BIBLIOGRAFÍA
CABALLERO, José Maria. Diario de la Independencia. Bogotá. Talleres gráficos Banco Popular. 1974.
Disponible en: http://www.lablaa.org/blaavirtual/historia/diarioindep/diario4.htm CAMACHO CARREÑO, José. Florentino González: (memorias), controversias bolivarianas. Buenos Aires. Librería Cervantes. 1933.
Disponible en: http://www.lablaa.org/blaavirtual/historia/memgonza/indice.htm
IBÁÑEZ, Pedro María. Crónicas de Bogotá. Tomo III, capítulo XL. Bogotá. Disponible en: http://www.lablaa.org/blaavirtual/historia/cronic/cap40.htm#(1)
LIÉVANO AGUIRRE, Indalecio. Los grandes conflictos de nuestra historia. Volumen II. Bogotá. Ediciones Tercer Mundo. 1987.
LLANO ISAZA, Rodrigo. “Hechos y gentes de la primera república colombiana (1810-1816)”. En: Boletín de historia y antigüedades. No. 789. Bogotá. 1995. Páginas 501-523.
Disponible en: http://www.lablaa.org/blaavirtual/historia/primera/indice.htm LÓPEZ, José Hilario. Memorias de José Hilario López. Bogotá. Editorial ABC. 1942. Disponible en: http://www.lablaa.org/blaavirtual/historia/memori/indice.htm
NARIÑO, Antonio. La Bagatela. Tomo I, No.30. Santafé. Imprenta de D. Bruno Espinosa de los Monteros. Domingo 19 de enero de 1812.
No.33. Domingo 9 de febrero de 1812.
No.38. Domingo 12 de abril de 1812.
Disponible en: http://www.lablaa.org/blaavirtual/historia/la-bagatela/indice.htm
RESTREPO, José Manuel. Historia de la revolución de Colombia. Tomo I. Bolsilibros Bedout, volumen 48. Medellín. Editorial Bedout S.A. 1974.
SAMPER, José María. Derecho público interno de Colombia. Historia crítica del derecho constitucional colombiano desde 1810 hasta 1886. Tomo I. Bogotá. Imprenta de “La Luz”. 1888. s/a. Periódico El efímero de Cartagena. No.2 y 3. Cartagena. Imprenta del Gobierno por C. Manuel González y Pujol. Miércoles 9 y domingo 20 de septiembre de 1812. Disponible en: http://www.lablaa.org/blaavirtual/historia/el-efimero-cartagena/indice.htm
"Las citas textuales en el cuerpo del texto y notas al pie correspondientes a documentos escritos en el siglo XIX son copiadas sin modificación del documento original, se conserva la ortografía y redacción."
Enero de 1812
Principios de 1812. Sin entregar fecha exacta, Restrepo refiere lo que sucedía en la provincia de Popayán donde continuaban los hostigamientos de tacón, quien seguía ejerciendo su poder en Barbacoas después de que fuera derrotado por Baraya en marzo de 1811. Por otra parte, Joaquín Caicedo, presidente de la junta de la provincia decidió finalmente a principios de 1812 aceptar el encargo que le habían impuesto de ir a Quito a recuperar el dinero que se había robado Tacón y había enviado a esa ciudad.
“Al principiar el nuevo año, determinó el presidente Caicedo seguir a Quito a desempeñar la comisión que le había dado la junta de Popayán. Estaba persuadido de que su dulzura y buen tratamiento para con todos los enemigos de la junta los había ganado, y que nada intentarían durante su ausencia. En este errado concepto no quiso dejar ninguna guarnición en Pasto, a pesar de que otra cosa le aconsejaban algunos patriotas que conocían mejor a los habitantes de aquella ciudad. Llevó consigo a Quito para su guardia un destacamento de tropas de Popayán mandado por el oficial don Eusebio Borrero.
Don Angel María Varela quedó encargado del mando del destacamento de caleños que custodiaba el punto del Guabo, avenida principal de Barbacoas. Tacón residía en esta ciudad, desde donde inquietaba con frecuencia a los lugares del interior que obedecían al gobierno de la junta. El había pedido con instancia auxilios al gobernador de Guayaquil y al virrey del Perú. Remitióles cerca de setenta mil pesos de oro en polvo y barras, producto en la mayor parte de las minas de Barbacoas que correspondían a propietarios insurgentes. Embargólas Tacón por cuenta de la real hacienda junto con los esclavos que las trabajaban. Destinaba aquel dinero a la compra de armas y municiones, y a la habilitación de una lancha cañonera que le había ofrecido el gobernador de Guayaquil. Pensaba también, y lo hizo, auxiliar con alguna suma al presidente Molina, para que se defendiera y aún atacara a los rebeldes de Quito.” (Restrepo, 1974: 200-201).
1 de enero. Santafé. Se celebra el nuevo año y se elige como alcalde a Juan Tobar.
“Enero. A 1° hubo máscaras públicas, de a pie y de a caballo y se corrieron de diferentes invenciones, muy graciosas: los sargentos y cabos de Milicias salieron vestidos de pastores y pastoras, y cada uno le llevó su presente al señor presidente; unos le llevaron canastillas de flores, otros perdices, piscos, patos, gallinas, huevos, pichones y otras diferentes cosas. Yo salí vestido de negro bajero, perfectamente, y le llevé una canasta de flores, con cuatro tórtolas primorosamente compuestas de varias cintas y perendengues, y en los pescuezos unos vivas de letras de molde. También le ofrecí una caña dulce muy gruesa, y hablando como negro bozal. A la noche dieron los Nacionales música y llevaron un carro triunfal en que iba un niño y una niña, bien vestidos, con muchas luces, y llevaron un víctor y loa que representaron en el salón del palacio; la música tocó por papel, frente al gabinete, y también hubo muchísima pólvora, de suerte que estuvo la función cumplida.” (Caballero, 1974: diario5).
Antioquia. Se reúne en Rionegro el Colegio Constituyente y Electoral de Antioquia. (Llano, 1995: antioquia).
6 de enero. Vélez. Vélez aprueba su anexión a Cundinamarca. Piden ayuda a Santafé para acabar con el gobierno de Lorenzo Plata, la capital responde enviando tropas.
“Vélez (fundada por Martín Galeano en 1539), aprobó su anexión a Cundinamarca; También protestaron contra el gobierno de Lorenzo Plata; Santafé los apoyó, enviando en su auxilio al capitán de granaderos Ignacio Salcedo y luego al capitán Atanasio Girardot.” (Llano, 1995: socorro).
Esta situación también es descrita por Liévano Aguirre:
“El conflicto entre Nariño y el Congreso Federal aceleró la crisis latente y en Vélez y San Gil ocurrieron pronunciamientos contra el gobierno socorreño, los cuales se tradujeron en la firma de Actas, en que dichos pueblos se declaraban independientes del Socorro y manifestaban su voluntad de anexarse a la jurisdicción del gobierno de Nariño. A estas Actas respondido don Lorenzo Plata con amenazas y despliegues militares y ello indujo a Vélez y San Gil a solicitar ayuda militar de Santafé. Nariño comprendió que no podía abandonar a los pueblos que pedían s amparo, so pena de paralizar el proceso de reconstrucción de la unidad nacional, ni permitir nuevas expediciones punitivas como las que sojuzgaron a Mompós y Sogamoso en tiempos del primer Congreso del Reyno y ordenó al Coronel Joaquín Ricaurte partir par la provincia del Socorro, al mando de un considerable contingente de tropas de Cundinamarca.” (Liévano, 1987: 726).
10 de enero. Santafé. Entra a la ciudad Antonio Baraya y el ejército que combatió en Palacé, es recibido con festividades.
“A 10 entró el brigadier don Antonio Baraya y se le hizo un recibimiento lo mismo que a aquellos capitanes romanos cuando entraban triunfantes en Roma, porque se puso una batería de cañones de a grueso calibre en el camino real de San Victorino, y lo fue a recibir toda la oficialidad de la guarnición, todos a caballo. Entró en su compañía toda la milicia de caballería de Bogotá, Facatativá, Soacha y Bosa, de suerte que venían más de 500 hombres a caballo gritando muchos vivas. Hicieron siete tiros de cañones; estuvo la entrada muy lucida y triunfante, se apeó en palacio, y la plaza se llenó de gente de a caballo; después salió y lo acompañaron todos hasta su casa.” (Caballero, 1974: diario5).
Sobre la llegada de Baraya se refiere Ibáñez:
“…llego el Coronel Antonio Baraya ala ciudad, rodeado de los vencedores en Palacé, y fue recibido triunfalmente. Las milicias de muchas de las poblaciones de la Sabana acompañaban la comitiva. Se solemnizaron los honores de la victoria con salvas de artillería y vivas a los vencedores”. (Ibáñez, 1891: cap40).
12 de enero. Santafé. Sale primer grupo de tropa destinada a aplacar los conflictos entre El Socorro, San Gil y Vélez.
“El día 12 hubo toros y máscaras, de a pie y de a caballo. Este día salió la primera partida de auxilio para la villa de San Gil contra el Socorro, y llevaron todos los pertrechos de guerra.” (Caballero, 1974: diario5).
Dice Ibáñez:
“A mediados del mes salió de Bogotá una expedición militar, mandada por el Coronel Joaquín Ricaurte Torrijos y por el Capitán Ignacio Salcedo, con el objeto de cortar las disensiones políticas que se habían suscitado entre los habitantes de las ciudades del Socorro, San Gil y Vélez.
De la expedición militar que sale para Vélez y San Gil se anuncia en La Bagatela, así como de las posibles intenciones de Cundinamarca al querer auxiliar otras provincias:
“He oido hablar con mucha variedad sobre le Expedicion que ese Gobierno manda para Velez y San Gil; unos dicen que es un paso impolítico, que larmará á las otras provincias: otros que ya Santafé quitó la mascara y descubrió su ambicion y espiritu de conquista los partidarios de ese gobierno opinan de otro modo: discurren sobre el estado en que se halla el Reyno despues de año y medio de separacion: traen á colación los infinitos disparates y desavenencias que se ven en todos sus Gobiernos parciales, y hacen una reflexion tan poderosa que me han dexado convencido: dicen que esta Expedicion solo va á auxiliar unos pueblos oprimidos que se han acogido al amparado de Cundinamarca para salvar sus Haciendas y sus personas del furor de un tirano sin principios y sin moral; que aguardamos á ver los resultos por que el argumento no tiene medio: ó los conquistan, ó no? Si no los conquistan, no hay que murmurar; y si los conquistan, estamos en el caso de que Santa Marta los podia igualmente conquistar. ¿Y qual de los dos partidos se debe preferir, quando Platas no dexa un medio que seguir?...Dicen los enemigos de Cundinamarca y de la libertad que se debe economizar la sangre de nuestros hermanos, y que no se debe derramar una gota. Es verdad que no se debe derramar una sola gota sin necesidad; pero no es prudencia economizar la sangria si se há de morir el enfermo. Que no castiguemos entonces los crímenes particulares para no molestar á nuestros hermanos; y si los castigaramos, si derramamos la sangre del culpado para salvar el inocente, lo mismo debemos hacer en los crímenes publicos. No tiene la culpa el Juez que impone la pena, sino el reo que comete el delito. Pero ¿quien ha hecho juez á Cundinamarca de las culpas de otra Provincia? Las mismas partes: por una, los Pueblos oprimidos y desasociados claman por ella, se acogen á su amparo y le piden auxilio; y por otra, un solo hombre autorizad por su voluntad quiere oprimir los Pueblos que no le han confiado la soberania que se quiere apropiar sobre ellos con la fuerza, oponiendose á la union que los Pueblos solicitan con ansia.
Yo aguardo ver las medidas ulteriores que se toman para fixar mi juicio; no por que el hombre prudente lo deba formar como el vulgo por los resultados, que suelen depender de la casualidad, sino por que las que tome ese Gobierno, me harán conocer los fines que se haya propuesto. Si el objeto fuere asegurar nuestra libertad contra la arbitrariedad de los particulares y los ataques de afuera, santo y bueno: por que todo mal presente es nada comparada á la nueva esclavitud del Reyno; pero si solo fuere la ambicion y engrandecimiento de Santafé y su Gobierno, como dicen sus enemigos, anatema contra uno y otro.” (Nariño, 1812, No.30: 2-3).
13 de enero. Santafé. Sale segundo grupo para San Gil.
“El día 13 salió la segunda partida, lo mismo, compuesta de todos los cuerpos de la guarnición.” (Caballero, 1974: diario5).
15 de enero. Santafé. Nariño rechaza la adhesión que quería hacer Garzón a Cundinamarca. (Llano, 1995: neiva).
El Socorro. En enfrentamientos entre El Socorro, Vélez y Pamplona, “Joaquín de Ricaurte y Torrijos avanzó por el camino de El Socorro, derrotándolos en los combates de Gaque y Matarredonda.” (Llano, 1995: santafe1).
Sobre dicho enfrentamiento dice Ibáñez:
“La expedición de Ricaurte tuvo combate con las fuerzas del Socorro, mandadas por Januario José Arenas y José Vicente Uribe, en los cerros del Gaque y Matarredonda. Ricaurte fue el vencedor en este hecho de armas, muy notable por ser el primero en nuestras guerras civiles.” (Ibáñez, 1891: cap40).
19 de enero. Santafé. Sale tercera partida para San Gil.
“A 19 salió la tercera partida para San Gil, que fue el mayor resto de gente, con una bandera; por comandante don Joaquín Ricuarte; fue el cirujano de la tropa y por capellán un padre de La Candelaria; fue la música y 36 cargas de pertrechos, 30 artilleros con 8 cañones.” (Caballero, 1974: diario5).
Neiva. Ese cabildo jura su adhesión a las Provincias Unidas del Reino. (Llano, 1995: neiva).
20-21 de enero. Cartagena. Se reúne la Convención Constituyente del estado de Cartagena. (Llano, 1995: cartagena).
Sobre la convención de Cartagena, dice que Restrepo, que fecha su instalación para el 21 de enero:
“Una de las provincias que se hallaban más apuradas era la de Cartagena. Buscaba su gobierno un remedio para los males que le amenazaban y creía con algún fundamento hallarlo en la convención de los representantes de los pueblos que estaba convocada. En efecto, concurrieron los diputados a la ciudad capital, y el 21 de enero se instaló aquella corporación, que nombrara al doctor don José María del Real para ejercer el poder ejecutivo del Estado, y al doctor Germán Gutiérrez de Piñerez para presidir la convención, dándole el título de prefecto. Dicha asamblea dirigió sus primeras atenciones a buscar arbitrios pecuniarios para sostener la plaza y proseguir la guerra contra Santamarta. Desde 1810, en que se hizo la revolución, apenas había recibido algunos auxilios de Antioquia, de Santafé y de Pamplona, que no alcanzaban a doscientos mil pesos, cuando en tiempo del gobierno español Cartagena consumía anualmente sus rentas y cerca de medio millón de fuentes que se le enviaba de otras provincias. Para llenar el déficit, la junta había pedido a los gobiernos provinciales y aún exigídoles socorros, como un contingente obligatorio para sostener la plaza, cuya conservación interesaba a toda la Nueva Granada. Pero en los gobiernos provinciales había muchos enemigos de Cartagena, que la consideraban como el sepulcro de la población y de las riquezas el interior: varios opinaban también que sus murallas debían destruírse, pues de otra suerte los productos de todas las rentas de las provincias se gastarían en conservar las fortificaciones y en mantener una guarnición numerosa. Por estos principios y por las miras interesadas que se atribuían a su gobierno, compuesto en lo general de comerciantes, pocas provincias querían auxiliarlo.
…
Desde los primeros días de la convención de Cartagena se vio que su existencia debía ser borrascosa. En su seno se combatían dos partidos que aspiraban al poder: el de García Toledo y el de los Piñerez. El primero reunía la mayor parte de los hombres de educación, riqueza y probidad que había en Cartagena, y se le llamaba Aristócrata. El segundo amaba la libertad, así como las medidas revolucionarias; era mucho su poder, porque dominaba ala multitud, y la ponía en movimiento cuando se le antojaba, teniendo igualmente a su devoción al pueblo de Mompox, de donde eran naturales, y en que gozaban de un grande influjo los tres hermanos Celedonio, Germán y Gabriel Piñerez. Este era el más popular de los tres y el que ejecutaba los planes trazados por el abogado Germán Piñerez: Gabriel predicaba por todas partes la igualdad absoluta, ese dogma destructor del orden social. Siempre se le veía cercado de negros y mulatos sin educación, y quería que los demás ciudadanos ejecutaran los mismo, bajo la pena de ser tenidos por aristócratas.” (Restrepo, 1974: 201-204).
21 de enero. Cartagena. El arzobispo Sacristán, cumpliendo la orden de destierro de la Nueva Granada, concedida por Cundinamarca y apoyada por Cartagena y que le fue entregada en esa ciudad el 30 de diciembre pasado, se embarca en una goleta con destino a Filadelfia. Por otro lado, “se posesionó la convención general constituyente del Estado y nombró como presidente encargado a Manuel Rodríguez Torices.” (Llano, 1995: cartagena).
22 de enero. Santafé. Por la difícil situación de orden público se prohíbe el recibimiento de forasteros y desconocidos.
“A 22 se echó bando de que ninguno admitiese forasteros, pena de $10.” (Caballero, 1974: diario5).
23 de enero. Vélez. José Lorenzo Plata, encargado del gobierno de Vélez, moviliza sus tropas contra las que llegaron de Cundinamarca. (Llano, 1995: socorro).
España. Se crea una Regencia para reemplazar a las Cortes de Cádiz.
“A la sazón, el 23 de enero, se creaba en España una Regencia, compuesta por el Duque del Infantado; Joaquín Mosquera y Figueroa, payanes; el conocido Juez de Nariño en 1794, Juan María Villavicencio; Ignacio Rodríguez y el Conde Labisbal.
Esta corporación pretendía gobernar en España y en las Indias, y reemplazó a la Regencia de Cádiz, de la cual era Presidente el bogotano don Pedro Agar, y Regentes los Generales Blake y Císcar.” (Ibáñez, 1891: cap40).
Sobre la participación de Villavicencio en la Regencia, también escribe Rodrigo Llano Isaza:
“El payanés y exjuez de Antonio Nariño, Joaquín de Mosquera y Figueroa, entró a formar parte del Consejo de Regencia en España con Juan María Villavicencio, Pedro Alcántara Toledo, Enrique José O'Donell, Ignacio Rodríguez de Rivas y Juan Pérez Villamil.” (Llano, 1995: noticias2).
29 de enero. Provincia de Popayán. A pesar del refuerzo logrado por las tropas de Tacón con los auxilios que llegaron de Popayán, los patriotas logran derrotarlo en una emboscada puesta a orillas del río Iscuandé.
“Don Miguel Tacón había recibido algunos cortos auxilios de Guayaquil; así era más fuerte que los patriotas en aquellas costas, donde ocupaba la isla de Tumaco y el distrito de Barbacoas. Habiendo penetrado un pequeño cuerpo de tropas de Popayán hasta la costa, se apoderó de Guapí e Iscuandé. Pusiéronse así los patriotas en aptitud de contener a los esclavos que daban muestras de querer sublevarse. Tacón reunió sus fuerzas en Tumaco; consistían en dos goletas, una lancha cañonera llamada la Justicia, que tenía un cañón de a veinticuatro, algunos buques pequeños y doscientos hombres, con los cuales se dirigió a ocupar a Iscuandé. El río de este nombre es angosto, y siendo contraria a Tacón la marea, los republicanos a quienes mandaba el capitán José Ignacio Rodríguez le hicieron caer en una emboscada puesta a las orillas (enero 29). Obrando los fusiles a la distancia de medio tiro, y cubiertos los patriotas con los manglares, causaron muco estrago a los enemigos; al mismo tiempo Rodríguez obraba en el río con pequeñas canoas. Los realistas no pudieron resistir a tan inesperado ataque, y fueron completamente derrotados; solo esperaron con mucha dificultad Tacón y el español Rodríguez, perdiendo la lancha cañonera, un bergantín y algunos buques menores, incluso el oficial don Ramón Pardo, de la marina española, el que herido cayó prisionero, lo mismo que don Manuel Valverde, don Felipe Grueso, don José María Delgado Polo, varios oficiales, casi toda la tropa y dos trailes, realistas decididos. Habíase lisonjeado Tacón de ocupar nuevamente la provincia de Popayán, y sufrió la vergüenza de ser batido por fuerzas inferiores, que montaban sólo pequeñas canoas. El mismo Tacón había puesto en insurrección, con imprudencia imperdonable en un jefe español, las cuadrillas de esclavos de las minas de Micay y del Raposo, pertenecientes a propietarios de Popayán, y en odio de que algunos de éstos eran adictos a la revolución; habíales también puesto las armas en la mano a fin de que combatiesen a favor de la causa del rey: estos esclavos fueron igualmente batidos por don Manuel Olaya, de Iscuandé, sujetándolos de nuevo a sus amos. Habiendo recibido golpes repetidos, y desesperando de hacer progresos en su gobernación, Tacón la abandonó y se fue a Lima, donde e distinguiera en la guerra del Alto Perú contra los independientes de Buenos Aires.
Parecía que con estas ventajas, que produjeron la ocupación de Tumaco, de Barbacoas y del resto de la costa del Pacífico, hasta el río Esmeraldas, se había asegurado la libertad de la provincia de Popayán; empero no fue así. La rebelión de los habitantes del valle de Patía y las partidas de asesinos se aumentaban diariamente, mientras que las tropas de la junta se hallaban ocupadas en los extremos de su territorio, por lo cual no había sido posible destruír las guerrillas. Los delitoscometidos, el amor al robo y al saqueo, el odio contra el gobierno republicano por el incendio de las casas de la parroquia de Patía, y sobre todo las exhortaciones de frailes fanáticos que persuadían a hombres ignorantes, que la religión mandaba destruír a los republicanos herejes; he aquí los motivos y causas que extendieron rápidamente la insurrección. Desde Popayán hasta el río Juanambú todo hombre empuñó la lanza o el fusil.” (Restrepo, 1974: 205-206).
La emboscada en la que fue derrotado Tacón es descrita por Llano Isaza para el 27 de enero:
“Miguel Tacón fue derrotado en la batalla de Santa Bárbara de Izcuandé por José Ignacio Rodríguez, cuando subía por el río al mando de 200 hombres.” (Llano, 1995: popayan).
Febrero de 1812
“El periódico El Carraco, órgano político de los federalistas, hería constantemente a los partidarios de Nariño y llamaba por mofa a José Miguel Pey y a Justo de Castro, Murat y Soult. El ardiente centralista José María Carbonell arrebató de un corrillo un número de este periódico, y con vehementes bravatas lo despedazó y pisoteó, en sitio central de la ciudad. Este hecho dio la etimología de los nombres que recibieron los dos bandos contendores: pateadores y carracos.
Modifica la versión que trae el historiador Groot un folleto intitulado: El sobrino Matías a su amado tío Tomás de Montalván y Fonseca Impreso en Bogotá en la Imprenta patriótica de don Nicolás Calvo, el 20 de febrero de 1812. Ahí refiere el autor anónimo, que escribe como testigo presencial, que el domingo anterior, 19 del citado mes, vio en la esquina de la Plaza, es decir, al pie de la torre norte de la Catedral, «arder una candelada y a su rededor muchos hombres, unos soplando y atizando el fuego, otros arrojando papeles dentro de ella y a otros dos rompiéndolos y pateándolos.» Cuenta también que luego colgaron ese papel a la cola de un borrico al que llevaron en procesión por las calles principales, con este pregón: «Esta es la justicia que la serenísima señora Bagatela manda hacer de esta carta, por haberse atrevido a estampar proposiciones injuriosas contra su alteza serenísimas»
Parece que las escenas violentas de quemar papeles públicos en las calles, fueron múltiples en aquellos días.” (Ibáñez, 1891: cap40a).
2 de febrero. Tumaco. Con la llegada a Tumaco, Tacón comienza su huida con rumbo a Lima.
“Tacón llegó huyendo a Tumaco, con rumbo al Perú. El procurador general de Pasto José Vivanco le había impedido sacar los caudales para Guayaquil, pero extrajo de allí $30.000 en oro, con los que salió para Almaguer y por el camino de El Castigo salió al Patía donde se embarcó y llegó a Guadual, pasó a Barbacoas y Tumaco (fundada por el sacerdote Jesuita Francisco Rugi en 1640), se apoderó de Guapi e Izcuandé, donde fue derrotado, salió para Lima…” (Llano, 1995: popayan).
3 de febrero. Neiva. Proclamación de la primera constitución de Neiva.
“Proclamación de la primera constitución de Neiva; Nombró presidente del Estado a Bárcenas y del serenísimo Colegio Electoral al párroco de Gigante Pedro María de la Borda y Polanco; Se aceptó a Timaná, se excluyó a Garzón y no se tuvo en cuenta a Purificación;…” (Llano, 1995: neiva).
España. Desde Cádiz, amar y Borbón pide le sean devueltos los bienes confiscados en Santafé.
“En carta fechada en Cádiz y dirigida a Joaquín Quintana, el exvirrey Amar rogó porque le fueran devueltos los bienes confiscados y depositados en la casa de moneda de Santafé.” (Llano, 1995: noticias2).
4 de febrero. Cartagena. Tropas de la provincia son vencidas en un encuentro con los realistas.
“La lancha cañonera El Andaluz, salió con tropas y pertrechos de Mompox a despejar de realistas a Tamalameque y Puerto Real de Ocaña; La misión fue un fracaso.” (Llano, 1995: cartagena).
9 de febrero. Santafé. En La Bagatela, Nariño advierte sobre la necesidad de prestar atención a la defensa de posibles ataques españoles en vez de continuar creciendo las diferencias entre las provincias.
“Haz una centracion de amor propio, y dime ¿si en el estado en que nos hallamos de division de terrenos, de opiniones, de voluntades, y abiertas las costas, podremos resistir á los planes de la Europa?...!!Que estupidez, mi amigo, haber atrapado sin esfuerzos una libertad tan deseada, y dexarla luego escapar por ignorancia!! Quando oigo los proyectos que se forman en cada Provincia, y los asuntos en que se ocupan, inclusa la tuya, no puedo menos que creer que la Europa se ha consumido en algun gran terremoto; por que ¿a que cabeza le ocurre que nos han de dexar mucho tiempo en este estado de niñeria jugando á las Soberanias, y sin obligarnos nunca á ir á la escuela? Los ingleses tienen crecido numero de tropas en las Antillas que yá no las necesitan: la Isla de Cuba, Puerto Rico, y Panamá siguen la misma causa que Guayaquil, Santa Marta y Maracaybo: los Ingleses sostienen aún la causa de España, y no pueden mirar con mucha filosofia á las Américas. ¿Que es, pues lo que debemos esperar aunque el Bagatelista se calle y no descubra el estado de las provincias? ¿Con nuestros sagrados derechos resistiremos á diez ó doce mil hombres que desembarquen en qualquiera de los Puertos dichos? ¿Habrá Soberana Provincia que pueda oponerles una fuerza, capaz de resistir? ¿El silencio ó las barabatas han de ser nuestras unicas armas? No son los Ingleses, ni los Franceses los que ignoran nuestra situacion; somos nosotros los que la ignoramos, y los que necesitamos que nos griten continuamente,…” (Nariño, 1812, No.33: 1-2).
15 de febrero. El Socorro. Comienzan las negociaciones para el tratado de Guadalupe. Por El Socorro se presentaron Pedro Antonio Rueda y Pedro Ignacio Fernández, por Cundinamarca Joaquín Ricaurte. (Llano, 1995: socorro).
Quito. Se conoce la primera constitución de Quito.
“Se expidió la primera carta política del Ecuador, llamada "Constitución Quiteña".” (Llano, 1995: noticias).
17 de febrero. El Socorro. Se firma el tratado de Guadalupe entre el Socorro y Cundinamarca. (Llano, 1995: socorro). Con dicho tratado El Socorro se anexa a Cundinamarca.
Sobre la firma del tratado que logra la anexión de El Socorro a Cundinamarca y la posición de Ricaurte, escribe Liévano Aguirre:
“Aunque Ricaurte llevó en su Estado Mayor, en calidad de secretario, al cartagenero Manuel Castillo y Rada, quien no perdonaba a Nariño la simpatía que había mostrado por el partido de los Gutiérrez de Piñeres e hizo todo lo posible para persuadir a su comandante de que se pasara, con armas y bagages, al campo enemigo, Ricaurte cumplió satisfactoriamente, en un principio, las instrucciones recibidas y ofreció a las regiones segregadas una protección tan eficaz, que ella facilitó a la gleba urbana del Socorro deponer, en motín, a la oligarquía gobernante y acordad, en Acta famosa, la incorporación de la provincia socorreña a la jurisdicción política del gobierno de Nariño.” (Liévano, 1897: 726-727).
19 de febrero. Portobelo. Llega el nuevo virrey de la Nueva Granada, Benito Pérez.
“Mientras duraban las sesiones de la convención de Cartagena, ocurrió un suceso que debía hacer más crítica la situación de los negocios. Tal fue el arribo a Portobelo (febrero 19) del brigadier don Benito Pérez, nombrado virrey de Santafé por la Regencia de Cádiz. Residía antes en Mérida de Yucatán, de donde se trasladó a la Habana en solicitud de auxilios de toda clase para sujetar de nuevo al dominio español las provincias de su virreinato. Aunque por entonces no se le concedieran, era sin embargo su arribo al territorio granadino un suceso que podía traer funestas consecuencias en el estado de disolución y de anarquía en que se hallaban las provincias. El virrey se trasladó a Panamá,como la capital más propia en aquellas circunstancias. Fueron tantas las instancias y demandas de socorros que hizo al Perú, a Méjico, a la Habana y a España, que al fin consiguió algunos para hostilizar a los pueblos que no reconocieron su autoridad.” (Restrepo 1974: 202).
Sobre el arribo del nuevo virrey escribe Llano:
“…llegó a Portobelo (fundado por Francisco Valverde y Mercado en 1597), sin fuerza armada, el nuevo Virrey de la Nueva Granada, don Benito Pérez de Valdelomar, quien recibió auxilios de La Habana, México y el Perú;…A la hora de su nombramiento, se desempeñaba como Gobernador y Capitán General de Nueva España.” (Llano, 1995: noticias).
21 de febrero. Panamá. En Panamá se posesiona el nuevo virrey de la Nueva Granada, Benito Pérez. Desde allí ejercería su virreinato.
“Ante el Ayuntamiento de Panamá, se posesionó el nuevo Virrey don Benito Pérez, y de una vez instaló allí la nueva Audiencia del Virreinato.” (Llano, 1995: noticias).
26 de febrero. Cartagena. En un comunicado escrito a Cundinamarca, Cartagena continúa asumiendo su posición federalista pero acepta la necesidad de ceder ciertos privilegios al gobierno central con el fin de poder contener la avanzada realista.
“El gobierno de Cartagena le escribió al de Cundinamarca y le dijo: Cartagena, que hasta ahora ha proclamado y sostenido el federalismo en toda su extensión, y que el estado crítico del reino exige que cedamos muchas más facultades al congreso general y nos reservemos por ahora solo las absolutamente indispensables para nuestra felicidad, pero se reservaba lo principal: hacer las leyes y fijar los impuestos, quería para sí lo mejor de todos los mundos.” (Llano, 1995: cartagena).
29 de febrero. Antioquia. Comienza la organización de una fuerza armada en la provincia.
“La legislatura provincial ordenó la creación de un cuerpo armado de 200 hombres para la defensa del Estado.” (Llano, 1995: antioquia).
Finales de febrero. Santafé. Nariño presenta renuncia ante el Colegio Electoral. No fue aceptada. (Ibáñez, 1891: cap40).
“Miguel Tacón fue derrotado en la batalla de Santa Bárbara de Izcuandé por José Ignacio Rodríguez, cuando subía por el río al mando de 200 hombres.” (Llano, 1995: popayan).
Marzo de 1811
4 de marzo. Santafé. Nariño insiste en presentar su renuncia ante el Colegio Electoral. (Ibáñez, 1891: cap40).
7 de marzo. El Socorro. Joaquín de Ricaurte y Torrijos al mando del ejército enviado por Cundinamarca, ocupa El Socorro. (Llano, 1995: socorro).
“Nariño también decía que entraría en la confederación luego que hubiese reunido la provincia legal de Santafé, que se extendía a los corregimientos de Tunja, Socorro, Pamplona, Mariquita y Neiva. Para realizar este proyecto favorito, que halagaba tanto su ambición y la de los habitantes de la capital, comenzó a obrar activamente sobre las tres primeras y en la última provincia, a fin de que se unieran a la de Cundinamarca disolviendo sus gobiernos provinciales. En la del Socorro le presentaron una ocasión favorable las desavenencias suscitadas entre el cantón de aquel nombre, el de Vélez y el de Sangil. La administración del presidente de la junta del Socorro, doctor don Lorenzo Plata, había desagregado generalmente, y por esto los vocales de Sangil y de Vélez le negaron la obediencia, separándose de aquella corporación. Entonces el cabildo de Sangil ocurrió por medio de su apoderado el doctor don Francisco José de Otero a unirse a Cundinamarca y fue admitido. Vélez siguió su ejemplo y las dos terceras partes de la provincia del Socorro quedaron bajo la autoridad de Nariño. Admitió igualmente el cantón de Leiva correspondiente a la provincia de Tunja; asimismo a Timaná o Garzón y a la villa de Purificación en la de Neiva: poco le importaba que dichos lugares estuviera o no contiguos a Cundinamarca, pues el proyecto era agregar todos los demás sucesivamente de grado o por fuerza a esta provincia. Como las autoridades del Socorro no miraron con indiferencia el que se despedazara su provincia, y trataban de sujetar por la fuerza a los cantones disidentes de Sangil y Vélez, Nariño hizo marchar en su apoyo una expedición de trescientos fusileros, regidos por el coronel don Joaquín Ricaurte. Según las órdenes e instrucciones que llevaba se apoderó éste por capitulación de la villa del Socorro (marzo 7) que unió también a Cundinamarca junto con los pueblos que aún estaban independientes. Ricaurte pretextando que el presidente Plata había faltado a la entrega estipulada de todas las armas, le envió a Santafé en calidad de preso.
Ricaurte, conforme a sus instrucciones, debía pasar a la ciudad de Girón y después a la de Pamplona, para unir dichos cantones a Cundinamarca. Prevínosele que cubrieran los pasos verdaderamente hostiles, con el pretexto de que iba a defender los valles de Cúcuta. Incomodado Ricaurte de que se le hiciera instrumento de aquellos planes desorganizadores, acusó a Nariño ante el Senado; absolvióle éste, y Ricaurte fue destituído de su empleo militar.” (Restrepo, 1974: 214-215).
8 de marzo. Santafé. Baraya y José Ayala salen con ejército a atacar a los realistas de las provincias del Norte, sin embargo, era un pretexto para pasar por Tunja y tratar de anexar dicha ciudad a Cundinamarca.
“A 8 salió una expedición, compuesta de 200 cabos de Milicias, 60 entre Nacionales y Provinciales el resto de caballería veterana y milicianos de caballería, 80 cargas de pertrechos, 4 pedreros y 2 violentos 2 obuses; por comandante don Antonio Baraya, y por segundo don José Ayala.” (Caballero, 1974: diario5).
Sobre la expedición de Baraya escribe también Restrepo:
“Con igual pretexto1 de ir a defender los valles de Cúcuta amenazados por realistas de Maracaibo, envió Nariño otra expedición de trescientos cincuenta hombres al mando del brigadier Baraya. Bajo de sus órdenes iban don Francisco José de Caldas en clase de ingeniero, el capitán Rafael Urdaneta y el subteniente Francisco de P. Santander2, individuos que después se hicieron célebres. Nariño dio a Baraya las instrucciones secretas de que, deteniéndose en Tuna, procurase, por cuantos medios estuvieran a su alcance, desorganizar el gobierno, dividir la provincia y unirla a Cundinamarca. Empero el gobernador don Juan Nepomuceno Niño, su teniente asesor don Custodio García Rovira y la mayor parte de los habitantes de Tunja le opusieron una tenaz resistencia. No habiendo hallado Baraya un motivo honesto para romper hostilidades y usar de la fuerza, tuvo que trasladarse a Sogamoso, y por intrigas consiguió que este cantón se agregara a Santafé.
Aunque los proyectos de Nariño tuvieran numerosos partidarios en la capital, había sin embargo muchos opuestos, y que deseaban la instalación del congreso. Se componía este partido de algunos abogados y de otros hombres naturales de las provincias, a quienes seguían varios hijos de Santafé; era respetable por sus luces e influjo, y además publicaba diariamente folletos y hojas sueltas contra La Bagatela y su editor Nariño. Como había libertad de imprenta por la constitución, éste opia verdades amargas. Bien pronto le obligaron a cesar la publicación de La Bagatela, papel incendiario que fomentó la discordia en la Nueva Granada, que ridiculizó cosas muy respetables, y que en política sostuvo máximas y principios cuya verdad ha sancionado la experiencia, pero que en aquella época se tenían como paradojas. Pronunciáronse entonces más decididamente los dos partidos de congresistas o federalista, y centralistas o nariñistas.” (Restrepo, 1974: 215-216).
Ibáñez también indica las que considera eran las reales intenciones de la expedición:
“A principios de marzo de 1812 salió con dirección a las Provincias del Norte, a órdenes de Antonio Baraya y de José Ayala, una expedición militar con la misión aparente de defender de los realistas los valles de Cúcuta, pero con el objeto real de detenerse en Tunja y procurar por todos los medios posibles la desorganización de aquel Gobierno y la anexión de esa Provincia a Cundinamarca.” (Ibáñez, 1891: cap40).
Indalecio Liévano Aguirre, asegura que con la expedición de Baraya, Nariño respondía a una petición de ayuda hecha por Sogamoso, además agrega cual fue la reacción del presidente de Tunja al conocer la presencia de las tropas de Cundinamarca en su provincia:
“Resulta fácil de comprender por tanto, la algarabía que se armó en Tunja al saberse que en los pueblos de Sogamoso, Leiva, Chiquinquirá y Muzo, en los cuales era muy densa la población indígena, había ocurrido pronunciamientos revolucionarios y en sendas Actas se habían declarado independientes de la jurisdicción de Tunja y manifestado su voluntad de anexarse al gobierno de Nariño. A fin de contener la expansión del proceso secesionista, que ya comenzaba a contagiarse a otras zonas de la provincia tunjana, el presidente Juan Nepomuceno Niño dispuso efectuar los preparativos militares del caso para reducir a la obediencia a los rebeldes y ello indujo a Sogamoso a solicitar el apoyo militar de Santafé. Siguiendo la misma conducta que adoptó en el caso del Socorro, Nariño ordenó al brigadier de ejército de Cundinamarca, Antonio Baraya Ricaurte, encaminarse inmediatamente al epicentro del conflicto. Baraya partió para Tunja, seguido de las tropas más selectas de Cundinamarca y llevó, en los cuadros de su oficialidad, a dos personajes que debían desempeñar un papel decisivo en los próximos acontecimientos: a Francisco de Paula Santander y a Francisco José de Caldas, primo este último de don Camili Torres.
Paralizadas, por el avance de las fuerzas de Baraya, las operaciones militares que estaban preparándose en Tunja para sojuzgar a Sogamoso, Chiquinquirá, Leiva y Muzo, el presidente Niño decidió solicitar el apoyo militar del gobierno de Venezuela y en su comunicación a los mandatarios del país hermano les decía: “Yo veo formarse a expensas de nuestra libertad, a expensas de nuestros más vivos deseos, a pesar de la voluntad general de la Nueva Granada, a pesar del grito general de todos los pueblos de este vasto reino, veo, digo, erigirse un tirano y un Monarca ahogando nuestros votos, nuestros deseos…Caracas, como la Nueva Granada, deben hacer todos sus esfuerzos para ahogar en su cuna esta hidra venenosa; ella (Caracas) debe mediar, y aún amenazar al tirano (a Nariño) para encerrarlo dentro de los límites de Cundinamarca. Yo no dudo que Caracas será nuestra libertadora”.” (Liévano, 1987: 729-730).
11 de marzo. Cartagena. Conocedores del arribo del nuevo virrey a Cartagena, la convención reunida en esa ciudad decide tomar medidas para su protección, comenzando por los arreglos económicos.
“Alarmados el gobierno y la convención de Cartagena con esta noticia, se dedicaron principalmente a excogitar medios para levantar y sostener una respetable división de tropas con que arrojar a los realistas de la provincia de Santamarta, antes que se fortificaran más, y que recibieran los auxilios que sabían estarse buscando. La primera providencia importante de la convención fue decretar la emisión de trescientos mil pesos de papel moneda, y mandar acuñar diez mil pesos en cobre con el nombre de Chinas. Para seguridad de la deuda que contraía con el pueblo, se pignoraron cuatrocientos cincuenta mil pesos de fincas raíces del Estado, se mandó formar una caja de amortización, y se pusieron otras carias hipotecas expresadas en la ley de 11 de marzo. El papel se debía recibir a la par del dinero sonante, bajo de muy graves penas. Se quiso justificar semejante medida alegando el ejemplo de Holanda, de los Estados Unidos de Norte-América y de la Francia. Estas Repúblicas habían sostenido la guerra y triunfado de sus enemigos procurándose recursos por medio del papel moneda. Empero los economistas de Cartagena debieron ver cuán diversa era la situación de aquellos pueblos unidos y poderosos a la de una provincia pobre y aislada. Además, los habitantes de Cartagena siempre habían usado monedas metálicas, y era muy difícil que recibieran el papel como dinero, cuando los billetes del gobierno sólo decían: - “valga por tanta cantidad” sin promesa de reembolso o amortización. Mejor hubiera sido imponer a los pueblos una contribución bien distribuída; la habrían satisfecho sin los desórdenes que trae consigo la circulación forzada de un papel moneda. Cuando éste cae en descrédito, el pueblo sufre su pérdida con la desigualdad que inducen los fraudes de todos aquellos que son astutos y expertos: ellos se enriquecen, y los hombres sencillos quedan arruinados.” (Restrepo 1974: 202-203).
13 de marzo. Purificación. Ese cabildo se anexa a Cundinamarca. (Llano, 1995: neiva).
14 de marzo. Portobelo. Se posesiona el nuevo Oidor de la Audiencia de Santafé.
“En Portobelo se posesionó como nuevo Oidor de la Real Audiencia de Santafé don Manuel García.” (Llano, 1995: noticias).
18 de marzo. El Socorro. Cundinamarca nombra a Emigdio Benítez, quien fuera firmante del acta del 20 de julio de 1810 en Santafé, como subpresidente interino de El Socorro. (Llano, 1995: socorro).
España. Se aprueba La Pepa, nombre dado a la constitución de Cádiz.
“Se aprobó la constitución de Cádiz, llamada "la pepa" por ser este el día de San José. La nación española es la reunión de todos los españoles de ambos hemisferios. La nación española es libre e independiente y no es ni puede ser patrimonio de ninguna familia ni persona. La soberanía reside esencialmente en la nación. El gobierno de la nación española es una monarquía moderada hereditaria. Se definió que las elecciones serían por sufragio en función de la renta del elector e indirecto por la elección de compromisarios. Esta constitución tiene la firma del conde de Puñonrostro como delegado del Nuevo Reino de Granada (nombramiento hecho a dedo para justificar la presencia americana).” (Llano, 1995: noticias2).
Zambrano. Combate entre las tropas patriotas de Mompóx y las realistas de Santa Marta. Salen victoriosos los samarios, ante la derrota y conocidos los refuerzos de las tropas realistas, en Cartagena se decide nombrar dictador a Manuel Rodríguez Torices.
“Los enemigos que dominaban a Santamarta habían recibido algunos auxilios de la isla de cuba, siendo los principales tres buques armados en guerra y el batallón nombrado de albuela, que vino de la Península, así como algún tabaco y dinero. Con estos socorros y la actividad del gobernador don Tomás Acosta, la provincia de Santamarta pudo armar hasta mil quinientos hombres, la mayor parte de milicias, los cuales, a fin de custodiar la dilatada línea que se extendía desde Ocaña hasta la ciudad capital, estaban dispersos sobre la margen derecha del río Magdalena. Las tropas que envió Cartagena a ocupar la villa de Tenerife fueron batidas, y en diferentes puntos perdieron los republicanos sus mejores buques de las fuerzas sutiles; unos echados a pique por los enemigos y otros tomados por éstos, lo que sucedió en Zambrano con una división abandonada cobardemente por los independientes (marzo 19). Reforzadas las tropas reales hasta dicho número y creciendo los peligros, la convención de Cartagena nombró dictador al doctor Manuel Rodríguez Torices, joven de veinticuatro años, de bastantes luces y de buena educación, pero sin práctica en el manejo de los negocios de gobierno. Sin embargo, Torices dio las disposiciones más activas para la defensa de la provincia que se le había encargado, y por algunos meses los realistas nada pudieron adelantar.” (Restrepo, 1974: 204-205).
El combate de Zambrano es dechado por Llano Isaza tres días después, el 22 de marzo:
“Combate fluvial de Zambrano (fundado por Alvaro Zambrano en 1770), los samarios derrotaron a los momposinos.” (Llano, 1995: cartagena).
Quibdo. Rebelión de los habitantes contra la Junta de Citará. “El pueblo obligó a la remoción de dos vocales de la Junta de Citará.” (Llano, 1995: choco).
21 de marzo. Panamá. Se realiza el acto oficial de posesión del virrey Benito Pérez. Gobernaría desde Panamá y le obedecerían en las provincias realistas de la costa.
“El español don Benito Pérez y Valdelomar fue nombrado Virrey del Nuevo Reino, título que agregó al de Mariscal de Campo del Ejército español. Tomó posesión de su cargo en la ciudad de Panamá el 21 de marzo de 1812. Allí reorganizó la Audiencia, que la revolución del 20 de julio había cerrado en Bogotá. Su Gobierno no se sintió en el interior del país, y sólo fue obedecido en Panamá y en Santa Marta, territorios dominados por los realistas.” (Ibáñez, 1891: cap40).
Sobre la posesión del virrey escribe Llano:
“Benito Pérez de Valdelomar tomó posesión oficial de su cargo de virrey de la Nueva Granada, dado que Francisco Javier Venegas nunca se posesionó (lo hizo en México); El acto se presentó en ciudad de Panamá, en nombre del Consejo de Regencia.” (Llano, 1995: noticias).
Antioquia. En Antioquia en esta fecha se conoce una nueva constitución, mientras José Manuel Restrepo renuncia a su cargo como Representante de Antioquia ante el Congreso.
“Nueva constitución, escrita en diez títulos y 298 artículos; Fue promulgada en Santiago del Arma de Ríonegro el tres de mayo siguiente. José Manuel Restrepo pidió se le exonerara de la representación de Antioquia ante el soberano Congreso.” (Llano, 1995: antioquia).
Sobre la constitución de Antioquia escribe José María Samper, dejando ver su fascinación por el documento:
“La provincia de Antioquia se dio su primera Constitución en la ciudad de Río-Negro, con fecha 21 de marzo de 1812. Fue suscrita por diez y nueve Diputados de las ciudades ó Departamentos de Antioquia, Marinilla, Medellín, Nordeste y Río-Negro, y se compuso de doscientos noventa y ocho artículos agrupados en diez títulos. Es interesante y curioso, como característico de la época, el texto de la Sección primera del Título I, que contiene los “Preliminares y bases de la Constitución”. Dice así:
“Los Representantes de la provincia de Antioquia en el Nuevo Reino de Granada, plenamente autorizados por el Pueblo para darla una Constitución que garantice á todos los ciudadanos su LIBERTAD, IGUALDAD, SEGURIDAD Y PROPIEDAD; convencidos de que, abdicada la Corona, reducidas á cautiverio, sin esperanza de posliminio, las personas que gozaban el carácter de Soberanas, disuelto el Gobierno que ellas mantenían durante el ejercicio de sus funciones, devueltas á los Españoles de ambos hemisferios las prerrogativas de su libre naturaleza, y á los Pueblos las del contrato social, todos los de la Nación, y entre ellos los de la Provincia de Antioquia, reasumieron su Soberanía y recobraron sus derechos; íntimamente persuadidos que los Gobiernos de España, por su estado actual y por su inmensa distancia, es imposible que nos liberten de la tiranía y del despotismo, ni que cumplan con las condiciones esenciales de nuestra asociación; viendo, en fin, que la expresión de la voluntad general, manifestada solemnemente por los Pueblos, es de que usando de los imprescriptibles derechos concedidos al Hombre por el Autor Supremo de la Naturaleza, se les constituya un Gobierno sabio, liberal y doméstico, para que les mantenga en paz, les administre justicia, y les defienda contra todos los ataques, así interiores como exteriores, según lo exigen las bases fundamentales del Pacto social, y de toda institución política; después de un maduro examen y profundas reflexiones, hemos acordado y convenido en los artículos siguientes:
“1º. El Pueblo de la Provincia de Antioquia y sus representantes, reconocen y profesan la Religión Católica Apostólica y Romana, como la única verdadera; ella será la Religión del Estado.
“2º. Considerando que el olvido de los sagrados é imprescriptibles derechos del Hombre y de las obligaciones del ciudadano, es la causa primaria y el origen del despotismo, de la tiranía y de la corrupción de los gobiernos, y que por este mismo olvido é ignorancia los Pueblos sufren por muchos siglos la esclavitud y las cadenas, ó cometen mil excesos contrarios al orden y á las instituciones de las sociedades; nosotros los Representantes del bueno y virtuoso Pueblo del Estado de Antioquia, proclamamos á la faz de las Naciones y bajo los auspicios del Todo Poderoso, los siguientes derechos del Hombre, y los deberes del ciudadano, para que indeleblemente permanezcan grabados en todos los corazones”…
Harto se patentizan en estos Preliminares los caracteres propios de la Revolución y de la sociedad que la formulaban por medio de Constituciones: un candor perfecto en los sentimientos y propósitos; un vivo deseo de justificar ante el mundo y ante el Pueblo neo-granadino el movimiento revolucionario; un sincero amor al catolicismo, llevado hasta el punto de proclamar su verdad como dogma constitucional; un espíritu de filantropía que hacía de las máximas de la filosofía política unos preceptos obligatorios; y una tendencia muy marcada á proceder bajo la influencia de las publicistas de la escuela francesa, dado que hasta se invocaba la falsa idea del Contrato social, propagada por J.J. Rousseau.
Las secciones 2ª (constante de treinta y tres artículos) y 3ª (de diez) contienen, más que mandatos ó disposiciones imperativas, dos interesantísimas series de máximas definiciones, relativas, la primera, á los derechos del Hombre en sociedad, y la segunda, á los deberes del Ciudadano; y llama la atención del crítico, así en esta Constitución como en las de todas las otras Provincias, la distinción que constantemente se hace entre los derechos y los deberes. Los primeros son del Hombre en sociedad, esto es, del Hombre en toda asociación humana, cualquiera que sea la manera de ser de ésta; en tanto que los deberes, no acompañan simplemente al Hombre asociado, sino al Ciudadano. Esta distinción, que no está justificada por el texto, dado que no se atribuye un carácter particular ni político á los individuos sujetos á deberes, prueba, en nuestro sentir, que los autores de las primeras Constituciones neo-granadinas, confundían el sentido de los términos nacional (ó miembro de la asociación) y ciudadano, ó no daban á este último la acepción en que lo toma el Derecho, que solamente la da á los asociados que reúnen determinadas cualidades y ejerciten alguna función en el mecanismo constitucional.
Mucho más correcta, clara y precisa que la de Tunja de 1811, es la de Antioquia que analizamos, principalmente en lo relativo á derechos y deberes, determinación de la forma de Gobierno y clasificación de los Poderes públicos; y es notablemente más liberal y explícita que las de Cundinamarca de 1811 y 1812. Con todo, no se nota, en comparación con la de Tunja, ninguna diferencia substancial, por lo tocante á las definiciones de derechos y deberes. Se echa de ver que hubo en la conciencia de todos los Próceres constituyentes, de 1811 á 1815, una especie de patrón ó modelo, al cual, mutatis mutandis, se acomodaban el plan, el espíritu y la redacción de todas las Constituciones.
…
En el título II, que trata de la forma de Gobierno, se declara que la Provincia de Antioquia “se erige en un Estado libre, independiente y soberano, concentrando su Gobierno y administración interior, sin reconocer otra autoridad suprema, si no es aquella que expresamente delegare en el Congreso general de la Nueva Granada ó en el de las Provincias unidas.”
“El Gobierno Soberano del Estado será popular y representativo.” Y es curioso notar la teoría que se sienta, sobre los Poderes públicos, declarando que á los Representantes nombrados por los padres de familia para ejercer el Poder Legislativo, “esta delegada la Soberanía del Pueblo; pues los Poderes Ejecutivo y Judicial son sus emanaciones y los que ejecutan sus leyes”. De esta suerte, el Poder fundamental es el Legislativo; los otros dos, solamente creaciones y ejecutores de la voluntad de aquél.
Por lo tocante á los Poderes públicos, la Constitución de 1812 es muy previsora, y contiene excelentes disposiciones, que dan idea de un adelantamiento muy considerable en la Ciencia constitucional, particularmente respecto de las condiciones del régimen parlamentario. El organismo de los Poderes se funda en las siguientes reglas:
1ª. En todas las parroquias los ciudadanos que tengan sufragio3 votarán para elegir Apoderados, á razón de uno por cada mil habitantes y cada excedente de quinientos, los Apoderados, reuniéndose en la cabecera del Departamento, eligen Electores de éste, en cierto número determinado.
2ª. Los electores, que forman también los Cabildos, eligen, en épocas marcadas, los Senadores y Representantes, y éstos componen las dos Cámaras legislativas, ó sea la Legislatura.
3ª. A su vez la Legislatura elige el Presidente del Estado y sus dos Consejeros, así como los Magistrados del Supremo Tribunal de Justicia.
Todas las garantías deseables están consignadas en la Constitución para asegurar el buen procedimiento de las Cámaras, la independencia, libertad y responsabilidad de sus miembros, la formación de las leyes, y la autoridad exclusiva de la Legislatura en lo que le compete; y las libertades públicas más preciosas están garantidas respecto de impuestos y contribuciones, gastos, creación y dotación de empleos, interpretación de las leyes, y cuanto es necesario para el correcto y seguro funcionamiento del Poder legislativo.
Los Senadores y Representantes duran en sus funciones tres años, siendo renovables por terceras partes, y no pudiendo ser reelegidos, sino después de pasado un período igual. La misma duración tiene el Presidente del Estado, y la misma prohibición de ser inmediatamente reelegido.
Cuanto al Poder Judicial, á más de los Jueces subalternos, se establece un Supremo Tribunal de Justicia, que conoce de apelaciones y otros asuntos; y para casos extraordinarios de alzada, una Alta Corte de justicia, compuesta de cinco Jueces, á saber: dos Senadores y dos Representantes, tomados á la suerte, y el Presidente del Estado, que sólo tiene voto decisivo, en caso de desacuerdo. Además, el Senado es Tribunal de Justicia para juzgar á sus propios miembros, á los Representantes, al Presidente y sus Consejeros, y á otros altos funcionarios, cuando lis acusa la Cámara de Representantes; sin perjuicio de los juicios de residencia que el mismo Senado ha de abrir á todos los empleados públicos, cuando cesan en sus funciones.
Como se ve, esta institución de los “juicios de residencia”, era tomada de las prácticas que habían prevalecido durante el régimen colonial, y la jurisdicción el Senado en muchos procesos, así como la extraña composición de la Alta Corte de Justicia, no se compadecían con la separación de los Poderes públicos, tan severamente proclamada, como principio esencial en el artículo 30.
La Sección 4ª. Del Título V contiene importantes disposiciones generales, relativas al Poder Judicial. Los Títulos VI, VII, VIII y IX, tratan de los Representantes que la Provincia ha de enviar al Congreso general de las Provincias Unidas de la Nueva Granada; del Tesoro común, propio exclusivamente de la provincia; de la Fuerza armada (que se compone de milicias, á más de los contingentes que se han de dar á la Unión), y de la Instrucción pública, ramo de Gobierno al cual prestaron grande atención los Constituyentes de todas las Provincias.
Con el Título X, de Disposiciones generales, se da remate á la Constitución antioqueña, y si muchas de ellas son reglamentarias (sobre posesión de empleados, juramento, sello público, tratamientos, etc.), otras contiene nuevas garantías comunes, de aquellas que á menudo se denominan libertades públicas.” (Samper, 1888: 86-91).
22 de marzo. Antioquia. Se confirma a través de un documento el recibimiento de un préstamo hecho por la provincia de Popayán.
“El Ministerio de Tesorería del Estado de Antioquia, envió una comunicación a Popayán en que confirma el envío del préstamo concedido a esa provincia: ... haberse entregado en esa tesorería la cantidad de nueve mil cuatrocientos diecinueve pesos y seis reales de plata, contenidos en siete barras de oro fundido y marcado con peso neto de 4.702 castellanos y dos tomines que hacen en plata 9.404 pesos 4 reales; y los 15 pesos y 2 reales restantes en siete escudos y diez reales en plata, para que de la ciudad de Ríonegro los conduzca a ésta don Rafael Quijano, como empréstito que ha hecho aquel supremo gobierno a esta provincia...” (Llano, 1995: antioquia).
26 de marzo. Venezuela. Temblor que destruye la ciudad de Caracas.
“A 26, jueves santo, tembló la tierra a las dos y media de la tarde, y fue cuando en Mérida murió el obispo y muchísima gente que quedaron bajo las ruinas, y lo mismo sucedió en Caracas y en toda la provincia de Venezuela.” (Caballero, 1974: diario5).
Sobre el terremoto escribe Restrepo:
“Por este tiempo sobrevino un acontecimiento funesto a la revolución de la Nueva Granada y a la del país en que sucedió. Tal fue el terremoto del 26 de marzo que causara tantas ruinas y estragos en Venezuela. Este horrible sacudimiento de la tierra se sintió en el norte de la Nueva Granada, aunque sin producir daño alguno. Cuando los gobiernos y habitantes de sus provincias supieron las desgracias de sus hermanos de Venezuela, se apresuraron a abrir suscripciones para remitir algunos socorros a los infelices que habían perdido sus fortunas con el terremoto. Otros males aún mayores estaban próximos a agravar el peso enorme de sus desgracias.” (Restrepo, 1974: 216=).
Ibáñez, citando a Caballero hacer referencia al temblor y agrega algunos datos:
“Ese temblor, el cual arrebató innúmeras vidas, se sintió fuertemente en Cúcuta, Pamplona, Tunja y Santafé y en otras poblaciones menos importantes del Nuevo Reino, y el suceso favoreció, como es sabido, la causa realista en Venezuela.” (Ibáñez, 1891: cap40).
Según Llano Isaza, el terremoto de Caracas dejó más de 10.000 muertos. (Llano, 1995: noticias).
1. Cuando Restrepo habla de “igual pretexto”, se refiere a la misión que anteriormente había sido encomendada a Joaquín Ricaurte.
2. Nota al pie en el texto original: “Francisco de Paula Santander nació en la Villa del Rosario de Cúcuta el 24 de abril de 1792; fueron sus padres don Juan Agustin Santander y doña Manuela Omaña, ambos americanos, oriundos de buenas familias en el país. Estudió en el Colegio de San Bartolomé, en Santafé de Bogotá, y en 1809 obtuvo los grados universitarios en jurisprudencia, manifestando siempre talentos distinguidos. En 1810 entró al servicio militar en clase de Subteniente de patriotas, y en una comisión que desempeñó en la Provincia de Mariquita a las órdenes de don Manuel del Castillo, comenzó a estudiar el arte militar; fue después Secretario de la Inspección Militar de Santafé, y el mismo destino de Secretario llevaba en la expedición de Baraya. En el curso de esta Historia se verán los demás ascensos que tuvo y los destinos que desempeñó en la República.” (Restrepo, 1974: 402-403).
3. Nota al pie en el texto original: “Estos son los varones vecinos libres, padres ó cabezas de familia, que viven de sus rentas ú ocupación, sin pedir limosna ni depender de otro. Se excluye á los que tienen causa criminal pendiente, ó han sido condenados á pena corporal aflictiva ó infamatoria, y á los sordo-mudos, locos, mentecatos y deudores fallidos, etc. (Artículo 7, Sección 2ª, Título III).” (Samper, 1888: 90).
Abril de 1812
3 de abril. Neiva. Esa ciudad reitera su adhesión a Cundinamarca. (Llano, 1995: neiva).
“…basto que el presidente Nariño, en la época que nos ocupa, se enfrentara resueltamente a la oligarquía criolla, para que comenzara a producirse la disolución, en masa, de las antiguas provincias coloniales. Villas, ciudades y regiones enteras se segregaron de ellas, no para proclamar su independencia y soberanía, como ocurrió en 1811, sino para anexarse libremente a la jurisdicción política de la Capital. El que Cundinamarca, gobernada por Nariño, se convirtiera en el centro de atracción de todos los pueblos que luchaban para libertarse del yugo de la tribu del os notables granadinos, era un síntoma inequívoco de todo lo que significaba el gran movimiento nacionalista y democrático que él acaudillaba. “Nada – escribía Nariño – acerca tanto al hombre a la divinidad como la acción de mejorar a sus semejantes, de romper sus cadenas, e enjugar sus lágrimas y hacer su felicidad”.
El proceso de disolución del régimen provincial heredado de la colonia adquirió una celeridad inusitada en estos días y a Santafé comenzaron a llegar informaciones y Actas en las que constaba la voluntad, manifestada por numerosos pueblos y regiones, de incorporarse a la jurisdicción de la capital histórica de la Nueva Granada. Así lo hizo la importante provincia de Mariquita en momentos en que Purificación, Ambalema, Garzón, Gigante y Timaná se separaban de sus matrices para anexarse a Cundinamarca, y la provincia de Neiva, gravemente afectada por tales segregaciones, se convertía en el epicentro de acontecimientos revolucionarios, que determinaron su final anexión a Santafé.” (Liévano, 1987: 724-725).
12 de abril. Santafé. Con el número 38, se publica el último número del periódico semanal La Bagatela.
13 de abril. Ibagué. El Congreso del reino rechaza las anexiones que hicieron a Cundinamarca: Garzón, Purificación, Villa de Leiva y Sogamoso. (Llano, 1995: mariquita).
16 de abril. Santafé. Llega a la ciudad la noticia del temblor que había sucedido en Venezuela hace casi un mes.
“A 16 vino la funesta noticia del temblor que se sintió aquí el jueves santo, de haber hecho en Mérida un estrago, que cayó cuasi toda la ciudad, pereció el obispo con más de 1.800 personas, y de haberse incendiado algunas casas. Se llenó la ciudad de bastante sentimiento y se dobló por el obispo.” (Caballero, 1974: diario5).
17 de abril. Última reunión del Colegio Electoral Revisor. Cundinamarca aprueba una nueva constitución, se suprime la monarquía y se declara la república bajo el sistema representativo.
“La Constitución de 1811, que ya estudiamos, fue reemplazada por la que expidió el Colegio Electoral de Cundinamarca el 17 de abril de 1812. Este Cuerpo, como ya dijimos, se había instalado el 23 de diciembre anterior, y había elegido Presidente a don Pedro Groot; Vicepresidente, al fraile agustino Diego Padilla, y Secretarios, a don Joaquín Vargas Vesga y a don José Agustín Baraona. El proyecto de nueva Constitución lo redactaron el Presidente Groot, don Luis Eduardo de Azuola y don Miguel de Tobar.
El nuevo Código Político dio el nombre de República de Cundinamarca al territorio en donde iba a regir, v prescindió en absoluto de España y de los pretendidos derechos de Fernando VII; no hizo alusión alguna a las formas monárquicas, y proclamó la soberanía del pueblo. En el preámbulo llamó al país Estado de Cundinamarca.
Escudo de Cundinamarca
”

(Ibáñez, 1891: cap40).
Sobre la nueva constitución de Cundinamarca escribe José María Samper haciendo un detallado análisis de las disposiciones de la Carta Magna:
“Así cuando se sintió la imperiosa necesidad de reformar la Constitución del 30 de Marzo, que acababa de ser expedida únicamente por Diputados de la antigua Provincia de Cundinamarca, se tuvo particular cuidado de invitar á nueva elección de Diputados (miembros del Colegio Electoral) á las Provincias aledañas, para discutir y adoptar con ellas la revisión y formar ó reconstituír una Provincia mucho más considerable. Por eso, al reunirse el Colegio Electoral Revisor, el 29 de septiembre de 1811, dedicando sus sesiones á los trabajos de reforma desde el 23 de diciembre del mismo año hasta el 17 de Abril del subsiguiente, los cincuenta y siete Electores que lo compusieron, con el carácter de revisores ó constituyentes, representaron las ciudades y los cantones ó partidos de cuatro Provincias contiguas, en esta proporción:
Catorce á la del Socorro;
Diez á la de Vélez;
Veinticuatro á la de Cundinamarca; y
Nueve á la de Mariquita.
Faltaban así las provincias de Tunja, Pamplona y Neiva para completar el grupo central del Nuevo Reino de Granada, ó del “Reino”, que simplemente llamaban el antiguo Virreinato; pero las de Tunja y Pamplona se hallaban constituídas en Provincias independientes, bien que dispuestas á ser parte de la Confederación de las “Provincias Unidas de la Nueva Granada”; y la de Neiva, aunque no se había organizado definitivamente, amenazada como se sentía por los realistas de Popayán, mantenía su Gobierno propio, y no se mostraba dispuesta á perder su autonomía confundiéndose bajo el nombre común de Cundinamarca. Al cabo consintieron los Pueblos en su anexión á Cundinamarca, en el mismo año de 18124.
Al considerar la Constitución cundinamarquesa de 1812, saltan á los ojos numerosísimas imitaciones, así de espíritu y forma como de lenguaje, tomadas de la Constitución que acababa de expedir la Provincia de Tunja. Muchas de las disposiciones de ésta fueron literalmente copiadas en aquélla, y en todo el texto de la reforma se advierte una tendencia mucho más liberal y democrática, y una patente resolución de romper por completo con la tradición monárquica conservada en la primera Constitución. El nuevo Código Político, distribuído en un preámbulo, una sección de disposiciones de Derecho público interno y doce títulos, contenía trescientos cincuenta y ocho artículos, generalmente breves y concisos; y había notables diferencias en el plan adoptado. Resaltan en él las siguientes ideas capitales:
Se da el nombre común de Cundinamarca á las cuatro Provincias antiguas que se han sujetado á una sola organización, y la gran Provincia es denominada, en el título de la obra, República de Cundinamarca, y en el preámbulo y texto, Estado;
Se prescinde por completo de Espala y de Fernando VII y sus derechos, así como de toda alusión á la forma monárquica, y únicamente se proclama la soberanía del Pueblo;
Se comienza el texto del Código por la determinación de los Derechos del Hombre y sus deberes, y Deberes del ciudadano; y
Se dedica grande atención á la organización de los Poderes públicos, á establecer el modo de reprimir los abusos de todos los Poderes, y á caracterizar la institución de la Fuerza armada; todo sin perjuicio de precisas disposiciones sobre la Religión, el Tesoro, la Instrucción pública y las elecciones.
…
Como se ve, toda esta enumeración está más ó menos copiada de la Declaración de los Derechos del Hombre que hizo la Asamblea Constituyente de Francia en 1789. Sus defectos de redacción mismos, el absolutismo de algunas libertades (como la contenida en el artículo 20), sobrado peligroso, y la confusión que se hace de varios derechos de muy distinta naturaleza, ponen de manifiesto el candor doctrinario con que los revolucionarios ó Próceres de 1812 aceptaron las ideas proclamadas en los Estados Unidos y en Francia, por unos legisladores mucho más avanzados en el conocimiento del Derecho público y de las nuevas teorías. Muy probable es que Nariño, restituído al país en 1811, y á quien pertenecía la paternidad adoptiva de los “Derechos del Hombre”, hubiese ejercido poderosa influencia para hacerlos admitir en la nueva Constitución.
…
En cuanto á las demás disposiciones de la reforma de 1812, las más notables se resumen en las siguientes reglas:
La Religión Católica, Apostólica, Romana es proclamada, no solamente como religión del Estado, sino como la única verdadera, “fuera de lo cual no hay esperanza de salud eterna”; se “reconoce al Sumo Pontífice por Vicario de Jesucristo y Suprema Cabeza visible de la Iglesia universal”, y no se permite en el Estado otro culto público ni privado5.
Se declara que el Estado de Cundinamarca es una República de gobierno popular, representativo; que la República es representada por tres distintos Poderes, á saber: Legislativo, ejecutivo y Judicial, y que “estos Poderes se ejercitarán con independencia unos de otros”. Asimismo, que la reunión de los tres Poderes en una misma persona ó corporación es tiránica y opuesta á la libertad de los Pueblos.
Se garantiza á todos los ciudadanos “los derechos de la Religión, propiedad y libertad individual, y la libertad de imprenta con justas restricciones, la seguridad en la correspondencia epistolar, y la perfecta libertad en la agricultura, industria y comercio, salvo el derecho fundado en privilegios por inventos útiles y obras de ingenio.
Se ratifica la aceptación del Pacto federal de las Provincias que antes componían el Virreinato de Santafé, y la formación de un Congreso federal en que estén representadas todas las “Provincias Unidas de la Nueva Granada” que se adhieran al Pacto.
Se previene que en ningún caso pueda ser suspendido por ninguna autoridad el imperio de la Constitución.
La suma de los Poderes públicos toma el nombre de Representación nacional, y el Presidente del Estado lo es también de esa Representación. Entre las funciones de la Representación unida, la más importante consiste en presentar al Colegio electoral las observaciones que los tres Poderes hicieran sobre la Constitución, para que ésta pueda ser revisada; á cuyo efecto, dicho Colegio tendrá siempre el carácter de Revisor. De esta suerte, el más alto Cuerpo electoral es, en todo caso, Cuerpo Constituyente ó Revisor de la Constitución, así como la Representación nacional unida, puede ser Cuerpo consultor, cuando para ello la convoque el Poder Ejecutivo.
La Representación nacional unida y el Colegio Electoral, tienen título de Alteza Serenísima; cada uno de los Poderes, el de Excelencia; cada funcionario, el de Señor, por cortesía, y familiarmente el de merced (Vuestra merced, Su merced, etc.).
El cuerpo Legislativo es permanente, pero no tendrá sino sesenta días de sesiones, en Mayo y Junio de cada año. Sus miembros duran dos años, renovables por mirad cada año, y pueden ser libremente reelegidos sólo para un período subsiguiente.
El Poder Legislativo se compone de dos Cámaras, una de Representantes (uno por cada veinte mil habitantes, á reserva de que el Colegio Electoral modifique la base), y otra de Senadores, que no serán menos de la cuarta parte, ni más de la tercera, del número de representantes.
Tienen iniciativa en las leyes los miembros de las Cámaras y el Poder ejecutivo, pero para que se considere cualquier proyecto en sus tres debates, es necesario que previamente permita su discusión la Cámara respectiva.
El Poder ejecutivo se compone de un Presidente del Estado y dos Consejeros, servidos por Secretarios del Estado.
El Poder Judicial, á más de los Jueces de primera instancia, y los Cabildos, Jueces pedáneos y otros inferiores, es ejercido por cinco Tribunales, cada uno con atribuciones propias, á saber: una Sala de apelaciones, una de Reposición (especie de Corte Suprema ó de Casación), otra de Protección (compuesta de las dos anteriores, para ciertos recursos, exámenes de abogados y curiales y otros asuntos), el Consejo de guerra (para lo militar), y la Comisión de residencia.
Esta Comisión es una institución curiosa. Se compone de cinco miembros, nombrados por el Colegio Electoral, y tiene por objeto residenciar á todos los funcionarios públicos (inclusive los Senadores y Representantes, cuando las Cámaras han sido totalmente renovadas), al finalizar cada uno en el ejercicio de sus funciones. Así, nadie es llamado á cuentas antes de concluír su servicio, pero al concluírlo, ni los legisladores escapan del juicio de residencia: todos han de responder de sus actos y someterlos á examen, y todos son acusables.
Por lo demás, el Senado, á más de ser parte del cuerpo Legislativo, tiene algunas funciones especiales de cuerpo conservador. Es de notar que los miembros de las Cámaras no tienen suplentes. Cuando, durante el período legislativo, llega á faltar un Representante, toca al Senado nombrar un ciudadano para que llene la vacante; y esta misma atribución ejerce la Cámara de Representantes, cuando la vacante se produce en el Senado. Curiosa reciprocidad!
El Título VIII, que trata de la Fuerza pública, es muy notable. Conforma á sus disposiciones, la Fuerza pública (Ejército permanente y Milicia) son de composición esencialmente democrática. No puede haber enganchamientos forzosos, sino que todos los ciudadanos tienen obligación de inscribirse en la lista militar, desde la edad de quince años, y están sujetos á sorteo, suministrando cada población el contingente que proporcionalmente le corresponda. Todo individuo ha de servir diez años en tiempo de paz y seis en el de guerra; y cuando peligra la Patria, “todo hombre, sin distinción de clase, estado ó condición”, que sea capaz de llevar las armas, “esta obligado, no sólo a militar, sino á vestirse, armarse y mantenerse á su costa, y el Estado cuidará de socorrer á aquellos que indispensablemente necesiten de auxilios.”
Por lo tocante al Tesoro público, todos deben contribuír á formarlo. Así, “todo ciudadano tiene obligación de contribuír para el Culto Divino y subsistencia de los Ministros del Santuario, para los gastos del Estado, defensa y seguridad de la Patria, decoro y permanencia de su Gobierno, administración de justicia y Representación nacional.”
Sólo al Cuerpo legislativo incumbe establecer y regular los impuestos y contribuciones, “trabajando principalmente en concitar la riqueza del Estado con el mayor alivio de los Pueblos.”
Todos los años debe publicarse y circularse un Estado ó cuenta, claro y sencillo, del Tesoro, así en sus entradas como en sus gastos.
Se presta grande atención á los diversos ramos de la instrucción pública, y en cuanto á la primaria se dice: “Los objetos de la enseñanza de estas escuelas serán: Leer, escribir, dibujar, los primeros elementos de la Geometría, y antes que todo, la Doctrina cristiana, y las obligaciones y derechos del ciudadano conforme á la Constitución.”
Por lo que respecta á las elecciones, el sistema es complicado y tiene su complemento en la unidad electoral absoluta, mediante el escrutinio de lista. En cada distrito, ó municipio ó pueblo los vecinos padres de familia ó mayores de veintiún años, que no tienen ciertas tachas y “viven de su renta y trabajo”, se reúnen en asamblea (especie de corporación) y eligen Apoderados, á razón de uno por cada quinientas almas, ó cuando menos uno. Esta es la elección primaria. La secundaria es hecha por los Apoderados de los pueblos, reunidos en la cabecera del respectivo Partido (lo que más tarde se ha llamado Cantón, Círculo ó Circuito), y á éstos corresponde elegir Electores. Por último, los Electores se reúnen en la capital del Estado, formando el Colegio Electoral, y á éste incumbe elegir los Representantes, los Senadores, el Presidente del Estado y sus Consejeros, los Ministros del Poder Judicial, los miembros del Tribunal supremo de Guerra, los del Tribunal de Residencia y los Representantes del Estado que han de concurrir al Congreso federal. En caso necesario, lo primero que hace el Colegio Electoral es revisar la Constitución.
Como se ve, hay completa confusión del poder electoral y el constituyente ó revisor de la Constitución; las elecciones son de tres grados; todas emanan de una sola fuente; las minorías jamás pueden estar representadas en el Gobierno y demás cuerpos que componen la Representación nacional, puesto que toda ésta tiene su origen en la mayoría absoluta de un solo cuerpo de electores.
Por último, el Título XII, que contiene “Disposiciones generales”, confirma y garantiza varios derechos antes consagrados, y limita la libertad de industria con este sabio artículo: “La ley supervigilará particularmente aquellas profesiones que interesan á las costumbres públicas, á la seguridad y sanidad de los ciudadanos.”
Tal fue, en substancia, la obra de reforma constitucional de 1812. Su importancia era notabilísima, así porque Cundinamarca comprendía la parte más poblada del interior y centro del antiguo Virreinato de Santafé, con una vastísima extensión, como porque en estas Provincias (sin contar las ciudades de Cartagena, Popayán, Medellín y Tunja) se hallaba difundida la mayor suma de ilustración y se encontraban los hombres más eminentes, autores de la Revolución, en cuyo espíritu se condensaba, por decirlo así, el pensamiento fundamental de crear una patria independiente, regida por las instituciones propias de un Pueblo libre.” (Samper, 1888: 75-84).
España. Mientras en Cundinamarca comenzaba la guerra civil, España tomaba decisiones para encarar drásticamente la rebelión americana.
“Las Cortes, suspendieron al Consejo de Indias en sus funciones; Se pretendía encarar la rebelión americana de una manera diferente que le permitiera a España conservar sus colonias.” (Llano, 1995: noticias2).
22 de abril. Santafé. De manera simbólica se celebran honras fúnebres al obispo de Caracas muerto en el terremoto del 26 de marzo.
“A 22 fueron las honras del obispo en la catedral, y estuvo famosa la tumba.” (Caballero, 1974: diario5).
23 de abril. Santafé. “A 23, por la noche, tembló otra vez la tierra, pero no hizo daño.” (Caballero, 1974: diario5).
25 de abril. Sogamoso. Baraya llega a esa ciudad y se establece con su ejército, aún no se conocían sus intenciones federalistas, supuestamente iba de paso para ayudar a las provincias del norte. (Llano, 1995: tunja).
25-27 de abril. Popayán. Combates en el Patía, después de varias derrotas y gracias al norteamericano Alejandro Macaulay, salen vencedores los patriotas.
“En Popayán mandaba con el título de vicepresidente de la junta don Felipe Antonio Mazuera, honrado agricultor de Cartago, que por sí mismo podía hacer muy poco, y en la mayor parte de los negocios necesitaba la dirección del doctor Francisco Antonio Ulloa, abogado joven y de talentos brillantes, pero sin experiencia en la ciencia difícil del gobierno. Mazuera recibía partes diarios de los rápidos progresos que hacía la insurrección, y se veía en la situación más crítica. Una parte de las fuerzas de la provincia se hallaba en el distrito capitular de Pasto y otra en la costa del Pacífico, de donde era imposible que regresaran tan pronto como lo exigía la necesidad. Sólo contaba con trescientos hombres para defender la capital de la provincia, plagada con desafectos. Mandaba esta fuerza don José María Cabal, que había profesado la química en París, y que seguía entonces la carrera de las armas en defensa de la libertad de su paria.
Los patianos viéndose más fuertes, de ningún modo perdieron tiempo: inmediatamente se presentaron delante de Popayán con mil quinientos hombres bajo el mando en jefe de don Antonio Tenorio, regidor alférez real del cabildo de Popayán, el que por ese título se apellidaba gobernador de la provincia a nombre de Fernando VII. A sus órdenes militaban Juan José Caicedo, Joaquín de Paz, Casimiro Casanova, Vicente Parra y Silvestre López, hombres de baja extracción, y el español europeo don Manuel Serralde. Acampáronse el 25 e abril en las colinas del Ejido al sur de la ciudad, que fue atacada en la tarde del siguiente día. Los facciosos avanzaron en pelotón y fueron rechazados con alguna pérdida, causada por la artillería y fusilería de los patriotas. Allí murió el español Serralde. Sin embargo, los patianos consiguieron cortar la retirada a los independientes, apoderándose de los puntos de Chune y del puente del Cauca; y por la noche incendiaron también algunas casas de la ciudad.
Una casualidad feliz contribuyó a salvar al gobierno y a todos los habitantes de Popayán adictos al sistema republicano de ser degollados por los patianos. Alejandro Macaulay6., joven aventurero de los Estados Unidos, acababa de llegar a dicha ciudad: éste observó los movimientos de los facciosos, el poco orden que guardaban y que la mayor parte sólo estaban armados con lanzas. Propuso pues a Cabal y a los miembros del gobierno, que sorprendieran a los enemigos a las cinco de la mañana del día siguiente. Adoptando el proyecto y reunidos por la noche cerca de cuatrocientos hombres, se dio a Macaulay la dirección del combate (abril 27). Los patianos, que no esperaban ser atacados, fueron efectivamente sorprendidos en su campo del Ejido, y en pocos minutos se dispersó aquella banda de asesinos. A las siete de la mañana volvieron los patriotas a la ciudad, y marcharon contra el resto de los enemigos que había ocupado el puente del Cauca, donde tuvieron igual suerte. Algunos destacamentos persiguieron a los fugitivos hasta cerca d ela parroquia del Tambo, perdiendo los patianos treinta muerto y noventa y seis prisioneros.
A fin de perseguir a los facciosos con mayor fuerza, la junta de Popayán hizo preparar y marchar seiscientos hombres; sus jefes debían castigar de muerte a los facciosos de Patía que se aprehendieran y se justificara haber sido partidarios de la insurrección, y teniendo parte en los asesinatos cometidos. Entre éstos cayó el cura interino de Mercaderes don José María Morcillo. Luego que la junta tuvo noticia de su prisión, le maadó pasar por las armas dentro de veinticuatro horas, pues el secretario Ulloa dijo, que en el archivo del gobierno existían los documentos bastantes para condenarle a muerte. Aún no se decidió Cabal a ejecutar la sentencia sin que precediera el desafuero según los cánones, y consultó de nuevo a la junta. La contestación fue, que ésta había visto con desagrado la suspensión de la sentencia, que el clérigo Morcillo fuera pasado por las armas dentro ve veinticuatro horas.
Esta ejecución arbitraria e imprudente, que antes se había atribuído equivocadamente a Cabal y a sus oficiales, causó un grande escándalo en la Nueva Granada, al saberse que un clérigo había sido fusilado según estilo militar, lo que hizo muco daño al nuevo gobierno de Popayán. Además fue causa de que se detuviera Cabal diez días en el Tambo, demora funesta a las armas republicanas, según veremos después.” (Restrepo, 1974: 207-209).
Sobre el combate dice Llano Isaza:
“El norteamericano Alejandro Macaulay comandando las tropas patriotas, derrotó a los realistas, comandados por Antonio Tenorio, en la batalla de la Ladera en los ejidos de Popayán y, horas más tarde, los volvió a derrotar en la batalla del Puente del Cauca.” (Llano, 1995: popayan).
4. Nota al pie en el texto original: “Desde el 2 de Abril de 1811 se había celebrado en Santafé un Tratado, compuesto de catorce cláusulas, entre el Presidente de Cundinamarca, Don Jorge Tadeo Lozano, y el Diputado de la Provincia de Mariquita, Don José León Armero; pacto en que se estipuló la incorporación de esta Provincia en el Estado cundinamarqués, y que fue ratificado por los Pueblos.
Según el plan de federación que el Gobierno de Cundinamarca proponía á las demás Provincias, todo el territorio de la Nueva Granada, del Ecuador ó Quito y de Venezuela, debía quedar dividido en cinco Estados ó Departamentos, á saber:
Quito (con todo lo que hoy compone el Ecuador).
Popayán (el Cauca actual y parte de Antioquia).
Cundinamarca (con los actuales Departamentos de Cundinamarca, Boyacá, Santander y Tolima).
Calamar (compuesto de los actuales Departamentos de Bolívar, Panamá, el Magdalena y parte de Antioquia y Zulia).
Caracas (con casi todo Venezuela).” (Samper, 1888: 75-76).
5. Nota la pie en el texto original: “Como se vé, nuestros Próceres hicieron de la Religión Católica, fervorosamente mantenida, y las ideas revolucionarias y de independencia más avanzadas, dos cosas inseparables.” (Samper, 1888: 80).
6. Nota al pie en el texto original: “Alejandro Maculay era natural de York, en Virginia, y deseoso de adquirir gloria en las nuevas Repúblicas de la América del Sur, había venido el año anterior a Venezuela. De allí pasó a la Nueva Granada; estuvo en Pamplona, Tunja y Cundinamarca, de donde le mandó salir el Presidente Nariño creyéndole espía. Siguió entonces para el Sur, con el designio de ir a Quito y ofrecer sus servicios en la carrera militar a la Junta de esta ciudad. Fue uno de los muy pocos americanos del Norte que combatieron por la noble causa de sus hermanos de la América del Sur; en lo general, sólo han contribuído a su buen éxito manifestando una estéril simpatía.” (Restrepo, 1974: 401).
Mayo de 1812
En este mes, José Miguel Pey quien había dirigido un grupo de las tropas que llegaron a El Socorro enviadas por Cundinamarca, comenzó a presidir la junta socorrana con principios centralistas. (Llano, 1995: socorro).
2 de mayo. Cartagena. “En el combate de "La Pedraza" los realistas de Jorge Moreno derrotaron a los patriotas de José María Moledo.” (Llano, 1995: cartagena).
3 de mayo. Antioquia. “Entró en vigencia la nueva constitución del Estado.” (Llano, 1995: antioquia).
10 de mayo. Santafé. Votaciones en Santafé para elegir votantes para los representantes ante el Congreso.
“A 10 fue la votación para elegir apoderados, para que éstos eligiesen electores de congreso y acta de federación,…” (Caballero, 1974: diario5).
Santafé. El mismo día sale tropa para Popayán al mando de Antonio Villavicencio. (Llano, 1995: santafe1).
12 de mayo. Antioquia. Alianzas entre las provincias para la guerra.
“Se ofrecieron las tropas del Estado al Congreso de Ibagué para la reconquista del río Magdalena en su parte media.” (Llano, 1995: antioquia).
13 de mayo. Pasto. Llega Joaquín Caicedo, viene de Quito, después de haber sido infructuosa su tarea de recuperar el dinero que Tacón había robado, regresa al enterarse de una posible revuelta en la provincia.
“El día que el presidente Caicedo recibió estos avisos desagradables7, aún no había conseguido arreglar los negocios que le encomendara la junta. Era el principal la reclamación de las cuatrocientas trece libras de oro correspondientes a la casa de moneda de Popayán. El congreso quiteño convocó para decidir esta cuestión, una especie de asamblea de notables, compuesta de las principales autoridades de Quito, así como de padres de familia. Caicedo era elocuente y pronunció un discurso que fue admirado por todos los oyentes, manifestando la justicia con que la junta de Popayán reclamaba aquellos intereses, y que además la política exigía que los nuevos gobiernos procedieran de acuerdo para que su unión los salvara de caer otra vez bajo el yugo español. Mas de nada aprovechó la hermosa peroración de Caicedo. La asamblea determinó que no devolviera aquel oro, declarando ser buena presa los cien mil pesos de su valor, y los perdió la provincia de Popayán.
…
Tales eran los negocios que llamaban la atención del presidente Caicedo en Quito. El prolongó su residencia en esta ciudad para continuar sus reclamaciones sobre los intereses de la provincia de Popayán. Empero nada pudo conseguir hasta el fin de abril. Entonces recibió noticias harto desagradables de Patía, que se hallaba en completa insurrección, y supo que había fuertes indicios de que se m editaba una revolución en Pasto. Alarmado con estas nuevas, se puso inmediatamente en camino, y llegó a Pasto el 13 de mayo.
Una de las primeras providencias que dictara Caicedo en Pasto, fue la demanda que se replegaran ala ciudad las tropas con que el comandante Angel María Varela defendía los pasos del Juanambú contra los patianos.” (Restrepo, 1974: 209-211).
Mediados de mayo. Ibagué. El congreso general decide salir de Santafé y se instala en Ibagué, en la provincia de Mariquita.
“En medio de tamañas dificultades como rodeaban a varios gobiernos de las provincias y del estado crítico en que se iban poniendo los negocios, sobre todo en Popayán y Cartagena, era cada día más remota la esperanza de que se reinstalara un congreso general. Los diputados de las provincias que habían reunido y acordado el acta de federación, cansados de sufrir disgustos en Santafé, que provenían de los centralistas partidarios de Nariño, acordaron trasladarse ala pequeña ciudad de Ibagué en la provincia de Mariquita. Lo verificaron en efecto, sin adelantar otra cosa que indisponer más contra el congreso a los habitantes de la capital. Allí vivieron en la inacción y fuera del centro de los negocios, ocupados solamente en dirigir oficios a los gobiernos provinciales. En caso de salir de Santafé, como lo exigían las circunstancias, hubiera sido mejor dirigirse a la provincia de Tunja.
La principal oposición contra el congreso nacía del presidente Nariño y de La Bagatela que continuaba haciendo la guerra a las provincias y a la federación. Nariño quería que se estableciera un gobierno central en Santafé y ninguna consideración le apartaba de semejante sistema8.
Decía que en el caso de entrar Cundinamarca en la federación, tendría que ceder la casa de moneda, la renta de correos y otros ramos de hacienda, son los cuales era imposible que sostuviera su rango de provincia independiente. De aquí infería ser preciso adoptar uno de los dos partidos o mantenerse aislada en el centro de las demás provincias confederadas, o perder su soberanía, y que el congreso ejerciera la autoridad en todos los ramos de la administración pública. Tales extremos que fueron propuestos por Nariño como únicos e inevitables, eran falsos, pues había el medio de disminuír los gastos del gobierno provincial de Cundinamarca, y no sostener un tren de empleados iguales a los que existía en Santafé cuando era capital del virreinato.
Nariño también decía que entraría en la confederación luego que hubiese reunido la provincia legal de Santafé, que se extendía a los corregimientos de Tunja, Socorro, Pamplona, Mariquita y Neiva. Para realizar este proyecto favorito, que halagaba tanto su ambición y la de los habitantes de la capital, comenzó a obrar activamente sobre las tres primeras y en la última provincia, a fin de que se unieran a la de Cundinamarca disolviendo sus gobiernos provinciales.” (Restrepo, 1974: 213-214).
Sobre el traslado del Congreso a Ibagué, Liévano Aguirre expone su punto de vista:
“La velocidad del proceso9, inicialmente localizado en las márgenes occidentales del magdalena, causó explicable alarma a don Camilo Torres y le convenció de que su progreso desbastaría, en corto lapso, la estructura de las provincias que él aspiraba a convertir en los núcleos decisivos de su Federación y daría, al radio de influencia del gobierno de Nariño, las dimensiones suficientes para actuar como eje expansivo de una restauración centralista y democrática de la unidad nacional. Así se comprende el afán que demostró para convencer, a los escasos miembros del famoso Congreso del Canapé, de que trasladaran la sede del mismo a Ibagué, a fin de contrarrestar la veloz descomposición de las provincias occidentales de la Nueva Granada. La maniobra se disimuló, naturalmente, alegando que la villa de Ibagué permitía a los legisladores atender “con mayor prontitud a la defensa de las costas”, y hasta se afirmó que el Congreso había decidido cambiar de sede porque en la Capital no disponía de garantías ni el Presidente Nariño le había entregado los fondos y los ejércitos que el Acta Federal declaró ser propiedad de la Unión.” (Liévano, 1987: 725).
15 de mayo. Santafé. Nariño nombra como Ministro del Tesoro Público a José María Carbonell. (Llano, 1995: santafe1).
18 de mayo. Santafé. Se firma un tratado entre Frutos Joaquín Gutiérrez y José María del Castillo como representantes del Congreso y opositores a Nariño; y el mismo Nariño y sus consejeros Benito de Castro y José Diago. Con el tratado, Nariño aceptaba la instalación del Congreso, asegurando armas y municiones para la defensa común, mientras a Cundinamarca se le reconocían las anexiones de: Neiva, Socorro, Mariquita y algunos pueblos de Tunja.
“…los diputados de Antioquia, Cartagena, Neiva, Pamplona y Tunja, residentes en Ibagué, hicieron a Nariño reclamaciones muy vigorosas contra la unión a Cundinamarca de los pueblos de otras provincias, y acerca de las expediciones enviadas de intento a desorganizarlas, pero aquél, inalterable en sus designios, publicaba los oficios en su gaceta ministerial, a pesar de que le hablaban duramente y pintaban su conducta como tiránica. Esto, sin embargo, produjo en Santafé una gran fermentación, de modo que Nariño, temiendo un trastorno, pidió y obtuvo del senado que se suspendieran varios artículos de la constitución acordada poco antes por el último colegio electoral, el mismo que le había nombrado presidente en propiedad por el término de tres años. Reunió también una junta de personas notables de la ciudad, para pedirles consejo sobre los medios que juzgaran más propios para calmar los acalorados partidos que existían en la capital. El resultado fue aconsejarle, que tratara con la diputación de las provincias a fin de allanar las dificultades que había para la instalación del congreso.
Nariño abrió la negociación proponiendo las condiciones. En consecuencia los diputados residentes en Ibagué comisionaron a los doctores Frutos Gutiérrez y José María del Castillo y Rada, segundos representantes de Pamplona y Tunja, a fin de que la continuaran (mayo 18). Estos ajustaron con el presidente Nariño un tratado compuesto de siete artículos, en que se estipulaba la inmediata instalación del congreso en los términos propuestos por Nariño. Convínose en que Cundinamarca suministraría armas y municiones para la defensa común; que la cuestión sobre productos de la casa de moneda quedaría suspensa y que se reconocería a la provincia de Cundinamarca con todas las agregaciones que tenía hasta entonces; pero que no admitiría la incorporación de otros pueblos. Con estas limitaciones el colegio de representantes de Cundinamarca, que se hallaba congregado, ratificó el acta de federación el 27 de noviembre último.
Cuando la diputación de las provincias recibió en Ibagué el convenio de 18 de mayo, sabía ya que el gobierno de Tunja se armaba contra Nariño, y que el motivo principal eran las agregaciones de Leiva, Sogamoso, Chiquinquirá y Muzo. En tal situación de los negocios ratificó el tratado, modificando el artículo 7º. Dijo pues, que aprobaba las agregaciones e los expresados pueblos de Tunja, siempre que el gobierno de esta provincia consintiera en ellas. Mas el presidente Nariño no convino en tal modificación, que juzgó contraria a lo acordado por el colegio de representantes de los pueblos.” (Restrepo, 1974: 216-217).
Sobre el tratado del 18 de mayo escribe José María Samper.
“No privaban en Cundinamarca las ideas federalistas, y aun cuando éstas hubiesen predominado, tal vez la Constitución no permitía al Gobierno cundinamarqués suscribir el Pacto federal. Esta circunstancia y el espíritu centralista del partido que dominaba en Santafé de Bogotá, habían impedido que el Gobierno cundinamarqués tomase parte en el pacto federativo. Pero de no entrar en la Unión de las Provincias, la cundinamarquesa corría el riesgo de aislarse en medio de todas las demás, de anular su influencia en el movimiento revolucionario, y de ser en breve objeto de recelos y desconfianzas que podían arrastrar á los Pueblos y Gobiernos circunvecinos hasta la guerra civil. Así el Gobierno cundinamarqués, no obstante su aspiración centralista, hubo de someterse á la necesidad, nombrando su representante al Congreso nacional, y para ello comenzó por convocar un nuevo Cuerpo constituyente que reformara la Constitución.
Á estas medidas había precedido un Tratado, celebrado en Santafé el 18 de Mayo de 1812, entre los Comisionados del Gobierno de Nariño y los miembros del Congreso federal, que se habían detenido en la ciudad de Ibagué; Tratado por el cual Cundinamarca ingresaba en la Unión y se sometía al Pacto, bajo la condición de que le fuesen reconocidas su autonomía y ciertas anexiones territoriales. Consistían éstas, en agregaciones al Estado de Cundinamarca, proclamadas por los Pueblos de las Provincias de Mariquita y Neiva, de casi toda la del Socorro, del Territorio de Vélez, del de San Martín, y de algunos territorios de la Provincia de Tunja, tales como Chiquinquirá y Villa – de – Leiva; anexiones espontáneas, pero que eran rechazadas por el Congreso federal. Nariño aprobó el Tratado, y le dio cumplimiento, enviando desde luégo representantes de Cundinamarca al congreso, y tropas de la Provincia para el servicio nacional.” (Samper, 1888: 73-74).
Según Llano Isaza, las condiciones generales del tratado fueron:
- “Los diputados de Cundinamarca se unían al Congreso.
- El sitio escogido para el Congreso se segregaba de la autoridad del Estado a que pertenecía.
- Se suspendía la medida que entregaba al Congreso las casas de moneda.
- Se respetaban las anexiones que había hecho Cundinamarca.
- Cundinamarca no aceptaría nuevas anexiones.” (Llano, 1995: santafe1).
Santafé. Nariño es nombrado dictador10.
“Por estos tiempos se acentuaban las desavenencias entre Nariño y sus antiguos Tenientes Baraya y Ricaurte. El Congreso, por discordia con Nariño, se reunió en Ibagué, y de allí pasó a la Villa de Leiva. Mediaron entonces algunos patriotas, y el 18 de mayo se firmó un tratado por los señores Fruto Joaquín Gutiérrez y José María del Castillo, como mandatarios del Congreso, y por el mismo Nariño y sus Consejeros Manuel Benito de Castro y José Diago. En este tratado se reconoció a Cundinamarca con las anexiones de las Provincias de Mariquita, Neiva, Socorro y algunos pueblos de la Provincia de Tunja.
Este convenio no alcanzó a calmar los odios y rivalidades, que eran vivas y ardientes. Baraya y Ricaurte adoptaron con sus fuerzas al partido del Congreso. Al recibirse en Santafé esta noticia, renunció el Presidente; pero el Colegio Electoral, en vez de aceptar la renuncia, eligió a Nariño Dictador, en todo lo relativo a la defensa y seguridad de la capital. El Presidente Dictador pidió que se nombrara un Consejo que coadyuvara a su Gobierno, disipando así los temores de una dictadura fuerte; y autorizado para elegir el Cuerpo de Consejeros, designó a los patriotas Marqués de San Jorge, José Gregorio Gutiérrez Moreno, Domingo Caicedo, Primo Groot y Felipe de Vergara.” (Ibáñez, 1891: cap40).
El convenio no es aceptado por el gobernador de Tunja Juan Nepomuceno Niño quien impide a los delegados de Nariño su entrada a Tunja.
“El Gobernador de Tunja, Juan Nepomuceno Niño, improbó los tratados del 18 de mayo e impidió a comisionados de Nariño que llegaran a Tunja, agriando la discordia…” (Ibáñez, 1891: cap40).
Cartagena. “Batalla de "el Botón de Leyva", en que los realistas atacaron la población de El Botón cercana a Mompox; Los patriotas se retiraron al sitio de Margarita.” (Llano, 1995: cartagena).
20-22 de mayo. Pasto. Con un levantamiento de los habitantes de Pasto, encabezados por Tomás de Santa Cruz, la ciudad vuelve a estar bajo el poder de los realistas. Apresan al presidente de la Junta Joaquín de Caicedo y Cuero. (Llano, 1995: popayan).
“Al retirarse de la ciudad fue que los cabecillas Juan José Caicedo, Joaquín de Paz y otros concibieron el atrevido y bien concertado proyecto de marchar rápidamente sobre Pasto y ver si podían rendir las fuerzas que allí tenía la junta. En efecto, reuniendo en la parroquia del Tambo y en sus alrededores una columna de los fugitivos, marcharon aceleradamente a Pasto, llevando sólo ochenta y cinco fusiles, un obús y pocos pertrechos. A los siete días del arribo de don Joaquín Caicedo (mayo 20), aparecieron los patianos sobre las alturas de Aaranda, que hacia el norte dominaban la ciudad de Pasto. Eran solo como doscientos hombres, el obús carecía de cureña y casi no tenía pólvora. Por la noche salieron los capitanes Varela y Borrero a darles un ataque; mas no pudo realizarse porque la noche fue oscura y lluviosa en extremo. El día siguiente los patianos unidos con los pastusos aparecieron ya más fuertes; así fue que pudieron rodear la ciudad armados con los fusiles, la pólvora y municiones que sacaron los habitantes de Pasto de sus escondites, y aún del mismo convento de monjas que allí existe. Trabóse la pelea en las calles y de casi todas las casas se hacía fuego a los patriotas, de los que murieron algunos. Los patianos hicieron creer a los pastusos, y aún pretendieron persuadir a Caicedo, que venían victoriosos de Popayán, y que rendida esta ciudad no les quedaba otro recurso que entregarse prisioneros con toda su división.
Prolongábase el combate, que era desventajoso a las tropas de la junta, pues se veían compelidos a lidiar con una población enemiga, cuando se presentó con bandera parlamentaria el clérigo don Ramón Muñoz, quien iba de parte de los pastusos y patianos a iniciar una capitulación. Fue la propuesta, que se retirase libremente con que los hombres desarmados podrían retirarse libremente con sus pasaportes a Quito o a Popayán. Caicedo mandó que se reuniera un consejo de oficiales para deliberar. Varela, Borrero y Vivanco fueron de opinión que de ningún modo se debía capitular con jefes tan bárbaros como el mulato Juan José Caicedo, Joaquín Paz y otros pastusos y patianos, que no cumplirían sus promesas cuando vieran desarmados a los patriotas; que estaban llegando refuerzos de la provincia de los Pastos, y que era mejor atacar a los enemigos y combatir valerosamente. Sin embargo de esta opinión, la mayoría de los oficiales convino en que se capitulara. Hízose la entrega de las armas y municiones sin formalidad alguna escrita; entrega que repugnaron Varela, Borrero, Vivanco y casi toda la tropa, que ascendía a cuatrocientos treinta y seis fusileros. Sabiendo esta novedad, se retiraron de las inmediaciones de Pasto los auxilios que se habían pedido a Túquerres. Solamente se salvó hacia Quito don Ramón Garcés con veinticinco hombres que mandaba, venciendo en el tránsito muy grabes dificultades.
A consecuencia de un acto de tanta debilidad, hijo de la bondad de Caicedo y de la inexperiencia que caracterizaba a aquella época, el mismo día 21 de mayo se puso guardia a los patriotas desarmados, y al siguiente se remacharon grillos a Caicedo y a los oficiales, que fueron separados en distintos calabozos. El trato que los pastusos dieron a los prisioneros fue el más bárbaro e inhumano, pues era comandante de armas el mulato asesino Juan José Caicedo. De esta manera pagaron Tomás Santacruz y otros realistas de Pasto los beneficios que les había hecho el bondadoso don Joaquín Caicedo.” (Restrepo, 1974: 211-213).
23 de mayo. Cartagena. Comienza a sentirse fuertemente la falta de dinero en la provincia. La Junta decide tomar medidas.
“La Junta de Cartagena ordenó emitir 300.000 pesos en billetes de curso forzoso para subsanar el déficit fiscal.” (Llano, 1995: cartagena).
25 de mayo. Sogamoso. Se firma el acta de Sogamoso, en la que Baraya y sus oficiales anuncian su adhesión a la causa federativa, desconociendo cualquier orden venida del gobierno de Cundinamarca. Se unen militarmente los opositores de Nariño: Baraya y Ricaurte.
“Interin ocurrían estos sucesos y disputas11, el brigadier Baraya residía en Sogamoso con su columna de tropas. Persuadido de los males que iban a seguirse a la causa de la independencia por nuestras divisiones, escribió a Nariño que era mejor tratar de que se juntara el congreso. Reuniendo enseguida a sus oficiales, manifestóles que había resuelto cooperar a la instalación del cuerpo de representantes de las provincias conforme a los principios del acta federal, poniéndose entre tanto bajo la protección del gobierno de Tunja, sin obedecer orden alguna del presidente de Cundinamarca. Los oficiales asintieron a las proposiciones de Baraya, y en el acta que firmaron el 25 de mayo, hicieron varios cargos a Nariño, y al mismo tiempo renunciaron los destinos y grados militares que les había conferido el gobierno de Cundinamarca. La tropa siguió el impulso de la oficialidad, y el gobierno de Tunja, después de admitir los ofrecimientos que se le hacían, dio un grado más a cada uno de los oficiales.
Nariño, luego que supo de la defección absoluta de aquella columna, convocó la representación llamada nacional, y le dio cuenta de la pérdida de las tropas que estaban en Tunja: también le hizo presente las fuerzas que adquiría esta provincia, cuyo gobierno era enemigo de Cundinamarca, a la que amenazaba una guerra próxima. En el acto se suspendió el imperio de la constitución, y se le concedieron facultades para obrar como dictador y salvar el Estado. Procediendo con la actividad y energía que le eran características, Nariño reunió pronto una expedición de ochocientos hombres bien equipados y envió doscientos en auxilio del brigadier Pey, que mandaba en Socorro las fuerzas de Cundinamarca.
A las primeras noticias que tuvieron los diputados de las provincias residentes en Ibagué de la guerra civil que amenazaba entre Tunja y Cundinamarca, nombraron a los doctores Camilo Torres, Juan Marimón, Frutos Gutiérrez y José María Castillo, para que se trasladaran a Tunja en calidad de mediadores, y transigieran las diferencias que existían entre los dos gobiernos. Realizase esta misión, aunque nada pudo hacer para que los dos partidos se pusieran de acuerdo. El gobierno de Tunja reclamaba siempre los pueblos que Nariño había admitido a la unión de Cundinamarca, y éste pedía las armas y soldados que entregó Baraya. Cada uno de los partidos atribuía la culpa al otro y le hacía responsable de los males que la guerra causaría a la patria.” (Restrepo, 1974: 217-219).
La versión de Ibáñez cita:
“El 25 de mayo defeccionaron Baraya y sus Oficiales. Joaquín Ricaurte, que había acusado a Nariño y había sido suspendido por éste, se unió entonces a Baraya. Desligados estos Jefes del Gobierno de Cundinamarca, fueron ascendidos por el Congreso. Reorganizaron sus tropas y se dirigieron en son de guerra hacia el Socorro,…” (Ibáñez, 1891: cap40).
Sobre lo sucedido en Sogamoso escribe Rodrigo Llano Isaza:
“Acta de Sogamoso; Baraya con sus principales oficiales, traicionaron a Cundinamarca y se aliaron a Tunja y al federalismo; Fueron sus firmantes, además de Baraya: José Ayala, Francisco José de Caldas, Rafael Urdaneta, Antonio José Vélez, Manuel Ricaurte Lozano, José María Ricaurte, José Arce, Angel González, Lino María Ramírez, Francisco de Paula Santander, Luciano D'Elhuyar Bastidas y José Agustín Rosas. Desconocieron la autoridad de Cundinamarca y se plegaron al Congreso. Al llegar estas noticias a Ibagué, el congreso formó una comisión: Juan Marimón, Camilo Torres, Frutos Joaquín Gutiérrez y José María del Castillo para que viajaran a Tunja y evitaran una guerra civil.” (Llano, 1995: tunja).
26 de mayo. Pasto. Las tropas patriotas logran escapar de un nuevo ataque de los pastusos.
“Dejamos en el Tambo a don José maría Cabal con la expedición que conducía hacia Pasto, acompañado por el americano del norte Alejandro Macaulay y en auxilio de Caicedo. Después de haber perdido diez días en aquel pueblo, redoblaron sus marchas, venciendo las dificultades que les opusieron en Patía las guerrillas enemigas. La expedición llegó el 26 de mayo hasta la montaña de Meneses, distante como tres horas de camino de Pasto. Allí supo Cabal por el aviso de un patriota, que cinco días antes había rendido las armas Caicedo. Cbal no pudo hallar desde el río Juanambú una sola persona que le diera la menor noticia del estado de los negocios, y los pastusos pretendían por medio de esta incertidumbre hacerle avanzar hasta la ciudad, y caer en las emboscadas numerosas que le habían preparado. El comandante Cabal, después de oír el dictamen de n consejo de guerra, emprendió su retirada, y fue alcanzado por los enemigos en las márgenes del Juanambú, que halló crecido. Con mucho trabajo pudo fijar una tarabita para atravesarlo. Día y medio tardó la expedición en pasar aquel río impetuoso, bajo los fuegos del enemigo, y combatiendo una parte de la tropa. Felizmente los pastusos fueron rechazados, y la expedición acabó de atravesar el río, sólo con la pérdida de treinta y siete hombres. Salvóse el resto, que llegó a Popayán, aunque perseguido constantemente por las guerrillas de Patía. En esta campaña sirvieron mucho a Cabal los consejos de Macaulay.” (Restrepo, 1974: 226-227).
27 de mayo. Santafé. Nariño procura evitar la disidencia de Baraya y nombra representantes para buscar una mediación:
“El gobierno de Cundinamarca nombró al marqués de San Jorge, a Ignacio Vargas y a Luis Ayala para que fueran hasta donde Baraya y lo convencieran de no apartarse de Santafé;…” (Llano, 1995: santafe1).
31 de mayo. Tunja. Se impide el ingreso a la ciudad del Marqués de San Jorge, Ignacio de Vargas y Luís Ayala, comisionados por Nariño para hablar con Baraya.
“El gobierno de Tunja impidió el paso de los comisionados que se dirigían donde Baraya; Este acusaba a Nariño de desconocer la constitución, expulsar a Castillo y Pombo, del retiro de Ricaurte por no obedecer las órdenes de avanzar contra Pamplona, de negarle los socorros pecuniarios a Cartagena, del viaje en corso de dos de sus hijos en barco español, de un hombre, en fin, que ha dado pruebas, nada equívocas, de que pretendía establecer una corona y dinastía sobre las ruinas de la corona;…” (Llano, 1995: santafe1).
7. Los avisos desagradables a los que se refiere Restrepo son: “En este tiempo habían ocurrido en Pasto algunos sucesos contra la tranquilidad de aquel cantón. Los principales habitantes dirigidos por el doctor don Tomás Santacruz y por otros realistas, principiaron a conmover al pueblo. Desde el veinte de enero hubo un alboroto en toda la ciudad de Pasto contra los oficiales de la junta de Popayán, porque éstos trataron mal a un pastuso que en unas fiestas puso en ridículo sus uniformes. Cálmose al fin por algunos patriotas que había en Pasto, dirigidos por el procurador general don José Vivanco. Este llamó entonces al comandante Varela, para que trajese a la ciudad los doscientos hombres con que guarnecía el punto del Guabo. Igualmente avisó al presidente Caicedo, indicándole que regresara de Quito trayendo algunas tropas y municiones para impedir la revolución que se temía.
Sabíanse ya los movimientos de los patianos y que tenían partidarios numerosos en Pato, que se les unirían para asaltar la ciudad. Deseando precaver una desgracia, Vivanco marchó a Túquerres, con el objeto de reunir gentes menos adictas al gobierno de rey y oponerlas a los pastusos. Juntó en efecto más de trescientos hombres mandados por los capitanes Gaspar Palacios, José María Eraso y D.T. Benavides. El mismo Vivanco hizo todos los gastos de su peculio hasta que se reunieron al destacamento de Varela. Apostáronse sobre el río Juanambú, pues allí impedían que los patianos lo pasaran y se unieran a los malcontentos pastusos.” (Restrepo, 1974: 209).
8. Nota al pie en el texto original: “La experiencia que ilumina con la antorcha de la verdad las cuestiones más difíciles de le política, manifestó después a la Nueva Granada que Nariño en el fondo tenía razón. La falta de luces, de población y de recursos hacía de muchas provincias unos miembros muertos para la Unión. Las rentas del Chocó, de Neiva y de Casanare apenas bastaban para los sueldos de sus empleados, y nada sobraba para la defensa en común. Con gran dificultado hubo individuos que llenaran los destinos la primera vez que se pusieron en planta sus Constituciones. Para los reemplazos periódicos fue necesario ocurrir a las mismas personas, o echar mano de campesinos, mercaderes y mineros. ¿Cómo entenderían éstos el ingenioso y complicado sistema federativo, y las leyes que sancionaban? Todo fue confusión y verdadera anarquía. Sin embargo, ¿qué derecho tenía entonces Nariño, y cuál tuvo en lo venidero, para querer que su voluntad triunfara contra la general de las provincias decididas por el Gobierno federativo?...¿No habría sido mejor que conformándose con ella hubiera tratado de dirigirla bien, y de manifestar con hechos que los pueblos se equivocaban, antes de recurrir al duro y peligroso extremo de la guerra para violentar la opinión de las provincias?
El autor de esta Historia concurrió a formar el acta de federación, y fue entusiasta por aquel sistema. Seducido por el rápido engrandecimiento de las Repúblicas de los Estados Unidos, y por la completa libertad que gozan sus moradores, tenía la mayor veneración por sus instituciones políticas. Entonces juzgaba con los primeros hombres de la Nueva Granada, que nuestras provincias se hallaban en el mismo estad que las de Norte América en 1776, cuando formaron su Confederación. Empero, las lecciones del tiempo y de los sucesos que ha presenciado, junto con sus reflexiones, le persuadieron bien pronto lo contrario. Había, y aún hay, una gran diferencia entre los Estados Unidos, que se fundaron y crecieron a la sombra de instituciones republicanas, y provincias que siempre habían dependido de un Gobierno monárquico y despótico; en éstas eran absolutamente nuevas las formas democráticas, muchas de las cuales se oponían a costumbres, hábitos y preocupaciones envejecidas. En aquellos Estados, por lo general, solo hubo que variar la elección de los Gobernadores, que hacía antes el Rey de Inglaterra. Las Cartas constitucionales y las leyes de las antiguas provincias de Norte América sirvieron para las mismas, después que se transformaron en Repúblicas. En la Nueva Granada, por el contrario, fue preciso, para establecer el sistema federativo, variar casi todo lo que existía. No es admirable, pues, la poca subsistencia de nuestros Estados nacientes; sus leyes no convenían a los pueblos, y contrariaban sus antiguas habitudes.” (Restrepo, 1974: 401-402).
9. El autor hace referencia al hecho que varias ciudades y villas estaban declarando su anexión a Cundinamarca.
10. Para Rodrigo Llano Isaza la fecha en que se realiza el nombramiento de Nariño como dictador es el 18 de abril, no el 18 de mayo como lo indica Ibáñez.
11. Restrepo se refiere a las discusiones entre Nariño y el congreso federativo sobre el acuerdo firmado el 18 de mayo anterior en el que se discutían las anexiones a Cundinamarca de algunos pueblos de la provincia de Tunja.
Junio de 1812
En este mes sucede en las provincias del norte la que se conoció como la Rebelión de los curas, situación propiciada por la provincia de Santa Marta en la que convocando a los religiosos lograban que abrazaran la causa realista y procuraran hacer lo mismo con la población en la que ejercían.
“El gobierno de Santa Marta contactó a los curas párrocos de las sabanas de Bolívar con el fin de lograr la subordinación de la población al Rey; Los primeros en responder favorablemente fueron Magangué y Zambrano; Dando así comienzo a lo que se llamó "la rebelión de los curas";…” (Llano, 1995: cartagena).
4 de junio. Santafé. Nariño publica un documento en el que argumenta su posición política y sus acciones.
“El 4 de junio publicó Nariño un manifiesto; en él explicaba su conducta política y las razones en que la apoyaba.” (Ibáñez, 1891: cap40a).
Popayán. La ciudad envía nota escrita a Pasto amenazándola por tener preso a su presidente Joaquín Caicedo. (Llano, 1995: popayan).
5 de junio. Santafé. Por bando, se anuncia el reclutamiento de individuos para conformar el ejército de Cundinamarca.
“…por bando, autorizó a la Representación Nacional para que tomara las medidas convenientes a la salud de la Provincia, y llamó a las armas a todos los ciudadanos hábiles para servir en el Ejército, sin distinción de clases sociales ni de personas. Estos actos oficiales produjeron entusiasmo en el partido nariñista, y todos concurrieron al alistamiento. Don Manuel B. Alvarez, Representante por Cundinamarca, ya setentón, espontáneamente pidió el vestido de soldado. «Yo no puedo-decía- mirar a mi ancianidad como un privilegio que me exima de padecer y aun de morir entre mis conciudadanos.» Más singular fue el ofrecimiento de Manuel del Socorro Rodríguez, también anciano, quien pretendió abandonar la Biblioteca y servir en la custodia militar de la ciudad:
Para este efecto-escribió-hago presente a Vuestra Excelencia que no teniendo más que mi ordinaria espada de ceremonia, y siendo ésta insuficiente para un servicio activo de tanta consideración, necesito estar prevenido y forniturado con fusil, cartuchera y sable, de munición, y al mismo tiempo, recibido en clase de soldado raso.
Y continuaba su bélica solicitud pidiendo que se le colocara en los lugares más peligrosos, hasta rendir la vida, con tal de que fuera dentro de la ciudad, para poder vigilar la Biblioteca.
…
Y mientras los hermanos se armaban contra los hermanos, un Gobernador de Pamplona, el patriota José Gabriel Peña, combatía a orillas del Táchira contra los realistas, con bisoño ejército, el cual fue vencido.
Entonces exclamaba el Padre Diego Padilla, en periódico que él creó y llamó El Sabatino:
¡Cielos santos, no somos aún libres y ya nos despedazamos! Tenemos sobre nuestras cabezas un enemigo que nos ha devorado por tres siglos, y en vez de atender a él, empleamos el hierro fratricida contra nosotros mismos.... Paz, hermanos míos, hagamos la paz y con ella apareceremos grandes a los ojos de nuestros tiranos.” (Ibáñez, 1891: cap40a).
6 de junio. Neiva. Por bando, el presidente de Neiva ordena que todo hombre en edad de participar de la guerra debe tomar entrenamiento militar.
“El presidente Bárcenas publicó un bando ordenando que todo hombre en capacidad de guerrear, saliera todos los días, a partir de las cuatro de la tarde, a tomar cursos de entrenamiento militar.” (Llano, 1995: neiva).
10 de junio. Popayán. Cabal es elegido presidente de Popayán en reemplazo de Joaquín Caicedo y Cuero que se haya preso en Pasto. (Llano, 1995: popayan).
13 de junio. Provincia de Pamplona y Venezuela. La ciudad de Cúcuta es tomada por los españoles. Pamplona pide ayuda a Tunja, Baraya y Cundinamarca pero ninguna responde por estar enfrascadas en decidir cual es la mejor forma de gobierno. Igual situación sucedía en Casanare donde ya se encontraba ocupada por los españoles la villa de Guadualito y tampoco se obtenía respuesta de los gobiernos del centro.
“El capitán de fragata don Domingo Monteverde, enviado por el gobierno de Coro al frente de una pequeña expedición de doscientos treinta hombres, y auxiliado por los estragos del terremoto, había conseguido ocupar todo el occidente de la provincia de Caracas hasta Valencia y parte de los valles de Aragua: subalternos suyos sojuzgaron con mucha facilidad la importante provincia de Barinas, y las pequeñas soberanías de Trujillo y Mérida sufrieron la misma suerte. Los emigrados con unas pocas armas y los oficiales que escaparon de dichas provincias, se habían reunido en los valles de Cúcuta. Asociados allí con las milicias y tropas colectivas del gobierno de Pamplona formaron un cuerpo de poco más de seiscientos hombres, mal armados y peor disciplinados, el que se apostó en las alturas inmediatas a la villa de San Antonio para cubrir los valles de Cúcuta. Fue atacado por las tropas españolas de Maracaibo, gobernadas por el coronel don Ramón Correa, que derrotó completamente a los patriotas el 13 de junio, matándoles pocos hombres, haciéndoles doscientos prisioneros, tomándoles igual número de bocas de fuego, doscientas lanzas y ocho piezas de artillería. Correa se apoderó en seguida de Cúcuta y usó de la victoria con humanidad. El gobernador de Pamplona don José Gabriel Peña tuvo que emigrar primero a Cépita y después a Piedecuesta. Con mucha instancia pidió auxilios a Baraya y a Nariño, sin que ninguno los diera, ni tampoco el gobierno de Tunja por las acaloradas disputas que entonces tenían sobre la forma de gobierno que debía adoptarse, y acerca de las agregaciones de pueblos a Cundinamarca. Si Correa con los mil hombres que reunió en Cúcuta avanza rápida y audazmente sobre la Nueva Granada, con mucha dificultad se hubiera defendido en el estado lamentable de división, anarquía y debilidad en que se hallaba. Desde aquella época se conoció cuánta era la importancia de Venezuela para defender a la Nueva Granada. En el momento en que se habían perdido algunas provincias venezolanas, el territorio granadino se hallaba amenazado con invasiones por Cúcuta y Casanare. Ocupada ya la parroquia de Guadualito por tropas realistas, podían invadir fácilmente la villa de Arauca y otras varias poblaciones indefensas de Casanare. Esta provincia clamaba también por auxilios de Tunja, de Baraya y de Cundinamarca, pero inútilmente, pues se observaban unos a otros, y ninguno se movía a concederlos. Tan grande apatía y egoísmo provincial eran necesaria consecuencia del sistema de gobierno federativo que por desgracia había escogido la Nueva Granada. Multitud de males habría evitado, si desde el principio de la revolución se hubiese conservado la unidad a que estaban acostumbrados sus pueblos. La experiencia empero demasiado costosa no había enseñado aún que nuestras provincias no tenían ni la capacidad ni los elementos indispensables para adoptar el sistema federativo, conforme se hallaba establecido en los Estaos Unidos de la América del Norte. El que se hubiera empeñado entonces en persuadir esta verdad hoy evidente, aunque algunos ilusos todavía piensan lo contrario, hubiera pasado por un hombre que nada entendía del derecho político de las naciones. Hubiérase creído también que se oponía a la felicidad que ya tocaban, en el concepto general de nuestros primeros hombres de Estado, las provincias de la Nueva Granada. ¡Vanas y quiméricas ilusiones que jamás podían realizarse!” (Restrepo, 1974: 223-224).
Sobre la ocupación de Cúcuta escribe Llano Isaza:
“Cúcuta fue ocupada por el realista Ramón Correa; Luego cayeron San Faustino, Villa del Rosario, San Cayetano, Limoncito y Salazar de las Palmas…” (Llano, 1995: pamplon).
14 de junio. Cartagena. Se expide la constitución de Cartagena.
“La constitución de Cartagena prohibió el tráfico de negros y previó la creación de un fondo para la manumisión.” (Llano, 1995: cartagena).
Sobre la constitución de Cartagena dice Restrepo:
“La convención de Cartagena adoptó para discutir un proyecto de constitución, cuyas bases eran bien liberales. Los derechos del hombre en sociedad, la división de poderes, la libertad de imprenta, las elecciones periódicas y el sistema federativo, tales fueron las principales disposiciones que contenía el expresado proyecto. Un presidente gobernador debía ejercer el poder ejecutivo, y una cámara de representantes el legislativo. Se establecía un supremo tribunal de justicia para juzgar los procesos en último recurso, adoptándose en primera instancia los jueces designados por las leyes españolas. También debía establecerse un senado conservador de la constitución, a quien tocaba el juzgamiento de los que la infringieran. El proyecto de constitución de Cartagena, formado según los principios del derecho político que publicó el comentador de Montesquieu, conde de Tracy, presentaba mucho aparato y lujo de funcionarios. Acaso hubiera sido bueno para un Estado poderoso cuyos moradores fueran en gran parte virtuosos pero es evidente que no era a propósito para una provincia pobre, habitada por hombres que tenían los vicios que inspiran la esclavitud, la ignorancia, el fanatismo y sobre todo la diferencia de castas. El redactor del proyecto fue el doctor don Manuel Benito Rebollo, eclesiástico de talentos y de mucha instrucción.” (Restrepo 1974: 204).
También José María Samper hace referencia a la constitución de Cartagena:
“Una vez proclamada la absoluta independencia del Estado de Cartagena de Indias, respecto de España, el Gobierno allí organizado procedió á preparar la elección de diputados para formar una Asamblea constituyente que, reuniéndose en la capital de la Provincia ó Estado, le diese una Constitución política. Verificase la reunión hacia los principios de 1812, y el 14 de Junio fué expedido el Código fundamental, compuesto de un preámbulo y trescientos noventa y cuatro artículos, éstos clasificados en quince títulos propios, y un apéndice con los catorce artículos del “Acta federal” citados en la misma Constitución.
Firmaron el acto treinta y cuatro Diputados, representantes de cinco Departamentos, y en su número figuraron muchos patriotas insignes que pocos años después pagaron con la ruina y la vida, inmolados sin misericordia como rebeldes, los nobilísimos esfuerzos que hicieron en pro de la naciente Patria política y de su independencia; y añadió su sanción, como Presidente del Estado, el benemérito prócer Don Manuel Rodríguez Torices.
…
El título I, compuesto de 37 artículos, trata de los Derechos naturales y sociales del Hombre, y sus deberes, y contiene, en substancia, las mismas ideas, frecuentemente idéntica redacción que las dos Constituciones mencionadas12. En seguida está el título que trata de la forma de Gobierno y sus bases; y aunque allí se hace una especie de reserva, muy hipotética y nada probable, del reconocimiento que los Gobiernos del País puedan hacer de los derechos del Rey de España, el Estado asume la forma de una República representativa.
Sigue luego el título sobre la Religión, y los relativos á la organización de los Poderes públicos, á la Convención general de Poderes (cuerpo que puede reunirse, compuesto de todos los Poderes, para revisar ó reformar la Constitución), á la formación de las leyes, al Senado conservador (que no hace parte del Cuerpo Legislativo), á las Municipalidades y los Jueces subalternos, á la Administración de justicia, las Elecciones, la Fuerza armada, el Tesoro público, la Instrucción pública, las Disposiciones varias y la Revisión de la Constitución. Es de notar que el imperio de ésta puede ser suspendido hasta por seis meses, en casos de peligro de la seguridad del Estado, ó de conspiraciones interiores, ó por peligros de ataques externos; pero la suspensión no puede referirse sino á uno ó varios artículos que se determinen, ha de ser impetrada por el Poder ejecutivo, autorizada por la Legislatura (compuesta de dos Cámaras), aprobada por el Senado conservador, y justificada por “urgente y calificada necesidad”.
La estructura del Estado de Cartagena es idéntica á la del de Cundinamarca; los principios de Derecho público y privado son unos mismos; no hay diferencia substancial alguna, y sólo es denotar que la Constitución cartagenera es todavía más reglamentaria que la cundinamarquesa; a tal punto, que contiene una multitud de disposiciones más propias del Derecho civil y del administrativo que del constitucional.” (Samper, 1888: 85-86).
15 de junio. Cartagena. Se publica la constitución de Cartagena mientras se emiten otros designios, tales como los incentivos para atraer residentes extranjeros a la provincia y la ejecución de un plan contra el virrey Benito Pérez en Panamá.
“En seguida se publicó la constitución de Cartagena, y los nuevos funcionarios entraron en el ejercicio de sus respectivos destinos, cesando la dictadura que ejercía Torices, y un consejo de censura que se había establecido mientras duraban las sesiones de la convención13. Eran harto críticas las circunstancias en que se hallaba el presidente gobernador: partidos internos que reprimir, un pueblo de castas diferentes y que se había hecho revoltoso, escasez de recursos y guerra que sostener contra la provincia de Santamarta, sin tener tropas ni oficiales aguerridos. Ya comenzaban a sentirse los males que producía el papel moneda. Después de su emisión corrieron pocos días sin que principiara a bajar en todos los cambios y contratos. En el momento se hizo distinción en las ventas, cuando se pagaba en metálico o se daba papel. Muy pronto fue el demérito de un diez por ciento, y creció rápidamente hasta haber una gran diferencia; cien pesos en papel valían diez y seis en oro y aun menor cantidad.
De nada sirvió para contener el demérito del papel moneda que la diputación de las provincias residente en Ibagué saliera por garante de su amortización, pignorando las rentas de sus respectivos gobiernos; siempre se creyó que aquéllas eran promesas muy difíciles de cumplir, y que jamás o muy tarde haría el reintegro a los que habían dado sus frutos o sus efectos de comercio por los billetes del gobierno de Cartagena. Estos sólo corrían enla provincia, sin que se recibieran en alguna otra: nuevo motivo para que desmerecieran en la circulación.
El presidente Torices formó y puso en práctica el proyecto de favorecer la venida de extranjeros, a los que se ofrecieron tierras baldías y un fértil campo a la industria. Este pensamiento encerraba miras políticas de grande utilidad y de vastas consecuencias. Hizo también el mismo gobernador distribuír patentes de corso. En breve el pabellón tricolor de Cartagena principió a ser conocido, y los corsarios emprendieron la guerra marítima que por largos años fue tan funesta al comercio español. Los armadores acumularon riquezas y fueron bien útiles a la provincia.
Era tal la debilidad de la Nueva Granada, que la pequeña provincia de Santamarta consiguió cortar enteramente el tráfico y las comunicaciones del interior a la costa por el río Magdalena. Manteniendo fortificados y cubiertos con guarniciones suficientes los puntos principales de la margen oriental, como el Puerto Real de Ocaña, Banco, Guamal, Tenerife, San Antonio, Sitionuevo y Guáimaro, solamente por la provincia de Antioquia y por las Sabanas de Corozal podían pasar algunos correos y mercancías; y aún eso con dificultad, pues las fuerzas sutiles enemigas infestaban igualmente el río Cauca. La provincia de Cartagena sostenía la guerra por sí sola, la situación de su gobierno era muy apurada en aquellas circunstancias.” (Restrepo, 1974: 221-223).
Sobre algunas de las directrices de la nueva constitución de Cartagena escribe Llano Isaza:
“Ratificado Manuel Rodríguez Torices en su cargo, por un plazo de tres años; Se empeñó en traer ciudadanos extranjeros a los que ofreció tierras baldías para que nos enseñaran a cultivar la tierra y hacer industria (fue de los pocos intentos hechos en Colombia por captar la inmigración extranjera). Aceptó la mediación del vicealmirante inglés Charles Sterling para enviar a Panamá, donde Benito Pérez de Valdelomar, con el fin de ganar tiempo en su lucha, pero con el pretexto de suspender hostilidades, a Germán Gutiérrez de Piñeres y a José María del Real, quienes viajaron en la goleta Garland a Chagres; Infortunadamente el plan fue descubierto cuando se interceptó una comunicación de Gabriel Gutiérrez de Piñeres al comandante Ribón de Mompox, la que hicieron llegar al poder español en Panamá, con lo cual se detuvo a los cartageneros, pero la exigencia del marino inglés los hizo soltar y regresar a Cartagena; En este mismo día y con la firma de Rodríguez Torices como presidente y de Juan Guillermo Ros como secretario, se pudo publicar la constitución de Cartagena, estatuto magno donde se confundieron normas civiles, penales y administrativas.” (Llano, 1995: cartagena).
23 de junio. Santafé. Sale tropa para Tunja, comandada por Antonio Nariño. Los jefes militares eran José Ramón de Leiva, Lorenzo Ley, Justo Castro y Luís de Ayala. Encargados de gobierno quedaron los consejeros Manuel Benito de Castro y Luís de Ayala. En esa expedición se enlista como soldado el comerciante y cronista José María Caballero.
“A 23 salió la expedición para Tunja, de 1.000 hombres, muy lucida y bien puesta, con todos los aparatos de guerra; iban tres capellanes, médico y cirujano. Salió a la frente de dicha expedición el señor presidente, don Antonio Nariño, asociado de los individuos de las actuales corporaciones, muy enjaezados y decentes. Lo acompañaron hasta el río del arzobispo. Salieron dos banderas, una del Auxiliar y otra de Milicias. Por comandante general, don José Ramón de Leiva y don Lorenzo Ley: por comandante de Patriotas, don Justo Castro. Esta expedición salió contra el desnaturalizado, desconocido e ingrato a su patria don Antonio Baraya, que después de haberlo recibido esta ciudad con tantas aclamaciones de alegría y regocijo, y de haberle dado los cargos que tenía, hasta el de brigadier, se dejó él (y don Joaquín Ricaurte, don José Ayala y todos los demás oficiales y soldados que habían salido en las expediciones, arriba citadas, desde el día 12 de enero) engañar y cohechar de los señores del congreso, que se hallaban en la Villa de Leiva, y que estos señores armaron la cruel sedición contra Santa Fe y su presidente, y declararon la guerra, y Baraya, que se le confió por este gobierno la gente, armas y pertrechos para el auxilio de San Gil, las volvió contra Santa Fe, su patria, y declaró una sangrienta y cruel guerra, don Camilo Torres y don Frutos Gutiérrez, el primero presidente del congreso y el segundo miembro del mismo. Eran los principales autores de estas discordias y civiles guerras, causadas por la ambición, sin mirar el peligro que se exponía de ser perdido todo el reino, pues mientras estaban maquinando el destrozo entre nosotros mismos podían con unión estar tirando las medidas para la seguranza. En esta dicha expedición salí yo y este día 23 llegamos a Usaquén, el 24 al puente de Sopó y dormimos en los Aposentos, el 25 a Suesca, de allí salimos el 27 y llegamos a Chocontá; allí estuvimos el 28 y 29, allí hicimos ejercicio de fuego; salimos el 30 y llegamos a Hatoviejo el 1°de julio.” (Caballero, 1974: diario5).
Sobre la salida de Tropa para Tunja relata Ibáñez apoyándose en Caballero:
“Estas voces de cordura no fueron atendidas. El alarma en Santafé era grande. El Gobierno organizó una fuerte División, la que puso a órdenes del General José Ramón de Leiva, porque el Presidente no podía mandar las tropas personalmente, por prohibición constitucional; sin embargo, como Nariño tenía facultades omnímodas, fue él el Jefe real de esos militares.
A 23 salió la expedición para Tunja, de 1,000 hombres en número, muy lucida y bien puesta, con todos los aparatos de guerra; iban tres capellanes, médico y cirujano. Salió a la frente de dicha expedición el señor Presidente, don Antonio Nariño, asociado de los individuos de las actuales corporaciones, muy en jaezados y decentes. Lo acompañaron hasta el río del Arzobispo.
Acompañaban a Leiva como Jefes militares Lorenzo Ley, Justo Castro y Luis de Ayala.
…
Cuando Nariño salió de la ciudad, dejó encargados del mando al doctor Manuel Benito de Castro y a don Luis de Ayala, en calidad de primeros Consejeros (25 de junio de 1812).” (Ibáñez, 1891: cap40a).
12. El autor hace referencia a las de Tunja y Santa Fé.
13. Nota al pie en el texto original: “En el curso de 1812 se dieron Constituciones republicanas la mayor parte de las provincias de la Nueva Granada. Cundinamarca, a principio del año, reformó la Monarquía que había establecido en 1811, y adoptó rigurosamente las formas republicanas. Antioquia, Tunja, socorro, Pamplona y Cartagena proclamaron los mismos principios bajo de un gobierno federativo. En casi todas hubo disturbios al tiempo de reunir los Cuerpos constituyentes, originados en gran parte del derecho que sostenían los lugares en que habían residido los Gobernadores españoles de ser capitales de provincia, derecho que atacaban otras villas y ciudades subalternas, alegando motivos de conveniencia pública.” (Restrepo, 1974: 403).
Julio de 1812
3 de julio. Tunja. Llega a esa ciudad el ejército de Santafé comandado por Nariño.
“Salimos y llegamos a Ventaquemada: el 2 salimos y llegamos a la Casa de Teja, y allí hubo descargas de cañones; llovió toda la noche y por la mañana se me perdió el caballo con silla y todo y no pareció más; el día 3 llegamos a Tunja.” (Caballero, 1974: diario5).
Restrepo ubica la llegada de Nariño a Tunja el 30 de junio14 y sobre ella escribe:
“…persuadido Nariño de que nada bueno se conseguiría por los mediadores, se pone al frente de los ochocientos hombres, marcha sobre Tunja y ocupa la capital sin oposición alguna. El gobierno y las autoridades subalternas se retiraron a la villa de Santa Rosa. Sin embargo, el vencedor o hostilizó de modo alguno a Tunja, ni a los pueblos comarcanos; procedimiento honorífico al presidente de Cundinamarca.” (Restrepo, 1974: 219).
4 de julio. Santafé. En ausencia de Nariño, se nombra presidente a Manuel Álvarez.
“A 4 hicieron presidente del poder ejecutivo a don Manuel Alvarez y por miembros al doctor don Ignacio Herrera y a don José Diago.” (Caballero, 1974: diario5).
Popayán. De nuevo se envía amenaza a Pasto.
“La Junta de Gobierno de Popayán amenazó al Cabildo de Pasto: La ruina de Pasto ha llegado y esa ciudad infame y criminal va a ser reducida a cenizas. ... No hay remedio: un pueblo estúpido, perjuro e ingrato... que con la más negra perfidia ha cometido el horrible atentado de hacer prisionero al presidente de este gobierno... tiemble pues la ingrata Pasto que ha hecho causa común con los asesinos y ladrones del Patía... una fuerza poderosa, terrible, destructora y hábilmente dirigida va a caer sobre esa ciudad inicua. En las instrucciones dadas a Macaulay, en la misma fecha, se dijo: 5. Si entregadas las armas y prisioneros por los rebeldes, hubiere lugar a capitulaciones, se observarán estas religiosamente, a excepción de las que se dirijan a garantizar las cabezas de los principales jefes de la insurrección, sobre cuya sangre no puede celebrarse pacto alguno que impida derramarla... El resto de instrucciones fueron del mismo tenor contra la ciudad y los pastusos, tan realistas como obcecados; No eran, pues, muy pacíficas las intenciones de los payaneses y no podían esperar menos de sus enemigos.” (Llano, 1995: popayan).
5 de julio. Santafé. El Colegio Electoral desconoce a Fernando VII.
“El día 5 se declaró en el colegio electoral el desconocimiento de Fernando VII, al cabo de muchos días de discusión, siendo presidente don Manuel Alvarez.” (Caballero, 1974: diario5).
6 de julio. Popayán. José María Cabal es nombrado nuevo presidente de la Junta de la provincia. Salen tropas hacia Pasto al mando de Alejandro Macaulay.
“A consecuencia del fuerte descalabro sufrido en Pasto, Cabal fue elegido presidente de la junta de Popayán en lugar de Caicedo, la que mandó regresar las tropas que tenía en la costa del Pacífico, y redoblando sus esfuerzos pudo reunir seiscientos hombres, los trescientos cincuenta fusileros con alguna artillería y pocas municiones. Esta columna salió de nuevo contra Pasto el 6 de julio, al mando de Macaulay, que había manifestado mucho valor y alguna pericia militar en las jornadas anteriores. La expedición consiguió forzar el paso formidable del Juanambú, defendido vigorosamente por los pastusos: estos se replegaron a Buesaco, punto que también fue ocupado a viva fuerza, llegando las tropas republicanas hasta el alto de Aranda y Ejido de Pasto.” (Restrepo, 1974: 227).
7 de julio. Antioquia. Se crean las llamadas Juntas de Seguridad y Vigilancia.
“El presidente Gómez creó las "Juntas de Seguridad y Vigilancia" con el propósito de pesquisar los malcontenidos, antiamericanos, seductores contra la justa y liberal causa que sostiene la Nueva Granada; A la cabeza de estas juntas se nombró a Juan del Corral.” (Llano, 1995: antioquia).
11 y 12 de julio. Cartagena. Se realizan elecciones para determinar a los individuos que deberán ocupar los altos cargos del gobierno provincial de acuerdo a lo establecido por la nueva constitución.
“Largo tiempo había estado reunida la convención que acordó la constitución del Estado. Los partidos acalorados que existían en la plaza y en lamisca convención se combatieron principalmente cuando llegó la época de elegir las personas que debían desempañar los altos empleos. La presidencia del Estado era el destino de mayor importancia y el más difícil para reunir las opiniones encontradas. Hiciéronse al fin las elecciones el 11 y 12 de julio. El nombramiento de presidente gobernador del Estado recayó en el ciudadano Manuel Rodríguez Torices: el ciudadano Gabriel Piñérez fue nombrado para ocupar la segunda magistratura con el título de presidente del senado.” (Restrepo, 1974: 221).
13 de julio. Pamplona y Venezuela. “José Gabriel Peña, al mando de las tropas de Pamplona, fue derrotado por Ramón Correa en San Antonio del Táchira.” (Llano, 1995: noticias).
Simití. En otro lado del virreinato se enfrentaban los patriotas de Honda contra los realistas quienes fueron derrotados en la batalla de Simití. (Llano, 1995: mariquita).
17 de julio. Pasto. En la batalla de Juanambú, el norteamericano Alejandro Macaulay, al mando del ejército patriota de Popayán, derrotó al pastuso realista Estanislao Merchancano. (Llano, 1995: popayan).
19 de julio. San Gil. Batalla entre patriotas en el campo de Paloblanco15. Los ejércitos son comandados por Pey, el de Cundinamarca y por Baraya, el de la federación.
“…Baraya con sus fuerzas había marchado a la provincia del Socorro, donde negociaba con el brigadier Pey y con tres diputados de la representación nacional de Cundinamarca una transacción que cortase las desavenencias. Las bases que proponía Baraya eran: la instalación del congreso, y que éste dispusiera de las armas correspondientes a las provincias para la defensa de los puntos amenazados por los españoles. Mas viendo Baraya que ningún resultado se podía obtener por medio de conferencias, activa las operaciones militares. La provincia del Socorro se alza y reclama su independencia, separándose nuevamente de Cundinamarca; Pey y sus tropas quedan sitiados en Paloblanco, cerca de Sangil; el coronel Ricaurte, segundo de Baraya, los ataca en sus posiciones el 19 de julio, y se apodera con poca resistencia de la artillería, de doscientos cincuenta fusiles y de cien prisioneros: entre ellos había algunos oficiales, así como el general Pey y el teniente coronel don Bernardo Pardo. Dos días después la columna de don Justo Castro, que marchaba en auxilio de Pey, rindió sus armas al paisanaje de Charalá, que las atacó armado solamente de palos y lanzas, salvándose cien hombres con el capitán don José Pose. Cundinamarca perdió en los tres pequeños cuerpos de Baraya, Pey y Castro más de seiscientos hombres, setecientos fusiles y veinte piezas de artillería, que adquirieron Tunja y el Socorro.” (Restrepo, 1974: 219).
Ibáñez escribe:
“…el Socorro, que defendía en nombre de Nariño el viejo militar José Miguel Pey, quien fue sitiado y vencido en el campo de Paloblanco, cerca de San Gil, el 19 de julio. Pey quedó prisionero con su fuerza.” (Ibáñez, 1891: cap40a).
José Camacho Carreño en la voz del socorrano Florentino González también relata la batalla de Palo Blanco:
“Los generales Antonio Baraya y José Miguel Pey, se hallaban en 1812 ó 1813 a la cabeza de dos cuerpos de tropa en la provincia del Socorro. Eran destinados estos cuerpos, según se dijo, a combatir en favor de la independencia; mas en su marcha estos dos generales se desavinieron a causa de las opiniones políticas que dividían las provincias del interior de Nueva Granada, y su desavenencia fue tal, que vino a parar en un combate de los dos cuerpos militares en las alturas de Palo blanco en la villa de San Gil. Yo vi desde lejos aquel combate, que duró todo un día. Cada uno de los cuerpos ocupó uno de los montes que dominan a San Gil, tan distantes, que con dificultad podía alcanzar de uno a otro un tiro de fusil. Ocupadas así las respectivas posiciones, empezó desde muy temprano por la mañana un fuego de fusilería sumamente vivo, acompañado de algunos cañonazos y pequeñas bombas o granadas, el cual terminó a las cuatro de la tarde, declarándose la victoria en favor de Baraya, en cuyas filas combatía el bravo granadino Atanasio Girardot, que tanto se distinguió después en Venezuela. A pesar de haber durado tanto el combate, y haber sido tan vivo el fuego, sólo murieron seis o siete soldados, y hubo como una docena de heridos, lo que dará a conocer que aquello más fue un simulacro de guerra que una batalla reñida. Todos los oficiales y tropa que mandaba Pey fueron prisioneros de Baraya, y tratados con la mayor consideración. Yo veía a estos oficiales todas las noches en casa; pues mi padre, aunque adverso a su opinión, los recibía y obsequiaba siempre.” (Camacho, 1933:36).
Mediados de julio. Bogotá. Se nombra como Personero a Baltasar Miñano quien ordena la prisión de varios federalistas.
“En la ciudad reinaba la anarquía. El Canónigo Baltasar Miñano y el clérigo don Francisco Javier Gómez (alias Panela) habían conmovido al populacho en contra de los federalistas. Para el mes de julio el pueblo soberano obtuvo que el Senado nombrara Personero Público al Canónigo, y con ese carácter pidió la prisión de muchas personas respetables. A la cárcel fueron llevados don José Santamaría, don Francisco J. Cuevas, don Miguel Pombo, don Pedro Ricaurte y otros muchos federalistas. Al Personero prestaba mano fuerte el Alcalde don Juan Tobar.” (Ibáñez, 1891: cap40a).
de julio. Charalá. Continúan los enfrentamientos entre centralistas y federalistas. Después de la derrota centralista en Paloblanco, el también centralista Justo Castro fue atacado y derrotado en Charalá por un grupo de vecinos de la zona. (Llano, 1995: socorro).
23 de julio. Tunja. Las tropas de Nariño salen de esa ciudad con rumbo a Villa de Leiva, por el camino se enteran de la entrega de armas realizada por Justo Castro.
“A 23 salimos de Tunja y llegamos al llano de La Paja; allí se recibió la infausta noticia de haber rendido las armas el comandante don Justo Castro, que había ido adelante.” (Caballero, 1974: diario5).
25 de julio. El Socorro. Después de la derrota de José Miguel Pey, asume la presidencia de la Junta de El Socorro el federalista José Custodio Cayetano García Róvira. (Llano, 1995: socorro).
Pasto. “Macaulay puso sitio a Pasto pero fue derrotado en los ejidos por Juan Villota.” (Llano, 1995: popayan).
26 de julio. Pasto. Con un armisticio Macaulay logra la libertad de Joaquín Caicedo y Cuero.
“Los pastusos eran numerosos y valientes; así habría sido harto difícil tomar la ciudad por asalto. Entróse, pues, en pláticas, para ver si se ajustaba un advenimiento que pusiera término a la contienda fratricida. El doctor don Mariano Urrutia con otros eclesiásticos, sus compañeros, y el mismo presidente Caicedo pasaron al campo de Macaulay, a fin de hacer el convenio. Estipulóse que se pondría en libertad a todos los prisioneros: que se incorporarían a las tropas de la junta, y que éstas regresarían a Popayán, dejando a Pasto libre para obedecer al gobierno de su elección; en fin, que se restablecería el comercio mutuo. Después de este convenio, celebrado el 26 de julio, que fue cumplido por parte de las autoridades de Pasto, dando libertad a todos los prisioneros, que eran trescientos sesenta, pues habían muerto cuarenta, Macaulay estuvo acampando más de ocho días en el Ejido, y se abrieron las comunicaciones con la ciudad. Retiróse después a Chacapamba, distante una jornada de camino hacia Popayán. Parece que Macaulay había dado cuenta a la junta del convenio celebrado, y que aguardaba su resolución. Aseguran algunos haber ésta exigido que se devolvieran las armas perdidas antes. En aquellos días se propuso a Caicedo por varios de sus amigos, que regresara a Popayán con una escolta, pero dijo que no abandonaba a sus compañeros de armas, cuya fortuna quería seguir.
Sabía Macaulay que de Quito había marchado una expedición militar hacia la provincia de los Pastos, y deseaba obrar en combinación con ella para someter a la ciudad de Pasto. Mandaba dicha expedición el coronel de milicias don Joaquín Sánchez, patriota distinguido por su entusiasmo, aunque sin práctica de la guerra. Asegúrase en documentos contemporáneos que el presidente Caicedo le envió un espía que recibiera, a fin de que ase acercase al río Guáitara, llamando así la atención de los pastusos, para ver si se conseguía que dividieran sus tropas. Empero el coronel Sánchez no pudo ejecutar este movimiento, porque sus fuerzas eran quinientos hombres de caballería bisoña toda, con cien infantes mal armados, y se aguardaba que se le uniera un destacamento de buenos fusileros, pedido a Barbacoas, que al fin no se movió. Los quiteños lo esperaban, situados en Cumbal, país de llanuras, pues su caballería no podía obrar sobre las rocas del Guáitara.” (Restrepo, 1974: 227-229).
Sobre el tratado firmado en Pasto escribe Llano:
“Macaulay firmó un armisticio con los pastusos, por medio del cual logró la libertad Caicedo y Cuero. Pronto el norteamericano incumplió lo firmado.”. (Llano, 1995: popayan).
27 de julio. Antioquia. “Del Corral publicó el "Reglamento general para las milicias del Estado libre y soberano de Antioquia".” (Llano, 1995: antioquia).
29 de julio. Santafé. El presidente encargado Manuel Benito de Castro emite un bando de buen gobierno ye scribe a Nariño informándole la situación de desorden que se presentaba en la capital.
“El Presidente Castro dictó un bando de buen Gobierno, el 29 de julio, y el mismo día escribió a Nariño, refiriéndole la agitación que había en la capital. Probablemente esta noticia decidió a Nariño a firmar el tratado de Santa Rosa, no muy favorable a sus pretensiones, el cual quedó concluido el 30 de julio, y con él terminada la primera guerra civil.” (Ibáñez, 1891: cap40a).
Villa de Leiva. Mientras suceden los disturbios en Santafé, Nariño y su ejército llega a Villa de Leiva.
“El día 28 salimos del llano de La Paja y el 29 llegamos a la Villa de Leiva.” (Caballero, 1974: diario5).
30 de julio. Santa Rosa de Viterbo. Se firma el pacto o tratado de Santa Rosa.
“Mas cuando supo los reveses que habían sufrido sus armas en el Socorro, se apresuró a concluír un tratado con el gobernador de Tunja don Juan Nepomuceno Niño. Se firmó en Santa Rosa el 30 de julio, y en él se convino: que se instalara inmediatamente el congreso; que Sogamoso se uniera nuevamente a Tunja, dejando en libertad a la villa de Leiva para hacerlo o no; que sobre las agregaciones del Socorro, Mariquita y Neiva decidiría la gran convención de Nueva Granada que debía reunirse, y que las armas de Tunja y Cundinamarca estarían a disposición del congreso para destinarlas contra los españoles. Arregláronse también otros puntos menos importantes de la disputa, y mutuamente se ofrecieron un perpetuo olvido de todas las desavenencias pasadas (julio 30). Así terminó Nariño su primera campaña en la guerra civil, la que fue absolutamente contraria, perdiendo la cuestión casi en todos los puntos de la disputa; pero felizmente hubo pocas víctimas sacrificadas a la discordia, que aún no se había encrudecido.” (Restrepo, 1974: 220).
Dice Ibáñez:
“Al pie del pacto figuran, como plenipotenciarios del Gobierno, Domingo Caicedo, Tiburcio Echeverría y José Miguel Montalvo; y en nombre del Congreso, el Gobernador Niño y cinco Senadores, centralistas.” (Ibáñez, 1891: cap40a).
Llano Isaza escribe sobre el tratado de Santa Rosa.
“Tunja y Cundinamarca firmaron la paz, mediante nuevo tratado que llevó la firma de Juan Nepomuceno Niño, Juan Agustín de la Rocha, Joaquín Malo y varios más por Tunja y de Domingo Caicedo, Tiburcio Echeverría y Miguel José Montalvo por Cundinamarca. Las condiciones generales fueron:
a) Cundinamarca renunció a la adhesión de Sogamoso.
b) Villa de Leyva quedó libre de escoger a cual estado se unía.
c) El Congreso decidiría el caso de El Socorro.
d) Las armas de Cundinamarca y de Tunja quedaron a órdenes del Congreso.
e) El Congreso juzgará a Baraya y Ricaurte por su conducta frente a Cundinamarca.
f) Las tropas en conflicto regresarían de inmediato a su lugar de origen.” (Llano, 1995: tunja).
14. En un apartado del texto dice: “Es inexplicable en todo este tiempo la conducta de Nariño. Desde el 30 de junio ocupó a Tunja y permaneció allí estacionario.” (Restrepo, 1974: 219-220).
15. La batalla de Palo Blanco es fechada por Rodrigo Llano Isaza para el día 6 de julio.
Agosto de 1812
2 de agosto. Tunja. Nariño emprende su regreso a Santafé.
“Apenas había transigido Nariño las diferencias, tuvo que volar a Santafé, que se hallaba en la más completa anarquía. El antiguo oidor español de Quito don Baltasar de Miñano, el clérigo don Francisco Javier Gómez, conocido por el sobrenombre de Panela, y otros locos semejantes, habían conmovido al pueblo contra los federalistas, luego que supieron el triunfo de Baraya en el Socorro. Las cárceles estaban llenas de los principales vecinos de la capital, varios andaban fugitivos, y los bienes de otros habían sufrido mucho. El poder ejecutivo, confiado a los consejeros don Manuel Benito de Castro y don Luis Ayala, que carecían del influjo y de la firmeza necesarios no podía contener el desorden. Nariño marchó en el momento por la posta, y en veintinueve horas hizo el viaje de la villa de Leiva a Santafé. Con su presencia se restableció el orden, y los presos recuperaron su libertad, perdiéndola MIñano y Gómez, instigadores del motín, a los que envió a Casanare.” (Restrepo, 1974: 220-221).
Sobre el regreso de Nariño escribe Llano Isaza:
“Nariño dejó atrás a sus tropas y en 29 horas regresó a la capital donde comprobó que el orden público había sido alterado por el cura apodado "Panela" y por Baltazar Miñano, a quienes expulsó a Casanare.” (Llano, 1995: tunja).
5 de agosto. Santafé. Nariño entra a la ciudad.
“Terminadas las desavenencias y urgido Nariño por los tumultos de la capital, se trasladó a su palacio en veintinueve horas, y llegó el 5 de agosto.” (Ibáñez, 1891: cap40a).
6 de agosto. Santafé. Nariño renuncia a sus facultades extraodinarias.
“…reunió la Representación Nacional, ante la cual renunció las facultades extraordinarias de que estaba investido, y su Alteza Serenísima, aceptada la renuncia, declaró de nuevo vigente el orden constitucional y ordenó por bando que se pusiera en libertad a todos los presos políticos.
El Presidente disolvió el Cuerpo militar de Pateadores,…
Los partidos no habían desaparecido. La exagerada concepción de autonomismo lugareño, explotada por caciques regionales, impedía que se desenvolviera un verdadero espíritu nacional…existían los bandos de pateadores y carrracos, pues el incendio no había sido bien apagado.” (Ibáñez, 1891: cap40a).
8 de agosto. Pasto. El norteamericano Alejandro Macaulay, al mando del ejército patriota, incumpliendo el armisticio firmado para lograr la libertad de Joaquín Caicedo, ocupa de nuevo los ejidos de Pasto. (Llano, 1995: popayan).
11-14 de agosto. Ejidos de Pasto-Catacumbo. Batalla entre los pastusos y el patriota ejército de Popayán al mando de Macaulay. En un primer enfrentamiento salen victoriosos los patriotas pero finalmente son apresados Alejandro Macaulay y Joaquín Caicedo.
“…Macaulay regresa el 11 de agosto a su antiguo campo del Ejido, desde donde intima a la ciudad que se rinda, pues de lo contrario la ocupará por la fuerza, y sus moradores serán responsables de las consecuencias. Muy lejos de intimidarse, los pastusos hacen preparativos para la defensa y reclaman con justicia el cumplimiento de lo pactado. Transcurrió aquel día y el siguiente en pláticas, durante las cuales los habitantes de Pasto y de sus alrededores se juntaron en número considerable para defenderse de una agresión que les parecía inicua.
Persuadido Macaulay de que era una empresa temeraria atacar a Pasto con poco más de trescientos cincuenta fusileros que tenía a sus órdenes, porque estaban desarmados los prisioneros que habían adquirido su libertad, determina hacer una marcha nocturna y pasar el Guáitara, con el objeto de reunirse a la división de Quito, que suponía estar acampada allí. En efecto, por la noche del 12 de agosto emprende la marcha siguiendo el camino que pasa por el pueblo del Chapal. Los indios que lo habitaban descubren el movimiento e inmediatamente le comunican a los jefes de Pasto, que aprestan sus tropas con la mayor prontitud. A las cinco de la mañana se traba el combate en Calambuco, y al cabo de cinco horas los pastusos habían sido batidos por el valor denodado de las tropas de Popayán (agosto 13); el campo de estas era una eminencia fuerte por naturaleza, y dos casas contiguas que amparaban a los combatientes. Entonces los pastusos enviaron al campo de los patriotas a dos de sus jefes, que fueron don Juan María Villota y don Estanislao Merchancano, proponiendo un avenimiento. Se dijo que el presidente Caicedo adoptó la idea contra el voto de Macaulay. En efecto convino verbalmente, y sin otra formalidad, que cesarían las hostilidades de una y otra parte, y que Caicedo con sus tropas se retiraría a Popayán, cuyo tránsito quedaría libre para el comercio mutuo; en fin, que los habitantes del distrito capitular de Pasto continuarían con el gobierno que tenían, hasta que hubiera alguna autoridad superior que todo lo arreglara.
En virtud de este convenio entraron los pastusos en el campo de patriotas, y se mezclaron con ellos, mientras que se estaban cargando los pertrechos. Ya había desolado gran parte de la tropa que emprendía la retirada, cuando los enemigos en número considerable, especialmente de indios, atropellaron la guardia que custodiaba la entrada del campo, y quisieron apoderarse de una carga de municiones, alegando que debía dejárseles, pues eran buenos amigos. No queriendo desistir en su empeño, la guardia recibió orden de hacerles fuego. Al oír el estallido del fusil, los pastusos, que estaban inmediatos, acometieron a los pocos soldados que aún permanecían en el ‘campamento y los aprisionaron. En seguida persiguieron a los demás que habían marchado ya, y que iban descuidados; a pesar de que estos combatieron vigorosamente, un gran número fue destrozado por los indios irritados, que peleaban como fieras. Conforme a las relaciones oficiales de los pastusos murieron doscientos patriotas, y quedaron prisioneros más de cuatrocientos, junto con el presidente Caicedo y diez y ocho oficiales, perdiéndose también todas las armas y pertrechos. Macaulay se escapó, y a los dos días fue aprehendido por los indios de Buesaco. Halláronse papeles y órdenes de la junta para que sujetara a Pasto, ocupando la ciudad a viva fuerza. Estas órdenes comprometieron sobre manera la suerte de los desgraciados prisioneros. Encerróseles en oscuros e inmundos calabozos, dándoles muy escaso alimento, y obligándoles a beber agua sucia y corrompida. Tan indigno tratamiento minó su salud, y no tardaron las enfermedades pestilenciales en comenzar a diezmarlos. Por la interposición del doctor don Mariano de Urrutia y de otros emigrados respetables de Popayán, que contuvieron al semibárbaro pueblo de Pasto, no fueron asesinados los prisioneros, según lo intentaron más de una vez los indios y la plebe. Esta irritación provenía en gran parte de haber faltado Macaulay a lo convenido en los últimos días de julio. Casi nunca se viola impunemente la fe de los convenios.
Orgullosos los pastusos y patianos con sus triunfos, envían dos destacamentos bastante numerosos hacia el sur. Manda el primero Francisco Delgado, quien se avanzó audazmente hasta la parroquia del Angel, correspondiente al distrito municipal de Ibarra. Mas tuvo de retrogradar temiendo las fuerzas de Quito. El segundo destacamento era regido por Joaquín de Paz y Casimiro Casanova, jefes de los patianos, los que con quinientos hombres ocuparon a Pupiales; a la misma sazón los quiteños mantenían sus estancias en Cumbal, haciendo desde allí algunas excursiones sobre los enemigos, a quienes molestaban.
Entre tanto proyectó el ayudante general de la expedición de Quito, doctor don Agustín Salazar, dar a los pastusos y patianos acampados en Pupiales una sorpresa nocturna con setenta soldados de Quito y veinte caleños. Encargado él mismo de la empresa por el coronel Sánchez, consiguió su objeto completamente, tomando antes prisioneros a dos destacamentos avanzados. Allí murieron bastantes soldados enemigos, incluso algunos oficiales, y se tomaron varios prisioneros, con cerca de doscientos fusiles. Para aumentar la confusión de la sorpresa, se incendiaron unas casas, porque los invasores querían volar el parque de los facciosos, lo que no consiguieron.
Después de este feliz suceso, tuvo la expedición de Quito que regresar a la capital, llamada por su gobierno, a causa de que las tropas realistas que invadían hacia el sur, mandadas por el brigadier Montes, habían forzado la línea de Mocha, y amenazaban a Quito.
La noticia de la completa derrota de Calambuco se supo inmediatamente en Popayán adonde pudo retirarse honrosamente el capitán Pedro Murgueitio, salvando ciento diez y siete hombres que habían quedado enfermos en el hospital del Ejido de Pasto; ella causó la más grande consternación, pues se habían perdido casi todas las armas y municiones que tenía la provincia, los oficiales y la juventud más lucida. El vicepresidente de la junta, Mazuera, dirigió entonces invitaciones elocuentes a las provincias pidiéndoles algunos auxilios; eran dictadas por su secretario el doctor Francisco Antonio Ulloa, y produjeron bien poco efecto. Nariño había enviado algún socorro con el teniente coronel Antonio Villavicencio, desde la primera rendición de Caicedo, y nada más añadió el gobierno de Cundinamarca. Cartagena lidiaba con Santamarta, que mantenía obstruído el magdalena, y las demás provincias nada tenían que dar. En estos días críticos era cuando se palpaba aún más la debilidad e ineficacia del sistema federativo para llevar adelante la revolución. Empero bien pocos se desengañaban de su insuficiencia, y todo se atribuía a la falta del congreso.” (Restrepo, 1974: 229-232).
Sobre la prisión de Macaulay y Caicedo escribe Rodrigo Llano Isaza:
“Macaulay, con Caizedo y Cuero, cayeron prisioneros de los pastusos en el combate de Buesaco, cuando trataban de darle un rodeo a Pasto para continuar hacia Quito, denunciados por un indígena de Chapal; En la batalla, Macaulay alcanzó a escaparse, pero fue capturado por los indígenas de la región dos días después.” (Llano, 1995: popayan).
14 de agosto. Santafé. Llegan a la ciudad las tropas de Nariño. Ibáñez afirma que la entrada del presidente se dio el 5 de agosto, Caballero dice que el grupo en el que él se encontraba entra el 14 pero no especifica si Nariño había partido antes.
“A 7 salimos de la Villa de Leiva para regresamos otra vez a Santa Fe, llegamos a Guachetá, el 8 a Ubaté, salimos de allí hasta el día 11, que llegamos al Salvio, el 12 a Cajicá, el 13 a Usaquén y el 14 a Santa Fe.” (Caballero, 1974: diario5).
17 de agosto. Ipiales. Enfrentamiento entre patriotas y realistas. Los patriotas de Agustín Salazar derrotan a los patianos realistas al mando de Joaquín Paz. (Llano, 1995: popayan).
18 de agosto. Cartagena. “Las tropas de Cartagena al mando de Félix Layet, conquistaron a Chiriguaná.” (Llano, 1995: cartagena).
19 de agosto. Santafé. Nariño renuncia definitivamente a la presidencia, lo reemplaza Manuel Benito de Castro.
“…Nariño hizo renuncia de la presidencia ante el Senado de Cundinamarca. Los motivos que alegara fueron: la guerra abierta que se había hecho a sus opiniones políticas por los particulares, los pueblos y las corporaciones, tanto valiéndose de la imprenta, como usando de las armas; que sin embargo de no haber cariado sus opiniones bien conocidas, habían accedido a la información del congreso, para suscribir a la opinión diseminada en todas las provincias por los enemigos de Cundinamarca y de la libertad; en fin, que su permanencia al frente del gobierno sería un obstáculo para la consolidación de la paz, por el odio que en todas partes se había inspirado contra su persona. Añadía que las corporaciones y tribunales de la provincia no querían reunirse ni desempeñar sus funciones respectivas, a causa de los partidos acalorados que aun existían e iban precipitando al Estado en la más espantosa anarquía. Por estas razones y por otras aún más urgentes, según decía el acuerdo del senado, se admitió el 19 de agosto la renuncia de Nariño, dándole las gracia spor los servicios que había hecho a la provincia.” (Restrepo, 1974: 256).
Ibáñez ubica la renuncia de Nariño el 20 de agosto:
“Nariño, con verdadero patriotismo, renunció entonces la Presidencia el día 20 de agosto, y de nuevo entró a desempeñarla don Manuel Benito de Castro.
El Gobierno de Castro carecía de energía, y en esas circunstancias circuló la noticia de que los enemigos de la Independencia preparaban una contrarrevolución para reconocer la Cortes de Cádiz. Entonces llegó un oficio de Baraya en el cual ofrecía las fuerzas que comandaba, para impedirla. En el pueblo se extendió el rumor de que Baraya marchaba ya sobre Santafé, de acuerdo con el Presidente Castro.” (Ibáñez, 1891: cap40a).
22 de agosto. Pasto. Los realistas en Pasto realizan consejo de guerra contra Alejandro Macaulay y Joaquín Caicedo y Cuero. (Llano, 1995: popayan).
26 de agosto. Ibagué. El Congreso del reino que se hallaba reunido en esa ciudad, aceptó el ofrecimiento de la provincia de Tunja y decidió trasladarse a Villa de Leiva. (Llano, 1995: mariquita).
“En consecuencia de la invitación dirigida por el mismo Nariño a los diputados de las provincias residentes en Ibagué, y considerando estos haberse ya pacificado las de Cundinamarca, Tunja y Socorro, resolvieron trasladarse a la villa de Leiva; hállase este lugar cercano a Tunja y no lejos de Santafé, hacia donde se pusieron en camino, a fin de instalar el congreso federativo.” (Restrepo, 1974: 256).
27 de agosto. Popayán. El gobierno de Popayán evacua la ciudad ante rumores de un avance realista. Deciden trasladarse a Quilichao. (Llano, 1995: popayan).
“…la ciudad de Popayán estaba continuamente alarmada por noticias exageradas de que venían sobre ella tres mil pastusos. Así desesperanzados los patriotas de conseguir auxilios de las provincias, determinaron abandonar la capital (agosto 27), retirándose al valle del Cauca, donde había espíritu público, del que carecía una parte considerable del pueblo de Popayán, decidido por el partido real. La junta se estableció en Quilichao, y Mazuera fue elegido dictador, puesto superior a sus pocas luces y talentos; Cabal obtuvo el mando de las armas, y estableció sus estancias en el punto de Ovejas. Sabiendo los patianos que la ciudad había sido abandonada, la ocuparon con poca fuerza. Los pastusos, contentos de defender sus hogares, no se movieron de sus casas. Es verdad que aún debían temer las fuerzas independientes de Quito.” (Restrepo, 1974: 232).
Septiembre de 1812
5 de septiembre. Ipiales. De nuevo sucede en ese sitio una batalla entre patriotas y realistas, esta vez los patriotas al mando de José Sebastián Moreno salen victoriosos. (Llano, 1995: popayan).
9 de septiembre. Cartagena. Continúan los enfrentamientos entre patriotas y realistas. “Los realistas atacaron el destacamento patriota de Menchinejo, cerca a Mompox, y lo incendiaron; En represalia, fue quemada San Sebastián.” (Llano, 1995: cartagena).
También en Cartagena. Se publica el número 2 del periódico El efímero de Cartagena, que anuncia la conciliación lograda entre Cundinamarca y el Congreso para admitir y promover su pronta instalación, tal actuación es vista como un ejemplo a seguir en pro de la unión de la nación. También entrega una relación detallada de los hechos ocurridos en Venezuela como sigue:
“CARACAS
Los enemigos de la independencia, disfrazan de tal modo los ultimos acontecimientos de Caracas, y la ocupacion momentanea de esta Ciudad, y la de la Guaira, por las tropas del partido de la Regencia, que nosotros nos apresuramos á publicar un resumen de los hechos que han precedido á la entrada de Monteverde, Xefe de dichas tropas, en estas Ciudades.
Como el terremoto del 26 de Marzo ultimo, hubiese destruido las Ciudades de Caracas, la Guaira, Barquisimeto y San Felipe, disminuyó considerablemente su poblacion. La mayor parte del exercito de Venezuela pereció en este desastre, y el pequeño numero de Soldados restante, se dispersó. Monteverde que con sus tropas habia hecho la ultima tentativa, y executadola con suceso sobre la villa de Caróra, aprovechó la ocasion para internarse al pais: el no experimentó resistencia alguna, y su marcha fue tan rapida, que llegó á los llanos de Valencia, pocos dias despues de la reunion del gobierno federal en la Ciudad de Valencia. En tal estado, se levantaron tropas con la precipitacion que exigia su necesidad, y que era preciso organizar, para formar de ellas un nuevo exercito: el gobierno nombró para el efecto á Miranda Generalisimo del exercito federal; pero este hombre cuyos desvelos no propendian, sino á su interes particular, procuraba hacer de la revolucion de Venezuela, el instrumento de su codicia, por lo que no consintió en encargarse del mando de su exercito, sino baxo la condicion de que se le confiriese un poder absoluto dictatorial.
El poder federal consintio en ella, cediendole no solamente los poderes que la Constitucion le habia conferido, sino tambien una autoridad mucho mas extensa, en una palabra, la autoridad absoluta.
El gobierno provincial de Caracas, sin dificultad accedió a su solicitud; pero era dudoso que las demas provincias la diesen del mismo modo su consentimiento.
Miranda entre tanto, se apoderó del numerario efectivo y materias de oro y plata que entraban en el tesoro publico, para hacerse un tesoro particular, con que poderse embarcar en caso de que estas provincias no quisiesen reconocerle ó que despues de haberle reconocido, la suerte le fuese contraria en los sucesos de la guerra: y se mantenía en la defensiva, no oponiendo al enemigo, sino retiradas, quando se veia estrechado suficientemente para temer hallarse en la necesidad de entrar en Batalla antes de que las demas provincias le reconociesen.
Fué segun este sistema, que habiendose retirado á Maracaya, llamó la izquierda de su exercito, que cubriendo la otra ribera de la laguna de Valencia, habia batido al Exercito enemigo entres encuentros diferentes, tomando por pretexto que el enemigo ocupaba un punto que el habia despreciado, y de que estaba amenazada su derecha. Asi él abrio al enemigo un camino que le conducia á la Ciudad de Victoria, á donde estaba el deposito de la Artilleria y los viveres del exercito; esta medida dio un motivo, á Miranda para retirarse á esta Ciudad amenazada por el enemigo.
El exercito que en tales circunstancias se hallaba en el mas grande desórden, fue atacado el 20 de Junio por todas las fuerzas enemigas; pero el amor de la libertad lo salvó todo, y el enemigo que habia penetrado hasta adentro de la Ciudad, antes que se hubiesen tomado las armas, fue rechazado con perdida de un cañon, y un gran número de hombres y particularmente de las tropas de linea venidas de Puerto-Rico. Miranda resistió á los deseos de los Xefes de cuerpos que querian aprovecharse del desorden del exercito enemigo, para perseguirle, y persistió en su sistema de inaccion. El enemigo alentado con esta conducta, tomó fuertes posiciones, de que bien pronto fue derribado, y despues de veinte dias de las sorpresa de Victoria, en los quales hubo ocho ó nueve encuentros en que el enemigo fue constantemente batido, Miranda recibió ácia el diez de Junio las noticias de las provincias federadas que abiertamente ofendian su ambicion.
Cumaná que se le mostraba menos contraria, le reconoció por Xefe del exéricto federal, y en conseqüencia le envió un doble contingente de hombres bien armados, pero le negó otra autoridad que no fuese la de General. Entonces fue quando Miranda resolvió poner en execucion su proyecto de escaparse con su tesoro: entró en negocios de paz con Monteverde, y nombró comisarios para tratar de ella no solo sin consultar al exército, sino contra su voto bien pronunciado de batirse.
El exército patriotico era tres veces mayor que el de Monteverde, y las victorias que habia logrado despues del 20 de Junio, lo habian alentado, en terminos que el soldado no respiraba sino combates. Miranda temiendo su oposicion tomó las medidas que concibió oportunas para dispersarlo, y baxo pretexto de contener las revoluciones que amenazaban los contornos de Caracas, embió á distintos puntos distantes de la Ciudad de Victoria los cuerpos que habian combatido y vencido en los encuentros precedentes y despues de haber desorganizado el exercito, se aprovechó del armisticio que habia convenido con Monteverde para ir á Caracas, y de alli al puerto de la Guayra, adonde el esperaba embarcarse con su dinero y efectos que de antemano habia hecho transportar.
Por desgracia de los Estados de Venezuela, los patriotas que vivian sobre las ruinas, y en los contornos de esta Ciudad; resolvieron impedir su partida, y Miranda viendo que lo observaban centinelas de vista, y que hombres armados pasaban la noche sobre la rivera del mar tomó el partido de volver a Victoria para cumplir del todo su tratado con Monteverde, tratado que no se ha publicado aunque sus principales artículos se han comprehendido; tratado á que ha sucedido la ocupacion de la ciudad de “Victoria”, y de las ruinas de Caracas y la Guayra por el Exerecito enemigo. – Tal ha sido la conducta de Miranda. Quales hayan sido las conseqüencias que ha traido para él, para los patriotas y para Monteverde en el partido de la Regencia nosotros las expondremos con la brevedad posible.” (El efímero, No.2: 1-3).
10-11 de septiembre. Santafé. Revueltas de la población de Santafé exigen que Nariño sea restituido en la presidencia.
“…Santafé se hallaba fuertemente conmovida por los partidos acalorados de centralistas y federalistas. El gobierno, ejercido por el primer consejero don Manuel Benito de Castro, estaba paralizado y sin energía. En tales circunstancias, el poder ejecutivo de Cundinamarca recibió un oficio dirigido por el mariscal de campo Baraya, en que le decía. “que circulaban rumores de que los enemigos de la independencia en Santafé trataban de hacer una contrarrevolución, a fin de prestar juramento a la Regencia y a las Cortes de Cádiz”. Baraya ofrecía sus fuerzas para impedirlo; añadía, que trataba de hacerlas marchar hacia Santafé, para sostener a su gobierno contra los malcontentos, en cuyo caso pediría el correspondiente permiso. El presidente interino Castro contestó a Baraya dándole las gracias, y manifestándole que no había necesidad alguna de que se trasladara a la capital con sus tropas.
Sin embargo de que ambos oficios se publicaron en la Gaceta oficial, se difundió el rumor de que Baraya marchaba ya contra Santafé de cuerdo con el presidente, y esto causó grande alarma. Reunidos el 10 de septiembre muchos individuos del pueblo con algunos oficiales militares pidieron a Castro que convocara al senado, y que Nariño fuese restituído al ejercicio del poder ejecutivo, pues en él tenían fincadas todas sus esperanzas. La fermentación crecía y Nariño se excusaba de venir a la ciudad desde el campo en donde residía, mientras no le llamara el senado. Cuando se reunió esta corporación, ya un gran número del pueblo se había trasladado a Fucha, quinta de Nariño, a quien condujo en medio de vivas y aclamaciones; éste consiguió en efecto restablecer con facilidad el orden público (septiembre 11).” (Restrepo, 1974: 256-257).
Sobre las peticiones de los habitantes de Santafé sobre la restitución de Nariño en la presidencia escribe Ibáñez:
“El 10 de septiembre hubo tumultos. El populacho y algunos militares exigieron al Ejecutivo que Nariño fuese restituido al ejercicio del Poder, aunque éste se excusaba de venir a la ciudad, mientras no lo llamara el Senado, pues prefería la tranquilidad de la vida del campo, en el retiro de su quinta de Fucha.
En momentos en que se reunía el Senado, los amotinados se habían trasladado a la mencionada quinta y traían al célebre caudillo a la ciudad en medio de vivas y aclamaciones.” (Ibáñez, 1891: cap40a).
12 de septiembre. Santafé. Nariño es restituido en la presidencia en calidad de dictador.
“Al siguiente día se juntaron algunos miembros de la representación nacional de Cundinamarca, aunque sin la mayoría legal, y acordaron que Nariño continuara de presidente del Estado con facultades absolutas, quedando suspensa la constitución y las demás leyes que fueran contrarias. En el acto mismo prestó el juramento de su nuevo destino, organizando en seguida el gobierno del modo que le pareció conveniente, aunque sosteniendo un lujo y aparato de funcionarios mayor acaso que el de los antiguos virreyes.” Restrepo, 1974: 257).
Ibáñez también referencia la dictadura de Nariño:
“Nariño quedó plenamente autorizado para ejercer el Poder Ejecutivo y acordar medidas para la seguridad del Estado; y don Manuel Benito de Castro, con su capa colorada, volvió a la tranquilidad del hogar, aliviado de la pesada carga del Gobierno.
Por medio de bando se hizo saber el día 12 que los empleados debían jurar el nuevo Gobierno, que los hombres útiles debían alistarse en el Ejército y que los que apoyaran la Regencia española sufrirían pena capital.
…
No es fácil darse cuenta de cómo aquellos patricios, tan amigos de la libertad civil y que gozaban de vida independiente, profesaran tal devoción a una dictadura sin límites, que provocaba la guerra civil.
El Dictador era una mezcla de travesura y de seriedad: grave en las ocupaciones de Gobierno, cuya responsabilidad aceptaba, asumía en el hogar y en la sociedad el carácter festivo y alegre, tan común en la juventud bogotana. Y la suavidad insinuante de su trato social y su distinción en los salones explican en parte el influjo que ejerció sobre los hombres de su tiempo.
El Dictador disminuyó los sueldos, creó un Tribunal de Seguridad Pública, expidió bandos y proclamas y atendió a la organización militar para combatir con los federalistas.
Los Senadores don Joaquín Malo y don Cayetano Vásquez recibieron la comisión de percibir donativos y empréstitos.” (Ibáñez, 1891: cap40b).
15 de septiembre. Cartagena. “Los realistas volvieron a derrotar a los momposinos, en la isla Margarita, frente a Mompox.” (Llano, 1995: cartagena).
Antioquia. Se forma la comisión militar en la que se encuentran “Juan del Corral, Dionisio Sánchez de Texada y José María Gutiérrez de Caviedes ("El Fogoso"), entre otros.” (Llano, 1995: antioquia).
16 de septiembre. Cartagena. Continuando con las instigaciones de algunos sacerdotes varias poblaciones de la costa juran fidelidad a Fernando VII mientras otras desmoralizadas entregan sus armas y acogen la causa realista. Cartagena se ve sitiada.
“Al tiempo que la causa de la independencia sufría tamañas desgracias en las provincias meridionales de la Nueva Granada, tampoco era feliz en las costas del Atlántico. La provincia de Cartagena sostenía la guerra contra los realistas de Santamarta por sí sola y con escasos recursos. Los enemigos, aprovechándose las circunstancias que les eran favorables, determinaron adoptar la ofensiva. Sabedores por noticias e inteligencias muy seguras del descontento de los pueblos por el papel moneda, de los muchos partidarios que el gobierno real tenía en las Sabanas de Corozal, irritados con la declaratoria de la independencia, y contra su nuevo corregidor doctor Ignacio Muñoz, de la debilidad de las fuerzas de Cartagena, y de la ineptitud de sus oficiales militares, proyectaron de revolucionar las Sabanas a favor del rey, tomar a Mompox y marchar sobre Cartagena; grandes proyectos de harto difícil ejecución para las fuerzas de los realistas de Santamarta. Los curas de Chinú y Sampués, don Jorge y don Pedro Antonio Vásquez, fueron los principales cabecillas que iniciaron la contrarrevolución. La parroquia de Sincelejo juró la primera al rey, en 16 de septiembre, por instigaciones de su cura; siguieron las dos antes mencionadas, y en poco más de quince días se sublevaron, proclamando a Fernando VII, todas las poblaciones de las Sabanas, desde Ayapel hasta Lorica, incluyendo a Tolú y al fuerte de Zispatá en las bocas del río Sinú; entregase este vilmente por su comandante don Juan Rosado, junto con la lancha cañonera número 4º. que también entregó a los realistas el teniente de artillería don Manuel Esquiaqui.
Con la noticia de la insurrección, el comandante de la línea enemiga hizo pasar el río Magdalena a su ayudante mayor don Antonio Rebustillo con el auxilio de setenta fusileros, cuarenta fusiles de repuesto y un cañón. Tan corta fuerza aumentó el incendio d ela rebelión, y puso a Cartagena en una especie de bloqueo, pues cortó los víveres que le iban del Sinú, que es el principal granero de la plaza. Fue tanto el desaliento que estas desgracias infundieron al gobierno de la provincia y a sus habitantes, que personas fidedignas que entonces se hallaban en Cartagena, nos han asegurado, que si mil hombres se acercan a sus murallas, probablemente se rinde la ciudad o la abandona el gobierno, pues carecía de guarnición y de vituallas, y el espíritu público de sus habitantes se había amortiguado sobremanera.” (Restrepo, 1974: 242-243).
Llano Isaza describe una de las derrotas sufrida por los patriotas costeños, se trata del caso de Sincelejo:
“Derrota patriota en el Guamal a manos de Juan Esteban de León y Valentín Capmany. Sincelejo (fundada por Antonio de la Torre y Miranda en 1775), rechazó la independencia y juró obediencia al gobierno español, movidos por el cura del pueblo Francisco Wilches.” (Llano, 1995: cartagena).
17 de septiembre. Mompóx. Se proclama la constitución republicana de esa ciudad. (Llano, 1995: cartagena).
20 de septiembre. Cartagena. El periódico El efímero de Cartagena, continúa y finaliza el relato sobre lo sucedido en Venezuela que había iniciado en la edición anterior del 9 de septiembre.
“Concluyen las noticias de Caracas.
Temiendo Miranda con razon, que los amigos de la independencia se reuniesen al exercito de Cumaná, procuraba evitarlo, yá por medio de numerosos destacamentos que enviaba á los caminos que conducen de Caracas á esta Ciudad con prohibicion de déxar pasar á qualquiera que fuese sin su pasaporte, yá por el embargo puesto en el puerto de la Guayra, pero estas mismas precauciones, que él tomaba para su seguridad, aceleraron su ruina. Desconfiado del tratado vergonzoso que habia celebrado con Monteverde, él se mantenia á cierta distancia del exercito de la Regencia, y luego que comprendió que este se acercaba rapidamente á Caracas, voló para Guayra el 30 de Julio con el objeto de embarcarse en aquel puerto, en la noche de este dia, conservando su caracter de Generalisimo, como el escudo que habria de oponer en qualquiera adversidad a los descontentos. ¡Vana ilusion! La desesperacion de los Patriotas no pudo contenerse, y quando Miranda fingia retirarse á su descanso ordinario, para ocultar su partida nocturna, fué sorprendido en la casa del gobierno por algunos de ellos, comandados por el Dr. Peña, á quienes ellos mismos habian creado Gobernador politico de esta Ciudad, y conducido á las Carceles publicas, adonde le cargaron de cadenas, para que quedando en poder de Monteverde experimentase la misma suerte que él habia preparado á los independientes. Asi ha sido conducido á Caracas, adonde experimentará todo el peso del despotismo, y sentirá la perdida de su libertad, cuyos beneficios, solo su perversidad pudo desestimar.
En quanto á los patriotas, la mayor parte del Exercito, se ha retirado á los cerros de la Provincia con las municiones y armas que han podido llevar consigo; una gran parte de los Caraqueños se le han unido, mas otros locos, creyendo que Monteverde respetaria sus personas y propiedades conforme al tratado, le aguardaron con una serenidad insensata, y se han convencido por una funesta experiencia, que los soldados de la tirania nada conocen de sagrado,…asi Monteverde ha sepultado en los mas obscuros calabozos, y abrumado con crueles prisiones á todos los patriotas que ha podido aprehender:…
…
Por otra parte las atrocidades que han cometido sus soldados han despertado el Patriotismo de los de los mas debiles partidarios de la independencia y dadoles la energia de que carecian. La mayor parte del exercito de Caracas reforzado por los que se han escapado de ella, y de la Guayra, ocupa las Montañas, y los desfiladeros de donde se abastecian estas Ciudades, entre tanto que el exercito de Cumaná dueño de los grandes llanos amenaza por San Carlos la retaguardia de Monteverde, y corta los víveres á Valencia, y Puerto Cabello: la escasez es horrible en todo el pais ocupado por Monteverde: su exercito ha ya consumido todos los bueyes de aquellos cultivadores a que ocurrian como á su unico recurso, y despues de tres semanas él ha hecho sus preparativos para retirarse haciendo conducir para la Guayra, y embarcar para Puerto Cabello toda la Artilleria que tenia en su poder; esta medida demuestra evidentemente que él alli no se hallaba seguro, y que estos paises libres del enemigo en breve se verán en plena posesion de su libertad.” (El efímero, No.3: 1-3).
23 de septiembre. Santafé. Se conoce tropa.
“El 23 de septiembre salió la expedición militar de Santafé a órdenes del Brigadier don José Ramón de Leiva. Marchó como Cuartel Maestre de ella el Teniente Coronel don Francisco García Olano, cuyo nombre figura con honor en los anales de Zipaquirá.
…
Iba como Mayor General el Teniente Coronel José María Berrueco, y entre los Ayudantes del General se contaban Bernardo y Francisco Pardo y Antonio Ricaurte. Desempeñaba la Auditoría de Guerra el doctor Miguel Tobar. Marchó en calidad de Ingeniero el Capitán Pío Domínguez, bogotano, pintor distinguido y cosmógrafo.” (Ibáñez, 1891: cap40b).
29 de septiembre. De nuevo salen victoriosos los soldados de Honda en un enfrentamiento con los realistas.
“En el fuerte Gallinazo, en el caminó de Simití a Ocaña, los hondanos derrotaron a los realistas.” (Llano, 1995: pamplon).
30 de septiembre. Santafé. Salen de la ciudad el sacerdote Gómez y el oidor de Quito Baltasar Miñano en misión diplomática a Estados Unidos.
“A 30 se fueron para el Norteamérica el presbítero doctor Gómez -el que llamaban Panela- y el oidor de Quito don Baltasar Miñano, a tratar asuntos del Estado y ver si podían tener comunicación con el papa.” (Caballero, 1974: diario5).
Octubre de 1812
Principios de octubre. Cartagena. En el mes de octubre del año 1812, llega a Cartagena, proveniente de Curasao, Simón Bolívar. (Llano, 1995: cartagena). Junto con otros oficiales venezolanos son aprovechados para emprender de nuevo una fuerte ofensiva contra los realistas.
“Empero las desgracias ocurridas a los patriotas de Venezuela sirvieron para salvar la nueva República de Cartagena. El comandante español don Domingo Monteverde había conseguido disolver la Confederación aun mal cimentada, y ocupar a Caracas el 30 de julio después de una capitulación. El coronel español Manuel Cortés Campomanes, que seguía el partido de los independientes, los dos Carabaños Miguel y Fernando, el coronel Simón Bolívar, que después adquirió tanta celebridad, y algunos otros oficiales arribaron a Cartagena; ellos reanimaron el espíritu público y dieron nuevo aliento al gobierno, que se confió a su valor, talentos y patriotismo. Campomanes obtuvo el mando de la columna que se preparaba, a fin de pacificar las Sabanas. Los Carabaños siguieron contra el fuerte de Zispatá o Zapote, y Bolívar fue destinado al Magdalena.” (Restrepo, 1974: 244-245).
2 de octubre. Antioquia. José Antonio Gómez, presidente de Antioquia le escribe a Nariño ratificándole la amistad y solidaridad entre las dos provincias. “Era la hora en que muy pocos, en las provincias federales, se atrevían a tenderle una mano amistosa a nuestro precursor.” (Llano, 1995: antioquia).
Tolú. Mientras tanto la población costeña desertaba de la causa patriota y se volvía realista. (Llano, 1995: cartagena).
4 de octubre. Villa de Leyva. Se reúne el Congreso de las Provincias Unidas. Se elige como presidente de las mismas a Camilo Torres.
“…instalándose el congreso en la mañana del 4 de octubre con la pompa y solemnidad que pudo darse al acto en la pequeña villa de Leiva. Concurrieron once diputados que representaban las provincias de Antioquia, Casanare, Cartagena, Cundinamarca, Pamplona, Popayán y Tunja16. En el templo, después del sacrificio de la misa, juraron sobre los santos Evangelios: - “desempeñar fielmente sus destinos, sujetándose al acta de federación, sin reconocer otra autoridad suprema que la depositada en el congreso por los pueblos de la Nueva Granada, como los únicos árbitros de ella, conservando la religión católica, apostólica, romana, bajo los auspicios de la Concepción Inmaculada de María”. Después del juramento se declaró instalado el congreso. Descargas de artillería y fusilería y vivas repetidos del pueblo celebraron esta proclamación. El doctor Camilo Torres fue nombrado presidente, y vicepresidente Juan Marimon; escogiese para secretario al doctor Crisanto Valenzuela. La Confederación había tomado desde antes el nombre de Provincias Unidas de la Nueva Granada.
Los diputados amaban la libertad de su patria, tenían luces teóricas de política, algunos talentos, deseos de hacer la felicidad común y bastante popularidad. Sin duda el presidente del congreso Torres era el hombre que reunía a su favor la generalidad de la opinión de las provincias. Una moral severa e irreprensible, un amor decidido por la independencia y libertad de su país, conocimientos en jurisprudencia, en literatura y en política, y una elocuencia fuerte y vigorosa, le habían ganado la opinión de todas las provincias. Eran sus defectos, escasos conocimientos del mundo y de los hombres, y es veneración, que se acercaba a la idolatría, por las instituciones de los Estados Unidos de Norte-América, que juzgaba podían adoptar nuestros pueblos sin variación alguna; tenacidad, que otros llamaba firmeza, en sostener las mismas instituciones, después que la experiencia había enseñado ser en gran parte inadaptables a nuestros pueblos, sobre todo, en fin, esa oposición tan decidida a las opiniones políticas de Nariño, que le impedían contemporizar en nada con el jefe de Cundinamarca, como parece que lo exigían las circunstancias de la Nueva Granada.” (Restrepo, 1974: 258-259).
Sobre la instalación del Congreso en Villa de Leyva y lo que sucedió después escribe Ibáñez:
“El 4 de octubre de 1812 se reunió en la Villa de Leiva el Congreso de las Provincias Unidas, al cual concurrieron don Manuel Bernardo Alvarez y don Luis Eduardo Azuola, por la Provincia de Cundinamarca. El Congreso eligió a Camilo Torres Presidente de las Provincias Unidas. Mientras que en el sur de Colombia y en las costas de Venezuela perdían terreno los patriotas, en Leiva y en Bogotá se agitaban en estériles contiendas centralistas y federalistas, y eran vejados en el Congreso los Representantes de Cundinamarca. Nariño rehusó sujetarse a las condiciones que le imponía el Congreso, conminado con declaratoria de guerra, y proclamó a Cundinamarca libre del pacto federal y, por consiguiente, emancipada del Congreso, de acuerdo con la Representación Nacional y con la opinión de una Asamblea popular que él mismo había convocado para deliberar sobre estos gravísimos sucesos. Además, supo Nariño que Baraya y Ricaurte habían apresado a los Diputados de Cundinamarca, con aquiescencia del Congreso, y que éste había expedido decreto en el cual lo declaraba traidor usurpador y tirano. Justamente irritado se aprestó a la defensa, y se puso a la cabeza de una expedición militar numerosa.
…
Apenas reunido el Congreso de Leiva, creó una Comisión militar. Fue su Presidente el General Antonio Baraya, y miembros los Coroneles Dionisio Tejada y Jorge Tadeo Lozano, algunos ingenieros y otros oficiales de menor graduación. El Congreso pidió también al Gobierno de Bogotá la imprenta que pertenecía a Francisco José de Caldas, quien la había cedido al mismo Congreso, aceptando éste la responsabilidad de los créditos con que pudiera estar gravada a favor del Gobierno” (Ibáñez, 1891: cap40b).
Samper también refiere la instalación del Congreso de las Provincias Unidas, agregando además el acta de instalación:
“El Congreso federal se instaló el 4 de Octubre de 1812, en la Villa-de-Leiva, perteneciente antes á la Provincia de Tunja, pero que se anexó, como los pueblos de Vélez y Chiquinquirá, á Cundinamarca. De poca importancia substantiva es el acta de instalación del Congreso federal, en el punto de vista del Derecho constitucional; pero sí fué de mucha significación como hecho político, puesto que era la base de lactación del primer Gobierno nacional. En todo caso, no resistimos á la tentación de insertar aquí aquel documento de capital interés histórico, porque él pone de manifiesto el espíritu formalista heredado de España, el candor político de nuestros Próceres, y el profundo sentimiento religioso que los dominaba, como inseparable del patriotismo. Hélo aquí:
PRIMER CONGRESO NACIONAL
ACTA DE SU INSTALACIÓN
(4 de octubre de 1812)
El Escribano público y Secretario del M.I. Cabildo de esta Villa-de-Leiva certifica: Que á las nueve de este día 4 de octubre de 1812, en concurso del Ayuntamiento y demás personas notables, se juntaron en la casa destinada para el Supremo Congreso los SS. Representantes, Diputados de las Provincias, Don Joaquín de Hoyos y Don José María Davila, por la de Antioquia; Don Juan Marimón y Enríquez por la de Cartagena; Don Juan José de León por la de Casanare; Don Manuel Bernardo Alvarez y Don Luis Eduardo de Azuola por la de Cundinamarca; Don Camilo Torres y Don Frutos Joaquín Gutiérrez por la de Pamplona; Don Andrés Ordóñez y Cifuentes por la de Popayán; Don Joaquín Camacho y Don José María Castillo por la de Tunja; y puestos todos en ceremonia, el ciudadano Crisanto Valenzuela, como depositario de los papeles de la Diputación general, puso en manos del señor Alcalde, Don José Francisco Oyarzábal, nombrado Canciller para este acto por el expresado Cabildo, unos papeles que fué pasando á las mías para que los leyese, como lo ejecuté á presencia de todo el concurso, y fueron los siguientes: primero, el Acta de Federación de las Provincias Unidas de la Nueva Granada, fecha en Convención de Diputados en Santafé de Bogotá á 27 días del mes de Noviembre del año del Señor de 1811: segundo, una certificación dada por el expresado ciudadano Valenzuela, como Secretario que ha sido de la Diputación general, á 3 del corriente en esta Villa, de la cual consta que habiéndose juntado en sesiones de 2 y 3 de este mes los mismos señores Representantes, habían reconocido y calificado mutuamente las actas y documentos de sus respectivos nombramientos, como diligencia previamente necesaria para la instalación del Congreso; y tercero, la fórmula del juramento que han de prestar dichos señores. Concluída esta lectura, el señor Regidor Don Apolinar Bermúdez, nombrado por el Cabildo Maestro de ceremonias para este acto, dijo: “Diputados de las Provincias y demás concurrentes, la templo”; y ejecutado así por las personas notables, Cabildo y señores Diputados con este mismo orden, les recibió á la puerta el señor Cura vicario, acompañado de otros eclesiásticos, y colocados todos en sus respectivos lugares, el señor Diputado de Popayán celebró la misa solemne, en que el citado señor Vicario les dió la paz. Acabada la misa, estaba yá á las gradas del presbiterio una mesa, y en ella un Santocristo y un misal, y acercándose el señor Marimón, Diputado de Cartagena, al señor Diputado celebrante, depuestas las primeras vestiduras sagradas, le recibió juramento en esta forma: “Juráis á Dios Nuestro Señor y á los Santos Evangelios que estáis tocando, cumplir y desempeñar bien y fielmente el oficio de Diputado del Congreso general de las Provincias-Unidas de la Nueva Granada para que habéis sido nombrado, y que en este acto vais á formar junto con vuestros dignos compañeros, sujetándoos principalmente al Acta de federación celebrada y reconocida por dichas Provincias, procurando en cuanto estuviese de vuestra parte llenar todos vuestros deberes, y no reconociendo otra autoridad que la que hoy depositan los Pueblos en vuestras manos como únicos árbitros de ella, proclamándolo así oportuna é inmediatamente á la faz del Universo, conservando y defendiendo la fe de nuestros padres en su santa Religión Católica, Apostólica, Romana, y bajo los auspicios de la Concepción Inmaculada de María?” – Si juro, respondió; y le fué dicho: “Si así lo hiciereis, Dios os ayude y os premie como á quien trabaja por la más santa de las causas, la libertad que concedió á todos los hombres en su creación y que hoy restituye á vuestra Patria; y si no, os lo demande.” – A lo que repuso, Amén. En seguida fueron acercándose los demás señores Diputados, por Provincias, y con orden que están nombrados al principio, y prestaron el juramento en manos del señor Diputado celebrante, el cual, después del último, volviéndose al Pueblo, dijo: “Está solemnemente instalado, en el nombre de Dios Todopoderoso, y bajo la especial protección de la Santísima Virgen Nuestra Señora, el Congreso general federativo de las Provincias – Unidas de la Nueva Granada”: en cuyo acto se oyeron un repique general y una descarga de fusilería y artillería, y descubriéndose el Augusto Sacramento, se cantaron el Te Deum y Veni Creator. Concluída esta función religiosa, el Supremo Congreso se dirigió entre vivas y exclamaciones á la misma casa, cubriendo la carrera la tropa, que batiendo marcha presentó las armas y allí se dejó ver en los balcones el Canciller, repitiendo al público las palabras con que yá en la iglesia se había anunciado la instalación: oyese entonces otra descarga de fusilería y artillería, y despejada la sala procedió Su Alteza á elegir Presidente del Cuerpo por cédulas, haciendo de escrutadores los señores Diputados Hoyos y Dávila. Verificado el escrutinio con las formalidades acordadas, se hallaron dos votos por el señor Diputado Marimón, dos por el señor Diputado Alvarez, y siete por el señor Diputado Torres, que reconocido por Presidente legítimamente electo, fué conducido á la primera silla, no obstante sus insinuaciones en contrario. En la misma forma se procedió á elegir Vicepresidente, y verificado el escrutinio se hallaron: un voto por el señor Diputado Dávila, otro por el señor Diputado Anzola, otro por el señor Diputado Castillo, y ocho por el señor Diputado Marimón, el cual, reconocido legítimamente electo Vicepresidente, fue conducid á la segunda silla. Procediese, en fin, en los mismos términos, á elegir Secretario, y verificado el escrutinio se hallaron once votos a favor del señor Crisanto Valenzuela. El público, á quien desde los balcones se anunciaron estas elecciones, las recibió con aplauso, y llamado el Secretario electo, después de una expresión de sus sentimientos, á que correspondió el señor Presidente, hizo en sus manos juramento de desempeñar bien y fielmente el oficio. Presentáronse entonces á cumplimentar á S.A. Serenísima el Cuerpo municipal, el Cura vicario, los Prelados religiosos, el Comandante y oficialidad de la Guarnición de esta Villa. Así concluyó esta función, en fe de lo cual, y por orden de S.A.S., pongo la presente que firmo, y conmigo los expresados Canciller y Maestro de ceremonias, en la Villa-de-Leiva, á 4 de Octubre de 1812.
José Francisco de Oyarzábal. – Apolinar Bermúdez. – Ramón Molano, Escribano público y Secretario del Cabildo. – Es copia, Valenzuela.” (Samper, 1888: 93-97).
6 de octubre. Santafé. Por bando Nariño avisa que la tropa federalista marcha sobre Santafé, se dan medidas a tomar en caso de un ataque.
“…se echó bando de la invasión que venía haciendo Baraya contra esta provincia de Cundinamarca y su capital, advirtiendo a los ciudadanos que al tiempo que se oyese un tiro de cañón se recogiesen las mujeres, niños y viejos a sus casas y cerrasen las puertas; y todo hombre de quince años para arriba, a la plaza de su parroquia. Que en todos los puentes, plazuelas y entradas de la ciudad se pondrían cañones, y los que tuvieran caballos a la Huerta de Jaime, ensillados.” (Caballero, 1974: diario5).
Sobre el bando escribe Ibáñez:
“El 6 de octubre Nariño publicó bando en que hacía saber que las tropas del Congreso marchaban sobre Santafé, y fortificó la ciudad con la artillería. Nos cuenta el cronista que en estas graves circunstancias también hubo revolución en un convento. En la misma noche del día 6 se levantaron los frailes de San Juan de Dios contra su Provincial, el médico fraile Juan José Merchán, realista entusiasta, y en son de guerra hicieron pedazos su retrato.
El Boletín de Noticias del mismo día 6 avisaba que Baraya había llamado a los socórranos para que vinieran con él a invadir a Santafé; que les había ofrecido la Salina de Zipaquirá y tres días de saqueo en la capital, con lo cual quedaría destruida.” (Ibáñez, 1891: cap40b).
Santafé. Se descubre atentado planeado contra la vida de Antonio Nariño.
“Se había organizado una conspiración para matar al Dictador. Uno de los comprometidos, miembro de familia patricia, debía solicitar una audiencia reservada para darle muerte. Enterado Nariño, con pormenores, de estos sucesos, guardó silencio. Una tarde llegó a Palacio el conspirador; solicitó la audiencia, que le fue inmediatamente concedida, y los dos solos entraron en una sala. El Presidente, con serenidad, cerró con su propia mano las puertas, recogió las llaves y las puso en manos del presunto asesino. Lleno éste de asombro, preguntó al Dictador el motivo de su conducta.
«Favorecer la fuga del que me va a matar, contestó el Presidente. No quiero que usted vaya a sufrir por mi causa» Y dicho esto, tomó un asiento tranquilamente.
Al momento el conspirador, que estaba ofuscado por la pasión política, le manifestó a Nariño que creía que venía a matar a un tirano y que hallaba a un gobernante generoso y caballero. Puso las llaves y un puñal sobre la mesa, y los dos actores de esta extraña escena departieron por largo rato como buenos amigos.” (Ibáñez, 1891: cap40b).
7 de octubre. Santafé. En el boletín de noticias se avisa que ya no tendría lugar la separación de Mariquita.
“En el Boletín del día 7 se dijo que la separación de Mariquita no tendría ya lugar, merced a los buenos oficios del Subpresidente Antonio Viana.” (Ibáñez, 1891: cap40b).
8 de octubre. Villa de Leyva. Comienzan las diferencias entre el Congreso de las Provincias Unidas y el Estado de Cundinamarca.
“Separóse del congreso el poder ejecutivo federal, que se encargó al presidente a nombre de este cuerpo, y muy pronto comenzaron los choques. El congreso decretó en 8 de octubre: - “que no siendo representativo el gobierno de Cundinamarca, única forma grantida por el pacto de Unión, ni hallándose divididos sus poderes se le intimase que lo redujera inmediatamente a esta forma”. Era lo mismo que mandar a Nariño que dejara de ser dictador; a la vez le ordenó que remitiera quinientos fusiles para la defensa de las provincias del norte, y que diera cuenta de todas las armas y útiles de guerra que había en sus parques; finalmente se le manifestó que el territorio de la villa de Leiva era federal, y que el congreso ratificaba la designación hecha por la diputación de las provincias. Esta orden era contraria a los tratados de 18 de mayo. Añadióse a ella, que el secretario del congreso dirigió a Nariño copia de un oficio del gobernador de Tunja, Niño, que era un tejido continuo de injurias las más atroces contra el presidente de Cundinamarca, sin dulcificarlas de manera alguna: también, que los diputados Alvarez y Azuola dieron cuenta a Nariño que su representación estaba absolutamente deprimida en el congreso, y ellos sin libertad para obrar, oyendo por todas partes improperios contra el presidente de Cundinamarca y las voces de: Muera el tirano Nariño.” (Restrepo, 1974: 259-260).
9 de octubre. Popayán. Se reestablece el gobierno patriota cuando José Ignacio Rodríguez derrota al realista Joaquín Paz y ocupa la ciudad. (Llano, 1995: popayan).
“Repuesto el gobierno de Popayán de su primer espanto, y habiendo reunido algunas tropas en el valle del Cauca, determinó recuperar la capital, que era muy interesante por la casa de moneda necesaria para acuñar el oro que se extrae de las minas de la provincia, y por otros recursos que suministraba para sostener la lucha. El teniente coronel José Ignacio Rodríguez marchó con trescientos hombres, y dispersando a los patianos que había en la ciudad, restableció el gobierno republicano el 9 de octubre, y mató a varios enemigos a quienes cogiera prisioneros. Sin embargo de esta ventaja, el dictador Mazuera no volvió a Popayán hasta fin del año.
El día que los independientes ocuparon a Popayán había seguido a Pasto escoltada por los patinaos doña ana Polonia García, mujer del gobernador Tacón, la que desde su fuga había permanecido en el convento del Carmen. Esta señora fue en lo venidero el ángel tutelar de los patriotas en Pato, a quienes más de una vez libertó de los calabozos, del hambre y aún del suplicio.” (Restrepo, 1974: 232-233).
Fue en medio de este episodio cuando comienza la vida militar del que años después sería presidente de Colombia, el payanés José Hilario López. Los relatos de sus memorias, dejan ver, los acontecimientos históricos desde otro punto de vista:
“No pasó mucho tiempo sin que se realizaran los votos de mi corazón. El día 9 de octubre de 1812 se presentaron los coroneles Cabal y Rodríguez muy cerca de Popayán. La alarma de los realistas divulgó en un momento la inesperada aparición de los patriotas. He aquí la ocasión que yo buscaba. Salgo impetuosamente de mi casa y me dirijo hacia el puente del Molino, en donde estaba empeñado el fuego. A la sazón los patriotas ganaban terreno y los realistas empezaban a desordenarse. Cofundido entre griegos y troyanos, en medio de inminentes peligros, logré presentarme a los jefes citados, quienes aplaudieron altamente mi conducta. Entre los oficiales patriotas venía el doctor Joaquín Mosquera, capitán entonces de una compañía de infantería. Yo pedí servicio como soldado; pero se me dijo que no teniendo la edad ni la capacidad para manejar el fusil, y poseyendo por otra parte las cualidades exigidas para cadete, se me admitiría con tal carácter, inmediatamente que practicase las informaciones requeridas por ordenanza. En efecto, luego que llené esos requisitos fui formalmente reconocido cadete en la 5a compañía de infantería que mandaba el capitán José María Ordóñez, y a imitación mía entraron en la misma clase varios otros de mis compatriotas, que han perecido durante la lucha, a excepción del señor Francisco Delgado y Scarpett.
En los primeros meses de mis ensayos militares no ocurrió ninguna circunstancia digna de notarse. Yo deseaba ocasiones para distinguirme, ya por amor a la gloria, ya por mi patriotismo, que se acrecía a medida que aumentaban los enemigos de la independencia. Algunas escaramuzas con las obstinadas guerrillas del Patía no daban lugar a las acciones dignas de elogios, porque nunca encontrábamos una resistencia formal. Su sistema era el de la guerra de partidas y posiciones, en que se trata de hacer mal al enemigo impunemente, y no se disputa el terreno con obstinación.” (López, 1942: memori2).
10 de octubre. Cartagena. Continúa la fuerte ofensiva de los realistas de Santa Marta contra los patriotas de Mompóx y Cartagena. Los Samarios aprovechan las varias batallas ganadas en los últimos meses para ampliar su ataque.
“Antonio Fernández Rebustillo comenzó la ocupación de las sabanas de Bolívar por orden del gobierno de Santa Marta.” (Llano, 1995: cartagena).
13 de octubre. Villa de Leiva. Desde Villa de Leiva el Congreso intercede ante Nariño a favor de Francisco José de Caldas.
“El Congreso de las Provincias Unidas pidió a Nariño levantar el embargo fiscal contra Caldas y dejar salir de Santafé a Manuela Barona para que pudiera reunirse con su esposo en Tunja.” (Llano, 1995: tunja).
14 de octubre. Cartagena. Al ver sitiada la ciudad, el gobernador Torices decide enviar comisionados al virrey Benito Pérez, se escogen para la misión a José María del Real y Germán Piñeres.
“En tan críticos momentos, el gobernador Torices reunió la convención de poderes, y después de una madura deliberación se acordó por unanimidad de sufragios, que se enviaran dos comisionados al capitán general don Benito Pérez, con el objeto de ajustar un armisticio y de hacer algunas estipulaciones sobre el comercio.
El capitán general había sido invitado a entrar en una transacción amigable por el vicealmirante inglés de la estación de Jamaica sir Charles Sterling, de quien el gobierno de Cartagena solicitó este paso amigable. El vicealmirante ofreció la seguridad de las personas que fueran a Panamá; expresando sin embargo que no tenía autorización alguna de su gobierno sobre la materia. Los doctores José María del Real y Germán Piñerez fueron los escogidos (octubre 14), quienes se trasladaron a Chagres en la fragata inglesa Garland, y de allí a Panamá, donde fueron bien recibidos. El principal objeto del gobierno de Cartagena al dar este paso, que parecía retrógrado era ganar tiempo, suspender las hostilidades, y observar cuanto pasaba en el istmo y en los demás puntos enemigos. Cumpliendo este plan los diputados dieron largas al negocio bajo diferentes pretextos. En tales circunstancias el ayudante Rebustillo interceptó en las Sabanas una carta del vicepresidente de Cartagena Piñerez escrita al comandante de Mompox, Ribon, en que le explicaba los designios secretos de la misión a Panamá, y que uno de estos era mantener allí dos espías que diesen cuenta de todo lo que pasara. El gobernador interino de Santamarta don José Castillo envió inmediatamente la carta al virrey, que mandó poner presos y privados de comunicación a Real y Piñerez. Estábales siguiendo un proceso de Estado, cuando el vicealmirante de Jamaica, sabedor de lo acaecido, dirigió al virrey una fuerte reclamación; en ella exigía la libertad de los comisionados de Cartagena, que habían ido a Panamá bajo la garantía de la palabra del mismo almirante. El virrey que temía a los ingleses, y que vanamente lisonjeaba de conseguir auxilios de Jamaica para sujetar a la Nueva Granada, cedió sin dificultad, dejando volver a Cartagena a Real y a Piñerez, sin que su misión hubiese tenido resultado alguno favorable.” (Restrepo, 1974: 243-244).
Antioquia. Ante la intempestiva muerte del presidente de Antioquia, ocurrida el 10 de octubre, se nombra como nuevo presidente a José Miguel de Restrepo Puerta, padre de José Manuel Restrepo, representante por esa provincia ante el Congreso general del Reino. (Llano, 1995: antioquia).
16 de octubre. Cartagena. “Los momposinos atacaron a los realistas e incendiaron San Zenón, Pijiño y Cabrera.” (Llano, 1995: cartagena).
19 de octubre. Mompóx. Enfrentamiento entre realistas de Santa Marta y patriotas momposinos. “Esteban Fernández de León al mando de las tropas de El Banco, atacó a Mompox.” (Llano, 1995: stamarta).
El relato más detallado es hecho por Restrepo:
“Apenas habían arribado los venezolanos a Cartagena, cuando la villa importante de Mompox fue atacada por una expedición que los realistas prepararon en el Banco; se componía de doscientos sesenta fusileros, cuatro violentos y cinco buques de guerra mandados por don Esteban Fernández de León, antiguo capitán del Fijo de Cartagena. Los enemigos consiguieron desembarcar arriba de la población el 19 de octubre, y atacaron la batería nombrada mompoxina; después de hora y media de combate, fueron rechazados con bastante pérdida y sus buques batidos por las fuerzas sutiles, a pesar de que no había casi otros defensores que milicias decididas a favor de la República. Varios oficiales y soldados, algunos champanes, dos piezas de artillería y unos pocos fusiles quedaron en poder de los patriotas, dispersándose el resto de la expedición enemiga. Por este triunfo, que contribuyó a restablecer la opinión pública en la provincia, y a que los ánimos recuperasen la energía que habían perdido por los desastres anteriores, el cuerpo legislativo de Cartagena dio a Mompox el honroso título de Ciudad valerosa.” (Restrepo, 1974: 245).
23 de octubre. Santafé. Se reúnen todas las corporaciones de la ciudad para estudiar los pliegos enviados por el Congreso Federal desde Villa de Leiva. De acuerdo a lo propuesto se decide por votación unánime que Nariño continúe en la presidencia de Cundinamarca.
“El día 23, a las ocho de la mañana, se congregaron en las aulas de San Carlos todas las corporaciones, a saber: el venerable deán, capítulo eclesiástico; el ilustre cabildo secular; la serenísima representación nacional; todos los padres de familia, que se juntaron cerca de 3.000, para tratar sobre los pliegos que mandó el congreso desde la Villa de Leiva. Se reunieron también todos los prelados de las religiones, curas y capellanes de monjas, con sus síndicos, hacendados y comerciantes. Los pliegos se reducían: que el gobierno de Santa Fe entregase al congreso toda la fuerza armada, pólvora y pertrechos de guerra a disposición de Baraya, y dinero. También se leyeron varios oficios del congreso y del senado de Tunja, subversivos y llenos de desvergüenzas contra Santa Fe y su presidente. En fin, hubo debates y se propuso la moción: si debía dejar el presidente el empleo en obsequio de la pública felicidad y quietud. Se redujo a votación particular que cada uno de los individuos echara una raya sobre un papel, en la afirmativa o negativa, lo que se ejecutó con el mayor orden, entrando los votantes por una puerta y salían por otra al patio, para evitar fraude. Había guardia de Alabarderos. Concluido que fue se encontraron todos los votos contestes sobre que siguiera en la presidencia, no habiendo siquiera un voto en contrario. No satisfecho el presidente con esta demostración los invitó para que si alguno no había votado lo hicieran con libertad, o que si querían que dejase el mando lo aclamasen; pero la general aclamación de todos fue que gritaron todos: "¡Viva nuestro presidente Nariño!" El señor canónigo doctor don Rafael Lasso, que fue el único que no quiso votar, se le incitó para que lo hiciera, y no habiendo obedecido, se le dijo que votara por la afirmativa o negativa o si no, que desocupara la provincia dentro de veinticuatro horas. Inmediatamente que oyó el decreto se levantó de la silla y se fue (y cumplió el salir al tiempo prefijado). Propuso el señor magistral Rosillo que se dictara providencia para la venida del señor arzobispo, y se determinó que el clero y el gobierno lo insistirían a su venida. Se propuso la moción: que si atendidas las actuales circunstancias del trato que le daba a Cundinamarca el congreso, si se le obedecían sus órdenes o no, estaban en federación. Por dos aclamaciones salió no querer federación, con uniformidad y pluralidad de votos, con lo que se concluyó a gusto general de todos, habiendo precedido antes el retirar la tropa, para que no dijeran que era por la fuerza de las armas.” (Caballero, 1974: diario5).
Restrepo fecha la reunión en Santafé el 22 de octubre:
“Luego que éste17 recibió las órdenes mencionadas y se impuso a fondo de lo que sucedía en Leiva, convocó el 22 de octubre una junta extraordinaria de las autoridades civiles, militares y eclesiásticas, así como de los padres de familia de Santafé, la que ascendía a mil quinientas personas. El presidente expuso en ella con brevedad el objeto de la convocación, e hizo leer los documentos relativos a las cuestiones pendientes con el congreso. Reducidos los puntos principales a votación pública nominal, resultó acordado: - “que Nariño debía continuar en el gobierno con las mismas facultades absolutas que se le habían concedido; que no se obedecieran las órdenes del congreso, y que no entrara Cundinamarca en federación” Estas resoluciones en que la ciudad de Santafé se arrogaba la voz del resto de la provincia, fueron aplaudidas por los concurrentes, y se disolvió la asamblea.” (Restrepo, 1974: 260).
29 de octubre. Cartagena. Al mando de Manuel Rodríguez Torrices, los cartageneros deciden organizarse militarmente en tres expediciones para combatir a los realistas.
“Rodríguez Torices organizó tres expediciones armadas para despejar de españoles y realistas la costa norte de la Nueva Granada, así: Pedro Labatut para Santa Marta; Cortés Campomanes para las Sabanas y los hermanos venezolanos Miguel y Fernando Carabaño para el Golfo de Morrosquillo.” (Llano, 1995: cartagena).
31 de octubre. Villa de Leyva. El Congreso, desconociendo las decisiones tomadas por la asamblea reunida en Santafé el 23 de octubre, envía otro comunicado amenazante a Cundinamarca.
“Aún no había el congreso recibido la noticia de este resultado, cuando quiso dar un paso conciliatorio. Decretó, pues, la agregación definitiva a Cundinamarca de los distritos de Muzo y Chiquinquirá, de las provincias de Mariquita y Neiva, sin hablar del Socorro, y dejando al cantón de Vélez sujeto a una resolución posterior; todo bajo la condición de que el gobierno de Cundinamarca se restituyera a la forma constitucional, y que reconociese al congreso, obedeciendo sus órdenes y resoluciones. Este decreto se acompañó en 31 de octubre con una intimación impolítica del congreso al gobierno de Santafé, al que hacía responsable de las consecuencias de otra providencia que se tomaría irremisiblemente al séptimo día de aquella comunicación en caso de que no obedeciera.
Aquesta intimación de guerra sólo sirvió para irritar sobre manera a Nariño quien se preparaba activamente para hacerla reuniendo y disciplinando tropas: lo mismo practicaba el congreso ayudado de los gobernadores de Tunja y del Socorro, a pesar de que tenía pocas armas y municiones.” (Restrpo, 1974: 260).
16. Los diputados de Antioquia eran los doctores José María Dávila y Joaquín Hoyos; de Cartagena, el Canónigo doctor Juan Marimón; de Casanare, el doctor Juan José de León, cura; de Cundinamarca, los doctores Manuel de Bernardo Alvarez y Luis Eduardo Azuola; de Pamplona, los doctores Camilo Torres y Frutos Joaquín Gutiérrez; de Popayán, el doctor Andrés Ordóñez, cura; y de Tunja, los doctores Joaquín Camacho y José María del Castillo y Rada. Cada provincia debía tener dos Diputados, pero algunas aún no habían elegido los que se titulaban segundos; otras como el Socorro, Neiva y el Chocó, iban a enviar inmediatamente sus representantes. Estos, desde antes de la instalación, firmaban por el orden alfabético de sus provincias. Solamente los Diputados León y Ordóñez no eran abogados.
17. Restrepo se refiere al presidente Nariño.
Noviembre de 1812
Aunque no se conoce fecha exacta, se sabe que en este mes renunció a su cargo el virrey de la Nueva Granada, Benito Pérez.
“Benito Pérez renunció al virreinato de la Nueva Granada, presionado por Cádiz que le exigía vivir más cerca de Santafé.” (Llano, 1995: noticias).
3 de noviembre. Popayán. De nuevo la ciudad es ocupada por los realistas.
“Las tropas de Toribio Montes reconquistaron para España la ciudad de Popayán.” (Llano, 1995: popayan).
Sobre la retirada de las tropas patriotas de Popayán cuenta José Hilario López:
“Mas como las fuerzas de los realistas crecían con los auxilios que llegaban del Perú, y nuestra situación en Popayán se consideraba crítica, resolvió nuestro jefe el coronel Rodríguez, emprender una nueva retirada al valle del Cauca con el objeto de esperar en posiciones ventajosas al enemigo, que se movía de Pasto sobre nosotros. Esta retirada se verificó muchos días antes que el general español don Juan Sámano se aproximase a Popayán. A cuatro jornadas militares de esta ciudad nos acampamos en la margen derecha del río Palo, y se tomaron todas las medidas conducentes a esperar al enemigo con una firme resolución. La columna contaba como 600 hombres de todas armas, llenos de entusiasmo y capaces de haber vencido una triple fuerza realista; nuestros oficiales eran experimentados. Recuerdo que teníamos en batería 17 cañones de a 2, 3 y 4. Todo pronosticaba un buen resultado; pero por una de aquellas extravagantes medidas que se tomaban al principio de nuestra lucha, tan contrarias al arte de la guerra, y que no se sabe hoy día cómo explicar, el Coronel Rodríguez, que se había hecho célebre en Iscuandé y en otros encuentros, ordenó la retirada a la aproximación del general Sámano, y nuestro jefe fue el primero que nos abandonó, después de haber hecho incendiar las barracas en donde estábamos acuartelados. Pero lo que más me admira todavía es que habiendo tenido noticias de que el general Sámano se hallaba a 3 ó 4 leguas de nuestro campo con una fuerza como de 1.000 hombres, nuestro jefe, lleno de ardor, dispuso en el acto ir a su encuentro, a cuyo fin pasamos a vado el río Palo, no con pocas dificultades ni menores peligros, pues los que conocen ese torrente saben lo peligroso que es pasarlo cuando sus aguas aumentan un poco. A las ocho de la noche estábamos ya de la otra parte y continuábamos nuestra marcha en buen orden y con las mejores disposiciones, cuando después de haber marchado como una legua, súbitamente se nos hizo contramarchar, repasar el río y continuar en retirada discrecionalmente y sin detenernos. Ignorábamos que el coronel Rodríguez nos había abandonado, hasta que habiendo llegado a la villa de Palmira se dio a reconocer por nuestro Jefe al teniente coronel (hoy general de división) Ignacio Torres, por no saberse el paradero del coronel Rodríguez. Misterio es éste, lo repito, que mientras más lo recuerdo, mas me da qué pensar, y más me embarazo en la investigación de tan extraordinaria conducta. El coronel Rodríguez era valiente y no le faltaba el genio que debe distinguir a un jefe militar en tiempo de guerra.
El desorden de esta malhadada retirada causó en nuestra columna la disminución de los dos tercios de su fuerza sin haber oído siquiera un ¿quién vive? o un tiro de fusil del enemigo. Estábamos, pues, reducidos a unos 200 hombres, aunque nuestros oficiales no habían abandonado su puesto.” (López, 1942: memori2).
6 de noviembre. Villa de Leiva. Los representantes por Cundinamarca ante el Congreso, Manuel de Bernardo Álvarez y Luís Eduardo Azuola, aceptan la destitución de su cargo al recibir la noticia que su Provincia había decidido no formar parte del Congreso y desconocer la federación.
“Desde Villa de Leyva, Alvarez y Azuola aceptaron la suspensión de poderes que les hizo Santafé y su llamado para que regresaran porque Cundinamarca decidió no entrar en la federación.” (Llano, 1995: santafe1).
7 de noviembre. Cartagena. Comienzan las victorias patriotas. “Labatut derrotó en Sitionuevo al realista Tomás Pacheco; Acto seguido se tomó la población y pasó al Platanal.” (Llano, 1995: cartagena).
Vélez. Después de la toma de El Socorro por parte de los federalistas, el cabildo de Vélez, convencido de la causa centralista, escribe a Antonio Nariño anunciando su permanencia con Cundinamarca y solicitando protección por parte de estas. (Llano, 1995: socorro).
8 de noviembre. Villa de Leiva. Los representantes de Cundinamarca informan que no les fue aceptada su renuncia en el Congreso y que se ordenó su prisión.
“Alvarez y Azuola comunicaron a Nariño que el Congreso no aceptó su separación de las deliberaciones y Camilo Torres ordenó ponerlos presos.” (Llano, 1995: santafe1).
9 de noviembre. Santafé. Después de muchas discusiones Nariño autoriza la llegada a Santafé del arzobispo Sacristán. (Llano, 1995: santafe1).
“Nariño, hábil político y conocedor del pueblo que gobernaba, dictó medidas para ganarse al clero, y aprovechó una manifestación de los padres de familia, que dormía en su mesa de despacho hacía meses, en la cual se quejaban de la ausencia de Prelado, para resolverla favorablemente. Atendía con esta resolución, idéntica solicitud hecha por el apoderado del Cabildo eclesiástico. Dispuso que no oponiéndose el Arzobispo Sacristán, que se hallaba detenido en La Habana, a reconocer la transformación política, ordenaba se le diese pasaporte y se le suministraran las cantidades necesarias para su viaje” (Ibáñez, 1891: cap40b).
España. Por orden de las Cortes se suprime la Mita.
“Las Cortes de Cádiz, con la firma de su presidente Francisco Morros y de los Secretarios Juan Quintana y José Joaquín de Olmedo (Ecuatoriano), abolió las "mitas": Quedan abolidas las mitas o mandamientos, o repartimientos de indios, y todo servicio personal que bajo de aquellos u otros nombres presten a los particulares; Medida que aliviaba la miserable condición de los indígenas americanos.” (Llano, 1995: noticias2).
12-14 de noviembre. Cartagena. Victoria patriota en la batalla del Arroyo de Mancomoján. Desmanes de Cortés Campomanes quien estaba encargado de la expedición de tropas patriotas que debía limpiar la sabana de realistas.
“En el ínterin el coronel Campomanes había organizado su expedición, que era como de seiscientos hombres, y con ella penetró en los pueblos insurreccionados. Aguardóle Rebustillo cerca del arroyo de Mancomojan con poca tropa disciplinada y considerable número de milicias que había reunido. El 12 de noviembre fue batido en dicho lugar, y poco después en el inmediato de la Oveja, perdiendo algunos hombres muertos y prisioneros. Dispersóse el resto de sus grupos indisciplinados (noviembre 14). Escapóse Rebustillo por la villa de San Benito hacia Pinto, en la provincia de Santamarta, con la mayor parte del destacamento de soldados veteranos que llevara a las Sabanas, acompañándole varios de los principales autores de la rebelión. Luego que el coronel Campomanes no tuvo enemigos que combatir, se dedicó a investigar quiénes habían sido los jefes y promovedores de los alborotos a favor del rey. El hizo arcabucear algunos de los que aprehendiera, y entre ellos el capitán don Diego de Castro, cuñado del general Narváez y de las primeras familias de Cartagena. Este acto de vigor se juzgó entonces una crueldad, y excitó contra Campomanes clamores repetidos y una severa crítica. Aún no había tomado la guerra el carácter que recibió después, y la generalidad de los pueblos odiaba el derramamiento de sangre.” (Restrepo, 1974: 245-246).
Llano informa sobre la operación militar como dos victorias patriotas en las que el patriota Campomanes, después del triunfo, realiza actos abusivos de poder:
Para el 12 de noviembre escribe: “Batalla del "arroyo de Mancomoján" (Sitio ubicado entre las actuales poblaciones de El Carmen-Bolívar y Ovejas-Sucre), en que Cortés Campomanes derrotó al realista Antonio Fernández Rebustillo, y sin permiso del gobierno de Cartagena, Cortés ordenó fusilar y descuartizar a 16 en Lorica, 2 en Corozal, 2 en Tolú y 4 en Sincelejo, actos salvajes estos que no se necesitaban y sólo lograban la reacción contraria de los pueblos…” (Llano, 1995: cartagena).
Y luego para el 14 en el sitio de Ovejas: De nuevo se enfrentan Cortés Campomanes y Fernández Rebustillo, logrando, otra vez, los patriotas la victoria. (Llano, 1995: cartagena).
17 de noviembre. San Antonio. Pedro Labatut, encargado de la expedición que debía erradicar a los realistas de Santa marta, se toma el sitio de San Antonio. (Llano, 1995: cartagena).
18 de noviembre. Guáimaro. Después de obtener la victoria en Sitio Nuevo, El Palmar y Sitio Viejo, Labatut decide recuperar el Guáimaro para los patriotas. “En Guáimaro, Labatut derrotó a Pedro Domínguez.” (Llano, 1995: cartagena).
“Las ventajas obtenidas por el gobierno de Cartagena sirvieron no solamente a la defensa de su provincia, sino que también lo animaron a tomar la ofensiva contra los enemigos. Poco antes de la acción de Mancomojan, el aventurero francés Pedro Labatut había sido destinado al Magdalena con doscientos milicianos, la mayor parte vecinos de Barranquilla, dos lanchas y otros buques menores. Con esta fuerza atacó las posiciones fortificadas por los realistas en Sitionuevo, el Palmar y Sitioviejo, las que tomó por asalto en los primeros días de noviembre, cayendo en su poder diez y seis piezas de artillería con sus municiones, y cuatro bongos armados. Lleno de esperanzas por esta victoria, hizo nuevos preparativos, y con trescientos cuarenta hombres emprendió tomar el Guáimaro, punto de la mayor importancia (noviembre 18). Consiguiólo en efecto por asalto, quitando al enemigo toda la artillería, las municiones, cuatro bongos de guerra y una lancha cañonera. Con tan prósperos sucesos Labatut obtuvo el mando en jefe del río Magdalena. Llenáronse por esto de entusiasmo sus tropas, que después de tantos reveses habían sido conducidas a la victoria bajo de sus órdenes, y él se preparó a empresas mayores sobre Santamarta.” (Restrepo, 1974: 246-247).
20 de noviembre. Tolú. “Silvestre Pinzón comandante de armas de Tolú, rindió la plaza a Cartagena.” (Llano, 1995: cartagena).
22 de noviembre. Tolú. La ciudad es ocupada por los patriotas Miguel Y Fernando Carabaño, venezolanos de la causa patriota, encargados por Cartagena de la expedición al Golfo de Morrosquillo. (Llano, 1995: cartagena).
24 de noviembre. Villa de Leiva. El Congreso califica a Nariño como dictador y tirano y autoriza cualquier acción necesaria para acabar con su mal gobierno.
Después de recibido el oficio amenazante por parte del Congreso, con fecha del 8 de octubre y de realizada la junta en Santafé el 23 de octubre para responder al Congreso, “…Nariño dirigió al presidente de la Unión esta intimación: “No siendo justo que a la sombra del congreso se mantenga Tunja con las armas de Cundinamarca, para impedir su defensa revolucionando a los cantones dependientes de este Estado; es llegado el caso de que, o sigan las tropas que están en Tunja a arrojar los enemigos de Cúcuta, o se me entreguen para pasar yo mismo a atacarlos, o de que las tropas que hoy tengo acuarteladas con ese destino sigan a recoger las armas que, perteneciendo a Cundinamarca, detiene injustamente Tunja para atacarla, impidiendo la defensa general. El supremo congreso, o los miembros que hoy le componen, serán responsables personalmente de las consecuencias que se sigan, si por su parte no contribuyen eficazmente a que las cosas terminen de uno de los dos modos propuestos.”
Cuando este oficio llegó a Leiva, y el congreso había expedido un decreto, declarando a don Antonio Nariño, “usurpador y tirano de la provincia de Cundinamarca, y a todas las personas de su facción, refractarias y enemigas de la Unión y libertad de la Nueva Granada”. En consecuencia, autorizó al presidente encargado del poder ejecutivo para que, por cuantos medios estuviesen a su alcance, suprimiera el intruso gobierno y la facción que oprimía a Cundinamarca, dejándola en plena libertad.” (Restrepo, 1974: 260-261).
Sobre la declaratoria de Usurpador y Tirano que hace el congreso a Nariño, escribe Llano Isaza:
“El Congreso de las Provincias Unidas condenó a Nariño como "usurpador y Tirano" y autorizó al poder ejecutivo para que acuda por todos los medios que estén a su alcance, sin excluir el de la fuerza armada, a defender la misma unión y la libertad de la Nueva Granada, del que interior y próximamente les amenaza por esta parte, hasta suprimir el intruso gobierno y su facción que afligen a la provincia de Cundinamarca y dejarla en plena libertad.” (Llano, 1995: tunja).
Liévano Aguirre describe esta acusación como parte de un plan para acabar con el gobierno de Nariño:
“Dentro de la gran estrategia de la Fronda, estas furiosas hostilidades verbales constituían apenas las primeras escaramuzas de tanteo. El ataque de fondo tendría como objetivo la creación de la leyenda del tirano, a fin de sugerir, repitiéndolo hasta el cansancio, que Nariño no perseguía fines confesables y desinteresados, sino que deseaba ensanchar anómalamente los límites de su autoridad para satisfacer ambiciones personales y crear, en la Nueva Granada, una situación contraria a los más visibles deseos de la opinión pública. Nada tiene de extraño, por tanto, que un día comenzara a decirse en las tertulias, en los periódicos y hasta en los púlpitos, que Nariño se proponía ¡quien lo creyera!, coronarse Rey de la Nueva Granada y que su conducta toda revelaba un persistente y mañoso esfuerzo por debilitar a los grupos sociales que podían ofrecerle resistencia eficaz a sus ominosos proyectos….
Como la oposición no estaba interesada en comprobar sus cargos sino en crear dudas sobre la conducta política del Presidente, poco después comenzó a circular una nueva especie en Santafé. Ya no sindicaba a Nariño de ambicionar la Corona sino que se le culpaba de ejercer la dictadura para dominar a la Nueva Granada y entregarla, indefensa, a los españoles. A fin de dar verosimilitud a esta impostura, la Fronda se encargó de explotar, hasta el cansancio, uno de los dramas más dolorosos de la atormentada existencia de Nariño. Nos referimos a la conducta de su hijo, don Gregorio Nariño Ortega, quien se había afiliado, en los momentos en que su padre luchaba por conseguir la Independencia y liberación del pueblo granadino, al partido realista y participaba en los preparativos que realizaban los españoles, en La Habana, para reconquistar el Virreynato…No creemos que sea indispensable recurrir a explicaciones tan extraordinarias para entender el problema de Gregorio Nariño,…La familia del gran luchador quedó en la mayor indigencia, hubo momentos en que no se disponía de un pan en su hogar y en que doña Magdalena Ortega de Nariño, esa admirable mujer, se vio precisada a mendigar la ayuda de parientes remisos, mientras su esposo permanecía, con algunos intervalos, por cerca de diez años en las bóvedas de sombrías prisiones españolas. Fue esta situación de estrechez y padecimientos sin medida, la que influyó inequívocamente en la formación del carácter de Gregorio Nariño, quien desde temprano tuvo la tendencia no a odiar a su padre sino a considerar estériles y quijotescos los ideales por los cuales su progenitor sacrificó la propia tranquilidad y comprometió la suerte y bienestar de su familia…” (Liévano, 1987: 732-734).
25 de noviembre. Zipaquirá. Batalla entre centralistas y federalistas en Hato Viejo.
“Saltando incidentes de esta campaña, anotaremos que el 25 de noviembre el Capitán don Tadeo Vergara combatió con ventaja en Hato viejo contra las avanzadas de las fuerzas de Baraya y Ricaurte. En Bogotá se habían organizado los españoles con anuencia del Gobierno, para mantener la tranquilidad pública, y habían formado una Compañía de a caballo, que no causaba gasto alguno al Erario Público. Llegó la noticia de que en las tropas federalistas corría la especie de que el Presidente Nariño era un hereje, tan grande como Juan Calvino y Martín Lutero, noticia que convirtió a los soldados de Baraya en entusiastas defensores de su religión y su Dios.” (Ibáñez, 1891: cap40b).
26 de noviembre. Santafé. Nariño escribe un manifiesto donde expresa su necesidad de separarse del gobierno y formar una junta de gobierno de Cundinamarca, con solamente cinco individuos, “…de conocidos patriotismo, probidad y luces.” (Ibáñez, 1891: cap40b).
En este concepto, he nombrado a don Felipe de Vergara, actual Secretario de Estado y Guerra, que será el Presidente de ella; a don Juan Dionisio Gamba, Secretario de Hacienda; a don José Ignacio Sanmiguel, que lo es de Gracia y Justicia; a don Manuel Camacho Quesada, y a don José María Arrubla.” (Ibáñez, 1891: cap40b).
Villa de Leyva. El congreso, ante las amenazas de Nariño y buscando velar por su seguridad, decide trasladarse a Tunja.
“…el congreso a fin de proveer a su seguridad acordó en 26 de noviembre trasladarse a la ciudad de Tunja. Allí debía ser protegido por las tropas de esta provincia y de las del Socorro, mandadas por los generales Baraya y Ricaurte; eran poco más de setecientos fusileros, buenos soldados, y milicias indisciplinadas que tenían lanzas por armas.” (Restrepo, 1974: 261).
Región del Sinú. El oficial venezolano Miguel Carabaño recupera para los patriotas el fuerte de Zispatá y logra que varias poblaciones cercanas acojan de nuevo el gobierno de la república.
“Fue también feliz la expedición que el oficial Miguel Carabaño condujo a las bocas del río Sinú; era apenas de ciento cincuenta hombress y algunos buques de mar; llevaba el objeto de apoderarse del fuerte de Zispatá. El 26 de noviembre lo atacó a viva fuerza por mar y tierra, tomándolo por asalto. Carabaño manifestó aquel día un valor superior a toda prueba, y lo mismo algunos otros oficiales venezolanos que le acompañaban, que no dieron cuartel a ninguno de los prisioneros; “para aplacar, según dijeron, los manes de tantas víctimas sacrificadas por los españoles en odio de la libertad”. Pacificado este punto de apoyo de los revolucionarios del Sinú, los demás lugares reconocieron de nuevo el gobierno y se restableció la tranquilidad.” (Restrepo, 1974: 246).
Sobre la victoria de Carabaño escribe Llano:
“En la batalla de Cispatá, Miguel Carabaño derrotó a Tomás Pacheco; Siguieron y en compañía del español patriota Rafael Tono y del hijo de Ríohacha José Padilla…liberaron la región del Sinú, se tomaron la batería del Zapote y se les rindieron San Antero (fundada por Antonio de la Torre y Miranda en 1777) y San Sebastián;…” (Llano, 1995: cartagena).
27 de noviembre. Cartagena. Desde esa ciudad Simón Bolívar y el ex - gobernador de Caracas Vicente Tejera le piden ayuda al Congreso General del Reino para liberar Venezuela de los españoles. (Llano, 1995: cartagena).
28 de noviembre. Zipaquirá. Nariño se desplaza a Zipaquirá, ahí organiza su retaguardia y sale el día 28.
“Entretanto el Dictador organizaba su retaguardia en Zipaquirá, de donde salió el día 28.” (Ibáñez, 1891: cap40b).
No se conoce con exactitud la fecha en que Nariño salió de Santa Fé pero Restrepo entrega información sobre el ejército que conformó:
“…Nariño no perdió tiempo, y se puso en marcha para Tunja con cerca de mil quinientos hombres de todas armas, los ochocientos de tropa reglada. Bajo de sus órdenes mandaba el brigadier don José Ramón de Leiva y algunos otros oficiales españoles o adictos al antiguo sistema, los que habían protestado no batirse jamás contra tropas del rey, pero en las guerras civiles abrazaron ardientemente la causa de Nariño, bien persuadidos que destruyendo al congreso y a los republicanos que lo componían o manteniendo dividida la Nueva Granada, prestaban un servicio importante a la España. Este es un cargo justo que la historia debe hacer a Nariño. Por el apoyo decidido que concedió a los enemigos de la revolución y a los españoles que se hallaban en Santafé, padeció mucho la opinión pública que antes había a favor de la independencia y libertad.” (Restrepo, 1974: 261-262).
Diciembre de 1812
2 de diciembre. Ventaquemada. Batalla en el Alto de la Virgen. Nariño sale perdedor y decide reorganizar sus tropas.
“El presidente de Cundinamarca, después de organizar el gobierno de la provincia durante su ausencia, se puso en marcha para Tunja a la cabeza de sus tropas. Baraya había formado cerca de aquella ciudad, en la quebrada de Barona, un campo fortificado bajo la dirección del coronel Manuel Castillo y del ingeniero Caldas, en el cual, como último recurso, se pensaba hacer la más vigorosa resistencia. Sin embargo, una columna de quinientos hombres con cinco piezas de artillería se avanzó hasta la alea de Ventaquemada al mando del brigadier Ricaurte. Adelantándose rápidamente las fuerzas de Nariño, las avanzadas de Ricaurte tuvieron que replegarse, situándose toda la vanguardia en el punto llamado Alto de la Virgen: allí se le obligó a empeñar el combate el 2 de diciembre a las cuatro de la tarde. El fuego se sostuvo con viveza por una y otra banda hasta las seis y media, en que los soldados de Nariño comenzaron a desordenarse retirándose hacia Ventaquemada. Nada pudo contenerlos en su fuga, que emprendieron aquella misma noche, dejando en el campo cuarenta muertos, cincuenta prisioneros y diez piezas de artillería, con algunos fusiles y otros útiles de guerra. Ricaurte tuvo muy poca pérdida, aunque fue harto sensible la del capitán Mariano Portocarrero, joven natural de Santafé que ofrecía las mejores esperanzas. Después de este combate indecoroso para las armas de Cundinamarca, Nariño se adelantó a la capital a fin de conservar el orden público. Muchos de sus oficiales se dispersaron también; pero el brigadier Leiva reunió los restos de la división, e hizo una marcha retrógrada lo más ordenada que le fue posible, sin que Ricaurte le persiguiera.
Más de ocho días corrieron después de esta victoria sin que marchara el ejército de la Unión destinado contra Cundinamarca. En él iban los gobernadores de Tunja y del Socorro, Niño y Robira, que mandaban las milicias de sus respectivas provincias; estos, unidos a Baraya, a Ricaurte y a los diputados Ordóñez y Hoyos, formaban la comisión política del congreso encargada de las negociaciones que ocurrieran, y de organizar el gobierno de Cundinamarca, si el éxito era feliz.” (Restrepo, 1974: 264-263).
Así relata Ibáñez la batalla de Ventaquemada:
“El 2 de diciembre tuvo lugar el encuentro en el Alto de la Virgen, serranía cercana al pueblo de Ventaquemada. Los federalistas estaban bien parapetados; los centralistas atacaron a pecho descubierto; la lluvia hizo el suelo fangoso, y el combate se decidió en contra de las fuerzas del General Nariño. Este no evitó medio decoroso y aun humillante para disminuir el desastre, pero ninguno fue aceptado por las tropas del Congreso.
Con la pena de la derrota y de la muerte de cuarenta de sus soldados, entre los cuales se contó el Oficial Mariano Portocarrero, Nariño voló hacia la capital, para promover una reorganización. Leiva, buen militar, salvó 800 hombres, con los cuales llegó a Nemocón el 3 de diciembre, y a Bogotá al día siguiente.
Asociado con el francés Antonio Bailly, amigo entusiasta del Gobierno, reorganizaron las tropas, crearon milicias y fortificaron los barrios de Las Cruces, San Diego y San Victorino; además, enviaron un destacamento de artillería a la capilla de Monserrate, elevado cerro que domina la ciudad por el Oriente.” (Ibáñez, 1891: cap40b).
Quito. Mientras Nariño es derrotado en Ventaquemada, en la audiencia de Quito eran vencidos los patriotas mientras los españoles retomaban el poder.
“Los patriotas fueron derrotados en Ibarra; El poder español se restableció en toda la Audiencia de Quito. “(Llano, 1995: noticias).
12-13 de diciembre. Santa Marta. Labatut avanza hacia Santa Marta, derrota a los realistas en el cerro de San Antonio y se toma Ciénaga.
“Al punto que Labatut hubo organizado su expedición atacó a los realistas, expeliéndoles sucesivamente del cerro de San Antonio y de otras posiciones fortificadas o ventajosas que los españoles ocupaban en el Bajo-Magdalena. Aprovechándose el terror que manifestaban los enemigos, Labatut emprendió la toma de la plaza de Santamarta. Penetró en la Ciénaga con las fuerzas sutiles, que eran numerosas; batió a los realistas, y tomó varios buques, entre los cuales se hallaba la lancha cañonera que había sido entregada en Zispatá por el oficial Esquiaqui; apoderóse también del pueblo de San Juan de Sabanas o de la Ciénaga, donde el enemigo pudo haber hecho una resistencia muy vigorosa.” (Restrepo, 1974: 247).
Para el avance de Labatut, Llano Isaza describe:
Para el 12 de diciembre en San Antonio: “En el cerro de San Antonio, Labatut volvió a derrotar al realista Domínguez.” (Llano, 1995: cartagena). Y para el 13 en Ciénaga: Labatut derrota en Ciénaga a Vicente Talledo. (Llano, 1995: stamarta).
15 de diciembre. Cartagena. Se conoce el documento escrito por Bolívar bajo el título Memoria dirigida a los ciudadanos de la Nueva Granada por un caraqueño.
“Antes de marchar a su destino18, publicó en Cartagena una memoria sobre las causas que habían contribuído eficazmente a la pérdida de la Confederación de Venezuela. Entre las principales enumeraba el extemporáneo espíritu de filantropía que dominara a los jefes de Venezuela, el establecimiento del gobierno federativo que había sido tan débil; el terremoto acompañado del fanatismo; y últimamente las facciones internas que aceleraron la caída de la República.
El aconsejaba a los gobernantes de las provincias granadinas que evitaran tan funestos escollos y proponía, como una medida de vital importancia para la salvación de la independencia, que los gobiernos de la Nueva Granada levantaran quince o veinte mil hombres para la reconquista de Venezuela; pues de lo contrario en breve serían subyugadas sus provincias por los españoles que dominaban la Costa-Firme. “Corramos, terminaba, a romper las cadenas de aquellas víctimas que gimen en las mazmorras, siempre esperando su salvación de vosotros: no burléis su confianza: no seáis insensibles a los lamentos de vuestros hermanos. Id veloces a vengar al muerto, a dar vida al moribundo, soltura al oprimido y libertad a todos” Esta memora causó grande sensación en la Nueva Granada por las ideas nuevas y atrevidas que contenía sobre el modo de dirigir la revolución. No produjo, empero los felices resultados que Bolívar deseaba, porque las provincias se hallaban aferradas al sistema de gobierno federativo, y las exaltadas pasiones que las dividían no dejaban que vieran la luz de la verdad, aun cuando brillara a sus ojos.” (Restrepo, 1974: 252-253).
Sobre el documento de Bolívar escribe Llano Isaza:
“Simón Bolívar escribió el llamado "Manifiesto de Cartagena", que realmente llevaba por título "Memoria dirigida a los ciudadanos de la Nueva Granada por un caraqueño", donde pretendió explicar, desde su punto de vista, por qué se perdió Venezuela y endilgó al federalismo la debilidad de los gobiernos, la expedición del papel moneda, la división de los criollos y a la influencia de los religiosos, como los culpables de todos los males de su patria; Sin embargo, meses después, puso su espada al servicio de los federalistas granadinos.” (Llano, 1995: cartagena).
21 de diciembre. Barranquilla y Tenerife. Mientras Labatut establecía su cuartel general en Barranquilla, Bolívar que ahora apoyaba la lucha del ejército patriota se toma Tenerife.
“Labatut estableció su cuartel general en Barranquilla, antes de salir del país para siempre; Bolívar ocupó a Tenerife (fundado por Francisco Enríquez en 1542), y les dirigió una proclama a sus habitantes en su calidad de "Comisionado del Estado".” (Llano, 1995: cartagena).
22 de diciembre. Santafé. Nariño ordena tomar precauciones en la ciudad ante una posible invasión de Baraya.
“Nariño concentró sus fuerzas en Santafé. Bajo la dirección del francés Bailli y del brigadier Leiva, se hicieron algunas fortificaciones en San Diego, San Victorino y por el lado de Fucha, que son las entradas principales de la ciudad. Guarneció también con doscientos hombres el cerro importante de Monserrate, que domina a Santafé. Al mismo tiempo Nariño interesaba a los cabildos secular y eclesiástico y a otras varias corporaciones respetables para que mediaran, a in de que se hiciera la paz y hubiera un acomodamiento; escribió a Baraya, a Caldas y a otros de sus antiguos amigos que venían en el ejército de la unión, interesándolos en que se consiguiera una terminación pacífica; con el mismo objeto envió diputaciones a Baraya y a la comisión del congreso. A pesar de que Nariño hacía concesiones bien importantes, de ningún modo se aceptaron; procedimiento muy errado, que fue causa de continuarse las operaciones militares.” (Restrepo, 1974: 263).
Llano Isaza asegura que además de las precauciones militares, Nariño también protegió la hacienda de la ciudad:
“Nariño ordenó trasladar a lugar seguro los caudales de la Casa de la Moneda, temiendo la entrada de las tropas del traidor Baraya.” (Llano, 1995: santafe1).
23-27 de diciembre. Costa Atlántica. Simón Bolívar inicia la que se llamó La Campaña Admirable. En 1812 recupera Tenerife (23 de diciembre), Mompóx (27 de diciembre) y Guamal (30 de diciembre), poblaciones que se encontraba bajo el dominio español y continuo hasta Ocaña, acabando a su paso con las tropas enemigas.
“…decidio Bolívar a hacer por su parte todo cuanto estuviera a su alcance para promover la independencia en la Nueva Granada, como un paso necesario para la libertad de la oprimida Venezuela, no pudo estarse quieto en la comandancia de Barraca. Así fue que mientras Labatut obraba sobre Santamarta, Bolívar comenzó a preparar una pequeña expedición contra la villa de Tenerife, fortificada por los españoles y que obstruía la navegación del Alto-Magdalena: con algunos cortos auxilios que recibiera intimóle que se rindiese (diciembre 23), lo que en efecto consiguió después de huír su guarnición hacia Valledupar. La artillería y buques españoles que allí existían cayeron en su poder. Después continuó hasta Mompox, escarmentando las partidas enemigas que guarnecían algunos otros puntos de la margen oriental del río. El comandante general Labatut, que no había dado orden para esta expedición, puso el mayor empeño en que se juzgara a Bolívar en consejo de guerra por los celos que concibió, y con el fin de oscurecer la reputación que éste iba adquiriendo; pero el coronel Bolívar fue sostenido por el presidente gobernador de Cartagena, quien aprobó su conducta, sin que Labatut pudiera conseguir sus designios, a pesar de que hizo un viaje a la capital de la provincia con solo este objeto.
Los españoles todavía eran dueños de Guamal, Banco y Puerto-Real de Ocaña en el Alto Magdalena, puntos que Bolívar resolvió ocupar sin tardanza. En el intermedio fue reconocido en Mompox en el destino de comandante de armas de aquel distrito militar, y reforzado con alguna tropa reglada, con milicias y quince buques armados en guerra. Su columna ascendió entonces a quinientos hombres. El enemigo que se jactaba de que ni aun parlamentarios recibiría, huyó vergonzosamente del Banco hacia Chiriguaná en lo interior de la provincia, cuando supo que Bolívar se hallaba a tres leguas de distancia. Este le persiguió vivamente, le alcanzó en Chiriguaná, donde lo batió el 1º. De enero, quitándole cuatro embarcaciones de guerra que se habían introducido por el río César, la artillería, fusiles y pertrechos. En seguida se apoderó de Tamalameque, escapándose con muy pocos hombres los oficiales españoles Capmani y Capdevilla. Después ocupó sin resistencia alguna el Puerto-Real y entró en la ciudad de Ocaña entre vivas y aclamaciones de aquel pueblo, que estaba oprimido por los realistas de Santamarta.” (Restrepo, 1974: 253-254).
30 de diciembre. Guamal. “Bolívar se apoderó de Guamal.” (Llano, 1995: cartagena).
Finales de diciembre. Se inicia el sitio militar a Santafé por parte de las tropas federales.
“El general de la Unión manifestó en esta campaña su poco talento y actividad. Sin embargo de no hallar fuerza alguna que se le opusiera, avanzaba lentamente. Todo su ejército estaba en desorden, sintiendo la escasez y el hambre en medio de la abundancia que presenta la explanada de Bogotá, una de las más feraces de la América del Sur. Baraya al fin estableció su cuartel general en el pueblo de Fontibón, y su línea se extendía desde Usaquén hasta Tunjuelo por el espacio de tres leguas. Pretendía un imposible, que era rendir por hambre a la capital, para evitar la efusión de sangre.” (Restrepo, 1974: 263).
Ibáñez, haciendo un recuento más detallado, escribe:
“Baraya y Ricaurte hicieron lentamente su marcha sobre Santafé, y llegaron a los aledaños de la ciudad con 5,000 hombres, entre ellos los veteranos que habían hecho ya la campaña del Sur. En el Ejército de la Unión estaban Dionisio Tejada, Antonio Villavicencio, Caldas, Atanasio Girardot, Manuel del Castillo y El Fogoso José María Gutiérrez, Oficiales distinguidos todos ellos.
…
Quiso Baraya sitiar la ciudad, y para ello extendió su línea militar por los pueblos de Usaquén, Suba, Fontibón, Bosa y por las orillas del río Tunjuelo.
Los dos Jefes enemigos tuvieron una entrevista, provocada por Nariño, en una alquería cerca del pueblo de Usaquén. Nariño, dejando una escolta de veinte hombres que llevaba por ceremonia, avanzó solo por entre las tropas de su adversario dando plausible ejemplo de valor y patriotismo. Al mismo General cedemos aquí la pluma:
Lo primero que se presenta a la vista del Presidente de Cundinamarca en las inmediaciones de la casa destinada a la conferencia, es una avanzada de cien hombres armados y dos piezas de artillería; pero estos preparativos no intimidan su animosidad, y despreciando, por decirlo así, su interesante vida, se adelantó de las pocas personas que lo acompañaban, y entrando con espíritu sereno por medio de veinte fusileros que estaban formando en ala con las bayonetas caladas. avanzó hasta el lugar donde se hallaba el General Baraya, y echando pie a tierra, le dio abrazos como una prueba segura de las buenas disposiciones que lo animaban, y de que corría un espeso velo sobre las diferencias que hasta allí habían tenido, manifestándole, al mismo tiempo, la protección que el Dios délas bondades les dispensaba, cuando les permitía volverse a ver con el carácter de amigos.
No obstante las buenas razones de Nariño, expresadas con ingenuidad, aquella conferencia no dio resultado provechoso. Tampoco lo obtuvieron las comisiones de paz, confiadas por él mismo a don José Gregorio Gutiérrez Moreno, al Canónigo Fernando Caicedo y Flórez y a otros ciudadanos respetables.
Baraya intimó la rendición de la ciudad para el día 29, y exigió la deposición del Presidente y el sometimiento absoluto de su persona y de sus fuerzas.
Quiso el Presidente, como último recurso, convocar en su palacio a las señoras madres, hijas y esposas de los Oficiales de Baraya, pero este paso no produjo mejores efectos que los muchos que pública y privadamente había tomado en los días anteriores.
La situación de la ciudad era extremada. Corría la especie de que Baraya no dejaría «piedra sobre piedra» El terror había llegado a su colmo. Los habitantes todos se creían expuestos a un saqueo, y corrían rumores siniestros sobre lo que pudiera suceder con respecto a ultrajes a las mujeres y a las monjas. Los numerosos templos estaban abiertos y daban acceso a muchos que creyendo llegados sus últimos momentos, buscaban el amparo de la Providencia. En los campamentos de San Victorino y San Diego el espíritu público se reanimaba, y en ellos se veía al General Nariño hablar con todos, tranquilo y Jovial, y rodeado de señoras y de sus dos hijas, éstas con divisas militares iguales a las de los soldados de artillería.
Se veía en la población la actividad de una colmena; en los templos rezaban las mujeres, los viejos y los niños; en la maestranza se cortaban vestidos; en los parques se fabricaban correajes y toldos y se herraban caballos, y en los campamentos se limpiaban armas y se afilaban lanzas.
No había una sola persona ociosa ni una sola indiferente.
Baraya ocupaba con su Cuartel General el caserón exconvento que servía de presbiterio al Cura de Fontibón, a la sazón ausente.” (Ibáñez, 1891: cap40b).
18. Restrepo se refiere a Barraca, lugar que le fue asignado militarmente bajo el mando de Labatut.
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