2 de febrero. Valledupar. El Cabildo le pide a las Cortes en España, autorización para enviar un diputado. Las Cortes niegan la petición. (Llano, 1995: stamarta).
4 de febrero. Cartagena. Se produce una revuelta como desenlace de una contrarrevolución frustrada que había sido organizada por los que apoyaban el gobierno español y querían la restitución del orden de gobierno anterior. El ataque fue planeado por los españoles habitantes de la ciudad en alianza con el Regimiento Fijo y los demás cuerpos militares de esa plaza.
“Estos partidos habían tardado e pronunciarse en Cartagena, en donde hubo uniformidad de opiniones entre americanos y europeos desde que dieron adjuntos al gobernador Montes hasta que le pusieron preso. Solamente se opuso el comandante de artillería don Diego Marañosa con una firmeza de carácter siempre laudable. Los demás españoles europeos y los empleados favorecieron las miras de los naturales del país, bien por resentimientos contra Montes, bien porque no calcularon el curso que tomarían aquellas novedades; pero siendo ya claro el objeto de la revolución desde que no fue admitido el gobernador español Dávila, los ánimos y sentimientos habían cambiado del todo. Existía, pues, en Cartagena un gran partido a favor del gobierno peninsular, y la junta había andado tan poco advertida, que dejaba todavía en manos de jefes enemigos de la revolución el mando de varios cuerpos militares de la plaza. Dichos jefes, los comerciantes españoles de más influjo y algunos subalternos se propusieron hacer una contrarrevolución para disolver la junta, enviar a España presos a todos sus miembros, así como a las personas más adictas al nuevo sistema, y restablecer el gobierno antiguo.
El regimiento llamado Fijo era el cuerpo más fuerte de la guarnición de Cartagena, y el que principalmente les convenía ganar a los conspiradores. Los oficiales, partidarios del gobierno español, se comprometieron sin dificultad alguna, Para atraerse a los oficiales amigos de la revolución, intrigaron los realistas a fin de que se nombrara comandante del Fijo al coronel don José María Moledo, a quien aborrecía la oficialidad El comandante interino don Nicolás Granados se resistió con este nombramiento, lo mismo que otros varios oficiales. En consecuencia se decidieron a oponerse al reconocimiento de Moledo y bajo de tal pretexto se dejaron ganar por los realistas. El pueblo sin opinión alguna podía ser conducido a la contrarrevolución por el dinero y por la embriaguez.
Seguros ya los realistas de la cooperación del Fijo, comprometieron al cuerpo de artillería, a las milicias pardas, a las blancas, y a multitud de personas que en el momento de la ejecución debían concurrir bien armadas y unirse a las tropas. El 4 de febrero, a las once de la mañana, quedó fijado por los conspiradores para realizar el plan, que era el siguiente: el capitán español europeo don Miguel Gutiérrez debía salir mandando el Fijo, proclamar al rey en la plaza de la Inquisición y apoderarse de la casa consistorial, reforzándole algunos españoles armados; las milicias blancas y pardas reunidas en sus cuarteles debían aguardar las órdenes que se les comunicaran, para obrar conforme a las circunstancias; la artillería con su tren volante y sostenida por la fusilería correspondiente cubriría el flanco del Fijo en su marcha y su retaguardia, cuando se hubiese apostado en los puntos dominantes de las murallas y en las puertas del puente y de la media-luna, donde se debían poner oficiales y tropa de toda la confianza de los conspiradores. Una goleta española de guerra mandada por don Juan Bautista Topete se hallaba lista en el puerto para hacerse a la vela, llevando a su bordo a los miembros de la junta y a los demás individuos que se remitieran a España. Terminada la contrarrevolución, el mando de la plaza debía entregarse al general Narváez por ser el oficial de más graduación que en ella existía.
Los subtenientes don Simón Burgos y don Bartolomé Noguera supieron la proyectada revolución, que comunicaron a las ocho de la mañana al doctor don José María García de Toledo, porque el presidente de la junta don José María del Real se hallaba fuera de la plaza. Toledo, aunque sólo era el ministro del tribunal de justicia, tenía influjo sobre el pueblo, y acordó con los miembros de la junta destinados a la comisión ejecutiva el encargarse de la prisión de los capitanes don Miguel Gutiérrez y don Esteban Fernández de León, que aparecían, según las noticias recibidas, como agentes principales del movimiento revolucionario. En efecto, habiéndose presentado en el cuartel García Toledo junto con el ayudante don Feliciano Otero, sacó a los capitanes Gutiérrez y León bajo el pretexto de que le acompañaran a una comisión importante. Después de estar en la calle, Gutiérrez se resistió a seguir y desenvainó su espada; a pesar de que se había unido a Toledo don Francisco Navarro, se escapó el reo y fue a incorporarse con la tropa de la parada que estaba en la plaza de la Merced, de la que se hizo comandante, mandando cargar los fusiles con bala y calar la bayoneta: de allí volvió al cuartel y aceleró la marcha del regimiento antes de la hora prefijada con los otros conjurados.
Eran poco más de las ocho y media de la mañana (febrero 4) y ya el Fijo, puesto en marcha, había llegado a la mitad de la calle que desde su cuartel cercano al convento de la Merced conducía a la plaza de la Inquisición; iban gritando los conspiradores: ¡Viva el rey, y muera el infame gobierno! Entonces el general Narváez, que mandaba todas las tropas, avisado del peligro por García Toledo y por otros, se presenta al regimiento y pregunta al oficial que estaba a su cabeza el objeto de su marcha. Contestóle que iba a la plaza de la Inquisición a hacerse reconocer como capitán general, y a don Blas de Soria como gobernador, cesando la junta. Narváez le previno por tres veces que hiciera regresar la tropa a su cuarte, y otras tantas se resistió Gutiérrez, mandando que continuara la marcha del regimiento. Narváez ordenó entonces que salieran al frente de sus respectivas compañías los oficiales, sargentos y cabos, a quienes preguntó si le reconocían como comandante general: contestándole que sí, mandó tocar bando, y a nombre del rey previno que todos le siguieran bajo pena de la vida. Poniéndose a la cabeza del regimiento, lo condujo a su cuartel, e impuso la misma pena de la vida al individuo que saliese fuera de sus puertas o que faltara en la menor cosa a lo que había mandado a nombre de su Majestad. Declaró igualmente por acuerdo de la junta, que don Nicolás Granados era el comandante del regimiento y no don José María Moledo. Faltando el fijo, las demás tropas no cooperaron, ya fuera a causa de no haber recibido alguno de Gutiérrez, o ya porque éste, compelido por urgentes circunstancias, marchó antes de la hora pactada. Don Vicente Talledo se mantuvo en el cuartel de artillería para seguir dirigiendo este cuerpo a nombre del rey; don Eduardo Llamas, coronel de las milicias pardas, debía mandarlas, y don Luis Gómez de Coz de las blancas, todas contra la junta.
Luego que estos jefes supieron que el regimiento Fijo había regresado a su cuartel, se disolvió la reunión formada en el de artillería; las milicias blancas por medio de su comandante Gómez de Coz, que era gradito, ofrecieron sus servicios a favor de la junta, y las milicias pardas se retiraron al fin en cumplimiento de órdenes repetidas del general Narváez, sin embargo de que el comandante Llamas no quería hacerlo, ni muchos españoles europeos que se la habían unido a fin de obrar contra la junta. Alarmada ésta con los peligros de aquel día, quiso armar al pueblo y a sus partidarios, abriendo al efecto la sala de armas que bien pronto quedó vacía, y con tal auxilio en breve triunfó de todos los obstáculos.
Los principales comprometidos, que eran Gutiérrez, León y el sargento Rezano, cabezas del motín, fueron aprehendidos inmediatamente. El pueblo armado atacó en aquel día y en los dos siguientes las casas de don Juan de Francisco Martín, de don Tomás Andrés Torres, de don Francisco Bustamante y de otros varios españoles europeos contra quienes había pruebas o sospechas de que eran cómplices o fautores de la revolución. La junta nombró a García Toledo juez comisionado para seguir los procesos. Descubrió éste por medio de una rigurosa pesquisa a todos o casi todos los cómplices entre los comerciantes y vecinos de Cartagena, los que eran numerosos y de mucho influjo en el pueblo. Después de seguírseles el correspondiente proceso, algunos fueron condenados a presidio y confiscación de bienes; pero los más a ser expulsados del territorio de Cartagena, providencia que se cumplió el mismo día cuatro con el capitán Gutiérrez. Más tarde fue esta disposición muy perjudicial, porque varios oficiales y españoles europeos, enemigos declarados de la revolución, emigraron a Santamarta, donde fortalecieron al partido de la Regencia y después causaron males muy graves a Cartagena y a toda la Nueva Granada. El gobierno de la junta cometió otra falta semejante, permitiendo a la expedición española llamada de Costas, al mando de don Joaquín Fidalgo, que se trasladara a la Península, llevándose los buques y las cartas marítimas que había formado sin exigir una copia, después que la Nueva Granada había sufrido todos los gastos. Mas no fue esto sólo, sino que también mandó hacer a los oficiales de marina y a los empleados en dicha expedición los ajustes de sus sueldos caídos, y les pagó cuarenta mil pesos, quitándoselos a los defensores de la independencia y libertad de la patria; filantropía mal entendida, que los españoles jamás agradecieron, y cuyo resultado fue darles armas contra nosotros mismos.
La contrarrevolución que debía estallar el 4 de febrero, fue uno de los mayores peligros que corrió la naciente libertad de la Nueva Granada. La conspiración estaba perfectamente urdida, y sus jefes habían tomado cuantas medidas eran necesarias para realizarla. Si el capitán Gutiérrez hubiera tenido más energía, el nuevo gobierno era perdido sin remedio. Apoderados los españoles de Cartagena podían haber dominado todas las costas de la Nueva Granada, y con los recursos militares de aquella plaza habrían sujetado sin gran dificultad las provincias del interior, que se hallaban desarmadas, y cuyos moradores no hubieran sufrido entonces con paciencia por mucho tiempo las privaciones a que los habría sujetad la falta de comercio exterior. La conservación de Cartagena para la causa de la Independencia se debió a García Toledo y principalmente al general Narváez: su memoria debe ser grata a los republicanos, a quienes hubieran sido útiles sus talentos y virtudes; mas era ya anciano y la muerte lo llevó al sepulcro poco tiempo después.” (Restrepo, 1974: 155-156-160).
Sobre la contrarrevolución en Cartagena también escriben Henao y Arrubla:
“Aunque España no tenía ejércitos para someter por lo pronto sus colonias revolucionadas, y las juntas de gobierno constituídas así lo comprendían, es innegable que aquélla conservaba la fuerza moral o el poderoso ascendiente adquirido durante la dominación secular, y ese influjo debía sentirse muy en breve, ahondando las divisiones en los partidos, con un trascendental acontecimiento de la política española. Las Cortes que se habían instalado en la isla de León (septiembre de 1810), proclamaron principios liberales, dieron alocuciones elocuentes y halagaron con sus promesas sobre reforma de abusos; todo esto les granjeó grande opinión en las colonias insurrectas, porque había muchos que ocultamente eran enemigos de la revolución, y con la noticia de la existencia de las Cortes y de su política de atracción, diéronse a la tarea de destruír el edificio apenas comenzado por los americanos. Por esta razón en el Istmo, Cartagena, Santa Marta y Riohacha fueron reconocidas las Cortes; pero las demás juntas provinciales de gobierno no hicieron tal reconocimiento.
Como la Junta de Cartagena no se adhirió a las Cortes de la Península de un modo absoluto, sino que las consideró como una “soberanía interina”, los numerosos españoles residentes en la plaza fraguaron una consiración para derrocar la Junta y volver al antiguo régimen (1811); apoyándose en la fuerza pública, particularmente en el regimiento Fijo, pensaron dar el golpe de mano, pero su intento bien urdido se frustró, gracias a la entereza de los patriotas, en especial a la del doctor José María García Toledo, quienes salvaron para la causa americana aquel importante puerto, cuya posesión habría servido al partido absolutista, armado con los muchos elementos que se hallaban en Cartagena, para dominar las costas y el interior del país.” (Henao y Arrubla, 1952: 356).
Otra versión de lo sucedido el 4 de febrero en Cartagena, es escrita por Eduardo Lemaitre, bajo el título Motín Militar, en su libro Antecedentes y consecuencias del once de noviembre de 1811:
“MOTIN MILITAR
La negativa de la Junta a dmitir como Gobernador al Brigadier Dávila y el manifiesto disgusto de americanos influyentes por la conducta falaz de las Cortes y la Regencia, decidió la formación de dos partidos: el de los regentistas y el de los patriotas; estos trabajaban por la independencia de la provincia del dominio español; aquellos conspiraba para dar en tierra con el orden de las coss existente entonces. La Junta, bien fuese por inadvertencia, bien por exceso de confianza, no había dispuesto separar del mando de ciertos cuerpos de tropas a Jefes y oficiales abiertamente hostiles a ella; y esta falta fue explotada por dichos Jefes y por comerciantes españoles de influjo. Los cuerpos de guarnición eran: el regimiento Fijo, compuesto en su mayor parte de espalomes, al mando de don Nicolás díaz Granados; el batallón de Artillería, mandado por don Vicente Talledo; el batallón de milicias pardas, cuyo jefe era don Eduardo Llamas; y el batallón de milicias blancas, a las órdenes de don Luís Gómez de Coz.
Los Capitanes del Fijo don Miguel Gutiérrez y don Esteban Fernández de León y un sargento Eugenio Rezano ganaron la tropa, y para comprometer a los demás oficiales obtuvieron, por algunas influencias, el nombramiento de don José María Moledo para Jefe del cuerpo, en reemplaza de don Nicolás Díaz Granados. Obtenido el apoyo del Fijo, fue fácil ganarse a las demás tropas para que entraran en la conspiración, cuyo plan era este: el capi´tan Gutiérrez, debía presentarse a la cabeza del Fijo en la plaza de la inquisición proclamar al Rey, y luego apoderarse del Palacio del Ayuntamiento, reforzándolo algunos españoles armados; las milicias blancas y pardas, reunidas en sus cuarteles, debían aguardar las órdenes que se les comunicase y obrar de acuerdo con éstas; la artillería, con su tren volante, y sostenida por la fusilería correspondiente, cubriría el flanco del Fijo en su marcha, y la retaguardia cuando se hubiese apoderado de los puntos convenientes de las murallas. Una goleta d eguerra anclada en la bahía, al mando de don Juan Bautista Topete, devía conducir a España a los miembros de la junta y demás caudillos, después de esto, el mando de la plaza debía entregarse al general Narváez.
Ya todo preparado, fijóse el día 4 de febrero de 1811 a las once de la mañana para que estallase el movimiento, cuando un suceso inesperado vino a dar en tierra con planes tan bien combinados. A las ocho de la mañana del día citdo los subtenientes don Simón Burgos y don Bernabé Noguera sabedores del movimiento que iba a tener lugar, lo denunciaron a García de Toledo, Ministro del Tribunal de Justicia, por encontrarse en la Popa el Presidente de la Junta Suprema; García de Toledo, incontinenti, arregló con los principales miembros de la Junta sofocar la revolución y él mismo se hizo cargo de prender a los capitanes Gutiérrez y Fernández de León, para lo cual se presentó en el cuartel del Fijo en compañía del oficial don Feliciano Otero, y sacó a los capitanes expresados bajo pretexto de que le acompañaran a una comisión importante; ya en la calle, Gutiérrez se negó a seguir desenvainando su espada, fue a reunirse a la tropa de la parada, que estaba en la plazoleta d ela Merced, de la cual se hizo Jefe, y luego volvió al cuartel y púsose en marcha con el regimiento, antes d ela hora fijada con los otros conjurados.
García Toledo, apenas fugado Gutiérrez, voló a la casa del General Narváez, situada dos cuadras al sur del cuartel (dicha casa es la marcada hoy con el número 132, en la calle del cementerio de la Iglesia), y le impuso de todo. Ya era tiempo, pues, por la calle del Estanco del Tabaco venía la tropa atronando el aire conlos gritos de Viva el Rey! Muera el infame Gobierno! El general Narváez se interpone delante del Regimiento, pregunta al oficial que lo comanda el objeto de su marcha, y habiéndole contestado que iba a la plaza a hacerle reconocer como a Capitán general y a don Blas de Soria como Gobernador, intimó al capitán Gutiérrez que regresase al cuartel con las tropas. Negada la obediencia por Gutiérrez, el anciano y noble general ordenó a los oficiales subalternos, sargentos y cabos que saliesen al frente de sus respectivas compañías y les preguntó si le reconocían como Comandante general, habiéndole contestado que sí, mandó tocar el bando, y, a nombre del Rey, ordenó que todos le siguieran bajo pena de la vida; condujo luego al regimiento a su cuartel, previno, so pena d emuerte, que nadie saliese afuera hasta nueva orden, y declaró que el jefe del regimiento era don Nicolás Díaz Granados por resolución d ela Junta.
No habiendo concurrido el Fijo a la hora señalada, los demás cuerpos no cooperaron a la insurrección, y se retiraron a sus cuarteles los que salieron, en virtud de órdenes repetidas del general Narváez, jurando después obediencia a la Junta. Esta, alarmada por lo que pudo haber acontecido, abrió al pueblo la sala de armas y con este auxilio pudo imponerse a sus enemigos.
Declarada la insurrección, García Toledo fue comisionado para que verificase una pesquisa, como tuvo efecto, descubriéndose por este medio a todos los conspiradores, los cuales fueron condenados unos a destierre y otros a prisión.” (Lemaitre, 1961: 26-29).
5 de febrero. Cartagena. Intentando recuperar el orden público, trastornado por lo hechos del día anterior, la Junta Suprema nombra a José María García de Toledo como Juez de la Seguridad General. (Llano, 1995: cartagena).
Palmira. Las ciudades amigas y confederadas del Valle, desconocen al Consejo de Regencia. También nombran como presidente a Antonio Baraya y vicepresidente a José Joaquín Escobar.
“La Junta provisional de gobierno de las ciudades amigas del Valle desconoció al Consejo de Regencia de Cádiz, nombró como presidente honorario a Antonio Baraya y como vicepresidente, efectivo en el mando, a Fray José Joaquín de Escobar, diputado por Toro.” (Llano, 1995: popayan).
8 de febrero. Santafé. El representante de Mompóx ante el Congreso General del Reino, José María Gutiérrez decide retirarse de la corporación después de haber sido informado el mismo 25 de enero, de la derrota de los momposinos ante las tropas cartageneras. Se mantuvo en su cargo hasta esa fecha esperando la confirmación oficial de lo sucedido. (Tisnes, 1976: 151).
9 de febrero. Santafé. El Batallón de Milicias se traslada a la Plaza Mayor, al antiguo Palacio Virreinal, tal como se había dispuesto. Se temían ataques y se sospechaba de muchos.
“…se vinieron todos, cabos y sargentos veteranos de Milicias, de la casa de la orilla del río de San Agustín a la plaza del palacio viejo, en donde se acomodaron, así caído como estaba, en las mejores piezas que se pudieron asear, y esto de improviso, porque se temía un asalto, y la noche antes estuvieron todos sobre las armas, milicias, patriotas y nacionales, y salieron patrullas dobles, menos del Auxiliar; había esparcida una voz sorda en que habían revisado las armas y que tenían cohechada la tropa; y se sospechaba también por los más se habían presentado pidiendo sus pasaportes.” (Caballero, 1974: diario4).
Popayán. Contrario a lo que hacían las Ciudades Confederadas del Valle, en Popayán se juró lealtad a Fernando VII y las Cortes.
“En Popayán se juró fidelidad al rey y a las Cortes; Acto seguido el Cabildo envió una comunicación a todos los Cabildos de su provincia ordenando que procedieran a la jura del Rey.” (Llano, 1995: popayan).
12 de febrero. Santafé. La Junta Suprema indica a Manuel de Bernardo Alvarez, representante de Santafé ante el Congreso que debe retirarse del mismo mientras en él se siga aceptando la presencia de representantes de “pueblos desmembrados”:
“Privado el Congreso de los medios indispensables para defender su autonomía y garantizar la libertad de sus deliberaciones, hubo de considerar la necesidad de poner término a sus sesiones y su disolución se precipitó cuando don Manuel Bernardo Alvárez, cediendo a las presiones de la oligarquía santafereña, convino en no concurrir al Congreso mientras actuaran en él los diputados de Sogamoso y Mompós. Para explicar los motivos de esta decisión dirigió el señor Alvarez la siguiente nota a don Emigdio Benítez, representante de Sogamoso: « La Suprema Junta, por oficio que he recibido en esta tarde, me previene que en tanto tendré la representación de la provincia en cuanto no me separe de la regla inalterable de no alternar o concurrir al Congreso con diputados de pueblos desmembrados de sus antiguas provincias y me exige aviso en el día de haberlo cumplido. Lo he verificado, asegurándole (a la Junta) mi resolución de llevar a efecto la suya... Dios guarde a Ud. muchos años. Manuel Bernardo Alvarez. Santafé, 12 de febrero de 1811».” (Liévano, 1996: cseiii08b).
13 de febrero. Santafé. Comienza a circular el impreso clandestino, elaborado por Nariño, donde se lee el acta de la sesión extraordinaria del 18 de enero y se lanzan ataques contra la política de la Junta Suprema, el mismo día José Miguel Pey toma medidas para capturar a los autores del documento secreto:
“Enfrentado el Congreso del Reyno a la censura previa de todas las publicaciones y a tan desembozadas manifestaciones de arbitrariedad, optó por ignorar esa censura, en lo cual se adivina la garra política de Nariño, y decidió dar a la publicidad el Acta de su sesión del 18 de enero, cuyo texto constituía una verdadera denuncia de las maniobras regentistas de la Junta de notables de Santafé. Para efectuar la publicación, el Congreso acudió a la imprenta de don Bruno Espinosa, la misma imprenta donde publicó Nariño clandestinamente, diecisiete años atrás, la famosa traducción de los Derechos del Hombre. Si en el año de 1794 el Precursor contó, para publicar el inmortal documento francés, con la abnegada colaboración de don Diego Espinosa de los Monteros, propietarios de la imprenta, ahora el Congreso y el mismo Nariño recibieron la ayuda, no menos noble y eficaz, de don Bruno Espinosa de los Monteros, dueño, para la fecha, de la famosa imprenta. Los mismos viejos y gastados tipos que años atrás se utilizaron en la impresión clandestina de los Derechos del Hombre, iban a servir ahora para editar, en iguales condiciones de clandestinidad y de arbitraria persecución oficial, el Acta del Congreso que popularmente se denominaría "Acta Secreta", porque la Junta de Gobierno de Santafé había restringido tanto las libertades ciudadanas, que la máxima corporación legislativa de la Nueva Granada se veía precisada a editar sus Actas como si fueran documentos subversivos.
Desde el mismo 18 de enero se trabajó afanosamente en los talleres de don Bruno Espinosa, situados en la plazuela de San Carlos, y en ellos se hicieron algunos centenares de copias del célebre documento del Congreso, cuyo texto rezaba: «Acta de la Sesión del Congreso. En Santafé, a dieciocho de enero de 1811, reunidos los señores del Congreso en el lugar acostumbrado para el despacho, dijeron: que en medio de la seguridad y decoro con que han creído instalado el cuerpo en esta ciudad, a consecuencia de la anticipada convocatoria que ella misma (Santafé) hizo a las provincias, ha visto hoy con dolor turbada su tranquilidad por los preparativos militares que recela dispuestos contra él, no solamente por el rumor público, sino también por las trabas que experimenta en sus funciones, de parte de la Junta, pues habiéndole comunicado extrajudicialmente la Constitución que se ha formado, y la necesidad de consultar a la seguridad común con su propia publicación, y con la de separarar de su seno (del de la Junta) los miembros regentistas y promovedores de la división que se advierte, no ha contestado siquiera a esto último, ni verificado hoy, como ofreció, la sesión principiada ayer sobre la Constitución, obrando contra los sentimientos de este pueblo fiel, no solamente en lo referido, sino también en poner el parque de artillería y las armas en manos de los europeos españoles, por lo cual, y en tan peligrosas circunstancias, acordaron y mandaron: se dé aviso a las respectivas provincias, con copia de este acuerdo, para su inteligencia, y que ellas instruyan lo que mejor convenga. Y lo rubrican. Hay seis rúbricas. - Valenzuela. - Es copia.
« Notas. -. I ¿No es cierto que el día 18 se pasaron los cañones con música al cuartel auxiliar, a vista de numeroso pueblo y concurso al mercado, que a las diez y media de la mañana se hallaba en esta plaza?
« II ¿No es cierto que se entregaron dichos cañones a disposición de los oficiales que por hallarse disgustados con este gobierno han pedido sus pasaportes?
« III ¿No es cierto que cuatro días antes estuvieron las tropas sobre las armas sin orden del Poder Ejecutivo y sin saberse la causa con total alarma del pueblo?
« IV ¿No es cierto que se trató de poner el parque de artillería en manos de un cuerpo, quitándolo de las de los más celosos patriotas, don Salvador Cancino y don Mariano Millán?
« Adviértese que el sujeto o ciudadano que quisiese informarse del original de dicha Acta (la arriba citada), de los documentos y demás providencias que en su virtud ha dictado el Congreso desde el día de su establecimiento, puede concurrir a su Secretaría, en donde se le manifestarán sin reservas. Es copia de las notas que me dieron. - Fecha ut supra. - Valenzuela ».
Las represalias de la Junta contra el Congreso se iniciaron el 13 de febrero, cuando el señor Pey se persuadió dé la profusa circulación del Acta Secreta, porque en la calle le fue entregada una copia impresa de ella a don Joaquín Ricaurte, quien se apresuró a ponerla en manos del Vicepresidente. El señor Pey se expresó en los más duros términos contra el posible autor de la publicación, declaró a Ricaurte, que haría ahorcar al culpable y ordenó, al dicho Ricaurte, trasladarse inmediatamente a las dos imprentas de la Capital para averiguar, investido de amplias autorizaciones, en cuál de ellas se había realizado la impresión del documento del Congreso. Simultáneamente dio instrucciones al Ministro Decano del Tribunal de Justicia de la Junta, don José María Castillo y Rada, para que se apersonara del asunto e iniciara el correspondiente proceso penal contra los responsables. En virtud de las anteriores órdenes, el señor Castillo efectuó, acompañado del escribano y alguaciles, las debidas investigaciones en la imprenta de Calvo y al cerciorarse de que en ella no se había efectuado la publicación del Acta, se trasladó al taller editorial de Espinosa y allí supo que don Bruno había abandonado el local y se ignoraba, hasta el momento, su paradero. Procedió entonces a recibir declaración jurada a la señora doña Mariquita Núñez de Espinosa, esposa de don Bruno, y el texto de su declaración permite seguir el desarrollo de los acontecimientos, después de que el señor Pey se cercioré de la circulación del Acta: « En su virtud - reza la diligencia - por ante mí el escribano de Su Majestad y de esta Comisión juré por Dios Nuestro Señor y una señal de la Cruz decir verdad en todo lo que supiese y le fuese preguntado; y siéndolo con arreglo al citado auto, a cuyo fin fue impuesta de su tenor, dijo en su inteligencia: ...que el motivo de su evasión (la evasión de don Bruno) entiende haber sido la orden con que vino la noche anterior el sargento don Joaquín Ricaurte, para recoger unos impresos,. habiendo ocurrido la circunstancia de haberle anunciado al Capitán don Pedro Núñez, hermano de la exponente, las amenazas que dijo haber oido al señor Vicepresidente de la Suprema Junta, de que lo haría ahorcar; que inmediatamente salió de la casa con los referidos don Joaquín Ricaurte y don Pedro Núñez, con el designio de ir a recoger otro número de ejemplares de aquellos impresos y que desde entonces no ha vuelto a verlo ni a saber de él ».” (Liévano, 1996: cseiii08b).
Según Llano Isaza, la publicación fue realizada por Nariño y no por el Congreso como asegura Liévano, lo cual puede ser cierto si se tiene en cuenta que los Espinosa trabajaron como impresores para Nariño desde 1790 cuando este adquirió la Imprenta Patriota.
“José Miguel Pey conoció el "acta secreta" publicada por Nariño, con las Actas del Congreso; Nariño y Espinosa debieron esconderse; La imprenta fue decomisada y se prohibió la impresión de escritos no autorizados por la Suprema.” (Llano, 1995: santafe).
Toro (Valle). En Cabildo abierto se reafirma la obediencia a la Junta de las Ciudades Confederadas del Valle. (Llano, 1995: popayan).
14 de febrero. Popayán. La Junta busca financiamiento para la guerra. “La Junta Superior de gobierno de Popayán, ordenó al Cabildo colocar un empréstito obligatorio para subvenir a los gastos de la guerra.” (Llano, 1995: popayan).
18 de febrero. Santafé. Son arrestados José María Gutiérrez y José María Salazar por pedir ayuda a Cartagena para, por las armas, acabar con la Junta Suprema y se resistieran a sus órdenes. Al mismo tiempo es liberado José María Carbonell que estaba preso desde el 17 de enero.
“…prendieron a don José María Gutiérrez y a don José María Salazar, porque estos sujetos, con otros tantos, escribieron a Mompós y a Cartagena para que hiciesen guerra a esta capital y que a fuerza de armas devorasen esta junta.” (Caballero, 1974: diario4).
Sobre dicho apresamiento también escribe Ibáñez: “El día 18 fueron aprehendidos don José María Gutiérrez (alias El Fogoso) y el poeta José María Salazar, a quienes se acusaba de haber escrito a la Costa Atlántica excitando a los patriotas a que resistieran, hasta con la fuerza de armas, a las órdenes de la Junta de Santafé.” (Ibáñez, 1891: capi39).
19 de febrero. Santafé. Se realizan elecciones en las parroquias de los representantes que luego deberán realizar la elección de la Junta Provincial.
“…se juntaron todos los padres de familia de esta capital, cada parroquia aparte: la de Las Nieves, a la Orden Tercera; la de San Victorino, a su iglesia; la de Santa Bárbara, a San Agustín, y la catedral, al Colegio de San Bartolomé. Cada uno dio dos votos para elegir los electores de cada parroquia, y lo mismo en toda la provincia, hasta el número de 56, y todos éstos se habían de juntar el día 28, para que éstos eligiesen la junta provincial. Yo di mi voto por el doctor don Francisco Margallo y el doctor don Pablo Plata, cura de esta santa iglesia catedral. Fueron a los tres barrios escoltas de los cabos y sargentos veteranos de Milicias, y al colegio granaderos del Auxiliar. Salieron electos: por la parroquia de Las Nieves, el doctor don Francisco Margallo y el doctor don Francisco Javier Cuevas; por la de San Victorino, el doctor don Felipe Vergara y el cura doctor don Vicente Rocha; por la de Santa Bárbara, el doctor don Luis Eduardo Azuola, coronel graduado del regimiento de Milicias de infantería y actual comandante del cuerpo, y el cura doctor Malo; por la catedral, el doctor don Camilo Torres y el doctor don Manuel Camacho y Quesada. Salió de presidente de dicho colegio electoral el serenísimo señor doctor don Jorge Lozano, y de vicepresidente el señor doctor don Fernando Caycedo, canónigo penitenciario.” (Caballero, 1974: diario4).
20 de febrero. Chiquinquirá. “Chiquinquirá, apoyada por los pueblos de Jesús María, Saboyá, Pauna y Maripí, se declaró provincia.” (Llano, 1995: tunja).
21 de febrero. Caloto. El Cabildo reconoce la autoridad de la Junta de las Ciudades Confederadas del Valle. “El Cabildo de Caloto reconoció a la junta de las ciudades confederadas del Valle y ordenó al administrador de correos no volver a enviar las rentas a la capital provincial.” (Llano, 1995: popayan).
23 de febrero. Neiva. Apoyando a las tropas que se envían desde Santafé, Neiva le declara la guerra a Popayán y sale victoriosa en un enfrentamiento en Inzá, logrando capturar un importante arsenal. “Neiva le declaró la guerra a Popayán y en Inzá se enfrentaron las tropas en contienda, triunfando los Neivanos, que comandaba Benito Salas.” (Llano, 1995: neiva).
24 de febrero. Cartago. “Cartago juró su adhesión a la Junta provisional de gobierno de Cali.” (Llano, 1995: popayan).
27 de febrero. Cali. El ejército de Baraya comienza a movilizarse hacia Popayán. A la cabeza iban José J. Ayala y Atanasio Girardot. (Llano, 1995: popayan).
27 y 28 de febrero. Santafé. Se organizó el Colegio Constituyente. Se instaló el 28 con la asistencia de 53 electores. Se determina que cuando se terminé de instalar, este Congreso deberá reemplazar la Junta Suprema de Santafé.
“…se juntaron todos los señores del colegio con el señor presidente, y salieron a la catedral en cuerpo de asistencia, con toda la correspondiente decencia, a la misa del Espíritu Santo, que celebró el señor provisor, canónigo dignidad doctor don Domingo Duquesne; predicó el señor doctor Losada, capellán del Carmen, exhortando a los señores del colegio para que fuese acertada su elección, y del modo que se habían de portar concluida esta función. Se retiraron a las casas electorales, y a las once salió bando para que todos los cuerpos legislativos fuesen a prestar el juramento ante los señores del colegio.” (Caballero, 1974: diario4).
José Manuel Restrepo relata al respecto:
“La junta de Antioquia, viendo que era urgente la formación del congreso y que no tendría efecto su reunión en Medellín, había invitado a la de Cartagena, con la que en muchos puntos obraba de acuerdo, para que enviara sus diputados a Santafé. Conviniéronse en efecto, y al arribo de sus diputados a la capital se hallaron con una novedad que tuvo mucho influjo en la revolución. La junta de Santafé, observando que todas las provincias habían concentrado su administración interior, y que la opinión pública estaba pronunciada por el sistema de gobierno federativo, trató de dar a su provincia una constitución. Al efecto convocó a los representantes del pueblo elegidos por los padres de familia bajo los principios más liberales; su reunión se llamó Colegio constituyente. Esta fue una de las asambleas populares de la Nueva Granada de esta época en que hubo reunidas más luces y en que brillaron talentos distinguidos; allí estaban los abogados Camilo Torres, Frutos y José Gregorio Gutiérrez, José María Castillo y Rada, Miguel Pombo, don Jorge Lozano y otros patriotas ilustrados. Lozano fue nombrado presidente del colegio, y brilló por la facilidad de su expresión, la exactitud y abundancia de sus ideas. Don Frutos Gutiérrez y don Camilo Torres también se hicieron célebres; el primero por la fluidez y elegancia, y el segundo por la fuerza, energía y concisión de sus discursos. Lozano había redactado el proyecto de constitución, que tomó en parte de las de Norte-América, y en otra de la francesa que estableció el Directorio. Estos principios un poco heterogéneos recibieron ingeniosamente toda la unidad posible, y fueron acomodados a la situación política, a los usos, a las costumbres y a la extensión del país que iban a constituír. Se le dio el nombre de Estado de Cundinamarca, que antiguamente llevaba esta provincia.
En aquella época Santafé y toda la Nueva Granada reconocían a Fernando VII por su rey: la contitución, pues, hizo de Cundinamarca una monarquía bajo las formas republicanas. El rey era Fernando VII, quien sería admitido a ejercer el poder ejecutivo cuando se trasladara a Santafé. Durante su cautiverio o ausencia, ejercían sus funciones un presidente y dos consejeros. El poder legislativo de la monarquía estaba encargado a una cámara de representantes; y un senado conervador debía mantener la constitución en toda fuerza y vigor. El tribunal supremo de justicia y los demás jueces subalternos tenían a su cargo el poder judicial. Los pormenores de la constitución eran ingeniosos y difundían mucha luz sobre la división de los poderes y el ejercicio del gobierno, materias generalmente desconocidas en todas las provincias de la Nueva Granada antes de aquel período.
Las sesiones públicas del colegio constituyente de Cundinamarca a las que asistía un ocncurso numeroso, el decoro y regularidad que hubo en ellas, el entusiasmo, en fin, que excitó en los ánimos el nuevo orden de cosas; todo contribuyó en gran manera a difundir los conocimientos del derecho político en la Nueva Granada, y a introdcir algún arreglo en los gobiernos provinciales. Don Jorge Lozano fue elegido presidente del poder ejecutivo y don José María Domínguez vicepresidente.” (Restrepo, 1974: 160-161).
Ibáñez agrega: “Reunida esta Asamblea el 27 de febrero, fue su Presidente don Jorge Tadeo Lozano y su Vicepresidente don Fernando Caicedo y Flórez. Todos concurrieron a La Catedral, a la misa del Espíritu Santo, antes de principiar sus tareas. El cargo de Secretarios se confié a Camilo Torres y a Fruto Joaquín Gutiérrez.
El Colegio se declaró Constituyente y se dio el tratamiento de Alteza Serenísima. El acta de instalación, firmada el 28 de febrero, empieza por estas palabras:
Don Fernando VII, por la gracia de Dios, Rey de España y de las Indias, y en su real nombre, el Poder Ejecutivo, autorizado interinamente, a todos los que los presentes vieren y entendieren, hace saber …4
Dice el acta que el Colegio se ocuparía en sancionar una Constitución y que se obligaba a defender la Religión; los derechos de Fernando VII, cuando estuviera libre de todo influjo y poder extraño, y la libertad del pueblo, independiente del Consejo de Regencia y de las Cortes españolas. Reasumió los derechos de soberanía de los pueblos que estaban por él representados, y reconoció el derecho interino de seguir ejerciendo los diversos cargos públicos a los individuos que los desempeñaban. Declaró que la Suprema Junta cesaba en su autoridad. Todas estas disposiciones fueron mandadas obedecer por el Poder Ejecutivo, que estaba formado por los señores Pey, Juan N. Lago, Jerónimo Mendoza y Jose Ortega.
Este Cuerpo Ejecutivo renovaba su personal cada tres meses, desde octubre de 1810, con excepción del Vicepresidente Pey, quien lo presidía5.
Ya no dominaba el apasionado y estrecho espíritu regional y el patriotismo de campanario, sino amplio y generoso patriotismo nacional. Algunas Provincias como Pasto, Panamá y Santa Marta, eran hostiles a la revolución y estaban dominadas por los realistas; y otras estaban empeñadas ya en la guerra y por eso apartadas del movimiento común, y no tuvieron representantes en el Colegio, asamblea popular en la cual brillaron por sus luces y talentos Torres, Fruto Gutiérrez, Miguel Pombo, Gutiérrez Moreno y otros patriotas beneméritos6.
El Presidente Lozano abrió las sesiones con un brillante discurso, del cual tomamos unas frases, que pintan las ideas que reinaban en esa época. Refiriéndose a Carlos y dijo:
Este grande Emperador, digno de compararse con los mayores héroes, sucedió a sus abuelos los Reyes Católicos; reunió la España bajo un sólo cetro; le agregó coronas heredadas; domo a sus enemigos con las armas; contuvo a sus émulos con la política; despreció los rayos del Vaticano, para reducir a sus justos límites la autoridad del Papa7.
El Vicepresidente Caicedo, el Arcediano Juan B. Pey, fray Diego Padilla y otros eclesiásticos eran Diputados. Como era natural, hubo discusiones acaloradas, pues para unos la persona de Fernando VII era sagrada; otros eran partidarios de la Regencia; había demócratas de buena fe, demagogos ardientes y unos pocos —dice Gutiérrez Ponce— «que no entendían lo que estaban haciendo.»” (Ibáñez, 1891: capi39a).
Más adelante el mismo autor entrega parte del discurso de instalación pronunciado por José Acevedo y Gómez donde se recalca que el Estado de Cundinamarca se concibe como libre: “Es lo cierto que el Estado de Cundinamarca era ya independiente en 1811, y así lo reconocía Acebedo Gómez, Secretario de Estado, en el Mensaje que leyó en la primera sesión del Colegio Electoral. «El 27 de febrero anterior, dijo, se vio por la primera vez en la América Meridional un pueblo libre congregado pacíficamente por medio de una legítima presentación,para ejercer las altas funciones de su propia soberanía.» Y antes se había negado la entrada al territorio del Reino a don Francisco Javier Venegas, el que llegaba con titulo de Virrey, y se habían consagrado en la Constitución cánones republicanos. También es cierto que se respetó hábilmente el sistema monárquico para no romper bruscamente con añejas y arraigadas costumbres, que aún podían tener más fuerza que la nueva ley.” (Ibáñez, 1891: capi39).
Sobre la instalación del Colegio Electoral dice Llano Isaza:
“Instalado el Colegio Electoral Constituyente de Cundinamarca; La Junta Suprema nacida el 20 de julio de 1810, fue relevada en sus funciones; Sus miembros juraron: defender y sostener los de la libertad e independencia de este mismo reino, y particularmente los de esta provincia, sin reconocer la pretendida autoridad del Consejo titulado de regencia, ni la de las Cortes figuradas por el Consejo mismo de la isla de León; Se eligió a Jorge Tadeo Lozano como nuevo Presidente, Vicepresidente al canónigo doctor Domínguez, Secretarios Camilo Torres y Frutos Joaquín Gutiérrez.” (Llano, 1995: santafe).
4. Nota al pie en el texto original: “D. F. O’LEARY, lib. cit., XIII, 86.” (Ibáñez, 1891: capi39).
5. Nota al pie en el texto original: “IGNACIO BORDA, El libro de la Patria, 74. (Ibáñez, 1891: capi39).
6. Nota al pie en el texto original: “J. M. RESTREPO, lib. cit., I, 100.” (Ibáñez, 1891: capi39).
7. Nota al pie en el texto original: “J. M. GROOT, lib. cit., III, 236. Puede verse la lista de los cuarenta y dos Diputados en el apéndice VII del mismo volumen y en el tomo II de la obra Documentos, etc. cit., por J. F. BLANCO, pág. 665.” (Ibáñez, 1891: capi39).
Marzo de 1811
1 de marzo. Santafé. Los cuerpos legislativos y militares de la ciudad prestan juramento al recién instalado Colegio Constituyente. Se nombra al español Juan Jurado como presidente del Tribunal Superior de Justicia de Cundinamarca.
“…fueron todos los cuerpos legislativos y prestaron el juramento, y por la tarde se presentó el regimiento Auxiliar en la plaza, con banderas, y juraron defender la patria y la religión hasta dar la última gota de sangre. Los primeros que juraron fueron los señores oficiales de Milicias; después hicieron dos salvas y se retiraron.” (Caballero, 1974: diario4).
2 de marzo. Caracas. “Se instaló el primer Congreso General de Venezuela con los Diputados elegidos por siete provincias: Caracas (24 diputados), Barinas (9 diputados), Cumaná (4 diputados), Barcelona (3 diputados), Margarita (1 diputado), Mérida (2 diputados) y Trujillo (1 diputado); se eligieron por cada 20.000 habitantes, un diputado y tenían derecho al voto los hombres libres, mayores de 25 años y propietarios de bienes raíces; Las provincias de Guayana, Maracaibo y Coro no asistieron por continuar siendo fieles a la corona española. La Junta Suprema declinó sus poderes en el Congreso y pasó a constituirse en la Junta Provincial de Caracas;…” Fue elegido como presidente Cristóbal de Mendoza. (Llano, 1995: noticias).
3 de marzo. Anserma y Toto. “Anserma y Toro juraron fidelidad a la Junta confederada del Valle.” (Llano, 1995: popayan).
5 de marzo. Anserma. Para ayudar a la causa, “El Cabildo de Anserma decidió entregar todas sus rentas a la caja de las ciudades confederadas.” (Llano, 1995: popayan).
7 de marzo. La Plata. Se le avisa a Baraya, que va rumbo a Popayán, que se la poyará con 200 hombres. “La Plata le avisó a Baraya el envío de José Díaz al mando de 200 hombres de apoyo en su lucha contra Popayán.” (Llano, 1995: neiva).
Santafé. “El gobierno le exigió a Manuel de Pombo una relación exacta y detallada de los caudales existentes en la Casa de la Moneda; Entre ellos estaban $69.000 decomisados al exvirrey Amar;…” (Llano, 1995: santafe).
14 de marzo. Tulúa. Tulúa anuncia su apoyo a la Junta de Popayán. (Llano, 1995: popayan).
15 de marzo. Santander de Quilichao. Desde ese lugar Baraya le escribe a la Junta de Cali, exponiendo su plan de campaña. (Llano, 1995: popayan).
16 de marzo. Santafé. Con festejos se celebra el recibimiento del canónigo José Cortés Madariaga, enviado diplomático del gobierno de Caracas, quien había entrado a la ciudad el 13 de marzo8.
“…fue el recibimiento de dicho señor; asistieron todos los oficiales y tribunales a Palacio; hubo salvas de artillería, y después de vuelto a su casa fueron todos los señores y el señor vicepresidente con toda la oficialidad. Este día se le dio un refresco que costó $ 400, y al otro día una comida que costó $1.000, con mucha suntuosidad y aparato; a la noche se le dio una gran música y baile.” (Caballero, 1974: diario4).
Sobre la visita de Madariaga dice Ibáñez:
“La misión de Madariaga fue fácil, pues la urgente necesidad de unirse los dos países dio origen al tratado que se firmó en Bogotá el 289, pacto en el cual se inició la creación de la Gran Colombia. Los dos Estados se unieron para auxiliarse en paz y en guerra, como miembros de un mismo cuerpo político.”10 (Ibáñez, 1891: capi39a).
17 de marzo. Nóvita. Desde Nóvita llega a Cali dinero para ayudar en la causa contra los españoles. “Nóvita le envió a Cali 4.000 patacones de ayuda y le dijo: Está pronta a prestar cuantos auxilios le sean posibles y cedan en defensa de aquel valle y de la justa libertad que hemos recuperado para poder defender este suelo patrio del tirano opresor de la Europa;…” (Llano, 1995: choco).
21 de marzo. Santafé. Respondiendo a las acusaciones de vecinos de la Provincia de Mariquita sobre los desmanes de la Junta de Honda, sale una tropa de 80 hombres armados con destino a Mariquita. “se fue una partida de tropa para Mariquita; fueron del Auxiliar 60 y de Nacionales 20; llevaron todos los pertrechos de guerra.” (Caballero, 1974: diario4).
El envío de tropas a Mariquita es relatado por José Manuel Restrepo:
“Su junta de gobierno, que residía en Honda, había cometido varios actos de arbitrariedad y tiranía; pues como todas las demás, reunía los poderes públicos sin división alguna. Cansados algunos vecinos principales a quienes había desterrado, pidieron auxilio contra su gobierno al de Cundinamarca. El presidente Lozano, que tenía denunciaciones de que entre los miembros de la junta de Mariquita existía un partido capaz de jurar a la Regencia y a las Cortes de Cádiz, envió al capitán don Manuel del Castillo con trescientos hombres, a fin de que se apoderase de aquella provincia, el que fue recibido sin oposición alguna, porque no había medios de defensa. La junta, que mandaba sólo en un pequeño distrito, pues los demás lugares se habían unido voluntariamente a Cundinamarca, fue disuelta, y la provincia entera quedó agregada bajo algunas capitulaciones (marzo). Las principales fueron: que Mariquita debía ser gobernada por un subpresidente que ejercería las facultades de corregidor intendente; que tendría un adjunto en el consejo de Estado; que según su población sería representada tanto en el congreso como en el cuerpo legislativo por individuos de su elección; en fin, que se juraría la constitución de Cundinamarca. Este convenio fundamental fue aprobado por los cabildos y diputados de la provincia de Mariquita, como establecido sobre las bases de una justa igualdad.” (Restrepo, 1974: 164-165).
Al mando de la tropa iba el “Capitán Manuel del Castillo, quien llevó como Secretario al Subteniente F. de P. Santander. La Junta de Honda fue disuelta, y la Provincia volvió a pertenecer a Cundinamarca”11 (Ibáñez, 1891: capi39).
Sobre el envío de tropas a Mariquita también escriben Henao y Arrubla:
“Como el Colegio Constituyente dictó, entre otros decretos, uno sobre admisión de nuevas provincias a la de Cundinamarca sujetándose a la Carta fundamental, sobrevino, gobernando Lozano, la agregación de la de Mariquita; la Junta de Gobierno de ésta residía en Honda y como las de su clase, ejercía todos los poderes sin dividirlos; algunos vecinos, víctimas de medidas arbitrarias, pidieron auxilio a Cundinamarca, y su Presidente, que sabía que en aquella Junta existía un partido afecto a las Cortes españolas, envió una expedición militar para apoderarse de la provincia; la Junta de Mariquita quedó disuelta, y la provincia se unió a Cundinamarca mediante un convenio sobre bases de igualdad política.” 12(Henao y Arrubla, 1952: 359).
21 de marzo. Santafé. En el Semanario Ministerial, se publica la traducción de la Declaración de independencia en las Colonias Españolas de la Florida Occidental, firmada el 26 de septiembre de 1810. (Semanario Ministerial, No.6, 1811: 2).
22 de marzo. Santafé. Antonio Nariño solicita le sean devueltos los bienes que le fueron vendidos o embargados mientras estuvo en prisión: “Don Antonio Nariño solicitó el 22 de marzo de 1811, que por haberse dado a la venta de manera arbitraria sus bienes, mientras él sufría estrecha prisión en Cartagena, creía justo que le resarcieran sus quebrantos de los caudales embargados al ex—Virrey Amar, previas las comprobaciones convenientes13. El reclamo ascendió a más de $ 7,500, que recibió Nariño después de largos debates judiciales, los que terminaron por transacción, firmada por don Felipe Vergara, apoderado de Amar.” (Ibáñez, 1891: capi39).
El mismo reclamo es ubicado por Llano Isaza con fecha 14 de marzo: “Antonio Nariño se dirigió al gobierno de la capital reclamando daños y perjuicios por sus prisiones y pidiendo que le pagaran "de los caudales pertenecientes al Excmo. Sr. Dr. Antonio Amar, depositados en la real casa de moneda".” (Llano, 1995: santafe).
24 de marzo. Provincia de Popayán. El ejército de Baraya se moviliza en su avance hacia Popayán mientras Tacón trata de reclutar fuerza ofreciendo la libertad a los esclavos que decidan tomar las armas para defender al rey.
“La avanzada de los ejércitos patriotas salió de Mondomo y ocupó a Piendamó, la caballería era comandada por Miguel Cabal e Ignacio Torres (hermano de Camilo); Tacón expidió una resolución concediéndole la libertad a todos los esclavos que tomaran las armas a favor del rey.” (Llano, 1995: popayan).
26 de marzo. Santafé. Se anuncia que está terminada la constitución. El texto se expediría y promulgaría 4 días después. (Ibáñez, 1891: capi39a). Se anuncia también que al día siguiente se realizarán elecciones para que, de acuerdo a lo estipulado en la Constitución que se acaba de sancionar y donde se indica que el Gobierno se dividirá en tres ramas; el Serenísimo Colegio Electoral escoja los individuos que ejercerán las funciones de los poderes legislativo, ejecutivo y judicial.
Provincia de Popayán. “Atanasio Girardot, al mando de la artillería y la infantería, llegó a los altos del río Cofre.” (Llano, 1995: popayan).
27 de marzo. Antioquia. Ante la renuncia del presidente de la junta de la provincia, Francisco de Ayala, se nombra al cartagenero Juan Elías López Tagle. (Llano, 1995. antioquia).
Río Palacé. “El ejército patriota llegó a las márgenes del río Palacé, desde donde se divisaba a las tropas del rey que comandadas por Miguel Tacón y Rosique se componía de 2.500 hombres.”. (Llano, 1995: popayan).
27 y 28 de marzo. Santafé. De acuerdo a las elecciones realizadas en una sesión del ya instalado Colegio Constituyente se deciden los miembros de la que funcionaría como la Representación Nacional de la Provincia de Cundinamarca ó junta provincial. Como presidente se nombra a Jorge Tadeo Lozano y como vicepresidente a José María Domínguez. Se eligieron además, consejeros, senadores, miembros del Cuerpo Legislativo, y del del Poder Judicial. Se anuncia que la posesión de los cargos se realizará el día 31 de marzo.
“…se instaló la junta provincial y salió de presidente el excelentísimo señor don Jorge Lozano y de vicepresidente el excelentísimo señor don José Maria Domínguez. El 28 se acabó de instalar; todos los señores de los cuerpos legislativo, ejecutivo y senadores.” (Caballero, 1974: diario4).
Aunque Henao y Arrubla, ubican la instalación de la nueva Junta el 27 de febrero, posiblemente confundiéndola con los actos de instalación del Colegio Constituyente, que tuvo por fecha el 28 de febrero, entregan los siguientes datos sobre los integrantes de la nueva Junta:
“…don Jorge Tadeo Lozano fue nombrado Presidente de la nueva corporación, Vicepresidente el Canónigo doctor Fernando Caicedo y Flórez, y Secretarios don Camilo Torres y don Frutos Joaquín Gutiérrez. Esta asamblea popular tuvo en su seno los hombres más distinguidos, y aparte de los cotados figuraron José María del Castillo y Rada, Miguel de Pombo, Luis Eduardo de Azuola y José Gregorio Gutiérrez. Instalado el Colegio, declaró haber reasumido la soberanía de la provincia y “cesado la representación y autoridad de la Junta provisionalmente creada en el día memorable de la transformación”.” (Henao y Arrubla, 1952: 357-358).
28 de marzo. Actual departamento del Cauca. Mientras en Santafé se leía en el Semanario Ministerial, noticias sobre el levantamiento ocurrido en México en septiembre de 1810 y algunos sucesos de las luchas llevadas a cabo en Venezuela (Semanario Ministerial, No.7, 1811), al interior de la Nueva Granada se libraba la Batalla del Bajo Palacé. El ejército patriota comandado por Baraya, y donde se destaco Atanasio Girardot, vence a las tropas del gobernador de Popayán, Miguel Tacón quien huye hacia Pasto. Primer triunfo militar de los patriotas sobre los españoles.
“Hemos referido que el gobernador español de Popayán don Miguel Tacón se había declarado contra las ciudades coligadas del valle del Cauca y contra la junta de Cali. Sostenido principalmente por gran parte de los habitantes de Popayán, por los del valle de Patía y del distrito capitular de la ciudad de Pasto, formó una división respetable de tropas que ascendía a mil quinientos hombres de todas armas, y levantó un fuerte cerca del puente principal del río Cauca. Las ciudades confederadas reunieron mil cien hombres, mandados por el coronel don Antonio Baraya. Hacia el páramo de Guanacas amenazaban también a Tacón algunas fuerzas indisciplinadas de la provincia de Neiva, dirigidas por el coronel don José Díaz. Es cierto que en su mayor parte se componían de indios semibárbaros de los que habitan la cordillera de los Andes en aquella parte, armados solamente con lanzas; pero el patriota doctor don Andrés Ordóñez, cura de la ciudad de la Plata, que era el alma de aquella expedición, consiguió por medio de estratagemas engañar al advertido Tacón, y hacerle creer que por allí le atacaba una división respetable enviada de Santafé y provista de artillería, cuando sólo tenía cañones formados del tronco de la colosal gramínea llamada guadua. Tal persuasión dio tanto cuidado al gobernador Tacón y a sus partidarios, que el cabildo de Popayán, realista decidido asociado al pueblo, acordó por un acta (marzo 4) que se enviasen diputados a tratar con la junta de Cali, u por otra posterior el ayuntamiento determinó que se diera libertad a todos los esclavos que tomaran las armas en defensa del gobierno real; medida impolítica e imprudente en una provincia donde los esclavos eran tan numerosos, la que inmediatamente produjo motines de éstos en las minas situadas obre las costas del Pacífico. Baraya quiso impedir que del valle del Cauca se enviaran víveres a Popayán, a fin de sitiar al enemigo por hambre; pero muy pronto, viendo que era imposible conseguir su designio, resolvió marchar contra la división realista, combinando su movimiento con el de las tropas que mandaba el coronel Díaz.
En efecto, se puso en marcha atravesando con gran trabajo el río Piendamó, que había crecido, y su vanguardia avanzó hasta el Cofre, mandada por el capitán don Nicolás Larrahondo. El teniente don Atanasio Girardot, que hacía entonces su primera campaña, llegó hasta el río Palacé con una compañía que formaba la descubierta. Allí vio a los realistas que avanzaban en crecido número, robándose inmediatamente la acción a la una de la tarde con un vivo tiroteo de artillería y fusilería. Poco más de cien hombres empeñaron el fuego (marzo 28) de los que regía Baraya, cuyo cuerpo principal todavía se hallaba atrasado en el Piendamó. Sin embargo llegaron refuerzos, y el combate se hizo general. Las ropas de Tacón pasaron el puente de Palacé y arremetieron alas dos de los independientes que se hicieron fuertes detrás de unas cercas de campo. Así duró la pelea hasta las cinco de la tarde; hora en que principió a llegar la caballería patriota, que mandaba don Miguel Cabal. Desalentado entonces Tacón, se retiró en desorden hacia su campo del río Cauca, dejando setenta muertos, treinta y ocho prisioneros y algunos heridos. Los patriotas sólo perdieron nueve hombres, entre ellos el capitán don Miguel Cabal, rico propietario, oficial de muchas esperanzas, patriotismo e influjo, cuya muerte fue generalmente sentida. Tacón a pesar de que podía reunir en Popayán un número de soldados harto superior al de sus enemigos, huyó cobardemente hacia pasto, a donde le siguieron como setecientos infantes bien armados. A esta ciudad había remitido antes todos los caudales que existían en Popayán correspondientes a la casa de moneda, a diezmos y a la real tesorería, los que ascendían, según se dijo entonces, a acerca de quinientos mil pesos. Baraya ocupó la ciudad capital sin oposición, habiéndose fugado los enemigos del nuevo sistema, todos los cuales se reunieron en Pasto, y encendieron el fuego de la guerra civil en aquel país semibárbaro y fanático en extremo. En Popayán quedó mandando el cabildo presidido por el doctor don Manuel Santiago Vallecilla. Poco después la junta de Cali se trasladó a Popayán, y se organizó la junta de gobierno de la provincia de la provincia, cuyo primer presidente fue el doctor don Joaquín Caicedo, y vicepresidente don José María Cabal14, la que mandaba en todo el territorio que se extendía al norte del valle de Patía. El gobernador Tacón regía en el sur.
Nada hubiera sido más fácil después de lajornada de Palacé que recorrer el valle de Patía, limpiarlo de enemigos y penetrar acaso hasta Pasto, antes que echaran raíces las semillas que había sembrado Tacón a favor del gobierno de la Regencia. Mas parece que Baraya se olvidó de que había enemigos, las tropas que eran reclutadas se desorganizaron, y en cuatro meses de inacción dio lugar a que Tacón formara la opinión de los pueblos que gobernaba a favor del gobierno real, y pusiera los fundamentos de esa guerra funesta y encarnizada que habían de hacer a la Independencia los habitantes de Pasto y de Patía, guerra deplorable que debía costar a la Nueva Granada tantas lágrimas y tan penosos sacrificios.” (Restrepo, 1974: 161-163).
En sus memorias, José Hilario López cuenta sobre la batalla del Bajo Palacé:
“El 28 de marzo de 1811 se dio en Palacé-bajo la primera batalla de los independientes mandados por el general Antonio Baraya contra las tropas reales, a cuya cabeza se hallaba el gobernador de Popayán, don Miguel Tacón, y el heroico triunfo de los primeros hizo subir de punto mi entusiasmo. Yo estaba entonces en la hacienda de Antomoreno, perteneciente a mi abuela, en donde se encontraban también mis padres y muchos de mis principales parientes. La noticia del triunfo obró de tal suerte en mi espíritu, que sin licencia de mis padres (porque nunca me la habrían concedido) monté a caballo, acompañado de un criado, y a todo escape me dirigí hacia el teatro del combate, que distaba más de tres leguas: todo el camino estaba cubierto de gentes que huían llenas de terror y de soldados dispersos que seguían las huellas de su general. Uno de éstos había puesto su fusil en medio de la ruta, mientras componía una carga conducida en una mula; yo pasé por sobre el fusil que, enredado en los pies de mi caballo en la fuerza del galope, poco faltó para caer en tierra; y el soldado enfurecido, renegando contra los insurgentes (así se denominaba a los patriotas), tomó su fusil y lo descargó sobre mí; erró el tiro porque yo había ganado algún terreno afortunadamente. Yo seguí mi dirección poseído ya del orgullo de haber empezado a arrostrar peligros por la patria. Entré en la casa de Cauca, que hoy se llama Campamento, porque allí había sido el cuartel general de Tacón: tomé un fusil de los que estaban abandonados en medio de otra multitud de efectos; hice tomar otro al criado, y con una centena de cartuchos y algunas piedras de chispa, continuamos nuestra marcha y llegamos al punto deseado. Mi interés era el de conocer al general Baraya y a los demás vencedores; pero como no había en el campo una sola persona que me conociese, me contenté con examinar el terreno, ver algunos muertos que aún no habían sido sepultados, y oír algunas anécdotas de las hazañas que allí se habían verificado bajo las órdenes del nunca bien ponderado joven Atanasio Girardot, capitán de infantería, a quien tocaron los honores del reñido combate y de la victoria.” (López, 1942: memori1).
La batalla de Palacé también es relatada por Henao y Arrubla:
“Los sucesos de Cartagena son contemporáneos de la guerra encendida en el Cauca. El Gobernador Tacón, con una tropa no despreciable, se había hecho fuerte cerca del puente sobre el río Cauca y los patriotas se aprestaron a atacarlo. Esta campaña quedó terminada en el combate del Bajo Palacé (marzo de 1811), en que después de una lucha de pocas horas vencieron las armas independientes, debido al esfuerzo de la caballería, y Tacón tuvo que huír hasta Pasto15. Comandaba Baraya las fuerzas de los patriotas, y en la jornada se distinguió el Teniente Anastasio Girardot, jefe de la columna de Santa Fe; Baraya ocupó a Popayán; todos los enemigos del nuevo régimen se reunieron en Pasto y fomentaron allí la guerra; la Junta de Cali se instaló en Popayán y organizó el gobierno de la provincia; fue su Presidente el doctor Joaquín Caicedo, y Vicepresidente, Cabal. Una división de cerca de mil hombres al mando de Baraya y de Caicedo marchó hacia Pasto, y Tacón, casi solo y enfermo, se retiró, se embarcó en el Patia y siguió a Barbacoas, llamado por el Cabildo de esta ciudad. Baraya, debido a que enfermaron en el valle del Patía gran parte de sus soldados, regresó a Popayán y Caicedo quedó al frente de las tropas.
Excitó Caicedo al Cabildo de Pasto para que reconociese al gobierno de Popayán, y obtuvo respuesta de que se hallaba pronto a ajustar una capitulación, salvando los derechos de la religión, el decoro de las personas y los bienes. Sobrevino luégo la ocupación de Pasto por los patriotas de Quito; los mensajes pacíficos no habían logrado vencer la tenacidad de los pastusos, quienes se opusieron a toda negociación; los quiteños mandados por don Pedro Montúfar, avanzaron, se trabó combate reñido, las fuerzas de Pasto quedaron derrotadas y el vencedor entró a la ciudad. Sabedor Caicedo de esta ocurrencia se trasladó a Pasto, usó política conciliadora, dio seguridad a las personas y propiedades y obtuvo que las tropas de Quito, “que desde entonces avanzaron pretensiones al territorio que yace al sur del río Mayo hasta el Charchi”, se retiraran hacia aquella ciudad.” (Henao y Arrubla, 1952: 356-357).
Según Llano Isaza, mientras Baraya y sus hombres combatían en el río Palacé, otro frente del ejército patriota combatía en Inzá, Totoró y Silvia, logrando también la victoria.
“Primera gran victoria de las armas patriotas, derrotaron a las realistas bajo el mando de Antonio Baraya en la batalla del Bajo Palacé; Allí murieron Miguel Cabal, Manuel María Larrahondo y siete patriotas más. En otro frente, las tropas que venían del Huila al mando del Brigadier Díaz, Fructuoso Durán, José Lombana y del cura Ordóñez, derrotaron a los realistas en Inzá, Totoró y Silvia, pasando por el páramo de Guanacas; La tenaza patriota se iba cerrando.” (Llano, 1995: popayan).
Honda. La ciudad es tomada por las tropas de Cundinamarca. “Temiendo una reacción realista de su Cabildo, las tropas de Cundinamarca ocuparon a Honda, al mando de Manuel del Castillo y Rada,…” (Llano, 1995: mariquita).
Santafé. Ese día entran a la ciudad los representantes de Antioquia ante el Congreso General del Reino, Juan del Corral y José Manuel Restrepo. Lo hacen de manera oculta pues temen por su seguridad.
“Los delegados de Antioquia, al Congreso General del reino, Juan del Corral y José Manuel Restrepo, llegaron a Santafé y en carta al Cabildo de Ríonegro, dijeron: por motivos poderosos, entramos en clase de particulares, ocultando nuestra presentación, hasta la llegada de los diputados de Cartagena; Los antioqueños no se sentían seguros en la capital.” (Llano, 1995: santafe).
29 de marzo. Cartagena. Llega a Cartagena el anuncio de una ayuda económica enviada por la provincia de Antioquia. En septiembre se recibiría otro monto proveniente de los antioqueños.
“La Junta de Cartagena recibió un pliego de la Junta de Antioquia en donde se le informaba del envío de 40.000 pesos que transportaba Crisanto Córdoba, como ayuda a la independencia; Antioquia se consideraba más unida a Cartagena que a Santafé.” (Llano, 1995: cartagena).
Mariquita. “Francisco de Paula Santander y Omaña fue nombrado secretario de armas de la comandancia de Mariquita.” (Llano, 1995: mariquita).
Finales del mes de marzo. España. El Consejo de Regencia determina ciertas libertades y derechos para las colonias americanas: “A la sazón, a fines de marzo, declaraba el Gobierno español que los americanos tenían derechos de representación en las Cortes nacionales; de sembrar cuanto la naturaleza produjera; de cultivar las artes, y de optar a toda clase de empleos16. Ya esta fraternidad oficial era tardía; los patriotas habían jurado defender los derechos de Fernando VII, con exclusión del Consejo de Regencia.” (Ibáñez, 1891: capi39a).
30 de marzo. Santafé. Es sancionada la Constitución de Cundinamarca. Es la primera en Hispanoamérica. El mismo día se firma el acta de posesión de los miembros elegidos por el Serenísimo Colegio Electoral para conformar
8. Nota al pie en el texto original, ubicada con fecha de 13 de marzo cuando se anuncia el ingreso del canónigo a la ciudad: “El presbítero don José Cortés Madariaga, natural de Santiago de Chile, quien hizo importante papel en la revolución de Caracas, y más tarde figuró en diversos sucesos de la guerra de la independencia, vino a Bogotá investido con carácter diplomático, dado por el gobierno de Venezuela, y permaneció en esta capital hasta el 14 de Junio de 1811. Escribió un diario de su viaje que fue publicado en el libro del coronel José de Austria, intitulado Bosquejo de la historia militar de Venezuela, Caracas, 1855.” (Caballero, 1974: diario4).
9. Se refiere al 28 de mayo.
10. Nota al pie en el texto original: “JOSÉ DE AUSTRIA, Bosquejo de la Historia Militar de Venezuela, 40. JOSÉ GIL FORTOUL, Historia Constitucional de Venezuela, I, 133. E.POSADA, Nuestro primer tratado público, Boletín de Historia, III, 82. J. M. RESTREPO, lib. cit., I, 106.” (Ibáñez, 1891: capi39a).
11.Nota al pie en el texto original: “J. M. RESTREPO, lib. cit., I, 103. Archivo Santander, I, 117.” (Ibáñez, 1891: capi39).
12. Nota al pie en el texto original: “El Precursor, 299.” (Ibáñez, 1891: capi39).
13. Nota al pie en el texto original: “Los demás miembro de la junta de Popayán eran don Antonio Camacho, don Toribio Miguel Rodríguez, don Manuel Sanatiago Vallecilla, don Felipe Antonio Mazuera, y don Francisco Antonio Ulloa, secretario.
14. Nota al pie en el documento original: “El 28 de marzo de 1911, primer centenario de este combate, se colocó solemnemente en el campo mismo la primera piedra que debe servir de base a una columna piramidal, monumento decretado por una ordenanza de la Asamblea del Departamento del Cauca.” (Henao y Arrubla, 1952: 356).
15. Nota al pie en el texto original: “Archivo Histórico, Reales Cédulas, vol. 37.” (Ibáñez, 1891: capi39).
16. Nota al pie en el texto original: “Pueden verse estudios de la Constitución de 1811, entre otros autores, en J. M. RESTREPO, lib. cit., 100 JOSÉ JOAQUÍN GUERRA, Nuestra primera Constitución; JOSÉ MARÍA SAMPER, Derecho Público Interno de Colombia, 1, 47; M. A. POMBO y J. J. GUERRA, Constituciones de Colombia, I. GUTIÉRREZ PONCE, Vida de Ignacio Gutiérrez, 70; ARTURO QUIJANO, Ensayo sobre la evolución del Derecho Penal en Colombia, 62, y F. LOZANO Y LOZANO, Biografía de don Jorge Tadeo Lozano.” (Ibáñez, 1891: capi39a).
Abril de 1811
1 de abril. Popayán. La ciudad es ocupada por Baraya y el ejército patriota después de la victoria en el Bajo Palacé. (Llano, 1995: popayan).
Mariquita. Se anuncia que Honda y Mariquita se anexan a Santafé. “Proclama de Manuel del Castillo y Rada disolviendo las Juntas de Honda y Mariquita y anexándolas a Santafé.” (Llano, 1995: mariquita).
Santafé. El nuevo presidente nombra secretarios de estado. “…para el Despacho de Gracia y Justicia designó a don José Acebedo y Gómez, quien antes servía el cargo; y la Cartera de Hacienda y Guerra la confió a don Gregorio Martínez Portillo, español adicto a las nuevas ideas. Don Camilo Manrique fue nombrado Prefecto General17.
Lozano quedó, pues, haciendo las veces de Fernando VII en Santafé de Bogotá, y en són de zumba y gracejo se le dio en algunas Provincias, rivales de Cundinamarca, el título pomposo de Jorge I.” (Ibáñez, 1891: capi39a). “…le otorgó el título de "Vicegerente del Rey", denominación que se empleó para no utilizar el vocablo Virrey.” (Liévano, 1996: cseiii08b).
2 de abril. Santafé. De acuerdo a lo que se había anunciado el día anterior en Mariquita, se firma la anexión de la provincia de Mariquita a la de Santafé. “Jorge Tadeo Lozano por Cundinamarca y José León Armero por Mariquita, firmaron el tratado de anexión de ésta a aquella; Desaparecieron las Juntas de gobierno de Honda y Mariquita.” (Llano, 1995: santafe).
3 de abril. Popayán. Desde esa ciudad Baraya escribe a La Plata agradeciéndole su apoyo militar, que él considero decisivo para la victoria de Palacé.
“Baraya le escribió al Cabildo de La Plata, agradeciéndole la ayuda que él consideró decisiva para el triunfo en Palacé, de las tropas suministradas por esa ciudad y que comandaba un auténtico personaje del Huila de nombre José Díaz, quien llevó 800 hombres, en su mayoría indígenas armados de lanzas.” (Llano, 1995: Popayán).
6 de abril. Popayán. Se nombra como nuevo gobernador, en reemplazo de Tacón a Manuel Santiago Valecilla. (Llano, 1995: Popayán).
7 de abril. Santafé. En la celebración del domingo de Ramos aparece Jorge Tadeo Lozano, por primera vez en un acto público como representante de Fernando VII: “asistió Lozano, teniendo como Corte al Colegio y a todos los empleados, a los oficios religiosos del domingo de Ramos, y ocupó por primera vez este mandatario americano, como Jefe del Estado, la silla de los Virreyes en esa solemnidad religiosa.” (Ibáñez, 1891: capi39a).
8 de abril. Pasto. Llegan Tacón y Dupré huyendo del ejército de Baraya. (Llano, 1995: Popayán).
9 de abril. España. El Consejo de Regencia emite Real Cédula ordenando la pacificación de los revoltosos de Santafé: “Así las cosas, ordenaba el Consejo de Regencia, el 9 de abril de 1811, por Real Cédula, que se procurara por medios suaves pacificar a los revoltosos de Santafé, no empleando la fuerza sino como último recurso18.” (Ibáñez, 1891: capi39a).
11 de abril. Santafé. En jueves santo, llega la noticia de la victoria de Barayá en Palacé. Caballero relata la forma en la que se conoció la noticia: “…jueves santo, vino la noticia del ataque que dio el comandante en jefe don Antonio Baraya, y de haber forzado el fuerte que había construido Tacón, gobernador de Popayán, junto al río Cauca, el 28 del pasado, y que duró el fuego tres horas, al cabo de las cuales salieron huyendo las tropas de Tacón, y murieron de la parte contraria 60 y entre ellos 3 oficiales; de la parte nuestra murieron 9, incluso un oficial, llamado el doctor don Miguel Cabal, natural de Cali. Se hicieron 14 prisioneros y entre ellos 2 oficiales, el uno inglés, artillero. Se le cogió al enemigo 4 cañones, entre ellos uno de grueso calibre, que lo había mandado fundir Tacón de la campana grande de San Francisco del convento de Popayán; según noticias mucha pólvora y municiones, fusiles, caballos, tiendas y varias cosas más, y el día 2 de abril entró triunfante en Popayán, habiendo huído Tacón y Dupré, su segundo.” (Caballero, 1974: diario4).
17 de abril. Santafé. Se avisa por bando que el Colegio Electoral ha decidido dar perdón a todos los presos capturados a partir del 20 de julio de 1810.
“…se echó bando por el señor presidente de la junta de que el serenísimo colegio electoral había instalado perdón general para todos los presos, desde la revolución acá; y que se juntasen los eclesiásticos para hacer sínodo.” (Caballero, 1974: diario4).
En esa fecha, Nariño escribe un segundo documento solicitando le sean restituidos sus bienes que fueron incautados mientras estuvo en prisión.
“”Nariño, una vez más, le pidió al gobierno que de los bienes incautados al exvirrey Amar le reconocieran los daños y perjuicios que le causó la administración colonial con sus persecuciones y cárceles a que lo sometieron por su amor a la patria;…” (Llano, 1995: santafe).
18 de abril. Santafé. “…el Presidente Lozano ascendió a algunos de los Jefes libertadores de Popayán y les concedió a todos los que se distinguieron en el combate un escudo de honor, amarillo y rojo, con esta leyenda: DEFENSOR DE LA LIBERTAD EN PALACE, el cual debían usar en el brazo izquierdo.” (Ibáñez, 1891: capi39a).
23 de abril. Cartagena. García de Toledo que se encuentra en Barranquilla y ha sido comisionado por la Junta de Cartagena para realizar la investigación del contragolpe que trató de darse el 4 de febrero, condena a 6 meses de prisión al excomandante del Batallón de Pardos, Eduardo Llamas. (Llano, 1995: cartagena).
25 de abril. El Socorro. El Socorro interviene en la disputa existente entre Girón y Pamplona. La Junta de El Socorro amenaza a Girón por querer separarse de Pamplona. (Llano, 1995: socorro).
26 de abril. Mompóx. Debido a su ubicación estratégica, Mompóx es codiciada en varias ocasiones por los realistas de Santa Marta, el primer encuentro armado de tropas entre Mompóx y Santa Marta tiene lugar el 26 de abril de 1811, en la llamada Batalla del Guamal, sucede después que Mompóx ha sido de nuevo agregada a la provincia de Cartagena. Los soldados de Santa Marta, defendiendo la causa realista, se encontraban al mando de los coroneles Esteban Fernández de León y Valentín Capmany, mientras las de Mompóx, decididamente patriotas, las lideraban el Teniente Coronel Pantaleón Germán Ribón y Nicolás Valest. “Los realistas fracasan en sus ataques y han de retirarse. En septiembre y octubre tendrán lugar nuevos combates.” (Tisnes, 1976: 151).
30 de abril. Santafé. El Presidente de Cundinamarca Jorge Tadeo Lozano, restituye a José María Carbonell en su cargo de oficial mayor de las cajas reales de Santafé. (Llano, 1995: santafe).
17. Nota al pie en el texto original: “Archivo Histórico, Gobierno civil, vol. XIX.” (Ibáñez, 1891: capi39a).
18. Nota al pie en el texto original: “Archivo Histórico, Reales Cédulas y Ordenes, vol. XXXVII.” (Ibáñez, 1891: capi39a).
Mayo de 1811
1 de mayo. Cartagena. “La Junta de Cartagena nombró como presidente a José María García de Toledo, director del partido aristocrático y quien se oponía a los Gutiérrez de Piñeres que comandaban al populacho.” (Llano, 1995: cartagena).
7 de mayo. Santafé. El presidente Lozano en un discurso indica cual cree que debe ser la nueva división territorial de la Nueva Granada con el fin de poder establecer la federación de manera igualitaria para todas.
“…dijo oficialmente a las juntas de gobierno de las provincias en 7 de mayo, que para que la federación no fuese ilusoria, los Estados que la compusieran debían ser verdaderamente independientes, es decir, que tuvieran los medios para subsistir en todos los ramos de la administración, y ser políticamente iguales; que no siéndolo las provincias creadas al arbitrio del gobierno español, algunas de las cuales por su pequeña extensión, población y riqueza no podían figurar como soberanas, era evidente la necesidad de reformar la división del territorio antes de establecer la federación; de lo contrario darían la ley las grandes provincias de Quito y Venezuela, que debían entrar a la confederación de la Nueva Granada. Proponía en consecuencia, que ésta se dividiría en cuatro departamentos, a saber: Quito, Popayán, Calamarí o Cartagena y Cundinamarca. El primero compuesto de todas las provincias que yacen al sur del río Carchi, y que hasta entonces formaban la presidencia de Quito; el segundo de la gobernación de Popayán y de las provincias del Chocó; el tercero de las de Cartagena, Antioquia y del istmo de Panamá; el cuarto, en fin, de las provincias de Neiva, Santafé, Tunja, Socorro, Santamarta, Riohacha, Llanos de Casanare y San Martín. Lozano proponía la condición esencial de que cada uno de los nuevos departamentos tuviera en su territorio uno o dos ríos navegables para el comercio interior, algún pedazo de costa y puertos de mar para el exterior, con el objeto de que jamás se viesen en la triste necesidad de recibir la ley de otros.
Aunque el pensamiento era excelente en el fondo y digno de haberse adoptado, Lozano manifestó poca imparcialidad cuando propuso una grande extensión para el departamento de Cundinamarca y para el de Quito, y tan pequeña respectivamente APRA los de Popayán y Calamarí. Las provincias, que en aquella época se hallaban altamente penetradas de las ideas de soberanía e independencia, vieron designios ambiciosos en la propuesta del presidente Lozano, y se alarmaron Neiva, Tunja, Socorro, Pamplona y Casanare, que tenían sus juntas ya establecidas. Lozano les había dicho en sus oficios, que bajo el régimen español no fueron verdaderamente provincias, sino corregimientos pertenecientes a la provincia legal de Santafé, que dependía de la autoridad inmediata del virrey; así como la de Quito del presidente, y la de Caracas del capitán general: por tanto que no podían figurar por sí solas, sino que estaban obligadas a recurrir a Cundinamarca, cuya provincia no debía desmembrarse por las mismas razones que las demás sostenían su integridad. Este raciocinio, cuya fuerza no dejaron comprender entonces las pasiones exaltadas, era incontestable, según nos parece. Añadía Lozano, que la unión al departamento propuesto de Cundinamarca se verificaría con una absoluta igualdad y sin perjuicio de los diputados ya electos para el futuro congreso, pues se les agregarían los que se escogieran de nuevo, conforme a la base de uno por cada cincuenta mil almas de población. Para el gobierno de cada una de las provincias menores, llamadas antes corregimientos, proponía subpresidentes, como el nombrado para la de Mariquita, y que los cabildos de las capitales hicieran funciones de un poder legislativo subalterno, a cuyo fin se compondrían de miembros elegidos popularmente por todas las parroquias de la respectiva provincia.” (Restrepo, 1974: 165-166).
Santa Marta. “Llegó a Santa Marta el teniente coronel Tomás de Acosta, nombrado por España nuevo comandante general de la provincia.” (Llano, 1995: stamarta).
Mediados de mayo. Santafé. El presidente Lozano escribe al gobierno venezolano invitándolo a lograr la unión entre los dos países: “A mediados de mayo de 1811 comunicaba Lozano al Gobierno de Venezuela que estando rotos los lazos que unían estos pueblos con el Gobierno de España, se había sacudido el yugo de las autoridades coloniales. Acompañaba la Constitución de 1811 y excitaba a la unión y al establecimiento de relaciones directas, vedadas con injusticia durante el largo régimen colonial. En el mes siguiente se reprodujo en Caracas el interesante Diario Político, de Camacho y Caldas,…” (Ibáñez, 1891: capi39a).
12 de mayo. Santafé. Se anuncia por bando que está impresa la constitución que había sancionada el 30 de marzo pasado, producida por el Congreso que se había instalado el 28 de febrero.
“Y salió el bando real en esta forma: primeramente 4 batidores a caballo; seguía la compañía de Artillería en dos mitades, con los cañones, los que hicieron salva, acabado de romper el bando en la puerta de palacio; después seguía la comitiva de los nobles; después el escribano de gobierno y todos los señores diputados y representantes de la nación, todos a caballo; después seguían todos los sargentos de toda la guarnición, en esta forma: primero los de Artillería, los del batallón Provincial, los del batallón de Nacionales, del regimiento de Milicias, del batallón de Patriotas; después seguía la compaña de Granaderos y detrás la compañía de Caballería y todos los oficiales de todos los cuerpos, a caballo, de suerte que tres cuadras completas ocupaba toda la comitiva.” (Caballero, 1974: diario4).
Las descripciones sobre el bando en que anuncia la impresión de la constitución de Cundinamarca, se publican en el Semanario Ministerial, publicado el 23 de mayo de 1811:
“Descripcion del acompañamiento y demás solemnidades del Bando en que se publicó la nueva Constitucion.
Iban delante quatro batidores de Caballeria, seguiala compañia de Artilleria con quatro cañones que hicieron salvas al comenzar el primer pregon, despues el acompañamiento de oficialidad, y personas visibles á caballo cerrando esta comitiva los Secretarios de Estado, y las Diputaciones de la Representacion Nacional presididas por el Ilmo. Sr D. Domingo Camacho como Representante de la Presidencia. Seguia la escolta de Sargentos de todos lo Cuerpos de la guarnicion de esta Ciudad, detrás iba la Compañia de granaderos del Batallon Provincial, y últimamente cubria la retaguardia la Compañia de caballeria montada; en este orden á vista de la Representacion Nacional, Tribunales, Diputados de Cabildos Secular y Eclesiastico, Prelados de las Religiones y demas personas visibles congregadas a efecto en los balcones del Palacio Nacional rompióla marcha siguiendo por la carrera acostumbrada para tales efectos hasta volver al puesto de donde salió. Entonces el Presidente del Estado pronunció el discurso siguiente.
Discurso pronunciado al Pueblo pro el Exmo. Señor Presidente del Estado despues de haberse promulgado la Constitucion.
Ciudadanos: experimentadas las amarguras consiguientes á toda revolucion política, habeis visto restablecida la tranquilidad, y afianzados vuestros derechos en la Constitucion promulgada el dia de hoy y en las Autoridades constituidas por voluntad libre de vuestros Representantes legitimos; pero es indispensable que esa Constitucion y esas Autoridades gocen tambien la debida autoridad en funcion de las obligaciones [ilegible] del Gobierno para con el Ciudadno, y del Ciudadano para con el Gobierno. Vosotros apoyados en los inviolables principios de este contrato, teneis francas las puertas de los Tribunales para proponer vuestras quexas, manifestar los abusos, y obtener la respectiva satisfaccion quando alguno de los Magistrados traspase la ley, falte á sus deberes, ó quebrante vuestras inmunidades: y el Gobierno igualmente disfruta de plena autoridad para sostenerse contra las maquinaciones de aquellos que directa, ó indirectamente aspiraren á trastornarlo, de qualquiera clase, estado, y condicion que sean. Penetraos de estas importantes verdades, y notad por vuestro propio bien, que á semejanza de los particulares, revestido de la potestad y firmeza que le son propias, sabrá contener los inobedientes, exterminar los anarquistas, y hacer sensible todo el peso de la infamia, y demás suplicios legales á los malvados que perteneciendo á este Estado por qualquiera de los títulos establecidos por derecho, ó fomenten el desorden, ó se dediquen al servicio de los que fueren enemigos.” (Semanario Ministerial, No.15, 1811: 2-3).
14 de mayo. Paraguay. Continúan las acciones independentistas en el continente americano. Se declara la independencia de Paraguay. “Se constituyó una Junta Gubernativa; El nuevo gobernante fue Gaspar Rodríguez de Francia, el famoso "Doctor Francia", quien tuvo preso a Amadeo Bonpland, el compañero de Humboldt, durante varios años y se destacó como uno de los dictadores más fieros pero más nacionalistas de América.” (Llano, 1995: noticias).
20 de mayo. Popayán. El Cabildo de Popayán, remite a Santafé un documento en el que se anuncia la elaboración de unas medallas para recordar y conmemorar la Batalla del Bajo Palacé. El documento es publicado en el periódico Semanaio Ministerial, el 4 de julio de 1811.
“Oficio del Cabildo de Popayan al Supremo Gobierno de esta Capital acompañando unas medallas que se han grabado en aquella Ciudad para perpetuar la memoria de la batalla de Palacé.
Serenísimo Señor = La memorable jornada de Palacé en que triunfaron las armas combinadas de esa Ilustre Capital con las de las Ciudades Unidas del Valle del Cauca, es un acontecimiento el mas glorioso para el nombre americano, y el mas digno de perpetuarse en monumentos que pasen hasta la mas remota posteridad. Por eso este pueblo que se vió degradado con la mas vil esclavitud, y que ahora respira el ayre saludable de su libertad civil; ha querido en los primeros dias de su emancipacion, tributar un homenage público á sus libertadores, consignando su gratitud en las adjuntas medallas que dirige este nuevo Cuerpo municipal á V.A.S. Popayán se acordará siempre que del seno de esa generosa Capital, fué de donde salió el valiente guerrero Baraya para domar el orgullo del impetuoso Tacon,…” (Semanario Ministerial, No.21, 1811: 1).
23 de mayo. Santafé. En el Semanario Ministerial se publica un comunicado enviado a Napoleón Bonaparte por su ministro de relaciones exteriores en el que, según el periódico, se muestra “…la imposibilidad moral, de que España pueda levantarse de su actual decadencia y próximo exterminio contra un poder incalculable, que no han podido reprimir en los primeros momentos de su elevacion las potencias mas sobervias de Europa, España no hará sino prolongar su deficiencia, por mas que se exfuersen sus ilustres defensores en sostenerla.” (Semanario Ministerial, No.15, 1811: 3-4).
25 de mayo. Santafé. Se avisa por bando la abolición de los estancos de tabaco y de aguardiente.
“…se echó bando de la abolición de los estancos, por el poder ejecutivo, sancionado por el poder legislativo a nombre de Fernando VII, y en su lugar el señor presidente don Jorge Tadeo Lozano de este Estado de Cundinamarca.” (Caballero, 1974: diario4).
Cartagena. Al igual que en Santafé se anuncia la abolición de los estancos.
28 de mayo. Santafé. Se firma un tratado entre Cundinamarca y Venezuela para asegurar la colaboración entre los dos estados en el mantenimiento de la independencia obtenida. El tratado tiene como base la división geográfica por departamentos propuesta por el presidente Lozano en su discurso del 7 de mayo.
“…se hallaba en Santafé el canónigo natural de Chile don José Cortés Madariaga, enviado de la junta de Caracas, con el objeto de felicitar a la de Santafé y concluír un tratado de amistad, alianza y confederación. Ajustóse éste, y se convino en algunos puntos capitales (mayo 28). Los Estados de Venezuela y Nueva Granada se garantían mutuamente la integridad de su territorio, cuyos límites se fijarían por un tratado particular, y por donde pareciese más conveniente, habiendo una recíproca indemnización de lo que cediera cada uno. Hecha la división de la Nueva Granada en departamentos, Venezuela y Cundinamarca admitirían a los demás a la confederación general en calidad de co-Estados, con igualdad de derechos y de representación, lo mismo que a cualquiera otros que se formaran en el resto de la América, los que podrían unirse a la gran confederación. Inmediatamente que se accediera a este tratado, a lo menos por los cinco departamentos de Venezuela, Calamarí, Cundinamarca, Popayán y Quito, se elegiría para capital y residencia del congreso un país cómodo, abundante y saludable, situado, cuanto fuere posible, en el centro de la confederación. Entre tanto que esto se consiguiera, Cundinamarca y Venezuela se ofrecían mutuos auxilios contra los enemigos que atacaran su independencia y libertad, sin que alguna de las partes contratantes pudiera celebrar con ninguna potencia tratados por los cuales se vulnerasen tan sagrados derechos; pero sí podría hacer convenios particulares sobre los negocios privativos a cada Estado, los que de ningún modo corresponderían al congreso de la proyectada confederación. Fue éste el primer paso que se diera para la unión de Venezuela y de la Nueva Granada, el que no produjo efecto alguno favorable. El tratado se recibió en Caracas cuando ya había cambiado la opinión del gobierno y adoptádose la rigurosa federación, admitiéndose a las pequeñas provincias de Venezuela como Estados Independientes. No pudo, pues, realizarse la confederación de los departamentos.” (Restrepo, 1974: 166-167).
Rodrigo Llano Isaza escribe sobre la firma del tratado con Venezuela:
“José Acevedo y Gómez, por Cundinamarca y José Cortés Madariaga, por Venezuela, firmaron un tratado de alianza y federación; Primer tratado firmado entre los dos países;…El objetivo principal de este tratado es asegurarse mutuamente los dos Estados contratantes la libertad e independencia que acaban de conquistar... no deroga el derecho de ninguno de los dos Estados para gobernar su peculiar departamento... serán comunes para la educación de los súbditos de ambos estados las escuelas, colegios y universidades de ambos, sin que se exija cosa alguna por la enseñanza.” (Llano, 1995: santafe).
Últimos días del mes de mayo. Santafé. Antonio Villavicencio, antiguo representante del Consejo de Regencia presta juramento de obediencia al Gobierno de Cundinamarca. (Ibáñez, 1891: capi39a).
30 de mayo. España. El Consejo de Regencia emite una Real Cédula en la cual se prohibe la tortura. “Allá expedía el Consejo de Regencia, el 30 de mayo de 1811, Real Cédula en la cual prohibía aplicar a los criminales los tormentos de esposas, perrillo, y otros, cualquiera que fuese su forma y denominación, en todos los dominios españoles19.” (Ibáñez, 1891: capi39a).
19. Nota al pie en el texto original: “Archivo Histórico, Reales Cédulas y Ordenes, vol. XXXVII.” (Ibáñez, 1891: capi39a).
Junio de 1811
4 de junio. Santafé. En documento firmado en esa fecha y publicado en el Semanario Ministerial el 13 de junio, se indica que las ciudades de San Martín y San Juan de los Llanos pertenecen a la Provincia de Cundinamarca.
“Acuerdo del Supremo Poder Executivo admitiendo baxo su Constitucion y leyes a las Ciudades de San Martin y San Juan de los Llanos, con sus correspondientes territorios, como que siempre han sido de la comprensión de la Provincia legal de Cundinamarca.
D. José Azevedo Gomez Regidor del Ilustre Cabildo, Teniente Coronel graduado de Milicias disciplinadas de Infanteria, y Secretario de Estado y del Despacho Universal de Gracia y Justicia &c.
Certifico: que habiendose propuesto la Suprema Junta erigida en esta capital el 20 de Julio último mantener la unidad del Reyno convocando Diputados de todos los distritos á fin de que estos adoptasen el sistema de Gobierno que se creyese mas oportuno para hacer lafelicidad pública, pidió el suyo á las Ciudades de San Martin y San Juan de los Llanos gobernados entonces por un Corregidor de nominacion de los Virreyes: que en consequencia eligieron por tal Diputado para la Suprema Junta al D.D. Ramon Gomez; pero habiendose recibido la noticia de este nombramiento despues que las Provincias habian proclamado el sistema federativo, se contestó por mí, como Secretario de la seccion de Estado de orden del Poder Executivo á los Cabildos de San Martin y San Juan con fecha 7 de Noviembre que el Diputado que habian elegido para la Suprema Junta no podia ser reconocido por tal en el Congreso Federativo, por que aquellos territorios sobre no tener recursos para constituir un Gobierno independiente qual se requeria para figurar en la federacion, siempre habian sido parte de la Provincia de Santafé en cuyo Gobierno Supremo que estaba para erigirse legalmente tendrian la Representacion que les correspondiese relativa al número la de sus habitantes: en consequencia se les remitió convocatoria para que sufragasen en el Colegio Electoral Representativo y Constituyente de que no quisieron usar segun resulta de sus contestaciones oficiales; pero despues mejor instruidos dichos Cabildos de los derechos que competen á esta Capital, de los suyos propios y de la necesidad de unirse al Supremo Gobierno del Estado por un acto libre y espontaneo, han conferido al mismo D.D. Ramon Gomez poder bastante para que usando de el á nombre de los habitantes de las nominadas Ciudades, sus Pueblos y jurisdicciones, y en virtud de las facultades que reunidos todos depositaron en dicho D.D. Ramon Gomez quando le eligieron para Diputado de la Suprema Junta y constan de la acta de nueve de Setiembre último, se presentó ante este Supremo Gobierno con exhibicion de los indicados poderes, y acta,y de la representacion original fecha doce del propio Mayo con que los acompaña el Cabildo de San Martin á su Alteza Serenisima; y habiendolo así verificado el dia tres del presente mes por conducto de la Secretaria de mi cargo, vistos y examinados por el Exmo. Señor Presidente del Estado é Ilustrisimos Señores Consejero en sesion extraordinaria, resulta que la Ciudad de San Martin extendió con la fecha de nueve de Mayo próximo anterior el acuerdo siguiente. “Que por el presente público instrumento otorgamos, damos y conferimos en Cuerpo de Cabildo formado todo el poder que en dicho Cabildo hay y puede haber para reunirnos y ponernos á la direccion y obediencia del Supremo Gobierno activo y legítimamente reunido y formado en la Capital de Santafé al citado Señor D.D. Ramon Gomez, para que representando las mismas personas derechos y acciones de este Cabildo, y valiendose de los totales y absolutos poderes y derechos que en él tenemos depositados todos los Pueblos pertenecientes á estas dos Ciudades, pueda presentarse ante la Serenisima Junta de Santafé y con la debida veneracion poner y entregar á su Gobierno y direccion los derechos que hemos reasumido, tanto en lo Legislativo y Gubernativo y jurisdiccional, como en asuntos de confederaciones, paces y guerras con las Provincias, Potencias ó Reynos que convengan, y que esta subordinacion y entrega sea valedera, y duradera por toda aquella posteridad que sea conveniente útil y benéfica á favor de nuestra sagrada Religion Católica Apostólica Romana, de nuestro Católico Monarca Fernando Séptimo, y al bien público de todas las gentes &c.” En cuya virtud el Supremo Poder Executivo en vista de todo y de los antecedentes de la materia expidió el decreto siguiente = “Santafé junio tres de ochocientos once = Presentada la anterior representacion del Cabildo de la Ciudad de San Martin y sus agregados, acompañada de dos poderes que se dan por bastantes a favor del D.D. José Ramon Gomez, cura de dicha Ciudad, y habida consideracion á que los expresados territorios corresponden indubitablemente á la Provincia legal de Cundinamarca, se admiten á nuestra asociacion civil; con declaracion de que en ningun tiempo obste á dichos territorios ni á su apoderado la separacion en que hasta la fecha se han mantenido respecto á que tuvo origen de que oficialmente se les previno que nombrasen Representante para la Suprema Junta del Reyno quando á los principios de la revolucion se pensaba en que esta reasumiese la Soberania general componiendose de los Diputados de todos los Distritos y Cabildos, y que despues mudado el plan se adoptó la federacion, y esta novedad produxo el errado concepto de que la Ciudad de S. Martin creyó se la habia convidado á formar nueva Provincia. El expresado D.D. José Ramon Gomez, como apoderado de los dichos territorios, comparecera á prestar el juramento á la Constitucion y al Gobierno en su virtud organizado. Pásese copia a los Gobernadores del Arzobispado, á fin de que no pongan embarazo al memorado Dr. Gomez para que se regrese á su Curato luego que evacué el juramento, y sustituya el poder en sugeto que quede encargado de instaurar todo lo que se crea conveniente a favor de aquellos Pueblos; y para pública satisfaccion imprimase este decreto á continuacion de un estracto que formará la Secretaria de Estado de el que tiene este negocio, dándose noticia al Poder Legislativo y al Senado; comuníquese con la Constitucion a los Cabildos de San Martin y San Juan á fin de que á su tiempo y usando de los derechos de Ciudadanos del Estado de Cundinamarca elijan sobre la base de su poblacion los Electores que deben concurrir para la próxima renovacion de la Representacion Nacional = Lozano = Camacho = Castro = José Azevedo Gomez. = Todo lo que así certifico en Santafé á quatro de Junio de mil ochocientos once. José Azevedo Gomez.” (Semanario Ministerial, No.18, 1811: 1-2).
5 de junio. Santafé. Villa de Leyva se adhiere a Cundinamarca. (Llano, 1995: santafe).
6 de junio. Santafé. En el Semanario Ministerial se informa sobre el estado de Venezuela y México en los que se consideran sus avanzados estados de revolución. En Venezuela ya está consituido el Supremo Congreso y en México la ciudad capital ya es centro de gobierno de las fuerzas patriotas. (Semanario Ministerial, No.17, 1811).
14 de junio. Santafé. El canónigo Madariaga emprende su viaje de regreso a Caracas. (Caballero, 1974: diario4).
Sobre la partida de Madariaga refiere Rodrigo Llano Isaza:
“Cortés Madariaga salió de Santafé, por los Llanos, rumbo a Caracas, dejando como plenipotenciario de Venezuela en Santafé a Antonio Nariño (¡ Nariño, primer embajador de Venezuela en Colombia!), Luego renunció y le dejó el cargo a Antonio Villavicencio; Llevaba como contribución granadina a la independencia de Venezuela, la suma de $250.000…” (Llano, 1995: santafe).
16 de junio. Santafé. Muere Magdalena Ortega, esposa de Antonio Nariño. La sepultan en la iglesia de La Candelaria. (Caballero, 1974: diario4).
19 de junio. Cartagena. Se convoca asamblea constituyente para la redacción de la Constitución del nuevo estado de Cartagena.
“Fue encomendado este trabajo a los doctores Ignacio Cavero y José Antonio Esquiaqui.
Cumplida su misión, fue pasado el proyecto al estudio del Dr. José M. García de Toledo y de Germán Piñeres, los cuales hicieron las glosas pertinentes y pasaron el texto a la Junta Suprema. Sometido nuevamente a revisión, el encargado de realizarla fue el Dr. José Ignacio de Pombo. Mas no fue este el texto aprobado, sino el que redactó el Pbro. Dr. Manuel Benito Rebollo.” (Tisnes, 1976: 171).
21 de junio. Popayán. Ante la victoria de Baraya sobre Tacón, la Junta de Ciudades Confederadas del Valle cambia su sede y se instala en Popayán por ser la capital de la provincia. Además continúa la ofensiva militar contra Tacón.
“Se instaló en Popayán, con la presidencia de Joaquín de Caizedo y Cuero, la Junta provisional de gobierno de las ciudades confederadas del Valle, era vicepresidente José María Cabal, secretario Francisco Antonio Ulloa y vocales Antonio Camacho, Toribio Miguel Rodríguez, Fray Pedro Herrera, Manuel Santiago Vallecilla y Felipe Antonio Masuera.” (Llano, 1995: popayan).
Respecto a la estrategia de los ejércitos patriotas y realistas, escribe Restrepo.
“…se había organizado la provincia de Popayán bajo el gobierno de la junta, que dispuso formar una expedición para seguir contra Pasto: componíase de la división auxiliar de Cundinamarca y de las tropas del valle del Cauca que fue mandando el coronel Baraya: era segundo jefe don Joaquín Caicedo, presidente de la junta, a quien ésta hizo coronel; unas y otras ascendían a cerca de mil doscientos hombres. Tacón, viéndose amenazado por el sur y por el norte, retrocedió con su división. Dejando quinientos hombres de las milicias de Pasto para guarnecer los pasos y fuertes posiciones del río Guáitara, determinó marchar hacia Patía y Almaguer, con el fin de ver si podía reanimar a los partidarios del rey en aquellos pueblos, aparentar muchas fuerzas e intimidar a los patriotas. El sabía la combinación intentada entre las tropas de Popayán y Quito, combinación que esperaba frustrar con varias maniobras. Su situación era muy crítica. Empero su fidelidad al rey y a la nación española, así como su claro talento, le habían persuadido de que debía hacer todos los esfuerzos posibles para sostener por el rey las gargantas de Pasto y Patía, a fin de mantener incomunicadas las provincias del norte y sur de la Nueva Granada. De esta manera tenía inquietos a sus habitantes, les causaba enormes gastos, e impedía las combinaciones y reunión de fuerzas de los insurgentes y rebeldes infames, como él los llamaba. Entre tanto ganaba tiempo y podría recibir auxilios de los países vecinos que aún obedecían al gobierno real.” (Restrepo, 1974: 174-175).
23 de junio. El Socorro. Comienzan los problemas entre Tunja y Cundinamarca. El Socorro decide auxiliar a Tunja. “Se ordenó auxiliar a Tunja con 200 hombres de tropa, para que pudiera enfrentar a las fuerzas de Cundinamarca.” (Llano, 1995: socorro).
26 de junio. Popayán. Se conoce la que será la bandera de las Ciudades Confederadas del Valle. “Una franja superior de color azul y la inferior de color blanco, orlada de plata; Esta fue la bandera de las expediciones contra Pasto.” (Llano, 1995: popayan).
27 de junio. Santafé. Renuncia el presidente Jorge Tadeo Lozano. “…hubo junta de la representación nacional sobre la renuncia que hizo el señor presidente.” (Caballero, 1974: diario4).
Sobre la renuncia de Lozano escribe Ibáñez: “Las ideas de federalismo se propagaban y hacían difícil el ejercicio del Gobierno, hasta el extremo que el Presidente renunció el ser representante de Fernando VII, el día 27 de junio, dimisión que no le fue admitida por el Senado. Ultrajado el Presidente por los periódicos de oposición, repitió su renuncia y llegó a protestar que no volvería al despacho y que prefería que lo llevasen a la cárcel en silla de manos20” (Ibáñez, 1891: capi39a).
Antioquia. Mientras en Santafé renunciaba el presidente Lozano, en Antioquia se emitía una constitución para la provincia. “…la Junta Superior Provincial dictó una constitución en seis títulos que llevaba por título "Reglamento de constitución provisional para el Estado de Antioquia"”. (Llano, 1995: antioquia).
20. Nota al pie en el texto original: “I. GUTIÉRREZ PONCE. Vida de Ignacio Gutiérrez, 81.” (Ibáñez, 1891: capi39a).
Julio de 1811
Aunque no se tiene fecha exacta se sabe que esta situación se presentó en los primeros meses del año de 1811, decidiendo tomar acción militar en el mes de julio. Este fue un hecho importante para la tensionante relación que se viviría entre las diferentes poblaciones de la Costa Caribe a partir de los últimos meses de 1810. Cartagena y Santamarta. Cartagena impone un elevado impuesto a las mercancías dirigidas hacia Santa Marta, el cual, logra deteriorar considerablemente la relación comercial entre las dos provincias.
“Como la junta de Santamarta, compuesta en su mayor parte de españoles europeos y de americanos adictos al sistema antiguo, reconocía a las Cortes y a la Regencia de Cádiz, se denegó abiertamente a enviar sus diputados al congreso que debía reunirse en Santafé. Poco tardó en disolverse dicha junta, y el coronel don Tomás Acosta se hizo cargo del gobierno de la provincia conforme a las leyes españolas. Entonces la junta de Cartagena quiso obligar a Santamarta por medios indirectos a seguir el sistema general de la Nueva Granada: estableció pues una aduana en Barranca, dispuso que se exigiesen de las mercaderías que se introdujeran de Santamarta los mismos derechos que pagaban las extranjeras. El gobierno de esta provincia, usando de represalias estableció en Tenerife, arriba de Barranca, otra aduana semejante, y así empezaron a exasperarse los ánimos de los habitantes de una y otra provincia. En tales circunstancias, varias parroquias de Santamarta, a cuya cabeza estaba la del Guáimaro, separándose de su capital se unieron a Cartagena e imploraron su protección. La junta de esta plaza las auxilió con tropa y algunos buques menores armados en guerra; empero habiéndose presentado una expedición de Santamarta mandada por el teniente coronel don Pedro Domínguez más fuerte que la guarnición del Guáimaro, ésta abandonó aquel lugar, cuyos habitantes no quisieron cooperar a la defensa. Después de esto (julio), el gobernador de Santamarta hizo fortificar el Guáimaro y a otros pueblos de la margen oriental del río Magdalena, principalmente al Banco, Tenerife, Cerro de San Antonio y Sitionuevo. Con tal medida quedó cortada la navegación del río Magdalena y obstruído este canal importante para el comercio con las provincias internas de la Nueva Granada. La junta de Cartagena hizo varias intimaciones al gobernador de Santamarta; pero sus providencias para extinguir por la fuerza aquel foco de guerra fueron muy débiles. Mandó armar una expedición de algunas lanchas y otros buques menores con trescientos o cuatrocientos hombres de tropa: a su frente puso al abogado don Miguel Díaz Granados, quien nada sabía de arte militar, y cuyo primer objeto debía ser negociar una transacción. El gobernador de Santamarta convino en nombrar un comisionado, que fue el oficial real don Pedro Rodríguez, sin que al fin hubiera avenimiento alguno, pues el jefe realista sólo quería ganar tiempo. Entre tanto Santamarta se había fortalecido con oficiales y paisanos emigrados de las provincias revolucionadas, y decididas por el gobierno de la madre patria; con tales auxilios organizó el coronel Acosta suficientes fuerzas para la defensa de su provincia; y cuando la junta de Cartagena de decidió a hacer la guerra con actividad, halló una resistencia vigorosa, y aún difícilmente pudo defender su territorio. En aquella época aseguraron muchos que la conducta del gobierno de Cartagena fue estudiada, y que la guerra se prolongó con el fin de que esta plaza continuara siendo el canal único para el comercio del interior.” (Restrepo, 1974: 180-182).
Según Henao y Arrubla:
“Volvamos a los acontecimientos de nuestra costa atlántica. La Junta de gobierno de Santa Marta se disolvió y el Coronel Tomás Acosta se puso al frente de la provincia, y la gobernó desconociendo el régimen implantado por la revolución; la Junta de Cartagena, para obligar a Santa Marta a entrar en el nuevo sistema político, estableció una aduana en el sitio de Barranca, a fin de que las mercaderías que se introdujesen de aquella última ciudad pagasen derechos como las extranjeras; Santa Marta acudió a las represalias y puso aduana semejante en Tenerife. Estas medidas exasperaron los ánimos, el Gobernador samario fortificó algunos pueblos sobre la margen derecha del Magdalena, y resultó así interrumpida la navegación y suspendido el comercio con el interior del país por tan importante arteria fluvial. Quedó, pues, Santa Marta, convertida en un foco de guerra peligroso para los patriotas de la costa; allí acudieron emigrados de las provincias revolucionarias, amigos del gobierno español; el Gobernador Acosta había organizado fuerzas para la defensa, y cuando ya Cartagena pensó en tomar la ofensiva activamente, pudo con dificultad defenderse.” (Henao y Arrubla, 1952: 357).
Sobre el tema también hace mención Tisnes:
“La enemiga más encarnizada de Santa Marta, desde que se puso al margen de la Monarquía, fue su vecina Cartagena. Apenas instaló la Junta y desconoció al gobernador, l ainvitó a que nombrase su representante al Congreso del Reino. Santa Marta replicó que no reconocía más autoridad que la de la Regencia. Desde ese momento principiaron las hostilidades. Cartagena publicó un reglamento sobre comercio, elevando al doce por ciento los derechos sobre todas las mercancías que pasasen a Santa Marta. Para su cobro colocó un agente especial en Barranquilla. Santa Marta, invocando la buena armonía que siempre había reinado entre las dos provincias, pidió, para poderla conservar, que revocara esta resolución. La Junta de Cartagena sostuvo su arancel. La vecina reiteró su súploca amenazando que previa consulta a S.M. subirían los derechos sobre los ganados que allí pasasen de esa Provincia.
Cartagena comunicó a Santa Marta la próxima salida de los diputados al Congreso del Reino, invitándolo a enviar el suyo, y que de no hacerlo daría la mayor prueba de desafecto, y solo debería esperar la suspensión de todo comercio y relaciones con las demás provincias. A esto se le contestó que esa Junta no había querido seguir los pasos de la de Santa Fe, de la cual no había recibido más que insultos y calumnias, que formada por la voluntad popular y con la representación de los conco cabildos dela Provincia habían prestado juramento de comandar más diputados que a las Cortes, y que así lo ejecutarían.” (Tisnes, 1976: 200).
2 de julio. Popayán. Sale el ejército de Baraya con rumbo al sur, buscaba perseguir a las tropas de Tacón. Baraya llevaba como segundo comandante a Joaquín Caicedo y Cuero el Presidente de la Junta de Ciudades Confederadas del Valle. (Llano, 2995: popayan).
3 de julio. Provincia de Popayán y Quito. Además de las tropas de Baraya que lo perseguían, Tacón debió enfrentarse a los ejércitos patriotas de Quito, que desplazándose desde el sur también buscaban su derrota.
“…el coronel Tacón. Situado éste en la garganta de Pasto, tenía cortadas las comunicaciones entre Quito y las demás provincias libres de la Nueva Granada. Juzgando más débil a aquél gobierno, después de insultarlo repetidas veces con altivez en sus oficios, avanzó un cuerpo de seiscientos hombres hasta el pueblo de Carlosama, cerca del río Carchi, término de su gobernación por el sur, con el designio de ver si podía sujetar a la autoridad real a los pueblos de las provincias meridionales que obedecían al nuevo gobierno. La junta de Quito reunió para su defensa otra división en Tulcán, en número de ochocientos hombres; después de un ligero combate, don Pedro Montúfar, que mandaba a los quiteños, reclutas en su mayor parte, se apostó en el cerro llamado del Angel, posición que el coronel Tacón no se atrevió a forzar en más de quince días que estuvo en sus alrededores (julio 3). Supo al fin que iba a ser atacado por el norte con fuerzas respetables, y entonces determinó marchar hacia los puntos amenazados. Tenía seiscientos veinte hombres de milicias.” (Restrepo, 1974: 174).
5 de julio. Venezuela. Venezuela declara su independencia absoluta de España. “En Caracas se proclamaba el día 5 la Independencia absoluta de Venezuela, con política más franca que la que se había seguido en el Estado de Cundinamarca; y el día 7 aprobaba el Congreso el acta memorable21. El corpulento árbol de la Monarquía española, que cobijaba con su sombra el suelo de América, perdió ese día una de sus ramas.” (Ibáñez, 1891: capi39a).
Sobre la independencia de Venezuela escribe también Llano Isaza: “En la sede de la Sociedad Patriótica de Amigos del País se decidió la independencia de Venezuela; El texto definitivo se le encomendó a Juan Germán Roscio y fue aprobado dos días más tarde; El mejor discurso, pidiendo la independencia, lo pronunció Simón Bolívar; La primera república venezolana sólo duró un año, de julio de 1811 a julio de 1812; Los Mantuanos (ricos) de Caracas quisieron en todo momento ser los dueños de la situación política que nacía, discriminando a los demás nacionales.” (Llano, 1995. noticias).
6 de julio. Cartagena. “Fueron aprobados los estatutos de la Sociedad Económica de Amigos del País de Cartagena, cuyos fundadores fueron: Manuel Rodríguez Torices, José Fernández Madrid, Ignacio Cavero, Ventura Pascual Ferrer, José María Castillo Alarcón, José Antonio Fernández, Germán y Gabriel Gutiérrez de Piñeres, Teodoro María de Escobar, Felipe de Escobar, Joseph Casamayor, José María Benito Revollo (Secretario) y Joseph Arrázola y Ugarte.” (Llano, 1995: cartagena).
11 de julio. Garzón. “Garzón, en cabildo abierto, rechazó la posición de Neiva frente a Santafé y decidió agregarse a Cundinamarca.” (Llano, 1995: neiva).
13 de julio. Popayán. “La Junta abrió una colecta popular para financiar la independencia, donde se recogieron importantes contribuciones de las principales familias de la ciudad.” (Llano, 1995: popayan).
14 de julio. Santafé. Antonio Nariño, rival del presidente Jorge Tadeo Lozano y jefe del partido de oposición, publica el primer número de La Bagatela. Se van a editar 32 números y el último sale el 12 de abril de 1812.
“PROSPECTO
Es costumbre de todos los Periodistas dar un prospecto de sus Periódicos, y amontonar en él todas las voces tecnicas de las materias que ofrecen tratar. El Público con semejantes entradas crée hallar un tesoro: se suscribe, se afana porque llegue el dia en que se reparta el papel, y á pocos pasos se encuentra con el parto de los montes.
El título del presente no nos provée de voces tecnicas para engañar al Público; pero en recompensa tiene la gran ventaja de que los criticos no pueden exercer su zaña contra él; porque mientras mas se empeñen en querer hacer creer que lo quecontiene son bagatelas, mas ayudan á llenar su titulo, y mas lo elogian.
…
Carta del Filósofo sensible á una Dama su amiga
…
La razón de no haberte escrito ha sido porque, aunque las cosas se mudaron, no por esto hemos estado mas seguros de poder decir la verdad impunemente, ni en las correspondencias privadas. Bien sabes lo que son los habitos de la corrupcion de un gobierno: el corazon humano no se desprende de sus preocupaciones con mudar á los gobernantes, todos los vicios del antiguo gobierno continuaron, y hemos visto despues de nuestra transformacion abrirse las correspondencias con un descaro increible, y formarse cargos y prisiones de los secretos de los secretos de un amigo para con otro. ¿Querias que yo expusiera á la mas adorable de las criaturas á ser interrogada en juicio por los mismos que deberian estar á sus pies? Nuestra revolucion no solo fué necesaria, fué justa justisima, pero la justicia de la causa no prueba que las cosas vayan justamente.
El desorden en que vivimos ocho ó nueve meses, y algunas cosillas de que aun no nos vemos libres, han hecho pensar á algunos que nuestra transformacion fué prematura. Presindo de que nuestros mismos tiranos nos forzaron con sus impolíticos é iniquos tratamientos, multiplicados al tiempo que ya era de su propio interés el afloxar; ¿que habriamos adelantado con vivir otros ciento ó doscientos años mas en la esclavitud? Embrutecernos mas, acavarnos de persuadir que el Americano, y el Africano han nacido para servir á un puñado de Europeos, por que aprendieron á matar y á engañar antes que nosotros; y de este modo es preciso entonces convenir en que jamás llegaria el caso de que nos emanciparamos,...
No hace muchos dias que, si no te desagrada, en casa del Mercurio de tu amiga, oí en el silencio, como ya lo tengo de costumbre, una larga y graciosa discucion sobre las ventajas que nos traeria un sistema liberal propuesto por la España. Te confieso que me avergoncé oyendo en esta opinion á personas que están por otra parte bien acreditadas de luces y patriotismo. Quise haberles preguntado ¿si una hacienda estará mejor gobernada por sus dueños, ó por un hombre manco y cojo que ni la conoce ni la puede asistir personalmente? A la verdad, hombres que piensan de este modo, bien merecian ser gobernados, no digo por la España moribunda, sino por las potencias Berberiscas. ¡Que el cielo nos preserve, mi bella amiga, de volver á caer en manos de nuestros antiguos amos! La sangre que aun no ha hecho derramar el azote de la guerra, la veriamos correr á arroyos por las manos de los berdugos. Pero supon que no hubiera nada de esto, y que lo que es mas que imposible, quisieran olvidar la injuria de que hayamos conocido nuestros derechos, y procedieran de buena fé ¿que especie de sistema nos podian proponer, que distando su centro dos mil leguas, no fuera duro y opresivo? Depender un mundo entero de un puñado de hombres con el Océano de por medio, y ser su gobierno suave, es una paradoxa que no cabrá en la cabeza de un negro de Africa si lo dexan pensar.” (Nariño, 1811, No.1: 1-3).
Sobre el primer ejemplar de la Bagatela dicen Henao y Arrubla:
“El Presidente Lozano, de buen talento, era débil e inconstante, pero modesto en su gobierno, circunstancia ésta que desagradaba a los santafereños acostumbrados al boato de los Virreyes. Surgió pronto un partido de oposición al Presidente, encabezado por Nariño, quien a la sazón tenía el cargo de Corregidor de la capital, y al cual se reputaba como el hombre llamado a regir el Estado.
La oposición se condensó en una hoja periódica dirigida por Nariño, llamada La Bagatela; esta publicación fue, como algunas otras, resultado natural de la revolución. Así, por una medida de la Junta Suprema se había fundado el Diario Político; después en 1811 el gobierno de Cundinamarca creó la Gaceta Ministerial y al mismo tiempo tuvo más desarrollo el movimiento de la prensa, pues aparecieron hojas volantes, folletos y proclamas de carácter político, en Santa Fe de Bogotá; también tomó impulso la imprenta, pues en la capital ya existían cuatro por aquel tiempo y circulaban publicaciones hechas en Antioquia, Cartagena y Popayán.
Volvamos a La Bagatela. Su director atacaba allí el sistema federal empleando en sus escritos la burla, que se amoldaba bien al genio de los lectores; al propio tiempo Nariño proponía el establecimiento de un gobierno central que debía formarse en una Convención de representantes por todas las provincias. Los ataques a la federación y el concepto en que se tenía al Presidente Lozano de débil y de que no propendía por la prosperidad de Santa Fe, fomentaron el número de los descontentos, y la caída del gobierno no se hizo esperar.” (Henao y Arrubla, 1952: 359-360).
Sobre la Bagatela, Liévano Aguirre escribe:
“Para romper ese silencio convencional, para denunciar las intimidades de esa mentirosa Arcadia cuyas delicias y virtudes cantaban los de arriba, fundó Nariño el primer órgano periodístico de combate de nuestra historia, "La Bagatela", editada en la Imprenta de Espinosa y cuyo número inicial se entregó al público el día 14 de julio de 1811. « Fue "La Bagatela" - dice Groot - periódico satírico y burlón que redactaba Nariño y que hacía las delicias del pueblo; y como fue lo primero que se escribió aquí en este género, causó tal impresión en el genio de los santafereños, tan inclinado a la burla, que los viejos, hasta ahora, recuerdan aquella producción como sin igual en su género ».
A partir de este momento la controversia periodística perdió el carácter bobalicón que había sido su distintivo desde 1810 y en Santafé se interrumpió el coro de alabanzas que, al régimen vigente, entonaba una prensa sumisa. Si la situación política dejó de dibujarse con colores de rosa, a los santafereños, en cambio, les fue posible ver de bulto los grandes problemas de la nacionalidad, problemas que no habían desaparecido porque la prensa de la oligarquía fingiera ignorarlos. Nariño comenzó por pedir, en su periódico, la inmediata declaratoria de Independencia y el desconocimiento de Fernando VII, porque él no estaba resuelto a permitir que aquella extraordinaria coyuntura histórica se malbaratara y sus efectos se redujeran a la simple ocupación de los empleos de la Administración colonial por los patricios criollos. «No hay medio - escribió en "La Bagatela" -; querer ser libres dependiendo de otro gobierno, es una contradicción; con que, o decretar de una vez nuestra independencia, o declarar que hemos nacido para ser eternamente esclavos ». No menos categóricas fueron sus apreciaciones con respecto a la transformación política iniciada por los notables el 20 de julio de 1810: « Nuestra revolución - decía Nariño - no sólo fue necesaria, fue justa, justísima; pero la justicia de la causa no prueba que las cosas vayan justamente ». Y en la sección, deliciosamente irónica de "La Bagatela", que Nariño titulaba "Carta del filósofo sensible a una dama su amiga", agregaba Nariño: «Les parece (a los gobernantes de la oligarquía) que esto de la libertad es una fiesta de toros, o una buena cosecha a donde todos han de coger sin haber hecho antes ningunos sacrificios... Parece que lo que hemos querido conquistar no es la libertad sino el mando ». El ataque de Nariño al gobierno de los notables se acentúa con el transcurso de los días, como lo demuestran los siguientes juicios, consignados en la sección "Carta del filósofo sensible a un amigo": «Yo he comparado varias veces, a mis solas - escribía Nariño -, estos tiempos de revolución a un baile de máscaras: unos vestidos de filósofos, otros de militares, éste con la capa de la virtud, aquél con el traje del patriotismo; la revolución les quita la máscara y vemos todo lo contrario de lo que nos parecía... Todos los días oirás hablar de intrigas, de divisiones, de partidos, de desvergüenzas, y apenas oimos una acción mediana de virtud y patriotismo. Vaya más claro, ni aún lo conocemos. No te puedo citar una sola acción de aquéllas que han hecho producir las antiguas repúblicas... Pero si los oyeras ¡Cielos Santos! se comen al mundo cuando están fumando en un canapé; todos los grandes hombres del mundo quizá no han hecho la mitad de lo que cacarean estos fumadores... Me avergüenzo, te confieso la verdad, que cuando no te puedo citar un ejemplo de generosidad y desinterés, te pudiera citar un millón de enredos, de chismes, de divisiones, de raterías, de bravadas envueltas en los lugares comunes del amor a la patria, de sacrificios de sus vidas, de valor guerrero, etc. Mata más enemigos uno de nuestros pisaverdes en una hora con el tiple, o conversando con su mujer, que Gengis Kan en las campañas de la India, o Julio César en la Guerra de las Galias ». Más categóricas aún son las opiniones de Nariño en su editorial "Dictamen sobre el Gobierno de la Nueva Granada", en el cual dice: « Nada hemos adelantado, hemos mudado de amos, pero no de condición. Las mismas leyes, el mismo gobierno con algunas apariencias de libertad, pero en realidad con los mismos vicios... Los mismos títulos, dignidades, preeminencias y quijotismo en los que mandan; en una palabra, conquistamos nuestra libertad para volver a ser lo que antes éramos ».” (Liévano, 1996: cseiii09).
19 de julio. Santafé. Por bando se planea la celebración del aniversario de la instalación de la Junta Suprema.
“…se echó bando para que este día y los dos siguientes se pusiesen luminarias en toda la ciudad, por haberse cumplido el año de la revolución e instalación de la suprema junta.” (Caballero, 1974: diario4).
Cartagena. Se solicita al Cabildo de la ciudad el desconocimiento del Consejo de Regencia y la promulgación de una constitución que divida el gobierno en tres poderes.
“En la oficina del Síndico Procurador General don José Fernández Madrid, se reunieron, éste, Manuel Rodríguez Torices, Germán Gutiérrez de Piñeres, Miguel Díaz Granados y 470 personas más, elevaron un memorial al Cabildo pidiendo el desconocimiento del Consejo de Regencia y solicitando la promulgación de una constitución que separara los tres poderes. Se daban las primeras puntadas en el tejido de la independencia absoluta.” (Llano, 1995: cartagena).
Popayán. La iglesia payanesa hace una contribución económica a la causa de la independencia a través de las cofradías. (Llano, 1995: popayan).
20 de julio. Santafé. Con una eucaristía y diferentes actos en varios lugares de la ciudad, se celebra el primer aniversario de la instalación de la Junta.
“…hubo asistencia de la representación nacional a la catedral, y se formaron en la plaza el batallón Provincial y el regimiento Provincial, con banderas; hicieron dos descargas cada uno y treinta y cinco descargas de cañones en la Huerta de Jaime. Predicó un admirable sermón el padre Chavarría, prior de San Agustín.” (Caballero, 1974: diario4).
21 de julio. Santafé. Se publica en La Bagatela sobre el impuesto puesto a la prensa.
“Es cosa bien sabida que quando se quiere prohibir indirectamente un género, no ha método mas sencillo que recargarlo de impuestos. Aquí se sabe lo que cuesta el papel, y la mano de obra de los impresores; cargandole, pues, una contribucion á los autores de 20 exemplares, ¿quien ha de poder imprimir? El Gobierno, y solo el Gobierno. De aquí nace en mucha parte que no veamos en la Capital de…de…de Cundinamarca, despues de haber proclamado una absoluta libertad de imprenta, mas que un Semanario Ministerial para D. Josef Azevedo Gomez; y ahora que querian aparecerse estas Bagatelas, antes de vender el primer exemplar, ,me quita el gobierno veinte; es decir: 20 reales semanales, con que hay para hacer mi pobre mercado, y que al año componen la suma de 130 pesos; ¡contribucion espantosa para un miserable Periódico, y mucho mas para su autor!
Concluyo, pues, con transcribir un par de parágrafos, ó como se llaman, del parag. Del Senado. En el I. con el número 4. se dice que “el objeto primitivo de este Senado es velar sobre el cumplimiento exacto de esta Constitucion, é impedir que se atropellen los derechos imprescriptibles del Pueblo y del Ciudadano.” Y en el núm.23 del mismo parag. que “el Senado es Juez privativo de los miembros de la Representacion Nacional…Amen.” (Nariño, 1811, No.2: 2).
25 de julio. Santafé. Se sabe en Santafé, por el periódico La Bagatela, que algunos poblados de la provincia de Santa Marta tratan de sublevarse y son apoyados por la de Cartagena, a la cual se unen, siendo finalmente apoyados por ésta con armas y municiones.
“Cartagena
Por el último correo hemos sabido que el 25, de Julio se sublevaron los pueblos del Guáymaro, el Peñon, Sitio nuevo, y el Remolino, de la Provincia de Santa Marta; y que habiendo esta mandado tropas para contenerlos, les salieron al encuentro las Lanchas Cañoneras de Cartagena, mandadas por D. Matias Aldao, Alferez de Fragata, y D. Rafael Castillo y Rada, tambien Alferez de Fragata, y las obligaron á retroceder, auxiliando asi la insurreccion de estos pueblos, que al instante se unieron á la Provincia de Cartagena.
Quando las Lanchas estuvieron á tiro, las tropas de Santa Marta les pidieron tres dias de termino, pero no se les concedieron ni tres minutos. Entonces se retiraron, y se dice que si hubieran hecho la menor demostracion de resistencia, habrían sido correspondidas con los Cañones de á 24.
Las Lanchas quedaron en Caño Clarin, y Cartagena ha mandado á los pueblos dichos, y a Barranquilla lanchas, machetes, fusiles, y toda suerte de municiones, con algunas tropas del Fixo.” (Nariño, 1811, Suplemento No.7: 2).
Popayán. También por el mismo semanario se conocen noticias sobre los movimientos de las tropas al mando de Baraya y Caycedo que siguen en su intento de expulsar a tacón de la provincia sureña.
“Noticias del Sur
De Popayan han salido 1200. hombres al mando del Brigadier D. Antonio Baraya, y de D. Joaquin Caycedo, Presidente de la Junta de aquella Ciudad. Las del Brigadier Baraya habian llegado á Tambo, y las de Caycedo á Timbio, en donde habia un destacamento de 76 hombres de las tropas de Tacon, que se retiraron á la llegada de las nuestras. El 25 del pasado salió la últilma partida de Popayan.
De Caly han escrito por caminos extraviados á Quito para que vayan acordes en el plan de ataque por una y otra parte: aunque de esta última hay noticias sordas que no nos permiten tomar un juicio exacto del estado en que se halla D. Carlos Montufar, desde su imprudente Capitulacion de Cuenca.” (Nariño, 1811, Suplemento No.7: 2).
28 de julio. Llega a Santafé uno de los diputados de Cartagena al Congreso.
“…entró el canónigo don Juan Marimón, diputado de Cartagena y su secretario don Juan Narváez, capitán de Milicias; y se quedó en Honda el otro diputado, don Enrique Rodríguez.” (Caballero, 1974: diario4).
Mientras entraba el diputado cartagenero, Nariño, en su ejemplar No.3 de La Bagatela, continuaba dejando un claro su posición de oposición al gobierno de la Nueva Granada que ejercía sus funciones desde Santafé:
“Mi dictamen sobre el Gobierno que conviene al Reyno de la Nueva Granada.
Es cosa graciosa oír á un periodista de bagatelas anunciar con magisterio su dictamen, nada menos que sobre un punto en que se han quebrado la cabeza nuestros Doctores, sin haber hasta ahora adelantado nada…Seamos justos: ¿no se han dicho veinte mil bagatelas en todo el Reyno sobre esta materia? pues déxeseme decir á mi una para todo el Reyno, y quando mas concluiremos que se han dicho veinte mil y una bagatela, hasta el 28 de julio= Entremos en materia.
Yo me figuro, para decretar á mi gusto, que soy un Soberano con los plenos poderes de todo el Reyno; y que tengo mi trono, como el gran Lama, en la punta de un cerro. Como mi idea no es la de gobernar á mi gusto, sino la de q. se gobiernen al suyo mis amados Granadinos, doy orden para q. vengan Diputados de todas las Provincias y me expongan su voluntad, en un Congreso q. yo presidiré.
Llegan los Diputados á las faldas de mi trono: se señala el dia y la hora del Cónclave (porque por ahora hacemos poco caso de los términos); y tomando la voz el mas sabio, ó el mas atrevido me expone á nombre de todo el Colegio: “Que la voluntad general quiere, que todas las Provincias por sus límites viejos se erijan en Estados Soberanos independientes, no solo de la España y demas potencias Europeas, sino hasta de su antigua Capital: que se unan por medio de un Congreso Federativo, que solo conozca de paz y guerra: y que á los pueblos que qerian seguir su exemplo (esta es la fabula de los Congresos) se les obligue por la fuerza á vivir sujetos y dependientes de sus antiguas matrices.
Oyda la expresion de la voluntad general, y en virtud de la Soberania que me he supuesto, y de los plenos poderes que con igual título tengo de todo el Reyno; mando: que todas las Provincias sean de hoy en adelante Estados Soberanos independientes: que no solo se reconozcan tales unos entre otros, por que asi les tiene cuenta, sino que los reconozcan tambien todas las potencias de Europa, el Emperador de China, y el gran Kan de los Tártaros: que se unan por un Congreso Federativo que conozca solo de paz y guerra: y que al pueblo que quiera seguir su exemplo, se le castigue por querer un disparate.” (Nariño, 1811, No.3: 3).
Además de su dictamen, Nariño emitió un suplemento al tercer número del periódico para responder a unas acusaciones hechas a la primera edición del 14 de julio:
“El Filosofo sensible á una Dama su amiga
…
Señor Autor de la Contra Bagatela, (este es el titulo) le dixe; vamos de buena fe y aclaremos las cosas. Convengo con V. en que el rasgo de Pen apesta á rancio, y que hasta yo mismo ignoro á que se dirige: convengo igualmente en ser Sibarita mas bien que filósofo, aunque á mi noticia no ha llegado que los Sibaritas hablaran el idioma de mi carta; pero esto puede ser efecto de mi poca erudicion sibaritita, y nada importa para el caso que yo sea lo uno, ó lo otro. Convengo tambien en decir en altas, é inteligibles voces, que las cartas de D. Emigdio Benites fueron cogidas y abiertas en Tunja (aunque yo jamás he dicho lo contrario) y las de D. Josef Maria Gutierrez en Mompox; no pudiendo decir lo mismo del Congreso, porque en esta parte se le han ido a V. los estrivos, y me parece que se veria V. amargo si la cosa llegar á prueba; mas sea lo que fuere, yo lo ignoro, y no puedo decir una calumnia porque V. me lo manda. Pero en pago de esta mi ingenuidad, es preciso que V. tambien se convenga á confesar: que el calumnioso y temerario es V.: que V. es el que destruye la buena moral: que V. da consejos que no toma; pues no solo no se impone de las cosas antes de hablar, pero ni aun ha leido con cuidado el punto que critica. Vaya una prueba de bulto: ¿en donde encontro V. en toda la Bagatela que yo diga que en Santafé se abrieron cartas? ¿Ignora el Público que á Salazar y Gutierrez se les puso presos por unas cartas confidenciales, abiertas, es verdad, por célebre Ayos en Mompox, pero admitida y seguida aqui la causa, y fixados pasquines en las esquinas declarandolos reos al otro dia, sin haber sido oidos ni convencidos? ¿Digo yo acaso el lugar de la recidencia de mi bella Sibarita? Y si yo le hubiera escrito a Tunja ó á Mompox ¿no me podria haber sucedido á mi, ó á ella lo que sucedió á Gutierrez y á Salazar? ¿No la hubiera expuesto á ser interrogada por los mismos que deberian estar á sus pies? Pues ¿en que esta mi temeridad y mi calumnia contra la pobre Ciudad de Santafé? Amigo mio, estas cosas son de mucha trascendencia para graduarlas de bagatelas, y para hablar de ellas sin imponerse a fondo de los sucesos. ¿No es esta su amonestacion? pues aprovecharse. A V. le parece que el patriotismo esta en alabar á ojo cerrado quanto los gobernantes hacen, sea bueno ó malo; y á mi al contrario, me parece que el verdadero patriotismo consiste en advertir lo malo, no para zaherir á nadie, si no para que nos corrijamos, y que los defectos de uno ú otro gobernante no se le imputen á la pobre Ciudad de Santafé. Vaya otra prueba de bulto: nuestra Constitucion actual imprueba tácitamente el procedimiento contra Gutierrez, Salazar y Benites, prohibiendo sabiamente no solo la apertura de las cartas, sino el que se pueda hacer uso de ellas en juicio por el reprobado medio de la interceptacion: ergo esta Constitucion es calumniosa contra el Gobierno de Santafé.
Reduzcamos la question: es un hecho público y notorio que al D.D. Emigdio Benites, al D.D: Josef Maria Salázar y al D.D. Josef Maria Gutierrez se les abrieron sus cartas confidenciales despues de nuestra transformacion politica: lo que es igualmente que sobre estas cartas hubo en esta Ciudad causas y prisiones: yo no nombro á Santafé, ni digo el lugar de la recidencia de la Dama á quien escribo; con que es claro que los temores que anuncio en ella, ni le tocan directamente á solo el Gobierno de Santafé; ni son infundados, calumniosos y temerarios: ni destruyen la buena moral: ni son cargos que no le pertenezcan á la pobre Ciudad de Santafé, por que á mi me podia haber sucedido en ella lo que sucedió a Gutierrez y a Salazar (y que nunca hará honor á la pobre Ciudad de Santafé aunque salgan mil Contra-Bagatelas) que porque la amo como mi patria, es que la defiendo contra los que asi la quieren manchar. &c. &c.
¿Que te parece Sibarita mia? porque al fin á ti tambien te toca ¿qué te parece la capciososa calumnia? ¿No soy ingenuo? ¿no confieso mis defectos francamente y sin rebozo? Pero, di la verdad ¿los confesara lo mismo mi adversario? Según la pinta, á mi me parece que no tendrá la misma ingenuidad; y luego dirá que yo soy el confiado en mi merito. Mas no nos adelantemos: aguardemonos á ver si canta; y entre tanto te recuerdo tus ofertas para consolarte.” (Nariño, 1811, Suplemento No.3: 1-2).
29 de julio. Antioquia. Asume el mando como nuevo presidente de la provincia José María Montoya. (Llano, 1995: antioquia).
31 de julio. Santafé. “La justicia falló en favor de José María Carbonell el pleito que por alimentos le había puesto su esposa Petrona López Duro y Alvarez del Casal…” (Llano, 1995: santafe).
21. Nota al pie en el texto original: “JOSÉ GIL FORTOUL, Historia Constitucional de Venezuela, I, I52; BARAL RAFAEL MARÍA y DÍAZ RAMÓN, Resumen de la Historia de Venezuela, II, 76..” (Ibáñez, 1891: capi39a).
Agosto de 1811
Agosto. Santafé. Los partidarios de Antonio Nariño, Pedro Groot, Manuela García, Ignacio de Herrera y José María Carbonell, se encargan de agitar a la población de Santafé, en busca de un movimiento que quisiera derrocar el poder de los criollos que, según Nariño, continuaba el mismo tipo de gobierno colonial.
“Con Antonio Nariño aparece en la historia nacional el primero de nuestros grandes conductores que no se deja intimidar por el mito de esa legalidad engañosa. Bajo su dirección nuestro pueblo se prepara a conquistar revolucionariamente el poder, y para esa gran batalla cuenta Nariño con la eficaz colaboración de los antiguos Comandos populares organizados por Carbonell, a quien se acababa de excarcelar, por la imposibilidad en que se vieron las autoridades judiciales de seguirle ningún proceso. Don Pedro Groot, Manuela García, don Ignacio de Herrera y Carbonell trabajaron activamente en el mes de agosto de 1811 para restablecer en la Capital el clima revolucionario que determinó la caída del Virrey en las históricas jornadas del 25 de julio y el 13 de agosto de 1810 y las prédicas de estos destacados personeros del pueblo, como los editoriales de "La Bagatela", renovaron en la ciudad el entusiasmo por la Independencia, aletargado en los últimos meses por la equívoca conducta política de la oligarquía criolla. Ellos alertaron al pueblo contra los visibles progresos realizados, en la conquista de la opinión pública, por el partido español, partido que desde Popayán, Pasto, Santa Marta y Maracaibo, estaba preparándose a lanzar una gran ofensiva militar contra las regiones centrales del Reyno, en las cuales imperaban todavía los desprestigiados gobiernos de lo notables.” (Liévano, 1996: cseiii09).
4 de agosto. Santafé. Antonio Nariño, da continuación al artículo comenzado el domingo anterior en su periódico La Bagatela, en el que a través de lo que él titula Dictamen sobre el Gobierno de la Nueva Granada, entrega una crítica a la forma de Gobierno en Santafé, y en especial a las ideas de federación que se sostienen en el Congreso, las cuales describe como inútiles y no convenientes para las provincias neogranadinas.
“Continuacion de mi Dictamen sobre el Gobierno de la Nueva Granada
Llegó el Domingo señalado para el segundo Congreso, y despues de las ceremonias de estilo en casos de semejante importancia, tomó la voz uno de los Diputados. “Muy ato, muy elevado, y por vuestra voluntad, muy poderoso Sr: yo a nombre de toda esta ilustre Asamblea vengo á haceros presente que de nada nos sirvió tu Soberano Decreto; pues aunque de Derecho quedamos todos erigidos en Soberanos Estados, en el hecho nos hemos hallado tan embarazados que no ha sido posible atar ni desatar. ¡Quantas veces, Sr., hemos suspirado por tu Soberano poder! Si como nos hiciste la gracias de hacernos Soberanos con un solo decreto, nos hubieras con otro dado rentas, criado tribunales, organizado una milicia, levantado Escuelas, Colegios y Universidades, para formar los hombres de que carecemos; cred Sr. que nuestro agradecimiento, y nuestra Soberania habrian sido completos. Mas habiendonos encontrado, como muchos Doctores, con el título y sin la ciencia; no nos queda otro recurso que el de venir á echarnos á tus pies, é implorar con lagrimas en los ojos ese poder criador, para que con un nuevo Decreto suplas nuestras faltas. ¿No podrá, elevado Sr., criar Jueces, Magistrados, Legisladores, Militares, Filosofos, en que ha podido convertir unas pobres Provincias en Estados Soberanos?
Esperamos, pues, muy Alto, muy Elevado y muy Poderoso Sr. que con la misma facilidad que nos otorgaste la gracia mayor, nos otorgues esta menor, que humildemente te pedimos.”
Calló el vemente Orador, que segun el fuego con que hablaba, lo crey intimamente persuadido de que esto de hacer Soberanias, Magistrados, Legisladores, Militares y Filosofos, era soplar y hacer botellas; y yo por la primera vez de mi vida me hallé embarazado con mi Soberania. Pero tomando un poco de resuello, con aquel ayre que dan los altos puestos.
Señores, les dixe, mi corazón está dispuesto á serviros en quanto me pidais: deseo daros gusto, y si fuera tan facil hacer vuestra felicidad, como lo es complaceros, credme, desde hoy seriais felices. Yo voy á daros el nuevo Decreto que me pedis: voy á mandar que de hoy en adelante, no solo hay en vuestras Provincias, convertidas ya en Estados Soberanos, Jueces, Magistrados, Legisladores, Militares, y Filosofos; sino que las de temperamento frio produzcan platanos y cañas de azucar y las tierras calientes trigo, papas y tambien alcachofas para que nada os falte…
Pero Sr., dixo otro de los Diputados interrumpiendome, ¿y la tierra produciria estos frutos con tu decreto? Lo mismo produciria la tierra esos frutos, que el que vosotros de la noche á la mañana os enconstreis con hombres y recursos para sostener la Soberania de unas provincias que carecen de todo menos de voluntad de ser Soberanas; pero como mi deseo es daros gusto ¿que importa que en el hecho ni nasca el trigo, ni los platanos, ni tengais Legisladores, ni rentas, si llevais los títulos para tenerlo todo, aunque sea de aqui á cincuenta años? ¿Y si entretanto un enemigo nos ataca? ¿Como os ha de atacar poseyendo vuestra Soberania con unos títulos autenticos, y reconocidos por tales hasta del Preste Juan de las Indias? Pero supongamos que sin reparar en nuestros derechos, y en estos títulos autenticos, de hecho nos ataquen. En este caso…no hay duda…os vencerán; pero os vencerán con injusticia, y con la misma os podran tambien poner á trabajar las minas para los vencedores.
Aqui se quedó todo en silencio, y mis Diputados no hacian mas que mirarse los unos a los otros. Ya creya yo caer en mi sueño anticipadamente quando el mismo pregunton se paró, y mirando antes á sus compañeros, como para cantar su beneplacito: Soberano Sr. me dixo, supuesto que nosotros con toda la bambolla de nuestros títulos y derechos podemos ser oprimidos por el primero que se le antoje atacarnos, y que este antojo es muy probable que pronto se verifique; nos reducimos á renunciar nuestros legitimos y vanos derechos, y á que se forme un gobierno en la Capital, único y Soberano, con tal de que no haga leyes con efecto retroactivo, y nos vaya á pedir cuentas de lo pasado: sino que todo deba comenzar de nuevo, que con esto quedaremos gustosos.
Ya os he dicho, les conteste, que mis únicos deseos son el complaceros, y asi supuesta esta firme resolucion, ordeno y mando: que se admita la renuncia de los legitimos y vanos derechos que querian exercer las Provincias de la Nueva Granada, sin tener todavia fuerzas para ello: que todas las cosas vuelvan y se pongan in statu quo (este terminillo latino diplomatico tiene su busilis) que no se hagan leyes con efecto retroactivo, ni se pidan cuentas de lo pasado; sino que todo comience de nuevo como si hoy fuera el dia de la creacion del mundo.” (Nariño, 1811, No.4: 1-2).
Además, en el suplemento del mismo número, considera inapropiado el interés de las juntas de Cartagena y Santa Marta por conseguir su aprobación del Consejo de Regencia.
“Se dice ya que la Señora Regencia, reducida á Cadiz, ha abrazado al fin el consejo de nuestros verdaderos enemigos: que ha aprobado las Juntas de Santa Marta y Cartagena con todas sus excelencias: que ha confirmado empleos propuestos por esta última: que ha depuesto á Montes, á Gutierrez, &c. &c. &c. Yo no puedo negar, ni tu tampoco, que este es un excelente pedazo de queso asado; pero ¿y la trampa en que está puesto, como se la descubrimos al público? ¿Como le hacemos ver que era mil millones de veces mejor haber seguido pacificamente en nuestra esclavitud, mascando el freno en silencio, que el de volver a caer en ella despues de haberla descubierto? ¿Si manifestandonos humildes, sufridos, ignorantes y contentos con nuestra miseria, nos trataban como nos trataban ¿que será lo que nos espera ahora que hemos descubierto que conociamos y sentiamos nuestras cadenas? ¿Nos tratarán con mas confianza? ¿No estaran, como dicen sus Reales Cedulas, á la mira de nuestros menores movimientos? Y si queremos reclamar la menor injusticia ¿no se verá precisado el Nuevo Gobierno Español á montarse sobre el sistema de Robespierre para mantenernos en la obediencia? Yo no se que puedan ser mejores amigos los que una vez han reñido y se han descubierto sus defectos, que los que siempre han vivido en paz y buena inteligencia, Y si antes de haber reñido nos tocaba la ley del embudo ¿ahora que nos tocará? Que la España, si Dios le da vida, reconozca de buena fe nuestra INDEPENDENCIA, y entonces si seremos verdaderos amigos: la amistad solo la puede haber entre hombres libres, y jamas entre los amos y los esclavos. Los ingleses no se han arrepentido, sino de haber hecho la guerra á sus Colonias; jamás han tratado de volverlas a subyugar, y es constante que les han producido mas ventajas como amigos, que como Colonos; y aun quando esto no fuera, no lo han perdido todo, como sucederia á España si viviendo se obstinara en querer sostene el sistema Colonial , baxo las apariencias de partes integrantes.” (Nariño, 1811, Suplemento No.4: 2).
7 de agosto. Santafé. Se quema la cama para torturas y por bando se anuncian las medidas tomadas sobre el impuesto de la media anata.
“…se sacó la cama de tormentos que tenía el antiguo gobierno para poner en tormentos a los infelices reos; públicamente se sacó a la plaza de la cárcel grande, y la quemaron. Este día se echó bando sobre las medias anatas de los empleados.” (Caballero, 1974: diario4).
Según Ibáñez, fueron dos las camas que se quemaron y en la Plaza Mayor:
“Aquí, sesenta y siete días después22, el día 7 de agosto de 1811, siguiendo las ideas del jurisconsulto revolucionario Ignacio Herrera, quien había escrito: «el tormento debe abolirse porque lo resisten los fuertes, y sólo sirve para los débiles»23, aquí en la Plaza Mayor, y a plena luz meridiana, tuvo lugar una escena extraña a la vez que pintoresca.
El Alcalde ordinario don Andrés Otero, acompañado de un Escribano público, ordenó sacar a la plaza las dos camas de tormento, que se guardaban en una pieza del caserón de la Audiencia, «para poner en tormentos a los infelices reos,» dice el cronista24.
Rodeado el Alcalde de numeroso pueblo que aplaudía, y con el asentimiento de los presentes y de los ausentes, hizo quemar los dos instrumentos de suplicio. Como era natural, La Bagatela consignó el hecho y le tributó vivas alabanzas.” (Ibáñez, 1891: capi39a).
La noticia fue publicada en La Bagatela, el 18 de agosto de 1811:
“Noticia patriótica
El dia 7 del presente mes se qumaron en la Plaza mayor de esta Ciudad, por orden del Alcalde Ordinario D. Andres Otero, con su asistencia, y la de un Escribano público, las dos Camas de Tormento, que los antiguos tiranos conservaban para martirizarnos. Este benemérito ciudadano que siempre ha mirado con entusiasmo la causa de nuestra libertad, no descansó hasta que puso en execucion esta sabia disposicion de nuestro Gobierno, desenterrando, digámoslo asi, uno de estos potros que estaba escondido en una de las piezas de la Audiencia.” (Nariño, 1811, No.6: 4).
10 de agosto. Pasto. “Las tropas payanesas ocuparon los ejidos de Pasto.” (Llano, 1995: popayan).
11 de agosto. Provincia de Popayán. Del estado en que se encuentran los enfrentamientos entre las tropas de Tacón y los patriotas.
“…don Miguel Tacón había sacado de las cajas reales y de la casa de moneda de Popayán cerca de quinientos mil pesos en pastas de oro y plata, y en monedas selladas. Este caudal lo llevó a Pasto para los gastos de la guerra, y con el designio de enviar una gran parte a Guayaquil y a Lima para conseguir armas, municiones y tropas veteranas con que oponerse a la rebelión del Nuevo Reino de Granada. Mas, afortunadamente para la causa de la revolución, la ciudad y distrito capitular de Pasto aún no tenían el entusiasmo por el rey que adquirieron después. Así fue que su cabildo y vecinos principales se opusieron abiertamente a que el gobernador Tacón enviara a Guayaquil y a Lima aquellos caudales, que a pedimento del procurador general don José Vivanco le hicieron poner en arca de tres llaves, a fin de que no lo extrajese ocultamente. He aquí una prueba clara de que al principio de la revolución tenía ésta amigos en Pasto, de los que sucesivamente se descartaron después los fanáticos adoradores de Fernando VII. Sin embargo de tales impedimentos, el astuto gobernador sacó primero cincuenta mil pesos en monedas selladas, que envió a las costas del Pacífico, bajo pretexto de favorecer el cambio del oro de sus ricas minas. Cuando su regreso a Pasto de la expedición a Carlosama, extrajo otros treinta mil pesos en pastas de oro y plata, que condujo consigo, a fin de estar preparado para cualquier evento desgraciado.
Este era probable, aunque Tacón aparentara otra cosa. Ciento veinte hombres fue toda la tropa que condujo de Pasto hacia el norte para hacer frente a las fuerzas que contra él iban a marchar de Popayán al mando de los coroneles Baraya y Caicedo. Envió a Patía al sargento mayor don Nicolás Urigüen con algunos soldados y oficiales, ineptos en su mayor parte: encargóle que levantara todas las tropas que pudiera, y que custodiase con el mayor cuidado la ruta del Castigo, única salida que aún estaba abierta para escaparse por allí. Tacón se avanzó hasta Almaguer, donde estuvo el 11 de agosto. Por todas partes regaba las noticias más alarmantes para los patriotas, abultando sobre manera sus fuerzas, que él y sus partidarios hacían montar a cerca de dos mil hombres.
Tacón no pudo conseguir sus designios de que las tropas de Popayán suspendieran sus marchas. Hubo entre los realistas de Patía una desmoralización general, y los hombres alistados se desertaban rápidamente dejando solos a Urigüen y demás oficiales. Tan funestos sucesos que ocurrían a la mitad de agosto, hicieron retroceder al gobernador Tacón, quien, casi desamparado por todos los realistas y enfermo, tuvo que emprender su viaje por el áspero e insalubre camino del Castigo, persiguiéndole los patriotas que estuvieron a punto de cogerle prisionero. El salvó cosa de treinta mil pesos en barras de oro y plata de los caudales que sacara de Pasto. Embarcóse en el Patía, y estuvo algún tiempo en el sitio del Guadual, de donde por instancias repetidas del cabildo de Barbacoas se trasladó a esta ciudad.
El gobernador Tacón salió del interior de la provincia de su mando, en extremo resentido contra la ineptitud, cobardía y mala fe de los que se titulaban fieles vasallos del rey. Decía que sólo trataban de medrar usurpando y aprovechándose de los caudales públicos.” (Restrepo, 1974: 175-177).
Santafé. Continúa en La Bagatela, el Dictamen sobre el Gobierno de la Nueva Granada, que y a completa tres ediciones:
“Continuacion de mi Dictamen sobre el Gobierno de la Nueva Granada
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Nuestras desgracias, nuestras aflixiones, y temores se aumentan todos los dias: el sol no se levanta ya para animar nuestras esperanzas, como lo hacia en aquellos tiempos desgraciados de nuestra antigua opresion, en que á lo menos teniamos este lenitivo que aplicar á nuestros males; hoy solo viene á aclarar nuestros temores. Si, temores tanto mas fundados, quanto las dificultades de organizarnos crecen en razon directa de nuestros vanos deseos de engrandecernos.
Apénas amaneció la aurora de nuestra libertad, quando se oyó por todo el Reyno la voz de Federacion: voz vaga, aunque general, por que no se le asignó el verdadero significado que conforme á nuestra situacion convenia. Todas las Provincias, mayores y menores, quisieron ser Estados Soberanos independientes, llevadas del entusiasmo que justamente tenian por el gobierno de la América Inglesa; pero sin advertir, ni reflexionar si estabamos en el mismo caso y circunstancias. Ocurrieron á vos, Poderoso Señor, para ponerlo en execucion; y aunque les concedisteis por vuestra bondad aun mas de lo que os pedian, la experiencia les hizo ver que no era lo mismo decretarse la Soberania, que exercerla, y llenar con acierto todos los importantes puestos que pide la formacion de un nuevo gobierno: que formar una sabia y adequada Constitucion, con hombres capaces de llenar todos los ramos de la administracion, no era obra del momento; ni podria verificarse todavía en unas Provincias que por el regimen del antiguo sistema de opresion y de ignorancia, carecian no solo de Escuelas y Colegios para la instruccion, sino hasta de los libros aparentes por haber quemado la Sta. Inquisicion quantos llegaban á nuestras costas. Asi fue que desengañados por una parte de poder abrazar el sistema de los Anglo-Americanos; y temerosos por otra de verse envueltos en una guerra civil, ó de caer en manos de algunos extrangeros; vinieron a vos, y renunciando sus incontestables, aunque infructosos derechos, os pidieron que el gobierno se centralizase, erigiendo una Soberania en la Capital, á que todas las Provincias quedaran sujetas. Vos les admitisteis la renuncia, y decretasteis que las cosas volviesen in statu quo, con solo ciertas pequeñas condiciones.
Esto fué pasar de un extremo á otro: nada hemos adelantado, hemos mudado de Amos, pero no de condicion. Las mismas leyes; el mismo gobierno con algunas apariencias de libertad; pero en realidad con los mismos vicios:25 los mismos obstaculos y arbitrariedades en la administracion de Justicia; las mismas trabas en el Comercio; las mismas dificultades en los recursos; los mismos titulos, dignidades, preeminencias y quixotismo en los que mandan: y en una palabra, conquistamos nuestra libertad para volver á ser lo que antes eramos.
En medio de esta alternativa, se nos propone que dividamos el Reyno en quatro grandes Departamentos, como el único medio de salvarnos, y podernos organizar con firmeza. Pero viendo que este pensamiento participa de los inconvenientes de los dos anteriores, sin ninguna de sus ventajas; no hemos querido hacer la prueba: ella seria muy dilatada y costosa, y ya estamos mas que convencidos de que nos urge demasiado el tiempo para exponernos á perderlo con esta nueva tentativa.
Venimos, pues á echarnos en vuestros brazos por la última vez, y á suplicaros: que conciliando los deseos de las Provincias, sus justos derechos á gozar de toda la libertad posible, y la urgencia de las circunstancias que nos demandan un pronto remedio; nos dicteis vos mismo el modo con que nos debemos organizar, para no perder hasta la libertad de podernos dar una forma de gobierno que es la única que hasta ahora tenemos…
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A mi me parece que vuestra propuesta es accequible, y que se puede conciliar muy bien la voluntad general, con una forma de gobierno, enérgica y capaz de salvarnos de los peligros que por todas partes nos amenazan. El deseo que se ha manifestado generalmente por la federacion de las Provincias, no solo es un entusiasmo por el gobierno adoptado en la América Inglesa, sino que es un grito de la naturaleza: los grandes Estados no pueden ser libres sino baxo de este sistema, y mucho menos donde la pobreza, la ignorancia, y una corta poblacion diceminada en un inmenso terreno disponen á la servidumbre. Pero el sistema de convertir nuestras Provincias en Estados Soberanos para hacer la federacion, es una locura hija de la precipitacion de nuestros juicios y de una ambicion mal entendida. Vosotros lo habeis visto, Señores, y lo habeis palpado en el dilatado tiempo de un año que llevamos bregando con esta quimera; yo apelo á vuestro mismo testimonio ¿Que Constituciones tienen las Provincias? ¿Que Legislatura tienen, ni pueden todavia tener? ¡Querer establecer una forma libre de gobierno con las leyes del despotismo, es querer formar un Centauro político! Y querer formar otros tantos códigos como tenemos de Provincias sin tener hombres para formarlos, es querer coger las estrellas con las manos. No es la extension del terreno, no es la poblacion, no son las riquezas, ni las luces las que forman la fuerza de un Imperio por si solás: la suma total de todas estas cosas forman su fuerza; y si nosotros en lugar de acumular nuestras luces, nuestras riquezas, y nuestras fuerzas, las dividimos en otras tantas partes como tenemos de Provincias, ¿qual será el resultado? Que si con la suma total de nuestros medios apenas nos podemos salvar; dividiendonos, nuestra perdida será tanto mas probable quanto mayor sea el número de partes en que nos dividimos.
Me parece, Señores, que si las Provincias nombraran Representantes por un número dado de sus poblaciones: que estos representantes escogidos entre los mas ilustrados de cada Provincia viniesen á la Capital, no á formar un Congreso sino un Cuerpo Legislativo, el Supremo Poder Executivo, y el alto Poder Judiciario; y que las Provincias se reservaran el nombramiento de los empleados para la execucion de estas mismas leyes en su distrito, la recaudacion de sus rentas, y la organizacion de su milicia, todo con arreglo á ellas; se llenarian todas las indicaciones que habeis manifestado. Las Provincias nada perderian de sus incontestables derechos, porque el alto gobierno se compondria indistintamente de sus Representantes: las leyes serian hechas por ellos con conocimiento de todas las localidades, y su execucion particular quedaba reservada a cada Provincia.
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…Atonito y sin saber lo que me pasaba, lleno de respeto guardé un silencio que aunque quisiera no podria interrumpir, pero al instante vi que los Diputados para el Congreso, se reunian con la mejor armonia en una Convencion: que pedian á las Provincias mandasen nuevos Diputados á razon de uno por cada diez mil almas, con poderes para ratificar la Constitucion que quedaban formando. Los Diputados vienen de todas partes, con unos moderados salarios para solo su mantencion frugal; se juntan, ratifican una Constitucion Republicana Aristocratica Electiva, y de entre ellos mismos, por un metodo nuevo de elecciones, se nombran los sugetos que deben ocupar los puntos del Cuerpo Legislativo, del Poder Executivo, y de la alta corte de Justicia. El Congreso se disuelve, la gran Legislatura comenzando sus funciones, se divide en tantas secciones quantos son los ramos mas urgentes de su despacho, sus deliberaciones son públicas, y sus primeras leyes hablan de una milicia bien organizada, del arreglo del tesoro, y de las costumbres públicas y privadas. El espiritu público se anima, crugen las imprentas, sociedades de distintos ramos se levantan por todas partes, y la Administracion de justicia simplificada por el metodo de los Jurados, asegura á los Ciudadanos contra la arbitrariedad de los jueces.
Vuelo los ojos a las Provincias, y las veo ocupadas en nombrar sus Magistrados para la execucion de las leyes comunes, en criar Escuelas de primeras letras, de Dibuxo, de Agricultura, y las que pueden, sus Colegios y Universidades: las veo pedir imprentas, formar tambien sociedades patrioticas, tratar de la apertura y composicion de caminos, y organizar una milicia por Compañias para no distraer al labrador, ni al artesano de sus útiles tareas.
Tiendo finalmente la vista por todo el Reyno y veo la concordia, la abundancia, la libertad, y la alegria dandose el osculo de paz. Todas las virtudes sociales y domesticas las veo brotar como las ojas de los árboles despues de un crudo invierno. Cada ciudadano es un Monarca: soy libre, dice, tengo asegurada mi subsistencia en mi trabajo; mis hijos crecen á la sombra de un gobierno justo; sus sabias leyes los ponen á cubierto de la corrupcion de las costumbres, y muero contento.” (Nariño, 1811, No.5: 1-4).
En el complemento del número 5 de La Bagatela, Nariño deja ver claramente su posición a favor de lograr la tota independencia de España:
“Y vosotros Españoles Europeos que habitais entre nosotros, no confundais vuestras ideas para propender á vuestra ruina y á la nuestra. Vuestros deseos por la libertad del suelo que os vió nacer, son justos, son santos: yo uno mis votos á los vuestros, y pido al Ser Supremo que la España se ve libre del yugo Frances, que establezca un gobierno que le salve para siempre de Favoritos y Tiranos, y que la Independencia, y la felicidad reynen del uno al otro extremo de la Peninsula; pero unios tambien vosotros á mi para hacer la misma suplica por la América: si yo la hago solo por la memoria de mis padres, vosotros la debeis hacer por vuestros hijos, por vuestras esposas, por el suelo que os sustenta, por el ayre que respirais, por la luz que os alumbra, y por la amistad que os ofrecemos. La España no necesita de Colonias ni de Esclavos para ser feliz, ni nosotros podemos serlo con Metropoli y con Amos.” (Nariño, 1811, Suplemento No.5: 2).
15 de agosto. Barbacoas. Tacón, en fuga mientras es perseguido por Baraya llega a esta población. (Llano, 1995: popayan).
16 de agosto. Santafé. Salen tropas para Ubaté porque se dice que los socorranos se tomaron el lugar.
“…salió una partida de 90 hombres del regimiento Provincial y del batallón Nacional para la villa de Ubaté, porque se decía que estaban los socorranos ocupando todos esos lugares; fueron 5 artilleros con dos obuses.” (Caballero, 1974: diario4).
18 de agosto. Santafé. En La Bagatela, se lanza una nota en contra de los españoles residentes en América que no apoyan la causa de la independencia, idea que se había iniciado desde el suplemento del número anterior.
“Carta de una Dama al Filósofo sensible
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“Es cosa ridicula oir á algunos Españoles que nada figuraban, ni podian figurar en el antiguo gobierno, y que quizas han ganado en el presente, vituperar nuestra conducta, y llenarseles la boca con la Madre Patria. Yo quisiera preguntarles ¿por qué dexaron á esa su Madre Patria? ¿por qué no se vuelven á ella, supuesto que tanto la quieren? ¿y si los españoles que estan en su Madre Patria, no reniegan como nosotros del antiguo gobierno , de Godoy, y de quantos Sátrapas infames lo precedieron? ¿si no estan haciendo una nueva Constitucion, ó forma de gobierno para que en caso de que por algun milagro escapen de los franceses, poderse en lo sucesivo ver libres del despótico gobierno de sus Reyes? Y si todo esto es cierto, como no lo dudarian los que sepan leer ¿por qué es esta tenacidad de oponerse á que nosotros hagamos lo mismo?...pero que esto de verse gobernados por los Américanos se les hace tan de cuestarriba que mas quisieran verse gobernados por los Turcos y los Franceses que por nosotros.
…
…Nuestro suelo hasta ahora no se halla manchado sino con la sangre que han hecho derramar los tiranos que hemos arrojado impunes de nuestra sociedad: si esta demasiada blandura mantiene el fuego oculto que nos ha de abrasar á todos, el remedio es tomar otro camino: firmeza, energía, caracter y constancia. No quieren ser felices con nostros; pues que no nos hagan desgraciados. Jamas se ha visto una revolucion tan pacifica; tan justa, y que promete tantas ventajas; no ha corrido por ella una gota de sangre y irla á hacer correr quando ya no hay necesidad, por solo la obstinacion de quatro encaprichados, es una fatuidad, una mentecatez que os degrada y os hace acredores á los males que se os esperan. ¡Que dexen este suelo que tanto aborrecen, que nos abandonen á nuestro delirio, á nuestra insurreccion, á nuestra impotencia; pero que no nos forcen á mancharlo de sangre sin necesidad!” (Nariño, 1811, No.6: 2-3).
(Nariño, 1811, No.6: 2).
20 de agosto. Santafé. Se avisa por bando que según disposición de la Junta, el impuesto de amortización no será del 15%, sino solamente del 2%. (Caballero, 1974: diario4).
21 de agosto. Santafé. Llega la noticia de la independencia total de Caracas de España. José María Carbonell se encarga de realizar una celebración por las calles de la ciudad.
“…vino la nueva de la independencia total de la provincia de Caracas con el reino de España. Juntó don José María Carbonell y los oficiales Morales la música Provincial, y desde la plaza comenzaron a tocar y a echar voladores, y se gastaron sus 30 docenas, vitoreando a los de Caracas, diciendo: "¡Muera la regencia y Viva la patria de nuestro nuevo gobierno!" Fueron hasta la plazuela de Las Nieves y volvieron hasta Santa Bárbara, dieron vueltas y volvieron a la Calle Real, de suerte que desde las tres de la tarde que comenzaron hasta las oraciones; y de ahí adelante gritaban los muchachos: "¡Viva Santa Fe y mueran los chapetones!" Y todos ellos se escondieron, que no parecía uno ni para un remedio, si se hubiera habido menester.” (Caballero, 1974: diario4).
La celebración de Carbonell también es relatada por Ibáñez, quien asegura que también Francisco y Antonio Morales Galavis ayudaron a la organización de los actos de celebración: “El día 21 de agosto llegó el acta de la Independencia absoluta de Venezuela. Don José María Carbonell y don Francisco y don Antonio Morales Galavis llevaron a la Plaza Mayor la banda de música del Batallón Provincial y muchas docenas de cohetes. Numerosas voces vitorearon a Caracas, al Gobierno y a la Patria. Luego pasearon muchas calles con gritos de alegría y también con los de ¡muera la Regencia! ¡mueran los chapetones! Estos se ocultaron, como aconsejaba la prudencia, «que no parecía uno ni para un remedio,» cuenta un cronista testigo de estos hechos. En este motín se hizo la proclamación popular de la Independencia.” (Ibáñez, 1891: capi39a).
22 de agosto. Santafé y Antioquia. “Antioquia y Cundinamarca firmaron un tratado de "amistad, interés recíproco y mutuo auxilio"; Primer tratado entre regiones firmado en la Nueva Granada…El poder legislativo le pidió al ejecutivo impedir la entrada de quienes huían de otras provincias y eran enemigos de la libertad, también le pidió que expulsara a todos los enemigos de la independencia.” (Llano, 1995: antioquia).
25 de agosto. Santafé. En La Bagatela, continúa el texto titulado Mi Dictamen sobre el Gobierno de la Nueva Granada. Fuerte acusación que hace Nariño al Federalismo y al Gobierno que en ese entonces regía en Santafé. Con la del 25 de agosto se completan 4 entregas bajo el mismo título.
“Continuacion de mi Dictamen sobre el Gobierno de la Nueva Granada
…Conocí que habia muchos á quienes hacia fuerza la necesidad en que nos hallabamos de abrazar este partido; pero que el medio por donde se les presentaba, y el encaprichamiento e que los habia puesto el sistema de los Ango-Americanos, sus propios intereses, (aunque mal entendidos) y esta quisicosilla de no ceder a la opinion de un fulano por mas razon que tenga, les hacia mirarlo con desprecio. Por las objeciones que se me hicieron se vera como se vá á sacrificar el Reyno y nuestra libertad á la obstinacion de querer mantener una multitud de Soberanias parciales, sin tener fuerza, luces, ni recursos suficientes para sostenerse.
Convinieron, porque no se pueden cerrar los ojos á la razon, en que las Provincias no tienen, ni pueden por ahora tener Legislaturas: que apenas hay dos gobiernos organizados: que quasi todas se hallan sin rentas fixas y arregladas, sin armas, sin una milicia exercitada, y lo que es mas que todo, sin hombres suficientes y capaces de poder llenar todos estos arduos y necesarios objetos; pero para sostener su sistema de Soberanias parciales me contestaron, que todos estos obstaculos quedarian vencidos uniendose unas Provincias á otras. Les pregunté ¿si esto lo creian tan facil como lo decian? Y si en caso de convenirse á la union, no entrariamos luego en la disputa de ¿qual habia de ser cabeza, ó capital de estas Provincias compuestas de otras? Que si por exemplo se unian Cartagena y Antioquia ¿no querrian Cartagena y Antioquia ser capitales? Y últimamente que ¿si este no era en substancia el sistema Departamental, á que tan abiertamente se han opuesto las Provincias? Pero hay mas les dixe. Sabemos que aun quando todos estos obstaculos se vencieran con la misma facilidad que se proponen, la mayor parte de las Provincias, ni aun uniendose con otra ú otras dos de sus limítrofes pueden sostener la representacion de Estados Soberanos para federarse baxo este aspecto. Supongamos que los Llanos se unan á Tunja, Pamplona ál Socorro, Neyva y Mariquita a Santafé, Antioquia á Cartagena, el Chocó á Popayan, y Santa Marta con el Valle de Upar y Rio de el hacha hicieran la otra Provincia: preunto ¿podrá cada una de estas seis Provincias mantener su representacion? Me dixeron que si; y que en la Federacion del Norte America habia tambien una desigualdad semejante, que se equilibraba con la fuerza de la Federacion, que corria siempre á sostener á las mas débiles contra las mas fuertes, y que lo mismo sucederia aqui. Confieso con ingenuidad que no dexó de hacerme fuerza esta reflexion, y que si creyera de buena fé que las Provincias habian de entrar en él sin disputas ni demoras, subscribiria; porque mi animo no es sostener á toda costa mi opinion, sino propender á que se salve el Reyno del peligro que indubitablemente corre de volver á ser subyugado, si no nos convenimos en un modo de concentrar nuestras fuerzas, sea qual fuere, como sea pronto. Pero yo me temo que este plan no se verifique, como tengo dicho; por la oposicion que se ha manifestado al sistema Departamental, que es muy semejante en quanto á las divisiones, aunque sea mayor la demarcacion, y distinto su gobierno económico. El que yo he propuesto, es preciso convenir en que es mas sencillo, mas facil de poner su execucion, mas seguro para reunirnos y darnos un gobierno uniforme; y por consiguiente preferible para ponernos en seguridad.
Por la distancia de los recursos, me dixeron tambien los Diputados, ¿no nos viene a dexar como en el antiguo bogierno? No Señores, no: este es un error nacido de no pensar bien las cosas. Todos los extremos son viciosos: tan mala es para la administracion de justicia una suma distancia, como la mucha proximidad. Bien sabido es la preponderancia de algunos ricachos en quasi todos los pueblos del Reyno; si se reconcentra en ellos la administracion de justicia ¿que recurso le queda al pobre, al desvalido, para no ser oprimido por el poderoso? La bondad de la ley, se me responderá. No, la ley sola no es bastante, si no se facilitan tambien los remedios de su execucion contra los asaltos del oro, y del valimiento. No es lo mismo corromper á unos Jueces sobre quienes se tiene algun ascendiente por las relaciones de parentesco, de amistad, ó de los beneficios que la proximidad ofrece á los pudientes: que ir á corromper á una distancia en que no hay ninguna de estas relaciones y motivos de corrupcion: y aqui es en donde el pobre oprimido encuentra toda la fuerza de la ley para reclamar la injusticia que se le irrogó en su suelo patrio. Por otra parte como en este sistema no debe la ley obligar á recurrir á la Capital, sino que debe quedar al arbitrio y voluntad de las partes, estas quedan como si estuvieran sus Provincias en una rigurosa federacion; y con este recurso mas, para los casos en que se sientan agraviados. Alli tendrán todos los recursos hasta la definitiva como si fueran enteramente independientes, y una puerta mas abierta á la justicia por si la hubieren menester. Esto quita tambien la objecion de que los pobres no pueden ocurrir á mucha distancia, porque tampoco ocurren si no se les dexa, como se quiere, á donde ocurrir, y los que pueden ocurriran, lo que siempre es una ganancia para la mayor parte.
La gran dificultad para uno y otro plan está en desencaprichar á las Provincias de su funesto Quijotismo de creerse capaces de sostener su Soberana representacion, porque hasta ahora no ha habido un peligro que de bulto les haga conocer que se engaña. Si en algunas es laudable la resistencia que han puesto á la union, por temor de volver á perder la libertad que se les ha venido á las manos; en la mayor parte no es mas que un delirio entretenido por los que mantienen el mando, que no conocen que mejor les estaria menos autoridad con seguridad, que toda la que se han apropiado con la quasi certeza de perderla el dia que menos lo piensen. Yo amo con todo mi corazon la Ciudad en que respiro, pero amo mas la libertad; y si para asegurarla creyera que Santafé se debia someter al menor de los pueblos del Reyno, seria el primero en subscribir. Antes quiero ser libre en un pueblo, que esclavo en la Capital.
Los Respetables y sabios Diputados de las Provincias son los que aceleran este momento tan deseado de los hombres de bien, de los verdaderos amantes del pais, de la America, y de la libertad. Ellos serán responsables á Dios y á los hombres de la suerte que corra el Reyno: en sus manos está nuestro destino, y el de las generaciones venideras. ¡Que pesen, que mediten la importancia y gravedad del asunto que se les ha confiado! Ellos pueden con su influxo, con sus luces, con su representacion desimpresionar á las Provincias y obligarlas en cierto modo á abrazar el partido de la razon. ¡Que el cielo derrame sobre todos y cada uno sus bendiciones para que acierten y les podamos llamar con justicia, los salvadores de la Patria!” (Nariño, 1811, No.7: 1-3).
En el mismo número del semanario, Antonio Nariño, su autor, lanza una fuerte crítica al sistema eclesial, refiriéndose específicamente al nombramiento que desde España se había hecho a Juan Bautista Sacristán como nuevo Arzobispo de Santafé:
“Carta de un amigo al Autor de la Bagatela
…
Me acaban precisamente de remitir un escrito presentado al Gobierno por el Clero Secular y Regular de esta Ciudad, que me confirma en lo dicho. ¡Que valor! ¡Que atrevimiento quando se trata de llevar el agua á su molino! ¡Como quieren todo sumergirlo, anegarlo en la palabra Religion, para alucinar a los simples! ¡Como confunden el ministerio con las personas; y nos quieren hacer creer que la Mitra de Santafé, y la persona nombrada por Godoy para exercerla, son una misma cosa! Nos es menos cierto y constante, dicen, que la Religión Católica no puede subsistir sin los legítimos Ministros y Pastores; y de este principio no deducen que debe haber aqui legítimos Ministros y Pastores; sino que debe venir el que nombró Godoy sin probarnos que es legítimo, habiendose mudado las cosas, y no queriendo reconocer al nuevo Gobierno. Yo quisiera preguntarle á tu respetable Clero ¿si el mismo mismo Ilmo. Señor, no hubiera reconocido la infame autoridad del favorito de Carlos IV, si seria Arzobispo? Y tambien ¿si creen mas legitima la autoridad de Godoy, conseguida por los medios que todos saben, que la de este Gobierno formado por la voluntad y representacion del Pueblo? Pero con estos señores no hay que andar con razones; por que al instante gritan anatema, excomunion, heregia, irreligión. ¡Pobre del que les contradiga! Siempre encuentran razones en los Santos Padres, que nadie va á registrar; y apoyo en las mugeres que los tienen por sinónimos de Jesucristo, no solo en quanto al ministerio, sino en sus personas, en su ciencia, y en sus costumbres, aunque á algunas les conste lo contrario. ¡Desgraciados de vosotros, y del Reyno entero, si su salud eterna dependiera de la voluntad de un Pastor que se le antojara estar seis años ausente de su Grey! ¿Por qué no citan sobre este puntito los Concilios, los Canones y los Santos Padres?” (Nariño, 1811, No.7: 3-4).
29 de agosto. Santafé. Antonio Nariño es nombrado Corregidor de la ciudad y Gobernador del Estado de Cundinamarca.
“…se recibió de corregidor de la ciudad, gobernador del Estado, intendente, justicia mayor y juez de teatro, al incomparable perseguido y nunca bien contados sus trabajos y aventuras, el inmortal don Antonio Nariño, cumpliéndose hoy 17 años de sus prisiones y trabajos; hombre a la verdad invicto, y que su vida algún día saldrá escrita, y se sabrá a fondo lo que ha padecido en 17 años continuos; pero al fin ya ha conseguido ver la libertad de su patria, salvo los reveses de fortuna.” (Caballero, 1974: diario4).
Cartagena. “La Junta recurrió al endeudamiento para solventarse; Uno de los acreedores fue José de Casamayor quien les prestó mil pesos, como parte de los treinta mil pesos que se autorizaron de deuda; Comenzaba el proceso de endeudamiento interno del país.” (Llano, 1995: cartagena).
31 de agosto. Santafé. Por bando se ordena a los empleados jurar la nueva constitución. (Caballero, 1974: diario4).
22. Refiriéndose a la Real Cédula del Consejo de Regencia del 30 de mayo de 1811.
23. Nota al pie en el texto original: “ARTURO QUIJANO, Ensayo sobre la evolución del Derecho Penal en Colombia, 32.” (Ibáñez, 1891: capi39a).
24. Nota al pie en el texto original: “J. M. CABALLERO, lib. cit., 140. E. POSADA, El proceso de los pasquines.” (Ibáñez, 1891: capi39a).
25. Nota al pie en el texto original: “Advertencia del P. Cobos, para que no nos vuelvan á morder la parte macisa. La Bagatela no habla solo con Santafé, solo para Santafé, ni solo de Santafé.”
Septiembre de 1811
Patía. Sin conocer la fecha exacta, se sabe que en el mes de septiembre, los patriotas al mando de Baraya, llegan a Patía, que siempre había sido reconocidamente realista y deciden incendiar el pueblo, la acción logró aumentar las diferencias entre los patianos y los patriotas.
“Eusebio Borrero Costa, comandando una avanzada de las tropas de Baraya, quemó el pueblo del Patía, como retaliación por ocultar provisiones, lo cual incrementó el odio contra los patriotas de los patianos, quienes ya estaban organizados en guerrillas por el fraile Andrés Sarmiento; Acerca de este hecho escribió José María Obando en sus "Apuntamientos para la historia": De lo que se siguió lo que era de esperarse: que los patianos enfurecidos fueron irreconciliables con el partido llamado patriota, y juraron implacable venganza; Es de resaltar que desde un comienzo los indígenas Paeces fueron patriotas.” (Llano, 1995: popayan).
1 de septiembre. Santafé. En La Bagatela, Nariño expone su posición frente al cobro de impuestos, declaración que sería importante más adelante cuando siendo presidente reforme la política tributaria.
“CONTRIBUCIONES
Las contribuciones que hacen los miembros de un Estado, son lo mismo que los desembolsos de una familia, ó de un particular para su mantencion. Todo el secreto de un buen Gobierno está, no en que las contribuciones sean cortas, si no en que el que contribuya disfrute de los beneficios de la contribucion. Asi como en una familia el desembolso le proporciona mayor seguridad, mayor explendor, y mayor comodidad, asi en un Estado las contribuciones aplicadas al objeto á que se dirigen proporcionan las mismas ventajas. Mientras mas libre es un Gobierno, mas contribuciones exige. Ya veo aqui á algunos arrugar las cejas y preguntar ¿en qué esta pues esta libertad, si nos hemos de ver mas gravados que en un Gobierno tiranico? Poco á poco, todo se aclarará, si tenemos paciencia de seguir hasta el fin. La tirania de un gobierno en esta parte no consiste en que haya muchas contribuciones, sino en el modo de exigirlas, y en su aplicacion.
Quando yo pago al carpintero, al sastre, al herrero y á los demas oficiales para el adorno, seguridad y comodidad de mi casa, no puedo decir que estos oficiales me gravan y me tiranizan; pero si yo tuviera que hacer los mismos desembolsos para que se adornara una casa agena, de cuyas comodidades no habia de disfrutar, entonces si me quexaria, y llamaria gravosa esa contribucion. Quando contribuíamos para que Godoy tuviera magnificos palacios, coches, vajillas de oro, libreas brillantes &c. por corto que fuera nuestro desembolso era tiranico y doloroso; pero si ahora contribuimos para que se aseguren nuestros puertos, para que se abran nuestros caminos, para que se mantengan nuestras tropas, para que se aseen y adornen nuestras ciudades, estas contribuciones por grandes que sean son lo mismo que los desembolsos que hacemos al zapatero, al sastre, y al carpintero: porque lo mismo disfrutamos, la seguridad del Estado, la comodidad de los caminos, y el aseo de las ciudades, que la seguridad de nuestras casas, su comodidad y su aseo…
Ahora de parte del Gobierno debe haber dos cosas de mucha atencion: la calidad de la contribucion, y el modo de cobrarla. Toda contribucion que ataque directamente al manantial de donde debe salir es viciosa; y toda forma de recaudacion que haga gravosa la contribucion, lo es igualmente. Uno de los vicios de la Capitacion es la recaudacion del impuesto, y la gran nulidad de nuestros Estancos de tabaco, ha sido el de atacar al manantial de la renta, restringiendo las siembras, y minorando por consiguiente la agricultura y el comercio de este ramo. Los Estancos temporales sobre renglones desconocidos, ó poco practicados en la agricultura y el comercio son sumamente útiles; como sucedió con el de la quina, que por desgracia no duró el tiempo que era necesario. El dió á conocer un renglon desconocido entre nosotros: se hcieron adelantamientos para los cortes: se dieron instrucciones á que debian sujetarse los cosecheros; y este ramo hubiera florecido, si hubiera durado mas tiempo el estanco hasta dexar fixados bien los conocimientos y el consumo, para que los cortes se hicieran con arreglo en la cantidad y el modo. El público muy lejos de perjudicarse con esta especie de estanco, halló por el contrario un nuevo manantial de riqueza: lo mismo sucedió con el The de Bogotá en los pocos momentos que duráron las primeras tentativas. Si el erario al principio sufre algunos atrazos, despues los resarce con usura, siempre que se emprendan estos establecimientos con un buen calculo y los conocimientos necesarios. El del Rapé tuvo igualmente el mal suceso que los otros, no porque fuera vicioso, pues era igualmente nuevo, sino por la falta de conocimientos de la persona encargada de su laboreo y composición.
Las contribuciones que los mejores Políticos Económicos tienen por mas seguras y menos gravosas, hablando en general, son las que se cargan sobre los consumos: porque en estas, á mas de ser insensibles, parece que la distribucion es mas justa: cada uno paga á proporcion de lo que consume; el rico que consume mas, paga mas, y el pobre que consume menos, paga menos. Pero en la practica, es menester confesar que se hallan grandes obstaculos al aplicar estos principios. La cosa es esta: gravando con cinco reales por exemplo, una Res que tenga veinte arrobas de carne, el que consume quatro arrobas viene á pagar, sin saberlo un real de contribución, y el que solo consume una, viene á pagar un cuartillo, pero quendo, quanto, sobre qué renglones, y de que modo se debe hacer esta imposicion, es lo que distingue al hombre de conocimientos en la practica; y el escollo de quasi todas las teorías.
Se dice que los renglones de primera necesidad deben estar exentos de derechos. ¿Y quales son estos renglones? Tomada la palabra en su mas riguroso sentido, serian entre nosotros para el pueblo el maiz, las turmas (que sin perdon asi se llaman) la sal y la miel, y en las demas personas, estos mismos renglones, con el pan y la carne, pero tomada su acepcion baxo un sentido mas general, no solo los zapatos, las medias y el sombrero son de primera necesidad, sino hasta los renglones de puro luxo, como el tabaco. Me parece que aunque esta distincion se debe tener presente al tiempo de establecer las imposiciones, no debe servir no obstante de regla invariable. Las salinas aqui es muy útil el que se administren por cuenta del Erario: el público tiene la sal de buena calidad á precio cómodo y en abundancia; y si cayera en manos de particulares, tendriamos que sufrir todas las alternaciones del capricho de sus dueños, por no ser un ramo que puede sufrir una concurrencia libre, sino el mas aparente para un monopolio.
Las contribuciones para la composición de caminos son de suma necesidad, pagandolas el que los transita; es decir, el que disfruta el beneficio de la composicion. Todo el mundo sabe las penalidades, los costos y los riesgos de nuestros caminos, y todos convienen en que se deben mejorar; ¿con qué fondo ó caudal se deben hacer estas mejoras? Con las contribuciones de los que se aprovechen de ellas. Repito que asi como pagamos los zapatos para no lastimarnos los pies, asi debemos pagar los caminos para no rompernos la cabeza. Pero no solo es justa y comoda esta contribucion: es útil tambien, y produce una ganacia pecuniaria á los que la pagan. Supongamos compuesto el camino de Honda como se debe componer, con sus posadas y dehesas para las bestias: las mulas costarian menos de flete, y el dueño de ellas no estaria expuesto á perder tres ó quatro en cada viaje; haria este en menos tiempo, y podria repetirlos mas á menudo, lo que ofreceria una ganancia real para que el que las pide fletadas y para el que las dá.
Estos mismos principios son aplicables á las calles y plazas de una Ciudad. Si el aseo contribuye para mantener la salud, si los serenos y la iluminación aseguran las personas y las casas del asalto de los asesinos y ladrones, y si el buen piso trae la comodidad á los que transitan por ellas ¿no será justo que los que disfrutan estas ventajas las paguen? Pero ¿á donde vamos á parar, si cada instante hemos de estar desembolsando para componer calles, y caminos, para asegurar los puertos, para mantener las tropas y pagar los empleados en el gobierno y administracion? No hay que fatigarse, que todo se hará sin que esten tocando á vuestras puertas. Pero aun cuando esto fuera ¿no estan tocando todo el dia la lechera, el sastre, la amasandera, el estereto, la lavandera, la costurera, el zapatero, el carpintero, el herrero, el talabartero, el musico, el pintor y la letania de todos los santos, y a cada golpe un desembolso? ¿Y para que es todo esto? Para mantenernos, y para mantenernos con comodidad y seguridad. Pues lo mismo son los otros desembolsos para la Casa grande del Estado, siempre que se empleen como los domesticos en el objeto para que se pagan. Pero esto hasta otro dia.” (Nariño, 1811, No.8: 1-4).
5 de septiembre. Santafé. Con el correo, se reciben noticias sobre el intento de contrarrevolución en Caracas, el pasado 11 de julio, del que salieron victoriosos los patriotas; la batalla en México en la que, con el triunfo de los patriotas mexicanos murió el virrey Vanegas que había sido nombrado para la Nueva Granada y finalmente la victoria de Baraya sobre Tacón en Popayán.
“…con motivo de las cartas que vinieron en el correo, se supo que los españoles habían hecho contrarrevolución en Caracas, de lo que resultó que los caraqueños mataron a muchos e hicieron 54 prisioneros y ahorcaron 12 al tercer día. Que murió el virrey Vanegas que venía para aquí, en la batalla que dieron a los mexicanos. De Popayán que hicieron retirar a Tacón y otras varias noticias se dieron. Música por todas las principales calles echando voladores y gritando: "¡Viva la independencia de Caracas, las valerosas armas mexicanas y el invicto Baraya! ", y así todo, con mucha alegría.” (Caballero, 1974: diario4).
La misma historia es entregada por Ibáñez: “El día 5 de septiembre de 1811 llegó el correo con noticias políticas tan interesantes que conmovieron la ciudad entera, y como de costumbre se celebraron con músicas, cohetes, repiques e iluminaciones. No faltaron en esos festejos los vivas y mueras de las laringes del pueblo soberano. Se supo que el 11 de julio habían hecho los realistas una contrarrevolución en Caracas, y vencidos por las tropas del Gobierno habían sido condenados a muerte y ejecutados los más culpables. Se supo que el titulado Virrey del Nuevo Reino de Granada, don Francisco Javier Venegas, había muerto en un encuentro con los republicanos de Méjico. Y también se recibieron noticias plausibles de la expedición de Popayán, que comandaba Antonio Baraya. El día fue de fiesta y alegría.” (Ibáñez, 1891: capi39b).
6 de septiembre. Población de Mercaderes, sur del país. Baraya que se encontraba en Mercaderes, invita a la población de Pasto, en compañía de Caicedo y Cuero para que abandonen su apoyo a los realistas y abracen la causa patriota. (Llano, 1995: popayan).
7 de septiembre. Antioquia. Se decide auxiliar a las provincias de Cartagena y Popayán, se entregarían $10.000 por provincia. “Así demostraba su solidez financiera y su patriotismo.” (Llano, 1995: antioquia).
8 de septiembre. Santafé. La Bagatela, también emprende una fuerte campaña contra la iglesia y sus miembros.
“Me parece que nuestros tales amigos son de los que persiguen los Duendes y asustan las Brujas. Que ganas tengo de que una pluma verdaderamente sabia se tomara el trabajo de señalarnos el punto desde donde la piedad comienza á declinar en superstición. Tu lo estás palpando á cada paso: ¿quantos salen de la iglesia haciendo gestos despues de haberse almorzado media docena de Misas, y catorce coronas, que encuentran á un pobre tendido en la calle, y no son para alargarle la mano ni darle una limosna? Que digan ahora estos pretendidos devotos que ridiculizamos las Misas. No SS. sabemos todo su valor y méritos la oimos con frequencia: pero jamas aprobaremos que la muger dexe al marido y los hijos en la cama sin saber de la ropa y del almuerzo por estarse hasta las mil y quinientas rezando en la iglesia; ni al hombre que quiere que un cuervo traiga el pan á su casa a fuerza de rezar, quando el lo pudiera traer sin milagro con solo irse á trabajar. Vuelve los ojos á tanto rico que vive y muere rezando, sin que ni en vida ni en muerte les veamos alargar la mano para una obra de beneficencia pública: dobles y doblones á su muerte, mucha cera, muchos paños negros, mucho gorgoteo en el coro, y el resto para una capellania que obligue á ordenarse el sobrino sin vocacion por no perder la Capellania. Pero ¿para que nos cansamos? Un dote para Monjas es la cosa mas santa entre nosotros; mientras que no vemos vivo ni muerto que haga un fondo para que se casen. Seguramente que si fuera por nuestros devotos el mundo se acababa antes que vinieran los Franceses;…” (Nariño, 1811, Suplemento No.9: 2).
10 de septiembre. “Nóvita, encabezada por Francisco Antonio Caicedo de la Llera, se declaró autónoma.” (Llano, 1995: choco).
11 de septiembre. Provincia de Popayán. Joaquín Caicedo recibe respuesta de Pasto a la invitación que junto con Baraya hicieron en los primeros días de septiembre, proponiendo la unión a la causa patriota.
“Habiéndose enfermado en aquel valle malsano gran parte d elos soldados de la columna axiliar del coronel Baraya, éste determinó regresar a Popayán según lo hizo. Quedaron las tropas dela junta al mando del presidente Caicedo.
Este había dirigido un oficio al cabildo de pasto, excitándole a la unión con su capital, y a que reconociera al nuevo gobierno (septiembre 6-9). Recibió el 11 de septiembre la contestación de que los habitantes de Pasto se hallaban prontos a capitular, - “sin perjuicio, decían, de los derechos de la religión, que no podemos creer que pretendan que violemos como religiosos, también del decoro de las personas y de la seguridad de los bienes, tratándose y estableciéndose la capitulación con la solemnidad que se requiere”. En este caso prometían retirar sus tropas, y que abrazarían como hermanos a los de Popayán. (Restrepo, 1974: 177-178).
12 de septiembre. Cartagena. Cavero como presidente de la Junta, nombra un mediador para intentar resolver la causa con Santa Marta, el escogido es Miguel Díaz Granados. (Llano, 1995: cartagena).
15 de septiembre. Santafé. De nuevo Nariño en La Bagatela arremete contra el Congreso e insiste en la necesidad de independizarse totalmente de España.
“Congreso
Suplico humildemente á todos los que pierden el tiempo con bagatelas, que hoy no lo pierdan con esta, sino que la lean despacio y con toda atencion, porque el punto en question nos puede costar el pellejo, aunque parezca una bagatela.
Se han reunido en esta Ciudad los Representantes de las Provincias para el Congreso. Se juntan diariamente á tratar los puntos preliminares. Y ¿quales son estos puntos? Si el Congreso se debe hacer en Santafé: si se debe reconocer la Regencia de España: si debe ser el sistema de gobierno puramente federal…
La primera cosa que ocurre preguntar es ¿si este Congreso es una continuacion del pasasdo; ó es de nueva formacion? Si es una continuacion; los antiguos Representantes deben ir adminitiendo á los que llegan de nuevo; exigiendoles el juramento mismo que ellos prestaron quando se recibieron, y en este caso hay una question menos, porque no se reconoce en él á la Regencia. Si es de nueva formacion, debe comenzar por instalarse, porque sin este requisito no pueden resolver los puntos en question, pues en Congreso es que se deben determinar, y sin instalarse no hay Congreso. El comenzar en una tertulia la Acta de federacion, y el llamar al Congreso federativo es resolver, sin que haya Congreso, el punto mas arduo que debe tratar despues de instalado. Se preguntará como se debe llamar este Congreso: y yo respondo que Congreso y nada mas: porque hasta ahora es la Congregacion de los Diputados de las Provincias; y lafederacion no es el Congreso, sino uno de los puntos que este debe tratar.
Para sostener que el Congreso no debe formarse en Santafé se ha sofisticado infinito; y como desgraciadamente el exemplar pasado viene en apoyo de este dictamen, la question parece resuelta; pero exáminemosla con atencion. La disolucion del Congreso pasado fué obra de un gobierno arbitrario, y no de la Ciudad de Santafé: no estando el Gobierno en el mismo caso, tampoco lo está el peligro de volverse á disolver. Todo lo que podria suceder en último resultado, seria que el Congreso se trasladase á otra parte, si se veía embarazado por el Gobierno; esto es, hacer despues lo que quiere hacer desde ahora, si necesidad.
El punto mas dificil no es este; si no el de que se quiere suponer que el Congreso debe entar, ó apoderarse del gobierno economico de la Provincia en que se forme. Para no entrar en un idioma que no todos entienden, y hacer ver hasta la evidencia que este es un disparate, valgamonos de un exemplo bien claro. Supongamos que los Cabildos de Cundinamarca son las Provincias del Reyno: que cada Cabildo, como lo ha hecho, manda su Representante para que forme el Gobierno de la Provincia, y que este gobierno está en la Capital, como lo vemos ahora. Pregunto ¿el Cabildo de Santafé, no está exerciendo sus funciones con toda la plenitud de sus atribuciones, como los otros Cabildos, aunque esté aquí el gobierno? ¿Le priva acaso este de sus distinciones, honores, prerogativas y facultades? No. Con que todo lo que hay que hacer es, que se demarquen bien claramente las distinciones, honores, prerogativas y facultades del Congreso; porque las del gobierno ya estan demarcadas, como lo estaban las de los Cabildos quando se formó el gobierno.
¿Y quales son las atribuciones del Congreso? Las que corresponden al Derecho Público de las Provincias; como las de la Provincia son las que corresponden al Derecho Economico Civil y Criminal de la Provincia. Asi como el Poder Legislativo de la Provincia hace leyes para su Provincia, el Poder Legislativo del Congreso hace leyes de Derecho Público para el Reyno; y asi como el Poder Executivo de la Provincia executa las leyes sobre las personas en lo Judicial, y sobre la Provincia en lo gubernativo; el Executivo del Congreso, executa sus leyes sobre las Provincias en lo Judicial decidiendo sus litigios, ó castigando con la guerra sus infracciones, y en lo Gubernativo público sobre todas las Provincias.
Hablemos mas claro si es posible: las Provincias son para el Congreso, lo que los ciudadanos son para el Gobierno. El Gobierno hace sus leyes, y sus imposiciones sobre los hombres: el Congreso hace sus leyes y sus imposiciones sobre las Provincias; verbi gracia: cada hombre, dice la ley del Gobierno Provincial, pagará al Erario un tanto por ciento en razon de sus facultades, ó el Diezmo de su renta: cada Provincia dice el Congreso pagará un tanto por ciento en razon de sus facultades, ó el 5, 6, ó 20 de su renta, para el tesoro público. ¿En que se chocan estas leyes? ¿Por que no se han de poder dictar en una misma Ciudad sin embarazarse las unas á las otras? El Poder Judicial del Congreso no es para las apelaciones de los particulares de las Provincias, sino para la decision de las causas de provincia á Provincia; y el Poder Executivo, para hacer executar las leyes que no correspondan á lo Judicial, para nombrar los Generales y Administradores del tesoro comun; como el Executivo de la Provincia nombra los Oficiales de sus tropas, y los empleados de sus rentas.
La question de si se debe reconocer la Regencia, es tan escandalosa, tan fuera de proposito y tan contradictoria de las otras, como es la Libertad de la Esclavitud. Si hemos de estar sujetos al gobierno de España, ¿para que son estos Congresos, estas leyes, estas Representaciones, y este quebradero de cabeza? Para ser esclavos basta saber obedecer y aguantar. El solo proponer la question es un vilipendio para unos hombres que han jurado ser libres. No hay medio: querer ser libres dependiendo de otro gobierno, es una contradiccion; con que ó decretar de una vez nuestra Independencia, ó declarar que hemos nacido para ser eternamente esclavos. ¡¿A que fin introducirnos en la política el idioma de Aristoteles?! ¿Quales son las ventajas que nos puede traer esa jeringonza de voces metafísicas que ni entienden ni jamas podran explicar los que las profieren? Y si no, que nos digan con claridad y metodo ¿como es este reclasyaco de regencia y libertad, de dependencia y Federacion, de obedecer y mandar, de ser soberanos y esclavos, legisladores y subditos, advertidos y simples, sabios y majaderos? Desengañemonos, ya no es tiempo de sutilezas, y pedanterias cientificas, que haciendonos perder el tiempo, estan dando lugar á que nuestros enemigos se refuercen y nos deguellen cuando menos lo pensamos. ¿Que se diria de unos hombres que viendo asaltar su casa por los ladrones, se pusieran á disputar con sutilezas los derechos que cada uno tenia para vivir en esta sala ó en la otra? ¡Majaderos! les diriamos, ¿á que son esas disputas, si los ladrones no os han de dexar ni las unas, ni las otras? Atended primero á salvar la casa, y despues tendreis tiempo de discusiones.
El Congreso ha sido hasta ahora el ancora de nuestras esperanzas; esperanzas nacidas de la naturaleza misma de su objeto. Divididas las provincias en opiniones, y de hecho, solo la sabiduria de sus Representantes podria haberlas unido (baxo cualquiera forma) y dadonos la fuerza que nos salvara de todo peligro interior y exterior; pero el Congreso pasado murió,…” (Nariño, 1811, No.10: 1-3).
17 de septiembre. Santafé. El movimiento de descontento que Groot, Herrera y Carbonell venían preparando durante todo el mes anterior obtiene sus resultados cuando desde el día 15 comienzan a movilizarse masas de pobladores hacia la Plaza Mayor y, finalmente el 17, estalla una revuelta entre los artesanos de San Victorino. El presidente Lozano manda apresar a Nariño y a Carbonell, sentencia que nunca se lleva a cabo, además Jorge Tadeo Lozano presenta su renuncia pero esta no es aceptada; mientras tanto Nariño y Carbonell organizan los que serán los acontecimientos del 19 de septiembre.
“Después de una etapa de intensa agitación, Nariño y los dirigentes del partido popular pudieron impartir, el 15 de septiembre de 1811, las últimas consignas y las correspondientes instrucciones para llevar a cabo la movilización en masa de todas las gentes de los suburbios de la Capital hacia la Plaza Mayor, y el día 17 se sucedieron graves motines en San Victorino, lo mismo que en Calle Caliente, de manera que la Compañía de Challerde, cuerpo militar compuesto en su mayor parte por españoles, se vio precisada a contener, en el puente de Honda, una manifestación de artesanos que intentaba dirigirse al centro de la ciudad. Algunos de los miembros del Cuerpo Legislativo del Reyno de Cundinamarca y los Ministros del Presidente Lozano le solicitaron, por ello, ordenar la inmediata detención preventiva de Carbonell y de Nariño, suspender las garantías constitucionales y asumir la dictadura a fin de defender las instituciones contra el complot preparado por "los demagogos", y prevenir las amenazas implícitas en la actitud insubordinada de "los guaches", como decían.
Estas solicitudes le fueron reiteradas al señor Lozano por una Comisión especial del Cuerpo Legislativo y ante ella dio el Presidente muestras de su carácter vacilante, de su tendencia a evadir las responsabilidades y a resolver todos los problemas con discursos. Declaró a la Comisión que él carecía de ambiciones y no estaba dispuesto a emplear medios violentos para perpetuarse en el mando, por lo cual había decidido enviar esa misma tarde su dimisión al Congreso. Agregó que tanto él como su familia - la famosa dinastía de los marqueses de San Jorge - habían sido objeto de malévolas insinuaciones; que en la calle se le llamaba "Jorge I", no obstante su despego por los honores y su deseo de retornar pronto a su gabinete de estudio, del cual se le sacó contra su voluntad, por considerarse que sólo él podía unir las voluntades y acallar las pasiones partidistas. Que habiendo fracasado en este empeño, se debía proceder a nombrarle un sucesor capaz de comprender, mejor que él, las tendencias políticas del momento y de con jurar los gravísimos peligros que, para el orden social, se percibían ya en el horizonte.
La decisión del señor Lozano, como los términos en que ella fue presentada, causaron general desconcierto y los principales voceros de la camarilla gobernante, con don Camilo Torres a la cabeza, declararon al Presidente que su renuncia aceleraría el desencadenamiento del desorden y facilitaría el triunfo de Nariño y de Carbonell, porque en circunstancias tan críticas era imposible hallar una persona qué reuniera, como reunía el ilustre vástago del marquesado, todas las voluntades de la clase gobernante. Insistentemente se le pidió, por eso, aplazar el envío de su dimisión al Congreso y después de prolongados debates y no pocos ruegos se obtuvo, que el señor Lozano no diera curso a la anunciada renuncia, aunque fue imposible llegar a acuerdo ninguno con respecto a las medidas de seguridad que convenía decretar para atender a la oportuna defensa del orden público en la Capital.
La confusión y el desconcierto que reinaba en el Gobierno facilitaron los proyectos del partido popular y ofrecieron nuevos estímulos a la creciente inconformidad del pueblo de Santafé, convencido ya de que nada bueno debía esperar de la conducta política del patriciado criollo. Nariño y Carbonell prestaron, en consecuencia, particular atención a las ventajosas condiciones que existían en las Fuerzas Armadas de la Capital, profundamente divididas por la equívoca conducta del Gobierno, inclinado a favorecer a los oficiales españoles del antiguo régimen y mantener bajo su mando a los cuerpos militares claves de la ciudad. Ello explica por qué no les fue difícil a Manuel García, Pedro Groot y Carbonell obtener de los oficiales patriotas la promesa de que se mantendrían neutrales en los acontecimientos próximos o intervendrían en favor del pueblo, con las tropas a su mando, si las Compañías de oficialidad española intentaban actuar en defensa del Gobierno. Conseguida esta garantía, que restaba toda eficacia represiva a la guarnición de la Capital, se acordó, en junta celebrada en casa de Nariño, señalar la fecha del 19 de septiembre para efectuar la gran movilización del pueblo, movilización cuyo objeto sería provocar el definitivo derrumbe del régimen de casta establecido en Santafé desde el 20 de julio. De igual manera se decidió que en dicha fecha se publicaría una edición extraordinaria de "La Bagatela" y en ella denunciaría Nariño la equívoca conducta del Gobierno con respecto del partido español y su indiferencia culpable ante los rápidos progresos que él venía realizando para reconquistar la opinión pública granadina.” (Liévano, 1996: cseiii09).
18 de septiembre. Batalla de Guapuscal. Los pastusos se enfrentan con tropas quiteñas al mando de Pedro Montúfar. Los quiteños obtienen la victoria y avanzan hacia Pasto. (Llano, 1995: popayan).
19 de septiembre. Santafé. Luego de la publicación de un artículo en La Bagatela, donde, bajo el título de Noticias Muy Gordas, Nariño denuncia la falta de liderazgo del presidente de Cundinamarca, estalla un motín que obliga a Jorge Tadeo Lozano a renunciar. Nariño asume la presidencia. Es el primer acto de política moderna, donde la opinión pública se ejerce en el espacio público.
“Noticias muy gordas.
Nos hallamos amenazados por tres puntos. Por Cartagena se confirman las noticias de que el Virey Benito Perez, no es á Panamá, sino á Santa Mata que viene con la Audiencia antigua de Santafé. Talledo ha fugado para Santa Marta con su familia, y seis mil pesos que le habia confiado el Gobierno de Cartagena para la composicion del Dique. D Domingo Esquiaqui se ha denegado á que sus hijos vayan á la Expedicion contra Santa Marta, despues de haberlo distinguido aquel Gobierno con pasarle el despacho de Mariscal de Campo, y hecholo Sub-Inspector, protextando que pediria su Pasaporte para la Havana. D. Pedro Dominguez está de Comandante de la Expedicion del Guáymaro contra nosotros. D. Francisco Vallejo manda otro trozo en la Cienaga; y Santa Marta, en una palabra, es la Pocilga donde se abrigan quantos malvados perdona ó protege nuestra bondad americana. Suben á ochocientos hombres de tropa los que tienen ya alli nuestros enemigos.
Por el Norte sabemos que Cúcuta está resuelta á unirse á Maracaybo, y la toma de Pamplona y de Giron serán el resultado de las primeras operaciones de nuestros enemigos por aquel lado.
De Popayan por el Sur, ningún aspecto favorable presentan las cosas. Se ignora el estado de Quito. Y sólo se sabe que Tacon ha tomado las medidas mas enérgicas para hacerse á dinero, ganado y tropas: que en Popayan tiene un fuerte partido, que al paso que lo animan, debilita nuestras fuerzas y aumenta peligros. Y nosotros ¿como estamos? Dios lo sabe: cacareando, y alborotando el mundo con un solo huevo que hemos puesto. ¿Que medidas, que providencias se toman en el estado de peligro en que se halla la Patria? Fuera paños calientes, y discusiones pueriles: fuera esperanzas quiméricas hijas de la pereza, y de esa confianza estúpida que nos vá á envolver de nuevo en las cadenas: el peligro es cierto y evidente, y los remedios ningunos.
¿En que fundamos las esperanzas de conservar nuestra libertad? Por fuera se aumentan los peligros, y por dentro la desconfianza y la inaccion. La patria no se salva con palabras, ni con alegar la justicia de nuestra causa. ¡¿La hemos emprendido, la creemos justa y necesaria?! Pues á éllo: vencer ó morir, y contestar los argumentos con las bayonetas. ¿¿¿¿Habrá todavia almas tan crédulas que piensen escapar del cuchillo si volvemos á ser subyugados???? Que no se engañen: somos insurgentes, rebeldes, traidores; y á los traidores, á los insurgentes y rebeldes se les castiga como á tales. Desengáñense los hipocritas que nos rodean: caerán sin misericordia baxo la espada de la venganza, porque nuestros conquistadores no vendrán á disputar con palabras como nosotros, sino que segarán las dos hierbas sin detenerse á exáminar y apartar la buena de la mala: morirán todos, y el que sobreviviere, solo conservará su miserable existencia para llorar al padre, al hermano, al hijo ó al marido.
La experiencia de lo pasado nos enseña bien claramente lo que nos debe suceder, y como nos debemos portar. Por el modo con que el antiguo Gobierno trató á los que proferian una palabra, á los que hacian un gesto, se puede adivinar sin ningun esfuerzo, como tratará á los que se han descubierto, á los que han arrojado á los antiguos Funcionarios, á los que han proclamado su libertad, y á los que se oponen á la nueva dominacion; y por el modo con que se han portado todos nuestros enemigos á quienes hemos tratado con indulgencia, se puede tambien adivinar sin ningun esfuerzo, como se seguirán portando los que tratémos de igual modo. Talledo despues de las que hizo en Mompox fue acogido en Cartagena, agasajado, empleado finalmente en el Gobierno, y se ha marchado robandose el dinero que le confiaron para una obra publica. Esquiaqui despues de haberle pasado el grado de Mariscal de Campo, y entregadole la Sub-Inspeccion y la Plaza, se niega con amenazas á que sus hijos peleen contra los enemigos de nuestra causa. Dominguez se presenta descaradamente á la cabeza de los enemigos de su Patria, y olvidandonse del suelo en que nació, y de lo que le debe, expone su vida para perpetuar nuestra esclavitud, con oprobio del nombre americano. Vallejo, Sámano, Gutierrez, Mansilla, Cortazar y quantos malvados hemos dexado escapar con vida, trabajan en nuestra destrucción.
No hay pues, ya mas esperanzas que la energia y firmeza del Gobierno. Al Américano, al Europeo, al Demonio que se oponga á nuestra libertad, tratarlo como nos han de tratar si la perdemos. Que no haya fueros, privilegios ni consideraciones: al que no se declare abiertamente con sus opiniones, con su dinero, y con su persona á sostener nuestra causa, se debe declarar enemigo público, y castigarlo como tal. Esos egoistas, esos tibios, esos embrolladores son mil veces peores que los que abiertamente se declaren en contra. Al que no quiera ser libre con nosotros, que se vaya; pero al que se quede, y no sostenga nuestra causa con calor, que le caiga encima todo el peso de la ley.
Abramos por Dios los ojos! la hora ha llegado: nuestra ruina es irresistible si no nos unimos, sino deponemos todas las miras personales, todos los resentimientos pueriles, y sobre todo, esta apatia, esta confianza estupida, esta inaccion tan perjudicial en momentos tan criticos. Que el fuego sagrado de la Patria penetre nuestros corazones: y los inflame con la justicia de nuestra causa, y los riesgos que nos amenazan: que no haya mas que un sentimiento, un fin: que no se conozcan mas distinciones de Patria, de profeciones para defender nuestra libertad, que el de Ciudadanos de Cundinamarca; y finalmente que no se oiga mas que una sola voz: Salvar la Patria ó morir.” (Nariño, 1811, No.11: 1-2).
La noticia sobre la renuncia del Presidente Lozano, producida por la publicación de Noticias muy gordas, es referida por el cronista Caballero, autor presencial de los hechos:
“…por unas gacetas que salieron, en que decían que por todas partes nos tenían cercados y amenazados, se fue enardeciendo el pueblo contra el gobierno, y en menos de una hora corrió la palabra de que el gobierno no hacía nada en favor, y se llenó la plaza de gente, y se abarcaron a la sala de justicia a pedir se asegurase la provincia y que se quitase la compañía de Challerda, por ser toda de españoles, la que se quitó este día y pasaron la mitad a Nacionales y los otros al regimiento Provincial. Entraron a junta desde las nueve de la mañana hasta las cuatro de la tarde, en que salió electo de nuevo presidente don Antonio Nariño, por haber hecho renuncia don Jorge Tadeo Lozano. Hubo muchos vivas y mucha alegría por tan acertada elección; a la una del día hubo bando para que cesase todo tumulto.” (Caballero, 1974: diario4).
En su crónica, José Manuel Restrepo deja ver que no era precisamente un seguidor de Nariño:
“Para cortar los grandes males de una guerra civil que ya asomaba, la opinión general estaba decidida por la aplicación del remedio que entonces se creía eficaz: tal era la unión, formando un congreso de diputados de las provincias, que tomara las riendas del gobierno general, y diera movimiento uniforme a los recursos que poseía la Nueva Granada, plenamente suficientes para destruír a los enemigos de su naciente libertad. Existían ya en Santafé los diputados de las provincias de Cundinamarca, Cartagena, Antioquia, Tunja, Socorro, Pamplona, Casanare, Neiva y el Chocó. Cada provincia había elegido dos representantes, que se denominaban principal y suplente. Para adelantar los trabajos, los diputados celebraban ya sesiones preliminares a la formación del congreso, y para su instalación aguardaban el arribo de los diputados de Popayán, que siempre se decía estar próximos aunque tardaran demasiado.
A la sazón en que parecía se iban a cumplir los deseos de todas las provincias libres que anhelaban por el momento en que se formara la primera asamblea general de sus representantes, ocurrió un suceso inesperado que retardó por largo tiempo esta medida de salvación de la independencia. El presidente de Cundinamarca don Jorge Tadeo Lozano, a pesar de su sistema departamental, no se oponía a la formación del congreso; mas era hombre que unía a talentos brillantes la debilidad y la inconstancia: este carácter y el no dar a su autoridad el esplendor correspondiente en un pueblo como el de Santafé, acostumbrado al aparato de los virreyes, había hecho contra él algunos descontentos. Uno de ellos era don Antonio Nariño; este rival oculto y peligroso, a quien Lozano, después de su regreso de Cartagena, había conferido el destino de corregidor de Santafé, parece no estaba satisfecho con aquel empleo subalterno. Nariño gozaba de mucho popularidad en la capital, y en diez y siete años de prisiones había perfeccionado su espíritu y sagacidad naturales; un gran partido le juzgaba el primer hombre para el mando supremo.
Hacía algunos meses que Nariño publicaba un periódico semanal, titulado La Bagatela; con estilo jocoso, ligero y elegante atacaba en todos sus números el sistema federal, la soberanía de las provincias y a los diputados electos para el congreso. La falta de recursos de aquellas, la multitud de empleados que exigía tal gobierno, las pocas luces que en lo general poseían los granadinos para llenar las legislaturas provinciales y otros destinos públicos; en fin, la debilidad del gobierno federal incapaces de poder triunfar en la guerra que la España había declarado a la Nueva Granada y a las demás secciones independientes de sus colonias: he aquí los argumentos de que se valiera. El plan de gobierno que Nariño proponía en La Bagatela era el republicano único o central con una aristocracia electiva que jamás explicó: quería que este gobierno se adoptara en una convención de diputados elegidos por las provincias, que nombrarían uno por cada diez mil almas de población. Al mismo tiempo fomentaba Nariño en su periódico la rivalidad de Santafé con las provincias: decía que éstas pretendían la ruina de la capital, especialmente Cartagena; que todas reclamaban las armas, caudales y demás que poseía para que se repartieran entre ellas, como que antes pertenecían al extinguido gobierno español, y para que Santafé quedara en la misma debilidad que las provincias. Este periódico produjo los copiosos frutos de hacer más divergentes las opiniones sobre el sistema de gobierno que debía adoptarse en la Nueva Granada, de fomentar odios muy duraderos entre Cundinamarca y las otras provincias, y de impedir por consiguiente la unión. Algunas de estas consecuencias se debieron no tanto a La Bagatela como a su autor.
Con estas publicaciones y algunos manejos ocultos se había formado en Santafé un partido bien fuerte contra el presidente Lozano, a quien tachaban de debilidad y de que no miraba por la prosperidad y engrandecimiento de la capital. Verdaderamente no conducía Lozano el timón del gobierno con la firmeza debida; bien fuera por la versatilidad de su carácter, o bien por las trabas que la constitución oponía a la marcha vigorosa de la administración, todos los resortes se hallaban un poco relajados, los agentes subalternos no obedecían con prontitud.
En tales circunstancias Nariño dio a luz (septiembre 19) un número extraordinario de La Bagatela con el título de Noticias Muy Gordas. Estaban pintados en él vivamente los peligros que corría la Nueva Granada por haber desertado de Cartagena el coronel español de ingenieros Talledo: porque el mariscal de campo don Domingo Esquiaqui, que residía igualmente en aquella plaza, se denegaba a que sus hijos militaran contra Santamarta; porque habiéndose hecho esta provincia el asilo de todos los descontentos y partidarios del gobierno español, tenía ya ochocientos hombres para hostilizar a los demás; y finalmente porque a Santamarta debía llegar, según las últimas noticias, el brigadier don Benito Pérez, virrey nombrado por la Regencia de Cádiz para la Nueva Granada. Decía también, que los valles de Cúcuta estaban decididos a unirse a Maracaibo, y que entonces perderíamos a Pamplona y a Girón; que por el sur nada sabíamos de Quito, sino que Tacón se preparaba activamente para hacernos la guerra. Manifestaba que si volvían los españoles, de ningún modo nos perdonarían, y que nos tratarían duramente cual amos irritados. Concluía diciendo, que no había más esperanza que la energía del gobierno, y que este debía proceder con la mayor actividad contra todos los enemigos internos, sin que a ninguno le valiese fuero ni privilegio: exhortaba a la unión íntima de todas las clases del Estado a sacudir en momentos tan críticos la confianza y la inacción, y a que no se conociera más distinción para defender la libertad “que la de ciudadano de Cundinamarca” ni se oyera otra voz “que la de salvar la patria o morir”.
El autor de esta Bagatela, que sin duda estaba versado en la historia de la revolución francesa, adoptó el principio más común y poderoso de la táctica revolucionaria; el de abultar los peligros a las masas del pueblo que se quieren conmover. Así, a pocas horas de haberse dado a luz aquel número extraordinario de La Bagatela y de estar fijado en los lugares públicos de Santafé, comenzó la fermentación. Grupos del pueblo se juntan en las plazas; se difunde la voz de que es necesario pedir la pronta instalación del congreso, como un remedio eficaz para resistir a los enemigos de la patria, y se oyen rumores de traición y de conspiraciones internas para trastornar la República. Los demagogos numerosos que habían entonces en la capital pidieron al senado conservador que convocara la representación nacional, o la reunión de los poderes legislativo, ejecutivo y judicial; medida que prevenía la constitución en circunstancias críticas o extraordinarias. En efecto, así se determinó, y a la una de la tarde principió la sesión (septiembre 19).
Los corifeos del movimiento se apoderaron del salón en que se reunían los miembros de los tres poderes, lo que se verificaba en el antiguo palacio de los virreyes. En vez de pedir medidas para salvar la patria, entre ellas la instalación del congreso, los que se titulaban Pueblo soberano comenzaron un furioso ataque contra la administración del presidente Lozano, acusándole públicamente de que no miraba por la prosperidad de la capital, y haciéndole otros varios cargos infundados; sólo uno era cierto, su debilidad. Allí acabó de confirmarla; pues en vez de dar órdenes a los militares de que disiparan el tumulto aún por la fuerza, en caso necesario, para que la representación nacional pudiera deliberar con libertad y decoro, se abatió a contestar las acusaciones que le hicieron algunos del pueblo, entre ellos don Pedro Groot, tan brusca e incivilizadamente que habló desde la puerta con sombrero puesto y embozado en su capa. Animados con la impunidad de tan pernicioso ejemplo los demagogos aumentaron los insultos, de modo que Lozano repitió la renuncia que antes había hecho de la presidencia. Admitida por la representación nacional, se mandó que le sucediera el vicepresidente don José María Domínguez, que renunció también su destino y obtuvo la admisión. Llegó entonces el caso que deseaba el tumulto y fue elegido don Antonio Nariño: éste aceptó la presidencia, bajo la condición expresa de que se habían de suspender algunos artículos de la constitución que le impedirían obrar con la fuerza y energía necesarias. Fuéle concedido cuanto pidió, y la representación nacional echó por tierra la constitución.
A las cinco de la tarde ya todo estaba tranquilo y se había terminado esta revolución. Lozano se retiró a su casa muy quietamente, y Nariño entró a ejercer las funciones de su nuevo destino. Las noticias exageradas de La Bagatela que suscitó el tumulto, la voz pública de los jefes que hablaron a nombre del pueblo, todo hace creer que Nariño tuvo mucha parte en cuanto sucedió aquel día. Don Pedro de Groot, don José maría Carbonell, don Manuel Pardo, y otros que eran amigos o partidarios de Nariño, hicieron gran papel en las escenas, revolucionarias del 19 de septiembre.” (Restrepo, 194: 182-186).
Ibáñez también cuenta la historia:
“Para el 19 de septiembre el inquieto redactor de La Bagatela había adquirido considerable prestigio en la oposición y tenía como bandera la del centralismo, o sea la contraria al sistema federal. El Presidente Lozano, hombre de vastas capacidades y de mucha ilustración, carecía de las dotes que requiere un hombre de Estado en circunstancias difíciles, condiciones que poseía su rival Antonio Nariño. El ilustre naturalista Lozano apreciaba más que el botánico Sinforoso Mutis hubiera descrito un género de la familia de las vochysiaceas con el nombre Lozanía, que los honores oficiales que a diario recibía.
En la mañana de ese día apareció fijado en las esquinas un número extraordinario de La Bagatela, con el epígrafe de Noticias gordas. Allí se pintaba en peligro la revolución y favorable todo el país para los realistas, con frases satíricas y burlescas que hacían las delicias del pueblo. Este se congregó en la Plaza Mayor y envió una Comisión al Senado, que se reunía en el Palacio de los Virreyes, para solicitar medidas de seguridad; y convocada la Representación Nacional, se aceptó la renuncia del Presidente. Llamado el Vicepresidente, don José María Domínguez, se excusó de servir el cargo, y la Asamblea eligió Presidente interino a don Antonio Nariño, que era el caudillo más popular en aquel día.
Habían vencido los centralistas y se había consumado el primer pronunciamiento popular, precursor de la primera guerra civil. No son dignas de encomio las actuaciones políticas de los federalistas.” (Ibáñez, 1891: capi39b).
El mismo episodio y sus consecuencias son analizadas por Henao y Arrubla:
“…en septiembre apareció La Bagatela con un artículo titulado Noticias muy gordas, en que con vivos colores se pintaban los peligros que corría la patria y se increpaba la debilidad del Presidente. “Y nosotros, decía, ¿cómo estamos? Dios lo sabe, cacareando y alborotando el mundo con un solo huevo que hemos puesto. ¿Qué medidas, qué providencias se toman en el estado de peligro en que se halla la patria? ... ¿En qué fundamos las esperanzas de conservar nuestra libertad? Por fuera se aumentan los peligros y por dentro la desconfianza y la inacción. La patria no se salva con palabras, ni con alegar la justicia de nuestra causa. ¡Pues a ellos! Vencer o morir, y contestar los argumentos con las bayonetas”.
Esta publicación agitó en pocas horas los ánimos y produjo una nueva revolución: se congrega el pueblo y en él se esparcen las voces de que el Congreso debe reunirse prontamente para salvar la patria, y de que se fragua una conspiración a fin de perturbarlo todo; los más exaltados piden la convocatoria de los poderes públicos, como lo prevenía la Constitución en los casos difíciles y extraordinarios, y así se hizo. Abierta la sesión en la tarde del mismo día 19 de septiembre, los agitadores penetraron al recinto clamando contra el Presidente y haciéndole cargos por su gobierno débil y retrógrado; Lozano no contuvo el tumulto y dimitió su cargo, lo que fue aceptado por la asamblea, la cual dispuso que le sucediese el Vicepresidente don José María Domínguez Castillo, quien a su vez también renunció26. Admitida la dimisión, los deseos de los revolucionarios quedaron colmados con la elección de Nariño para la Presidencia del Estado, quien aceptó con la condición de que se suspendiesen algunas disposiciones de la Carta que le impedían obrar con la energía que demandaban las circunstancias; accediese a esto y la Constitución cayó también con el gobierno legítimo. De este modo en la tarde de aquel día quedó consumada la primera evolución política que dejó funesto precedente: Nariño aceptó el solio, y Lozano se fue tranquilamente a su casa.” (Henao y Arrubla, 1952: 360-361).
Indalecio Liévano Aguirre, notablemente nariñista, describe detalladamente los acontecimientos del 19 de septiembre de 1811:
“El comportamiento vacilante del señor Lozano, quien se reveló entonces como el eslabón débil del sistema imperante, y la visible división de las Fuerzas Armadas, explican la facilidad con que el día 19 de septiembre, desde las ocho de la mañana, se inició la rápida movilización de los habitantes de los barrios populares de Santafé hacia la Plaza Mayor y el regocijo con que fue recibida la edición extraordinaria de "La Bagatela", distribuida entre la multitud por los artesanos, fijada desde la madrugada en los muros de las principales esquinas de la Capital y leída por oradores improvisados a los grupos que avanzaban hacia el centro de la ciudad, a la manera de innumerables afluentes que ensanchaban la gran masa de un pueblo, resuelto a defender su derecho, a participar en los beneficios de la nacionalidad. El cronista Caballero, en las anotaciones que consignó en su Diario sobre los sucesos de este día, dice: « Se llenó la plaza de gente ».
El histórico editorial de Nariño en "La Bagatela" se titulaba "Noticias muy gordas" y en él invitaba al pueblo de Santafé a reasumir la personería del magno movimiento de la Independencia, gravemente frustrado por la política hostil de la camarilla gobernante, política que se orientaba a esperar el desenlace de la crisis española para negociar con Femando VII un compromiso favorable a los criollos. «De Cartagena - decía Nariño en su edición extraordinaria - escriben que se han recibido allí varias cartas de La Habana exhortándolos a la esclavitud; que los oidores de Santafé se están reuniendo en Audiencia y aguardan al Virrey Pérez para venir a Santa Marta; que mantienen correspondencia con aquellas dos plazas y esta ciudad (Santafé). Entre tanto nosotros estamos divididos sutilizando y disputando puntos subalternos, ambicionando empleos, queriendo preeminencias, y animando a nuestros enemigos con nuestras escolásticas conclusiones. ¡Herederos pródigos, no sabemos hacer uso de un bien que se nos ha venido a las manos sin trabajo! Mientras nuestros enemigos afilan la espada para degollarnos, los diputados al Congreso se entretienen en buscar el lugar donde deben figurar, ventilan cuestiones teológicas y registran los autores que tratan de Cisma27... Por el norte sabemos que Cúcuta está resuelta a unirse a Maracaibo, y la toma de Pamplona y de Girón será el resultado de las primeras operaciones de nuestros enemigos por aquel lado. De Popayán por el sur, ningún aspecto favorable presentan las cosas. Se ignora el estado de Quito y sólo se sabe que Tacón ha tomado las medidas más enérgicas para hacerse a dinero, ganado y tropas... Y nosotros ¿cómo estamos? Dios lo sabe; cacareando y alborotando el mundo con un solo huevo que hemos puesto. ¿Qué medidas, qué providencias se toman en el estado de peligro en que se halla la patria? Fuera paños calientes y discusiones pueriles; fuera esperanzas quiméricas, hijas de la pereza y de esa confianza estúpida que nos va a envolver de nuevo en las cadenas... La patria no se salva con palabras ni con alegar la justicia de nuestra causa. La hemos emprendido, ¿la creemos justa y necesaria? Pues a ello; vencer o morir, y contestar los argumentos con las bayoneta ¿Habrá todavía almas tan crédulas que piensen escapar del cuchillo si volvemos a ser subyugados? Que no se engañen; somos insurgentes, rebeldes, traidores; y a los traidores, insurgentes y rebeldes se les castiga como a tales. Desengáñense los hipócritas que nos rodean; caerán sin misericordia bajo la espada de la venganza española, porque nuestros conquistadones no vendrán a disputar con palabras como nosotros... No hay, pues, más esperanzas que la energía y firmeza del Gobierno. Al americano, al europeo, al demonio que se oponga a nuestra libertad, tratarlo como nos han de tratar si la perdemos. Que no haya fueros, privilegios ni consideraciones; al que no se declare abiertamente con sus opiniones, con su dinero y con su persona a sostener nuestra causa, se debe declarar enemigo público y castigarlo como tal. Esos egoístas, esos tibios, esos embrolladores son mil veces peores que los que abiertamente se declaren en contra. Al que no quiera ser libre con nosotros, que se vaya; pero al que se quede y no sostenga nuestra causa con calor, que le caiga encima todo el peso de la ley».
Hacia las once de la mañana la conmoción popular había adquirido caracteres verdaderamente revolucionarios y en la plaza una densa multitud exigía, con voces airadas, la inmediata renuncia del señor Lozano, al tiempo que partidas de artesanos armados ocupaban los centros claves de la Capital. Carbonell y numerosos oradores pidieron al pueblo mantener paralizada la ciudad hasta tanto se cayera el gobierno de los notables, y grupos de exaltados comenzaron a recorrer las calles dando ¡vivas! a Nariño y ¡abajos! a los explotadores del pueblo, lo cual determinó el rápido cierre de los almacenes, casas y tiendas y obligó a los patricios, como ocurrió el 20 de julio, a ocultarse en sus residencias. Refiriéndose a los principales jefes del motín dice el historiador Restrepo: «Don Pedro Groot, don José María Carbonell, don Manuel Pardo, y otros que eran amigos y partidarios de Nariño, hicieron gran papel en las escenas revolucionarias del 19 de septiembre».
Hacia las doce del día la situación adquirió mayor gravedad porque las primeras filas de la multitud reunida en la plaza iniciaron el ataque al llamado Palacio de los Virreyes, donde se suponía que estaba el señor Lozano -aunque éste se encontraba encerrado en su casa- y ello indujo a los más decididos miembros del Gabinete Ejecutivo, justamente alarmados, a trasladarse a los Cuarteles, a fin de conseguir que las tropas despejaran la plaza y pusieran término al motín. Allí les esperaba la sorpresa de ver a los soldados y oficiales granadino deliberando y se les acusó de estar vendidos a los españoles y de ser regentistas. «Con el rifle al hombro -dice el historiador Vejarano-. los regimientos llamados Nacionales, Patriotas, Artillería y Milicias aclaman sin cesar a Nariño, mientras que a Lozano lo sostiene.., su guardia personal».
Cuando Nariño supo que la multitud había comenzado el asalto al Palacio de los Virreyes, creyó llegado el momento de proponer una solución que facilitara el cambio de Gobierno sin una sangrienta hecatombe social y por conducto de Carbonell y de Groot dio la consigna de que se estimulara al pueblo a solicitar la inmediata convocatoria de la Representación Nacional, prevista por la Constitución vigente para casos de extremada gravedad. « Los demagogos numerosos que había entonces en la Capital -dice el historiador Restrepo- pidieron al Senado Conservador que convocara la Representación Nacional, o reunión de los poderes legislativo, ejecutivo judicial».
El se Lozano y los principales miembros del Senado de Cundinamarca fueron consultados por los Ministros que habían tratado, vanamente, de obtener la salida del ejército a la plaza y no bien conoció Lozano la situación anómala que reinaba en los cuarteles, convino en la convocatoria de la Representación Nacional y anunció a su Gabinete, reunido en la casa de los Marqueses de San Jorge, que asistiría a la Asamblea de los Poderes Públicos para explicar su conducta y justificarse de los cargos que se le formulaban.
Aunque los jefes del partido popular se esforzaron por mantener el orden en la plaza, a fin de permitir la entrada tranquila, en el Palacio de los Virreyes, de los miembros de la Asamblea de los Poderes Públicos, sólo consiguieron su propósito en forma muy relativa, dada la exaltación de los ánimos, y tanto el señor Lozano como los principales abogados de la oligarquía fueron recibidos con amenazas y un insultante vocerío cuando se aproximaron, hacia las dos de la tarde, a las puertas de la antigua mansión de los Reyes.
Aunque la propuesta de Nariño había interrumpido transitoriamente el asalto al edificio del Gobierno, la tormenta revolucionaria se renovó en la plaza cuando se supo que la llamada Representación Nacional pretendía deliberar a puerta cerrada, en Junta de notables, y que a don José María Carbonell y a don Pedro Groot se les había impedido la entrada a la sala del Palacio, donde estaba reunida la plana mayor de la clase gobernante criolla. La ira popular se desbordó entonces, la multitud impidió cerrar las puertas del edificio e invadió el primer piso, de manera que algunos minutos después grupos exaltados, dirigidos por Pedro Groot, irrumpieron en el recinto donde estaba reunida la Representación Nacional, exigieron la inmediata dimisión del Presidente y acallaron con grandes gritos al mismo señor Lozano, quien acababa de comenzar su discurso de explicaciones. Nuestros historiadores clásicos refieren la dramática escena con distinto énfasis, pero en sus relatos se conservan, no obstante, los elementos esenciales de estos decisivos acontecimientos. Don José Manuel Restrepo, notoriamente hostil a Nariño, dice al respecto: « Los corifeos del movimiento se apoderaron del salón en que se reunían los miembros de los tres poderes, lo que se verificaba en el antiguo Palacio de los Virreyes. En vez de pedir medidas para salvar la patria, entre ellas la instalación del Congreso del Reyno, los que sé titulaban pueblo soberano comenzaron un furioso ata que contra la administración del Presidente Lozano, acusándolo públicamente de que no miraba por la prosperidad de la Capital, y haciéndole otros varios cargos infundados; sólo uno era cierto: su debilidad. Allí acabó de confirmarla; pues en vez de dar órdenes a los militares de que disipasen el tumulto, aún por la fuerza (ya vimos por qué no lo hizo), para que la Representación Nacional pudiera deliberar con libertad y decoro, se abatió a contestar las acusaciones que le hicieron algunos del pueblo, entre ellos don Pedro Groot, tan brusca e incivilmente que habló desde la puerta con sombrero puesto y embozado en su capa. Animados con la impunidad de tan pernicioso ejemplo, los demagogos aumentaron los insultos, de modo que Lozano repitió la renuncia que antes había hecho de la Presidencia ». El historiador José Manuel Groot refiere la escena en estilo más lacónico, pero su relato registra los factores reales que determinaron la caída del Gobierno el 19 de septiembre: «La Representación Nacional - dice - admitió la renuncia del Presidente, intimidada por el populacho y por los militares, todos dirigidos por los jefes del partido nariñista ».
Aunque la Asamblea se vio forzada a aceptar la renuncia del hijo del Marqués de San Jorge, trató de salvar, no obstante, el régimen de casta que imperaba en la Capital y solicitó al Vicepresidente, don José María Domínguez, asumir inmediatamente el mando. Esta decisión dio motivo para que e reno varan las demostraciones de descontento y la multitud, ya prácticamente dueña del edificio, exigió también la dimisión de Domínguez, amenazando, de lo contrarió, con disolver violentamente la Asamblea Parece que los artesanos mostraron sus cuchillo y que muchos de los presentes fueron agredidos de palabra por la turba exaltada. Aterrados los miembros de la Representación Nacional por la amenaza que los cercaba, aceptaron la renuncia presentada por el Vicepresidente y entonces se comenzó a escuchar, tanto en el recinto como en la plaza, el grito unánime ¡Nariño Presidente! ¡Nariño Presidente! En medio de este tumulto ensordecedor « fue preciso comenta el historiador Groot nombrar por Presidente al ídolo del pueblo soberano, traductor de Los Derecho del Hombre y autor de "La Bagatela" ».
Mientras el pueblo de Santafé obligaba a aquella Asamblea de notables aterrorizados a elegir a Nariño Presidente de Cundinamarca don José María Carbonell, seguido por un considerable grupo de artesanos, se encaminó a la residencia del Precursor y un tiempo después se presentó Nariño, escoltado por Carbonell y sus amigos, en la Plaza Mayor, donde fue recibido con una de las más formidables ovaciones populares que registra nuestra historia. En la personalidad Política de Nariño se sintetizaban, en ese glorioso momento, todas las aspiraciones de un pueblo que había contemplado atónito, desde el 20 de julio, cómo una casta soberbia se empeñaba en frustrar el magno movimiento de la Independencia nacional y en servirse del poder político para conservar las injustas instituciones de la Colonia que la favorecían y derogar aquellas otras que ofrecían alguna protección a los humildes y a los desheredados. ¡Nariño! ¡Nariño! era el grito que pronunciaban emocionadas miles de gargantas cuando el gran luchador y el más grande de los próceres colombianos caminaba hacia el. Palacio de Gobierno por la estrecha calle que le abrió la multitud. Todas las amarguras y padecimientos que sufrió Nariño en las sombrías prisiones españolas encontraban ahora su suprema compensación en el delirante homenaje de un pueblo, en la emoción que advertía en las miradas de los humildes artesanos y en la ternura con que lo vivaban las mujeres de "la chusma", muchas de las cuales se le aproximaban para abrazarlo devotamente.
Una escena muy distinta debía representarse en el interior del Palacio Virreynal, cuando Nariño acompañado por Carbonell, Manuel García y Manuel Pardo, entró en la sala donde estaba reunida la Asamblea de los Poderes Públicos Allí se hallaban congregados todos sus antiguos enemigos; allí le esperaban quienes prolongaron deliberadamente su prisión en Cartagena y pretendieron reabrir los procesos que le siguieron las autoridades españolas; allí estaba la plana mayor de la oligarquía, por fin vencida y acorralada por un pueblo que había dado un audaz paso en el camino de su liberación. Gracias a Nariño, el poder político había abandonado el recinto de las tertulias de notables para descender al ágora popular y recoger allí las esperanzas y los anhelos de la gleba anónima, sin cuya comprensión la nacionalidad resulta una sarcástica burla y la Patria se parece a un coto de caza para minorías rapaces. Entre Nariño y ese Colegio de Procuradores de la oligarquía se interponía la frontera trazada por un gran conflicto social y en aquel reducido recinto se enfrentaron, a la manera de dos poderes hostiles, el caudillo del pueblo y los personeros de esa casta privilegiada que había intentado convertir la libertad en sórdido salvoconducto para oprimir a los desheredados.
No quiso Nariño, ni por un momento, permitir que se le supusiera identificado con la legalidad dictada por los "descendientes de don Pelayo" y en medio de atronadores aplausos declaró a la Asamblea que sólo aceptaría el mando si se le facultaba ampliamente para derogar los artículos de la Constitución del Reyno de Cundinamarca que juzgara incompatibles con aquel magno movimiento popular, del cual era simple intérprete y vocero. Mal pedía Nariño resignarse a quedar atado por una Constitución que establecía la Monarquía de Fernando VII, privaba al pueblo de toda ingerencia en la administración pública y cuya estructura impedía al Gobierno efectuar oportuna y eficazmente los preparativos militares indispensables para organizar la resistencia contra España y convertía a un grupo de privilegiados en una potencia superior al Estado, dotando a ese grupo de poderes jurídicos eficaces para frustrar cualquiera acción del Gobierno en defensa de los humildes. La exigencia de Nariño, que por su naturaleza implicaba el desmoronamiento de los baluartes construidos desde el 20 de julio para garantizar el monopolio del poder a la aristocracia criolla, causó tenaces resistencias en la Asamblea y sólo la actitud amenazadora de las turbas y el temor de los notables ante las previsibles consecuencias de un súbito desborde revolucionario, vencieron la oposición y obligaron a la Asamblea a convenir en las medidas que así describe el historiador Restrepo: « Fuéle concedido (a Nariño) cuanto pidió, y la Representación Nacional echó por tierra la Constitución ».
No bien obtuvo Nariño las amplísimas autorizaciones que había solicitado, abandonó el recinto y seguido de la multitud se encaminó a los principales cuarteles de la Capital, donde los soldados, no siempre en completo acuerdo con la oficialidad le recibieron con grandes ovaciones y le ofrecieron su irrestricta adhesión. Pudo, por ello, remover a los comandantes cuyos vínculos con la causa española eran más notorios y disponer, como lo hizo, la disolución inmediata de la famosa Compañía de Challerde, «la que se quitó ese mismo día - dice el cronista Caballero - y pasaron la mitad (de sus efectivos) a Nacionales y los otros al Regimiento Provincial ». Con sobrada razón escribió don Bernardo J. Caycedo: «Esa Patria fue Boba no por Nariño, sino a pesar de Nariño »” (Liévano, 1996: cseiii09).
21 de septiembre. Santafé. Debido a un rumor sobre una división entre partidarios de Nariño y del retirado Jorge Tadeo Lozano, Nariño decide realizar una reunión, a puerta cerrada, con la Representación Nacional del Estado para afianzar su poder y reafirmar su presidencia por los siguientes tres años.
“…se fue extendiendo una voz sorda en que se decía que se habían dividido los señores enviados, unos a favor de Nariño y otros al de Lozano. Se unieron todas las tropas a sus cuarteles y en el de Milicias a las cuatro de la tarde había más de 200 hombres armados. Nacionales. Patriotas, Artillería y Milicias todos a favor de don Antonio Nariño y sólo el regimiento Provincial estaba a favor de don Jorge Lozano. Entraron todos los señores a junta desde esta hora y salieron hasta las diez de la noche, en que salió electo nuevamente don Antonio Nariño, pero no por eso se dejó de estar toda la noche sobre las armas.” (Caballero, 1974: diario4).
En palabras de José Manuel Restrepo:
“Bien conoció Nariño que los medios por los cuales había obtenido la primera magistratura no eran legítimos, y que siempre se le podría objetar haber sido por un tumulto. Así, para dar a su gobierno el carácter de legitimidad que le faltaba, reunió a los dos días (septiembre 21) la misma representación nacional, y sin permitir que entrara en el palacio ninguno del pueblo, pidió que se examinasen nuevamente las renunciaciones de Lozano y Domínguez, asó como su elección para la presidencia. Retirándose después, dejó a la representación nacional en absoluta libertad para deliberar. Fue reelegido, como era de suponerse, afirmándose de esta manera en el alto puesto que se le había conferido. Nariño por medio de los corifeos del populacho a quienes trataba familiarmente, movía a este con destreza, haciéndole servir a todas sus miras o designios. Adquirióse por tales arbitrios mucha popularidad y un gran partido en Santafé, el que le sostuvo largo tiempo.” (Restrepo, 1974: 186).
La siguiente, es la versión de Pedro María Ibáñez sobre la reelección de Nariño:
“Hábil político Nariño, condenó la revolución, convocó para el día 21 la Representación Nacional, y ante ella renunció el mando. Este Cuerpo suspendió algunos artículos de la Constitución, reeligió a Nariño y dio por bueno lo hecho para el tiempo que faltaba para reunirse el Colegio Electoral Revisor. Estas escenas duraron hasta las diez de esa noche.” (Ibáñez, 1891: capi39b).
Henao y Arrubla también relatan el episodio en que se reafirmó la presidencia de Nariño:
“Nariño no estimó legítimo el medio por el cual había obtenido el mando supremo, y el procedimiento que adoptó posteriormente permite fundar tal concepto; además, su intervención en los sucesos del 19 puede sospecharse no sólo por el artículo sensacional de su periódico, sino también por la ingerencia directa de sus amigos en el movimiento, y porque la voz pública así lo atestiguaba. Elegido de súbito a favor del tumulto, parecía impuesto por la fuerza; para quedar sin mácula reunió la representación nacional dos días después, sin permitir el acceso del pueblo en el salón, y la dejó deliberar libremente sobre las renuncias de Lozano y de Domínguez y acerca de su elección. El resultado fue el previsto por Nariño, quien reelegido Presidente por tres años, quedó afianzado en el poder y aumentó su popularidad.” (Henao y Arrubla, 1952: 361).
Sobre dicha reelección escribe Llano Isaza:
“Nariño presentó renuncia ante el Colegio Revisor Electoral, pues era consciente de la forma ilegal como había llegado al poder; Se hizo una nueva votación para elegir presidente, que quedó así: en blanco ("salvos") los de Manuel Benito de Castro, Gregorio Gutiérrez Moreno, Pedro Ricaurte y Miguel Pombo; Por Luis Eduardo de Azuola un voto y los 22 restantes se depositaron por don Antonio Nariño; De inmediato, Nariño pidió suspender algunos artículos de la constitución. En los papeles de Caracas decía que si bien es muy bueno hacer una constitución, es muy malo quererla observar, desde luego mientras que el gobierno no está bien establecido; Se aprobó suspender los artículos de la constitución que dijera Nariño; Se presentó una división militar, a favor de Lozano estaba el Regimiento Provincial y con Nariño se alinearon los batallones Nacionales, patriotas, artillería y milicias.” (Llano, 1995:santafe).
22 de septiembre. Pasto. Llegan a Pasto las tropas patriotas quiteñas y saquean la ciudad después de haber vencido a su ejército.
“En aquellos días la división de Quito, mandada por don Pedro Montúfar, aún no había conseguido vencer la obstinación de los pastusos. De nada sirvieron las cartas y oficios pacíficos dirigidos al comandante de las tropas de Pasto, quien respondiera denegándose a toda especie de transacción. Entonces avanzaron los quiteños por el paso del río Guáitara llamado de Funes: trabóse el combate en el campo de Guapuzcal, a las márgenes del río Blanco, y los pastusos fueron derrotados, perdiendo algunas armas y municiones. En consecuencia hubo una dispersión completa de los realistas, y los quiteños ocuparon la ciudad de Pasto el 22 de septiembre. Halláronla abandonada de gran parte de sus vecinos y de casi todas las autoridades.
Luego que el presidente Caicedo supo este suceso, se trasladó inmediatamente a Pasto en los últimos días de septiembre, llevando cincuenta hombres. Le siguieron unos seiscientos de las tropas de Popayán, los que en su mayor parte eran naturales del valle del Cauca y llamados entonces caleños. Halló la ciudad como una plaza que hubiera sido ocupada por enemigos a viva fuerza, fugitivos sus habitantes y ocultos en bosques y retiros. Dedicase Caicedo a consolar a los que habían sufrido, y a llamar a sus casas a los fugitivos escondidos. A todos ofrecía seguridad en sus personas y propiedades, lo que cumpliera religiosamente. También hizo estos ofrecimientos y actos de beneficencia respecto del doctor don Tomás Santacruz, teniente gobernador de Pasto, el realista más fanático y decidido por la España, de sus hijos, de los Villotas, Delegados y de otros varios, que pagaron después tan mal sus beneficios al presidente Caicedo, y que adquirieron tan funesta celebridad…
Entre los valores que tomaron las tropas de Quito a su entrada en Pasto, se apropiaron cuatrocientas trece libras de oro en barras, parte del que Tacón sacó de la casa de moneda de Popayán, y que los pastusos no le permitieron enviar a Lima. Valían más de cien mil pesos. El presidente Caicedo las reclamó inmediatamente como propiedad que debía corresponder al nuevo gobierno de Popayán. Mas a pesar de sus justos y poderosos fundamentos, don Luis Quijano, comisionado de la junta de Quito, y don Pedro Montúfar no quisieron restituír aquel oro, que consideraban como buena presa de guerra. Enviárosle a Quito a disposición de la junta.
Por esto, por las tropelías que a su entrada en Pasto cometieron los quiteños, y porque desde entonces avanzaron pretensiones al territorio que yace al sur del río Mayo hasta el Carchi, el presidente Caicedo tuvo entonces fuertes contestaciones con los jefes de las tropas de Quito. Al fin consiguió, usando también de una política conciliadora, que la división quiteña se retirase a su territorio, dejando libre la gobernación de Popayán.
La junta de esta provincia fue instruída por su presidente Caicedo de tales sucesos, que causaron en lo general mucho contento en las provincias libres, pues que se creía asegurada la existencia de los nuevos gobiernos. En esta persuasión la junta de Popayán dio a Caicedo la importante comisión de ir a Quito a reclamar los cien mil pesos en oro cogidos en Pasto, y la intervención que pretendía atribuírse la junta de Quito en el régimen y gobierno político del cantón de Pasto; así como establecer relaciones con la antigua presidencia de Quito. Se juzgaba que Caicedo por sus talentos, su posición social, y ser sobrino del doctor don José Cuero, obispo de Quito, era el hombre más a propósito para aquella misión importante. A pesar de los deseos que tenía Caicedo de visitar a su tío, por algún tiempo no se resolvió a emprender el viaje, a causa de las hostilidades que hacía Tacón por el camino de Barbacoas que sale a la provincia de los Pastos: allí se distinguió el oficial don Eusebio Borrero, batiendo algunos destacamentos realistas, que hicieron incursiones hacia la parte del Guabo. El cabildo de Barbacoas, presidio por don Fernando Angulo, continuaba siendo acérrimo partidario de España.” (Restrepo, 1974: 178-180).
Sobre la llegada del ejército quiteño a Pasto también escribe Rodrigo Llano Isaza:
“Pasto fue ocupada y saqueada por las tropas patriotas que venían de Quito; Su comandante, Pedro Montúfar, exigió a los Dominicos que le entregaran las 413 libras de oro en barra que conformaban el llamado "tesoro de Popayán", que no era otra cosa que parte de los recursos que había robado Tacón en su fuga hacia el sur.” (Llano, 1995: popayan).
Santafé. Pedro Groot es nombrado tesorero comisario de Guerra. (Llano, 1995: santafe).
23 de septiembre. Santafé. José Acevedo y Gómez renuncia al cargo que tenía asignado de secretario de gobierno. Al parecer la renuncia obedece a problemas en su salud. (Llano, 1995: santafe).
26 de septiembre. Neiva. Las tropas de Neiva cogen preso a Dupré. “Las tropas de Neiva, comandadas por el coronel José Díaz, apresaron a José Dupré y como garante de su vida se nombró a Joaquín Borrero. Dupré fue el que comandó las tropas del Virrey Amar contra Quito en 1809.” (Llano, 1995: neiva).
27 de septiembre. Santafé. Antonio Baraya es nombrado inspector general de las tropas del Estado. (Llano, 1995: santafe).
29 de septiembre. Santafé. En La Bagatela, se habla de la marcada división de partidos entre criollos y chapetones y de la participación del clero, a quienes acusa, desde el púlpito, estar “soplando el fuego de la discordia en nombre del Dios de la paz”, además , “…fomentan la division entre los ciudadanos, predicando y exhórtando que obedezcamos otras Autoridades que las que nosotros mismos hemos constituido.” ((Nariño, 1811, No.13: 3).
30 de septiembre. Yaguará. Se reune el primer Congreso de la Provincia de Neiva. Asistieron Timaná, Neiva, Purificación, Villavieja (llamada Nepomuch), La Plata y Yaguará. Se nombra presidente a Manuel Longas que era diputado por Yaguará. “Fue elegido Manuel Campos Cote, como representante de la Provincia, ante el Congreso General del reino; Definió unir la provincia a Cundinamarca, orden que no acató Campos al firmar la constitución de las Provincias Unidas;…” (Llano, 1995: neiva).
26. Nota al pie en el texto original: “Domínguez Castillo en el memorable 20 de julio de 1810 había sido Regidor del Cabildo de Bogotá y nombrado Secretario de la Comisión de Policía y Gobierno de la Junta Administradora del Gobierno del Nuevo Reino y Vicepresidente de Cundinamarca.”
27. Es necesario aclarar que lo que cita Liévano Aguirre no corresponde a la edición extraordinaria de La Bagatela del 19 de septiembre, si bien, es una noticia titulada también como Noticias muy gordas, apareció en la edición dominical regular del 15 de septiembre de 1811, correspondiente al ejemplar No.10 del citado periódico. Lo que sigue después de los puntos suspensivos, si corresponde a la edición extraordinaria del jueves 19 de septiembre, que corresponde a la edición No.11.
Octubre de 1811
Santafè. Sobre el estado de la política en la ciudad. “Nariño organizó un Cuerpo de ingenieros para los trabajos de topografía. Caldas fue el Capitán de ese Cuerpo, y a su lado trabajaron el Teniente José M. Gutiérrez y el Alférez Luciano D’Lhuyart; ellos hicieron planos de caminos e itinerarios.
José Miguel Pey fue nombrado Comandante General, y el ex—Secretario de los Virreyes, el español republicano José Ramón Leiva, se encargó del puesto de Jefe de Estado Mayor. Había cinco batallones Artillería, Patriotas, Nacionales, Milicias y el Regimiento Provicional Nariño comunicó a los Gobiernos de las otras Provincias que se había encargado del Poder Ejecutivo con la esperanza de que todas se reunieran e hicieran eficaz la defensa común. Entretanto, y a despecho de los centralistas, los Diputados de las Provincias continuaban las sesiones previas a la instalación del Congreso. Siete Representantes se reunían en la amplia casa de don Manuel Bernardo Alvarez, situada frente a los muros orientales de la iglesia de San Agustín. Allí firmaron el acta de federación, redactada por Camilo Torres, inspirada en los principios de la de los Estados Unidos.
Estaban va bien marcados los partidos que debían en sangrienta lucha disputarse el predominio político; era Jefe de los centralistas el Presidente Nariño, y caudillo de los federalistas Camilo Torres; ya reinaba la anarquía en la Patria Boba.” (Ibáñez, 1891: capi39b).
1 de octubre. Antioquia. “Quedó formado el Estado federal de Antioquia.” (Llano, 1995: antioquia).
3 de octubre. Santa Marta. El Gobernador de Santa Marta, Tomas de Acosta, rechaza la invitación de Cundinamarca de enviar un representante al Congreso.
“Tomás de Acosta le contestó al gobierno de Cundinamarca su ofrecimiento de enviar un diputado al Congreso, rechazando la invitación y amenazas hechas y amenazando, a su vez, con la reconquista: la moribunda España, que en restableciéndose de los actuales parasismos que la han atacado, extenderá la vista sobre sus hijos y distinguirá los que la asistieron y compadecieron, de los que la desconocieron y agitaron más en sus conflictos.” (Llano, 1995: stamarta).
Neiva. Neiva declara su unión a Cundinamarca. (Llano, 1995: neiva).
6 de octubre. Santafé. Sale tropa para Zipaquirá a contener un motín que había comenzado desde el 21 de septiembre. Sale el sargento mayor Dionisio Tejada con 50 hombres. (Llano, 1995: santafe).
Caballero también da cuenta de la salida de tropa para Zipaquirá:
“…salió una expedición de 80 hombres, entre Provinciales y Nacionales, artilleros y caballería para la villa de Zipaquirá, para contener cierto motín. Llevaron 2 obuses, 2 pedreros y todos los demás pertrechos de guerra.” (Caballero, 1974: diario4).
Mientras las tropas se preparaban para un posible enfrentamiento entre patriotas, en La Bagatela, se refleja la situación de discordia entre las provincias de Cartagena y Santafé, que ahora pasaba a ser parte de la prensa escrita. En el número 14 del periódico santafereño se da respuesta a una carta enviada por Ramón Litecens, del periódico El Argos de Cartagena.
“Contestacion á la Carta que Don Ramon Litecens nos dirige en el Argos de Cartagena.
Señor Anagramista: to voy á corresponder la fineza con que V. me cuenta los chismes que ha oido en esa Ciudad, para que V. ponga mis descargos en noticia de sus Tertulianos políticos. Confieso de buena fé que no lo podré hacer en el mismo estilo en que viene su carta; pero amigo mio V. tendrá la bondad de convertir en desvergüenzas mi sencillez, y en dicterios mi moderacion. Aunque tengo humor de escribir bagatelas, no me hallo en disposicion de calentarle á V. las orejas desacreditando el Gobierno de esa Provincia.
En el número 3. á la pagina 11. estampé con mucha razon que hasta aquella fecha se habian dicho veinte mil bagatelas en todo el Reyno, en punto al gobierno que nos convenia en las actuales circunstancias. Los amigos de V. quieren deducir que es falsa la proposicion por que en Cartagena seguramente no se ha escrito una sola bagatela sobre aquel particular. Se les exalta la bilis, alaban sus papeles públicos por que han corrido bastante, y vomitan todo su veneno político contra la Capital del Reyno. Ahora pregunto mi amigo ¿que conexión tiene un papel privado, como el mio, con la representacion pública del gobierno de Santafé?...!Que mal ajusta sus discursos á una buena logica el que arguye maleza en el todo por la maldad que supone en una pequeña parte!
…
Ya ve Vmd. mi amigo, que hay notable diferencia entre el Consejo de los Amphycciones, y el Gobierno de Norte America; y sin embargo de eso, uno y otro sistema gubernativo se apoyaba sobre bases federales ó de compañia. Mi proyecto se acercaba mas al Amphyccionado que á la federacion del Norte América, y no me apartaré de esa opinion hasta que los grandes ingenios de los Tertulianos políticos de esa Ciudad me convenzan lo contrario con razones sólidas y fundamentales. Los sarcasmos y desvergüenzas no hacen otra cosa que acalorar las disputas en perjuicio del descubrimiento de la verdad.
En quanto á que esta Capital desde el principio de la revolucion (como expone Vmd.) poseida de un furor de dominar trató de anular los derechos de las Provincias para engrandecerse á costa de estas, debo decir á Vmd. que semejantes especies llevan consigo la falsedad mas vergonzosa. Todo el que lea sin preocupacion la Convocatoria del 29 de julio de 1810., hará á Santafé el honor que se merece por su conocido desinteres y patriotismo: pero, Señor Son Ramon, los envidiosos y maldicientes (como Vmd. habrá experimentado) procuran convertir en vicios las virtudes mas sublimes, quando ellas se hallan adornando las personas de sus rivales.” (Nariño, 1811, No.14: 1-3).
11 de octubre. Antioquia. Se elige presidente al abogado José Antonio Gómez Londoño.
“Su última actuación oficial fue una carta dirigida a Nariño en que lo felicitaba por su llegada al poder y le expresaba la confianza en que fueran buenos aliados en defensa de la patria; La Junta provincial autorizó al presidente para que entrara en negociaciones con el Chocó, en el proceso de anexión de ésta a Antioquia; Ya se comenzaba a llamar Chocó, a las dos provincias de Citará y Nóvita.” (Llano, 1995: antioquia).
13 de octubre. Pasto. Obligados por Caicedo y Cuero, los pastusos declaran su independencia.
“Caizedo y Cuero, en su calidad de presidente de Popayán y al frente de las tropas que dejó Baraya, obligó a los pastusos a declarar la independencia; En su declaración el Cabildo, dijo que reconocía a la Junta Suprema de Santafé, que se hermanaban con Popayán y que todo el pueblo y el clero se abrazaban a la causa patriota.” (Llano, 1995: popayan).
Santafé. Continúan los enfrentamientos periodísticos entre La Bagatela de Santafé y el Argos de Cartagena. Además, Nariño, que ya se encontraba en la presidencia, continúa escribiendo en su periódico sobre la inconformidad que le causa que el virreinato esté sumido en una actitud de falta de decisión frente a la realización de buenas acciones, aún cuando ya se ha cumplido un año del cambio de gobierno.
“…Todos los días oirás hablar de intrigas, de divisiones, de partidos, de desvergüenzas, y apenas oimos una accion mediana de virtud y patriotismo. Vaya mas claro, ni aun lo conocemos: no te puedo citar una sola accion de aquellas que han hecho producir las antiguas Repúblicas, que juntos hemos admirado tantas veces: no hemos visto, un Sémola que se queme, no digo el brazo, pero ni una una para aterrar á los tiranos: un Horacio que mantenga su puesto con firmeza, no digo en un puente, contra un exercito enemigo, pero ni aun contra sus pasiones, ó las adversidades: un rasgo generoso y desinteresado como el de aquellas Matronas romanas que depusieron en el Capitolio sus joyas y todos sus adornos para salvar la Patria. Pero si los oyeras ¡Cielos Santos! se comen al mundo quando están fumando en un canapé: todos los grandes hombres del mundo quizá no han hecho la mitad de lo que chacharean estos fumadores. Yo me rio envuelto en mi capote, y me pregunto á mis solas ¿en donde están esos fondos formados por la generosidad de estos decantados patriotas? ¿Que fusil se ha visto presentar al gobierno? ¿Que soldado se conoce vestido por el ciudadano pudiente? ¿Quien ha sacrificado sus resentimientos y enemistades en obsequio del bien público? ¿Quien ha cortado un pelyto por no distraer á los magistrados de las atenciones de la Patria? Me avergüenzo, te confieso la verdad, que quando no te puedo citar un exemplo de generosidad y desinteres, te pudiera citar un millon de enredos, de chismes, de quimeras, de divisiones, de raterias, de varavatas envueltas en los lugares comunes de amor de la Patria, de sacrificios de sus vidas, de valor guerrero, &c:…” (Nariño, 1811, No.15: 2).
Y en respuesta al Argos de Cartagena:
“Dos palabrillas al Criticon de Calamar
Sin perjuicio, Señor Criticon, de contestar á su Carta del Suplemento al Argos de 16, de Septiembre, quiero que sepa la diversidad de opiniones que entre nuestros respetables viejos ha habido sobre ella. Unos dicen que esta es mania de criticar Cartagena quanto dice Santafé, tenga ó no tenga razon, y que en su Carta de V. se conoce la violencia que se hace para medio decir algo que parezca razonable. Otros, y me parecen los mas acertados, dicen que su carta es uno de aquellos juegos con que se alaban las cosas, criticandolas con razones tan fútiles que acaban de convencer á los lectores en lo que parece se critica. Yo soy por amor propio de esta última opinion, y en su conseqüencia doy a V. las gracias; aunque me parece que en asunto tan grave será mejor tomar el camino derecho, para que no diga el público de todo el Reyno que Cartagena hasta lo que apoya lo apoya criticando. Desearia tambien que los ojos del Argos, no fueran solo para ver los defectos, sino que vieran lo bueno y lo malo con justicia, aplaudieran lo uno y criticaran lo otro; por que de no ser asi, mas le convenia el título de Censores eternos contra Santafé,…” (Nariño, 1811, No.15: 4).
15 de octubre. Santafé. Sale tropa para Santa Marta por la vía de Ocaña.
“salió otra partida para Ocaña, compuesta de 110 hombres de Provinciales, Nacionales y Artilleros; se fueron sobrinos míos; el uno sargento de Artillería y el otro de Nacionales. Fue de comandante el capitán Morales, del batallón Provincialy el alférez Maza.”28 (Caballero, 1974: diario4).
Según Ibáñez, el Alférez bogotano, Hermógenes Maza, sería más tarde caudillo ilustre de las huestes republicanas. (Ibáñez, 1891: capi39b).
El relato de Llano dice:
“Al mando de Antonio Morales salieron de Santafé, con rumbo a Santa Marta, por la vía de Ocaña, 121 hombres armados, fuera de oficiales, sargentos y cabos, que lucharían contra el partido opresor de esa ciudad (José Diago regaló $1.200 para el éxito de la expedición); Hermógenes Maza era parte de la expedición; Pronto, Morales traicionó a Nariño y se pasó al bando federal; Otra expedición salió por el río Magdalena al mando de Luis de Rieux y en ella iban dos comisionados de Cundinamarca con dinero para auxiliar a Cartagena, sin embargo en El Banco apresaron a Joaquín Mojica y Enrique Samoyar, quienes eran los comisionados y les decomisaron el dinero; No fueron pocas las traiciones que debió padecer don Antonio Nariño.” (Llano, 1995: santafe).
17 de octubre. Pamplona. Se reune el Colegio Electoral de Pamplona. Asisten Pamplona, Girón, Málaga, Matanza, San Miguel, San Andrés y Piedecuesta. Se nombra presidente a Pedro Salgar. (Llano, 1995: pamplon).
19 de octubre. Mompóx. Tiene lugar una batalla entre las tropas realistas de Santa Marta y los patriotas momposinos.
“El 9 de septiembre los partidarios del rey atacan el destacamento patriota de Menchiquejo pero son derrotados. El 15 son derrotados los patriotas a pesar de su heroísmo y de los muertos y heridos realistas.
Alentados éstos con el éxito obtenido, preparan el ataque a Mompós. Tendrá lugar el 19 de octubre y es famoso en los anales del Estado de Cartagena y de la ciudad de D. Alonso de Heredia. Desde Guamal se mueve hacia la villa el ejército del rey. Doscientos valerosos ciudadanos defenderán a Mompós. Indeciso estuvo el combate por algún tiempo, pero el valor, conocimiento y astucia del coronel Valest dieron la victoria a las armas patriotas. Este triunfo resonó por todo el territorio granadino.” (Tisnes, 1976: 151-152).
20 de octubre. Santafé. Continúan los enfrentamientos periodísticos entre Santafé y Cartagena. De nuevo se responde, bajo el título Al Criticon de Calamar, a acusaciones hechas a Santafé por el Argos de Cartagena.
“Al Criticon de Calamar
Bien meditada la cosa, Señor Criticon, no debia cumplir á V. mi palabra, por que si V. critica superficialmente por darle mas fuerza á mis razones, ya le tengo dadas las gracias, y si critica por solo contradecir quanto Santafé hace ó dice, siguiendo el espiritu de division que su gobierno se ha propuesto, es darle un nuevo motivo para que ensucien sus papeles con sofisterias…
No es regular, dice V. que yo levante á las pobres Provincias el falso testimonio de que querian unirse en un Congreso federativo que solo conozca de paz y guerra. Le daria a V. un abrazo desde Cundinamarca hasta Calamar, si este fuera un falso testimonio; por que apuradamente este Congreso federativo ha sido la manzana de la discordia que nos tiene divididos, y que nos va á hacer caer en una debilidad de que moriremos. Pasaria de buena gana por autor de este falso testimonio, con tal de que no fuera tan notorio, el que no lo es, y tan perjudicial el que sea cierto lo que digo. Tiene V. la sencillez de preguntarme quien me ha dicho que á ninguna Provincia haya ocurrido semejante cosa; seguramente que V. debe vivir sepultado en algun Manglar aislado de la comunicacion de los hombres y de los papeles públicos, porque no hay folleto, ni vieja, por rezandera que sea, que no nos tenga molidos los chichones con el sistema federativo: ya no hay compañias de comercio, amistades, casamientos, ni puterias; todo es federacion de comercio, federacion de hombres, federacion de sexós, con bendicion de la Iglesia, ó sin ella ¿y tiene V. valor de preguntarme, quien me lo ha dicho? ¡Vaya vaya, pobre hombre! Gana de ser criticon, como se suele decir bobarron:…
…
Nos cuenta como una cosa nueva, que la Constitucion de los Estados Unidos es la mas sabia, y la mas perfecta que se ha conocido hasta el dia: y saca por consequencia, como todos sus sequaces, que la deberiamos adoptar al pie de la letra. No pensaba asi Solon, que seguramente tenia el sensorio un poco mejor organizado que V. Este sabio legislador no dió á los Atenienses las leyes de Minos, sino las que creyó mas adequadas al genio, á las costumbres de sus conciudadanos: no las mejores, nos dice, sino las que los Atenienses estaban en estado de recibir. Apliquese V. el cuentecillo. No basta que la Constitucion del Norte America sea la mejor, es preciso que V. nos pruebe que nosotros estamos en estado de recibirla; y esto jamas lo podrá V. probar. Bien puede un vestido ser perfecto, lucido, brillante para un hombre rollizo y de una estatura grande; y ridiculo y pantominico para uno flaco y de estatura mediana. V. conoce el vestido; pero no á las personas á quien se lo quiere poner; y yo pobre diablo, autor de bagatelas sin tanta sabiduria, hago este sencillo raciocinio: la Constitucion de los Estados Unidos es la mas perfecta que hasta ahora se conoce; una Constitucion tan perfecta para ser adoptada exige luves, virtudes y recursos que nosotros no tenemos: luego no estamos en el caso de aplicarnosla. ¿Que remedio, pues, debemos abrazar? El que abrazaria el hombre mediano á quien se le regalase un vestido cortado para otro de mayor estatura: hacerlo achicar y acomodar á su cuerpo; el que abraza el hombre prudente de estomago debil, sentado en una explendida mesa: tomar solo de los platos que puede digerir; y este es el que yo he propuesto en las Bagatelas que V. critica. Apuremos mas las comparaciones, para que el Público acabe de conocer el empeño con que los hombres como V. tratan de engañarlo: la quina es el remedio soberano para cortar las calenturas intermitentes ¿y por que para V. (que lo contemplo de un corpachon tan cargado de humores, como su critica) sean menester tres ó quatro onzas de un porrazo ¿¿se las iria á hacer tragar á un niño recien nacido, como nos quiere hacer tragar la Constitucion del Norte America?? Porque por mas que V. se empeñe en alucinar á los ignorantes, jamas podrá persuadir que se hallaron en circunstancias muy semejantes á las nuestras. Es preciso proponerse á ojo cerrado engañar al público para tener el descaro de asegurar que los Norte-Americanos estaban al tiempo de su independencia en circunstancias muy semejantes á las nuestras; baste repetir las mismas palabras de V. para que se conozca la gran diferencia que habia entre ellos y nosotros: V. confiesa la debilidad y miseria de nuestras Provincias, quiere que la que no tenga letrados para formar un tribunal vaya á mendigar la justicia á la Provincia vecina, que Cartagena, por exemplo, se mantenga de limosna, y en un palabra nos dice, que las Provincias no tienen los recursos que necesitan para sostener su independencia. Ahora bien, los Norte-Americanos formaron la mas sabia Constitucion que se conoce en el mundo, no tuvieron que mendigar tribunales que les administrasen justicia, ni pidieron limosna para mantener su Soberania: luego los Estados Unidos no estaban en circunstancias iguales á las nuestras: luego no podemos adoptar literalmente su Constitucion: luego V. y sus sequaces se engañan medio á medio, ó nos quieren engañar…
Vayan otras dos palabras: nos fastidia, dice V. con la cantaleta de que las Provincias se hallan sumidas en la ignorancia: que no tienen hombres para llenar los diversos ramos de su gobierno económico, y que á la otra pagina, propongo una convencion. ¡Valganos Dios, Sr. Criticon! ¡¿Qué culpa tengo yo en que V. tenga tan poca logíca?! Toda la contradicción que V. encuentra en mi propuesta es solo hija de su falso criterio; porque reducida á su menor expresion, lo que propongo es: que si no tenemos luces, riquezas y fuerzas para formar veinte gobiernos, formemos siquiera uno, que sin privar á las Provincias de toda la libertad que en el dia puedan disfrutar, nos salve á todos de volver á caer en las cadenas por una falsa ambicion de figurar quatro dias. No se que contradicción pueda haber en que un hombre que tenga su caudal regado en pequeñas negociaciones que le produzcan poco, lo quiera reunir para hacer una fuerte negociacion que pueda traerle grandes ganancias con las facilidades que proporciona un gran fondo.
Seria interminable contestar á V. todas sus frases y pensamientos estudiados, en que se conoce la violencia que V. mismo se hace para hablar contra su conciencia; pero no puedo pasar por alto estas notables palabras de su carta Criticona: en el estado de inaccion, desconcierto, y debilidad á que nos ha reducido el orden de los sucesos, nada nos es tan preciso como un Poder Executivo bastante eficaz y vigoroso para dar al Reyno el impulso y movimiento que necesita. ¿¿¿Quiere V. una confesion mas clara, mas terminante, y mas conforme con las ideas que he propuesto en mis anteriores Bagatelas??? ¡Bendito de Dios! ¿Cómo combina V. un Poder Executivo para dar al Reyno el impulso y movimiento que necesita, con veinte poderes ejecutivos que lo debiliten, y lo mantengan en la inaccion? ¿Cómo restablecer las relaciones de las Provincias? ¿como dar accion á esta maquina si sus muelles y resortes están divididos y dispersos? Por el metodo que V. propone ¿Ya ve V. como nos hemos venido á juntar en nuestras opiniones?...” (Nariño, 1811, No.16: 1-4).
21 de octubre. Santafé. Se tienen noticia sobre la victoria que obtuvieron los patriotas a Dupré en Popayán y a Domínguez en Santa Marta.
“…vino noticia de haberse rendido Dupré, el capitán de mayor confianza que tenía Tacón, y de haberle matado a Domínguez 50 hombres de los de Santa Marta. Se dio otra música como las anteriores.” (Caballero, 1974: diario4).
22 de octubre. Cúcuta. Se escribe en Cúcuta una carta dirigida a La Bagatela, donde se aclara que no es cierto lo publicado en ese periódico el 19 de septiembre, en la edición extraordinaria titulada Noticias muy gordas, donde se decía: “Por el Norte sabemos que Cúcuta está resuelta á unirse á Maracaybo, y la toma de Pamplona y de Giron serán el resultado de las primeras operaciones de nuestros enemigos por aquel lado.”
La nota y el documento adjunto, enviados desde Cúcuta, con fecha del 3 de septiembre, son publicados en Santafé el 17 de noviembre. En el texto, Cúcuta explica no estar de acuerdo con Pamplona en sus deseos políticos, desmiente lo dicho en la edición extraordinaria de La Bagatela y explica como se consideran las demás ciudades de la provincia, separadas de la primera. Se debe recordar el representante de Pamplona ante el Congreso era el defensor del Federalismo y opositor por excelencia de Antonio Nariño, Camilo Torres, quien no estaba de acuerdo en recibir representantes que no pertenecieran a las llamadas Provincias Originales.
“Cúcuta.
Hagamos justicia á los vecinos de Cúcuta. Con la fecha 22 de octubre escriben al Autor de la Bagatela lo siguiente: El amor de la Justicia, y el que profeso al suelo que me vió nacer, me ponen en la necesidad de remitir á V. esas dos copias autenticas, para que en su vista desimpresione V. al Reyno de la falsa noticia que ha publicado en el número 11 de su apreciable periodico. Yo no culpo á V. por que conozco muy bien que asi pueden haberlo escrito de Pamplona; pero si me quejo de la maledicencia de los enemigos del precioso Valle de Cúcuta, que para vengar los resentimientos que tienen con aquellos pueblos, se valen de un arbitrio tan vergonzoso y punible, como el de calumniar la fidelidad de los Cucuteños. Por tanto tenga V. la bondad de desengañar á la Nueva Granada, y si gusta, puede imprimir dichos documentos en la parte que juzgue conveniente.= Queda de V. con la mayor consideracion afecto S.S.Q.S.M.B.= Narciso Toscot = á 22 de Octubre de 1811.
Documento.
Exmo. Sr. = Las novedades ocurridas en esa Ciudad de resuelto de las discenciones intestinas de la Suprema Junta, han puesto en consternacion á toda la Provincia, y principalmente al Valle de Cúcuta como tan principal interesado en el honor y decoro de sus Representantes. Persuadido de que negocio tan arduo debia mirarse con la reflexion y madurez que exigen todas las circunstancias, y que se hubieran cortado todas las discenciones removiendo los obstaculos ó principios que las han motivado, ha tenido por conveniente no ingerirse en este asunto, hasta que desengañado del poco fruto que se debe esperar de este silencio, lo ha mirado con mas atencion, y para ello se han reunido Representantes de las quatro Jurisdicciones del Valle para acordar lo que en las sircunstancias presentes conviene adoptar para su tranquilidad, y evitar en algun modo la arbitrariedad del Gobierno. = La Acta que acompañamos a V.E. es el resultado de esta conferencia, y los Capitulos que contiene son en parte unas reformas que indispensablemente deben hacerse para que en algun modo puedan contenerse los desordenes que estamos experimentando. La Constitucion debe reformarlos; pero esta es obra de mucho tiempo, y la instalacion del Colegio Electoral tal vez no se verificará en el tiempo que se ha premeditado por que hay muchos inconvenientes que lo retardan, y entre tanto los Pueblos sufren todo el rigor del Despotismo: ven con dolor violados sus Derechos, y á sus Representantes vejados no solo por el mismo Gobierno, sino por un Pueblo que los insulta, y que tal vez no dexa de atentar á su vida. No es este el pacto celebrado entre todos los Pueblos de la Provincia, ni estas son las lisongras promesas que ha hecho Pamplona á los demas Pueblos, ni esta puede llamarse libertad. Por cuyos motivos nos vemos en la necesidad de que se reforme el Gobierno, pues los males que amenazan traen conseqüencias demasiado funestas en un tiempo en que los Pueblos no pueden mirar con indiferencia el abuso que se hace del poder, y la usurpacion de sus mas Sagrados Derechos = Estas medidas tan pacificas que las quatro jurisdicciones del Valle de Cúcuta á V.E., despues de una madura reflexion, haran ver al mundo entero que no es el espiritu de discordia el que nos anima, si no el bien, y tranquilidad de los mismos Pueblos, y estamos seguros que V.E. pensando del mismo modo adoptará este sistema, en cuyo caso los Representantes del Valle pueden volver á exercer sus funciones, sin comprometer su autoridad. _ Dios gúe. á V.E. muchos años. Villa de Sr. San José de Cúcuta, Septiembre 3 de 1811. _ Pedro Santander _ Diego Vicente Rivera _ Julian Yañes _ Antonio Rovira _ José Eugenio Santander _ Pedro Soto _ Luis Ignacio Santander _ Juan Baptista de Lora y Espinola _ José Ignacio Fontiveros _ SS. de la Suprema Junta de la Ciudad de Pamplona. _ Es fiel copia de su original. Fecha ut Supra _ Clemente Sanches.
El otro documento es una Acta relativa a lo mismo.” (Nariño, 1811, No.20: 1-2).
27 de octubre. Santafé. Llega a Nariño una carta abierta, firmada con el seudónimo El amigo de la razón, de la paz y de la humanidad, en la que se exponen los motivos a tenerse en cuenta para no realizar los planes de Nariño de independizarse definitivamente de España. La carta es publicada en su totalidad en el periódico La Bagatela. Rodrigo Llano Isaza asegura que El amigo de la humanidad, es un seudónimo usado por el grupo regentista que dirigía Camilo Torres y que estaba en contra de la independencia de España. (Llano, 1995: santafe).
“Carta dirigida al Autor de la Bagatela.
Señor Autor de la Bagatela:…
Vmd. sabe quan varios están los juicios en orden al verdadero estado de España; opinando unos que aun se sostiene el partido del Rey Fernando, conservando un gobierno reconocido por algunas Naciones extrangeras, y especialmente por la Inglaterra, que es una Potencia de primer orden, fuerte é ilustrada, que debe saber á fondo lo que hay en el caso.
Otros dicen, que la España, en la parte aspirante á la libertad, y conservación de sus derechos, ya no existe: que no hay exercitos, ni Gobierno que pueda llamarse tal; y en una palabra, que está perdida, y esta Nación murió políticamente, ó está toda ó la mayor parte sujeta al partido frances; por cuyo solo hecho las pocas Provincias libres de la dominacion se deben considerar emancipadas, y con derecho á formarse el gobierno que mas les acomode.
Tambien es constante que la contrariedad de estos hechos, nace del modo con que alguna vez se ha hablado de ellos, ya suponiendo lo que tan justamente se duda, ó ya vertiendo especies sueltas indocumentadas que hacen desconfiar de la certeza, y verdad con que se procede.
Tampoco se oculta á V. que de esta contrariedad, ó incertidumbre nace la division de las opiniones, y de aqui las discordias, que con la incontestable aclaracion del hecho se conciliarian en el todo, ó la mayor parte con el mayor beneficio público: porque en verdad los que opinan por la separacion de la Madre Patria, se fundan en su inexistencia política; y los que estan por la union con ella ¿como podian estarlo sino exístiera?.
No puede, pues, dexar de convenir con migo, en que importa mucho mucho, que al público se dé una razón exacta de ¿si la España está, ó no, enteramente perdida, sin esperanza de recuperacion? insertando, ó citando los documentos, que lo justifiquen; porque nadie en esta materia, y en estos tiempos, y circunstancias renunciaria al derecho de la comprobacion: y haciendose al mismo tiempo cargo de la conducta del Gabinete Ingles para absolver los argumentos, que con ella se pueden hacer
V. acaso tendrá los datos necesario para fixar, y transmitir su concepto en este punto; pero sino los tuviere, parece tambien propio de su ministerio, rectitud, é influencia, el excitar al Gobierno para que nos diera las noticias oficiales que no puede dexar de tener; ó por lo menos hiciera que se publicaran las que ministren los papeles públicos extrangeros mas acreditados, é imparciales; y me atrevo á asegurar, Sr. Editor, que con esta aclaracion va el partido de la justicia á ganarse muchos hombres de bien, vacilantes hoy, ó decididos por el contrario, que se rendirian á la fuerza del desengaño, de la verdad, y de la razon.
Sentada esta base, se presenta naturalmente sobre ella en su caso, el tan importante como curioso problema, de ¿si la America, ó (para más contraernos) si este Reyno ha tenido, ó tiene razon, y derecho para dar por disuelto el vinculo de union con la Madre Patria, y formarse un Gobierno independiente, provicional ó absoluto?.
Si esta qüestion se resolviere por la afirmativa, se sigue otra no menos interesante, y delicada: tal es la de: si el Reyno tiene en si los medios bastantes para constituirse, y conservarse en Estado Soberano: porque ya V. ve quan inútil seria á un hijo de familia el derecho de separarse de la Casa Paterna sino tenia medios de subsistir por si solo; para lo qual necesitaba luces para gobernarse, caudal para sostenerse, y relaciones con sus vecinos para conservarse. Sin estos auxilios el uso de su derecho podia serle funesto.
En el caso de tener estos medios, necesitaba últimamente un plan seguro, y bien detallado para constituirse y conservarse; no bastando para el logro del fin, los pensamientos sueltos, ó aislados, que se han tocado en algunos papeles públicos por mas finos que parezcan. Es menester trazar esta grande obra de una vez, recurriendo para ello á los hombres capaces de formar el proyecto por medio de la Imprenta, excitandolos el Gobierno á que cada uno presente uno completo para elegir con discernimiento el que mejor parezca; pues las ideas parciales siempre dexarán la cosa á la casualidad, y sucesos sobrevinientes, con lo que, ó no se conseguirá el fin, ó se conseguirá muy tarde despues de pasar por los inconvenientes que cautelaría una juiciosa prevision.
Yo creo bien que a primera vista se habrá V. persuadido de la importancia de estas discusiones, y de la del acierto en la resolucion de cada punto; pero si su dictamen no conviniere con el mio, estoy seguro, que la moderacion, y buen juicio de V. no le permitirán ocultar del Público mis propuestas para que nos juzgue su opinion; y si esta fuere la de que los puntos son dignos de su examen, tendremos el gusto de ver lucir en la discusion por principios, nuestros ingenios, sofocando las discordias, y partidos con la demostracion, y el desengaño, que es el mayor beneficio que se puede proporcionar a la Patria en las actuales circunstancias.
Yo soy en todas un apreciador de los talentos, y amor a ella que V. manifiesta en su Periódico, para el que acaso ministraré algunos materiales, aunque toscos, si mereciere alguna atencion este primer pequeño ensayo de su amigo.
El amigo de la razon, de la paz, y de la humanidad.” (Nariño, 1811, No.17: 1-3).
Sobre la carta del Amigo de la razón, de la paz y de la humanidad; y sobre la influencia de La Bagatela en la sociedad santafereña, escribe Indalecio Liévano:
“La campaña Política iniciada por Nariño en favor de la ruptura con la Metrópoli, tuvo su principal órgano de expresión en "La Bagatela", periódico que Nariño continuó publicando, después de su ascenso a la Presidencia, para combatir los argumentos de variada índole, utilizados por los voceros de la oligarquía depuesta para discutir la conveniencia o la oportunidad de que la Nueva Granada se independizar definitivamente de España. El momento culminante del debate llegó cuando se remitió a Nariño una famosa carta abierta, firmada con el seudónimo "El Amigo de la Humanidad" en la cual se le planteaban las reservas y reparos que tenía el grupo conservador y españoliza dirigido por don Camilo Torres, con respecto a la declaratoria inmediata de Independencia y al desconocimiento radical de los derechos de Fernando VII.” (Liévano, 1996: cseiii10).
28 de octubre. Zipaquirá. Se pacifica Zipaquirá y se suprime el cabildo de la ciudad. “Fue suprimido el Cabildo de Zipaquirá y se nombró en calidad de Subpresidente a Primo Groot; Zipaquirá cedió al gobierno de Santafé la renta de las salinas como su contribución a la independencia.” (Llano, 1995: santafe).
30 de octubre. Antioquia. “El diputado por Medellín Pantaleón de Arango, en virtud de la constitución de 1811, fue elegido como vicepresidente de Antioquia con un sueldo de $2.000 al año; Fue la primera vez que en Colombia se elegía una persona para esta cargo; La provincia tenía cuatro departamentos: Santafé, Medellín, Ríonegro y Marinilla.” (Llano, 1995: Antioquia).
28. Nota al pie en el texto original: “Don Antonio Morales, el que peleó con el español Llorente el 20 de julio de 1810, miembro distinguido de la junta suprema, notable militar y hábil diplomático, y don Hermógenes Maza, ilustre caudillo de las huestes republicanas, los dos hijos de Bogotá.” (Caballero, 1974: diario4).
Noviembre de 1811
3 de noviembre. Mompóx. La villa es elevada a ciudad. “Y el Presidente del Estado de Cartagena decidió el 3 de noviembre dar público testimonio a favor de la villa y alzarla por el triunfo obtenido29 a la clase de ciudad con el título de Valerosa.” (Tisnes, 1976: 152).
Tenerife. Mientras se realizaba el acto público para honrar a Mompóx, sucede una batalla entre cartageneros y samarios en la que “Los cartageneros derrotaron a los samarios y ocuparon Tenerife, bajo el mando del coronel Feliciano Rangel y transportados por Rafael Tono.” (Llano, 1995: cartagena).
Santafé. Nariño en La Bagatela, responde la carta enviada por El amigo de la humanidad:
“Está V. servido Sr. Amigo de la Humanidad, se han publicado en letras de molde sus patrióticos problemas. Pero vamos de buena fé ¿habla V. con ingenuidad? ¿O solo chispa para que se aclare la importante qüestion de nuestra absoluta independencia? Yo no se que me diga: .V. me parece un si es, no es empecinado por esto de la esclavitud americana ¡Si me engañaré! No quisiera ser temerario, porque soy tan amigo de la libertad, que hasta con estas sospechas me parece que se la quito á V. para que diga francamente su dictamen, aunque sea el de atarnos á la popa de un barco y llevarnos á remolque para España. Mas sea lo que fuere, voy á cumplir con el encargo que me hace en la parte que me toca de decir el mio; porque en eso de excitar al Gobierno para que nos diera las noticias oficiales que no puede dexar de tener; segun V. nos dice, un Bagatelista; amigo mio, es muy poca cosa para subir tan alto, y que su exitamento hiciera ningun efecto excítelo V. mientras yo sumergido en mi arroz, como Arquimedes en el baño, trato de resolver sus problemas.
- Problema del Amigo de la Humanidad: la España está ó no enteramente perdida y sin esperanza de recuperación?
Resolución: que Dios le dé mucha vida y salud; pero que esté viva ó muerta nada le importa á la América para su emancipación, como no le obsta a hijo que esté vivo ó muerto el padre cuando cumple la edad.
- Problema: ¿la América ha tenido, ó tiene razón y derecho para dar por disuelto el vinculo de union con la Madre Patria, y formar un Gobierno independiente?
Resolución: la América ha tenido y tiene la misma razon y derecho para romper las cadenas de la España, que nuestro Gil Blas de Santillana para romper la puerta de la cueva de los ladrones en que se veía encerrado; tiene el mismo derecho que un animal oprimido en una jaula para volarse desde que encuentre la puerta abierta; tiene el mismo derecho que Servantes para romper las cadenas con que los Turcos lo tenian aprisionado; y finalmente el derecho imprescriptible y sagrado de la resistencia á la opresion.
¿Que me diria V. S. amigo de la humanidad, si recogiendo en mi casa á uno de sus hijos, en lugar de educarlo, le diera de palos, y le privara de su herencia, manteniendolo con la misma ignorancia en que se ha mantenido á los indios? ¿Creeria V. que llegando su hijo á la edad de la razon, rompia vinculos en separarse de mi lado, y recuperar su libertad? Amigo mio, es preciso ser muy malicioso, y muy enemigo de la humanidad, para proponer en el dia semejante question. Dudar solamente si tenemos derecho de romper unas cadenas que el mundo entero, inclusa la España, ha reconocido y confesado que hemos arrastrado por 300 años, es en mi juicio un crimen horrendo, un delito de lesa razon, de lesa paz, y de lesa humanidad, que quienes V. se quiere llamar amigo. ¿¿¿Será posible que por que quatro comerciantes de un rincon de la Europa mantengan el comercio esclusivo de la America, hayan de vivir en la esclavitud y la miseria once millones de hombres con toda su posteridad??? ¡Dios mio confundid, con todo el rigor de su colera á estas Almas de bronce que asi desfiguran tu imagen! ¡Haced Señor, que la tierra se abra en tantos puntos, en quantos estos malvados la pisen, y que desaparezcan de la presencia de sus hermanos! Quisiera en este momento, como cierto Emperador Romano, que estos dudadores de nuestros derechos, tuvieran una sola cabeza para hacer un servicio á la razon, á la paz, y á la humanidad echandosela abaxo de un solo golpe.
Yo soy peripatetico, Sr., dudador, y en lugar de Problemas, hago silogismos, de esta manera.
La America debe necesariamente ser independiente, ó caer en manos de los Franceses, ó de los Ingleses; es asi que cayendo en manos de los Franceses ó de los Ingleses debe perder su Religion: luego ha de ser independiente, ó perder su Religion: luego el que se oponga a nuestra independencia, es enemigo de nuestra Sta. Religion: luego V. es irreligioso, enemigo de Dios y de los hombres.
Que la America no siendo independiente, debe caer en manos de los Franceses, ó de los Ingleses, lo voy á probar: estas dos naciones poderosas y rivales se disputan hoy la posesion de la España Europea: qualquiera de las dos que venza, ha de dexar á la España arruinada, y sin fuerza para protegernos: luego nos subyugan si solos no tenemos fuerzas para defendernos; ó si uniendonos á una de las dos por pactos, no contrarrestamos la fuerza de la otra.
Esta union por pactos, no trae los mismos inconvenientes que la subyugacion; porque no es lo mismo obedecer que pactar. El primero de nuestros pactos será la Religion de nuestros Padres, y el segundo nuestra libertad, sin la qual no se puede pactar.
Veamos ahora: Si el Reyno tiene en si los medios bastantes para constituirse, y conservarse en Estado Soberano; que es el tercer problema.
En el estado de division en que el Reyno se halla, es imposible conservarse; pero tambien es imposible subyugarlo si se une. La Naturaleza nos favorece con lo escarpado y aspero de los caminos, con lo mortifero del Clima para los forasteros, con la diferencia de los alimentos, con su escases en los inmensos despoblados, y finalmente con el fuego sagrado de la libertad que bien ó mal encendido, ya arde por todas las extremidades de nuestro continente. La población nos dá una fuerza suficiente para defendernos del mundo entero, si sabemos hacer uso de ella. Sobre un cinco por ciento, podemos poner un exercito de mas de cien mil hombres; y aunque no tenemos las armas de fuego suficientes, tenemos la gran ventaja de manejo del Caballo quizas sin igual en la Europa, y la facilidad y conocimiento de los caminos. No son solo las armas de fuego las que matan: las mayores victorias de Bonaparte las debió á sus bayonetas, y los Tiroleses nos han dado un exemplo de lo que puede el amor de la libertad, y lo escarpado de los caminos: ellos destruyeron un exercito entero y bien disciplinado de Franceses con una sola descarga; y derrocando peñas, arboles, y barrancos. Que nos unamos, que haya un gobierno fuerte y vigoroso, que se haga una conscripcion general, y que venga la Europa entera. ¿No ha sostenido la España guerras costosas y eternas con las Ciudades de America? Pues ¿por que no las hemos de poder sostener nosotros que somos los dueños? Tenemos mas poblacion que la Peninsula, y aunque está diseminada en mucha mas extension, de terreno, tambien tenemos la barrera de lo escarpado y desconocido de este terreno, y el Océano de por medio. Queramos ser libres, y lo seremos: armemonos de constancia y de firmeza; depongamos pretensiones pueriles; hagamos sacrificios á la causa comun, y si un bagatelista valiera algo sobre la tierra, el apostaria su cabeza contra los dudadores, del buen éxito de nuestra empresa.
¡Almas timidas y cobardes, gobernantes ambiciosos y malvados, hombres estúpidos y empedernidos en la servidumbre, dexadnos obrar y desenvolver nuestros recursos naturales! ¡Proscripcion, mis amados conciudadanos, proscripcion contra todo malvado que quiera retraernos de la justa causa que hemos abrazado, contra el sacrilego que quiera envenenar las fuentes puras de un gobierno libre é independiente! ¡Que el cobarde, el estúpido, el empecinado sistemático se retiren al fondo de sus casas, y dexen obrar al hombre libre que prefiere la muerte á la esclavitud.” (Nariño, 1811, No.18: 1-3).
Dice Indalecio Liévano Aguirre, que durante todo el mes de octubre, el gobierno Cartagenero entabló una fuerte discusión con Antonio Nariño que se vio reflejada en publicaciones de prensa de las dos ciudades. Según el autor, la respuesta dada por Nariño en La Bagatela al Amigo de la humanidad, fue determinante para la ruptura definitiva de las dos provincias, que se vio además mezclada con el problema de los llamados situados de Cartagena.
Antes de citar a Liévano Aguirre, miremos las fuertes palabras que se dijeron en La Bagatelaal respecto:
“Consideraciones
¿Por que es que Santa Marta, Cartagena, Maracaybo y Coro reconocen La Regencia? La razon es bien sencilla: por que son pueblos comerciantes como Cadiz. Observese aquí la analogia de intereses, y se verá como los comerciantes de estos cinco puertos de mar mantienen la esclavitud por conservar sus caudales, y no perder el tráfico. Las cadenas de los puertos de mar, les vienen en los fardos de los traficantes: observese que estos y los males Eclesiasticos son los mas obstinados contra nuestra libertad; los unos por la codicia de sus negociaciones, y los otros por que del embrutecimiento y la esclavitud sacan su partido. El Eclesiastico justo, timorato, desinteresado sigue las huellas del Salvador del mundo, y no ve en la independencia de la America, sino la mejora y alivio de sus semejantes. ¿Quien no se enternecerá al ver la suerte de los pobres Indios; la desnudez, la ignorancia y abatimiento del Pueblo de America? ¡El hombre sensible que aun dudare de la santidad de nuestra causa, por algunos pequeños males que la acompañan, vuelva sus ojos á los coches, á las caballerias, á las vaxillas de oro de Gedey, á su espantoso luxo y disipacion mantenidos con el sudor y las lagrimas de estos infelices Pueblos; y juzgue por este solo rasgo.” (Nariño, 1811, No.18: 3-4).
“Estas tajantes definiciones deterioraron de manera definitiva, las relaciones del Gobierno de Nariño con la Junta Suprema de Cartagena, dominada por las grandes familias de la aristocracia criolla - los García de Toledo, los Narváez, los Castillo y Rada, los Díaz Granados y los Ayos -, empeñados en defender, tenazmente, el reconocimiento de los derechos de Fernando VII y de la Regencia española, a fin de conjurar el peligro de que una revisión radical del orden político abriera la puerta a peligrosas situaciones de cambio en la estructura social del Reyno. En la prensa de Cartagena, por ello, se acusaba a Nariño, alternativamente, de demagogo y de tirano, y se sindicaba al pueblo de Santafé de sedicioso, frenético y de plebe insolente de miserables indios". Durante todo el mes de octubre de 1811 la controversia periodística adquirió las más ásperas características y en "La Bagatela" respondió Nariño a las injurias e hizo defensa de los sectores populares de la población granadina: « ¿Por qué - escribía - es que en Cartagena, Santa Marta, Maracaibo y Coro reconocen la Regencia? La razón es bien sencilla: porque son pueblos comerciantes como Cádiz... los puertos de mar mantienen la esclavitud por conservar sus caudales y no perder el tráfico. Las cadenas de los puertos de mar les vienen en los fardos de los traficantes. Obsérvese que éstos y los malos eclesiásticos son los más obstinados contra nuestra libertad; los unos por la codicia de sus negociaciones, y los otros porque del embrutecimiento y la esclavitud sacan su partido. El eclesiástico justo, desinteresado, sigue las huellas del Salvador del mundo y no ve en la Independencia de América sino la mejora y alivio de sus semejantes.¿Quien no se enternecerá al ver la suerte de los pobres indios, la desnudez, la ignorancia y el abatimiento de América?».
Privada del mando la oligarquía santafereña, solo el núcleo de la aristocracia criolla cartagenera estaba en capacidad de enfrentarse al Presidente Nariño y ello explica la prontitud y beligerancia con que el Gobierno de Cartagena asumió la vocería de los intereses criollos. Esa beligerancia consiguió, es verdad, el rápido reagrupamiento del patriciado, disperso y desconcertado por su reciente derrota en la Capital, pero también sirvió para alertar a los sectores desposeídos de la sociedad granadina y principalmente al mismo pueblo de Cartagena. La soberbia de los de arriba determinó la insurgencia revolucionaria de los de abajo y al tiempo que el partido de oposición, en Santafé, celebraba regocijado los ataques de la prensa porteña contra Nariño, en Cartagena se operaba el fenómeno contrario: los sectores populares, acaudillados por los hermanos Gutiérrez de Piñeres, se pronunciaban en favor del Mandatario de Cundinamarca y adoptaban doctrinas análogas a las que él defendía en escala nacional. En la barriada de Getsemaní y en los arrabales del puerto era notoria, en esos días, la popularidad de Nariño y en la medida en que el pueblo cartagenero se distanciaba de la casta gobernante porteña, resultaba también más visible su aproximación y su simpatía por los " ideales que personificaba Nariño en la Nueva Granada.
Las decisivas cuestiones que constituían la materia y razón de este litigio, empujaron gradualmente al Gobierno de Santafé y al de Cartagena a adoptar actitudes defensivas y ofensivas, cuya naturaleza radical se encargó de acelerar la dinámica de la crisis. Tal ocurrió, por ejemplo, con el llamado problema de los "situados", que tanta importancia tenía para Cartagena, porque el sostenimiento de las tropas de dicha plaza se había costeado tradicionalmente con fondos, o "situados", remitidos desde Santafé y otras jurisdicciones administrativas del Imperio español, y la Junta de notables que se apoderó del gobierno de la plaza en 1810, se creyó autorizada, en virtud de esa tradición, para exigir a Santafé el pago de dichos "situados", no obstante que Cartagena había proclamado su Independencia de la capital del Reyno e insistía, en abierto desacuerdo con Cundinamarca, en mantener el reconocimiento del Consejo de Regencia de España. Nariño no quiso aceptar que tan equívoca situación se conservara y consolidara con dineros provenientes del Tesoro de Santafé y ordenó suspender la remisión de los "situados" hasta tanto que las autoridades de Cartagena definieran su actitud con respecto al problema de la Independencia. La medida causó grande indignación en los círculos oficiales de Cartagena y a ella se respondió con un beligerante acto de represalia. Como en esos días arribó al puerto un cargamento de armas, principalmente fusiles, que el anterior gobierno de Cundinamarca había adquirido en los Estados Unidos, la Junta de notables de Cartagena ordenó su inmediato incautamiento, para compensarse, según decía, de los perjuicios sufridos por la renuencia del Gobierno de Nariño a continuar el pago regular de los "situados"….
La confiscación de las armas de Santafé produjo efectos bien distintos de los que esperaban notables de Cartagena, quienes se vieron enfrentados, inesperadamente, a la conmoción popular que venía preparándose desde 1810 y cuyos desarrollos se aceleraron en la medida que se ahondaba el conflicto con el Presidente Nariño. En las barriadas populares del puerto ocurrieron, en esos días, numerosos motines y el pueblo comenzó a exigir, con tono amenazador, que las autoridades criollas de Cartagena se pronunciaran en favor de la Independencia con la misma franqueza y coraje con que lo hacía Nariño en Santafé.
El fervor que mostraban los humildes por la causa de la Emancipación se fundaba en que esa causa, para ellos, no tenía el precario carácter de un mezquino litigio con la Metrópoli, sino que se confundía, en el alma popular, con una gran esperanza de redención, con el principio de un nuevo orden de cosas en el que desaparecerían las viejas injusticias, atribuibles no solamente a los funcionarios españoles, sino también al despotismo económico y social de la oligarquía criolla, dueña de la riqueza, principal beneficiada con la esclavitud de los negros y la explotación de los indios y en cuyos cuadros se hallaba concentrada la propiedad de las minas y de todas las tierras utilizables del Reyno. « El objeto de la Independencia - dice el historiador cartagenero Jiménez Molinares - no era sentido con una misma urgencia por todos los cartageneros y los americanos. Las clases bajas de la sociedad, sumidas en la ignorancia, envilecidas por la política colonial, fueron despertadas en Cartagena precozmente a las nociones de la dignidad humana, y este fenómeno lo favorecieron antecedentes etnológicos e históricos. Las clases bajas de Cartagena eran el último resultado de aquellos indios caribes llamados Turbacos y Malembúes que durante treinta y cinco años mantuvieron a raya a los conquistadores, venciéndolos una y otra vez en desiguales batallas; de aquellos negros de Africa, de las castas "Mina" y "Caboverde", que por su indomable carácter fue prohibida finalmente su importación, y de los altivos castellanos que mezclaron a los de unos y los otros su sangre belicosa... Los Gutiérrez de Piñeres buscaban prosélitos en donde era más fácil encontrarlos y había más gente: entre los que estaban más urgidos de la Independencia; en las clases populares, entre la gente de color... Ellos (los Gutiérrez de Piñeres) amaban sin duda la Independencia y aborrecían el poder español; mas eran republicanos peligrosos, insaciables de mando y semejantes a los jacobinos que agitaron a París y a la Francia entera durante la República... Proponían una política definida, que consistía en declarar inmediatamente la Independencia de España y de todo otro poder... Para lograr esta finalidad se necesitaba una carrera vertiginosa, porque luego sería tarde; atropellar, usar la violencia contra toda resistencia.
Los radicales motivos de discrepancia que separaban al pueblo de Cartagena, dirigido por los Gutiérrez de Piñeres, del patriciado criollo, inspirado por don José María García de Toledo, demostraron pronto que el gobierno de Nariño estaba menos expuesto a sufrir el impacto de la ofensiva desatada contra él desde las playas del Caribe, de lo que estaba, en esos momentos, el gobierno de los notables de Cartagena, amenazado por el rápido avance de una formidable revolución de los humildes…” (Liévano, 1996: cseiii10).
El mismo día y sirviéndose de su falsa identidad de El Bagatelista, Nariño hace un donativo de su dinero personal, al ejército de patriotas que se dirige a Ocaña:
“El Bagatelista ofrece al Gobierno, de los ahorros de su pobre papel, 50 arrobas de Arroz, 100 libras de Quina selecta, y 100 botellas de aguardiente, puestas en Honda, para que se reparta entre los Soldados de la expedición de Ocaña. Se ocurrirá donde D. Bruno Espinosa, si se admitiese esta pequeña oferta.” (Nariño, 1811, No.18: 4).
4 de noviembre. Santafé. Salen más hombres para Ocaña.
“…se fue otra partida para Ocaña, de 30 hombres, para aumentar la tropa que salió el día 15; fueron 16 españoles de los que eran de la compañía de caballería del virrey; fue un sargento de milicias, Ignacio García y tres cabos veteranos: Narciso Pérez, Sixto Pava y José Antonio Quintana.” (Caballero, 1974: diario4).
5 de noviembre. Santafé. Sale una partida de hombres a contener un alborotó indígena en Chocontá.
“…salió otra partida precipitadamente para Chocontá a contener un alboroto causado por los indios; fueron 40 hombres de todos los cuerpos veteranos y llevaron dos obuses.” (Caballero, 1974: diario4).
8 de noviembre. Santafé. “El Congreso General del Reino pidió permiso a Antonio Nariño para trasladar su sede a Ibagué, lo que le fue concedido de inmediato.” (Llano, 1995: santafe).
9 de noviembre. Se ratifica la anexión de Mariquita a Cundinamarca.
“Se ratificó el tratado de anexión de Mariquita a Cundinamarca; Firmantes: Antonio Nariño por Cundinamarca y Antonio Viana por Mariquita; Las condiciones generales fueron:
a) El tratado debía ser aprobado por los Cabildos de Honda, Mariquita y Ambalema.
b) Mariquita participaría en el cuerpo legislativo de acuerdo a su población y se le daría participación en el poder judicial y en el Senado.” (Llano, 1995: santafe1).
10 de noviembre. Santafé. Se realizan votaciones para elegir procuradores.
“…fue la votación de todos los padres de familia para elegir procuradores para sancionar el colegio electoral: cada uno había de votar por 18 personas. Yo voté por los sujetos siguientes: doctor don José Miguel Montalvo, doctor don Andrés Otero, doctor don Miguel Ribas, doctor don Fernando Caycedo, canónigo; doctor don Eugenio de Lorga, escribano; doctor don Leandro Egea, doctor don Manuel Pardo, don José María Garzón Zabala, ayudante de Milicias; don Pantaleón Gutiérrez, don Andrés Florido, don Luciano Serrano, don Joaquín Matajudíos, doctor don Pedro Groot, don Joaquín Hernández, doctor don Juan Ronderos, don Vicente Cornejo, ayudante de Milicias; don Santiago Páramo, doctor don Antonio Corraes, médico y boticario.” (Caballero, 1974: diario4).
Cartagena. “Ignacio Cavero, en nombre de Cartagena, en carta a Antonio Nariño, justificó el robo (utilización, debido a la necesidad fue su disculpa), de los 1.400 fusiles que había comprado Santafé y que conducía Pedro de la Lastra (Momposino), diciendo que los necesitaban para la guerra que sostenían contra Santa Marta;…” (Llano, 1995: cartagena).
11 de noviembre. Cartagena. La Junta de Gobierno proclama la independencia absoluta de España y se firma el acta de independencia de Cartagena.
“Como desde el principio fue llamada la plebe a tomar parte en los movimientos, a fin de echar por tierra al partido real, ella se insolentó; y la gente de color, que era numerosa en la plaza, adquirió una preponderancia que con el tiempo vino a ser funesta a la tranquilidad pública. El deseo de adquirirse el aura popular y la debilidad inherente a los jefes que cortejan a la multitud sin el tino y prudencia que corresponde, hicieron que los gobernantes de Cartagena disimulasen varios desórdenes que cometían los directores del pueblo. Estos difundieron rumores diferentes contra la junta y su actual presidente don Ignacio Cabero: decían haber usurpado mil quinientos fusiles que don Pedro Lastra conducía para Santafé, traídos de los Estados Unidos; que la junta no quería dejarlos pasar al interior con varios pretextos; que esta meditaba jurar las Cortes y la Regencia de Cádiz; en fin, que gobernaba tiránicamente, sobre todo en Mompox, cuyos habitantes había oprimido con mucha dureza. El principal enemigo del gobierno era Gabriel Piñérez, natural de esta villa, quien se hizo jefe del partido del pueblo, y distribuyéndole dinero y licores, vino a ser árbitro de conmoverlo cuando se le antojara. En efecto, la revolución estalló el 11 de noviembre por la mañana. Los pardos del barrio Getsemaní se reunieron en la plaza de San Francisco e intentaron tomar la ciudad; al mismo tiempo varios cuerpos de tropas acuartelados dentro de sus murallas, apoderándose de la artillería, la abocaron contra las casas, especialmente contra el cuartel del Fijo, que no les era favorable. Reunida la junta oyó las demandas del pueblo hechas a su nombre por los diputados que había escogido, y que eran los doctores Ignacio Muñoz y Nicolás Mauricio de Omaña. La primera petición fue que se jurase la independencia absoluta del gobierno español. Concediese inmediatamente, y se publicó un bando acompañado de todos los cuerpos militares, por el cual la provincia de Cartagena fue declarada Estado soberano e independiente. En seguida se pidió que se extinguiera el tribunal de la Inquisición, franqueándose pasaportes a los inquisidores para que saliesen del país; que los empleos del consulado y del regimiento Fijo se dieran a los americanos; que se dividiesen los poderes legislativo, ejecutivo y judicial ejercidos por la junta; que cesara la pesquisa contra los que hicieron la revolución de Mompox, declarándose nulo cuanto el comisionado Ayos había practicado contra ellos; finalmente, que al gobierno de Cundinamarca se el entregaran los fusiles que injustamente se le habían retenido. Vióse obligada la junta a conceder éstas y otras peticiones menos importantes; el movimiento se apaciguó entonces sin haber sucedido desgracia alguna.
Cartagena fue la primera provincia de la Nueva Granada que por un acto solemne declaró su independencia absoluta de la España. Fundábase el manifiesto o acta que contenía la declaratoria en varios motivos. Alegábase primero el abandono que la familia real hizo de la España, trsladándose a Bayona y renunciando en Napoleón todos sus derechos a la corona. En seguida se traían a cuenta la improbación que la Regencia de Cádiz dirigió a Cartagena sobre la instalación de la junta de gobierno, amenazándola con el castigo en caso de que no se restablecieran todas las cosas a su estado antiguo, y esto sin embargo de haber tenido la provincia las mayores consideraciones respecto de la Regencia y de las Cortes españolas; la desigualdad de representación concedida a las Américas y a las provincias de la Península; la igualdad de derechos declarada sólo en el papel, la que hasta entonces no se había cumplido respecto de los españoles de Ultramar; en fin, la ninguna esperanza que éstos debían tener de que se les hiciese justicia estableciéndose un gobierno que mirase por sus más caros intereses. Tales fueron los principales fundamentos que alegó la junta de Cartagena para romper los vínculos que unían a esta provincia con la corona y gobiernos de España, declarándose Estado libre, soberano en independiente. Por lo general en la Nueva Granada se consideró este paso como extemporáneo y dado por una autoridad incompetente. La declaratoria de independencia no podía ser obra de una sola provincia; debió aguardarse a que todas formasen un cuerpo de nación, capaz de sostenerla contra los ataques de la España y de sus numerosos partidarios. La independencia de las naciones no se consolida con fórmulas y declaratorias o manifiestos, ni con vana pompa de palabras; consiste en una fuerza efectiva que en los cuerpos políticos solamente nace de las grandes masas.” (Restrepo, 1974: 189-191).
La independencia de Cartagena es recordada por Henao y Arrubla:
“La primera provincia de la Nueva Granada que declaró de modo absoluto su independencia de España, fue la de Cartagena. Justamente en el mismo mes en que se firmaba en Santa Fe de Bogotá el pacto de unión, el pueblo de la ciudad de Heredia daba le paso más avanzado en la revolución política: la plebe había tomado parte desde 1810 en los movimientos, llamada y excitada por los patriotas principales, adquirió preponderancia la gente de color, los cabecillas empezaron por hacer difundir amargas críticas contra la Junta de Gobierno, diciendo, entre otras cosas, que pensaba reconocer las Cortes de Regencia de Cádiz y que el mando de ella era tiránico. Conmoviese la multitud y la revolución preparada estalló en la mañana del 11 de noviembre; reunido el pueblo se agolpó frente al palacio del Cabildo, en donde se reunía la Junta, y al propio tiempo dos batallones se apoderaron de los baluartes de las murallas e hicieron funcionar la artillería; se instaló la Junta y el pueblo manifestó su voluntad ante ella, por medio de sus tribunos los doctores Ignacio Muñoz y Nicolás Mauricio de Omaña, haciendo estas principales peticiones: jurar absoluta independencia de España; extinción del tribunal de la Inquisición, dando pasaporte a los inquisidores para que se fuesen al exterior, y división de los poderes que ejercía la junta, en legislativo, ejecutivo y judicial.
Tales demandas y otras de menor trascendencia política fueron concedidas por la Junta de Gobierno, y el movimiento pasó sin ningún acontecimiento deplorable; en la plaza se quemaron públicamente los instrumentos de tortura de la Inquisición, y el acta de independencia, que se firmó el mismo día, se publicó por bando. El documento memorable comienza por invocar el nombre de dios, y luégo expone “el cúmulo de motivos poderosos que nos impelen a esta solemne declaración, y justifica la resolución tan necesaria que va a separarnos para siempre de la monarquía española”. Las razones principales aducidas eran: la cesión de la corona española a Napoleón; la improbación de la Regencia de Cádiz a Cartagena por la instalación de la Junta de gobierno, con la consiguiente amenaza si no se volvía al régimen anterior; la falta de igualdad en la representación concedida a las colonias en las Cortes de la Península, y de un gobierno justo para los americanos.
La memorable acta concluía así: “Nosotros los representantes del buen pueblo de Cartagena de Indias, con su expreso y público consentimiento, poniendo por testigo al Sér Supremo de la rectitud de nuestros procederes, y por árbitro al mundo imparcial de la justicia de nuestra causa, declaramos solemnemente a la faz de todo el mundo, que la provincia de Cartagena de Indias es desde hoy, de hecho y por derecho, Estado libre, soberano e independiente; que se halla absuelta de toda sumisión, vasallaje, obediencia y todo otro vínculo de cualquier clase y naturaleza que fuese, que anteriormente la ligase con la Corona y gobierno de España, y que, como tal Estado libre y absolutamente independiente, puede hacer todo lo que hacen y pueden hacer las naciones libres e independientes. Y para mayor firmeza y validez de esta nuestra declaración empeñamos solemnemente nuestras vidas y haciendas, jurando derramar hasta la última gota de nuestra sangre antes que faltar a tan sagrado comprometimiento”30. En el mismo mes fue jurada la independencia por las tropas de la plaza, los empleados y el Cabildo eclesiástico, el obispo de la diócesis no juró, pero declaró que no obraría contra el gobierno independiente; en la catedral se cantó Te Deum y los patriotas cartageneros llevaban en sus sombreros escarapelas de colores blanco y verde31.” (Henao y Arrubla, 1952: 362-364).
Sobre el 11 de noviembre, escribe Lemaitre:
“PROCLAMACION DE INDEPENDENCIA
Como a las 11 de la mañana del lunes 11 de Noviembre de 1811, el pueblo de Cartagena principió a reunirse en la plaza de la Trinidad y luego se dirigió a la de San Francisco junto con el batallón nombrado Lanceros de Getsemaní, y de allí partió después para situarse frente al palacio del Cabildo, donde se reunía la Junta Suprema. A la vez que el pueblo se situaba en las plaas del Palavio y de la Catedral, los batallones de Patriotas pardos y de Lanceros de Getsemaní se apoderaban de los principales baluartes de las murallas y hacían retumbar el cañón.
Semejante movimiento era una revolución promovida por los caudillos patriotas con el objeto de contener al aprtido realista y de comprometer más a los patriotas, y eplicaba la razón d elos sucesos ocurridos desde Abril de 1810 hasta entonces.
El pueblo nombró como sus tribunos para que expresaran su voluntad ante la Junta Suprema a los doctores Presbítero Nicolás Mauricio de Omaña e Ignacio Múñoz. Lo que quería el pueblo era: que se proclamase la independencia absoluta del gobierno de España; que el Gobierno se dividiese en tres poderes: ejecutivo, legislativo y judicial; que se suprimiese el Tribunal de la Inquisición; que los destinos públicos se diesen a los americanos; y que en los cuerpos de pardos los oficiales fuese pardos. La Junta accedió a todo lo que se le pidió, los instrumentos de trortura de la inquisición fueron quemados públicamente en la plaza, y se redactó y publicó solemnemente por bando el acta de independencia, concurriendo a este acto un piquete de cada uno de los cuerpos de la guarnición y el pueblo que estaba armado.” (Lemaitre, 1961: 29-30).
Los sucesos de Cartagena son también relatados por Indalecio Liévano Aguirre:
“En los últimos días de octubre de 1811 se empeoró la situación del orden público en Cartagena y el candente debate sobre la declaración de Independencia aumentó la dinámica revolucionaria del conflicto. «En Cartagena combatían -dice el historiador criollo José Manuel Restrepo - dos partidos que aspiraban al poder: el de García Toledo y el de los Gutiérrez de Piñeres. El primero reunía la parte de los hombres de educación, riqueza y probidad que había en Cartagena y se le llamaba Aristócrata. El segundo amaba la libertad, así como las medidas revolucionarias; era mucho su poder, porque dominaba a la multitud y la ponía en movimiento cuando se le antojaba, teniendo igualmente a su devoción el pueblo de Mompós, de donde eran naturales, y en que gozaban de un grande influjo, los tres hermanos Celedonio, Germán y Gabriel Gutiérrez de Piñeres. Este (Gabriel) era el más popular de los tres y el que ejecutaba los planes trazados por el abogado Germán Gutiérrez de Piñeres. Gabriel predicaba por todas partes la igualdad absoluta, ese dogma destructor del orden social. Siempre se le veía cercado de negros y mulatos sin educación, y quería que los demás ciudadanos ejecutaran lo mismo, bajo la pena de ser tenidos por aristócratas».
Con la tolerancia y la discreta colaboración de sus hermanos, Gabriel Gutiérrez de Piñeres empezó, desde mediados de octubre de 1811, a preparar la gran conmoción social que habría de cambiar, en forma mucho más decisiva que los sucesos del 20 de julio, el destino político de la Nueva Granada, y tanto él como sus agentes organizaron cuadros directivos y brigadas de choque en los barrios populares y suburbios de Cartagena, actividades que recuerdan a las de Carbonell en Santafé. Cuando estuvieron seguros de que les sería posible obtener la pronta movilización del pueblo, se pusieron en contacto con los batallones Primero y Segundo del famoso Regimiento de Lanceros de Getsemaní, compuesto en gran parte de soldados negros y mulatos, y lograron ganarse su voluntad y comprometerlos a participar en el movimiento revolucionario. El desarrollo de los históricos acontecimientos lo refiere, en los siguientes términos, el historiador Jiménez Molinares, nada inclinado a simpatizar con los Gutiérrez de Piñeres: «El golpe debió darse el domingo 10 de noviembre (de 1811) a fin de obtener la mayor asistencia posible de pueblo, pero el no poder participar en ese día el doctor Joaquín de Viliamil, sujeto de gran prestancia e influencia entre los artesanos y la gente de Getsemaní y a quien convenía comprometer visiblemente para aprestigiar el movimiento, obligó a aplazarlo para el siguiente día en que reglamentariamente debía sesionar la Junta, comprometiéndose los artesanos de todos los barrios y los vecinos de Getsemaní a no trabajar el lunes. Los conspiradores comprometieron a las milicias patriotas denominadas Lanceros de Getsemaní, batallones Primero y Segundo, el último mandado por Pedro Romero, para que apoyase las demandas que el pueblo formularía a la Junta. El pueblo se reunió desde temprano en el arrabal de Getsemaní, en la plaza de la Trinidad, hoy de La Libertad, capitaneado por Gabriel Gutiérrez de Piñeres, por el doctor Ignacio Muñoz, por Pedro Romero, suegro de Muñoz, y por sus hijos Mauricio, José, Tomás y Sebastián Romero... El Comando de esta rebelión tenía cuartel en casa de Pedro Romero, ubicada a la entrada de la Calle Larga, en la esquina derecha, entrando por el mercado actual, y emisarios de ellos seguían el curso de los debates que la Junta Suprema, en sesión plena, adelantaba en la Sala Capitular del Palacio de Gobierno, en la mañana del 11 de noviembre. Cuando los emisarios comunicaron que la declaratoria de Independencia (propuesta por los Gutiérrez de Piñeres) no se votaba y era evidente que se levantaría la sesión dejando insoluta la cuestión, se dio la orden de marchar sobre la ciudad.
«Los lanceros de Getsemaní se interpusieron entre el cuartel del "Fijo" y el Palacio de Gobierno y se apoderaron de los principales baluartes de la muralla haciendo retumbar el cañón y el pueblo en espesa muchedumbre y en actitud belicosa se movió de la plaza de la Trinidad hacia la Calle Larga, en donde estaba el mando del movimiento y de ahí, por la plaza del Matadero, hoy de la Independencia a la ciudad, entrando por la Boca del Puente. De paso por él frente del Convento de San Francisco, advirtieron la presencia del presbítero don Nicolás de Omaña y el pueblo lo invitó a servirle de vocero, a lo que accedió el religioso. Omaña estaba en Cartagena en compañía de don Pedro de la Lastra, de regreso de los Estados Unidos, de donde había traído, por cuenta de la Provincia de Cundinamarca, mil cuatrocientos fusiles que el Gobierno de Cartagena retuvo arbitrariamente.
« El Parque o Arsenal de Armas, hoy Estado Mayor, fue asaltado y las armas, "fusiles, lanzas y puñales, puestos en manos de los revoltosos". Llegados al frente del Palacio de Gobierno, subieron a él los Comisionados del Pueblo, quienes manifestaron que el Pueblo exigía que se proclamara la Independencia absoluta... La cuestión propuesta de la Independencia irritó al pueblo, dirigido por Gabriel Gutiérrez de Piñeres, el que invadió el recinto de sesiones y fueron agraviados sin miramiento alguno los que se sabía eran opuestos... García de Toledo fue maltratado de obra, arrojado con violencia y luego aprisionado... El Acta de Independencia fue aprobada y firmada por todo el gobierno, inclusive por García de Toledo. Quien hubiera persistido en cualquier forma de oposición, hubiera arriesgado, sin duda, la existencia ».
El famoso documento, que bajo el título de "Acta de la Independencia", se firmó ese histórico día en Cartagena, declaraba en su aparte central: «Nosotros, los representantes del buen pueblo de Cartagena de Indias, con su expreso y público consentimiento, poniendo por testigo al Ser Supremo de la rectitud de nuestra causa, declaramos solemnemente, a la faz de todo el mundo, que la Provincia de Cartagena de Indias es desde hoy, de hecho y por derecho Estado libre, soberano e independiente; que se halla absuelto de toda sumisión, vasallaje, obediencia, o todo otro vínculo, de cualquier clase y naturaleza que fuese, que anteriormente lo ligare con la Corona y Gobierno de España y que, como tal Estado libre y absolutamente independiente, puede hacer todo lo que hacen las naciones libres e independientes ». Este documentó y las Actas firmadas anteriormente en Mompós, fueron las primeras e inequívocas Declaraciones de independencia absoluta pronunciadas en la Nueva Granada y tales Declaraciones, que excluían, definitivamente el reconocimiento de Fernando VII y de la Regencia española, se debieron, tanto en el caso de Mompós como en el de Cartagena, a los hermanos Celedonio, Germán y Gabriel Gutiérrez de Piñeres.” (Liévano, 1996: cseiii10).
12 de noviembre. Cartagena. Las alteraciones en el orden público continúan hasta que se decide devolver a Cundinamarca los fusiles que le fueron incautados.
“…el pueblo se presentó nuevamente ante la casa de Gobierno, y a instigaciones de Gabriel Piñeres y de Omaña pidió: que se olvidaran las pasadas desavenencias entre Cartagena y Mompós, perdonándose a todos los momposinos que tomaron parte en las revueltas del año anterior, y que a Cundinamarca se devolviesen 1.500 fusiles que conducía a Santafé don Pedro de Lastra, y que la Junta de Cartagena había tomado. Todo fue concedido, y la tranquilidad se restableció.” (Lemaitre, 1961: 39-40).
Indalecio Liévano Aguirre relata lo sucedido de la siguiente manera:
“El 12 de noviembre, continuaron en Cartagena los movimientos multitudinarios contra la Junta de notables y el orden sólo se restableció parcialmente cuando dicha Junta convino, ante la presión airada de las turbas, en devolver a los emisarios de Cundinamarca el cargamento de armas confiscado. «El generoso pueblo de Cartagena - relata "La Gaceta" - en medio de las expresiones de su alegría buscaba al doctor Omaña y demás vecinos de Santafé, congratulándose con ellos de que ya se habían acabado las competencias de Santafé y Cartagena, y prorrumpiendo en los más agradables transportes, decían: ¡Viva la Independencia! ¡Viva Santafé! ¡Viva Cartagena!».” (Liévano, 1996: cseiii10).
17 de noviembre. Cartagena. Se establece oficialmente un escudo de armas para la ciudad. “Cartagena estableció su escudo de armas: representaba una india sentada a la sombra de una palma de coco, con su carcaj a la espalda, en la mano izquierda una cadena partida, en la mano derecha una granada abierta de la cual come un turpial.” (Llano, 1995: cartagena).
20 de noviembre. Tunja. “Fueron convocadas las "Cortes provinciales" de la provincia de Tunja.” (Llano, 1995: tunja).
24 de noviembre. Santafé. Aún no se conoce en Santafé la decisión de Cartagena de devolver los fusiles a Cundinamarca.
“Cartagena.
Si como se anuncia ya es cierto que el Gobierno de Cartagena ha resuelto quedarse con mil quatrocientos fusiles de Santafé contra la voluntad de sus dueños, esta acción despótica y contraria á la sana moral, va á descorrer el velo, y echar un nuevo borron sobre los gobernantes de aquella Plaza. ¿Con que razones podrán paliar un hecho tan contrario á todos los principios conocidos entre gentes civilizadas? ¿Que dirá el mundo de las Provincias de la Nueva Granada quando sepa que antes de organizarnos, hemos comenzado por robarnos? Pero Santafé no ha dado plata á Cartagena. No es mismo negar lo propio, que quedarse con lo ageno: Santafé no ha tenido que dar en las circunstancias en que se halla; y aun quando hubiera tenido, esta sola accion comprueba lo acertado de su prevision, para no dar, ni auxiliar á unos hombres que obstinados en reconocer los gobiernos de Cadiz, no pedian para sostener nuestra Santa Causa, sino para destruirla. ¿Seria prudencia mandar socorros á Santa-Marta?...¿Y qual es la deferencia de principios entre esta y Cartagena? Santa-Marta misma se queja que Cartagena le quiera hacer la guerra solo por dominarla; pues en quanto á lo demás reconocen á un mismo Rey, y obedecen á la misma Regencia, variando solo en su enmascarada politica para debilitar con sus exacciones á las Provincias del Reyno, y dexarlo indefenso. Menos mal hacemil veces Sta.-Marta con su guerra abierta, que Cartagena con su amistad paliada.
Generoso pueblo de Cartagena que tantas pruebas habeis dado de patriotismo y amor por la libertad ¡¿en dende teneis la razón, y vuestra perspicacia natural?! ¿Para que trabajasteis en destruir á Montes, y en romper de los primeros las cadenas americanas? ¿Para que tantos sacrificios, tanto entusiasmo y tantos sufrimientos como estais experimentando, si hemos de volver al antiguo yugo con que vuestros gobernantes nos amenazan? Pero no, mis queridos compatriotas, no creais ni por un momento que Santafé os abandone en medio de vuestro dolor, ni que su filantrópico gobierno se niegue á socorreros, aunque sea con las lamparas de sus Iglesias, quando de buena fé se trate de sostener la misma causa. Aqui teneis un asilo en medio de las llanuras de Bogotá, quando se os cierren enteramente las puertas de la libertad: volad entre nosotros, venid á nuestros brazos, y abandonad un suelo ingrato que quiere permanecer manchado con los vicios de la servidumbre. Nosotros nos defenderemos, á pesar de que se nos hayan defraudado nuestros fusiles: al hombre libre jamas le faltan armas con que defender su libertad.” (Nariño, 1811, Suplemento No.21: 1-2).
Además, Nariño invita a elegir sabiamente a los funcionarios públicos que deberán ocupar sus cargos en enero próximo, según lo indica la nueva constitución de Cundinamarca. Las elecciones estaban programadas para el siguiente martes 26 de noviembre.
“ELECCIONES.
Se va va reunir el Colegio Electoral para elegir, conforme á la Constitucion, los puestos que deben quedar vacantes en Diciembre: de lo acertado de estas elecciones depende en gran parte nuestra salvacion politica. Saber, y decidido patriotismo son las dos qualidades esenciales que se deben buscar en las personas que se destinen al gobierno; pero cuidado con equivocar estas dos qualidades: el que sabe hacer zapatos, no es el mejor para cortar una casaca, ni se debe confundir al ambicioso, al que solo ansia por figurar, con el que ama la Patria. Regla general: todo el que directa ó indirectamente solicita unos puestos que son una verdadera carga para el que los ocupa, es indigno de obtenerlo. Recorramos en nuestra memoria las personas que con hechos, y no con palabras han concurrido á la obra de nuestra regeneracion: exáminemos su aptitud, no para revolucionar, sino para sostener con acierto la transformacion, y fixemos asi nuestras ideas. Todas las personas no son igualmente aparentes para una misma obra, aunque puedan concurrir á ella: en la fabrica de reloxes, unos hacen las ruedas, otros los muelles otros los tornillos, pero solo el maestro monta la máquina. La ciencia de los Electores consiste en conocer qual es bueno para cada una de estas partes de la máquina politica, y colocarlo en el lugar para que es aparente: para el Senado integridad y madurez: para el Executivo actividad, firmeza y conocimientos: para el Legislativo filosofia y conocimiento de la ciencia de la legislacion: para el Judicial virtud y practica de las leyes patrias ¡Quiera el Cielo dar acierto é nuestros Electores, mientras yo en el retiro de mi pobre y triste albergue, le dirijo mis ardientes suplicas por la felicidad comun de nuestro suelo querido; y empleo los momentos, que me dexa libres el cuidado de mi familia, en escribir bagatelas para desahogar mi espiritu, y concurrir en lo que puedo al cierto, union, seguridad, y paz de una Patria á quien tanto amo, y en donde reposan las frias ceisas de los autores de mis dias!” (Nariño, 1811, Suplemento No.21: 2).
25 de noviembre. Santafé. Como representante de Tunja ante el Congreso de las Provincias Unidas, Joaquín Camacho protesta ante Nariño por permitir las anexiones de Muzo y Chiquinquirá a Cundinamarca. (Llano, 1995: tunja).
26 de noviembre. Santafé. Caballero inicia su relato del día anunciando sobre las votaciones realizadas por el Colegio, pero no lo concluye para informar sobre la creciente división en la ciudad entre los que estaban a favor o en contra de aceptar el Consejo de Regencia.
“fue la elección de los electores del colegio, y salieron electos el reverendo padre Padilla, de San Agustín, don Miguel Ribas y...
En este día amaneció puesto un pasquín que decía: «Muera el presidente, el comandante de armas y el capitán de artillería». Y a la tarde pusieron otro diciendo: "Viva la regencia y muera el gobierno". Se contestó con otro que decía: "Muera la regencia y vivirá el gobierno, y morirán todos los realistas así criollos como |chapetones que están en lista". Lo cierto es que la gente se está insolentando de tal suerte que ya se han quitado la máscara al partido que siguen. Esto no para en bien. Malo, malo.” (Caballero, 1974: diario4).
27 de noviembre. Santafé. Se suscribe el Acta de la Federación de las Provincias Unidas de la Nueva Granada. Inicialmente firmaron los delegados de las provincias de Antioquia, José Manuel Restrepo; Cartagena, Enrique Rodríguez; Neiva, Manuel Campos Cote; Pamplona, Camilo Torres y Tunja, Joaquín Camacho. Luego, se adhieren otras provincias. Se trata de una adaptación de la constitución de los Estados Unidos, en especial en su condición de organización federal. Cundinamarca está por fuera de esta propuesta, y defiende el centralismo. “Faltaron 8 provincias a la firma del Acta, entre ellas, Cundinamarca, que dominaba medio país; Esto es lo que se podría llamar un Congreso de "Canapé".” (Llano, 1995: santafe1).
Un testigo presencial de los hechos, José Manuel Restrepo, representante por la provincia de Antioquia ante el Congreso de la Nueva Granada, relata su versión y muestra su poca simpatía hacia las ideas de Nariño:
“Cuantos conocían a Nariño y su modo de pensar vaticinaron desde los primeros momentos que jamás se instalaría el congreso federativo, o que si se realizaba su instalación, tardaría aún mucho tiempo. Sus escritos anteriores, los discursos de sus íntimos amigos y la oposición que los habitantes de la capital manifestaron al sistema de gobierno federativo, eran motivos poderosos para creer fundados semejantes presentimientos.
A pesar de tales sucesos, los diputados de las provincias que se hallaban en Santafé continuaron las sesiones previas a la instalación del congreso, las que desde antes habían principiado en la casa del primer representante de Cundinamarca doctor don Manuel Bernardo de Alvarez. Después de calificar por suficientes los poderes de los principales diputados y de los suplentes, la mayor parte se decidió por el sistema federativo, tomando por modelos al gobierno de los Estados Unidos de Norte-América. En consecuencia discutieron los principios del acta de confederación que estos celebraron en 1776, bajo cuyas leyes fundamentales conquistaron tan gloriosamente su independencia. La mayoría de los diputados de las provincias fue de opinión, que debía acordarse un acta semejante a la de dichos Estados que precediera a la formación del congreso. Después de convenir en sus bases principales, los diputados comisionaron al doctor don Camilo Torres para redactarla, quien lo ejecutó con la precisión, nobleza y elegancia que caracterizaban sus escritos.
El acta de federación se extendió en la forma de un tratado que celebraban los diputados que la suscribieron en nombre de sus respectivas provincias, adoptando, para evitar desagradables etiquetas, el orden alfabético de los nombres de las provincias. Constaba de setenta y ocho artículos, y por ella se establecía una confederación con el título de Provincias Unidas de la Nueva Granada. Sus principales disposiciones fueron: que serían parte de la Unión todas y cada una de las provincias que en 20 de julio de 1810 eran reputadas y consideradas como tales en la Nueva Granada; también se admitían las demás que quisieran unirse con permiso de los respectivos cuerpos políticos que antes pertenecieran; se conservaba la religión católica, apostólica, romana, en toda su pureza e integridad; no se reconocía ninguna autoridad de la España, a cuyo establecimiento no hubiera concurrido el pueblo de la Nueva Granada por su libre y espontánea voluntad; todas las provincias se reconocían como iguales e independientes, reservándose cada una su administración interior, el nombramiento de sus empleados y el manejo de sus rentas. Las provincias cedían en consecuencia al congreso de diputados que debía formarse en el lugar que se juzgara más conveniente, con uno o dos representantes que enviaría cada una de ellas, las altas facultades de hacer la paz y la guerra, levantar ejércitos para la defensa común, imponer contribuciones para sostenerlos, celebrar tratados y mantener todas las grandes relaciones nacionales, así con las potencias europeas como con la Silla Apostólica. Cedían también al mismo congreso las rentas de las aduanas de los puertos, de correos y de las casas de amonedación, con la facultad de fijar la ley que debían tener las monedas nacionales, así como la de arreglar los pesos y medidas. Dábanse igualmente al congreso otras varias atribuciones importantes que la contribución atribuye al gobierno federal de los Estados Unidos. Todos estos objetos fueron bien detallados en el acta, y en ella se expresaba que el congreso ejercía, bien por sí, bien por secciones, el poder ejecutivo y el legislativo; el judicial residiría en un tribunal que debía establecerse al efecto conforme a los reglamentos que el mismo congreso tuviera a bien decretar. Se disponía, en fin, que pasados los peligros actuales y reunidas las provincias que definitivamente debían componer la Unión, se juntaría una gran convención general de diputados, elegidos según la base de la población, para acordar la constitución que más les conviniera. Los tratados se sujetaron a la ratificación de las provincias; debía ésta darse por medio de sus legislaturas, juntas o gobiernos completamente autorizados por los pueblos: pero siendo urgente la unión bajo del sistema federativo proclamado por la mayor parte de las provincias granadinas, los diputados se formarían inmediatamente en congreso, y cumplirían con el tenor de sus poderes.
Aunque el de Cundinamarca doctor don Manuel Bernanrdo Alvarez y el del Chocó doctor don Ignacio Herrera manifestaron en las discusiones previas alguna oposición al sistema de gobierno federativo, jamás fue abierta, y parecía que siempre seguirían la pluralidad de sufragios de las demás provincias. Empero los otros diputados se engañaron en su juicio, pues cuando trataron de que se firmase el nuevo pacto de unión, los diputados Alvarez y Herrera se denegaron a suscribirlo. El primero dijo que tenía órdenes del presidente Nariño para no acceder a semejante forma de gobierno, y el segundo que el sistema adoptado no le parecía conveniente a la Nueva Granada y que era inmaturo. La verdadera razón fue que Nariño, con quien tenía algún parentesco, le había ganado para que se opusiera. Este trabajaba constantemente a favor de un gobierno central, y pensaba conseguirlo dividiendo las provincias. Los demás diputados hicieron cuanto estaba a su alcance para persuadir a los dos que se hallaban disidentes. Mas nada pudieron recabar, y el 27 de noviembre firmaron el acta federal los representantes de cinco provincias, que fueron por Antioquia José Manuel Restrepo, por Cartagena Enrique Rodríguez, por Neiva Manuel Campos, por Pamplina Camilo Torres, y por Tunja Joaquín Camacho. Aunque estas provincias componían una parte pequeña de la Nueva Granada, el acta federal se imprimió y circuló a todas las demás para obtener la ratificación de cada una de ellas. La mayor parte la dieron inmediatamente, algunas la retardaron.” (Restrepo, 1974: 186-189).
“…el 27 de noviembre se firmaba el acta federal. El artículo 1° decía:.
«El título de la Confederación será: PROVINCIAS UNIDAS DE LA NUEVA GRANADA»32. Los Comisionados del Estado de Cundinamarca no firmaron este documento.” (Ibáñez, 1891: capi39b).
Sobre el Acta de la Federación escriben Henao y Arrubla:
“Desde antes de la caída de Lozano estaban en la capital los representantes de las provincias de Antioquia, Cartagena, Casanare, Chocó, Cundinamarca, Neiva, Pamplona, Socorro y Tunja, con el fin de reunirse en Congreso, porque la opinión general creía ese medio como el más eficaz para evitar la guerra civil amenazante. Los diputados que cada provincia había elegido eran dos, un principal y un suplente, y retardada la instalación del Congreso por la ausencia de los de Popayán, los presentes celebraron sesiones preparatorias para ganar tiempo; no obstante el advenimiento de Nariño al poder, que era enemigo del sistema federal, los diputados continuaron reuniéndose y la mayoría optó por el federalismo, siguiendo el modelo del gobierno americano; los principios de ese sistema fueron acordados, y discutidas las bases principales se comisionó al doctor Camilo Torres para redactar un acta de confederación semejante a la de los Estados Unidos.
Al acta se le dio forma de pacto que otorgaron los representantes a nombre de sus provincias; establecíase la confederación con el nombre de Provincias Unidas de la Nueva Granada, y tenía como principales disposiciones, estas: formarían parte de la unión las provincias estimadas como tales en la Nueva Granada el 20 de julio de 1810, admitiendo las que quisieran agregarse con la aquiescencia de las entidades políticas a que pertenecieses; se conservaría la religión católica; se desconocían las autoridades de España que el pueblo libremente no hubiera ocurrido a establecer; las provincias que suscribían el pacto eran iguales e independientes, y cada una tenía por sí su propia administración. El Congreso formado con los representantes de las provincias que debía reunirse en donde se estimara conveniente, tenía entre otras funciones, la de hacer la paz y la guerra, levantar tropas y dirigir las relaciones internacionales. Unidas las provincias que en definitiva habían de formar la nacionalidad, vendría una Convención general de diputados para expedir la Constitución del país. El pacto de unión fue firmado en noviembre (1811) sólo por los representantes de Antioquia, Cartagena, Neiva, Pamplona y Tunja; se imprimió y se remitió a todas las demás provincias para que fuese ratificado, lo que se obtuvo de muchas.” (Henao y Arrubla, 1952: 362).
Santafé. El mismo día, entran a Santafé, después de su estadía en Cartagena, Nicolás de Omaña y Pedro Lastra quienes estaban comisionados para traer armas e imprentas de los Estados Unidos.
“Para entonces regresaron de los Estados Unidos de América el Cura de La Catedral, doctor Nicolás Mauricio de Omaña, y don Pedro de la Lastra, quienes habían ido en comisión a comprar dos imprentas y armas. Lastra vino con el francés Antonio Bailly, mineralogista, el cual se encargó de la dirección de la fábrica de pólvora, situada en la colina del Aserrío, al sur de la ciudad, y Omaña trajo de Filadelfia un profesor de idiomas, el cual abrió cátedra de inglés en Bogotá33.” (Ibáñez, 1891: capi39b).
29. Se refiere al triunfo obtenido frente a las tropas realistas de Santa Marta el 19 de octubre de 1811.
30. Nota al pie en el texto original: “Firman el acta: Ignacio Cavero, Presidente; Juan de Dios Amador, José María García de Toledo, Ramón Ripoll, José de Casamayor, Domingo Granados, José María del Real, Germán Gutiérrez de Piñeres, Eusebio María Caníbal, José María del Castillo, Basilio del Toro Mendoza, Manuel José Canabal, Ignacio de Narváez y Latorre, Santiago de Lecuna, José María de la Terga, Manuel Rodríguez Torrices, Juan de Arias, Anselmo José de Urreta, José Fernández de Madrid y José María Benito Revollo, Secretario.”
31. Nota al pie en el texto original: “El primer centenario de la independencia absoluta de Cartagena fue celebrado el 11 de noviembre de 1911, con diferentes festejos, tanto en aquella ciudad como en el resto del país.”
32. Nota al pie en el texto original: “Puede verse el Acta de Federación en el volumen VIII de la Historia de la Revolución de la República de Colombia, por J. M. RESTREPO, primera edición, pág. 221; y apreciaciones sobre ella en J. M. RESTREPO, lib. cit., I, 124; M. A. POMBO y J. J. GUERRA, Constituciones de Colombia; J. M. SAMPER, Derecho Público Interno de Colombia, I, 61; HERMANN A. SCHUMACHER, Historia de la Constitución de los Estados Unidos de Colombia, 297 a 301; etc.” (Ibáñez, 1891: capi39a).
33. Nota al pie en el texto original: “J. M. GROOT, lib. cit., III, 113, 114.” (Ibáñez, 1891: capi39a).
Diciembre de 1811
1 de diciembre. Ocaña. “Movimiento revolucionario en Ocaña, sofocado por el coronel español Valentín Capmany.” (Llano, 1995: pamplon).
2 de diciembre. Santa Marta. “Santa Marta le pidió al gobierno de Cádiz que la independizara del Consulado de comercio de Cartagena y le creara uno propio.” (Llano, 1995: stamarta).
4 de diciembre. Santafé. Nariño indulta a todos los arrestados, fugitivos y reos.
“El Presidente Nariño concedió indulto el día 4 de diciembre de 1811 a todos los arrestados, fugitivos y reos rematados, con excepción de los malversadores del Tesoro Público y de los responsables de crímenes atroces34.” (Ibáñez, 1891: capi39b).
Quito. Mientras tanto, en Quito se instalaba el primer Congreso Constituyente de esa ciudad, “se separó de la Regencia de España, expidió la primera carta política del Ecuador y reconoció a Fernando VII.” (Llano, 1995: noticias).
7 de diciembre. San Gil. La villa de San Gil se anexa a Cundinamarca. “San Gil (fundada por Leonardo Currea de Betancur en 1688), aprobó su anexión a Cundinamarca, rechazó el gobierno de Lorenzo Plata en El Socorro, al cual acusó de querer asesinar a sus diputados; Respetó la orden de Cundinamarca para eliminar el estanco del tabaco, pero ordenó que permaneciera el de aguardiente.” (Llano, 1995: socorro).
9 de diciembre. Tunja. Se promulga la constitución de la que ahora se llamará República de Tunja. (Llano, 1995: tunja).
14 de diciembre. Santa Marta. El Gobernador de Santa Marta, Tomás de Acosta, le avisa al virrey que sus tropas han detenido a Samoya y Mojica mientras se desplazaba por el río Magdalena con destino a Cartagena, comisionado para entregar a esa ciudad 33.744 pesos y 2 1/4 reales, que llevaba como auxilio enviado por Santafé. (Llano, 1995: stamarta).
15 de diciembre. Santafé. En La Bagatela, se escribe sobre los sucesos ocurridos en Cartagena el 11 de noviembre pasado. Es probable que los hechos se hubieran conocido por las noticias del correo unos días antes, incluso, en el número anterior, correspondiente al 8 de diciembre, se hace una referencia a la revolución de Cartagena; pero teniendo en cuenta el enfrentamiento permanente de ese periódico con la provincia cartagenera, no es de extrañar que el espacio concedido al hecho sea corto y que en el mismo número haya una mayor extensión dedicada a publicar un documento enviado de Venezuela donde se expone la conveniencia de la independencia, él cual, incluso, se continúa en el siguiente número.
“CARTAGENA.
Por el último Correo ha recibido el autor de la Bagatela infinidad de cartas y relaciones del suceso del dia 11 de Noviembre en aquella Ciudad. Es imposible incluirlas aqui todas, ni al pie de la letra. De ellas resulta que el Cuerpo de Patriotas Lanceros de Getsemaní fue el que dio el impulso y sostuvo la revolucion para que se desconociera definitivamente la Regencia de Cadiz, proclamando una absoluta independencia: que el pueblo estaba cansado de sufrir un gobierno mas misterioso que el de los antiguos Gobernadores: que hizo con sus gobernantes lo mismo que ellos habian hecho con Montes, y con mas autoridad y razon; por que Montes no era un mandatario del Cabildo sino un Xefe y los Junteros eran hechuras del Pueblo á quien no correspondian con sus operaciones, y á quien podian y debian pedir cuenta de su conducta: que Garcia Toledo fué no solo despreciado, sino insultado á pesar de haber sido antes el idolo del pueblo y sin disputa el primer hombre de la libertad de Cartagena; pero que alucinado por sus compañeros, y con la correspondencia que sigue con su cuñado Mosquera (satelite decidido é inseparable de la tirania por carácter, y por ambicion) ha decaida de un concepto que justamente se habia merecido por su firmeza, y amor á la libertad.
Entre los Patriotas que mas se han distinguido, se notan á los dos hermanos Piñeres, el célebre Matancero, D. Juan José Solana, D. Manuel Rublas, D. Ignacio Muñoz, y los Xefes de los Pardos siempre amantes de la libertad. ¡Salve mil veces Pueblo generoso de Cartagena! Yo os saludo con el osculo de la fraternidad. ¡Puedan las cadenas que acabais de romper formar un lazo que os una para siempre con Cundinamarca! ¡Pueda vuestro exemplo penetrar los corazones de los hijos de Santa Marta y Maracaibo para que veamos al |