BIBLIOGRAFÍA
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ESPINOSA, José María. Memorias de un abanderado. Santafé de Bogotá. Colseguros. 1997.s
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Número 2. Sábado 26 de marzo de 1814.
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Número 21. Viernes 1 de julio de 1814.
IBÁÑEZ, Pedro María. Crónicas de Bogotá. Tomo III, capítulos XLII y XLIII. Bogotá. Disponible en: http://www.lablaa.org/blaavirtual/historia/cronic/cap42a.htm
LIÉVANO AGUIRRE, Indalecio. Los grandes conflictos de nuestra historia. Volumen II. Bogotá. Ediciones Tercer Mundo. 1987.
LLANO ISAZA, Rodrigo. “Hechos y gentes de la primera república colombiana (1810-1816)”. En: Boletín de historia y antigüedades. No. 789. Bogotá. 1995. Páginas 501-523.
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LÓPEZ, José Hilario. Memorias de José Hilario López. Bogotá. Editorial ABC. 1942. Disponible en: http://www.lablaa.org/blaavirtual/historia/memori/indice.htm
RESTREPO, José Manuel. Historia de la revolución de la república de Colombia. Tomos IV y V. Paris. Librería Americana, Imprenta de David. 1827.
RICO, Ramón. Boletín del ejército del sur. Números 3 y 4. Popayán. Imprenta de Ramón Rico, impresor del ejército. 5 y 8 de marzo de 1814.
RODRÍGUEZ Molano, Juan. Boletín de providencias del gobierno. Año 2, Número 6. Santafé. Imprenta del Estado. 14 de noviembre de 1814.
"Las citas textuales en el cuerpo del texto y notas al pie correspondientes a documentos escritos en el siglo XIX son copiadas sin modificación del documento original, se conserva la ortografía y redacción."
Enero de 1814
Enero de 1814:
Principios de enero. Cartagena. Juan Robertson y Lino de Clemente fueron enviados a Saint Tomas como delegados de Cartagena para buscar apoyo del gobierno de Inglaterra, pero se encontraron con la negativa. (Llano, 1995: cartagena).
1 de enero. Santafé. Se realizan elecciones para alcaldes de la ciudad, son escogidos José Carpintero y Luís Tobar.
“Este año se volvió a hacer elección de alcaldes el 1° de enero, porque desde el año de la revolución se hacía el 20 de julio.” (Caballero, 1974: diario7).
Antioquia. Juan del Corral nombró coronel a Francisco José de Caldas. (Llano, 1995: antioquia).
Ibáñez también refiere la elección de alcaldes de la capital de Cundinamarca:
“El primer día del año de 1814, el Cabildo de Bogotá nombró Alcaldes a don Luis Tobar y a don José Carpintero. Algún tiempo después el primero de los citados fue reemplazado por don Benedicto Domínguez.” (Ibáñez, 1891: cap42a).
2 – 7 de enero. Provincia de Popayán. El 2 de enero, a orillas del río Piendamó, la tropa de Nariño divisó a los realistas comandados por Ignacio Azín. Ante el encuentro, Nariño le exigió a Azin su rendición y la de sus tropas, así como la entrega de sus armas (4 de enero). Azín rechazó la propuesta de Nariño y decidió marchar hacia Calibío para encontrarse con Sámano (7 de enero), quien mientras tanto había decidido establecer su cuartel en la hacienda de Calibío. (Llano, 1995: popayan).
Lo sucedido en la provincia de Popayán entre el 2 y el 12 de enero es relatado de manera detallada por José Manuel Restrepo:
“En el momento que Sámano llegó al Tambo dirigió una órden al mayor Asin para que á marchas forzadas se replegara del valle de Cáuca hácia Popayan: este se hallaba pronto para acometer á los patriotas de Cáli, que defendian el paso de la Balsa con un parapeto, un pedrero y algunos fusiles á las órdenes del capitan Nicolas Larraondo, y hubiera destruido la ciudad, pues tales eran las instrucciones que tenia de Sámano. Asin cumplió con las órdenes de su gefe y segun el plan convenido debian atacar á Nariño el cinco de enero por la noche. Luego que este supo que Asin tenia consigo la mayor parte del egército español, dejó la ciudad y salió a buscarle. Cuando llegó al bajo Palacé donde Tacon fué derrotado, Asin estaba ya en Piendamó perfectamente situado cerca de la hacienda de Calivío. Ocupando los republicanos el camino principal, le creyeron cortado y el general Nariño le intimó la rendicion enviando al efecto al teniente coronel Francisco Urdaneta. Asin recibió la intimación con el mayor desprecio, trató duramente al oficial, no contestó á Nariño, y en la misma noche (7 de enero) pasando el rio Palacé por el puente de piedra de la Pedregosa, se adelantó á Nariño con toda su fuerza y se unió á Sámano en la hacienda de Calivío. El egército real se acampó en la casa fuerte de este nombre.” (Restrepo, 1827, tomo IV: 131-132).
Por otra parte, José Hilario López fijó el hecho el primer día del año, además del movimiento de las fuerzas de Azín hacia Calibío sin aclarar día exacto:
“Al otro día intimó nuestro general la rendición al del enemigo, por medio del capitán con grado de teniente coronel Francisco Urdaneta; el jefe enemigo recibió muy mal a nuestro parlamentario, que fue insultado y amenazado por todas sus tropas, habiendo dado una respuesta insolente. Durante la noche se movió Azin de su campo, y por una senda extraviada del camino principal pasó el Palacé y se acampó en la hacienda de Calibío, en donde lo esperaba Sámano con una fuerza casi igual. Mi compañía, como de costumbre, fue destinada al amanecer al reconocimiento de la dirección que había tomado Azin, y habiendo regresado al campo con informes ciertos, salió luego con 300 hombres más a las órdenes del coronel Cabal en observación del enemigo, y marchando hasta la portada, a menos de tiro de cañón, sin encontrar un solo enemigo, y sin que éste se hubiera dado cuenta de nuestro movimiento, pues no hacía una señal de alarma, envió el coronel Cabal un oficial cerca del general Nariño para darle cuenta de estas circunstancias y pedirle permiso de atacar de sorpresa, asegurándole el buen suceso. El oficial regresó a escape con la orden de retirarnos al campo, lo que verificamos.” (López, 1942: memori3).
8 de enero. Santafé. Entran a la ciudad, Serviez y Campomanes, provenientes de La Plata, en calidad de presos, acusados de querer asesinar a Nariño.
“Entraron los presos que querían asesinar al presidente en La Plata, pero al coronel Campomanes, al inglés y otros, los llevaron para Cartagena.” (Caballero, 1974: diario7).
9 de enero. Santafé. Mientras se celebra el aniversario de la victoria en San Victorino, llega la noticia de la victoria obtenida el pasado 30 de diciembre de 1813 en Palacé, todo el día se convierte en celebraciones.
“Día a la verdad grande para esta ciudad; hoy se celebró el aniversario de la derrota de Baraya. Con grande pompa se le hizo una grande fiesta a nuestro Padre Jesús Nazareno, en San Agustín, con asistencia del señor presidente interino, la representación nacional, oficialidad, comunidades y demás corporaciones. Fue el batallón de Milicias para bendecir una bandera; se bendijo por el padre provincial Chavarría, en manos del coronel don Luis Eduardo de Azuola; predicó un famoso sermón el padre Camacho; hubo dos descargas por todo el batallón: una al alzar y la otra cuando se colocó la bandera en el batallón, después que volvió la comitiva a palacio. Convidó a todos el coronel a su casa al refresco, el que estuvo famoso. En este mismo día, para proteger la alegría y darnos Dios una prueba de que nos protege con su gran misericordia, llegó la noticia de la primera acción que se ganó por nuestras armas en los campos de Palacé, en donde salió derrotado el enemigo y huyendo Sámano. Se les cogieron dos cañones, trece cajones de pertrechos, fusiles y prisioneros. Hubo un general repique de campanas, se quemo muchísima pólvora; a las dos de la tarde las músicas de Milicias y Patriotas dieron vuelta por la plaza, con muchos cohetes, que cada ciudadano echaba a porfía; los tambores y pitos tocando dianas, con licencia del señor corregidor. Se trajeron dos toros, los que se jugaron con mucha diversión y regocijo general; los colegiales bartolos, desde las galerías de su colegio, gritaban muchos vivas y se pusieron las becas por gorro de libertad y fijaron en la cruz de la galería una bandera tricolor. A la noche dio la Milicia un golpe de música muy famosa; y en la puerta del cuartel, debajo de doceles, estaba colocado un Jesús de oro con mucha iluminación. Este Dulce Nombre se había colocado desde la noche anterior, en la cual hubo iluminación voluntaria en toda la ciudad, y esta misma noche también hubo música en el cuartel, y al pasar el rosario de Santo Domingo con Nuestra Señora de Belén, cantaron los padres una salve allí, con la música. La noche del 2 salió la música y dio vuelta por las principales calles gritando: “¡Viva el Dulce Nombre de Jesús y el comandante general en jefe de la expedición del sur y presidente de Cundinamarca, don Antonio Nariño!” Hubo también iluminación voluntaria en toda la ciudad.” (Caballero, 1974: diario7).
A Pedro María Ibáñez, no le parece acertada la celebración del aniversario de la victoria de Nariño en San Victorino, por considerarla una forma de recordar las diferencias y odios partidistas. Además, relata la celebración realizada por Luís Eduardo Azuola ante el conocimiento de la victoria en Palacé:
“El Gobierno de Santafé tuvo el desacierto de celebrar el sábado 9 el aniversario del triunfo de Nariño el año anterior, con fiestas cívicorreligiosas que despertaron las ideas partidaristas ya adormecidas. Al terminar la fiesta llegó la noticia del triunfo de Nariño en los campos de Palacé.
La celebraron las tropas con evoluciones militares, dianas y música, y el pueblo con corrida de toros e iluminaciones. El Coronel don Luis Eduardo de Azuola, que tenía funciones de Corregidor, es decir, de antiguo Pretor de los romanos, convidó a su casa a un refresco a los Oficiales y a los amigos políticos del Gobierno de Alvarez, como lo habían hecho don Luis Caicedo y don Pantaleón Gutiérrez. Sostenía Azuola la justicia de la independencia con su dinero, su persona y su mesa. El refresco fue abundante, o mejor dicho, fue una comida, porque hubo platos de sal y fue a la una del día. En la mesa los Oficiales fueron tratados de igual a igual por sus Jefes y por las autoridades civiles. La dignidad humana nacía en esa escuela de la disciplina democrática que cambiaba las costumbres. Y hubo ardientes brindis en loor de la República y depresivos recuerdos de los tiempos coloniales.” (Ibáñez, 1891: cap42a).
10 de enero. Antioquia. El Congreso del Estado ordenó un estudio sobre los esclavos, en respuesta a la petición de libertad hecha por Del Corral. (Llano, 1995: antioquia).
11 de enero. Pamplona. Fusilamiento de Susana Cotes y Eulalia Gálvis por orden de Matute. (Llano, 1995: pamplona).
13 de enero. Santafé. Llega a Santafé la noticia que Nariño entró a Popayán el 31 de diciembre y lo encontró desierto por lo que decidió retirarse y regresar a Palacé.
“Entró el comandante general de armas don Miguel Pey y el señor coronel de milicias, corregidor, don Luis Eduardo de Azuola. Este día vino noticia de haber entrado el señor presidente en Popayán y no encontró con quien contestar, y se volvió a retirar a Palacé.” (Caballero, 1974: diario7).
15 de enero. Calibío, provincia de Popayán. Batalla de Calibío en la cual Nariño triunfa. Mientras tanto, el comandante de las fuerzas antioqueñas, Rodríguez, dio captura a Ignacio Azín y le corta la cabeza, lo cual causó la indignación de Nariño, quien lo reprende. Más adelante, Rodríguez le cobraría la ofensa a Nariño con su traición en los ejidos de Pasto. (Llano, 1995: popayan).
José Manuel Restrepo escribe sobre la batalla de Calibío:
“No habiendo podido Nariño impedir el que se reunieran los dos gefes españoles que tenian fuerzas superiores á las suyas, resolvió continuar en su fuerte posicion del bajo Palacé y aguardaba la division del coronel Rodriguez que se habia engrosado en el valle de Cáuca. Al efecto le comunicó órdenes para que acelerara sus marchas. Tambien instó sobre lo mismo al comandante de la columna de Antioquía, Gutierrez; pero este de ningun modo quiso asentir, asi por resentimientos antiguos que tenia con el general en gefe, como por no comprometer la soberanía y dignidad del estado de Antioquia, poniendo sus armas á las órdenes del presidente de Cundinamarca. Su conducta fue aprobada por el dictador Corral que en medio de escelentes calidades para el gobierno, tenia el mismo defecto de atender demasiado á la soberanía é independencia de su provincia. Con tales puntillos ridículos que diariamente se veian en cada una de las provincias, era imposible que se pudiera sostener la República combatiendo con los españoles que obraban con toda la energía de un poder absoluto y concentrado.
Rodriguez tardó algunos dias en llegar con los refuerzos que pudo reunir en el valle de Cáuca. Nariño juntó cerca de mil ochocientos hombres en su campo del bajo Palcacé, y Sámano tenia dos mil la mayor parte de milicias. Este fué atacado por los republicanos en su posicion de Calivío por tres puntos diferentes. Despues de una accion de tres horas de fuego, el general Nariño mandó cargar á la bayoneta con la cual entró el desórden en los realistas que muy pronto se pusieron en una fuga precipitada. El mayor español, Asin, murió combatiendo valerosamente y con él quedaron muertos en el campo ocho oficiales y trescientos sesenta soldados. Se tomaron prisioneros ochenta hombres y seis oficiales, incluso el coronel Solis. El enemigo perdió tambien ocho piezas de artillería y doscientos fusiles con todos sus pertrechos y municines.” (Restrepo, 1827, tomo IV: 132-135).
Los sucesos de la batalla fueron narrados por José Hilario López como sigue:
“…al coronel Cabal se dio el mando de una columna que debía obrar por nuestra derecha; al comandante Monsalve, el de otra sección que debía obrar por la izquierda, y el general Nariño, con su segundo el brigadier Leiva, y más de los dos tercios del ejército, por el centro. Mi compañía pertenecía a la sección del coronel Cabal. El fuego se empeñó por el centro y la izquierda, empezando por el de artillería de ambas partes. La columna de la derecha permanecía descansando sobre las armas en una pequeña hondura, en donde no era vista del enemigo, mientras llegaba el tiempo oportuno de manifestarse y tomar la parte que le correspondía. Media hora habría pasado después de haberse comenzado el ataque, cuando Cabal recibió órdenes de empeñarse; al instante nos dejamos ver del enemigo formados en batalla, a menos de tiro de fusil. No esperando Sámano ser atacado por su izquierda, se desconcertó bastante con nuestra aparición, y los fuegos de su artillería y de más de un tercio de su infantería se dirigieron sobre nosotros en medio de la algazara y remolino de sus tropas; nosotros rompimos el nuestro en buen orden. Estaba, pues, indicado el instante preciso de la carga, y yo fui el primero que saliendo de las filas di la voz de "a la bayoneta", marchando adelante. Cabal la ordenó en seguida, y el enemigo, acabado de desordenar, y atacado por todas direcciones, fue derrotado completamente, perdiendo más de 400 hombres sobre el campo de batalla, y, entre otros buenos oficiales, a su segundo Azin. Este triunfo fue completo y espléndido. El enemigo no salvó la mitad de sus fuerzas, consistentes en 2.000 hombres poco más o menos. Nuestro ejército, casi igual al del enemigo, perdió pocos. Yo fui recomendado particularmente por mi capitán y el coronel Cabal, y esta conducta me valió el ascenso a subteniente…” (López, 1942: memori3).
También Liévano, con su magnífica prosa, cuenta sobre los pormenores de la batalla de Calibío:
“El día 15 de enero de 1814 emprendió el ejército expedicionario la marcha hacia la hacienda de Calibío, situada en el centro del valle de Popayán, y cuando sus avanzadas se aproximaron a la casa señorial de los Mosqueras les fue dable presenciar el impresionante espectáculo que ofrecían las fuerzas españolas, desplegadas alrededor del vetusto y sólido caserío, de manera que sus líneas presentaban la forma de un cuadrilongo erizado de bayonetas y cañones…
En concordancia con la disposición militar adoptada por los realistas en Calibío, Nariño dividió sus tropas en tres alas: a los regimientos de Tunja y el Socorro, comandados por el Coronel Monsalve, se les ordenó atacar el frente derecho del enemigo; a la caballería, los contingentes de Popayán y algunos batallones de Cundinamarca, bajo el mando de Cabal, les fue asignada la misión de reserva y se situaron en una hondonada cercana, que ocultaba su presencia al enemigo; y el grueso de las tropas de Cundinamarca y la artillería, dirigidas personalmente por Nariño, ocuparon la zona frontal de la casa de Calibío, donde estaban localizadas las principales defensas del ejército real.
Hacia la una de la tarde se rompieron las hostilidades con un intenso fuego y minutos después Nariño inició el asalto a las posiciones centrales del enemigo, cuyas zonas de acceso eran barridas continuamente por el fuego cruzado de las grandes piezas de la artillería española. Por cerca de una hora se combatió con denuedo en todos los frentes y <<durante la batalla –dice López Álvarez- Nariño dio ejemplo de un arrojo y serenidad verdaderamente admirables; siempre corría a los lugares más avanzados, para ayudar a animar activamente a los soldados>>. No obstante los sucesivos esfuerzos que realizaron las tropas republicanas para romper los cuadros cerrados del ejército realista, sus progresos fueron escasos y la batalla permaneció indecisa hasta el momento en que Nariño ordenó a la reserva entrar en acción…
El asalto de la reserva produjo el desorden en las filas españolas, en momentos en que el centro y la izquierda del ejército republicano reanudaban la ofensiva y lograban introducirse en las principales líneas de la defensa realista, después de abrir grandes claros en ella. Poco a poco se fue cerrando el círculo de hierro, reduciéndose la capacidad de resistencia de los infantes realistas y no tardó en comenzar su desbandada en completo desorden. El mismo Sámano abandonó a Calibío y escapó, seguido de s guardia, hacia el Tambo, para tomas el camino de Pasto. Sólo la conducta valerosa del Coronel Asín consiguió retardar el desenlace inevitable y reunir a su alrededor algunos contingentes, que continuaron resistiendo con extraordinario heroísmo las cargas de la infantería republicana y el intenso fuego que los diezmaba. Nariño trató de salvar la vida de Asín y repetidamente le intimó rendición en los más bondadosos términos; éste sin embargo, se negó a hacerlo y continuó luchando hasta que cayó, con un balazo en la frente, cerca del sitio donde se hallaba enclavado el estandarte real de España. entonces ocurrió un brutal episodio que así refiere uno de los historiadores de la campaña: <<El Coronel Rodríguez, alias El Mosco, cortó brutalmente la cabeza de Asín, y levantándola en alto comenzó a perorar y no contento con esto fue a buscar a Nariño y se la presentó como un trofeo. El General se indignó, lo reprendió públicamente y afeó su acción cobarde y bárbara. Rodríguez, que había sido amigo de Baraya y había peleado contra quien ahora lo reprendía, no lo olvidó nunca. En momentos decisivos los dos hombres volverán a encontrarse>>.” (Liévano, 1987: 814-816).
Sin señalar día, el “abanderado” Espinosa agrega al triunfo de Nariño y el impase con Rodríguez, la participación de las mujeres en el bando realista:
“A las seis de la mañana emprendió marcha nuestro ejército, y a poco rato vimos al enemigo formado en batalla en el llano de Calibío. A esta sazón se nos reunieron los cuerpos que benía picando la retaguardia de Asin desde el Valle del Cauca, y despu´s de unos momentos nos formamos al frente del enemigo. Rompió éste el fuego de artillería, que fue contestado por el fuego de la nuestra, y a pocas descargas deio el general Nariño la orden de avanzar, y así comenzó a batirse la fusilería de uan y otra parte, lo que duró tres horas largas, y al fin, después de un reñido combate, se decidió la victoria en nuestro favor, sufiendo los españoles la más completa derrrota y quedando el capo cubierto de cadáveres, entre ellos, el de Asin y ocho oficiales más. Contamos cosa de 400 entre muertos y heridos y se tomaron más de 300 prisioneros, entre ellos el coronel Solís y seis oficiales. Todo el armamento, con ocho piezas de artillería, cayó en nuestras manos. Nariño intentó salvar la vida a Asín, pero éste no quiso rendirse y murió como un héroe, peleando valerosamente con espada en mano…
Es doloroso citar aquí un hecho que ciertamente no hizo mucho honor al que lo ejecutó y que fue nada propio de un vencedor. El coronel Rodríguez se acercó al cadáver de Asin, y cortándole la cabeza, la levantó en alto y comenzó a perorar, y creyendo, en su embriaguez, hacer un obsequio a Nariño, se la presentó. Si éste no hubiera sido tan humano y generoso hubiera hecho con Rodríguez lo que David hizo con el amalecita que le trajo el brazalete y la diadema de Saúl; pero este hombre magnánimo se contentó con reprenderlo entérminos enérgicos, echándole en cara su mala acción y proceder, injustificable en un hombre civilizado. En efecto, la ley cristiana ha abolido la costumbre de ultrajar a los muertos, relegándola a las tribus salvajes.
Este desagradable incidente contribuyó, a o dudarlo, a que Rodríguez, que había sido anteriormente partidario de Baraya, por lo menos inclinado a la causa de la federación que éste sostenía, acabase de indisponerse con Nariño, lo que vino a causar con el tiempo la pérdida que tuvimos en Pasto, la retirada desastrosa y últimamente la destrucción casi total del ejército patriota y con ellas el fruto de todas nuestras casi fabulosas victorias, como se verá más adelante…
Entre los prisioneros de esta jornada cayeron varias mujeres vestidas de hombre, que peleaban al lado de los soldados, y entre los muertos se hallaron también algunas. No hay duda que las voluntarias realistas les ganaban en entusiasmo a las voluntarias patriotas, aunque éstas también solían exponerse a muchos peligros.” (Espinosa, 1997: 25-26).
16 de enero. Popayán. Nariño y sus fuerzas entraron en la ciudad de Popayán, instalándose en el sitio de Campamento, en medio de la indiferencia de sus habitantes. Para conseguir alimentos, Nariño debió amenazar con incendiar la ciudad. (Llano, 1995: popayan).
La entrada de Nariño y su ejército a Popayán también es descrita por Restrepo, aunque en su escrito no menciona las amenazas de Nariño contra los payaneses:
“Al otro dia de esta victoria completa y que solo costó á los patriotas cincuenta hombres entre muertos y heridos, el egército republicano ocupó a Popayan despues de siete meses que el enemigo estaba en aquella ciudad. El intrépido coronel Cabal siguió para el pueblo del Tambo con quinientos hombres, persiguiendo los restos del egército real, que en la mayor parte de dispersó, volviendo á sus guaridas antiguas los patianos y pastusos.” (Restrepo, 1827, tomo IV: 135).
Más adelante, el mismo autor escribe sobre la estadía de dos meses que tuvo Nariño en Popayán:
“Libre toda la parte de la provincia de Popayan que habia ocupado Sámano, se supiéron á fondo los padecimientos de los pueblos que ya hemos referido y otros que aun eran desconocidos. Al otro dia que fué recibido en triunfo el egército español, Popayan sufrió un verdadero saqueo de las tropas reales. Sámano á pesar de su carácter religioso en apariencia y aun fanático, disimuló el que robaran tambien las alhajas de los templos y el que vinieran con su egército muchas prostitutas con el título de voluntarias. El ademas persiguió á los patriotas con cárceles, grillos y cadenas. Es cierto que á ninguno se le quitó la vida; pero los mas distinguidos fueron enviados á Quito en calidad de presos. Tales procedimientos arbitrarios eran en los mismos dias en que solemnemente se publicaba y juraba la constitucion española. Tan cierto es que aquel código era incapaz de hacer la felicidad de los Americanos, pendiendo su egecucion de mandatarios situados á dos mil léguas del gobierno.
Si el general Nariño, por un movimiento rápido y atrevido, se precipita aceleradamente sobre Pasto y persigue los restos despavoridos del egército de Sámano, es indudable que hubiera ocupado aquella ciudad ántes de rehacerse el enemigo. Entónces las fuerzas de la Nuuva-Granada no se hubieran estrellado en las rocas escarpadas de Juanambú, y en la multitud de trincheras que la naturaleza y el arte opusieron á los republicanos. Probablemente el pabellón tricolor habria tremolado en todo el antiguo reyno de Quito que con ansia aguardaba á sus libertadores. Pero Nariño perdió en Popayan mas de dos meses. Sus amigos dicen que fue obligado por motivos poderosos, y asignan: la necesidad de esperar algunas compañías reclutadas en el valle de Cáuca y las tropas de Antioquia; la de colectar caballerías que debian ir desde Cali y Buga; la de reunir víveres para el egército á lo ménos para dos meses; la falta de dinero y otros varios obstáculos que oponian á la marcha los desafectos que habia en Popayan. El coronel Gutierrez, comandante de la columna de Antioquia, tardó mucho para reunirse al egército presentando mil dificultades y puntillos ridículos originados de su carácter áspero, y acaso de que no gustaba exponerse á los peligros; mas al fin lo hizo. Los rivales de Nariño, especialmente los federalistas, aseguraban que la demora consistía en que proyectaban unir la provincia de Popayan á Cundinamarca con el objeto de establecer su sistema favorito de centralización. Bien pudo ser; pero si Nariño dió pasos para conseguirlo fueron muy secretos. En público manifestó lo contrario, pues solamente nombró de gobernador interino á Don José María Mosquera, y convocó á los representantes de la provincia, elegidos por el pueblo, para que en el mes de marzo próximo constituyeran en absoluta libertad el gobierno que mejor les conviniera. Parece mas seguro que la demora del egército republicano en Popayan se originó de las primeras causas asignadas, de algunas deserciones y de los deseos que tenia el general Nariño de llevar una espedición respetable que diera la libertad á Quito, á lo que pudo tambien contribuir su poco genio y conocimiento militares. Mas sean cuales fueren los motivos, lo cierto es que la tardanza produjo las mas funestas consecuencias.” (Restrepo, 1827, tomo IV: 136-140).
Más adelante, el mismo autor cuenta:
“Mientras que el general Nariño permanecia con su egército en Popayan, se habia organizado esta provincia nombrando en un colegio electoral y constituyente los funcionarios del gobierno y de la administracion pública; todo bajo el sistema federativo. Entónces se montó una imprenta y comenzó a publicarse el periodico semanal titulado La Aurora; aunque habia libertad de imprenta solo existian hasta entónces tres gacetas semanales en la Nueva-Granada: la de Cartagena, la de Tunja y la de Santafé. Poco tiempo despues se estableció otro periódico en Medellín, de la provincia de Antioquía. Asi los pueblos comenzaron á ilustrarse, y difundiéndose las luces, á salir poco á poco de la ignorancia y fanatismo en que habian vivido por trescientos años.” (Restrepo, 1827, tomo IV: 155.156).
Santafé. Manuel Castillo y Rada dejó Santafé en calidad de civil rumbo a Cartagena. (Llano, 1995: santafe2).
Cartagena. Fracaso de la Misión naval de Cartagena contra Portobelo, comandado por el francés Chassereux. (Llano, 1995: cartagena).
18 de enero. Santafé. Comienza consejo de guerra contra Manuel Cortés Campomanes y Manuel Serviez, acusados de intentar atentar contra la vida de Nariño en La Plata. Se presume que el plan contra su vida fue conocido por Nariño en los primeros días del mes de noviembre de 1813.
“Se comenzó el consejo de guerra, con asistencia de todos los oficiales, para la relación que se hizo en palacio de la causa del coronel Campomanes y del barón inglés, sobre la conspiración contra el presidente; no se concluyó.” (Caballero, 1974: diario7).
Popayán. Ofrecimiento de asilo otorgado por Nariño a doña Ana Polonia García Socolí de Tacón y a su marido, pero en epístola del 15 de febrero no lo acepta aunque agradece el gesto. (Llano, 1995: popayan).
19 de enero. Santafé. Continúa el consejo de guerra contra Campomanes y Serviez. (Caballero, 1974: diario7).
20 de enero. Pasto. Llegada a Pasto de Juan Sámano tras las derrotas sufridas ante los patriotas. Nariño despachó un parte al gobierno de Cundinamarca del triunfo en Calibío. (Llano, 1995: popayan).
Restrepo, escribe sobre las intenciones de Sámano en Pasto:
“Sámano se fué á Pasto, y allí trató de formar un nuevo egército que oponer al de los republicanos.” (Restrepo, 1827, tomo IV: 135-136).
Cartagena. Miguel Carabaño dirigió una proclama a Santa Marta pidiéndole la rendición y ofreciendo la paz. (Llano, 1995: cartagena).
Santafé. Concluye el consejo de guerra contra Campomanes y Serviez. (Caballero, 1974: diario7).
Sobre la sentencia contra Serviez dice Llano Isaza aunque sin mencionar fecha exacta, que luego de ser declarado inocente de los cargos que le imputó Nariño, fue recibido en Antioquia, donde presta sus servicios y permanece durante ocho meses. (Llano, 1995: antioquia).
24 de enero. Santafé. Se conoce por oficio la victoria de las tropas de Nariño en Palacé ocurrida el 15 de enero de 1814. Se celebra en toda la ciudad con fiestas y servicios religiosos.
“Vino, de oficio, la gloriosa noticia de la batalla de Palacé, ganada por el señor presidente don Antonio Nariño. Se repicó a las tres de la tarde y se comenzaron a echar voladores, que se gastarían más de 30 docenas en toda la tarde; salió la música de Milicias, dio vuelta por la Calle Real y San Agustín, con el gusto y alegría que se deja entender, gritando muchos vivas al Dulcísimo Nombre de Jesús, al presidente Nariño y a la independencia y libertad y demás jefes y tropas libertadoras. Salieron todos los tambores y pitos tocando dianas; salió la música de Patriotas, dio la misma vuelta, y pasando por San Agustín este numeroso concurso de gentes, de todas clases y sexos, se abocaron pidiendo abriesen la puerta de la iglesia para dar gracias a mi Padre Jesús Nazareno, lo que ejecutaron inmediatamente. Entró toda la gente a la capilla, se descubrió al Señor y se cantó el Te Deum. El padre Merchán, provincial de San Juan de Dios, exhortó al pueblo a dar las gracias por la prosperidad de nuestras armas y victoria conseguida el 15 del presente mes de enero. Rezó la estación, y todos se pusieron en cruz: hombres y mujeres y muchachos, sin distinción de clase, y causó un fervor grande en todas las gentes, en medio del gusto y la alegría. Concluido salió la gente y prosiguieron del mismo modo vitoreando a Jesús. Parecía la gente adementada, según las acciones que se hacían: brincaban, gritaban, bailaban, corrían, cantaban, vitoreaban, echaban voladores, triquitraques, y cada cual lo que podía hacer de su parte para dar a entender la alegría que reinaba en su corazón. Así duramos toda la tarde. A la noche se dio una música en el cuartel de Milicias; a las ocho se rompieron las retretas, con las músicas que dieron vuelta por el rededor de la plaza; y el pueblo sin cesar gritando vivas a Jesús, al presidente y a los que cada uno le daba gusto vitorear.” (Caballero, 1974: diario7).
25-27 de enero. Santafé. Continúan las celebraciones por la victoria de Palacé.
“Lunes. Se trajo a Jesús Nazareno de San Agustín, en una muy lucida procesión. Por la tarde asistió el señor presidente interino y la representación nacional, todas las comunidades, hasta la de San Diego, y los colegios a la catedral, con dos escoltas, una compañía de Milicias y otra de Nacionales; se colocó en el altar mayor. A la noche hubo música en el cuartel de Milicias, con muchos cohetes e iluminación. En este día se colocó el retrato de la Justicia encima de la puerta de donde era la audiencia.
Martes. En dicho se dijo la misa de acción de gracias con la misma asistencia; predicó el señor canónigo doctor don Andrés Rosillo, haciendo ver la injusticia de los españoles y la justicia nuestra y cómo Dios protegía nuestra causa con el tremendo y adorable nombre de Jesús. Duró el sermón hora y media y el más elocuente que se pueda haber oído, y a la noche se le dio una famosa música al señor Rosillo. Después del Te Deum se llevó a Jesús a su casa, con la misma pompa. Por la tarde hubo toros muy buenos y a la noche músicas e iluminación general. En la misa hubo descargas de la tropa y artillería.
Miércoles. Hubo música y baile en palacio, con iluminación.” (Caballero, 1974: diario7).
25 de enero. Tunja. El canónigo de Cartagena Juan Marimón y Frutos Joaquín Gutiérrez entregaron al Congreso federal un informe sobre las relaciones con el Vaticano y su desacuerdo de dejar posesionar como Arzobispo de Santafé a Sacristán sin que antes se le exigiese que reconociera la independencia. (Llano, 1995: santafe2).
Sobre la razón del informe y las medidas que tomó el congreso de acuerdo a lo informado, así como sobre la relación que pretendía tener el congreso con la iglesia católica escribe José Manuel Restrepo:
“El conservar la santa religion católica, apostólica romana en toda su pureza é integridad, habia sido uno de los objetos que llamaron las primeras atenciones del congreso. Como para esto era preciso establecer comunicaciones con el Papa, cabeza de la Iglesia romana, el congreso cumpliendo el encargo del artículo 41 de la acta federal, habia espedido un decreto desde al año anterior, invitando á los gobernadores del arzobispado de Santafé, para que reunieran un convento ó asamblea del clero de la confederacion; en él debian fijarse los principios bajo los cuales convenia dirigir sus preces á la silla apostólica, y por qué personas revestidas por el congreso con el carácter y dignidad de una diputacion nacional. Al mismo tiempo que se invitaba á los gobernadores de la silla metropolitana de Santafé, á quienes correspondia la iniciativa, se requeria tambien á los demas obispados sufragáneos, que eran los de Cartagena y Popayan, porque el de Santa Marta estaba ocupado por el enemigo. Ninguno de ellos tenia obispo. El de Santafé doctor Juan Bautista Sacristán, que habia venido á Cartagena al principio de la revolucion, no fué admitido en su diocésis por enemigo de la independencia: se la mandó salir de la Nueva – Granada en 1811, y residia en Cuba. El de Cartagena habia emigrado por igual motivo en la misma época, y el de Popayan falleció ántes de la revolucion. Los cabildos eclesiásticos, que gobernaban las diocésis en sede vacante, contestaron de conformidad á la invitacion del congreso, lo mismo hicieron todos los gobiernos provinciales incluso el de cundinamarca, mas no así los gobernadores del arzobispado de Santafé, doctores Juan Bautista Pey y Domingo Duquesne. Fue necesario que el congreso los requiriera fuertemente por dos oficios, para que contestaran al cabo de seis meses de un silencio desdeñoso hácia la autoridad nacional. Con su contestacion incluyeron los votos de algunos miembros del cabildo eclesiástico. Se reducian á decir, que ni los gobernadores, ni este cuerpo tenian autoridad para convocar el convento eclesiástico proyectado: que esta convocacion era peligrosa por las novedades que podia suscitar: que seria igualmente perjudicial porque los curas y prelados tendrian que abandonar sus beneficios para trasladarse á grandes distancias: que el mejor medio para tratar con el sumo Pontífice era que reunidos el congreso, el gobierno de Cundinamarca, los gobernadores del arzobispado y el cabildo eclciástico elevaran á su santidad los memoriales, diputaciones ó enviados que juzgaran convenientes para el bien de la religion y de la Iglesia.
En vista de semejante respuesta el congreso nombró una comision de dos célebres canonistas los diputados Marimon y Gutierrez, para que rebatieran las objeciones de los gobernadores del arzobispado, y propusieran los medios de allanar las dificultades que se habian suscitado sobre el sínodo ó convento, arreglándose á la disciplina de la Iglesia. Los comisionados lo verificaron sólidamente, y habiendo el congreso adoptado su opinion acerca de los miembros del clero que debian asistir, instó de nuevo, á principio de este año, al cabildo metropolitano de Santafé y al gobierno eclesiástico, para que ocnvocaran la asamblea. Al cabo de seis meses apénas pudo conseguir una contestacion dilatoria de los gobernadores Pey y Duquesne. Tres miembros del cabildo, que fueron los Doctores Andrade, Rosillo y Caycedo, contestáron de conformidad, espresando que los canonigos Pey, Duquesne, Barco, Leon y Cuervo, no habian querido firmar ni acceder á las miras religiosas del congreso. Por tanto el proyecto encalló y no tuvo otro resultado que suspenderse, mandándose imprimir todas las piezas oficiales segun el órden cronológico.” (Restrepo, 1827, tomo V: 6-11).
27 de enero. Pasto. El Cabildo de la ciudad dirigió una carta a Toribio Montes acusando a Juan Sámano de cobarde y de ladrón. (Llano, 1995: popayan).
28 de enero. Santafé. Sermón de Rosillo apoyando la causa patriota y demostrando la injusticia de los españoles. (Llano, 1995: santafe2).
31 de enero. Antioquia. La provincia envió a José Antonio Jaramillo a Tunja para ser instruido en la fabricación de nitro por el profesor Luis Jolivet, después de su aprendizaje debería regresar a Antioquia. (Llano, 1995: antioquia).
Últimos días del mes. Santafé. Al parecer las celebraciones estuvieron presentes en la ciudad durante todo el mes de enero, según relata Pedro María Ibáñez:
“En los últimos días del mes hubo regocijos públicos, iluminaciones y pomposas fiestas religiosas, las que terminaron con un baile en el palacio. Lo presidió don Manuel Bernardo Alvarez, quien lucía sus setenta años con señoril talante, vestido de negro con casaca redonda, rica pechera de encaje, puños o vuelos que asomaban a las bocamangas, peluca blanca de los tiempos de Ezpeleta y sombrero apuntado bajo del brazo.” (Ibáñez, 1891: cap42a).
de Ezpeleta y sombrero apuntado bajo del brazo.” (Ibáñez, 1891: cap42a).
Febrero de 1814
Febrero de 1814
1 de febrero. Pamplona. Avance de los patriotas sobre Pamplona, tomando Cúcuta el día 4. Mientras Santander derrota a Casas en San Faustino, McGregor bate a Matute y Paredes en Estanques vence a Lizón. (Llano, 1995: pamplona).
4 de febrero. Pamplona. Liberación de Cúcuta por McGregor y Santander. (Llano, 1995: pamplona).
Los detalles de lo sucedido son narrados por José Manuel Restrepo:
“Cuando se aseguraban las fronteras del Sur de la Nueva-Granada y se hacian preparativos para estenderlas hácia Quito, el brigadier Mac-Gregor organizaba en Pié de Cuesta una division respetable y capaz de recuperar el territorio que habia perdido la confederación en la provincia de Pamplona. Matute y Casas aun ocupaban con sus guerrillas la capital de este nombre, pues Lizon nunca se movió de Cúcuta; pero habiendo avanzado las tropas republicanas en número de setecientos fusileros y otros tantos lanceros, el enemigo abandonó á Pamplona sin hacer resistencia alguna y se replegó á Cúcuta. La columna de Lizon estaba muy disminuida por la deserción y no solo tampoco hizo resistencia, sino que se retiró por diferentes puntos: Casas siguió por el camino de San Faustino, y Lizón hácia la Grita. Las villas de Cúcuta fueron ocupadas por sus libertadores que no hallaron en ellas otra cosa que lágrimas, luto y miseria. Los huesos esparcidos de doscientos patriotas cubrian la llanura funesta de Carrillo. El interior de la cárcel de la villa de San José, teatro de los asesinatos de Lizon y de sus bárbaros compañeros, ofrecia por donde quiera imágenes horrorosas de la crueldad española. Aquí fué asesinado, decia uno, el anciano Juan Agustin Ramirez, á los ochenta años de edad, en compañía de su hijo y dos sobrinos, apoderándose Lizon de todos sus bienes, y obligando á sus jóvenes virtuosas hijas á que la misma noche de la muerte de su padre asistieran á un bayle en que quiso despues sacrificarlas á su lascivia, y á la de sus dignos satélites. Allí, decia otro, mandó Lizon degollar á todos los que se presentaron al indulto que publicó para atraer á los crédulos é incautos patriotas. Allá era el lugar en donde los asesinos se disputaban la horrible preminencia de bajar con su sable la cabeza de una muger, solo por que habia bordado á Bolivar el uniforme de brigadier, dejando por muchos dias expuestos su cadáver al ludibrio de esa gabilla de fieras, horror de la humanidad. Mas acá…pero no concluiria si quisiera enumerar todos los crímenes de Lizon, de Matute, de Casas y del infame Salas. A su vista pierdo la calma filosófica que debe dirigir la pluma del historiador, y pagando mi sensibilidad un tributo á mis compatriotas que han perecido sosteniendo la mas bella de las causas, no puedo ménos que ofrecer á la execracion de la posteridad sus bárbaros opresores. Ellos bajo el mando de Lizon pacificáron Pamplona y los valles de Cúcuta, al uso de los tiranos “que llaman paz la muerte y la desolacion de los pueblos.”
Enardecidas las tropas republicanas con los asesinatos y las rapiñas de los españoles, los persiguieron vivamente. El sargento mayor Santander alcanzó la división de Casas en San Faustino: la atacó en el momento y la dispersó en gran parte; pero sin causarle daño considerable, por los bosques y el conocimiento que los enemigos tenian de sus guaridas sobre el Zulia. Mac-Gregor siguió en persecucion de Lizon por Táriba y la Grita. Una parte de la columna española fue destrozada en Estanques por el comandante Paredes, que mandaba las fuerzas republicanas de Mérida, y Lizon se escapó hácia Maracáybo por el puerto de Escalante con poco mas de cien hombres. Asi fué que por una feliz é inesperada combinación las tropas libertadoras de Venezuela y de la Nueva-Granada entraron al mismo tiempo en el pueblo de Bayladores.
Se franqueó entónces la comunicacion directa de Venezuela que habia estado interrumpida con la Nueva-Granada desde ántes de la accion de Carrillo.” (Restrepo, 1827, tomo IV: 141-145).
Popayán. Mientras Santander y Mc Gregor recuperaban Pamplona y los valles de Cúcuta, en Popayán, Nariño decretó un empréstito obligatorio de cien mil pesos. (Llano, 1995: popayan).
La forma en que Nariño exigió el dinero es relatada de forma detallada por José Manuel Restrepo, quien deja ver en el texto su inclinación nariñista:
“Nariño no esperaba para su marcha contra Pasto sino todos los recursos pecuniarios y las caballerías que necesitaba para la artillería y demas bagages. Habia pedido cien mil pesos á la ciudad de Popayan por medio de su cabildo, exigiendo que se le entregaran dentro de tercero dia; pero no teniéndolos el gobierno, y no dándolos prestados los particulares, los que aseguraban que tampoco los podian entregar con tanta prontitud, el general adoptó una medida violenta. Habiendo convocado á su casa la municipalidad, los empleados y todos los vecinos pudientes, les manifestó la falta que tenia de numerario, y que no hallaba otro arbitrio para suplirla sino el que la dieran los concurrentes: por tanto que la asamblea no debia disolverse hasta que no se reuniera en la misma sala la cantidad pedida. Hecha semejante declaratoria se retiró Nariño, dejando presidida la Junta por el gobernador de la provincia Don José María Mosquera, bajo una fuerte guardia que puso á la puerta. No toda la suma colectada que ascendió á setenta mil pesos pudo recogerse en moneda sellada; muchos entregaron sus bagillas y las alhajas de plata que abundaba aquella ciudad rica en otro tiempo, las que se acuñaron inmediatamente en las casas de moeda. Con medidas de esta naturaleza es cierto que padecen los pueblos; pero son absolutamente necesarias para que se consiga la independencia. Si en los momentos críticos se hubieran adopatado con energía revolucionaria, la Nueva Granada se habria libertado acaso de los horrores que cometiéron despues los españoles. Mas no habia en el gobierno genios que tuvieran semejante firmeza; se queria que los pueblos fueran libres ántes de ser independientes, medio muy seguro para perder el uno y el otro de estos bienes, los mas preciosos para las naciones. (Restrepo, 1827, tomo IV: 156-158)
También José María Espinosa ofrece un breve relato de la forma como Nariño consiguió los recursos económicos para continuar su marcha a Pasto:
“Pero aún quedaban enemigos más adelante y era preciso marchar sobre ellos para coronar la obra que con tan buenos auspicios habíamos comenzado desde Santafé; así fue que apenas se había disipado el humo de la pólvora de Calibío, el general Nariño se ocupó en solicitar recursos para que siguiese la expedición a Pasto. Con este objeto convocó a todas las personas acomodadas de Popayán, para que fuesen a su casa de habitación, y en efecto concurrieron muchas. Yo montaba guardia ese día como abanderado, y presencié todo lo que pasó en la junta. El general hizo presente a los que allí había la necesidad de que cada uno, según sus facultades, contribuyese con alguna suma para los gastos de la expedición, que él calculaba no bajarían de $ 100.000, y excitaba su patriotismo, y aun su propio interés, para ayudar en la empresa de pacificar completamente el país, debelando hasta el último enemigo que quedase. Pero al mismo tiempo les insinuó suavemente que no saldrían de allí mientras no estuviese ofrecida la suma presupuesta. Fueron ofreciendo todos diferentes cantidades, según lo que calculaban que podrían dar; pero como muchos querían retirarse, diciendo que iban a traer el dinero, el general dispuso que los que saliesen fueran acompañados de un oficial, que llevaba la orden de volver a conducirlos, con dinero o sin él1. Con esta medida todos dieron lo que habían ofrecido, y al fin se reunió gran parte de aquella suma. Todos los eclesiásticos contribuyeron espontáneamente, y los que no tenían dinero llevaron candeleros, platos, jarros y aun vinajeras, y otras cosas de plata, todo o cual fue fundido y reducido a dinero en la casa de Moneda.” (Espinosa, 1997: 27-28).
5 de febrero. Popayán. Nariño rechazó las disculpas para no contribuir al empréstito obligatorio. (Llano, 1995: popayan).
7 de febrero. Antioquia. Las autoridades antioqueñas prometieron lealtad al Congreso de las Provincias Unidas. (Llano, 1995: antioquia).
Cali. En la hacienda Abrojal, fueron elegidos Manuel Santiago Vallecilla y Francisco Cabal Barona como los diputados de Cali al Colegio Electoral Constituyente de Popayán. (Llano, 1995: popayan).
8 de febrero. Neiva. El Colegio Electoral de la ciudad de Neiva declara su desconocimiento a Fernando VII y la corona española:
“El día 8 de febrero, el Colegio Electoral de la ciudad de Neiva declaró solemnemente que el Estado desconocía a Fernando VII y a cualquiera que lo sucediera en el trono y a toda autoridad que no emanase directamente del pueblo o de su representante, y que rompía la unión política con la Metrópoli, con eterna separación.2” (Ibáñez, 1891: cap42a).
Rodrigo Llano Isaza, también menciona el hecho: El Colegio Revisor Electoral de la provincia, firmó la independencia absoluta de Neiva. (Llano, 1995: neiva).
11 de febrero. Cartagena. Empezó la publicación del periódico El Mensajero dirigido por José María Salazar. (Llano, 1995: santafe2).
En el primer número de Cartagena se adjunta el informe enviado por Nariño a Santafé, con fecha 20 de enero de 1814, donde informa sobre la victoria obtenida sobre los realistas el 15 de enero, el estado en que se encuentra la ciudad de Popayán y las disposisicones económicas, políticas y militares que ha tomado en bien de la recuperación de dicha ciudad. Igualmente se adjunta el informe del ayudante del estado mayor del ejército del sur, Miguel José Montalvo, donde indica las cifras exactas de lo pérido y ganado en la batalla del 15 de enero.
Santa Marta. De la prisión de El Morro, se fugaron 42 patriotas por lo cual se culpó a doña María Lorenza García, quien fue enjuiciada y detenida en su casa. (Llano, 1995: santamarta).
12 de febrero. Santafé. Se conoce la noticia que el presidente de Cundinamarca, Antonio Nariño, decidió continuar su campaña hacia la ciudad de Pasto. (Caballero, 1974: diario7).
El mismo día Juan Bautista Pey y José Domingo Duquesne desconocían la Bula de la Cruzada que desde España estaba impuesta a las limosnas que percibiera la iglesia, con dicho desconocimiento, la percepción de ingresos por este fin llegarían directamente a la iglesia santafereña.
“Los Gobernadores del Arzobispado, Juan Bautista Pey y José Domingo Duquesne, promulgaron el viernes 12, «en la vicecatedral, la supresión de la Bula de Cruzada, edicto por el cual quedaban dichos Gobernadores con el privilegio de las gracias e indulgencias que antes correspondieron a la Corona, sin cuya venia podían ya percibir las limosnas a que daba derecho la santa Bula de Cruzada.” (Ibáñez, 1891: cap42a).
14 de febrero. Santafé. Llegan a la ciudad, enviados por Nariño desde Popayán, un par de escudos.
“Mandó el presidente Nariño, desde Popayán, dos escudos, uno de oro y otro de plata: el de oro para mi Padre Jesús y el de plata para el presidente interino don Bernardo Alvarez.” (Caballero, 1974: diario7).
Sobre el regalo de Nariño y los obsequios enviados desde Santafé, escribe Ibáñez, tomando como fuente a Caballero:
“Las damas santafereñas enviaron cintas blancas con inscripciones de oro a los valerosos campeones cundinamarqueses, libertadores de Popayán. Y a su vez Nariño remitió un escudo de oro destinado ala imagen del Nazareno en San Agustín. En solemne fiesta lo entregó el Coronel Luis Azuola al Padre Agustín Rosas, quien lo puso en el brazo de la bella efigie.” (Ibáñez, 1891: cap42a).
15 de febrero. Santafé. Desde Santafé salen regalos para Nariño que se encontraba en la provincia de Popayán.
“Le mandó al señor presidente Nariño la mujer del mocho Vargas unas cintas blancas, con una inscripción en letras de oro que decía: “El bello sexo a los valerosos campeones cundinamarqueses, libertadores de Popayán”.” (Caballero, 1974: diario7).
16 de febrero. Antioquia. Del Corral dio por finalizadas las negociaciones con Citará para su incorporación al Estado de Antioquia. (Llano, 1995: antioquia).
18 de febrero. Cartago. Felipe Masuera, presidente de Popayán fugitivo en Cartago, le escribió a Nariño reclamándole por las órdenes tomadas en Popayán. (Llano, 1995: popayan).
Medellín. El Cabildo nombró a Francisco José de Caldas como representante al Cuerpo Elector, en substitución de José Joaquín Gómez quien dimitió. (Llano, 1995: antioquia).
19 de febrero. Caloto, valle del Cauca. Donación de $8.000 y joyas a las tropas de Nariño, que hizo Antonio Arboleda, propietario de la hacienda Matarredonda. (Llano, 1995: popayan).
20 de febrero. Santafé. Se comenzaron las fiestas de la ciudad que durarían hasta el 23 de febrero.
“Se comenzaron las fiestas de toros y se abrieron los juegos de bisbises y pasadieces y demás; el 21, 22 y 23 hubo toros, a excepción que estos dos últimos días, a la hora del encierro, hubo un gran refresco en la plaza para todos los que estaban a caballo, que pasaban de 200. Se gastaron cada día tres botijas de vino. Por la noche de estos últimos días hubo baile público y libre en el coliseo.” (Caballero, 1974: diario7).
21 de febrero. El Espinal. El Espinal juró la independencia de Cundinamarca. (Llano, 1995: mariquita).
26 de febrero. Santafé. Se cumple la orden de arcabucear al patriota Lino Argüello, acusado de asesinato, según consejo de guerra que se le siguió el día 16 de febrero.
“…o arcabucearon en la plaza, y al pasar por frente al cuadro que había formado, de las tropas, pidió que le dieran tabaco y chicha; le dieron vino aguado y dijo que estaba aguado con agua del caño. Pidió perdón en alta voz y suplicó a los que le habían de tirar que no le tiraran a la boca.” (Caballero, 1974: diario7).
28 de febrero. Popayán. En una carta Nariño rechazó la amenaza de Toribio Montes. (Llano, 1995: popayan).
Antioquia. Se ordenó a Francisco José de Caldas abrir la escuela de ingenieros Militares. Serviez dirigió la escuela de cadetes, teniendo como pupilo a José María Córdoba. (Llano, 1995: antioquia).
1. ESPINOSA, José María. Memorias de un abanderado. Santafé de Bogotá. Colseguros. 1997, p. 27. A nota de página, Espinosa indica que condujo a su casa a Rebolledo, quien ofreció $ 5.000.
2.Nota al pie en el texto original: “Argos de la Nueva Granada, número 32, 16 de junio de 1814.” (Ibáñez, 1891: cap42a).
Marzo de 1814
Marzo de 1814
Villa del Rosario. Sin indicar el día del mes, José Manuel Restrepo cuenta lo que sucedía en el mes de marzo en la organización militar de los valles de Cúcuta.
“Mac-Gregor recibió órdenes de poner su cuartel general en la villa del Rosario. Poco tiempo despues renunció el mando que fué conferido al gobernador del Socorro García Robira, que estaba en el egército desde la ocupacion de los valles de Cúcuta. Tenia este grande influjo sobre las tropas, y aunque sin graduacion alguna militar, pues no quiso hacer uso del despacho de coronel que le dió la provincia del Socorro, egerció las funciones de general hasta fin del año.” (Restrepo, 1827, tomo IV: 151).
4 de marzo. Popayán. Nariño dirigió una carta al cabildo de la ciudad de Pasto amenazando con hacer la guerra a muerta en caso de hacerle resistencia en su marcha hacia el sur. (Llano, 1995: popayan).
5 de marzo. Popayán. En el número 3 Boleín del Ejército del Sur se publica el oficio que dirigió Felipe Mazuera a Antonio Nariño el 18 de febrero pasado donde le reclama por estar tomando decisiones políticas en Popayán sin ser esa ciudad parte de la jurisdicción bajo su mando. En el mismo boletín se puede ver la respuesta entregada por Nariño el 4 de marzo siguiente.
Parte de la comunicación de Mazuera dice:
“……hé hallado la novedad de que V. E. suponiéndose revestido de facultades para los arreglos políticos de la Provincia, que se le han negado constantemente há convocado a los Pueblos para que nombren Diputados, y crién nuevo Gobierno, dictando al efecto Reglamentos propios de la Soberania, que ni reside en V. E. ni se le há delegado por el Soberano Cuerpo de la Nacion, én que se hallaban reasumidos sus derechos imprescriptibles, que nunca há renunciado la parte sana que emigró, y quédo sojuzgada pór la fuerza con la invasión de los enemigos. Pero aun cuando V. E. tuviese dichas facultades, no era llegado el tiempo de verificarlo, por no haberse restituido á la Provincia todos los vecinos y representacion, que existen fuera de ella, y por lo mismo siempre tendré la nulidad insanable de faltar sus votos. En esta virtud desde ahora reclamo dichos defectos, como el primer Magistrado de ella, nombrado legítima y legalmente por su libre y espontanea voluntad, y reconocido como tal por el cuerpo á quien unicamente corresponde la decision, mediante los pactos celebrados con las demas de la Confederacion.” (Rico, No.3, 1814).
Y parte de la respuesta de Antonio Nariño es como sigue:
“¿No és una cosa vergonzosa señor Masuera el que me vea yo hoy contestando á D. Torivio Montes que dice ser dueño de Popayan por su adorado Fernando, y á Usd. que pide lo mismo por el Soberano Congreso, y que yó que sufro las incomodidades de la guerra, y que ni pido, ni dispongo de Popayán; esté aguantando á uno y otro? ¿No sera mejor que Usd. y Montes con las armas en las manos se disputen sus pretendidos derechos, y que yo que nada quiero ni pretendo para mi, me retire á cuidar de los Pueblos de Cundinamarca que me están confiados? Pues aquí tiene Usd. mi contestacion última: venga Usd. a entregarse de sus basallos y de su Provincia, y disputar con Montes su Soberania: y yo me retiraré á Santafé con mis tropas porque ni ellas ni yo hemos expuesto nuestras vidas para que Usd. quiera hacer papel á nuestra costa.” (Rico, No.3, 1814).
8 de marzo. Antioquia. El Estado llamó a sus habitantes para que en votación libre puntualizaran si aprobaban la reforma de la carta constitucional, lo cual se hizo efectivo con la ayuda de Francisco José de Caldas y José Félix de Restrepo. (Llano, 1995: antioquia).
Popayán. En el número 4 del Boletín del ejército del sur, se publica la contestación del 28 de febrero que, desde Popayán, dio Nariño al oficio escrito por Montes el 15 de febrero pasado en el que le amenaza con la muerte y destrucción de Santafé si no desiste de la lucha en Popayán.
“…supuesto a que me amenaza con la suerte de Caycedo, y Macaulay si tengo la candidés de capitular como ellos; y supuesto a que no me deja U. S. mas camino que el de las bayonetas para que el Pueblo de Santafé no se vea suemergido en los mismos horrorosos males que ha sufrido Popayán en los siete meses que há tenido la desgracia de estar bajo su dominacion, abrazaré este partido como el único que me queda…” (Rico, No.4, 1814).
En el mismo número del boletín aparece un comunicado escrito por Nariño al cabildo de Pasto el 4 de marzo anterior. En él Nariño además de advertir que no ha recibido respuesta a anteriores comunicados que ha enviado a esa ciudad, exhortá al cabildo a abrazar la causa patriota como un bienestar para la América entera.
14 de marzo. Popayán. Reunión de la Constituyente de Popayán declarando la independencia absoluta de España. (Llano, 1995: popayan).
El Mensajero de Cartagena de Indias, en su edición del 1 de julio, publicó la declaración de la independencia de Popayán:
“El Supremo poder executivo de la Provincia de Popayán.
Hago saber que el serenísimo colegio electoral y constituyente de ella, ha sancionado el decreto siguiente. –El colegio electoral y constituyente dedicado en sus tareas a conservar los derechos que el supremo numen concedió al hombre, y defender los pueblos federados de esta provincia que á costa de su sangre, y de otros grandes sacrificios han aspirado generosamente á recuperar, rompiendo las cadenas insoportables del despotismo conque los tiranos de la España han tratado al hijo de América por más de tres siglos, acordó el decreto siguiente. –Se declara por independiente de cualquiera otra autoridad, que no dimane de los pueblos legítimamente representados, al de esta provincia, que ha proclamatado el sistema generalmente adoptado por las unidas de la N. G. para el goce de sus derechos…” (González y Pujól, 1814: 3).
España. Fernando VII, que había sido reconocido de nuevo como rey de España el 11 de diciembre de 1813, regresa a territorio español y contrario a lo que se esperaba decidió disolver las Cortes.
“El Rey pisó territorio español en marzo de 1814, v en vez de visar la Constitución y aprobar lo hecho por las Cortes, dos días antes de llegar a Madrid, en el mes de mayo, declaró abatida aquélla, y usando de la fuerza armada disolvió las Cortes.
Ese Fernando El Deseado, llamado por otros con más justicia El Imbécil, «pretendió hacer retroceder la historia hasta 1808, y borrar de la serie de los tiempos los seis gloriosos años de la independencia española:»” (Ibáñez, 1891: cap42a).
18 de marzo. Tunja. En carta enviada a Custodio García Rovira, Camilo Torres mencionó que Francisco de Paula Santander era “cobarde e inepto para el mando”. (Llano, 1995: tunja).
22 de marzo. Popayán. Aunque Llano lo ubica para el día 19, se sabe que Nariño salió con sus tropas de la ciudad. (Llano, 1995: popayan).
Sobre la salida de Nariño de Popayán y las condiciones de la travesía que siguieron él y su ejército hasta el río Juanambú, cerca de Pasto, cuenta Restrepo:
“Entónces marchó el general Nariño contra Pasto á los dos meses despues de haber ganado la batalla de Calivío. Llevaba mil cuatrocientos hombres de buena tropa, la mayor parte fusileros con alguna caballería y artillería. Su segundo era el coronel Cabal, porque el brigadier Leyva quedó con el mando de las armas en Popayan, teniendo una pequeña reserva á las órdenes del coronel de Antioquía, Gutierrez.
A dos jornadas de aquella ciudad el egército debía encontrar el alto del rey ó cuchilla de Tambo, y de allí comenzaba á descender al valle del Patía. Este se forma por rio de Timbió, que precipitándose de la cordillera principal de los Andes, corre primero al S.O. y despues ya con el nombre de Patía se dirige al occidente para entrar en el Océano pacífico. El calle está cortado en diferentes direcciones por varios rios, unos pequeños como el de Quilcasé y Botijas, y otros caudalosos como el de San Jorge y el Guachicono; todos los cuales debia atravesar el egército, como tambien el de Mayo situado mas al sur. El valle de Patía tiene un clima cálido y estremadamente mal sano. Los que no han nacido y criádose en él se ven con muy pocas escepciones atacados en breve por calenturas intermitentes de mala calidad que destruyen principalmente á los blancos.
El gobernador Tacon, que tenia mucha penetración para conocer á los hombres, vió desde el principio de la revolucion todas las ventajas que podia sacar de los patianos atrayéndoles al partido real, los alhagó pues con caricias y distinciones y dándoles gefes de su misma clase, consiguió formar un cuerpo respetable de caballería. Sujetados por algun tiempo, despues de la derrota y fuga de Tacon, hubo la insurreccion que describimos en otra parte. Desde entónces los patianos aunque con una poblacion que no escede de cuatro mil almas, se habian sostenido contra las fuerzas de la provincia de Popayan, haciendo la guerra de partidas con un suceso y una destreza superior á su ignorancia. Si se avanzaba una columna republicana de mayor número, los patianos se dispersaban, y siguiendo su marcha por los bosques y cañadas, degollaban ó tomaban prisioneros á todos los soldados que se apartaban aunque fuera muy poco. Por la noche quitaban las cabalgaduras, retiraban los ganados y hacian todo el daño posible, sin que jamas se pudiera sorprender una de sus guerrillas, por el conocimiento que tenian del terreno. De esta manera debilitaron cuantas espediciones se dirigian contra ellos, lo que ayudado del clima ardiente é insalubre, las obligaba á regresar inmediatamente á Popayan.
Alguna parte del pueblo bajo de esta ciudad, y una porcion del alto seguia el partido y opiniones de los patianos. Así era que estos entraban por la noche á la poblacion, inponiéndose de las fuerzas, de los designios y del estado de los independientes. Sus partidas recorrian todos los alrededores de Popayan, y los patriotas ni aun podian salir á los paseos que estan al sur de la ciudad mas allá del egido. Cuando menos pensaban eran arrebatados prisioneros, suerte que habia corrido el teniente coronel Vicente Venegas, del egército de Nariño, y un capellan, que fueron conducidos a Quito. Los independientes por el contrario no podian conseguir noticia alguna del enemigo. Todas sus espías eran descubiertas, y no les era posible pentrar á Pasto.
Esta ciudad y los pueblos de la demarcacion de su canton capitular continuaba siendo terribles enemigos de los republicanos. Ocupados algunos en las manufacturas, y la mayor parte en la agricultura tenian la robustez que da esta profesion, sobre todo en las cimas elevadas de los Andes occidentales que habitan. Los pastuzos se habian decidido desde el principio abiertamente por el rey y contra los patriotas de Popayan; decision que se fortaleció despues con el gusto que tomaron al desórden, al robo y al pillage. Los hombres guardaban en su casa el fusil, y el dia que los llamaban á pelear por la defensa de sus hogares, todos eran soldados, y se mantenian á su costa. Mas era difícil sacarlos de sus casas para hacer la guerra en otro pais; muy pronto se desertaba la mayor parte, regresando á su tierra natal. Si los pastuzos hubieran combatido á favor de la ibertad, ellos por su firmeza imperturbable podrian haberse comparado á los Suizos que Guillermo Tell condujo á la victoria; pero habiendo prodigado su sangre y los mas penosos sacrificios para sostener el imperio vacilante y absoluto de Fernando VII, el restaurador de la inquisición, es decir por remachar las cadenas de su esclavitud y de su ignorancia, si Pasto sobrevive á la guerra de la independencia, sus últimos nietos tendrán que avergonzarse del fanatismo y obcecacion de sus mayores.
Los patianos al pasar las tropas del general Nariño por su territorio, observaron el sistema que siempre habian acostumbrado. Se dividiéron en pequeñas partidas que voltejeaban en derredor del egército, y cuando eran perseguidas se escapaban por sendas que ellos solos conocian. Luego que se abanzaron las tropas republicanas volviéron á ocupar el camino de retaguardia. De esta manera no dejaban pasar pliegos ni noticias, sino iban fuertemente escoltados. Tambien inquietaban á Popayan donde habia solo una pequeña guarnicion. A pesar de estos obstáculos, y de los que oponia la fragosidad de los caminos, especialmente para la conduccion de la artillería de á cuatro, el egército adelantó sus marchas. En la montaña de Berruecos pereció una gran parte de las mulas que conducian los bagages, y los soldados se viéron obligados á suplir su falta, llevando en sus hombros la artillería y los pertrechos: lo que ejecutaron con el mayor gusto sufriendo estas fatigas y otras mil privaciones indispensables en una marcha tan dilatada, por climas tan mortíferos, en un pais casi desierto, y cuyos moradores eran todos enemigos los mas acérrimos. El general Nariño concibió las mas lisonjeras esperanzas viendo la union, la disciplina y el valor que manifestaban los soldados y oficiales de su egército.” (Restrepo, 1827, tomo IV: 159-166).
Las penalidades sufridas por el ejército patriota en el valle del Patía también son descritas por Indalecio Liévano:
“En los últimos días de marzo de 1814 penetró el Ejército expedicionario en el terrible valle del Patía, donde hubo de afrontar la resistencia denodada que le ofrecieron, desde el primer momento, sus indómitos moradores. Los patinaos eran el producto humano de la llanura cálida e inhospitalaria, que sirvió inmemorialmente de asilo a los esclavos escapados de las regiones sureñas, los cuales encontraron allí un refugio seguro, se mezclaron con los habitantes nativos y llegaron a formar una comunidad de pastores, de aventajados jinetes, que defendían con ferocidad su terruño y se distinguían por las cualidades, rudas y varoniles, que se advierten en el “llanero” de otras regiones del continente. Cuando la Junta de Gobierno de Santa Fe, en 1811, envió a Baraya a libertad a Popayán, sus tropas arrasaron algunas aldeas del Patía y desde entonces sus pobladores se convirtieron en acérrimos enemigos de los republicanos, con tanta mayor razón cuando que las autoridades españolas, por tiempo inmemorial, habían tolerado su hosca independencia y aceptado la soberanía práctica que ejercían los jinetes patinaos, -mitad pastores mitad bandidos- sobre un territorio que consideraban como propio…
Cuando el ejército republicano penetró en el célebre valle, sus moradores se dividieron en guerrillas, las cuales caían sobre los flancos y la retaguardia de la fuerza invasora y al ser perseguidos se alejaban, invictos, en sus veloces cabalgaduras. La retaguardia era su presa favorita, de manera que los soldados rezagados tenían pocas esperanzas de sobrevivir y las líneas de comunicación con Popayán quedaron automáticamente interrumpidas desde el momento en que la incomprensión de Gutiérrez hizo imposible el envío de destacamentos regulares para mantener el contacto con el Ejército expedicionario…
Gracias a la estricta disciplina y a la formación cerrada, el Ejército logró cruzar el Valle del Patía sin grandes pérdidas, pero a costa de dejar intacto a un enemigo que debía contar sus líneas de comunicación con todos los centros de aprovisionamiento. Cuando las tropas republicanas salieron del “valle maldito”, debieron experimentar la sensación de que ya no les era posible la retirada y que sólo les quedaba el recurso de avanzar, de avanzar siempre, hasta obtener la victoria final.” (Liévano, 1987: 818-819).
Sin precisar fecha, Espinosa comenta cómo tuvieron que padecer mil penalidades y fueron atacados por guerrillas al pasar por el Valle de Patía:
“Entramos al valle de Patía, donde multitud de soldados y oficiales fueron atacados de fríos y calenturas y tenían que marchar con mil penalidades o quedarse abandonados mientras se organizaba un hospital en lugar conveniente. Al cabo de algunos días llegamos a Mercaderes, pueblo enemigo y entonces desierto. El día que salimos de allí se echaron menos unos cuatro soldados que no se sabía si se habían quedado enfermos o si se habían extraviado; a poco andar, vimos a una mujer que estaba llorando sentada al pie de un árbol: era una de las voluntarias, la cual, interrogada por unos soldados sobre la causa de su llanto, les dijo señalando hacia el monte, a un lado del camino: “¡Vean allí a mi marido!” Todos miramos hacia la parte que ella nos mostraba y vimos a un hombre que pendía de otro árbol. Era un sargento a quien los patinaos había cogido, y colgándolo de un garabato por la barba, el gancho le había salido por la boca. Esta terrible muestra de la ferocidad de aquella gente medio bárbara nos enseñó que debíamos andar siempre muy unidos y tomar todas las precauciones necesarias, porque el que se separaba del grueso del ejército era víctima de la crueldad de los indios, enemigos de la patria.
Estos se dividían siempre en guerrillas para molestarnos, robaban las bestias y poniéndose a retaguardia interceptaban las comunicaciones, pero huían cuando se les atacaba. Todo patiano es valiente y astuto y cada uno es soldado que tiene las armas en su casa; pero no pelean de frente, ni se alejan mucho de su tierra.” (Espinosa, 1997: 30-31).
26 de marzo. Cartagena. En número extraordinario del periódico El mensajero de Cartagena de Indias, se tiene copia de los boletines de operaciones del ejército, firmados desde el cuartel del Guáymaro por Miguel Carabaño, comandante general del Magdalena. En ellos se informa de la avanzada exitosa aunque con algunas pérdidas patriotas que está teniendo el ejéricto cartagenero en su lucha contra los realistas de Santa Marta. Los combates y escaramuzas que se cuentan desde el 10 de marzo aún continuaban el 23, última fecha de los informes publicados.
28 de marzo. Santa Marta. El realista La Ruz derrotó a Núñez en la batalla naval de la isla de Enmedio. (Llano, 1995: santamarta).
Sobre la situación entre Cartagena y Santa Marta en los primeros meses del año de 1814 y sobre la batalla de la isla de En Medio, escribe José Manuel Restrepo:
“Al mismo tiempo que Nariño abrió la campaña del Sur, continuaba con actividad la guerra entre las provincias de Cartagena y Santa Marta. En esta mandaba aun Don Francisco Montalvo, capitan general de la Nueva – Granada, al que la regencia de Cádiz habia unido tambien la capitanía general de Venezuela para dar mayor actividad, union y energía á las operaciones militares contra los independientes. Bajo sus órdenes era gobernador de Santa Marta, el coronel Don Pedro Ruiz de Porras. En Cartagena Torices seguia de presidente, y desempeñaba aquel empleo con bastante acierto, á pesar de las circunstancias difíciles de que se hallaba rodeado, bien por los partidos internos de García Toledo y de los Piñerez, que jamas habian dejado de existir, bien por la guerra. Sin embargo de que por lo comun las fuerzas y los recursos de la provincia de Cartagena eran superiores á los de Santa Marta, aquella no habia conseguido grandes ventajas, lo que se debia principalmente á la decision de los pueblos de la provincia enemiga, que para combatir contra los patriotas eran todos soldados. Entre ellos se distinguian los índios del pueblo de San Juan de la Cienaga. Con el auxilio de los mismos pueblos los gefes enemigos consiguieron rechazar las tropas de Cartagena en Jagua, en Pibijay, en San Antonio y en otros puntos, defendiéndose por una y otra parte la línea del Magdalena. Los independientes que tenian fuerzas sútiles dominaban este canal, que recorrian libremente de un estremo al otro de su provincia. Para tenerlo mas espedito y quitar los recursos á los pueblos y tropas enemigas, las de Cartagena habian quemado en el curso de la guerra todas las poblaciones de la márgen oriental del rio desde Sitio nuevo cerca de la embocadura, hasta el Cascajal arriba del puente de Ocaña, incluyendo la hermosa villa de Tenerife. En represalia los realistas incendiaron á Ponedera, Campo de la Cruz, Candelaria, Tacamocho, Peñon, Margarita, Loba, Badillo, Regidor y San Pedro, pueblos de la provincia de Cartagena. Con estas duras operaciones la guerra habia tomado un terrible carácter y héchose popular; así es que los independientes no podian internarse en el territorio de la provincia de Santa Marta sin verse á su turno envueltos y las mas veces batidos por las guerrillas enemigas. Esto exasperaba los ánimos de los dos partidos, y que tanto de la una como de la otra parte se diéron órdenes sanguinarias, y se cometiéron actos de crueldad, que de ningun modo son permitidos por el derecho de la guerra.
La escuadrilla de fuerzas sútiles de Cartagena dominaba á principio del año la Cienaga que forma el Magdalena con algunos de sus ramales, que los naturales llaman caños, la que termina en el pueblo de San Juan. Como de ella sacaban la plaza de Santa Marta y el espresado pueblo todas sus provisiones de pescado, de que es muy abundante, y de sus márgenes el plátano, maiz, y otros víveres, el capitan general resolvió hacer los mayores esfuerzos para expeler de allí á las cuadrillas de los independientes. Mas no teniendo un solo buque armado, emprendió construir ocho en San Juan por medio de su ayudante Don Ignacio Larrauz. Era tal la decision de aquel pueblo por la causa del rey, que todo él se ocupó en la empresa, dando voluntariamente las maderas, su trabajo y cuanto tenian sus moradores que pudiera ser útil. Ocho buques estuviéron concluidos pronto, activados tambien por el gobernador Porras que se trasladó al pueblo de la Cienaga; de ellos solo uno tenia un cañon de á veinticuatro, tres de á doce y cuatro de á cuatro. Los mismos índios sirviéron de marineros y soldados para tripular las embarcaciones, que se egercitaron por algunos dias en las maniobras.
La escuadrilla de Cartagena, que mantenia el bloqueo del pueblo viejo y de San Juan, se componia de once buques armados de superior artillería, y de mayor porte que los de Santa Marta. Mas en la confianza de que los enemigos no tenian fuerzas sútiles los soldados y marineros de sus tripulaciones, vivian descuidados y con mucha negligencia. El capitan Larrauz á quien se dió el mando de los buques enemigos determinó aprovecharse de esta circunstancias, y sorprender á los independientes. Para suplir la inferioridad de sus fuerzas hizo que se reuniesen muchas canoas pequeñas en las que embarcó gente armada y marineros: ántes de amanecer se puso en movimiento, y al rayar el dia se hallaban á tiro de metralla en los buques de Cartagena apostados en la isla nombrada de en Medio: estos últimos á pesar de que no esperaban el ataque estaban formados en línea, apoyada su izquierda en un banco de hostiones. El fuego se rompió, y fué muy débil la resistencia de los republicanos, pues una gran parte de su gente y marineros se hallaba en tierra en donde dormia: Larruz cortó la línea de los patriotas y envolvió la izquierda con algunos de sus buques de guerra, y las pequeñas canoas que traia á las que mandó avanzar entónces. Dos buques armados persiguiéron á la derecha que huyó hácia Riofrío, y rendida la izquierda, aquello tuvo tambien que arriar su bandera. A las nueve y media de la mañana los once buques que componian la escuadrilla de Cartagena con diez y seis piezas de artillería, todas sus municiones, cuatro transortes y ciento setenta y cinco prisioneros estaban en poder de los realistas. Estos según la voz comun en aquella época abusaron de la victoria y mataron ciento treinta y cinco hombres, no dando cuartel fuera de accion á la mayor parte de los prisioneros. El comandante de los patriotas, Nuñez, tuvo esta suerte; le asesinaron los índios en el pueblo de la Cienaga, despues de hallarse prisionero y á la vista del gobernador Porras.” (Restrepo, 1827, tomo IV: 225-232).
Abril de 1814
Abril de 1814
Aunque sin indicar fecha exacta, Restrepo escribe sobre lo sucedido entre las provincias de Santa Marta y Cartagena y al interior de Cartagena por las disputas internas de partidos. Los acontecimientos que describe los ubica después de la batalla en la isla de En Medio, por eso se asume que cubren los meses de abril, mayo y posiblemente junio de 1814.
“Este golpe inesperado3 desconcertó absolutamente los planes, que para tomar muy pronto á Santa Marta tenia formados el comandante republicano del Magdalena, Miguel Carabaño. Por falta de las fuerzas sútiles perdidas en la Cienaga tuvo que permanecer algun tiempo á la defensiva. Entretanto sus tropas sufrian considerablemente por carecer de recursos la provincia que habia sostenido tan largo tiempo la guerra por sí sola. Carabaño y una gran parte de su oficialidad atribuian sus privaciones al partido de los Piñerez, por cuyo influjo el presidente gobernador habia sido despojado de sus facultades estraordinarias, y por tanto no podia hacer que de proveyeran las tropas con la facilidad y prontitud que demandaban las circunstancias. Parece que los Piñerez tambien pretendian que Carabaño fuera separado del mando, y nombrado en su lugar el coronel Labatut hechura suya. Aquel tuvo noticia de estos designios, é incitado secretamente por el mismo presidente Torices concibió el proyecto de penetrar con fuerza armada á la plaza de Cartagena, disolver la faccion de los Piñerez, y hacer que suspendiéndose una parte de la constitucion, Torices fuera nombrado dictador, ó continuara usando de facultades estraordinarias, bajo el título de presidente. Carabaño reunió en villa de Soledad á los gefes y oficiales de su división, que juzgó podian ser favorables á su proyecto, y en un convite les hizo jurar que le sostendrian para ejecutarle. Asegurado de su consentimiento mandó preparar ochocientos hombres escogidos de infantería, y con ellos se puso en marcha del cuartel general de Sabanalarga hácia Turbaco. Antes descubrió su plan al coronel Rieux que servia bajo sus órdenes, y habiéndoselos desaprobado, le dejó mandando la línea del Magdalena que se estendia desde Sabanilla hasta el Peñon arriba de Mompox, y que estaba guarnecida con mil cuatrocientos hombres. Aunque Carabaño encubria sus designios con diferentes pretestos, y aunque Torices le favorecia bajo de mano, el partido de los Piñerez tuvo noticias positivas de sus verdaderos designios. Con su influjo impidió que fuera sorprendida la ciudad, y aun obligó a Torices á improbar la conducta de aquel gefe, circulando órdenes para que no se le obedeciese en la línea. Carabaño permaneció en Turbaco algunos dias, y de allí viendo que era imposible ocupar la plaza emprendió su retirada para el Magdalena. Entre tanto en la parroquia de San Estanislao se habia reunido alguna gente del partido de los Piñerez. Carabaño ignorándolo se adelantó con su estado mayor, y amotinado el pueblo por una medida imprudente que dictó sobre auxilios fué puesto preso con los oficiales que le acompañaban, remitiéndoseles inmediatamente á Cartagena á disposicion del gobierno. En consecuencia de este suceso la fuerza que marchaba á retaguardia se disolvió con mucho desórden, y algunos de sus oficiales fuéron asesinados atrozmente por el pueblo, entre ellos en Villanueva el digno capitan de cazadores Marcos Rivas, costando mucho trabajo el reunir despues á los soldados. Así terminó la empresa de Carabaño contra Cartagena, que tuvo muy mal éxito y disminuyó considerablemente las fuerzas de la provincia. El coronel Cortes Campomanes que le sucedió, solo se ocupó en reorganizar las tropas. Algun tiempo despues fué reemplazado por el coronel Manuel Castillo; este á su entrada en el mando de la línea del Magdalena, halló en toda ella cerca de tres mil hombres, y veintidos buques de fuerzas sútiles: estos preparativos en manos de un gefe enprendedor habrian bastado para tomar á Santa marta; pero el carácter lento de Castollo y las discordias civiles le impidieron de hacer nada que merezca nuestro reconocimiento.
Apénas se habia serenado el movimiento que causó la marcha de Carabaño sobre Cartagena, cuando la convencion de poderes de la provincia bien persuadida de que era imposible reorganizar las tropas, y proveerlas de los recursos necesarios bajo el régimen de la constitucion, la suspendió por cuatro meses, y el gobernador Torices quedó revestido de las facultades estraordinarias. Espedito para obrar pudo hacer contra Santamarta los preparativos que dejo indicados.” (Restrepo, 1827, tomo IV: 232-238)
Primeros días de abril. Pasto. El presidente de Quito, Joaquín Montes destituye a Sámano de su cargo y envía a Pasto para dirigir el ejército realista a Melchor Aymerich. A su partida para Quito, Sámano es apresado por una guerrilla republicana.
“El brigadier Sámano, despues que perdió aquella accion se retiró á Pasto en donde el presidente de Quito, Montes, trató de que se reorganizara el egército para defender su territorio de las fuerzas de Nariño. Sámano que siempre tenia un carácter áspero, comenzó con etiquetas en la ciudad, pues en todos los que le rodeaban no veia sino insurgentes, á lo que añadia que adelantaba muy poco en el órden y disciplina de las tropas. Montes le separó del mando y envió á sucederle el mariscal de campo Don Melchor Aymerich, antiguo militar español. Este llegó a Pasto en los primeros dias de abril, partiendo Sámano para Quito. En el camino fue echo prisionero por una partida de guerrilla que á favor de los patriotas se habian levantado en la provincia de los Pastos al mando de Don Juan Recalde; quien le tuvo consigo en los bosques mas de tres meses hasta que le dió la libertad un destacamento de las tropas reales.” (Restrepo, 1827, tomo IV: 168-170).
2 de abril. Citará, provincia de Chocó. El presidente de la provincia se opone a la propuesta antioqueña de dar libertad a los esclavos. (Llano, 1995: chocó).
6 de abril. Santa Marta. Desde Kingston llegó a Santa Marta, llamado por Francisco Montalvo, Anselmo de Bierna y Mazo. (Llano, 1995: santamarta).
7 de abril. Rionegro, provincia de Antioquia. Muere el presidente de Antioquia, Juan del Corral
“En ese tiempo la confederacion de la Nueva-Granada hizo una pérdida bien dolorosa en el presidente de Antioquía, Juan del Corral. Falleció en la ciudad de Rionegro de una fuerte calentura, llevando al sepulcro el dolor y las lágrimas de los verdaderos patriotas. Habia sido dictador por espacio de seis meses, en cuyo tiempo consolidó é hizo respetar el nuevo gobierno, desplegando talentos nada comunes para la administracion. Ningun otro gefe de provincia habia manifestado la energía, la firmeza y prontitud de las operaciones verdaderamente revolucionarias del dictador Corral. El amaba la guerra, y aunque jamas la habia hecho, entendia bastante sus pormenores. Durante su gobierno, auxiliado del coronel de ingenieros, Caldas, puso los fundamentos de una gran fábrica de nitros artificiales y de casa de moneda en Medellin, lo mismo que de otra fábrica de fusiles y de artillería en rionegro. La muerte le impidió llevar á la perfeccion estas empresas que fueron continuadas por el coronel Dionisio Tejada que le sucedió en el mando. El defecto de Corral era proyectar muy en grande para la pequeña provincia que gobernaba. Probablemente habria sido elevado al mando de supremo de la confederacion, y teniendo entónces un campo mas casto para obrar, la república se hubiera sostenido acaso algun tiempo mas contra los embates que recibia de todas partes. Tal es el influjo que tiene sobre las revoluciones el genio de un hombre solo. El congreso de la Nueva-Granada por un decreto solemne declaró á Corral benemérito de la patria y uno de sus libertadores. Asistió en cuerpo á sus funerales y se vistió de luto por tres dias.” (Restrepo, 1827, tomo IV: 151-154).
Pedro María Ibáñez también refiere la muerte de Juan del Corral:
“En este mes de abril de 181.4 sufrieron los republicanos la desgracia de perder a don Juan del Corral, el ciudadano benemérito que presidía los destinos de Antioquia. Falleció en la ciudad de Ríonegro, y el Congreso de las Provincias Unidas lo declaró benemérito de la Patria y uno de sus libertadores.” (Ibáñez, 1891: cap42a).
Llano Isaza también escribe sobre dicho deceso:
Fallecimiento de Juan del Corral, siendo reemplazado interinamente por el cura de Rionegro José Miguel de la Calle. El Congreso federal declaró a Del Corral "benemérito de la patria y uno de sus libertadores". (Llano, 1995: antioquia).
9 de abril. Pasto. Sermón del obispo de Pasto Jiménez de Enciso, en el que dijo a los pastusos refiriéndose a las tropas patriotas como “herejes y cismáticos detestables”. (Llano, 1995: popayan).
Tunja. Camilo Torres escribió al gobierno británico solicitando ayuda para la emancipación, nombrando a José María del Real y Enrique Rodríguez como embajadores en ese país. (Llano, 1995: tunja).
Sobre este asunto escribe Restrepo:
“Cuando se supieron en Venezuela las desgracias que habian sufrido últimamente las armas de Napoleon Bonaparte en las grandes batallas que perdió en Alemania, y que los aliados victoriosos ocupaban mucha parte de la Francia, el general Bolivar invitó al congreso de la Nueva – Granada para que dirigiese un diputado á Europa con poderes ámplios para tratar y defender los derechos de las nuevas repúblicas en el congreso de Chatillon, que se anunciaba, lo que debia ejecutar unido á la diputacion de Venezuela. En efecto, el gobierno de la union adoptó la medida, nombrando para que fuese á Inglaterra como diputado al doctor José Maria del Real. Este era un abogado de Cartagena que poseia algunas luces y talentos unidos á una gran probidad. Pero no habiendo salido jamas de su pais natal, y no poseyendo los idiomas estrangeros, al ménos, el inglés y el francés, no era de los individuos mas á propósito para una mision tan importante. El oficial Aldao fué su segundo y partieron para Londres por la via de Jamayca, en los primeros meses de este año. Hasta entónces el mal suceso que habian tenido las diferentes comisiones dirigidas por las nuevas repúblicas de la America del Sur cerca de los gobiernos europeos, habian retraido al congreso de la Nueva – Granada de enviar comisionados á Europa. La mision de Real corrió igual suerte; y bien fuera por los grandes intereses que se debatieron en Europa en aquel año y en el siguiente, ó lo mas cierto porque la Nueva – Granda aun no habia dado pruebas de que podia ser independiente destruyendo á sus enemigos, su diputado no pudo obtener audiencia ni comunicacion alguna oficial de los ministros ingleses á quienes se dirigió. Real sirvió solamente en Londres para publicar algunas relaciones y documentos importantes muy propios para dar á conocer nuestra revolucion, y principiar á formar la opinion pública á favor suyo. Hizo tambien algunos otros servicios como agente de su gobierno para contratar armas y artículos militares. El congreso al fin viendo la tempestad horrible que por todas partes se preparaba contra la república, trataba ya con alguna actividad de comprar fusiles y municiones de que habia tan grande escasez. El doctor Agustin Gutierrez y el teniente coronel, José Maria Duran, salieron en el presente año con esta comision para Europa. Duran iba encargado de comprar fusiles para la provincia del Socorro con los fondos que en ella se recogieron por domaciones voluntarias para este objeto, y para traer una imprenta. Acaso ya era demasiado tarde, y el congreso debió desde su instalacion haber hecho los mayores esfuerzos para comprar por lo menos diez mil fusiles y levantar otros tantos soldados. La libertad entónces no hubiera perecido bajo la cuchilla del fiero español. Mas la inesperiencia de los gefes con el poco vigor y energía constitucional del gobierno federativo le impidieron dar á tiempo el único paso que puda haber salvado la república. Se necesitaba de un hombre que dirigiera por sí solo el curso de la revolucion y aun no existia en la Nueva – Granada. Sin embargo, es preciso confesar que la guerra terrible de la Europa terminada en este año, y la que habia entre los Estados Unidos y la Inglaterra dificultaron grandemente la consecución de armas para la América del Sur. Casi todos los soberanos prohibieron su esportacion para las que se llamaban colonias españolas; asi que era imposible comprarlas en las Antillas y en otros lugares inmediatos á los puertos de la Nueva – Granada.” (Restrepo, 1827, tomo V: 40-44).
10 de abril. Pasto. La Virgen fue jurada como "generala" de los ejércitos pastusos. (Llano, 1995: popayan).
11 de abril. Río Juanambú, provincia de Popayán. Nariño y sus tropas llegan al río Juanambú, cerca de Pasto.
“Al fin despues de veitiuna jornadas llegó al rio Juanambú que sita solo dos dias de la ciudad de Pasto. Este rio se precipita de la cordillera hácia el ocaso y es uno de los que forman el Patía. Corre por entre rocas escarpadas, y muy pocas veces da vado por el cúmulo de aguas que lleva, las muchas piedras que tiene su cauce, la fuerza ó rapidez de su corriente. Por lo comun es preciso atravesarle en taravita, método ingenioso y sencillo que los españoles adoptaron de los índios. Se egecuta fijando al travez del rio una gran cuerda: de ella se suspende un canasto ó red que pueda correr sobre la primera; aquí se coloca el viajero ó su equipage, y con otras cuerdas se le hace rodar en un momento por sobre todo el rio. Tirando asi la red alternativamente para una y otra orilla pasan todas las personas con sus equipages, y las caballerías á nado.
La márgen septentrional del Juanambú no es tan escarpada como la meridional. Esta es una roca tajada casi perpendicularmente. La coronan las dos alturas que llaman del Boqueron y de Buesaco dividida por un torrente de este nombre. Por la del Boqueron sube el camino para Pasto cortado en la peña con infinito trabajo, y solo transitable para mulas de carga. Sobre la cima ocupando las alturas de Buesaco á la izquierda, y del Boqueron á la derecha estaban acampadas las tropas del rey: eran casi iguales en número á las republicanas, componiéndose de mil trecientos hombres, parte de los veteranos que se salvaron de la derrota de Calivío, y el resto de los pastuzos y patianos.” (Restrepo, 1827, tomo IV: 166-168).
12 - 19 de abril. Río Juanambú. Intentos fallidos de cruzar el río Juanambú hacia Pasto por parte de la tropa expedicionaria de Nariño, debido a la resistencia, derribada de puentes y fortificaciones formadas por los realistas. (Liévano, 1987: 820-821).
13 de abril. Santafé. “Se pusieron carteles para que la carne fresca sólo se vendiese en la carnicería y la salada en la plaza.” (Caballero, 1974: diario7).
19 de abril. Río Juanambú, provincia de Popayán. Batalla en el río Juanambú. Después de descansar sus tropas, Nariño estudia el terreno del Juanambú y dispone estrategias de guerra pues a su llegada ya lo esperaba Aymerich quien había trasladado a ese punto su cuartel general.
“Apenas llegó Aymerich á la ciudad de Pasto cuando supo que el egército de Nariño se acercaba al Juanambú, y para defender el paso del rio se trasladó allí con su cuartel general.
A las dificultades casi insuperables que la naturaleza habia opuesto en el Juanambú, se habia añadido el arte. El ingeniero español Don Miguel Atero, trabajó tres meses con todos los índios de la jurisdiccion de Pasto fortificando aquellos puntos. El enemigo habia cortado la tarabita y defendia el paso parapetado con una fuerte trinchera que se dividia duplicándose ó triplicándose segun el terreno. Pasado el rio bajo los fuegos contrarios, los republicanos tenian que tomar ó á la izquierda para Buesaco, ó á la derecha para el Boqueron. En el primer caso debian haber desalojado al enemigo de las trincheras que bordaban el rio; pero tenian que sufrir los fuegos de otra segunda trinchera que se habia construido á la derecha. La pendiente era rápida y á poco que la subieran se encontraba una gran trinchera que atravesaba el cerro, la que por ninguna parte se podia flanquear y era preciso tomarla á viva fuerza. Detrás habia una cortadura profunda en la roca, la que el enemigo pasaba por un puente levadizo, defendido con los fuegos de una culebrina perfectamente situada, que dominaba el camino, por donde apénas se podia marchar á dos de fondo, y el paso del rio, impidiendo por tanto formar puente ó tomar la cortadura. Las alturas estaban coronadas de trincheras, cuyos fuegos se cruzaban con los de la cima del Boqueron. Cuando los republicanos hubieran subido un poco la pendiente de Buesaco, podian bajar las tropas del Boqueron y atacarlos por la espalda; aunque esto siempre se verificaba por cruzarse los fuegos.
Las mismas y aun mayores dificultades se presentaban para el ataque del Boqueron, la subida era mas rápida de quinientas varas de elevacion perpendicular, y en la cima se habian amontonado piedras enormes. Multitud de índios no tenian otro objeto que estar prontos para echarlas á rodar luego que los independientes quisieran forzar aquella posicion formidable. Era seguro que llevarian la muerte y la destruccion á todas las filas.
Despues que el general Nariño habia dado algun descanso á las fatigas de sus tropas, y reconocido las posiciones enemigas, y los diferentes pasos que tenia el rio, resolvió comenzar el ataque sin estrellarse en las fortificaciones. Así dispuso el comandante Monsalve marcharse por la noche con cien hombres á un paso reconocido tres leguas abajo del Boqueron, y á donde se habia puesto una tarabita en el punto llamado Platanar de Chaves (19 de abril). Era muy pendiente la altura y resultó que solo podia subirse de uno á uno con escalas que los soldados hiciéron de las bayonetas y portafusiles; pero esta operación podia ejecutarse sin ser vistos del enemigo, y ocupada la altura del Boqueron se tomaba por la espalda.
Luego que marchó Monsalve, el general hizo bajar á las dos de la mañana al Juanambú ochocientos hombres y le hallaron crecido. La inconstancia y prontitud de estas avenidas, hacen aun mas difícil el paso de aquel rio. El fuego se rompió á las cinco, y á las nueve siendo imposible pasar el rio, el general Nariño ignorante del éxito que habia tenido la columna de Monsalve se retiró á su campo. Esta aun continuaba subiendo, y solo cuarenta y cinco hombres con el subteniente Francisco Venegas habian podido ocupar la altura. A las diez y media fuéron descubiertos por el enemigo, y no quedándoles otro recurso marcháron denodadamente á atacar la division del Boqueron que constaba de quinientos hombres al mando del teniente coronel pastuzo Don Francisco Delgado. Aquel ataque imprevisto desordenó á los realistas que creyéron ser acometidos por una fuerza mayor, y abandonando el campo iban á ser derrotados por cuarenta y cinco republicanos. Viendo esto, el general volvió á intentar el paso del Juanambú; pero apénas habia llegado á sus márgenes cuando el enemigo advirtiendo la pequeña fuerza que le atacaba y que habia ya consumido las municiones, cargó nuevamente sobre Venegas y sus compañeros. Estos despues de haber inutilizado el cañon que guarnecia el campamento del Boqueron, bajaban defendiéndose hácia el rio. A pesar de los esfuerzos que hizo el general para socorrer aquellos valientes, solo quince hombres pudiéron pasar á nado el Juanambú, los que protegiéron la bajada del valeroso Venegas por encima del campamento enemigo con doce hombres que le habian quedado. Se perdiéron en esta empresa atrevida treinta y siete hombres muchos de ellos despeñados ó ahogados. Venegas y Monsalve recibiéron un grado bien merecido por su intrepidez, y un premio de valor los soldados que volviéron sin los cuarenta cartuchos que llevaban. Los realistas perdiéron dos oficiales y nueve soldados muertos con algunos heridos.” (Restrepo, 1827, tomo IV: 170-176).
Espinosa dedica algunas páginas de sus memorias para relatar detalladamente la forma como la expedición del sur logró pasar el río Juanambú derrotando a las fuerzas realistas que custodiaban el paso, victoria que se celebró con una misa:
“Sobre aquellas dos eminencias4 estaban situadas las tropas realistas, en número como de 1.500 hombres, restos de los derrotados de Calibío y pastusos y patinaos, al mando del mariscal de campo don Melchor Aymerich, que había sucedido en él a Sámano, pues a éste lo llamó Montes a Quito, por creerlo incapaz de dirigir las operaciones de la guerra. Aymerich fortificó la orilla del río y las eminencias con una serie de trincheras y fosos formidables que iban escalonados, cortó la tarabita en el paso del río y estableció su barraca en la cima del cerro, rodeada de cuatro culebrinas de mucho alcance. Al llegar nestro ejército a la cuchilla que queda del lado de acá, fue saludado con cuatro descargas con bala rasa que pasaron por alto. Se formó nuestro campamento, y el general colocó su tienda lo más cerca que pudo del lado de Buesaco, quedando tan al alcance de los tiros del enemigo que varias veces fue atravesada por ellos en los saludos que nos hacía la artillería limeña. Además de las fortificaciones del Boquerón y Buesaco, había muchos indios colocados detrás de enormes montones de piedras para arrojarlas sobre los insurgentes si intentaban toar la altura. Nuestra artillería fue muy bien colocada sobre un gran plano o plataforma que hicieron los zapadores sobre la eminencia para que puediese maniobrar. Recuerdo que, habiendo reventado una bomba entre un obús, cayeron despeñados dos de nuestros artilleros. Cuando el general Nariño experimentó las bombas, dispuso que se arrojaran unas ocho sobre el Boquerón; las dirigió, en efecto, el ingeniero Aguilar, y fue tan certero que, cayendo sobre los indios, hicieron en ellos estragos.
La seguridad que tenía el enemigo de que el lado del Boquerón era inatacable, le daba cierta confianza, y en esa misma confianza se enviaron 200 hombres del batallón Socorro al mando del teniente Vanegas para que trepasen en silencio al amanecer cuando no podían ser vistos, dirigiéndose por una cañada o desagüe del cerro. Lo hicieron así, venciendo todas las dificultades; y, valiéndose de los portafusiles, alcanzaron a subri 116 hombres, los cuales sorprendieron el campo enemigo, haciendo destrozos en los pastusos de los cuales huyeron como 600. En ese momento dispuso Nariño el paso por el río para llamarles a atención; pero no fue posible vadearlo por lo muy crecido que iba y por el fuego incesante de fusilería que se nos hacía desde las trincheras. Repuestos de su sorpresa los enemigos que estaban en el Boquerón, y viendo que eran muy pocos los que los atacaban, se rehicieron y cayeron sobre los nuestros, de los cuales unos murieron, otros cayeron prisioneros y no pocos se arrojaron por el precipicio. Solamente Vanegas, con unos diez más, pudieron salvarse. Algunos de estos infelices se guarecieron en los huecos de las rocas, donde hacían sus nidos las águilas. Nosotros los alcanzábamos a ver desde el lado opuesto, sin poder favorecerlos; allí permanecieron sin comer hasta que el ejército pudo pasar el río, y entonces bajaron con mil dificultades y peligros. Un español llamado Carretero, que servía con nosotros y que subió con ellos, se pasó al enemigo.
Se suspendieron por entonces las operaciones, y ese mismo día presenciamos un espectáculo de otro género que llamó nuestra atención, y fue la llegada de la langosta, plaga que consiste en una nube de animales que cubre el cielo y casi oscurece el día. Asentó también su campamento la langosta en aquellos contornos, y en pocas horas quedó enteramente despojado de vegetación todo el campo. ¡Cuántos pronósticos, ya favorables o ya adversos, no sacarían muchos de esta circunstancia!
Entre tanto el general Nariño había hecho reconocer todos los pasos del río para ver de vadearlo por alguna parte o poner una tarabita. En efecto, hizo colocar una, como dos leguas más abajo; pero no habiendo prácticos que conociesen todos los pasos del río, pues estábamos en país de enemigos, no supo el general sino al cabo de algunos días que por el punto llamado el Tablón de los Gómez podía pasarse fácilmente, y ordenó que el coronel inglés Birgo, con el batallón Cazadores, emprendiese la marcha durante la noche y pasando el río tomase la retaguardia del enemigo dando una gran vuelta. En la tarde del siguiente día debía nuestra gente presentarse en las alturas de Buesaco, y para avisarnos a nosotros cuándo debíamos atacar por el frente, llevaba el comandante unos cohetes voladores que debían quemarse como señal; pero no habiendo tenido lugar lo convenido, no obstante que Birgo pasó sin dificultad el río y tomó la altura, sin que hiciese resistencia el pequeño destacamento que había en el Tabón de los Gómez, se impacientó Nariño y dio orden de paso el río y atacar las trincheras. Así se hio con grande intrepidez bajo los fuegos del enemigo, el cual se retiró cuando vio ya todo nuestro ejército del otro lado. Seguimos en su persecución, pero era una empresa temeraria: no fue posible dominar las fomidables trincheras superiores, y entonces volvieron a cargar sobre nosotros y nos hicieron gran daño, especialmente con las grandes piedras que nos arrojaban. Ya cerca del anochecer fue preciso emprender la retirada y repasar el río, después de haber perdido como cien soldados y los valientes oficiales Pedro Girardot (hermano del famoso Atanasio) e Isaac Calvo como cincuenta heridos, entre ellos seis oficiales. Nuestros valientes murieron unos de bala y metralla, otros aplastados por las piedras y otros ahogados. Yo corrí inminente peligro de ser del número de estos últimos, pues la corriente del río me arrastró como el espacio de unas cien varas; pero por fortuna su misma impetuosidad me arrojó a la orilla del opuesto, en un recodo que hacía, donde permanecí sin sentido toda la noche, ya por el grande estropeo y fatiga, ya por el agua que al sumergirme había tragado. Al amanecer abrí los ojos y emprendí la subida lentamente, lleno de dolores y contusiones, en busta de los míos…
Cuando, después de algunas horas, llegué al campamento, encontré al ejército asistiendo a una misa de acción de gracias que se decía por la retirada del enemigo, lo cual había causado grande alegría, pues no se veía en su campo ni un solo soldado, ni un toldo, sino únicamente las hogueras medio apagadas, morriones, armas y los cadáveres desnudos. Estando en la misa se vieron las tropas de Birgo coronando las alturas de Buesaco, que habían sido abandonadas por los realistas. (Espinosa, 1997: 32-35).
20 de abril. Antioquia. Fue convertida en ley la manumisión de los esclavos negros. (Llano, 1995: antioquia).
Sobre la ley de esclavitud en Antioquia escribe ampliamente José Manuel Restrepo:
“La legislatura de Antioquía que se hallaba reunida cuando la muerte de Corral, habia sido invitada por este á dar un paseo atrevido que acaso no correspondia á una provincia confederada. Tal era declarar libres todos los partos de las esclavas imponiendo á sus amos la obligacion de mantenerlos hasta la edad de diez y sieis años en compensación de los servicios que debian prestarles. La ley de Antioquía fué redactada por el abogado, doctor Felix Restrepo, cuya filantrópica ilustración tuvo una parte muy activa en que se adoptara su proyecto: imponia tambien contribuciones para la libertad de los esclabos, y prescibia el número que debia manumitir cada uno de los amos que muriese con herederos ó sin ellos5. Esta medida verdaderamente filantrópica aun que llena de dificultades, alarmó bastante á las provincias del Chocó y de Popayan, en donde habia muchos esclavos y propietarios que debian sentir su pérdida; por consiguiente no fué limitada.” (Restrepo, 1827, tomo IV: 154-1555).
26 de abril. Río Juanambú, provincia de Popayán. Por orden de Antonio Nariño, el coronel inglés Guillermo Birgo ocupó el sitio el Tablón de las Monjas. (Llano, 1995: popayan).
“Frustrado el plan de aquel dia6 y manteniéndose crecido el rio, determinó Nariño intentar el paso por el punto que llaman el tablon de los Gomez, fuerte posicion distante dos dias del cuartel general, y que solo estaba guarnecida por un pequeño destacamento de sesenta hombres de los voluntarios de Pasto. La falta de prácticos en un pais que todo era enemigo, pues en el egército solo existia uno bueno, habia hecho que hasta entónces no se conociera exactamente aquella ruta. El comandante ingles de cazadores, Enrique Virgo recibió órden de marchar con quinientos hombres al punto mencionado, por pasar el Juanambú (abril 26). Virgo tuvo que vencer las dificultades de los caminos, cuyos puentes habia cortado el enemigo por todas partes; pero batió la pequeña fuerza que defendia el paso en la hacienda de Santa María, y lo egecutó con tranquilidad.” (Restrepo, 1827, tomo IV: 176-177).
27 de abril. Antioquia. En medio de la discusión entre provincias respecto a si se debe acoger el sistema centralista o el federalista, la provincia de Antioquia, a través de un oficio escrito al congreso, convoca una convención general de diputados de las provincias libres. El oficio y la propuesta antioqueña son contestados por una contrapropuesta de El Socorro y analizados por la prensa política.
“La legislatura de Antioquía viendo que habia corrido mas de un año despues que propuso la centralizacion de los ramos de guerra y hacienda, bajo la autoridad del congreso, sin que este hubiera recibido bien una propuesta tan racional, fundada en los principios mas claros de la política, y sin que las provincias hubieran tampoco asentido á aquel plan, quiso reunir otra asamblea que fuera mas imparcial. A fin de conseguirlo resolvió que el poder ejecutivo de la provincia invitara al congreso, para que convocase la convencion general de diputados de las provincias libres, en los términos que prevenia el articulo 61 de la acta de confederacion. El oficio del gobierno de Antioquía, que este circuló á los demas estados en 27 de abril, estaba lleno de fuerza y de principios muy sanos en política. Despues de pintar enérgicamente los grandes peligros que amenazaban á la libertad é indepedencia de la Nueva – Granada por los triunfos repetidos de las armas españolas sobre las francesas, y el esterminio de los egércitos de Bonaparte por los hielos de la rusia, y por la conjuracion general de las primeras naciones europeas, manifestaba que sin reformar absolutamente el gobierno de ningun modo podiamos defendernos. “El sistema federal es muy débil, añadia, y necesitamos un gobierno militar que asi en este ramo como en el de hacienda tenga facultades estraordinarias para poner la patria en estado de hacer una vigorosa resistencia, y solamente la convencion general puede dar este paso atrevido.”
Desde que se hizo pública tal escitacion comenzó á discutirse la materia y se vió que los ánimos estaban mejor dispuestos que el año anterior. Contribuyeron mucho á uniformar la opinion, las cartas políticas que se publicaron en el Argos de la Nueva - Granada, su fecha en Motavita lugar de la provincia de Tunja, y cuyo autor era el diputado en el congreso, Madrid, que bajo el nombre de Empedocles demostró hasta la evidencia que el gobierno de las provincias unidas no podia salvarlas, porque la union solamente era de nombre, y cada estado obraba en realidad con independencia sin que el poder egecutivo federal tuviera á sus órdenes, ni egércitos, ni tesoreria, ni fuerza alguna físico ó moral con que hacerse obedecer. Por esto no hacia otra cosa que rogar ó dirigir recomendaciones á los gobiernos provinciales, los que unas veces las cumplian, y otras nó, de modo que las empresas mejor calculadas jamas se llevaban al cabo por falta de una pronta y eficaz cooperacion. Empedocles en sus nueve cartas propuso que para remediar estos males, el congreso aumentase el número de sus miembros y nombrase los gobernadores de las provincias, para que, dependiendo inmediatamente del poder ejecutivo federal, cumplieran sus órdenes con prontitud. El último arbitrio habria dado algun vigor á la union, mas nó el primero; de modo que Empedocles aunque avanzó principios bien luminosos en política no pude resolver el problema propuesto.
Algunas de las provincias unidas habian manifestado ya al congreso que debian centralizarse los ramos de guerra y hacienda cuando la legislatura del Socorro dirigió una acta al cuerpo nacional en que pedia lo mismo é indicaba las bases que debia contener la reforma: estas eran que los gobiernos provinciales obraran en guerra y hacienda como delegados del congreso, el que dejaria á las provincias un pequeña contingente para costear su administracion interior, y que se autorizara al mismo congreso para elegir un poder ejecutivo y formar el reglamento para su régimen, el que se enviaria á la sancion de las provincias poniéndole inmediatamente en ejecución con calidad provisional. En la acta mencionada se impugnaba de paso el proyecto de Antioquía de reunir la gran convencion. Era en efecto remedio muy tardio para peligros que urgian por todas partes.
El mismo plan del Socorro se estendió y analizó completamente por el doctor Castillo, redactor del Argos de la Nueva – Granada. En este periódico se impugnaron con mucha gracia y solidez las opiniones de los miembros del congreso que aun se oponian á la reforma. Estos eran el presidente Torres, con los diputados Joaquin Camacho, Miguel Pombo y otros de menor importancia, los cuales no querian que se alterara una coma en la acta federal, y á pesar de su ilustracion parece que estaban ciegos sobre los males de la patria, arrastrados por un verdadero fanatismo político. No veian que el gobierno de la union era débil constitucionalmente, y que sin duda alguna iba á producir la ruina inevitable de la república, originada del sistema federativo. Sin las facultades de levantar egércitos y de crear fondos para sostenerlas, nunca le fuera dado al gobierno general el defender á la Nueva – Granada y adquirir energía. El cierto que el congreso podia asignar contingentes á las provincias, mas carecia de fuerza para hacerlas cumplir. Unas contestaban que no tenian lo que se les pedia, otras que era imposible; estas daban largas, y aquellas enviaban pequeños y tardios recursos. En tanto corria el tiempo, el enemigo se avanzaba y el gobierno de la union despues de escribir resmas enteras cada semana, en dos años no habia podido formar un egército que mereciera tal nombre.” (Restrepo, 1827, tomo V: 45-52).
28 de abril. Buesaco. Derrota del coronel Birgo por las tropas de Aymerich en Buesaco. (Llano, 1995: popayan).
Sobre la forma en que sucedieron los hechos escribe José Manuel Restrepo:
“El veintiocho debia presentarse sobre las alturas de Buesaco7. El general Nariño pasó la mañana sin moverse. A la una de la tarde habiendo observado que las tropas reales se ponian en movimiento, juzgó que se dirgian contra Virgo, como en efecto siguiéron ciento cincuenta hombres al mando del comandanta Don Ramon Zambrano, resolvió pues atacarlas. Los dias anteriores se habian empleado en formar un puente de madera hasta la mitad del rio. Pasáron, pues, por el vado de Bateas cuatrocientos hombres al mando del mayor general Cabal, sirviéndose de cables para la otra mitad del Juanambú. Verificáron el pasage con mucho valor é intrepidez al frente del enemigo, y espuestos á los fuegos de la culebrina que defendia la cortadura de Buesaco. El agua subia hasta el pecho sosteniendo el soldado con una mano su fusil, y apoyándose con la otra de una cuerda que atravesaba el rio, é impedia que la corriente le arrebatara. En el punto por donde se egecutó el pasage quedaban flanqueadas las primeras trincheras de Buesaco, y la tropa á cubierto de los fuegos enemigos miéntras se formaba.
Apénas las tropas reales que guarnecian las trincheras viéron formadas á las de la República al otro lado del rio, que las abandonáron cobardemente á muy pocos tiros quedando estas y las de la derecha que defendian el Boqueron, en poder de nuestros soldados. Aquí debia la columna hacer alto conforme á las órdenes que se habian comunicado al mayor general Cabal, y el teniente coronel José María Vergara situarse en aquel punto para impedir á la division enemiga del Boqueron, el que se moviese contra las fuerzas republicanas que obraban en Buesaco. Mas cuando Cabal ocurrió á dar la órden, ya sus tropas llevadas por el deseo de destruir á un enemigo que huia precipitadamente, habian seguido hasta la gran trinchera, creyendo flanquearla por la izquierda. Las tropas reales comenzaban á abandonarla solo con advertir el movimiento contra ella; pero reforzadas con la reserva del general Aymerich, notando que en vez de entrar por la puerta única que tenia, la fuerza republicana se habia dirigido hacia la izquierda por donde era imposible tomarla, la volvieron á ocupar. Aquí se sostuvo por una y otra parte un fuego horrible. Situado el enemigo ventajosamente hacia un estrago de que el mismo estaba cubierto, y echaba á rodar grandes piedras. Eran ya las cinco de la tarde sin que hubiese aparecido la division de Virgo, y en este momento se esparció la voz entre nuestros soldados de que eran envueltos por todas partes. Con la misma rapidez con que se habian obtenido tantas ventajas fuéron perdidas y abandonado el campo. El general Nariño en tales circunstancias mandó poner dos cañones en la orilla del rio, para proteger la retirada que se estaba haciendo con una precipitacion que habria sido desastrosa á los republicanos: la voz del mismo general y sus esfuerzos restableciéron al fin el órden de las tropas. Protegidas por la metralla de la artillería que sirviéron perfectamente el capitan Murgüéitio y el teniente Pizarro, y por los soldados que se iban formando á la márgen opuesta luego que pasaban, se atravesó el Juanambú con el mejor orden posible. Al pié de la trinchera y en esta jornada pereciéron cerca de cien soldados, con los don intrépidos oficiales Isac Calvo y Pedro Jirardot, quedando heridos cuarenta y cinco hombres y seis oficiales. Hubo ademas algunos prisioneros entre ellos el ayudante francés Alejandro Robin. La perdida del enemigo fué muy pequeña.
Ya el egército real habia ocupado sus respectivos cuarteles cuando á las siete de la noche tuvo noticia el general Aymerich que la columna de Virgo habia acampado sobre el pueblo inmediato de Buesaco hácia la retaguardia de sus posiciones. En el momento sabiendo que los pertrechos se habian acabado, resolvió levantar el campo para no ser envuelto. Virgo no pudo atacarle aquel dia, pues le detuvo la columna de Zambrano, y si lo egecuta hubieran sin duda alguna sido arrolladas las tropas reales, viéndose acometidas por el frente y por la espalda. El designio de Aymerich era retirarse á la hacienda Pajajoy, romper el puente de Buesaco, esperar municiones que debian traerle de Pasto, y atacer á Virgo ántes que pasara el Juanambú el resto del egército; pero los pastuzos que bajo de todos gobiernos han hecho siempre su voluntad, sin obedecerle, siguieron á Pasto, á donde arribáron la misma noche. Felizmente para las armas reales tres dias ántes habian llegado de Quito doce barriles de pólvora que inmediatamente se redugéron á cartuchos, y se recompusiéron las armas.” (Restrepo, 1827, tomo IV: 177-183).
29 de abril. Juanambú. Provincia de Popayán. Ante el abandono que hicieron los realistas de su campamento, Nariño logra de atravesar el Juanambú y enarbolar la bandera tricolor en zonas donde antes se encontraban los seguidores del rey.
“Al amanecer del 29, no se vió en el campo de los realistas un soldado ni una tienda. Al principio creyó el general Nariño que se habrian dirigido contra Virgo; pero á las diez de la mañana se dejáron ver la tropas de este por tres puntos diferentes sobre las alturas de Buesaca y del Boqueron á donde se enarboló la bandera tricolor. En el mismo dia se pusiéron taravitas para que pasara el egército y artillería, operación que se terminó el dos de mayo. De esta manera se consiguió tomar la línea formidable del Juanambú, despues de haber costado mucha sangre y una demora de veinte dias. El general español Aymerich confiaba tanto en aquella posicion, que pocos dias ántes hacia que sus soldados gritaran á los republicanos, que allí no era Calivío.” (Restrepo, 1827, tomo IV: 183-184).
Aunque López no otorga fecha exacta, por otros cronistas se percibe que sin duda la derrota de los realistas en el río Juanambú es hacia el 29 o finales del mes de abril. Hilario López, detalladamente narra los vaivenes:
“Se ordenó, en consecuencia, que el comandante Vego, con una columna de 600 a 700 hombres, entre los cuales se contaba mi batallón, marchase por la noche y con el mayor sigilo hacia el Tablón de los Gómez, arriba de nuestro campo, con el designio de salir al enemigo por la espalda en sus atrincheramientos de Buesaco, debiendo el general Nariño atacarle por el frente, luego que se diese por parte de Vego la señal combinada. El terreno por donde debíamos marchar, paralelo a la línea del enemigo, era muy escabroso, y apenas se presentaba una senda estrecha y peligrosísima para desfilar a uno en fondo. Era preciso, para no ser descubiertos, observar el mayor silencio: un tiro que se hubiera escapado por casualidad, o un soldado o un fusil que hubiera rodado por esas breñas, habrían sido bastantes para dar la alarma a los realistas y hacer malograr el último recurso para desalojar al enemigo y continuar nuestras operaciones. Nos fue imposible en la primera noche llegar al Tablón, y al amanecer nos ocultamos en un bosque, en donde pasamos el día; al volver la oscuridad continuamos la marcha, y a las cinco de la mañana ocupamos la fuerte posición del Tablón, sin haber encontrado sino un pequeño destacamento que no opuso mayor resistencia. Sin detenernos un momento descendimos al río a evitar el que se nos quitase el único puente de madera que se encontraba en todo él, pero nos fue imposible. Cuando llegamos ya estaba destruido. Nos fue preciso ocurrir al arbitrio de maromas para pasar el río, y sin perder un instante, pues el tiempo era muy crítico, logramos atravesarlo a eso de las cuatro de la tarde, bajo los fuegos de 100 hombres que defendían la posición. En esta operación perdimos algunos hombres ahogados y heridos. Cuando llegamos a la cima oímos el fuego en el campo enemigo, y habiendo redoblado nuestra marcha, exhaustos de hambre y de cansancio, llegamos a un punto llamado El Naranjo, ya cerrando la noche. Desde allí observamos que del campo enemigo se encaminaban hacia Pasto muchas bestias cardadas y escoltadas por soldados; no nos quedó, pues, duda de que Aymerich abandonaba sus posiciones”. (López, 1942: memori4).
Para Llano Isaza, lo sucedido implicó una derrota de Aymerich por las fuerzas de Nariño en Juanambú. (Llano, 1995: popayan).
Santafé. El mismo día, Nariño escribe una carta dirigida a Santafé, con la que se enterarían en Cundinamarca de la victoria obtenida sobre Aymerich en Juanambú:
“El 29 de abril de 1814 escribía Nariño:
Se ha fijado hoy la bandera tricolor al otro lado del Juanambú.
En el parte de la batalla, que principió con la frase citada, encontramos estas líneas que honran la memoria de bogotanos:
Al pie de esta trinchera, entre muchos cadáveres de valientes soldados, están los del Capitán don Isaac Calvo y del Subteniente don Pedro Girardot. Los ojos se humedecen al contemplar los semblantes de estos valerosos republicanos que parece están todavía sonriéndose de la misma muerte.
Cuando tuvo noticia doña Luisa Ortega, esposa de don Ramón Calvo y cuñada de Nariño, de la muerte de su hijo Isaac, acaecida en Juanambú, en vez de exclamaciones de dolor, muy naturales en aquellos instantes, interrogó al que le comunicaba la triste nueva, con esta frase, digna de la historia clásica:
«¿Y se ganó la batalla?»
No cedía esta dama en grandeza de corazón al padre de Atanasio y de Pedro Girardot, joven éste que rindió la vida en el mismo campo que Isaac Calvo.” (Ibáñez, 1891: cap42a).
30 de abril. Pasto. Fusilamiento del francés patriota Alejandro Bobin. (Llano, 1995: popayan).
3. El autor se refiere a la pérdida sufrida por los patriotas contra los realistas en la batalla de En Medio el 28 de marzo anterior.
4. Se refiere a las montañas de Buesaco y el Boquerón.
5. Nota al pie en el texto original: “Bajo el número 24 de documentos se hallará esta ley que fué presentada por el mismo doc. Restrepo, al congreso constituyente de Cúcuta y adoptada por Colombia con pequeñas modificaciones.” (Restrepo, 1827: 155).
6. El autor se refiere al intento de cruzar el Juanambú que fue impedido por los realistas en la batalla del 19 de abril.
7. El autor se refiere al comandante Virgo, de acuerdo a las órdenes que le había dado Nariño el 26 de abril.
Mayo de 1814
Mayo de 1814
2 de mayo. Cerro de Cochabamba. Comenzó el ejército patriota el ascenso de la falda de Cochabamba, teniendo un encuentro con las guerrillas pastusas. (Liévano, 1987: 822).
3 de mayo. Provincia de Popayán. Aymerich, que se encontraba en Pasto, enterado que Nariño pretendía continuar su camino, envía una fuerte avanzada de sus tropas.
“El egército republicano descansó algun tanto en la hacienda de Pajajoy, cuatro leguas distante de la ciudad de Pasto. Luego que el general español tuvo noticia por sus espías que trataba de adelantar sus marchas, salió de aquella ciudad la vanguardia de sus tropas compuesta de ochocientos fusileros, los setecientos cincuenta pastusos y cincuenta limeños. Los comandantes Don Juan María de la Villota, Don Ramon Zambrano y Don Francisco Javier Delgado mandaban á los primeros, y á los segundos el capitan Don Mariano Cucalon.” (Restrepo, 1827, tomo IV: 184-185).
4 de mayo. Cerro de las Cebollas, provincia de Popayán. Derrota de la avanzada patriota comandada por Birgo en el Cerro de Cebollas. (Llano, 1995: popayan). Después del encuentro Nariño reúne a sus hombres que se encontraban desmoralizados con el fin de decidir si deben o no continuar en la guerra contra el enemigo.
Los pormenores del encuentro en el cerro de Cebollas, cerca de Pasto y los sucesos posteriores, son relatados por Restrepo:
“Al dia siguiente marchó Aymerich con el resto de las fuerzas. Se trabó la primera accion en la falda del cerro nombrado Cebollas que los realistas llamarón de Chacapamba. Las tropas reales se habian emboscado en tres divisiones, y el teniente coronel Virgo que marchaba con un batallon á descubrir la situacion del enemigo, fué rechazado. El general Nariño depuso en el momento á dos oficiales que habian vuelto la espalda los primeros, y los mandó servir en calidad de soldados hasta que se hiciéran dignos de sus empleos. A dos compañías de cazadores que abandonáron á su comandante les intimó que no tendrian el honor de combatir al enemigo, y que su empleo en lo venidero seria custodiar el campamento.
El egército permaneció dos dias en aquel punto: allí supo el general Nariño que algunos oficiales eran de sentir que se debia emprender la retirada, y convocó una Junta de guerra compuesta de toda la oficialidad. Entre los que opináron se distinguió el capitan Baltasar Salazar, jóven antioqueño, que fué de dictamen que de ningun modo debia retirarse el egército, haciéndose indigno de la gloria que habia adquirido perdiendo las grandes ventajas obtenidas, mucho ménos cuando el enemigo solo daba señales de ineptitud y cobardía, no atreviéndose á sostener posiciones tan fuertes por naturaleza. El general en aquella Junta hizo ver con la mayor claridad que las ventajas adquiridas eran muy grandes: que si de nuevo perdíamos las líneas abandonadas por los realistas, se necesitaria para tomarlas derramar mucha sangre é infinitos sacrificios: que estaba hecha gloriosamente la mitad de la campaña, y que habiendo pasado el Juanambú, nada tenia que temer el egército; mucho ménos de tropas que habian abandonado aquellos puntos, el baluarte de Pasto y de Quito: que no se presentaba una razon convincente para que los republicanos victoriosos hiciesen inútiles tantos triunfos adquiridos perdiendo sus ventajas por capricho ó cobardía “En caso de una retirada, añadió el general, los enemigos nos perseguirán en masa por lo ménos hasta el Juanambú, á donde será necesario abandonar la artillería, y perecerá una gran parte de nuestros soldados. El resto ¿con que municiones contará para defenderse de tantos enemigos que le atacarán hasta Popayan? ¿Con que víveres hará la marcha de catorce dias, cuando no los hay para uno solo? En Pasto que solo dista algunas hora se hallan en abundancia, y tenemos municiones bastantes para tomar esta ciudad, aun cuando sea necesario batir á los realistas en tres diferentes posiciones.” No hubo oficial que no quedara convencido de que el medio mas seguro de perder el egército era emprender una retirada y asi ninguno opinó por ella. Desapareciéron los temores y la desconfianza que habia empezado á sembrar en las tropas la opinion que algunos oficiales habian manifestado antes, de que debian retirarse. El discurso del general obró los mismos efectos que si hubiéran llegado al campo víveres y municiones en abundancia: ya no se pensó en otra cosa que en ir á Pasto para satisfacer el hambre y salir de la miseria.” (Restrepo, 1827, tomo IV: 185-188).
Se sabe entonces que ante las difíciles condiciones de hambre y la cruel resistencia puesta por los realistas, las tropas vieron la posibilidad de retornar a Popayán. José Hilario López expresa lo acontecido:
“…habíamos ya perdido más de un tercio de nuestro personal. No teníamos reserva, ni esperanza de llenar las bajas. Nuestras municiones de guerra estaban casi consumidas, y las de boca enteramente exhaustas. El país que ocupábamos y el que dejábamos a nuestra retaguardia, todo era enemigo, y estaba infestado de guerrillas; nuestra gravosa artillería entorpecía enteramente nuestros movimientos; el enemigo, se puede decir que estaba intacto y aun reforzado por los auxilios frecuentes que recibía de Quito. Así, nuestra situación era violenta, y desde este día se empezaron a oír susurros de retirada a Popayán. El general en jefe, que se enteró de esta novedad, reunió a todos los oficiales en junta de guerra y allí propuso las siguientes cuestiones, manifestando que todos tenían libertad completa para dar su opinión. Primera. ¿Debemos continuar nuestras operaciones? Segunda. En caso de afirmativa, ¿por cuál de los tres caminos que conducen a Pasto debemos emprender la marcha? Tercera. ¿Será conveniente retirarnos a Popayán?...
Al día siguiente se dio la orden de marchar por el camino del centro, y habiendo ocupado sin oposición la altura de Cebollas, vivaqueamos allí la noche, mientras el enemigo nos esperaba atrincherado en el cerro de los Tacines, a distancia de tiro de cañón de nuestro campo.” (López, 1942: memori4).
8 de mayo. Cerro de Cebollas, provincia de Popayán. El hambre cobraba víctimas entre las tropas patriotas de Nariño que atravesaban el cerro de Cebollas y tenían al frente las fuerzas de los realistas esperándoles en el cerro de Tacines. (Llano, 1995: popayan).
Según Restrepo, después de haber decidido continuar hacia Pasto, el ejército patriota emprendió de nuevo su camino y se alistó para un posible ataque del enemigo:
“El egército se puso en movimiento y subió al alto de cebollas, reuniéndose el enemigo en su campo del cerro de Tasines. Esta posicion fué reconocida y se tomáron las medidas que permitian las circunstancias para el combate.” (Restrepo, 1827, tomo IV: 189).
Antioquia. Nombramiento como nuevo presidente el brigadier charaleño Dionisio Sánchez de Tejada y Nieto. (Llano, 1995: antioquia).
9 de mayo. Cerro de Tacines. Triunfo de los patriotas en el cerro de Tacines, provocando la huida de Aymerich que siguió hacia el sur por el camino del Guáitara. Nariño cometió el fatal error de su campaña en el sur: apurar el paso hacia Pasto dejando atrás a su retaguardia, comandada por José Ignacio Rodríguez. (Llano, 1995: popayan).
Las acciones de los patriotas en el cerro de Tacines son descritas por José Manuel Restrepo:
“Al siguiente dia los republicanos se moviéron del punto del panecillo con el objeto de desalojar á los realistas de la altura que ocupaban: el ataque se verificó en tres columnas, y el egército real dividido en otras tres se emboscó por toda la pendiente que era de áspera y difícil subida. Al pié colocáron los republicanos artillería de á cuatro y obuses: en tanto que trepaban por la falda algunos tiros de cañon hiciéron desaparecer á los índios que coronaban las alturas. A las once de la mañana habia vencido nuestro egército la tercera parte de la subida. A esta hora los enemigos rompiéron un horrible fuego de casi todos los puntos del cerro en que se hallában emboscado, y nuestras tropas no luchában con otra cosa sino con una montaña incendiada: los republicanos colocados en la mitad de ella; eran un blanco seguro á todos y á cada uno de los soldados realistas ocultos en el bosque, y sin que los nuestros tuviéran á donde dirigir sus tiros. Se necesitaba de un valor heróico para continuar la marcha recibiendo la muerte de todas partes, envuelto el egército en fuego y en humo, sin poder dañar á la mano que le destrozaba ni defenderse de las balas homicidas. El enemigo para que no quedase punto desde donde no se hiciese fuego á nuestras tropas, habia mandado que una pequeña columna atravesara una hondura cubierta de bosque con el objeto de mantenerse allí oculta para cuando pasáran los republicanos atacarles por la espalda. Luego que intentó este movimiento, dos obuses colocados al pié de la altura desconcertáron y derrotáron con algunos tiros aquel destacamento.
Eran ya las tres de la tarde, cuando dos compañías del Cauca volviéron la espalda y huian en desórden: este momento fué el mas crítico de aquella célebre jornada. El general notó que la fuga de estas compañías iban á arrastrarla de todo el egército. Voló á contenerlas, las dirigió algunas fuertes expresiones, reprendió su cobardía y se arrojó con su espada en medio del combate. Los soldados recordarón su valor, y seguido este egemplo por el egército, el enemigo fué arrollado primero por la izquierda y en seguida por todas partes, decidiéndose la accion á las cinco de la tarde á favor de las tropas republicanas, á pesar de los esfuerzos que hiciéron los gefes realistas para contener las suyas. Mas de cien soldados y siete oficiales entre ellos los capitanes Salazar y Bonilla, pereciéron aquel dia combatiendo por su patria con un valor heróico y nos hiciéron veinticinco prisioneros; el enemigo solo tuvo un oficial y nueve soldados muertos, con dos prisioneros. Tan ventajosa era la situacion en que peleaba defendido por el bosque.
El mayor general Cabal que marchó este dia al frente del egército, tenia órden de posecionarse de la altura y de no perseguir á las tropas reales. El general Nariño que habia dado esta órden, decidida la accion continuó picando la retaguardia á los enemigos por mas de una legua con quinientos hombres del batallon Bogotá. Habria adquirido alguna ventaja si una fuerte lluvia y granizada no le hubiera obligado á detenerse y á acampar en la mitad del páramo de Tasines. La tropa que no habia comido en todo el dia, ni tenia que cenar, paso la noche en aquellas heladas cimas sin tiendas, y cuidando cada soldado de su fusil. Desde allí ofició el general Nariño al cabildo de Pasto pidiéndole cuarteles, y envió por pan para su tropa. La contestacion que dió el alcalde don Ramon Bucheli fue que reunido el cabildo al otro dia, le dirigirian la respuesta correspondiente.” (Restrepo, 1827, tomo IV: 189-193).
Sobre el triunfo en Tacines y la persecución que tomó Nariño contra los enemigos, refiere López los siguientes detalles:
“A las cinco de la mañana del otro día se dio la orden para la batalla, y antes de las seis se rompió el fuego por ambas partes. El general en jefe dirigía personalmente la batalla, a la cabeza de poco más o menos 1.000 hombres, habiendo dejado en la reserva como 500. Nuestras primeras cargas, aunque impetuosas, encallaron al pie de los parapetos del enemigo, que a mansalva nos hacía una horrible carnicería, colocados como en anfiteatro. Ya habíamos perdido muchos buenos oficiales y más de un tercio de nuestros soldados cuando, observando el general nuestra crítica situación, hizo el último esfuerzo para vencer: se colocó a la cabeza del ejército y ordenando que le siguiesen los que quisieran morir con gloria, haciendo que nuestra caballería desfilase al mismo tiempo por la falda del cerro, a la derecha del enemigo, nos arrojamos ciegamente sobre los parapetos y logramos, por el ejemplo del general, desalojar al enemigo, aunque del triunfo no reportamos otra utilidad que la gloria de haber rechazado al enemigo de otra de sus posiciones, después de una sangrienta batalla…
Dejando siempre la división de reserva, el general continuó la persecución del enemigo con los restos de los que acababan de vencer a sus inmediatas órdenes. Aunque los realistas no habían perdido en la batalla ni una veintena de hombres, en la retirada se dispersaban a los bosques y esperábamos que más de la mitad, o más bien todos los que no eran prácticos, se nos presentarían muy luego, porque no tenían otro arbitrio, lo que hubiera sucedido si otros accidentes imprevistos no hubieran venido a conjurarse también contra nosotros para acabar de probar nuestra constancia y sufrimiento. Cuando íbamos en el páramo continuando la persecución y resueltos a entrar en Pasto, para lo cual teníamos tiempo suficiente en el resto del día, nos cayó una fuerte granizada a la vez que hacía un huracán violentó. El frío, la niebla y el granizo que nos azotaba hasta los ojos por la fuerza del viento, nos obligaron a hacer alto por más de una hora, sin podernos mover del punto en donde nos envolvió este horrible torbellino, mientras que los enemigos dispersos, huyendo por entre los bosques, no sufrían lo que nosotros y ganaban terreno en la dirección de Pasto, que era naturalmente el punto de reunión. Todo esto, la debilidad que sentíamos, pues hacía dos días que no comíamos, y el estropeo del combate y de la marcha, nos obligaron a detener la marcha ya casi con la noche, a la entrada de la última montañuela que hay para llegar a la expresada ciudad. Algunos de nuestros soldados sucumbieron al rigor del frío. El general mandó desde allí una intimación al general Aymerich con uno de nuestros soldados prácticos del camino. Este regresó con la respuesta por la cual, lejos de querer entrar el jefe enemigo en un avenimiento, nos auguraba nuestra ruina tan luego como llegásemos a Pasto.” (López, 1942: memori4).
Sobre el mismo acontecimiento relata Liévano Aguirre:
“La acción de Tacines fue tan decisiva que el comandante español Aymerich, al enterarse de su resultado, dispuso el abandono de Pasto y seguido de las fuerzas veteranas españolas tomó el camino del Guáitara, para proseguir hacia Quito. Nariño, por su parte, tuvo una impresión semejante y por ello decidió continuar el avance inmediato hacia la famosa ciudad realista, situada a cuatro horas de camino. Como la movilización del grueso del ejército y particularmente de la artillería obligaban a cierta lentitud en las marchas. Nariño tomó la resolución, en la misma noche del 9, de adelantarse con los batallones Granaderos de Cundinamarca, Cauca y Socorro, dejando el grueso del ejército en Tacines, con instrucciones expresas y terminantes de continuar su marcha al amanecer, a fin de colaborar en el asalto de Pasto, si la ciudad le ofrecía resistencia. Aunque la medida era lógica y justificada, como lo demostraba el apresurado retiro de las fuerzas veteranas españolas, Nariño cometió en Tacines uno de los mayores errores de su vida, cuya explicación se encuentra en esa tendencia suya a depositar en los hombres un lote de confianza mayor del que merecían…
Mientras Nariño, a la media noche del 9, proseguía su marcha hacia los Ejidos de la ciudad realista, en ella reinaba la más febril agitación y nadie parecía dispuesto a capitular. El Cabildo, el Alcalde Buchelli y don Francisco Javier de Santacruz, -el más autorizado jefe del partido españolizante-, se apartaron en aquellos momentos críticos de la conducta vacilante de Aymerich e impartieron las órdenes del caso para poner a la ciudad en esta de defensa. La decisión de resistir no tropezó con obstáculos insalvables, dado el carácter aguerrido de los pastusos, los extensos repartos de armas que se habían afectado en los últimos tiempos y los oportunos mensajes enviado a los Resguardos indígenas de las vecindades, a fin de que sus moradores se trasladaran a Pasto para contribuir a la defensa.” (Liévano, 1987: 824-825).
El abanderado de Antonio Nariño, el joven Espinosa, muestra en sus memorias la manera como su General empuñó las armas y llevó a sus tropas a la victoria en Tacines:
“El ejército se puso en movimiento y subió el cerro de Cebollas. En la altura de Tacines estaba el campo enemigo con la artillería, y en la falda se hallaba la infantería, parapetada, como siempre, con buenas trincheras. Como a las siete de la mañana se rompieron los fuegos de artillería y fusilería y se emprendió la subida protegida por caños de a cuatro y obuses. A mediodía estábamos ya en la mitad de la cuesta, y hacían estragos los fuegos del enemigo en nuestras filas, por estar ellos emboscadas y nosotros al descubierto. Pero no era posible luchar tan desigualmente y con tanta desventaja; nuestra gente comenzaba ya a flaquear, y aun hubo compañías enteras que echaban pie atrás. Viendo esto Nariño y temiendo que los demás siguieran el ejemplo, pica espuelas a su hermoso caballo zaíno y grita: “Valientes soldados: a coronar la altura; síganme todos!” Al ver los soldados que su jefe se arroja con espada en mano, se reanima su valor, olvida la fatiga y el peligro y le siguen denodados. Nariño fue el primero que puso el pie en el campo enemigo. Uno de sus ayudantes de campo, el teniente Molina, murió a su lado, como un valiente.
Descollaba entre todos y adelanté de todos la arrogante figura de Nariño con su traje acostumbrado: uniforme de general, y sobre él un sayo o sobretodo de color leonado, sombrero al tres, calzón blanco, bota alta de campaña, banda carmesí, pistolas y espada. A las tres de la tarde habíamos ya arrollado al enemigo, desalojando toda la línea de sus más fuertes posiciones. A las cinco el campo era nuestro. Los españoles huyeron en dirección a Pasto, sin que pudieran contenerlos sus jefes. Perdimos cerca de 200 soldados y como diez o doce oficiales, entre ellos los valientes capitanes Salazar y Bonilla y el valientísimo alférez Vicente Maza y algunos prisioneros. Las pérdidas del enemigo fuero comparativamente pocas, pues en sus ventajosas posiciones y parapetos no podíamos hacerle mucho daño; pero su artillería cayó en nuestro poder. (Espinosa, 1997: 37-38).
10 de mayo. Ejido de Pasto. Derrota de las fuerzas patriotas; traición de José Ignacio Rodríguez a Nariño. (Llano, 1995: popayan).
La derrota de los patriotas es relatada por Restrepo, quien muestra la acción de Rodríguez no como traición sino como desorganización entre las tropas:
“Entretanto Pasto se hallaba en la mayor consternacion. El general Aymerich, desesperanzado de sostenerse en aquella ciudad y detestando la conducta de los pastuzos en el combate de Tasines, en donde segun sus oficios á Montes se habian portado cobardemente y le habian vendido, resolvió aquella noche8 retirarse á la madrugada del dia siguiente al Guaytara, con arreglo á sus instrucciones. Por la mañana ántes de marchar mandó tocar la generala, y no pudo reunir un solo hombre de la ciudad. Salió en efecto llevando consigo las tropas de Cuenca, y se situó en la hacienda de Mejía, distante tres leguas. En Pasto quedáron los pardos y los veteranos de Lima al mando del teniente coronel don Pedro Noriega con los capitanes don Francisco Soriano, don Mariano Cucalon, y los comandantes de milicias Delgado, Zambrano y Villota, con órdenes, de que hiciéran toda la defensa posible.
El soldado que condujo el oficio dirigido por Nariño al cabildo de la ciudad, aseguró que allí no existia tropa alguna por haberse retirado con direccion á Quito, y que todo estaba en el mayor desórden. Esta noticia, la necesidad de abandonar una posicion desventajosa, la de ir á preparar á la tropa que comer, la de no dar tiempo al enemigo para reunirse y volver á empeñar otro combate, obligáron al general Nariño á seguir hácia Pasto con intencion de situarse en el alto de Aranda, ó en el egido á la vista de la ciudad, y esperar allí el resto del egército y la artillería.
La tropa padeció infinito aquella noche por el fio, el hambre y la lluvia. Al siguiente dia despues de las ocho de la mañana se presentó la division independiente en el egido de Pasto, y cuando pensaban nuestras tropas entrar en la ciudad sin un tiro de fusil, pues habian visto que Aymerich se retiraba hácia el rio Guaytara, una partida enemiga atacó á nuestra descubierta: el centro de la division voló á protegerla, y la partida huyó entónces á las calles de la ciudad. Nuestra columna hubiera entrado en Pasto persiguiendo á los enemigos: pero el general Nariño ordenó que se acampara en el egido en una casa que ocupó al efecto.
El teniente coronel español Noriega hacia todo lo posible para entusiasmar á los enemigos: estos viendo que sino se defendian iban á ser víctimas de los republicanos irritados y tomada su ciudad, corriéron á buscar las armas que tenian ocultas en sus casas. Multitud de guerrillas que se engrosaban progresivamente, hiciéron todo el dia un fuego continuado sobre la division republicana, bien fuese por que advirtiéron que la tropa no llevaba artillería, bien porque conocieron que no era todo el egército. Algunas veces en el curso del dia los patriotas las obligáron á retroceder hasta la ciudad, manifestando el general Nariño aun por los partes enemigos, gran valor y mucha intrepidez: él solo con su sable dispersó una partida de caballería que le atacaba. A las seis de la tarde las tropas veteranas y los pastuzos reunidos acometieron á nuestra division en tres columnas, y el general formó otras tres para oponerse á cada una de ellas. La del centro mandada por él mismo peleó con mucho valor, perdiendo el general su caballo en el ataque; y consiguió derrotar completamente al enemigo hasta obligarle á encerrarse en la ciudad. Las divisiones de derecha y de la izquierda obraban con la misma intrepidez; pero siendo ya de noche y hallándose distantes las unas de las otras, la izquierda creyó que habian sido envueltas las otras dos y se vino hácia el campo á donde estaba la artillería. En tales circunstancias despues de ocupar una altura, el mayor general Cabal persuadió á Nariño que se retirara á juntarse con el resto del egército. Le manifestó que el enemigo habia sido derrotado; pero que podia reunirse por la noche, y observar al amanecer el estado de la division que no constaba ya sino de doscientos hombres: en fin que las municiones estaban consumidas, pues la última victoria se habia obtenido con la bayoneta, y que infaliblemente serian destruidos. Así lo resolvió el general y a las once de la noche emprendió su retirada para volver al dia siguiente á tomar á Pasto. En aquella jornada se perdiéron varios oficiales y soldados muertos ó prisioneros.
Entretanto que esto pasaba en el éjido de Pasto, los soldados y aun algunos oficiales de los que llegaban al campo de Tasines, mandado por el coronel José Ignacio Rodriguez, aseguraban que no quedaba mas fuerza que los pocos soldados que iban llegando: que el mayor general habia perecido, y que Nariño estaba prisionero. Rodriguez sin examinar á fondo esta noticia, dió órden para clavar la artillería, y que el egército se retirase inmediatamente. Hubo oficiales que se opusiéron á tan inconsiderada resolucion; pero el desaliento y la desconfianza se habian apoderado de las tropas, y se creia temeraria la empresa de tomar á Pasto. Se juzgó tambien que se hallaban en el mas inminente riesgo de ser destruidos por los enemigos, y no se pensó mas que en salvase. No es de admirar que un egército sin víveres, escaso de municiones y abandonado á sí mismo tomase esta resolucion, á pesar de haber adquirido los triunfos mas brillantes, superando grandes obstáculos que el arte, y sobre todo la naturaleza ofrecian á cada paso, y esto en el dia mismo de tomar á la ciudad de Pasto, término de sus fatigas y privaciones, y término tambien de la campaña.” (Restrepo, 1827, tomo IV: 193-200).
Con su narrativa minuciosa, José Hilario López cuenta que:
“En breve llegamos al ejido de Pasto sin haber encontrado mayor resistencia. Desde allí veíamos el camino de Quito cubierto de gentes que emigraban, de bestias cargadas y aun de partidas de soldados. El general Aymerich ya se había retirado a Yacuanquer, pueblo situado a tres horas al sur de Pasto y en el mismo camino de Quito. Todo nos presagiaba la ocupación de la ciudad, en donde esperábamos descansar un poco, y, sobre todo, comer, pues ya era el tercer día en que carecíamos absolutamente de víveres. Allí formamos en batalla en una altura que domina la ciudad, teniendo a nuestro frente una chamba o foso paralelo inmediato. En este instante se arrojó sobre nosotros como una masa de 600 pastusos, mientras otras partidas nos molestaban por todas direcciones. Cuando el general observó que el enemigo nos cargaba con resolución, se mostró muy satisfecho y nos dijo que muy pronto tendríamos fusiles útiles y municiones, pues íbamos a tomar los de los que nos atacaban. Ordenó que toda la división, en su mismo orden de batalla, se metiese dentro del foso, y que con las bayonetas se hiciesen escalas para poder cargar con velocidad en el acto en que un tambor de órdenes rompiese el paso de ataque, quedando el general solamente en el campo raso sirviendo de blanco por más de diez minutos a los tiros enemigos. Apenas se aproximaron éstos a medio tiro de pistola sonó la señal anunciada para el ataque, el que fue dado a la bayoneta con la impetuosidad requerida, arrollando cuanto se nos opuso y llevando la carga hasta las primeras calles de Pasto. Allí estábamos ya esperando la orden para ocupar la ciudad, cuando oímos a nuestra retaguardia el toque de llamada, en señal de replegar al punto que se indicaba; distante un tiro de fusil del lugar en donde nos encontrábamos los de la vanguardia. En consecuencia, nos vimos forzados a replegar, y este movimiento, como por encanto, reanimó a los enemigos, pues lo atribuyeron a un efecto de temor. Entonces, reuniéndose de nuevo, y multiplicándose los grupos, nos arremetieron ciegamente por una segunda vez; pero nosotros, ya mejor armados con sus propios fusiles y municiones, los esperamos de firme y volvimos a rechazarlos hasta la ciudad. La operación del repliegue se repitió, porque el general esperaba por momentos parte de nuestra artillería y de la tropa de reserva. Como es de presumirse, el enemigo, lejos de desmayar, multiplicaba sus esfuerzos de todas maneras. El pueblo paseaba en procesión por las calles a la Virgen de Las Mercedes y Santiago, que son sus patrones. Las mujeres arrastraban a los soldados que huían, y aun les quitaban los pantalones y se los ponían ellas, manifestándoles que eran indignos de llevarlos. Una tercera vez nos atacaron, y corrieron la misma suerte. De esta manera pasamos todo el día ocupando y abandonando posiciones con el designio de entretener el tiempo mientras llegaba el deseado refuerzo, que en vano esperamos hasta las ocho de la noche…
No hay duda ninguna que si nos hubiesen llegado dos de nuestras piezas de montaña y 200 hombres para reponer parte de nuestras bajas, la ciudad habría sido ocupada y hubiéramos marchado en triunfo hasta el Guáitara, desembarazándonos por entonces de las atenciones tan delicadas y críticas de que estábamos rodeados. Resignados y llenos de confianza, sosteníamos una lucha tan desigual como obstinada, hasta que, como lo he dicho más arriba, perdimos la esperanza de los auxilios y se dispuso la retirada a las ocho de la noche…” (López, 1942: memori4).
Con su detallada prosa, comenta Liévano Aguirre la batalla en Pasto y derrota de Antonio Nariño:
“En la mañana del día 10 llegó Nariño a la altura de El Calvario, en el Ejido de Pasto, y desde allí pudo contemplar la ciudad, situada en “el fondo de un valle riente, rodeado de colinas amenas y una corona de pueblecillos blancos, que emergen de entre los campos de trigo, avena y de alfalfa”. A fin de permitir algún descanso a sus soldados, Nariño detuvo su marcha en El Calvario y allí hubo de enfrentarse al primer ataque de las montoneras pastusas, que fueron rechazadas, después de un denodado combate a la bayoneta con los Granaderos de Cundinamarca. La belicosidad de los atacantes le indicó al General granadino que la ciudad no se rendiría sin combatir y ordenó a sus tropas, por tanto, forzar las entradas. Como los soldados estaban empapados por la lluvia y hambrientos, les dijo en el momento de la partida: <<¡Muchachos, a comer pan fresco a Pasto, que es muy bueno!>>.
Cuando las primeras patrullas republicanas se internaron en los arrabales de Pasto fueron recibidas con un intenso fuego de fusilería que partí de todas las casas y la resistencia creció en la medida en que las tropas trataban de abrirse paso hacia el centro de la ciudad. Pronto se generalizó el combate y Nariño hubo de enfrentarse a la singular entereza de un pueblo unánimemente resuelto a no entregarse sin combatir. <<Una masa hurlante, -dice un cronista- entre la cual se cuentan millares de mujeres de la plebe que pelean y gritan con desesperación, se aumenta minuto a minuto, atacando con cuanto encuentra a la mano, mientras en la plaza principal se pasea la Virgen de Las Mercedes en procesión solemnísima>>.
A tiempo que las avanzadas republicanas penetraban en las calles de Pasto, centenares de guerrilleros indígenas de los pueblecitos vecinos y de distintos sitios del Ejido se iban reuniendo en las vías y senderos que conducían a la eminencia de El Calvario, con la evidente intención de situarse a la retaguardia del invasor y de cortarle la retirada hacia Tacines. Nariño comprendió las intenciones de los pastusos y seguro de que el grueso del ejército debía estar para llegar, dadas las instrucciones impartidas en Tacines, ordenó a sus tropas replegarse provisionalmente hacia El Calvario, a fin de no perder contacto con las divisiones de Rodríguez, sin las cuales era imposibles, como ya había podido comprobarlo, la captura de la ciudad...
Infortunadamente para Nariño ese refuerzo no llegaría nunca, porque el Coronel Rodríguez decidió desobedecer las órdenes terminantes que se le dieron y en lugar de proseguir la marcha en el amanecer del día 10, dispuso que el ejército se acampara tranquilamente en Tacines, lo cual constituía un acto de verdadera insubordinación militar, tanto más grave cuando que él comprometía la seguridad de las avanzadas y hacía inevitable un desenlace fatal para la campaña del Sur…
Pero eso no fue todo. La desobediencia de Rodríguez debía coincidir, para infortunio de la causa republicana, con la actitud, no menos desconcertante y sospechosa, de parte de las fuerzas que combatían en las afueras de Pasto. Esas fuerzas fueron divididas por Nariño en columnas separadas, porque <<a las cinco y media de la tarde –relata López Álvarez- los pastusos, reforzados por los indios, atacaron simultáneamente en Aranda, por el camino real de El Calvario y por las alturas orientales que dominaban la ciudad. Nariño dividió entonces sus soldados en tres columnas para atender debidamente a estos tres puntos>>… Durante media hora se combatió en los tres frentes, se logró cierta estabilidad en ellos y Nariño consiguió mantener abierto el camino de Tacines, por el cual debía llegar el grueso del Ejército, según lo suponía.
Este equilibrio relativo de fuerzas se modificó bruscamente al atardecer, porque el Comandante de las tropas del Socorro, Coronel Monsalve, ordenó el retiro, o mejor dicho la fuga de su columna en dirección a Tacines, siendo imitado inmediatamente por el batallón Cauca. Las dos fuerzas abandonaron el campo, sin que sus respectivos comandantes solicitaran autorización al General en Jefe, ni se preocuparan por verificar cuál era su situación en esos momentos…
En esos momentos en que los batallones del Cauca y el Socorro abandonaban el campo de batalla, sin saber “el resultado del empeño”, los Cazadores de Cundinamarca, al mando de Nariño recibían el asalto del grueso del ejército pastuso, que trataba de impedir a los republicanos la retirada…
La batalla continuó con denodada ferocidad y se convirtió pronto en combate con armas blancas, porque las i comenzaban a escasear. Nariño realizó entonces la singular hazaña de obligar a las fuerzas pastusas, tras una lucha incesante a la bayoneta, a encerrarse nuevamente en el perímetro de la ciudad y esto lo logró sin la participación de los batallones del Socorro y el Cauca, cuyos comandantes creyeron legítimo emprender una vergonzosa fuga…” (Liévano, 1987: 825-828).
Más que recordar la triste y dolorosa derrota en los Ejidos de Pasto, José María Espinosa destaca el increíble valor de Nariño:
“Desde el Ejido se veía al ejército realista que iba en retirada por el camellón que va para el Guáitara, al mando del brigadiera don Melchor Qymerich, y bajábamos con la seguridad de que no se nos opondría fuerza alguna, cuando nos sorprendió un fuego bobo que salía de entre las barrancas del camino y los trigales; veíamos el humo, pero no la gente que hacía fuego. A pesar de eso seguimos hasta un punto que llaman El Calvario, que está a la entrada de la ciudad. El fuego era tan vivo de todas partes y la gente estaba tan emboscada y oculta, que no podíamos seguir adelante ni combatir, y el general, no sabiendo lo que habría dentro de la ciudad, resolvió que regresásemos al Ejido. Desde allí vimos que por la plaza iba una procesión con grande acompasamiento y llevaban en andas con cirios encendidos la imagen de Santiago. De este punto mandó Nariño una intimación y no la contestaron. Entonces dispuso éste el ataque; pero las guerrillas pastusas se aumentaban por momentos, cada hombre iba a sacar las armas que tenía en su casa y temiendo las venganzas de los patriotas, exageradas por los realistas, formaron en un momento un ejército bien armado y municionado, que parecía que lo había brotado la tierra.
Al anochecer nos atacaron formados en tres columnas. Los nuestros se dividieron lo mismo, y la del centro, mandada por Nariño en persona, les dio una carga tan formidable que los rechazó hasta la ciudad. La intrepidez del general era tal, que yo olvidaba mi propio peligro para pensar en el suyo, que era inminente. Pero las otras dos alas habían sido envueltas y rechazadas, y los jefes, viendo que Nariño se dirigía a tomar una altura para dominar la población, lo creyeron derrotado y comenzaron a retirarse en dirección de Tacines, donde estaba el resto del ejército, para buscar su apoyo. A medianoche resolvió Nariño retirarse también, pues no le quedaban sino unos pocos hombres y las municiones se habían agotado durante la pelea. Si la gente que estaba en Tacines se hubiese movido, como lo ordenó él repetidas veces, nosotros, reforzados, habríamos resistido; pero no se cumplieron sus órdenes, no sé por qué.
Para probar el arrojo de Nariño en esta ocasión, basta citar el hecho siguiente, sabido de todos, pero que yo refiero como testigo ocular de él. Cerca de El Calvario cayó muerto su caballo de un balazo, y entonces cargaron sobre el general vario soldados de caballería; él, sin abandonar su caballo, con una perna de un lado y otra del otro del fiel animal, sacó prontamente sus pistolas y aguardó que se acercasen; cuando iban a hacerle fuego, les disparó simultáneamente, y cayendo muerto uno de los agresores, se contuvieron un momento los otros. En este instante llegó el entonces capitán Joaquín París con unos pocos soldados y lo salvó de una muerte segura, o por lo menos, de haber caído prisionero…
Perdimos en esta jornada, entre aquellos cuyos nombres recuerdo ahora, al mismo teniente Narciso Santander, tan valiente como simpático y ardoroso patriota; a los oficiales Mendoza, Camilo y Vicente Díaz, antioqueños, el alférez Ramírez y otros. Los pocos que salimos en retirada íbamos por el camino real, sierre al lado de Nariño…” (Espinosa, 1997: 38-40).
Tunja. La república de Tunja divide su jurisdicción en departamentos. (Llano, 1995: tunja).
Madrid, España. Al llegar Fernando VII a Madrid ordena el traslado a prisión de los Regentes que conformaban las Cortes entre los que se encontraba un santafereño.
“Don Pedro Agar y los otros Regentes fueron llevados el 10 de mayo de las suntuosas moradas del real palacio a cárceles v cuarteles, donde quedaron reducidos a rigurosa prisión.” (Ibáñez, 1891: cap42a).
Sobre el santafereño Pedro Agar, y lo sucedido con la Regencia, escribe Ibáñez:
“…había sido miembro de la Regencia española, compuesta a la sazón de cinco individuos, un hijo de Popayán, don Joaquín Mosquera y Figueroa, el implacable Juez de Nariño en 1794. Antes, en 1810, había sido el bogotano don Pedro Agar, Presidente de la Regencia, formada por él y por Joaquín Blake y Gabriel Ciscar. En marzo de 1813 fueron Regentes en Cádiz el Cardenal Santamaría de Scala, o sea don Luis de Borbón; Ciscar y Agar.
En 1814 se trasladó la Regencia a Madrid, y fue recibida allí con aclamaciones las más vivas y con mucha esplendidez. El bogotano Pedro Agar y sus compañeros habitaron en el palacio real, como Representantes de los Monarcas españoles.
Don Felipe Larrazábal, escritor venezolano, hablando de este extraño suceso, dice:
¡Agar, pues, el colombiano, el hijo del Tequendama, fue Rey de España!
…
El yanqui Carlos Le Brun, en sus Retratos políticos de la revolución de España, aprecia así al bogotano don Pedro Agar.
Liberal sin zurrapas, por inclinación y por principios, y sin perjuicio de la mística, porque era beato. La libertad y la religión no se excluyen, como se asocien de buena fe y por convencimiento.” (Ibáñez, 1891: cap42a).
11 de mayo. Ejido de Pasto y Cerro de Tacines, provincia de Popayán. El disminuido ejército patriota al ver que ha sido abandonado decide separarse para tratar de reforzarse.
“A las cinco de la mañana emprendió el egército su retirada, dejando abandonadas seis piezas de artillería, cuatro obuses de á cinco pulgadas, las tiendas, municiones y las caballerías, y tomando el camino que sigue por el tablon de los Gomez. El general Nariño venia por el Páramo dirigido por el teniente coronel Bernaza. A las siete de la mañana llegó al campo y quedaron sorprendido en estremo él y sus compañeros de armas, cuando le encontráron casi desierto, pues, solo habia en él unos pocos enfermos abandonados, la artillería clavada, y las municiones regadas. Los soldados que acompañaban al general viendo un suceso tan inesperado se intimidan y no piensan en otra cosa que en la fuga. Bien presto solo quedaron trece hombres contando los oficiales Pombo, Dias, Pardo, Nariño el jóven, y Cabal. Por desgracias en aquel momento de consternacion se presentaron en una altura inmediata veinticinco ó treinta enemigos, los que fueron rechazados por los trece que defendian el campo. El mayor general Cabal recibió orden de adelantarse, reunir el mayor número de hombres que pudiera y regresar á proteger la retirada. Consiguió en efecto juntar ochenta soldados y cuando trataba de volver al campo, llegaron los oficiales Manuel Santacruz y José Poce, asegurando que toda la fuerza enemiga habia venido sobre el campo de Tasines, y que no habia quedado uno solo que no hubiera sido muerto ó prisionero. Entónces el mayor general reuniendo cuantos dispersos pudo, siguió su retirada y fué perseguido por los realistas que no le permitiéron reposo alguno ni tomar alimento en dos dias hasta el tablon de los Gomez, á donde Cabal y sus compañeros alcanzaron el resto del egército.” (Restrepo, 1827, tomo IV: 200-202).
José Hilario López, cuenta cómo fueron perseguidos por los realistas pastusos y patianos por un gran tramo de su regreso a Popayán.
“Al amanecer del siguiente día pudimos reconocer las huellas del ejército, y, siguiéndolas, descubrimos a poco trecho unas alturas limpias y erizadas de hombres, que luego conocimos eran enemigos, pues se les veía hacer fuego hacia adelante. Yo estaba cortado, y en la alternativa de rendirme o perecer con honra haciendo un esfuerzo extraordinario, no vacilé en tomar esta última resolución, que comuniqué a mis soldados y al teniente Ortiz, quien la aprobó. Como estábamos todavía entre el bosque, no habíamos sido descubiertos por los enemigos, sobre los que marchamos sigilosamente, y, rompiendo el fuego a quemarropa, sin darles lugar para calcular nuestro número, logramos dispersarlos y abrirnos un paso, que era presumible nos habría costado la vida si se nos disputa. El enemigo creyó seguramente que ésta era una emboscada que intencionalmente se había quedado para seguirles a su retaguardia mientras les hacían cara las tropas del frente, y a esta feliz casualidad debí por entonces mi salvación, sin haber perdido más que 2 de mis soldados.
A poca distancia di alcance, ya en el campo de Tacines, a la división. Yo esperaba que allí encontraríamos nuestra fuerza de reserva pronta a rehacer lo que habíamos perdido; pero ¡cuál fue mi sorpresa al ver nuestra artillería clavada, sus montajes inutilizados, nuestras tiendas de campaña despedazadas, y muchos de los heridos de esa memorable batalla exhalando su último aliento, por la gravedad de las heridas, por el hambre y por el frío! No veía por parte alguna uno solo de nuestros compañeros de reserva en estado de llevar armas, y este espectáculo, verdaderamente lastimoso y extraño, me hizo juzgar al principio que dicha división había sido atacada y batida, como lo había temido el general; mas luego me desengañé al saber que las noticias que había dado el comandante Monsalve, de quien ya he hablado más arriba, habían dado lugar a una Junta de guerra compuesta de los jefes que allí estaban, y que éstos, juzgándonos perdidos a los de vanguardia, habían deliberado inutilizar todo lo que no podían llevar, abandonar hasta sus equipajes y salvarse por una pronta retirada antes que el enemigo cayese sobre ellos, y que todo lo habían puesto en ejecución desde la víspera. Los jefes que tal resolución tomaron fueron el coronel Ignacio Rodríguez y los comandantes Cancino, Vego y Monsalve.
Atónitos a la vista del campo y sorprendidos con las noticias inesperadas de la retirada de nuestra reserva, no se recibían ningunas órdenes del general, al paso que los enemigos se engrosaban a nuestra retaguardia y nos hacían un fuego destructor. Tomando entonces la voz el coronel Cabal, dio orden de que todo el mundo entrase en formación, pues todo era desorden. Yo recibí la de hacer regresar una partida de nuestros granaderos que continuaba la retirada discrecionalmente, pero en tales circunstancias de nada podían valer mis insinuaciones, mis preceptos y mis ruegos. Yo fui desobedecido, atropellado y amenazado de muerte si insistía en sujetar a los que huían. Por otra parte, ya continuaban la retirada los demás, y, por consiguiente, no se podía pensar en otra cosa que en salvarse; pero esta salvación no podía lograrse sino en el mejor orden, e importaba inculcar en los soldados este saludable principio.” (López, 1942: memori4).
En este sentido, Liévano relata que:
“La fuga ordenada por Rodríguez y Monsalve se inició a las cinco de la mañana del día 11 de mayo y hacia las 7 de la mañana del mismo día llegaron a Tacines las fuerzas de Nariño, con el propósito de reunirse al grueso del ejército para reanudar la ofensiva contra Pasto. <<Al amanecer –refiere el Coronel Cabal- descubrimos nuestro campo (el de Tacines) y gustosos nos precipitamos a él para referir a nuestros compañeros de armas nuestros sucesos y hacerles partícipes de las glorias que se nos esperaban en el mismo lugar en que ya habíamos batido al bárbaro pastuso, obstinado defensor de su esclavitud. ¡Pero cuál sería nuestro dolor cuando al llegar al campo no hallamos en él más que tiendas solitarias, algunos de los heridos que lloraban su suerte y abandono, la artillería clavada y las municiones regadas!>>. El desconcierto se apoderó, como era natural, de las tropas que seguían a Nariño y los oficiales no pudieron evitar las deserciones, cuyo nýmero creció cuando las patrullas de retaguardia anunciaron la proximidad de considerables contingentes realistas y de numerosos cuerpos de cazadores indígenas. Nariño tomó entonces la única decisión posible en circunstancias tan críticas. Ordenó al Coronel Cabal alcanzar al grueso del ejército que huía hacia el Juanambú y comunicarle la orden terminante de regresar… Cabal no pudo cumplir su comisión por la celeridad con que emprendieron la fuga las divisiones que seguían a Rodríguez y se limitó a recoger a los soldados dispersos de Cundinamarca.” (Liévano, 1987: 829-830).
14 de mayo. Pasto. Antonio Nariño, al ver que su ejército ha sido prácticamente destruido decide entregarse a los realistas y es tomado preso.
“Nariño no quiso volver a su ciudad natal en adversa fortuna y se entregó a los realistas el 14 de mayo. Tumultos populares pedían con instancia su cabeza; Nariño los calmó, saliendo a un balcón, con un discurso brillante que terminó con la célebre frase: «¡Yo soy Nariño: aquí me tenéis!»” (Ibáñez, 1891: cap42a).
Por su parte Restrepo cuenta:
“El general Nariño despues de haber mandado á su hijo, el teniente coronel Antonio Nariño, que siguiera á Cabal, viéndose rodeado de enemigos se ocultó en el bosque, internándose algun tanto en la montaña nombrada Lagartijas, esperando que el mayor general podria reunir algunas tropas y volver en su auxilio. Tres dias permaneció en aquel estado de ansiedad hasta que perdiendo toda esperanza de escapar determinó presentarse al general enemigo, con el designio según dijo despues, de ver si podia negociar un armisticio con el presidente de Quito, Montes. Se decsubrió á un soldado y á un índio, los que le condugeron á Pasto. Aquel pueblo bárbaro le insultó á pesar de que Aymerich le trató con alguna consideracion aparente. Nariño fué sepultado en un calabozo, y según los oficios del general español se le destinaba para el patíbulo.” (Restrepo, 1827, tomo IV: 202-203).
Más adelante, el mismo autor dice: “Nariño estuvo prisionero en Pasto trece meses: fué conducido á Quito, de allí á Lima, de donde se remitió á España, para encerrársele largo tiempo en la cárcel de Cádiz. Es admirable que hubiera escapado con vida en poder de los españoles.” (Restrepo, 1827, tomo IV: 223).
Ahora bien, para Indalecio Liévano, Nariño se entregó a las autoridades realistas de la ciudad de Pasto:
“El 14 de mayor abandonó Nariño la montaña de Lagartijas, en donde se había ocultado por evadir la persecución de las guerrillas pastusas, y se encaminó solo a la ciudad realista. Cuando comenzaba a caminar en descubierto fue sorprendido por dos indios exploradores, a quienes dijo, a fin de persuadirlos de que lo condujeran a Pasto: <<Les prometo entregarles a Nariño. Yo sé dónde está>>.
Los pastusos aceptaron su oferta y mientras uno de ellos se mantenía a su lado, para vigilarlo, el otro se adelantó a comunicar la noticia en los alrededores, de manera que nuestro héroe se vio rodeado, en su marcha, de un creciente número de guerrilleros, ansiosos de oír la revelación prometida. Cuando llegó a los arrabales de la ciudad, allí lo esperaba una compacta muchedumbre, que le siguió silenciosa hasta la plaza principal. Nariño fue conducido a presencia del Comandante Aymerich, quien había regresado a Pasto al enterarse de la inesperada victoria de sus indómitos defensores: ¿dónde está Nariño? le preguntó el español sin mayores formalidades. <<Mándeme Ud. Dar una taza de caldo y después hablaremos>>, le respondió el Presidente de Cundinamarca con el mayor aplomo, al tiempo que tomaba asiento. Aymerich quedó visiblemente impresionado por el desenfado y la distinción de maneras del prisionero y suspendió el interrogatorio para ordenar que se atendiera su solicitud. Nariño inició entonces una conversación sobre distintos tópicos, habló tranquilamente de la situación general de Europa y de las perspectivas de la guerra en el Nuevo Mundo y como el Comandante realista no se apresuró a reanudar el interrogatorio, el pueblo de Pasto y los guerrilleros que colmaban la plaza, temerosos de haber sido burlados, intentaron forzar las puertas del edificio para apoderarse del prisionero. <<A tal extremo llegó la excitación de los ánimos –dice un testigo- que hubo de redoblarse la guardia de honor del Mariscal de Campo Aymerich>>.
Nariño decidió afrontar, sin nuevas dilaciones, el problema que lo llevó a Pasto y solicitó permiso al Comandante español para dar al pueblo, públicamente, el informe prometido. Al aparecer en el balcón del edificio se oyó un vocerío hostil y sólo con dificultad consiguió hacerse escuchar. Con su bien timbrada voz declaró, ante la impaciente muchedumbre, que el General Nariño debía sentirse muy honrado de haber sido vencido por un pueblo heroico como el pastuso y que la derrota a manos de un noble enemigo, no deshonraba al vencido. En la medida que avanzaba su discurso, las pasiones que bullían en la plaza se iban calmando y cuando creyó tener dominaba la situación, anunció que albergaba la seguridad de que el General Nariño no vacilaría en depositar su honor y su vida en manos de los leales moradores de Pasto. Hizo entonces una corta pausa, durante la cual no se oyó ni un murmullo, y luego pronunció la histórica sentencia: <<¡Pastusos! Si queréis al General Nariño, aquí lo tenéis>>.
Después de algunos segundos de silencio atónito, durante los cuales Nariño y el pueblo de Pasto se enfrentaron en un duelo mudo, se oyeron en la plaza voces airadas contra el prisionero y los gritos de ¡colgadle! ¡a la horca!, rompieron la tensa expectativa de aquella singular escena. Las incitaciones a la venganza no consiguieron, sin embargo, capturar definitivamente la simpatía de la multitud, a la que el audaz gesto de Nariño desconcertó visiblemente. El pueblo perplejo, conmovido, dejó en manos del Comandante español la decisión sobre la suerte del prisionero.
Aunque Aymerich, como buen español, se sintió cautivado por el arrogante ademán de Nariño, no pudo hacer cosa distinta de ceñirse a las ordenanzas militares y disponer su encarcelamiento, mientras solicitaba instrucciones a Quito. Mandó, sin embargo, que se le tratara con las consideraciones debidas a su rango y le visitó frecuentemente en la prisión, lo cual ofreció a Nariño la oportunidad de cumplir el proyecto que se había tratado cuando decidió entregarse. Invocando su calidad de Presidente titular de Cundinamarca y de General en Jefe de las fuerzas expedicionarias de la Unión, propuso a Aymerich un armisticio de dieciocho meses, y para demarcar las fronteras entre los dos bandos beligerantes sugirió una línea que corría por Cabuyal, La Cruz, el Tablón de los Gómez y el Juanambú arriba. Con dicho armisticio buscaba Nariño consolidar parte de las conquistas de la última campaña, ganar el tiempo indispensable para que la Nueva Granada se recobrara del desastre de Pasto y conservar en sus manos, así fuera parcialmente, la dirección de las negociaciones, a fin de evitar que sus constantes adversarios utilizaran una derrota, a la que tanto contribuyeron con sus oscuras maniobras, para desprestigiarlo ante el pueblo granadino.
Aunque las ofertas de Nariño fueron bien acogidas por Aymerich, éste no pudo prestarle la debida atención, porque ellas coincidieron con la llegada a Pasto de la famosa comunicación del Presidente de Quito, en la cual don Toribio Montes, ya enterado de la captura del Mandatario de Cundinamarca, ordenaba ponerlo en capilla y fusilarlo sin contemplaciones. Cuando Aymerich tuvo en sus manos estas drásticas instrucciones, le costó trabajo disimular su desagrado, porque Nariño se había ganado su respeto y en esos días, precisamente, se supo en Pasto que le General Leiva había hecho pública notificación, en Popayán, de que se fusilarían todos los prisioneros españoles en poder de las tropas republicanas si las autoridades realistas no respetaban la vida de Nariño. Esta circunstancia no permitió a Aymerich contemplar con indiferencia el cumplimiento de las órdenes impartidas desde Quito y decidió apelar a ellas, asociándose, para el efecto, a las autoridades locales de Pasto. <<Con este motivo –escribió Montes- me he asociado conferencialmente con el Coronel Tomás de Santa Cruz, quien es de dictamen que se suspenda la ejecución hasta segunda disposición, para que V.E., con vista en estos documentos, resulta si se ha de realizar el castigo.” (Liévano, 1987: 830-833).
Sobre la prisión de Nariño también escribe Llano Isaza:
Antonio Nariño cayó preso de los pastusos en el sitio Osoguaico o de la Lagartija; se salvó de ser fusilado por Tomas Santacruz, quien lo propuso para un canje. (Llano, 1995: popayan).
14-24 de mayo. Provincia de Popayán. Mientras Nariño se entrega y es apresado, Cabal cumpliendo la misión que le había sido encomendada recupera el ejército republicano y tras superar varios obstáculos, el 24 de mayo entra a Popayán con novecientos hombres.
“Los restos de las tropas republicanas al mando de Cabal siguieron hácia Popayan. El caudillo de los patianos Joaquin de Paz tuvo la osadía de intimarlas que se rindieran á ciento cincuenta hombres que tenia; pero inmediatamente fué puesto en dispersión: él mismo formó tambien una emboscada en la montaña de Bateros cerrándola con abatidas de árboles, para envolver el egército republicano; pero un aviso oportuno del cura del Trapiche, doctor Belisario Gomez, le salvó de este riezgo y Cabal tomó otra senda. La retirada se hizo por el tablon de los Gomez y por los pueblos de San Pablo, Lacruz, Almaguer y Trapiche, con el objeto de sacar algunos recursos de aquellas poblaciones, como efectivamente se sacaron. La tropa se mantuvo con maiz tierno ó choclo, y caña de azucar. En toda la marcha fué molestada por partidas que obstruian los pasos, principales, que cortaban los desfiladeros, y hacian un fuego casi continuo á derecha é izquierda, á la vanguardia y á la retaguardia. Una columna de consideracion se presentó en Santa Lucía á disputar el paso que se forzó á la punta de bayoneta. Así continuó el egército en retirada hasta Popayan en donde entró el venticuatro de mayo en número de novecientos hombres. La pérdida total durante la espedicion fué de cerca de seiscientos, igual número de fusileros, con todos los bagages y artillería. Tambien se salváron sesenta mil pesos que sirviéron en parte para aliviar al soldado de las fatigas y privaciones que habia sufrido en aquella dificil y desgraciada campaña. Los enemigos según sus partes perdiéron cinco oficiales y treinta y ocho soldados muertos, sesenta herido y doce dispersos.
La causa principal del mal suceso de la espedicion y de la pérdida del general Nariño fué el coronel Rodriguez. Este se vino del campamento del Páramo de Tasines desde el nueve por la noche para conducir la artillería y el resto de la fuerza. Si ejecuta la operación el diez marchando á Pasto, por lo ménos con la mayor parte de la tropa, sin duda hubieran triunfado los republicanos. Lo mismo habria acontecido sino deja que un terror pánico y mal fundado se apoderase de las tropas y abandona el campo de Tasines ántes de la llegada del general con el resto de su division. Malogró los momentos mas preciosos, y se puede asegurar que contribuyó eficazmente á la pérdida de la campaña. La conducta del gobierno de Popayan y del general Leyva contribuyéron tambien á inspirar el desaliento á aquel pequeño egército, el mejor que tenian los republicanos. Desde su partida de Popayan no se tomó alguna providencia activa para saber de él, y no se le enviaron los víveres ni municiones que el general dejó preparadas. La falta de estos artículos y la de comunicaciones influyó poderosamente en el desaliento del soldado y en el mal éxito de la espedicion. Mas tambien es preciso confesar que el gobierno y el comandante de armas de Popayan, apénas tenian la guarnicion necesaria para defender la ciudad amenazada por los patianos, por cuyo motivo el general Leyva no pudiendo enviar una fuerte columna, no quiso esponer pequeñas partidas al riesgo inminente de ser destuidas.
Si el general Nariño toma á Pasto, habria marchado sin impedimento alguno hasta Quito, pues el presidente Montes carecia de fuerzas bastantes que oponerle y tenia todo preparado para irse á Guayaquil. La provincia de los Pastos se habia insurreccionado, y el mismo ejemplo estaban para seguir las demas provincias de Quito que para hacer la revolucion aguardaban solo el momento de que se acercaran las tropas libertadoras.” (Restrepo, 1827, tomo IV: 203-208).
José Hilario López, que mejoraba de una herida, ubica la entrada a Popayán el 17 de mayo, algunos días antes que lo indicado por Restrepo:
“Mejorado yo de mi herida fui nombrado otra vez para marchar a la descubierta, hasta la entrada en Popayán. Allí llegamos como 600 hombres, restos de 3.000 de que constaba el ejército al abrir las operaciones sobre Pasto, y con cuya fuerza, dirigida por un general mas experimentado, aunque no hubiera poseído el grado del valor de Nariño, es probable que hubiéramos libertado, cuando menos, el territorio de la antigua presidencia de Quito (hoy república del Ecuador), cuyos habitantes, en la mayor parte amigos de la independencia, por la que habían hecho sacrificios costosos desde el año de 1809, nos esperaban con los brazos abiertos y nos habrían dado toda clase de recursos en medio de su entusiasmo patriótico.” (López, 1942: memori4).
En sus memorias, Espinosa se dedica a describir algunos acontecimientos que les sucedió en su regreso a Popayán sin señalar fechas:
“Seguimos para La Horqueta, en nuestro derrotero para Popayán, adonde nos urgía llegar para tomar alguna resolución definitiva, reorganizar el ejército, proveerlo de vituallas; en fin, establecer el centro de nuestras operaciones, oficiar a las autoridades de la capital, pedir instrucciones, auxilios, recursos etc. No fueron menores los sufrimientos que en esta marcha tuvimos que experimentar por el hambre, la desnudez, el cansancio, los malos caminos y aun por las molestias que nos ocasionaban grupos aislados de indios, que desde el monte nos hacían fuego y corrían a esconderse. En el punto de La Horqueta había una venta muy bien provista de pan, carne y guarapo. Hallazgo feliz! Estábamos en tierra de cristianos. En la puerta de la venta estaba el Padre Florido, nuestro capellán, hombre de ánimo y de recursos, aun en las situaciones más difíciles. Noté que impedía la entrada a los oficiales y tropa; me le acerqué para saber el motivo de esta cruel oposición, y no supe que fuese ocasionada por el temor de que nuestra hambre atrasada nos hiciese entrar como a tierra conquistada y saquear la tienda. Al verme, e dijo: “Atrás! Atrás! Muchachos, que todos los comestibles que hay en esta venta están probablemente envenenados”. Así era suponerse, puesto que había sido abandonada con todo lo que en ella había; pero ese probablemente me tranquilizó algún tanto, y sin insistir más, le pedí permiso para descansar un momento sentado a la sombra, en la puerta de la tienda; y mientras el Padre estaba hablando con otros oficiales e impidiéndoles la entrada, yo me escurrí al descuido hasta el centro y comencé a pertrecharme de todo y a comer con afán. Cuando el Padre me vio, exclamó: “¡Qué has hecho, muchacho bárbaro!,” yo le repliqué con la boca llena y comiendo a dos carrillos: “Mi Padre, impida usted que entren los demás, mientras yo desocupo los estantes, no vaya a ser que se envenenen y que, si escaparon de los patinaos, vengan a morir tristemente en esta horqueta”.
Luego que hube satisfecho mi gran necesidad, salí y me senté en un poyo que había fuera. El Padre, me miraba, y cada momento me decía: “¿Qué sientes? ¿No te ha dado dolr de estómago? ¿Tienes convulsiones, ansias?”, “Estoy perfectamente bueno, le decía, y en disposición de volver a comenzar”. Viendo que ya pasaba el tiempo en que los efectos del veneno debían presentarse, dejó entrar a los demás, y él mismo fue perdiendo el recelo y se aventuró a hacer la experiencia de comer de todo lo que había.
Estando allí se aparecieron un capitán y cuatro oficiales realistas, sin duda de los que anteriormente habían quedado por ahí dispersos, y creyendo que éramos de los suyos, entraron gritando: “¡Viva Fernando VII!” Para no desengañarlos, algunos de los nuestros gritaban lo mismo. Entonces entraron al patio de la venta y vinieron a abrazarnos, pero en el acto fueron capturados y asegurados.” (Espinosa, 1997: 48-49).
17 de mayo. Ipiales. Felicitación por parte del cabildo de Ipiales felicitó al de Pasto por la derrota de Nariño. (Llano, 1995: popayan).
21 de mayo. Barbacoas, provincia de Popayán. Felicitación por parte del cabildo de Barbacoas al de Pasto por la captura de Nariño. (Llano, 1995: popayan).
24 de mayo. España. El rey Fernando VII, posesionado de nuevo en su cargo de monarca escribe un decreto circulado hacia América en el que anuncia su desconocimiento de la constitución realizada por las Cortes de Cádiz en 1812 y donde asegura que espera prontamente sean solucionados los problemas en América.
Sobre el decreto y en general sobre la situación en Europa anterior a dicho documento y la importancia de tal situación para América, escribe José Manuel Restrepo, quien además entrega la forma en que fueron recibidas las noticias en la Nueva Granada:
“Mientras que en la Nueva – Granada ocurrian estos sucesos, en la Europa habia otros de la mas alta importancia y que debian tener la influencia mas poderosa sobre la suerte de la revolucion americana. Bonaparte al fin del año de 13 viendo que la fortuna habia desamparado sus banderas, quiso disminuir el número de sus enemigos y descargarse el peso enorme de la guerra de España. Invitó, pues, á Fernando 7º prisionero en Valencey, para que hicieran un tratado de paz, que pusiese término á la contienda de las dos naciones. Fernando aceptó la proposicion y se nombraron plenipotenciarios; por parte de Napoleon el conde Laforest, y por la de Fernando el duque de San Carlos. Muy printo quedó concluido el tratado definitivo que se firmó en Valencey el 11 de Diciembre de 1813. Por él, Bonaparte reconocia á Fernando 7º como rey de España é Indias, y reconocia tambien la integridad del territorio español, fijándose las condiciones y término dentro del cual debian entregarse las plazas ocupadas por los franceses, lo mismo que las consideraciones que se tendrian con los que habian seguido el partido del rey José: se estipulaba últimamente la pension que Fernando debia pagar cada año á los reyes sus padres. Este tratado fué dirigido por el rey Fernando 7º á la regencia de España con una carta que llevó el duque de San Carlos. Tanto aquella como las cortes recibieron mal la noticia de semejante convenio, y no quisieron aprobarle, contestando respetuosamente al rey que la nacion no podia ratificar ningun tratado que hiciera con Bonaparte, mientras estuviera en el territorio y bajo la influencia francesa, según lo habian resuelto las cortes estraordinarias en su decreto de 1º de eberi de 1811. Otra segunda mision del rey conocida por el general Palafox, tampoco adelantó mas la negociacion y cumplimiento de aquel tratado. Las cortes que se habian ya trasladado á Madrid persistiéron en su primera resolucion. Mas como Bonaparate podria dar libertad á Fernando en virtud de los convenios existentes, y este seguir á España con los demas principes de la familia real, las cortes delíberaron sobre las formalidades con qué el rey debia jurar la constitucion española de 1812. Despues de disputas bien acaloradas dieron el decreto de 2 de febrero de 1814 en que se prescribian las solemnidades con que el rey seria recibido en las fronteras, sin permitir que le acompañara ninguna fuerza armada venida de Francias, ni doméstico algluno estrangero: igualmente prescribía el mismo decreto el formulario y el tiempo en que habia de jurar la constitucion y entregársele el gobierno de la monarquía. Bonaparte en efecto puso en libertad al rey y á la familia real de España, y le hizo conducir decorosamente á las fronteras por el mariscal Suchet y una escolta de su egército. El rey entró en el territorio español el 24 de maro en que llegó á Jerona, recibiéndole el general Copons con la plana mayor del primer egército. Así terminó la cautividad de Fernando 7º quien fué recibido en España con grande entusiasmo de todas las clases y corporaciones.
Al mismo tiempo la Francia era el teatro de una de las mas asombrosas revoluciones. Bonaparte á pesar de los esfuerzos prodigiosos que habia hecho en la última campaña, no pudo reparar su fortuna ya vacilante. La gran fuerza de los aliados se avanzó progresivamente hacia el corazon de la Francia, y habiendo Napoleon querido hacer un movimiento atrevido á su retaguardia, los aliados se adelantáron sobre Paris que fué ocupado por capitulacion, entrando en él el emperador Alejandro de Rusia, el rey de Prusia y un egército numeroso. Los soberanso decretaron entónces que ya no tratarian mas con Bonaparte ni con ninguno de su familia. En seguida el senado conservador formó un gobierno provisional y dió un decreto destituyendo á Napoleon Bonaparte y á su dinastía del trono de Francia. Aquel, viendo que el egército y la Francia entera iban adhiriéndose á este decreto abdicó solemnemente el Imperio, y los aliados le señalaron la Isla de Elba para que pasara su vida reteniendo el título de emperador y bajo de algunas otras condiciones harto conocidas en la historia. Los Borbones fueron llamado inmediatamente al trono de sus antepasados, y Luis XVIII proclamado rey de Francia, la que fue reducida por el tratado de Paris á los límites que tenia en 1º de enero de 1792.
Todas estas noticias llegaron á la Nueva – Granada casi á un mismo tiempo, y causaron la mas viva impresión en los ánimos, pues terminada la guerra en Europa era preciso que la España volviese todas sus miras y su poder contra sus colonias que se le habian revolucionado. Pocos dias despues se supo tambien que Fernando 7º habia declarado nula, de ningun valor ni efecto la constitucion española por el famoso decreto dado en Valencia á 4 de mayo. Este decreto, cuyos motivos y fundamentos son bien conocidos, y que presento á Fernando 7º á la faz de las naciones como un tirano ingrato que perseguia de muerte á todos aquellos que habian defendido su corona durante una cautividad, en qué el rey mismo tuvo tanta culpa, fue circulado á los gefes de América con otro decreto dado por Fernando en Madrid (Mayo 24). En él se decia que la presencia del rey habia hecho desaparecer todas las disputas en sus dominios europeos y que esperaba sucederia lo mismo en los de América, cuyos alborotos suscitados durante su cautividad le causaban el mas grande pesar: que habia pedido informe á personas naturales de la misma América para reparar sus agravios: que muy en breve dirigiria su palabra á los americanos, á quienes entre tanto hacia saber que habia abolido la Constitucion política de la monarquía formada por las cortes de Cádix, como hecha por diputados que no tuvieron poderes ni libertad: en fin que sin tardanza convocaria las cortes de la nacion con arreglo a las leyes fundamentales, para establecer sobre bases sólidas la monarquía moderada, única conforme con sus inclinaciones y la que solo era compatible con las luces y costumbres del siglo.
Los gefes españoles de la Nueva – Granada que eran el capitan general de esta y de Venezuela, don Francisco Montalvo, que residia en Santa Marta y el presidente de Quito don Toribio Montes, inmediatamente que recibieron los decretos los obedecieron y circularon con mucho placer. Se veian libres de las trabas que la constitucion española oponia á su arbitrariedad y despotismo, lo que no podia ménos que alhagarles, pues ningunos gobernantes de la monarquía amaban tanto el poder arbitrario como los de la América, ántes española. Sin embargo de la bella oportunidad que se presentaba entónces con los tiránicos decretos del rey para que alguno de los gefes liberales se declarara contra ellos é hiciera independiente la seccion de América que mandase, no hubo uno solo que tuviera tales ideas, y todos obedecieron los mandatos del rey su amo, como ellos decian.” (Restrepo, 1827, tomo V: 56-65).
26 de mayo. Popayán. José Ramón de Leyva dimitió a la gobernación de la provincia, para ocupar la dirección del ejército del sur. (Llano, 1995: popayan).
27 de mayo. Popayán. Autorización del Colegio Constituyente a Leyva para canjear a Antonio Nariño por la oficialidad realista capturada en Cali. (Llano, 1995: popayan).
Sobre la comunicación llegada a Popayán por parte de Aymerich escribe José Manuel Restrepo:
“Apénas habian llegado á Popayan los restos del egército republicano del Sur, cuando el general Leyva, que le mandaba, recibió una intimacion del general español Aymerich en que le prevenia rindiera las armas, sujetándose al gobierno de España: indicaba tambien que podian canjearse los soldados y oficiales prisioneros de una y otra parte. Leyva pasó la intimación al colegio electoral de Popayan que se hallaba reunido, el que mandó contestarle denegándose á la entrega de las armas, y se ofreciéran á Aymerich de sesenta á setenta oficiales realistas prisioneros de los patriotas, con tal que pusiera en libertad al general Nariño. Cuando esta contestacion y propuesta llegó a Pasto, ya Aymerich habia recibido una órden de Montes, para que sin tardanza alguna decapitar á Nariño, despues de tomarle una declaracion sobre ciertos puntos. Aymerich de acuerdo con el doctor Tomas Santacruz, gefe político de Pasto, suspendió la egecución, considerando el riesgo á que esponia á los oficiales realistas que tenian prisioneros los republicanos, á quienes pasarian estos por las armas exasperados con la muerte de Nariño. Sin duda esta consideracion y la esperanza de sacar partido de prisionero tan importante, indugeron á Montes á revocar su órden y á mandar despues de algun tiempo que Nariño fuese conducido á Quito. Esto al fin se verificó bien á pesar de los crueles é ignorantes pastuzos, que pedian con frecuencia su cabeza, y deseaban tener el espectáculo dulce para ellos de verle fusilar.” (Restrepo, 1827, tomo IV: 208-210).
8. Por aquella noche, el autor se refiere a la del 9 de mayo, después finalizado el combate de Tacines.
Junio de 1814
Junio de 1814
Junio. Pamplona. Fernando Serrano asumió la gobernación de la provincia.
1 de junio. Santafé. Se nombra dictador de Cundinamarca a Manuel Bernardo Álvarez.
“El Congreso de Bogotá queriendo organizar la federación en forma más regular y más fuerte, nombró el 1° de junio de 1814 Dictador a don Manuel Bernardo Alvarez.” (Ibáñez, 1891: cap42a).
Sobre la elección como dictador de Manuel de Bernardo Álvarez, también escribe Llano Isaza:
Elección como presidente dictador de Cundinamarca de Manuel de Bernardo Álvarez. (Llano, 1995: santafe2).
Mariquita. El subpresidente José León Armero, convocó a las armas a Honda, tras conocer la derrota de Nariño. (Llano, 1995: mariquita).
3 de junio. Santafé. Sin conocer los sucesos posteriores, llegó a la ciudad la noticia de la victoria lograda en Juanambú por las tropas del presidente Nariño, noticia que sería motivo de celebración por un corto tiempo.
“Vino la noticia de la derrota de los enemigos, en Juanambú, por las tropas del presidente Nariño.” (Caballero, 1974: diario7).
6 de junio. Santafé. Se sabe en Santafé que Nariño fue derrotado y apresado en Pasto. Se toman represalias contra algunos españoles habitantes de la ciudad.
“Vino la infeliz noticia de haberse perdido la acción en Pasto, y haber quedado preso el señor presidente, general en jefe, don Antonio Nariño. Este día se apresaron a varios españoles, por la dicha noticia; los llevaron a las aulas.” (Caballero, 1974: diario7).
Sobre la fecha en que se conoció la prisión de Nariño y los acontecimientos políticos anteriores y posteriores hay desacuerdo entre los cronistas. Por un lado, Caballero indica que la noticia de la prisión de Nariño se conoció en Santafé el 6 de junio, por otra parte, Restrepo, asegura que el nombramiento de Manuel de Berardo Álvarez como dictador de Cundinamarca (el cual fecha Ibáñez para el 1º de junio) es consecuencia de dicha noticia.
El relato de Restrepo es el siguiente:
“Cuando llegaron al congreso de la Nueva-Granada y al gobierno de Cundinamarca las noticias funestas de que el egército del Sur se habia retirado de Pasto, despues de sufrir grandes pérdidas, entre ellas da del general Nariño, que se juzgaba habria sido ya fusilados por los realistas, el desaliento fué general. La República se veia amenzada por el Sur, por un enemigo victorioso. Por el Norte, Venezuela presentaba un aspecto amenazador, y Santa Marta reforzada por los españoles, prolongaba la guerra y arruinaba á la provincia de Cartagena, que á pesar de repetidas tentativas nada habia adelantado contra los enemigos de aquella plaza.
La representacion nacional de Cundinamarca se reunió luego al punto por el presidente del poder ejecutivo doctor Manuel Bernardo de Alvarez. Allí despues de lamentar la gran pérdida que habia hecho Santafé en la persona del general Nariño, que era el principal apoyo de la gloria y prosperidad de la antigua capital del vireynato, deliberaron los representantes del pueblo de Cundinamarca sobre las medidas que debian adoptar en la crísis peligrosa en que se hallaba la patria. De comun acuerdo resolviéron que se creara un dictador, y que lo fuese el mismo doctor Alvarez, tio del general Nariño, el que siempre se habia manifestado estricto observador de sus planes y sistema político.
La prision del general Nariño fué sinceramente sentida en Santafé en donde se habia hecho amar y tenia un grande influjo. En las provincias acaso era mas odiado que querido, á causa de sus ustema político que tanto habia contrariado la voluntad general. En efecto si como Nariño se empeñó desde el principio de la revolucion, en establecer un gobierno central, á pesar de que lo repugnaba la opinion de los pueblos decidida por el federalismo, sigue el curso de la misma opinion, probablemente la Nueva Granada se hubiera organizado, y los talentos é influjo de Nariño habrían conducido muy pronto el gobierno general á establecer el centralismo en guerra, en hacienda y en otros ramos importantes. Entónces la campaña del Sur se habria hecho con otros medios y la libertad acaso no hubiera perecido. Mas por que no se adoptaba el sistema que únicamente creia propio para conservar la independencia, separó á Cundinamarca de las demas provincias, y tuvo una parte muy actica en poner los gérmenes de las guerras civiles escandalosas y de las funestas divisiones, que impidiéron que la república tuviera un verdadero centro de union y que usara de los recursos que pudieran salvarla. Por estos motivos la pérdida de Nariño no fué sensible á la mayor parte de los federalistas, que creian que Cundinamarca abandonaria en fin sus antiguas pretensiones, uniéndose á las demas provincias sus hermanas.
Sin embargo el congreso de la Nueva-Granada deseoso de rescatar la persona del general Nariño, y teniendo noticia, que parecia segura en aquella época, de que los patriotas de Venezuela habian hecho prisionero al mariscal de campo Don Juan Manuel de Caligal, pasó un decreto para que el poder ejecutivo federal solicitara del gobierno de Venezuela el que pusiera á su disposicion aquel gefe español y se cangeara por Nariño. Se diéron algunos pasos sobre la materia; pero encalláron por no haber resuelto cierta la prision de Caligal.” (Restrepo, 1827, tomo IV: 210-214).
El mismo día, el presidente encargado, Manuel de Bernardo Álvarez, ordena que todo hombre entre los 18 y los 50 años debe presentarse al servicio militar.
“El día 6 de este mes se publicó bando, por el señor dictador Alvarez, para que todo hombre se aliste al servicio de la patria, desde la edad de dieciocho años hasta cincuenta, y que se entreguen las armas que tengan, pena de ser tenidos por traidores y reos de lesa patria.” (Caballero, 1974: diario7).
Ibáñez también escribe sobre las noticias llegadas del sur, pero asegura, al igual que Restrepo, que en Santafé se conocen a mediados del mes de junio. Además ubica el conocimiento de la victoria y la derrota como una única noticia:
“A mediados de ese mes llegaron simultáneamente plausibles noticias del triunfo de Nariño en el sitio de Tasines, y de la derrota que había sufrido el Ejército republicano al promediar el mes de mayo, en los ejidos de la ciudad de Pasto.
Esos fueron días de duelo para los habitantes de la capital que amaban la independencia y habían seguido ansiosos la campaña de la expedición del Sur.” (Ibáñez, 1891: cap42a).
El mismo autor, también escribe sobre las medidas tomadas ante las funestas noticias:
“Estos lamentables sucesos llenaron de consternación a los patriotas y constriñeron al Congreso reunido en Tunja a tomar medidas para la defensa general. El Gobierno de Bogotá comisionó a los patricios Manuel Pardo, Antonio del Castillo y Francisco de Urquinaona para recaudar un empréstito de $ 200,000; redujo a prisión en el edificio de Las Aulas a varios españoles y al panameño Sebastián López Ruiz, médico realista; y publicó bandos llamando al servicio de la Patria, en las filas del Ejército, a los ciudadanos de diez y ocho a cincuenta años de edad.” (Ibáñez, 1891: cap42a).
13 de junio. Quito. Desde Quito, el presidente Toribio Montes escribe un oficio al Congreso de la Nueva Granada, invitándolo a acoger de nuevo el orden propuesto por la corona española.
“Entretanto el presidente de Quito, Don Toribio Montes, que despues de los asesinatos jurídicos que cometió á su entrada en aquella ciudad, y los que ordenó de los gefes y oficiales prisioneros en Pasto, habia manifestado por lo general un corazon humano, sensible y generoso, cualidades que en todo el curso de la revolucion de la América del Sur, quizas no se han encontrado en otro gefe español, ofició al congreso de la Nueva – Granada. En sustancia decia que era ya tempo de terminar la guerra y la desolacion, que no se dejara cegar por miras ambiciosas como Don Antonio Nariño, á quien habia propuesto l a paz, creyéndolo gefe supremo de la Nueva . Granada; pero no habiéndola querido admitir halló en Juanambú y en Pasto la pérdida de su egército y de su libertad: que desengañado últimamente por varios documentos aprendidos, de que Nariño, aunque á pesar suyo dependia del congreso, se dirigia ahora á este cuerpo con la esperanza de que sus propuestas hallarian mejor acogida: que cesara la guerra nombrándose diputados que espusieran las de la América ántes el gobierno de España, y fijaran las bases para asegurar la suerte de los gefes de la revolucion, que no fuesen los de la sangre, del fuego, de la destruccion y la muerte. “¿ porque añadia, en lugar de alargar al padre contra el hijo, y al hermano contra el hermano, queriendo al golpe destruir la obra lenta en que los intereses y la sangre han trabajado trescientos años, no se trata de sentar principios y bases en razon y justicia que concilien los derechos de la nacion, con los intereses de las provincias?”.
De todo el contesto del oficio de Montes no se infiere otra cosa, sino que proponia al congreso volviera á sujetar al gobierno Español los pueblos que le habian confiado sus derechos y su libertad y que por medio de diputados solicitara en España el que se hiciera justicia á la América. Si esto no se habia podido conseguir cuando la península estaba en vísperas de perder su independencia, y cuando las cortes de Cádiz proclamaban los principios mas liberales para los españoles europeos, mucho ménos se habria conseguido en aquel periodo en que la victoria habia coronado los esfuerzos de los ingleses, portugueses y españoles combinados, y en que Bonaparte estaba en vísperas de ser borrado de la lista de los soberanos.” (Restrepo: 1827, tomo IV: 215-218).
14 de junio. Campo de La Puerta, Venezuela. Bolívar es derrotado por los realistas al mando de Tomás Boves.
“En esos días Bolívar vencía en Carabobo (la), y luego el 14 de junio, fue derrotado por J. Tomás Boves en el desafortunado campo de La Puerta, derrota que tuvo fatales consecuencias militares y políticas.
Poco después, el bogotano Luciano D'Elhuyart se vio forzado a levantar la línea del sitio de Puerto Cabello, adonde había hecho inmortal su valor y su constancia,» al decir del historiador Baralt.” (Ibáñez, 1891: cap42a).
Para Liévano, la derrota de Bolívar y Mariño en el sitio de La Puerta por los llaneros realistas comandados por José Tomás Boves, se ubica el día 15 de junio.
“El 15 de junio de 1814, se trabó la histórica batalla que habría de sellar los destinos de la República de Venezuela, la segunda batalla de La Puerta, en la cual fueron totalmente exterminadas, por las hordas de Boves, las fuerzas combinadas de Bolívar y Mariño. Cuando terminó la horrible lid, miles de cadáveres cubrían la tierra ensangrentada, que retumbaba con el galope de las montoneras del llano, entregadas a una orgía de sangre en aquel campo de muerte, donde el tricolor republicano cayó sobre los cuerpos exánimes de sus últimos defensores.” (Liévano, 1987: 856).
17 de junio. Santafé. Son liberados los presos españoles que habían sido recluidos ante la noticia de la prisión de Nariño en Pasto.
“Monté la primera guardia de oficial, en las aulas, donde estaban los presos, que eran los siguientes: don Juan María Márquez, don José Trillo, don Joaquín Quintana, don Sebastián López, panameño, don Santiago Fernández, don Gaspar Moreno, don Juan Sordo, don Lorenzo Arellano, don José Antonio Serna y el sargento Manuel González. Se pusieron en libertad este mismo día; españoles todos, excepto el panameño.” (Caballero, 1974: diario7).
19 y 20 de junio. Santafé. En Santafé se celebra el 4 aniversario de los sucesos del 20 de julio de 1810, considerado por muchos como el aniversario de la revolución.
“En los días 19 y 20 de este mes se celebro oficialmente, con fiestas m i litares, civiles y religiosas el cuarto aniversario de la revolución…” (Ibáñez, 1891: cap42a).
21 de junio. Santafé. Ante la difícil situación en toda la Nueva Granada, Camilo Torres le escribe un comunicado al presidente de Cundinamarca, Manuel Bernardo Álvarez donde le expone la necesidad de que Cundinamarca se una a las demás provincias.
“En Cúcuta habia ochocientos hombres mal armados, desnudos y muriendo de hambre; igual número en Popayan en el mismo estado, y poco mas de dos mil en Cartagena, levantados y sostenidos por su gobierno. No existian en todas las provincias unidas cinco mil fusiles y mas de la mitad estaban en la plaza de Cartagena.
Tal era el estado que tenia la confederacion de la Nueva – Granada en los dias inmediatos á aquel en que llegó la noticia de la pérdida del general Nariño y de una gran parte del egército del sur. El congreso estaba íntimamente persuadido que sin la Union de Cundinamarca era muy difícil que pudiera salvarse la República. Quiso, pues, aprovechar aquella oportunidad que parecia muy favorable para conseguirla. Con este fin pasó un decreto en que prevenia al poder ejecutivo federal escitara á la provincia de Cundinamarca por medio de su gobierno, á que dirigiera sus diputados al congreso á tratar de las medidas convenientes para la defensa comun, de las reformas que debieran hacerse, y de la union permanente con las demas provincias. Sin que se hiciera novedad sobre casa de moneda y territorios, pues Santafé continuaria poseyendo aquella y estos; pero quedaria á la autoridad general salvo el derecho de asignar el sello, peso y ley de la moneda.
El presidente Torres pasó este decreto al dictador de Cundinamarca con un oficio, en que le manifestaba los peligros inminentes que en la actualidad corrian todas las provincias por su falta de Union; que ni las demas podian defenderse permaneciendo separadas de Cundinamarca, ni esta obrando por sí sola, y que debia rendirse á la voluntad general. “Que diriamos, continuaba, si en una nave agitada de los vientos y próxima á perecer, se obstinase un pasagero en no seguir el rumbo de los demas, y á pretesto de no conformarse con su dictámen se denegase á remar con los demas para escapar del peligro comun, ó por que se le exigesen mayores sacrificios para alijar la carga, se empeñase en no ceder, ¿Qué diriamos de tal ceguedad? Sálvese, pues, la nave del estado del peligro que la amenaza, y no tengamos la poca generosidad y la indiferencia que seria necesaria para ver perecer á todos nuestros hermanos, solo porque en nuestro concepto los sacrificios que se exigen de nosotros son mayores.”
Seguia despues manifestando haber allanado el congreso todos los antigüos obstáculos que ponia Cundinamarca para su Union, cuales eran los productos de la casa de moneda, y la agregacion de territorios correspondientes á otras provincias: el oficio terminaba así “Proponga, pues, V. E. este medida conciliatoria á Cundinamarca; que la medite; que entienda que en ella le va todo su interes y el de las provincias; pero que si llevada de otros principios aun se deniega á escuchar las voces desinteresadas de la razon llegará tal vez un tiempo en que sus males y los nuestros no tendran remedio, y en que cubre á sus autores una eterna responsabilidad.”
El dictador de Cundinamarca, Alvarez, contestó protestando los deseos que le asistian de que se verificara la Union, pero que siendo un negocio de tamaña importancia reuniria la representacion que se llamaba nacional para su conocimiento y resolucion. Esto era lo mismo que prolongar el negocio para que no se realizara.” (Restrepo, 1827, tomo V: 52-56).
Popayán. Manuel Santiago Vallecilla aceptó al "embajador" enviado por la provincia de Antioquia, el cucuteño José María Gutiérrez de Caviedes. (Llano, 1995: popayan).
22 de junio. Santafé. Muere Enrique Somoyar quien habría sido protector de Nariño en Cartagena y de quien el entonces presidente de Cundinamarca habría tomado el seudónimo con el que firmó varios de sus escritos.
“Murió don Enrique Somoyar; sepultado en Santo Domingo.9” (Caballero, 1974: diario7).
La muerte de Enrique Somoyar también es registrada por Ibáñez:
“El 22 de junio murió don Enrique Somoyar, patriota, natural de Cartagena, y amigo y protector de Nariño, cuando el desgraciado Precursor estuvo detenido allí en 1810. Somoyar había levantado suscripción en favor de los patriotas en 1812. Nariño agradecido tomó-años después-el nombre de su benefactor muerto, para firmar las célebres cartas que en 1820 dio a luz en Gibraltar.” (Ibáñez, 1891: cap42a).
9. Nota al pie en el texto original: “«A Principios del año de 1820 se fugó el general Antonio Nariño de su prisión en Cádiz y pasó a la Isla de León, donde residía el nuevo gobierno español. Allí publicóel ilustre bogotano tres epístolas contra don Pablo Morillo, tituladas Cartas de un americano a un amigo suyo y firmadas Enrique Somoyar. Estas cartas fueron reproducidas en Bogotá por la Gaceta de Santa Fe (números 67, 68. 69 y 70. de noviembre de 1820)... Enrique Somoyar existió, y fue amigo y protector de Nariño cuando éste llegó a Cartagena desterrado en enero de 1810. según él mismo lo refiere en su escrito presentado al tribunal de gobierno de Santa Fe en 1817: ‘Mi hijo, dice, cuya virtud consolaba mi corazón, al mismo tiempo que me proporcionaba alimento, había movido con su triste aspecto y el corazón, naturalmente compasivo, de don Enrique Somoyar, que desde el día de mi llegada se decidió a sostenerme la vida, sin conocerme, y sólo por satisfacer los impulsos de su alma noble y generosa. ¿Qué seria de los desgraciados, si de cuando en cuando no produjera la naturaleza algunas almas sensibles? Somoyar recogió a mi hijo en su casa. Somoyar, sin reparar en los tiranos ni en los aduladores, franquea su bolsillo y sus servicios personales para que yo no muera: y a estas dos criaturas debo el aire que respiro’.
«Somoyar vino luego a Bogotá, pues su nombre aparece encabezando en la capital una suscripción en favor de Cartagena, su patria, en febrero de 1812 (Memorias de OLeary, t. 13, p. 132), y en otras empresas patrióticas. Murió aquí, en junio de 1814.
«En memoria de ese patriota entusiasta, como tributo, sin duda, de gratitud a su protector en 1810, tomó Nariño, allá en las playas de ultramar, ese simpático seudónimo. En su nuevo ostracismo recordaba, tras días de grandezas y triunfos, la generosa mano que lo aliviara diez años antes». (E. Posada, artículo titulado Las Memorias de Morillo, publicado en La Opinión, periódico semioficial de Bogotá, número 415, de 21 de enero de 1902). Nos queda la satisfacción de consignar en un libro de historia nacional el nombre del generoso Somoyar con el brillo que quiso darle la gratitud de su ilustre protegido.” (Caballero, 1974: diario7).
Julio de 1814
Julio de 1814
4 de julio. Pasto. Desde Pasto, Antonio Nariño estando preso, le escribió al gobierno de Cundinamarca para que negociara con Quito un cese de hostilidades por 18 meses. (Llano, 1995: popayan).
Sobre el oficio escrito por Nariño desde Pasto, escribe Restrepo:
“…el gobierno de Cundinamarca y el congreso recibiéron oficios del general Nariño que se hallaba prisionero en Pasto. Decia que despues de la intempestiva dispersión de su egército, habia determinado, atropellando multitud de peligros, quedarse para tratar con el presidente de Quito, Don Toribio Montes, sobre una suspensión de hostilidades por diez y ocho meses: que no habiéndosele permitido pasar á Quito habia oficiado con el presidente, haciéndole la propuesta, que la línea de demarcacion fuese por el Guayabal, pueblo de la Cruz, al tablon de los Gomez, siguiendo de allí por Juanambú arriba: que despues de algunas contestaciones se habia convenido Montes en que Nariño escribiera al congreso y al gobierno de Cundinamarca, para que de acuerdo nombraran un comisionado, que unido al del presidente de Quito, tratara sobre la materia; en la inteligencia que este exigia statu quo que tenian las cosas ántes de la espedicion, es decir, que se le restituyera la provincia de Popayan hasta Cartago y Anserma. Nariño apoyaba las ventajas de un armisticio, diciendo: que la suerte de la América no dependia de los egércitos que pugnaban en ella por una y otra parte, y cuyos sucesos se valanceaban destruyendo lastimosamente el paos, sino de los de Europa. En tal situacion creia era mejor dar treguas siquiera por algun tiempo á las miserias presentes, no despedazarse los unos á los otros, y aguardar á que se despejara el orizonte político en aquella parte del globo, en cuyo caso era imposible que no se coordinaran las opiniones sin un tiro de fusil.
El gobierno de Cundinamarca convino inmediatamente en que se nombraria el comisionado, y aun autrizó á Don Jorge Tadeo Lozano que se hallaba en Tunja para que tratase con el congreso á cerca de la materia. Este acordó tambien que elegiria el comisionado, luego que el presidente Montes propusiera directamente el armisticio, en los términos y co las formalidades que acostumbran las naciones, y que tanto á Montes como á Nariño se diera esta contestacion10. Sobre la materia nada mas se adelantó.” (Restrepo, 1827, tomo IV: 219-222).
9 de julio. Tunja. Camilo Torres, en su calidad de presidente del Congreso, contesta el oficio enviado por Toribio Montes, presidente de Quito, el pasado 13 de junio, en el que invita al Congreso a acogerse de nuevo a la corona.
“El presidente del congreso de la Nueva – Granada, contestó por órden de este, recapitulando todas las injusticias que la España habia cometido con la América, los derechos que Dios y la naturaleza habian concedido al nuevo mundo para ser libre é indepediente: que este jabia jurado serlo y que jamas violaria su juramento. Concluia diciendo: “que tuviera entendido no existir otra autoridad á quien hacer mas intimaciones en la Nueva – Granada, y que nuestra causa no la decidiran ya las súplicas ni las quejas de la ingrata España, sino la justicia divina vengadora de sus ultrages, y nuestra espada”.
…
El presidente de Quito parece que no gustó de la respuesta del congreso, por no habérsele dado el tratamiento que le correspondia por su empleo y graduacion militar, por cuyo motivo no le volvió a escribir, en lo que sin duda influyó tambien el tono decidido con que anteriormente le habia contestado el presidente Torres.” (Restrepo, 1827, tomo IV: 218, 222-223).
14 de julio. Santafé. Por ley se fijó la bandera nacional en tres franjas iguales de colores amarillo, verde y rojo. (Llano, 1995: santafe2).
16 de julio. Tunja. Propuesta a los realistas que realizó Camilo Torres del canje de Antonio Nariño por el mariscal de campo Juan Manuel Cajigal y Niño preso en Venezuela. (Llano, 1995: tunja).
17 de julio. Popayán. Constitución de Popayán. (Llano, 1995: popayan).
23 de julio. Santafé. Fallecimiento del firmante del Acta del 20 de julio de 1810, el sacerdote Julián Joaquín de la Rocha. (Llano, 1995: santafe2).
26 de julio. Santafé. Tercera prisión de Carbonell. (Llano, 1995: santafe2).
27 de julio. Trujillo, Venezuela. El general Rafael Urdaneta escribe indicando la derrota sufrida por Bolívar en La Puerta y la exitosa reconquista de Venezuela por parte de los realistas. En su informe pone a órdenes del Congreso de la Nueva Granada, la división de 1.200 hombres que logró salvar al emprender la retirada.
“El general Rafael Urdaneta que militaba en Venezuela bajo las órdenes del Libertador Bolívar, participó detalladamente desde Trujillo los malos sucesos de las armas republicanas. Anunciaba que despues de la batalla de Carabobo en que fué batido en 28 de mayo el egército español que mandaba el mariscal de campo Cajigal, el Libertador habia destinado un cuerpo numeroso de su egército al occidente de Venezuela, bajo las órdenes del mismo Urdaneta. Otro cuerpo siguió á la villa del Pao mandado por el coronel Jalon, y el principal se dirigió contra el español Bóves, que existia en las llanuras de Calabozo y era el mas temible principalmente por su numerosa caballería. Este egército á cuyo frente estaban los generales Bolivar, y Mariño, fué completamente derrotado el 15 de junio en la Puerta cerca de la villa de Cura, lugar que mas de una vez ha sido ominoso á las armas de la República. Despues de una victoria tan decisiva, Bóves se avanzó rápidamente sobre Valencia, la obligó á capitular, y el 7 de julio entró en Carácas de donde habia emigrado hácia Barcelona casi toda la poblacion con el general Bolivar y las pocas tropas que existian. Son increíbles todos los crímenes y atrocidades que el sanguinario Bóves cometió en la reconquista de Venezuela. Mi pluma se abstiene de referirlas en este lugar.
El general Urdaneta cuando supo la derroto de la Puerta y el sitio de Valencia, penetró en los llanos de Barinas hasta san Carlos con ánimo de investigar el estado de las tropas del general Bolivar y ver si podia auxiliarle; mas creyéndolo imposible por la superioridad del enemigo, determinó emprender su retirada hácia la provincia de Trujillo, lo que verificó combatiendo por todas partes á los pueblos de Venezuela que se habian armado en masa contra los patriotas, de modo que á estos les era preciso buscar las subsistencias ápunta de bayoneta. Sin embargo de semejante metamórfosis política cuyas causas examinarémos en otro lugar, Urdaneta salvó una division de mil doscientos soldados veteranos, que desde Trujillo puso á disposicion del congreso de la Nueva – Granada, diciéndole que pensaba defender las provincias de Mérida y Trujillo contra la division realista que mandaba el español don Sebastián de la Calzada, que de un mero sargento fué hecho comandante despues de la muerte de su compatriota Yañez en la villa de Espinos.” (Restrepo, 1827, tomo V: 84-86).
10. Nota al pie en el texto original: “El congreso estendió el siguiente decreto. “El congreso habiendo tomado en consideracion su conferencia con el enviado de Cundinamarca los oficios del general Nariño, prisionero en Pasto, y del gobierno de Cundinamarca sobre un armisticio con Don Toribio Montes, decreta: que el poder ejecutivo escriba á este último, manifestándole la buena disposicion en que se halla por amor á la humanidad á tratar de dicho armisticio, viniendo sus propuestas en los términos y con las formalidades que acostumbran las naciones civilizadas, en cuyo caso nombrará en union de Cundinamarca, comisarios que con los pasaportes correspondientes concurrirán al lugar que se disignare. Se autoriza al gobierno de Popayan para que franquee y exija los que deben servirá los comisarios de Montes hasta el lugar señalado, y comiunicándose este decreto al mismo enviado, respóndase en su conformidad al gobierno de Santafé y al general Nariño.
Y mandado ejecutar en la de este dia por el poder ejecutivo de la union, lo traslado á V. S. en su cumplimiento. Dios guarde á V. S. muchos años. Tunja 9 de agosto de 1814. Antonio Villavicencio, consejero secretario. Al señor enviado de Cundinamarca, Don Jorge Tadeo Lozano. (Restrepo, 1827: 221)
Agosto de 1814
Agosto de 1814
5 de agosto. Tunja. En representación de Cundinamarca, Jorge Tadeo Lozano, se presentó al Congreso federal para negociar la unión, pero fracasó. (Llano, 1995: tunja).
Sobre las negociaciones entre el Congreso y Cundinamarca para una posible unión y la elección de Jorge Tadeo Lozano como representante de Cundinamarca para dicho acuerdo, escribe Restrepo:
“Sin embargo de qué el presidente dictador de Cundinamrca habia contestado que reuniria inmediatamente la representacion nacional, para que discutiese la propuesta de union que el congreso le habia hecho, se alarmó con las noticias de Europa, y con los inminentes peligros que iba á correr la Nueva – Granada. Usando, pues de las facultades dictatorias que tenia, omitió el consultar á la representacion nacional, y nombró de diputado para tratar con el congreso al señor Jorge Lozano. Sus instrucciones se reducian á tres capítulos: 1º que acordara con el congreso el pacto, de que este cuerpo no trataria con la España ni con alguna otra nacion estrangera, sino en consorcio de Cundinamarca y formando con ella cuerpo de nacion; 2º que convinieran en un plan y en las medidas necesarias de defensa; 3º que tratara todos los puntos conducentes á una racional union de Cundinamarca y las demas provincias, quedando los tratados sobre los dos últimos puntos sugetos á la ratificacion del gobierno su comitente.
Lozano, cuyos talentos y patriotismo eran muy conocidos en la Nueva – Granada, partió para Tunja, llevando los votos mas sínceros republicanos de Santafé que deseaban ardientemente el que se verificara la union de Cundinamarca, única medida que daria alguna esperanza de la salvacion de la patria. El congreso le recibió con toda la consideracion que merecia su carácter y su mérito personal. Despues de haberse tocado en una sesion pública, á la qué el congreso admitió al enviado Lozano, algunos de los objetos de su mision, para abreviar la terminacion del negocio, el congreso nombró de comisionado al diputado Madrid, para ajustar los tratados de union, y el poder ejecutivo federal al consejero Villavicencio para que acordara con Lozano las medidas de defensa que este debia poponer.” (Restrepo, 1827, tomo V: 69-72).
Santafé. Siendo la víspera de la celebración de la conquista, que para ese año se llamó del triunfo de la religión, se estrena la bandera tricolor del cabildo.
“…por la tarde, se estrenó la bandera tricolor del cabildo, para celebrar las vísperas del cumpleaños del triunfo de la religión, que antes se titulaba de la conquista. La bandera tiene por el un lado las armas de la ciudad, y por el otro una cruz sobre una granada, con un Jesús en el medio. A las tres de la tarde vino la tropa y asistió al señor presidente y demás corporaciones a la iglesia catedral.” (Caballero, 1974: diario7).
6 de agosto. Santafé. Se celebra la festividad del triunfo de la religión.
“A 6 se celebró el triunfo de la religión, con la misma pompa y aparato.” (Caballero, 1974: diario7).
Sobre la celebración escribe cortamente Ibáñez citando a Caballero:
“…el 6 de agosto ondeó por primera vez la bandera tricolor en las casas municipales para celebrar el aniversario de la fundación de Bogotá. La bandera tenía «por un lado las armas de la ciudad v por el otro una cruz sobre un granada con un Jesús en el medio” (Ibáñez, 1891: cap42a).
11 de agosto. Santafé. Culminan negociaciones que buscaban la unión entre Cundinamarca y el Congreso de las Provincias Unidas, a pesar del interés de las dos partes, debido al dictador Álvarez no se logró la ratificación y por lo tanto ejecución del acuerdo. Los enviados eran: por Cundinamarca el ex - presidente Jorge Tadeo Lozano y por el Congreso José Fernández Madrid.
“Vencidas algunas dificultades que ocurrieron en el curso de la negociacion sobre puntos de mera etiqueta, y sin que se adelantara nada importante acerca de los planes de defensa comun, Lozano y Madrid convinieron en las bases y tratados, bajo los cuales debia unirse Cundinamarca á las demas provincias y montarse el gobierno federal, lo mismo que los provinciales. Según aquellos pactos los ramos de guerra y hacienda quedaban concentrados en el gobierno general, yla facultad legislativa en el congreso que llamaban cuerpo deliberante. Este podia imponer contribuciones con el objeto de formar un tesoro nacional para subvenir á los gastos del egército que habia de levantar el poder ejecutivo. El gobierno general se compondria de tres individuos nombrados por el congreso, el uno precisamente natural de Cundinamarca, los que ejercerían el poder ejecutivo de mancomun é insólidum turnando la presidencia cada cuatro meses y renovándose anualmente uno. Los secretarios debian suplir la falta de cualquiera miembro del egecutivo.
El poder judiciario de la union debia ejercerse por una alta corte de justicia cuyos ministros nombraria el congreso. Se conservaban los tribunales de justicia de las provincias, encargándose que en las mas pequeñas se reunieran dos bajo la autoridad de un solo tribunal. Las facultades de las legislaturas provinciales se reducian únicamente á los objetos económicos, debian componerse de muy pocos miembros, y estos servir sin sueldo alguno. Un gobernador y un teniente gobernador dependientes en los ramos de guerra y hacienda del poder egecutiva federal, habian de egercer en lo venidero el gobierno de las provincias.
El congreso ratificó inmediatamente aquellos tratados, asignando veinte dias de término para que dentro de ellos hiciera lo mismo el dictador de Cundinamarca. Con el objeto de acelerar le ratificacion nombró de comisionado cerca de Alvarez, al canónigo doctor Juan Marimon, miembro del mismo congreso. Llevaba poderes ámplios para remover cualquiera dificultad que se objetara á los tratados de union, y para añadir ó quitar los artículos que sejuzgaran necesarios para realizar la incorporación de Cundinamarca. Partió con Lozano, empeñado fuertemente en que se realizara el mismo objeto; pero los dos comisionados no fueron bien recibidos en Santafé, asi por el gobierno como por el partido anti – federal. Marimon no pudo en mas de ocho dias conseguir audiencia ni respuesta alguna del dictador, y los veinte, dentro de los cuales debia ponerse la ratificacion, corriéron sin el menor resultado. Finalmente, Alvarez pasó al diputado del congreso un despacho oficial, en que le decia que no le era posible ratificar los tratados que habia ajustado el señor Lozano, por que contenian una rigoroza federacion, á la cual siempre habia sido opuesta la provincia de Cundinamarca: que muchos de sus artículos solamente podian rtificarse por los representantes del pueblo, reunidos en un colegio, el que ya habia convocado para el 3 de noviembre próximo: en fin, que para manifestar los deseos que le asistian de concurrir á la defensa comun, acompañaba un plan contenido en diez y seis artículos, que podia sustituirse en lugar de los tratados del 11 de agosto.
Jamas se habian reunido en la revolucion tantas inepcias políticas en una sola pieza como las que encerraba el plan del señor Alvarez. Decia en sustancia, que el congreso nombrara un director y Cundinamarca otro, á cuyo cargo estuviera el dirigir la guerra con facultades iguales, y dependiendo cada uno de su respectivo gobierno; que Cundinamarca egerceria por tanto la mitad de la autoridad; pero que solo debia contribuir para la guerra con una octava parte. Los directores no tendrian jurisdiccion ninguna civil ó criminal, pero debian nombrar los generales, oficiales, etc. Contenia ademas otros varios detalles igualmente inconexos y contradictorios.
El diputado Marimon no aceptó semejante plan. Lo mismo hizo el congreso, el cual contestó al dictador Alvarez que no hallando que pudieran resultar ventajas algunas á la Nueva Granada de admitir su proyecto, no podia acceder á él. “El congreso esperaba, añadia el presidente Torres, que la provincia de Cundinamarca en mejores dias vuelva á los sentimientos justos y pacíficos que han manifestado sus hermanas, y que por desgracia á pesar de los sacrificios y deferencias del congreso, no han hallado la favorable acogida que debian esperar.
He aquí el resultado que tuvo la importante negociacion acerca de que Cundinamarca se uniera á las demas provincias. El congreso dio por su parte cuantos pasos le fuéron posibles para que se realizara, pasos que si hubieran sido dados en tiempo del presidente Nariño, probablemente se hubria terminado la funesta division. Es inaplicable como el dictador Alvarez se encaprichó en permanecer desunido cuando la tempestad tronaba en derredor de la Nueva – Granada. No se puede concebir que de buena fe creyera, el que Cundinamarca con una poblacion que apénas se acercaba á docientas mil almas, podia aspirar y sostenerse en el rango de potencia soberana é independiente.
…
Grande fué el placer que recibieron los enemigos de la independencia al ver que no sehabia realizado la union; por el contrario fué un dia de luto para los verdaderos patriotas que veian á la discordia conduciendo por la mano la libertad hácia el sepulcro. Desde aquel momento el dictador oprimió y vejó á los republicanos federalistas que habia en Santafé: por todas partes y á cada paso le parecia que existen conspiraciones á favor del congreso las que trataba de impedir con providencias vigorosas aunque duras; asi es que en Santafé hubo hasta fin del año una verdadera tiranía contra todos los individuos que apetecian la union como un medio para conseguir la salud de la patria. El doctor Ignacio Herrera, consejero intimo de Alvarez y enemigo el mas terrible de la federacion, contribuyó mucho á consolidar aquel sistema opresivo, sin embargo de que no amaba la monarquía.” (Restrepo, 1827, tomo V: 72-79, 81-82).
Sobre los resultados de las negociaciones entre Cundinamarca y las demás Provincias Unidas comenta Ibáñez:
“Noticias alarmantes de Europa sobre las aspiraciones de Fernando VII, de reinar otra vez en las Indias, obligaron al Dictador Alvarez a buscar la unión con el Congreso de Tunja, y con tal fin nombró como Enviado de Cundinamarca al ex-Presidente don Jorge Tadeo Lozano, a quien adornaban talentos y patriotismo. El Congreso recibió al Enviado con cordialidad y designó en comisión para que arreglara condiciones con él, al doctor José Fernández Madrid. Los pactos se terminaron el 11 de agosto, ad referéndum, y Lozano volvió a Bogotá acompañado del Canónigo Diputado Juan Marimón y Enríquez, quien debía terminar el negociado con el Dictador de Cundinamarca. Por terquedad de éste no quiso ratificar el tratado, de manera que todo lo actuado fue perdido, y la separación de las Provincias y su debilidad quedaron en vigencia.11
Parte responsabilidad con el testarudo Dictador el doctor Ignacio Herrera, quien con su acostumbrada fogosidad, se hizo alma de la resistencia para impedir la unión del Gobierno y el Congreso. A su vez era reacio Camilo Torres. Esos patriotas llenos de buena fe y de amor a la República se equivocaron y abrieron fácil puerta a la reconquista.” (Ibáñez, 1891: cap42a).
Antioquia. El presidente Sánchez de Tejada expidió un decreto que reguló la fuerza armada de la provincia. (Llano, 1995: antioquia).
12 de agosto. Neiva. Joaquín Borrero felicitó a Antioquia por la ley de manumisión de los esclavos negros. (Llano, 1995: neiva).
22 de agosto. Santafé. Muere Juan Nariño, hermano de Antonio Nariño.
“…murió don Juan Nariño, hermano del señor presidente don Antonio Nariño, que al presente está preso en Pasto...Sepultado en el Carmen.” (Caballero, 1974: diario7).
11. Nota al pie en el texto original: “Los documentos de las comisiones del Congreso y Cundinamarca pueden consultarse en el Argos de la Nueva Granada, números 42, 43, 46 y 48. J. M. GROOT, lib. cit., III. 32. J. M. RESTREPO, lib. cit., I, 278, 280. C. MARTÍNEZ SILVA, Biografía de don José Fernández Madrid. F. LOZANO Y LOZANO, Biografió de don Jorge Tadeo Lozano.” (Ibáñez, 1891: cap42a).
Septiembre de 1814
Septiembre de 1814
13 de septiembre. Tunja. Camilo torres responde a Toribio Montes.
José Manuel Restrepo, refiere el oficio enviado por Montes a la Nueva Granada y uno que con anterioridad al de Montes, había enviado Montalvo desde Santa Marta al gobierno de Cartagena. Para el autor dichos documentos son consecuencia del regreso de Fernando VII a España:
“Montalvo habia oficiado anteriormente al presidente de Cartagena, tratando de atraer esta provincia al partido real. Se apoyaba en que pacificada la Europa, echado por tierra el poder colosal de Bonaparte y restituido Fernando 7º á su trono, era imposible que Cartagena pudiera resistir á las fuerzas españolas que necesariamente se dirigian contra ella. Concluia esta primera intimación poniendo como bases de un avenimiento las que contenia la constitucion de las cortes y las de demas leyes españolas que debian obedecerse, restituyéndose la provincia al estado en que se hallaba ántes de la revolucion. Como en este oficio nada decia de que hubiera sido abolida la constitucion española, notica publicada ya en Cartagena, Torices le contestó que habia dado cuenta al congreso de la Nueva – Granada al qué tocaba la resolucion, y le manifestaba tambien ser ya inadmisibles sus bases; entonces Montalvo respondió disculpándose con no haber recibido ántes los decretos de 4 y 24 de mayo; los aplaudia altamente y alegaba como un poderoso motivo para persuadir, “el que abolidas las cortes que tanto mal habian causado á los americanos, estos debian volver á la dominacion del rey Fernando, sentado ya sobre el trono de la España sin las trabas de la constitucion y de las cortes que le habian usurpado su autoridad.”
Poco tiempo despues el presidente de Quito, Montes, dirigió al congreso de la Nueva – Granada igual intimación cuando supo la entrada de Fernando en España, alegando razones ridículas en estremo. Es cierto que la apología de la conducta de la España con la América, y la del Rey Fernando era imposible; su causa podia defenderse con la espada, mas no con razones convincentes ó al menos plausibles como pretendian sus mandatarios en la América del sur. Asi fue que el presidente del congreso, Torres, contestó á los dos gefes españoles con argumentos victoriosos, que en mucha parte ponian en ridículo sus fundamentos. Concluia diciendo que la Nueva – Granada estaba resuelta á sostener su independencia á todo trance. Si esta hubiera podido afirmarse con escritos vigorosos y elocuentes, ninguno habria sido mas á propósito para gobernar la república que el presidente Torres; pero se necesitaban armas, buenos soldados, y los demas elementos que contituyen una verdadera fuerza. He aquí la única razon que decide de la independencia de las naciones, y de la que no cuidaban como debian los gobernantes de la Nueva – Granada.” (Restrepo, 1827, tomo V: 65-68)
17 de septiembre. Mucuchies, Venezuela. Urdaneta es derrotado por el español Calzada y se repliega hacia Cúcuta, donde se encuentra con los hombres comandados por García Róvira. El congreso intenta reforzar el ejército del norte conformándolo con los hombres al mando de Urdaneta y García Róvira.
“No tardó mucho tiempo en marchar Calzada sobre la division del general Urdaneta. Este que tenia muy pocas municiones abandonó Trujillo y principió á retirarse para Mérida siempre con objeto de conservar sus tropas. Perseguido sin embargo por el enemigo y exasperado por una multitud de emigrados que le tachaban de cobarde porque abandonaba el pais sin combatir, resolvió dar una accion. En Mucuchies, pueblo inmediato á Mérida, y á pesar de los esfuerzos y del valor con que peleáron los soldados republicanos, Urdaneta la perdió por falta de municiones, pues cada soldado no tenia mas que diez cartuchos, costándole cuatrocientos hombres. Con el resto de ochocientos fusileros continuó su retirada hasta los valles de Cúcuta, en donde estaba acantonado lo que se llamaba egército del norte de la Nueva – Granada, el cual se componia de un número casi igual bajo las órdenes de Garcia Rovira. El gobierno general trató de formar un egército respetable con aquellas tropas dando providencias para que se organizaran y sostuvieran lo mejor que fuera posible.” (Restrepo, 1827, tomo V: 87-88)
23 de septiembre. Tunja. El Congreso de Tunja reforma su régimen de gobierno, excluye a Cundinamarca de la lista de las Provincias Unidas y prohíbe la circulación de la moneda de la india (acuñada en Santafé) en las provincias confederadas.
“Viendo el congreso que los riesgos se aumentaban diariamente por todas partes, y que la crísis no podia ser mas peligrosa, juzgó de absoluta necesidad reformar el gobierno general aun cuando no entrara Cundinamarca, de cuya union voluntaria se habian perdido ya las esperanzas. Se verificó, pues, la reforma que hizo el congreso en los mismos términos que espresaban los tratados de 11 de agosto, haciéndoles pequeñas variaciones, y quedando centralizados los ramos de guerra y hacienda conforme á la terminante voluntad de las provincias.” (Restrepo, 1827, tomo V: 88-89).
Ibáñez, registra las reformas del Congreso de Tunja:
“…el Congreso de Tunja reformó por acta federal, sancionada el 23 de septiembre, el régimen de Gobierno de las Provincias unidas, prescindiendo de Cundinamarca.
Aunque este acto Jurídico revela adelantos en la ciencia constitucional, tuvo el defecto, de capital importancia, de establecer un triunvirato ejecutivo, rompiendo la unidad de pensamiento y de acción del poder, reforma difícil en tan críticas circunstancias.
Tampoco permitió el Congreso que en las Provincias confederadas tuviera circulación la moneda de plata de baja ley que en ese año se había acuñado en Bogotá por decreto de Nariño, conocida con el nombre de moneda de la India.” (Ibáñez, 1891: cap42a).
Sobre las reformas en el Congreso también dice Llano Isaza:
“El Congreso reformó el acta federal, prescindió de Cundinamarca y habló de la provincia del Chocó compuesta por Citará y Nóvita.” (Llano, 1995: tunja).
Sin mencionar fecha exacta, José Manuel Restrepo se refiere a varias reformas elaboradas pro el Congreso de las provincias unidas:
“El congreso habia tambien espedido en este año un decreto general para reformar un abuso que llamó su atencion, esto es, la introducción de las dictaduras; arbitrio de que se habian valido casi todas las provincias en los momentos de grandes peligros. Esto provenia de que al principio de la revolucion, alucinados los políticos visoños de la Nueva – Granada con la brillantez y prosperidad de los Estados Unidos del Norte América, habian adoptado inconsideramente sus constituciones demasiado liberales para pueblos educados bajo el mas duro despotismo. En una provincia regian con ligeras alteraciones las leyes fundamentales de Pensilvanea, en otra las de Virginia, aquí las de Massassuchet, y allá las de Maryland. Enseñó muy pronto la esperiencia que aqeuellas constituciones, aunque sabiamente calculadas para los pueblos de la América del Norte, eran insuficientes para defender ó para mantener en paz á los habitantes de la Nueva – Granada, dominados en gran parte por la supersticion, el fanatismo, el hábito de la esclavitud y cien pasiones diversas. Se adoptó pues el arbitrio de que las legislaturas suspendieran los artículos de las constituciones que se juzgaban perjudiciales, bien para dar energía al poder ejecutivo, bien para que se procediera contra los enemigos internos sin las fórmulas y requisitos con que se habian querido asegurar la libertad civil. Rota por la primera vez la inviolabilidad que deben tener las leyes fundamentales de los estados, se multiplicó la suspencion de artículos, y muy pronto las constituciones particulares de todas las provincias vinieron á ser meros esqueletos. Sus disposiciones cesaban absolutamente en los grandes peligros, en que elegian dictadores, aboliendo por un término fijo las legislaturas, consejos y otros varios empleados que multiplicando las ruedas de la máquina política, solo servian para impedir su movimiento. De esta manera daban energía al poder ejecutivo, y en diferentes ocasiones consiguieron las provincias repeler á sus enemigos á la sombra de semejante medida. Pero suspendido una vez el imperio de la constitucion, jamas recuperaba su vigor primero. Asi era que en la época que describo no habia provincia alguna que tuviera en pleno ejerció sus leyes fundamentales: todas ellas se gobernaban por reglamentos provisionales que habian formado las legislaturas ó los gobiernos de facultades dictatoriales. He aquí una prueba convincente de que nuestros pueblos no se hallaban en estado de adoptar el sistema federativo. Se habia visto claramente por la esperiencia, que en política es la mas sabia maestra, que ni la Nueva – Granada, ni el resto de la América española podian defenderse ni permanecer en paz bajo las leyes escogitadas por Pen, por Washington, por Franklin, y por otros sabios de la América del Norte.
Creyendo el congreso de la Nueva – Granada, que el nombramiento de dictadores podia ser funesto abriendo la puerta á la tiranía y arbitrariedad, prohibió por un decreto el que se eligieran en lo venidero. Al mismo tiempo declaraba que en los peligros, los gobernadores de las provincias debian tomar, como delegados del congreso, cuantas medidas juzgaran conducente á la salvacion de la patria. Desde entónces no se volvió á oir en las provincias unidas el nombramiento de dictadores; se les quitó este nombre aun cuando los gobiernos tenian facultades estraordinarias.” (Restrepo, 1827, tomo V: 27-31).
24 de septiembre. Santa Marta. Santa Marta se quejó al gobierno peninsular por el aumento que le decretó Cartagena del 23% en los derechos de entrada a su puerto. (Llano, 1995: santamarta).
25 de septiembre. Cartagena. Después de su derrota en Venezuela, Bolívar llega a Cartagena de donde parte hacia Tunja para presentarse al Congreso en busca de nuevos auxilios para continuar con su campaña de liberar de España a su país natal.
“…los dos gefes supremos del oriente y occidente de Venezuela, Mariño y Bolivar, tuvieron que abandonar segunda vez su patria, y viniéron á Cartagena con el designio de recoger en la Nueva – Granada auxilios con que libertar á Venezuela del yugo español. Los mismos pueblos obcecados habian contribuido á forjarse las cadenas: el llanero terrible con su lanza y el caballo, y los esclavos endurecidos por las fatigas, y alhagados con la libertad que les concedió Boves, fueron los dos elementos con que este feroz español compuso un egército de mas de seis mil hombres. Repetidas veces fue batido, y otras tantas le reorganizó con una actividad y energía á las que al fin la República no pudo resistir.
El general Bolivar se detuvo muy pocos dias en Cartagena: allí estaba con grande influjo el coronel Manuel Castillo, enemigo capital del Libertador. Desde entónces comenzó á difundir especies las mas negras contra su honor, atribuyendo la pérdida de Venezuela, no á las desgracias de la guerra, sinó á la mala conducta del general Bolivar. Este emprendió inmediatamente su viage por el rio Magdalena para ir á presentarse al congreso siguiendo la via de Ocaña y Pamplona.” (Restrepo, 1827, tomo V: 92-94).
Antioquia. Aparición del primer número de la Gazeta Ministerial de Antioquia, que circularía todos los domingos. (Llano, 1995: antioquia).
30 de septiembre. Santafé. Comienza el uso de la nueva moneda de Cundinamarca.
“…se echó bando de que corriese la plata provincial nueva, con el busto de la india, y por el reverso la granada.” (Caballero, 1974: diario7).
Finales de septiembre. Cartagena. José Manuel Restrepo explica detalladamente la situación en que se encontraba la provincia de Cartagena al momento en que fue recibida la decisión del Congreso del 23 de septiembre de centralizar los ramos de guerra y hacienda y posteriormente el anuncio del nombramiento de Rodríguez Torices como miembro del triunvirato ejecutivo; igualmente, explica cuales fueron las consecuencias ante dichos anuncios.
“He dicho en otro lugar que desde le principio de la revolucion de Cartagena estaba dividida por dos partidos poderosos y enemigos, el de Garcia Toledo y el de los Piñerez á cuyo frente se hallaban Gabriel, el menor de los tres hermanos, quien dominaba al populacho de la plaza. Celedonio Piñerez egecutaba lo mismo en Mompox, y German dirigia á ámbos por sus talentos y sus luces. Durante la administracion del presidente Torices, Gabriel fue prefecto del Senado y vice presidente de la provincia. Contenta asó su ambicion y enfrenada por algunos actos vigorosos de Torices que no era su amigo, los dos partidos no vinieron á un rompimiento y los negocios públicos marcharon con alguna regularidad. Desde mayo…Torices habia egercido con en toda su plenitud el poder dictatorio; mas habiendo espirado el término de la concesion que fué por cuatro meses, y reunida la convencion de poderes, decretó que el presidente del estado continuara egerciendo los poderes legislativo y egecutivo asociado de un colega que lo seria el senador doctor José Maria García de Toledo, con dignidad, mando y tratamiento iguales, debiéndose suscribir por uno y otro las comunicaciones de oficio dirigidas al interior de la provincia, mas no las que fueran para el esterior. Con esta resolucion extraordinaria originada probablemente de la divergencia de los partidos, hubo en la realidad dos gobernadores en la provincia de Cartagena.
Tal era el estado de los negocios de Cartagena cuando se recibió la reforma del gobierno general de 23 de setiembre, en que se concentraban los ramos de guerra y hacienda. Como Torices fué llamado á la primera magistratura, la ambicion del mando comenzó á agitar á los demagogos y á sus partidarios. Torices y Toledo despues de haber recibido aquel plan la sancion de la legislatura provincial, le mandaron cumplir; el nuevo poder egecutivo general fué pues reconocido por todas las tropas y oficiales, declarándose que el egército dependia inmediatamente del gobierno de la union. Pocos dias despues enfermó Torices, y entónces habiendo Piñerez ocupado su lugar envió órdenes al coronel Castillo para que no se reconociera al gobierno general bajo el plan de la reforma, protestando haber sido rechazado por el Senado Conservador. Con estas órdenes contradictorias las tropas que habian recibido con entusiasmo la dependencia del gobierno de la union comenzaron á dividirse y formaron una acta de protesta contra ellas. El gobierno de Cartagena en todo el curso de su carrera política en esta época de la revolucion obró siempre del mismo modo; obedecia á la autoridad nacional cuando se le antojaba, ó convenia á sus miras de propio interes y engrandecimiento, y cuando no la desconocia.” (Restrepo, 1827, tomo V: 156-160).
Octubre de 1814
Octubre de 1814
Octubre. Sin señalar fecha, Llano Isaza, dijo que Serviez dejó a Antioquia y viajó a Tunja en calidad de jefe del estado mayor general del ejército de las Provincias Unidas. (Llano, 1995: antioquia).
2 de octubre. Santafé. Edición del periódico Los Anteojo de la Vieja para agraviar al autor del Anteojo de Larga Vista. (Llano, 1995: santafe2).
Antioquia. Publicación de la ley de manumisión de esclavos por la Gazeta Ministerial. (Llano, 1995: antioquia).
Villa del Rosario. Reunión de Santander, García Rovira y Urdaneta, que regresaba de Venezuela con los restos derrotados del ejército de Bolívar. (Llano, 1995: pamplona).
4 de octubre. Tunja. Último día como presidente de Camilo Torres. (Llano, 1995: tunja).
5 de octubre. Tunja. De acuerdo a las nuevas reformas ordenadas por el Congreso de Tunja el mes anterior, se nombran los primeros miembros del triunvirato ejecutivo.
“Fueron elegidos para egercer el poder egecutivo federal el gobernador de la provincia de Cartagena, Manuel Rodriguez Torices, el del Socorro, Custodio Garcia Rovira, que habia estado mandando la division de Cúcuta, y el abogado José Manuel Restrepo, secretario que era entónces del gobierno de Antioquía. Todos tres se hallaban ausentes, y el mismo congreso llenó interinamente su lugar con tres de sus miembros, que fueron los diputados José Maria Castillo, Joaquin Camacho y José Fernandez Madrid. Asi se instaló el 5 de octubre, el nuevo poder egecutivo federal, y fué reconocido por egército y por los gobiernos de las provincias con mucho júbilo y entusiasmo.
Esta reforma que puede llamarse tardía, tuvo el gran defecto de haber constituido un poder ejecutivo de tres individuos…despues de haber leido todo lo que los papeles públicos habian dicho sobre la materia, y en fin despues que la experiencia de cuatro años de revolucion, habia difundido algunas luces acerca de la naturaleza de los gobiernos. Sin duda la rivalidad de las provincias: el querer darlas gusto poniendo en el gobierno á los hijos de las principales: y sobre todo la dificultad de hallar un hombre capaz de ejercer por sí solo la autoridad suprema de la nacion, obligó al congreso á formar el triunvirato. Lo cierto es que el gran paso que se habia dado hácia la perfeccion centralizando los ramos de guerra y hacienda, se inutilizó por la mala constitucion del poder ejecutivo.” (Restrepo, 1827, tomo V: 89-91)
Ibáñez, citando a Restrepo escribe sobre la instalación del nuevo poder ejcutivo del Congreso:
“Obedeciendo al plan de reforma, se nombraron el día 5 de octubre los primeros Triunviros elegidos. Don Manuel Rodríguez Torices, Gobernador de la Provincia de Cartagena, el Gobernador del Socorro, Custodio García Rovira, y el abogado Secretario del Gobierno de Antioquia, doctor José Manuel Restrepo. El Congreso de Tunja llenó interinamente tan altos puestos con los nombres de tres Diputados: José Fernández Madrid, Joaquín Camacho y José María del Castillo.
Uno de los titulares, Restrepo, escribió más tarde:
Es inconcebible cómo formó el Congreso un Gobierno tan defectuoso cuando trataba de concentrar la autoridad nacional, y cómo la confió a un triunvirato que necesariamente debía carecer de unidad, de existencia propia, de vida continua y por consiguiente de energía; y esto después de haber visto que un Gobierno semejante contribuyó sobremanera a la pérdida de Venezuela en 181212.” (Ibáñez, 1891: cap42a).
Sobre lo que sucede en Tunja explica Llano Isaza:
“José María del Castillo y Rada nombrado presidente del triunvirato, sus otros compañeros fueron José Fernández Madrid y Joaquín Camacho.” (Llano, 1995: tunja).
A esto añade Indalecio Liévano, la buena noticia para Tunja de la próxima llegada de Urdaneta y Bolívar.
“En la sesión del 5 de octubre de 1814 fueron designados para dichos cargos interinos los señores José Fernández Madrid, cartagenero y el periodista más destacado del partido de García Toledo, don José María Castillo y Rada, también cartagenero, y don Joaquín Camacho, representante de la provincia de Tunja en el Congreso y miembro de la antigua Junta de notables de Santa Fe.
Los Triunviros interinos debieron ocuparse, no bien se posesionaron de sus cargos, del problema planteado por la renuencia de Cundinamarca a incoroporarse a la Federación y su deseo de darle una pronta solución a dicho problema se estrelló con las comprobadas deficiencias que caracterizaban a las fuerzas armadas del Congreso y la falta de un jefe militar, cuya idoneidad fuera garantía suficiente de que no se repetiría el desastre de San Victorino. Así se explica el regocijo con que se supo en el Congreso la noticia de que una columna venezolana, compuesta de mil ochocientos hombres y comandada por el General Rafael Urdaneta, se había internado en la Nueva Granada para salvarse de la persecución de las fuerzas realistas triunfantes en Venezuela y que Simón Bolívar se dirigía, por el Magdalena, a Tunja.” (Liévano, 1987: 870).
6 de octubre. Tunja. El sacerdote dominico Fray Ignacio Mariño fue ascendido a coronel de los ejércitos patriotas. (Llano, 1995: tunja).
9 de octubre. Cali. Con el objeto de resguardarse de los realistas, el gobierno de la provincia de Popayán se instaló en la ciudad de Cali. (Llano, 1995: popayan).
10 de octubre. Casanare. Desde Pore, José Antonio Páez inició su regreso a Venezuela. (Llano, 1995: Casanare).
11 de octubre. Nóvita. El presidente de la provincia se opone a la propuesta de Antioquia de dar libertad a los esclavos por las consecuencias fatales que traería. (Llano, 1995: chocó).
Santafé. Llega la noticia de la pérdida de Venezuela.
“A 11 vino la funesta noticia de la pérdida, enteramente, de la provincia de Venezuela.” (Caballero, 1974: diario7).
16 de octubre. Antioquia. La Gazeta Ministerial publicó "Establecimiento y progresos de la Maestranza", que se trataba de la fábrica de piezas de artillería, fusiles y montajes militares, fundada por Juan del Corral y dirigía Caldas en Ríonegro. (Llano, 1995: antioquia).
Mediados de octubre. Santafé. Se nombra dictador Absoluto de Cundinamarca a Manuel Bernardo Álvarez lo que intensifica, aún más, la división con las Provincias Unidas.
“Promediando el mes, declaró la Serenísima Representación Nacional que el Excelentísimo señor don Manuel Alvarez era Dictador absoluto, con facultades extraordinarias, y que por consecuencia el Senado carecía de autoridad para fiscalizar o modificar sus procedimientos.
Entonces se expidió el Reglamento legislativo para el Gobierno de las Provincias Unidas de la Nueva Granada. La coexistencia de dos regímenes, ambos «soberanos e independientes.» que residían en Tunja y en Bogotá, borra la claridad de las narraciones históricas en esos tiempos de verdadera anarquía. La ofuscación de los directores políticos de estas entidades facilitó para tiempo más tarde -como ya lo insinuamos-la dura reconquista española, que llevó a todos esos patricios a la ruina, al destierro, a los presidios y a los patíbulos.” (Ibáñez, 1891: cap42a).
21 de octubre. Santafé. Se reúne la representación nacional para discutir un oficio enviado desde Quito por el presidente Montes, donde invita a la ciudad y a la Nueva Granada a rendirse y jurar bajo las órdenes de Fernando VII. Aunque Caballero refiere lo sucedido con fecha 21 de octubre e Ibáñez también ubica la reunión en este mes, es posible que se trate del documento contestado por Camilo Torres con fecha 13 de septiembre de 1814 al que se hizo referencia anteriormente.
“A 21 se montó guardia en palacio, con la bandera de Nacionales, para la junta de la representación nacional, para tratar sobre el oficio que mandó Montes, presidente de Quito, para la rendición de la ciudad y reino. ¿Qué tal?” (Caballero, 1974: diario7).
Finalmente, el oficio de Montes también es mencionado por Ibáñez:
“En esos momentos intimaba el español Toribio Montes, Presidente de Quito, la sumisión de todo el país a su amo el Rey. Hubo Juntas de militares y reunión de la Representación Nacional, para acordar la contestación que se debía dar al peninsular. Todos sostuvieron la independencia. Caballero escribe al relatar estos hechos: «¡Morir o vencer! ¡Y afuera intrigas regentistas de tanto malvado como subsiste entre nosotros!»” (Ibáñez, 1891: cap42a).
Popayán. Los restos del ejército de la expedición del sur, después de permanecer varios meses en la ciudad, se desplazan hacia el valle del Cauca.
“…las reliquias del egército que habian escapado de Pasto permanecian en Popayan, faltas de medios para subsistir y de casi todo lo necesario para obrar. En tal situacion el gobernador de la provincia dirigió una comision al presidente de Cundinamarca y al congreso de la Nueva – Granada, con el objeto de imponerles el estado que tenian los negocios militares y políticos del Sur. Pedia ochocientos hombres de línea con las municiones correspondientes, ofreciendo emprender al momento otra nueva campaña y tomar á Pasto. Los comisionados fueron el teniente coronel Ignacio Torres, el Padre Florido y el doctor Alejandro Osorio, secretario que habia sido del general Nariño. Solamente consiguiéron el auxilio de treinta mil pesos, y algunas municiones que remitió el gobierno de Cundinamarca. Aquella division permaneció en Popayan en donde se relajó la disciplina por falta de medios y de un buen gefe. De aquí se siguió el ocio, la insubordinación y la deserción mas escandalosa. Es cierto que estaba compuesta de elementos heterogéneos, ó de tropas de Cundinamarca y del congreso, las que era imposible obedecieran á un solo gefe nombrado, bien por el congreso, bien por el gobierno de Cundinamarca. Dentro de poco tiempo solo existian restos miserables que nada pudieron emprender, y que se vieron obligados á retirarse al valle del Cáuca á donde fueron reorganizados en una época posterior.” (Restrepo, 1827, tomo IV: 223-225)
22 de octubre. Santafé. Con el mismo fin de la reunión del 21, sucede una del cuerpo militar de la ciudad. Todos acuerdan no rendirse ante el oficio enviado por Quito.
“A 22 hubo junta de todos los oficiales para el mismo fin, y determinaron que de ninguna manera se debían rendir las armas ni la provincia, porque supuesto que habíamos jurado independencia, la debíamos sostener hasta lo último; y lo mismo dijo la representación nacional. ¡Famosa resolución! Me ha agradado; en esto se conocen los verdaderos patriotas.” (Caballero, 1974: diario7).
23 de octubre. El Congreso decide tomarse a Santafé para obligar a Cundinamarca a participar de la defensa de la Nueva Granada, esto en vista que la ciudad aún contaba con buena reserva de armamento y municiones para la guerra. Para emprender la acción, secretamente se hace venir de Cúcuta al general Urdaneta con ochocientos hombres.
“Viendo el poder egecutivo de la union que los peligros se aumentaban por instantes y que en la nueva Granada habia pocas armas y elementos de guerra, fuera de un considerable repuesto depositado inútilmente en Santafé, cuyo gobierno no las empleaba en la defensa comun y daba pasos que le hacian muy sospechoso, como el abrigar á todos los enemigos de la independencia, resolvió ocurrir á uno de aquellos remedios estremos que exigen los grandes males. Tal era el obligar por la fuerza á Cundinamarca á que entrara en la federacion, ya que por un capricho del dictador Alvarez nada habian aprovechado las negociaciones ni los manifiestos mas convincentes publicados por el gobierno general para atraerle á la union.
Como el buen éxito de la empresa dependia del secreto que se guardar en los preparativos, se comunicaron órdenes muy reservadas al general Urdaneta que habia tomado el mando de las tropas de Cúcuta para que escogiendo ochocientos fusileros á marchas forzadas se trasladara á Tunja. Con el fin de ocultar el destino de aquella division debia decirse que se dirigia á defender la provincia de Cazanare que estaba próxima á ser invadida. Entre tanto el coronel Santander segundo gefe de Urdaneta quedaria guarneciendo á Cúcuta con el resto de las tropas. Tenia órden de no comprometer accion alguna y de abandonar los valles de Cúcuta si el enemigo que estaba en Mérida y la Grita con cerca de dos mil hombres adelantaba sus marchas, oponiéndole cuantos obstáculos fuera posible en el tránsito. Para este caso debian fortificarse inmediatamente las gargantas de Chopo, la Laja, la Redonda, y el alto de la Cabulla, á fin de ganar tiempo y detener á los españoles mientras se conseguia la pacificación de Santafé.” (Restrepo, 1827, tomo V: 95-97)
Santafé. Crecida del río San Agustín ocasionada por fuertes lluvias causa varios destrozos en la ciudad.
“A 23 echó el río San Agustín una terrible creciente a causa de haber llovido por las cabeceras, con tanta furia, que bajaban piedras de más de cien arrobas, de las que dejó muchísimas en toda la plazuela de San Agustín. Volteó y se llevó el puente de Lesmes y una gran parte de la muralla, con media casa donde vivía el doctor don Juan Ronderos; llegó la creciente a la portería de San Agustín y a la puerta del cuartel del |Auxiliar; parte de ella cruzó por la calle de espaldas del convento; se entró en todas las casas y tiendas, y fue menester sacar las gentes a caballo, y trastos; se ahogaron una mujer, un hombre y un niño, que habían dejado encerrado en una tienda. De ahí, para Las Cruces, se repartió por todas las calles y fue menos el daño, pero no dejó por todas ellas animal que no se |lo jalase, como gallinas, perros, marranos. A la iglesia de Las Cruces se entró, con ser que tiene la entrada al contrario, y llegó hasta el altar mayor, y subió el agua hasta la mitad de los confesionarios. Gracias a que fue de día, que si ha sido de noche hubiera habido muchas desgracias.13” (Caballero, 1974: diario7).
La crecida del río San Agustín y los destrozos que causó también son enunciados por Pedro María Ibáñez, quien como parte de su descripción cita a Caballero:
“Anotamos en el volumen I de esta obra, página 142, que el Oidor Lesmes de Espinosa Sarabia había levantado el segundo puente sobre el riachuelo de San Agustín, en la carrera 6a, obra que existió hasta 1814 y que aún conserva el nombre del golilla español; y hablamos, en la página 185 del mismo volumen, de la iglesita que llevó el nombre popular de capilla de Las Cruces, edificada en el ángulo noroeste del cruzamiento formado hoy por la carrera 11 y la calle 6a Recordamos estos hechos para relatar lo que sucedió el 23 de octubre de 1814, con una grande avenida del río San Agustín, torrente tan abundante y tan fuerte que cubrió de grandes piedras las callea y la plaza que antes llevaron el nombre de dicho riachuelo.
Volteó y se llevo el puente de Lesmes y una gran parte de la muralla, con media casa donde vivía el doctor don Juan Ronderos; llegó la creciente a la portería de San Agustín y a la puerta del cuartel del Auxiliar: parte de ella cruzó por la calle de espaldas del convento; se entró en todas las casas y tiendas, y fue menester sacar las gentes a caballo, y hasta se ahogaron una mujer, un hombre y un niño que habían dejado encerrado en una tienda.... A la iglesia de Las Cruces se entró, con ser que tiene la entrada al contrario, y llegó hasta el altar mayor, y subió el agua hasta la mitad de los confesonarios.14” (Ibáñez, 1891: cap42a).
25 de octubre. Santafé. Mientras se organiza una colecta para ayudar a las tropas de Cúcuta y a los emigrados de Caracas se conoce la noticia de la toma de Montevideo por parte de buenos Aires y de la revolución de chile.
“A 25 se fijaron carteles para que se abriese un donativo para las tropas de Cúcuta y emigrados de Caracas, que pasaban de 5.000 personas, entre hombres, mujeres y niños. En dicho vino noticia de la toma de Montevideo, por Buenos Aires, y de la revolución de Chile.” (Caballero, 1974: diario7).
Sobre la colecta para las tropas de Cúcuta escribe Ibáñez, quien además informa sobre la forma de gobierno de Álvarez durante su dictadura:
“El Gobierno de Alvarez abrió un donativo para auxiliar las tropas de la frontera de Cúcuta, que a la sazón mandaba Francisco de P. Santander, y para auxiliar los emigrados de Venezuela-hombres, mujeres y niños,-que pasaban de 5,000, según noticia del soldado cronista Caballero.
El Gobierno del Dictador oprimía y vejaba a los federalistas, especialmente a los que residían en la capital. Por todas partes veía conspiraciones a favor del Congreso de Tunja, y tomaba providencias rigurosas contra patriotas eminentes, víctimas de aquel sistema opresivo. Intransigente Alvarez sobre cuestiones de soberanía de Cundinamarca, y apoyado por el enérgico Ignacio Herrera, quien compartía sus opiniones, llevó a la cárcel a patriotas tan distinguidos y leales como José Gregorio Gutiérrez Moreno, Jefe del Tribunal de Apelaciones; José María Carbonell, Ministro del Tesoro; Ignacio Vargas, conocido por el apodo de El Mocho, y Pedro de la Lastra, los cuatro ilustres republicanos que pagaron con su vida el año de 1816 su amor a la libertad.
El Cura poeta José Antonio de Torres y Peña criticaba estas medidas con su pluma de realista, en los siguientes versos:
Lastra, los Vargas. Carbonell y Rizo.
Con otros, sabes que los tienen presos,
Y no puedo ni darles un aviso
Del estado que tengan los sucesos.
A la sazón, José María del Castillo, Presidente de las Provincias Unidas, y Camacho y Fernández Madrid, Triunviros, solicitaban recursos de Cundinamarca para auxiliar los Ejércitos de operaciones contra las fuerzas realistas que aparecían amenazantes por todas partes, solicitud justa que no fue atendida por el caprichoso Dictador Alvarez.” (Ibáñez, 1891: cap42b).
12. Nota al pie en el texto original: “J. M. RESTREPO, lib. cit., I, 284.” (Ibáñez, 1891: cap42a).
13. Nota al pie en el texto original: “La antigua capilla de Las Cruces, situada en la carrera 11, en la ribera norte del riachuelo de San Agustín, la cual se arruinó por el violento terremoto de noviembre de 1827. «En 1655 se levantó una nueva ermita en la ciudad para darle culto en ella a una efigie del Señor de la Columna, la que fue conocida con el nombre de capilla de Las Cruces. Construyóse a la orilla norte del riachuelo San Agustín (en el ángulo noroeste formado por la carrera 11 y la calle 6), y allí existió hasta 1827, año en que, arruinada por los terremotos memorables de ese tiempo, se trasladó al extremo sur de la ciudad. Aún se conoce con el nombre de Las Cruces viejas el sitio que ocupó la ermita y sus inmediaciones». (P. M. Ibáñez, Crónicas cit.). En 1832 se terminó y bendijo la iglesia de Las Cruces, que es parroquia del barrio del mismo nombre.” (Caballero, 1974: diario7).
14. Nota al pie en el texto original: “J. M. CABALLERO, lib. cit.. 201.” (Ibáñez, 1891: cap42a).
Noviembre de 1814
Noviembre de 1814
Sin indicar la fecha exacta pero aseverando que sucede en el mes de noviembre, Pedro María Ibáñez informa la decisión tomada por el Congreso de la Unión:
“El Gobierno de la Unión, en servicio de la defensa común, «resolvió ocurrir a uno de aquellos remedios extremos que exigen los grandes males.» Resolvió obligar por la fuerza a Cundinamarca a entrar en la federación y para ello dio a Rafael Urdaneta órdenes reservadas para dirigir tres batallones venezolanos, un escuadrón de dragones y algunas compañías de tropas granadinas. Urdaneta, en marcha, hizo aprisionar en Sogamoso a cinco españoles, entre ellos a don José Jover. El Oficial encargado de la escolta-soldado de la guerra a muerte-les quitó la vida en el camino, y dijo como disculpa que habían pretendido escaparse, disculpa que no evitó grave escándalo.” (Ibáñez, 1891: cap42b).
1 de noviembre. Santafé. Entra a Santafé, regresando de la provincia de Popayán, José de Leiva, segundo al mando de las tropas de Nariño.
“En dicho entró el segundo general del sur, don José de Leiva, el segundo del señor Nariño. ¡Cosa particular! El recibimiento se le hizo con dobles de campanas en todas las iglesias, por haber entrado por la tarde. Estas casualidades suelen ser de mal agüero; ello no hay que creer en semejantes casualidades, pero para Dios no hay casualidad, pues puede ser un aviso. Algo feo va el fandango.” (Caballero, 1974: diario7).
Pedro María Ibáñez también registra la entrada de Leiva a Santafé.
“En noviembre volvió a la ciudad don José Ramón de Leiva, segundo de Nariño en la expedición del Sur, cuyos laureles habían perdido su brillo en la acción de Pasto. «¡Cosa particular! El recibimiento se le hizo con dobles de campanas en todas las iglesias» Leiva había llegado el día de difuntos.” (Ibáñez, 1891: cap42b).
3 de noviembre. Santafé. Sucede un motín que impide la instalación del Colegio Electoral en la que se debía decidir, entre otros temas, sobre la confederación con el Congreso de Tunja.
“Ademas de la necesidad imperiosa que tenia la república de que se uniera Cundinamarca para poderse defender de los enemigos comunes, hay otros fundamentos que justifican la resolucion dolorosa del gobierno general. Desde la pérdida infausta del egército del sur en Pasto, el presidente Alvarez habia sido nombrado dictador de Cundinamarca, y desde entónces ejercía un poder arbitrario y tiránico. Los enemigos de la independencia, á quienes daba una proteccion decidida, oprimian bajo su mando á los patriotas: facciosos bien obscuros triunfaban de los hombres honrados y de los verdaderos republicanos: muchos de estos eran arrastrados á las cárceles por delaciones y supuestos delitos como los ciudadanos José Gregorio Gutierrez y José Maria Carbonell. El trato social era prohibido, y patrullas de gente armada rodaban de dia y noche por las calles, dispersando por la fuerza cualquiera reunion que pasara de tres ó cuatro individuos, cuando no era de los adictos á su sistema. Se castigaba como un delito el mas grave de toda proposicion que se dirigiera á persuadir la necesidad ó conveniencia de que Cundinamarca se uniese á las demas provincias y por donde quiera se hallaban delatores que vendieran al incauto que las habia proferido.
El dictador no se contentó con el egercicio de un poder ilimitado: quisó tambien ejercer las funciones peculiares del pueblo nombrando un Senado, cámara de representantes y tribunal de justicia, todo á su arbitrio para cubrir con estos nombres respetables algunos actos que de otro modo no podia justificar. Sin embargo se acercaba la reunion del colegio electoral convocado para el tres de noviembre. El dictador y la faccion enemiga del congreso tenian los actos de esta asamblea de verdaderos representantes del pueblo; asi que intrigáron sordamente por todas partes, para que el senado diera por nulas las elecciones y no calificara los poderes. No lo pudieron conseguir y en el momento de la instalacion el dictador Alvarez dijo, que no podia inaugurar el colegio por no hallarse reunidos todos los representantes de la provincia; esto á pesar de que habia mas de las dos terceras partes. En aquel mismo instante los facciosos que se caracterizaban con el nombre de chisperos, comenzaron á llenar de improperios á los diputados desde la galería ó antesala en donde se habian juntado con aquel designio. Se les echaba en cara que eran adictos al congreso é infieles á Cundinamarca: que en las elecciones habian influido manejos ocultos, y que bastaba que los nombrados por los lugares foraneos no fuesen del gusto del pueblo de Santafé para que no se admitieran en la asamblea, pues aquellos nada tenian que perder: otros en fin añadieron, que si el colegio se formaba seria disuelto por las bayonetas y el cañon. Lo cierto es que los representantes del pueblo se vieron en la dura necesidad de retirarse á sus casas llenos de injurias y de oprobios, sin que el dictador como era de su deber hubiese contenido á los facciosos.
Una disolucion tan violenta como escandalosa produjo el descontento general en toda la provincia: los pueblos ofendidos vivamente por las injurias que se habian echo á sus representantes, suspiraban por el momento de la venganza. Solamente los enemigos de la independencia y los facciosos opuestos á la union, y á un gobierno justo y racional se regocijaban de aquel atentado.” (Restrepo, 1827, tomo V: 102-106).
Sobre lo ocurrido el 3 de noviembre en Santafé también escribe Pedro María Ibáñez:
“El Colegio Electoral estaba convocado para el 3 de noviembre, para decidir si Cundinamarca debía confederarse o no con el Gobierno de Tunja. Pero Alvarez y su partido, temiendo que la Asamblea diera una solución favorable a las aspiraciones del Congreso, impidieron la reunión de aquella Asamblea, apoyados por los chisperos, entusiastas federalistas, y por crecido grupo de españoles, todos enemigos del Congreso. Hubo motín, y éste arrojó del salón a los miembros del Colegio.
Ya se traslucían en Bogotá los preparativos hostiles que fomentaba el Gobierno de la Unión.” (Ibáñez, 1891: cap42b).
Pamplona. Bolívar llega a la ciudad después de su derrota en Venezuela, se dirige hacia Tunja a rendir cuentas de su acción al Congreso.
“En esos momentos llegaba Simón Bolívar a la ciudad de Pamplona, donde encontró a Rafael Urdaneta. Este mandaba los restos del Ejército que había libertado a Caracas, el cual había hecho luego desgraciadísima campaña15. Bolívar siguió solo para Tunja, a dar al Congreso granadino cuenta de su conducta,…” (Ibáñez, 1891: cap42b).
8 de noviembre. Cúcuta. Por órdenes del Congreso, Rafael Urdaneta emprende su viaje hacia Tunja con ochocientos hombres a su mando. Tal como indica Ibáñez, José Manuel Restrepo también describe el encuentro que tuvo en Pamplona con Bolívar, sin embargo, Restrepo asegura que los dos generales continuaron el viaje juntos hasta Tunja.
“En efecto Urdaneta se puso en marcha con la mayor celeridad conduciendo los batallones venezolanos de la Guayra, Barlovento y Valencia con un escuadron de dragones y algunas compañías de granadinos. En Pamplona se vió con el general Bolivar que acababa de llegar de Cartagena, y ámbos siguieron para Tunja. Las tropas acostumbradas á los climas ardientes de Venezuela, y que venian casi desnudas, sufrieron mucho al atravesar las cimas heladas de la cordillera, por donde debian caminar hasta Santafé. Su general clamó al gobierno por la provision de vestidos, mantas de lana y demas artículos que proporcionaran algun alivio al soldado que se desertaba por huir de la interperie, pero fué en vano. Las tropas marcharon desnudas hasta su destino. Tambien se morian de hambre y desnudez las que habian quedado guarneciendo á Cúcuta, y las que estaban en Popayan que se desertaban por compañías. El gobierno general no dió las providencias enérgicas que exigia un mal tan grave para sacar los recursos necesarios de donde los hubiera. Desnde entonces los genios previsivos conocieron que nada habíamos adelantado con el triumvirato de abogados y que descuidándose tanto la guerra y el soldado para cuyo alivio debíamos hacer los mayores sacrificios, la Nueva – Granada caminaba rápidamente á su perdicion.” (Restrepo, 1827, tomo V: 97-99)
9 de noviembre. Ibagué. Ibagué jura la independencia de Cundinamarca. (Llano, 1995: mariquita).
Cali. Traslado a Cali la Casa de la Moneda de Popayán. (Llano, 1995: popayan).
14 de noviembre. Tunja. Simón Bolívar se presenta ante el Congreso de la Unión.
“Fue entonces cuando oyó de los labios de Camilo Torres estas palabras memorables:
General: vuestra Patria no ha muerto mientras exista vuestra espada: con ella volveréis a rescatarla del dominio de los opresores. El Congreso granadino os dará su protección, porque está satisfecho de vuestro proceder. Habéis sido un militar desgraciado, pero sois un grande hombre16.” (Ibáñez, 1891: cap42b).
Santafé. En el No. 6 del Boletín de Providencias del Gobierno se anuncia que la instalación del Colegio Electoral que debió ser suspendida el 3 de noviembre pasado, se realizará nuevamente el próximo jueves 17 de noviembre.
“En gazeta extraordinaria del Jueves 3 del corriente se dió noticia al Público de las causas que impedían el que el Srmo Colegio Electoral de esta Provincia se instaláse en aquel dia, que es el que al efecto señala la Constitucion, indicandose al mismo tiempo, que luego que el Exmo. Senado avisase estár calificados los individuos que deben componer aquella augusta Asamblea, y allanados los demas inconvenientes que de allí se hizo merito, se asignaría dia para su reunion; y como ya aquella corporacion haya oficiado con el Supremo Gobierno expresando estár por su parte evacuadas todas las diligencias que deben preceder á dicha instalacion se ha acordado por S. E. en decreto de esta fecha se verifique el Jueves 17 del presente Noviembre, y que para inteligencia del Pueblo se le comunique por medio de la prensa.” (Rodríguez, 1814).
18 de noviembre. Santafé. Termina la dictadura de Manuel de Bernardo Álvarez, quien había sido encargado por Nariño en el poder durante su ausencia. El mismo día sucedió un temblor que causó gran alboroto entre los habitantes de la ciudad.
“A 18 concluyó la dictadura del señor presidente don Bernardo Alvarez; hubo voladores y lo llevaron con música hasta su casa, y a la noche se le dio música. En esta misma noche tembló, como a las diez y media, pero como a las once y cuarto fue más grande, por cuya causa se asustó y alborotó toda la gente, en términos que no quedó uno acostado; todos salieron a las calles y amanecieron en las puertas de las casas y tiendas y en las plazas, rezando a gritos por todas partes. La comunidad de San Francisco dio vueltas por la plazuela, cantando las letanías, de suerte que en medio del susto daba gusto ver a todas las gentes por todas partes, porque unos rezaban el rosario, otros el trisagio, otros las letanías de la Virgen, otros las de los santos, unos cantaban el Santo Dios, otros la Divina Pastora, unos gritaban el Ave María, otros el Dulce Nombre de Jesús unos lloraban, otros cantaban, otros gritaban, otros pedían misericordia y confesión, a gritos. En particular, las del mayor alboroto eran las mujeres. Yo me reía a ratos de ver tanto movimiento, sin sino, como locos pues ninguno sabía lo que hacía; y aun en aquellas personas doctas y de mayor civilización. ¡Válgame Dios, lo que es un susto repentino, y más si viene por la mano del Altísimo! Yo anduve en esta ocasión advertido, porque desde que sentí el primer movimiento, me persuadí que había de repetir, y así me estuve en mi cama, aguardando con mucho cuidado y silencio, y al cabo de los tres cuartos de hora sentí el segundo movimiento, pero como yo estaba sobre la advertencia, salté prontamente de la cama, y con la ligereza que pude, salí al patio, y desde allí llamé la familia. Salí después con mi mujer y nos fuimos a mi tienda, que tenía en la plaza, y entonces fue que observé lo que arriba llevo dicho. La plaza estaba llena de gente, con camas y multitud de faroles, de señoras y sujetos principales, como la representación nacional y demás, clérigos, y en fin, toda clase de gentes.” (Caballero, 1974: diario7).
Sobre el final de la dictadura de Álvarez, Ibáñez es mucho más sucinto:
“La dictadura que Alvarez había ejercido con mal acierto desde el 1° de junio, cesó el 18 de noviembre. El continuó gobernando como Presidente, sujeto a la Constitución.” (Ibáñez, 1891: cap42b).
De manera particular, José Manuel Restrepo, contradice a Caballero y a Ibáñez pues asegura que lo que sucede en Santafé el 18 de noviembre no es la finalización de la dictadura de Manuel Bernardo Álvarez sino por el contrario la renovación de su poder por 6 meses más contados desde el 5 de diciembre próximo:
“…faltaba para consumar la obra de la tiranía, prorogar la dictadura de Alvarez, y muy pronto lo consiguieron. La representacion que se titulaba nacional, y que solo era de la capital, nombrada en gran parte por el mismo dictador, fué convocada con el fin de que decidiera si el senado habia procedido constitucionalmente en la calificacion de los poderes de los diputados para el colegio electoral. En medio del terror que inspiraba la multitud de chisperos que concurrian como espectadores, y con el objeto de sofocar la voz de todo el que no hablara conforme á sus designios, hubo quien se desviara maliciosamente de la cuestion que se discutia. Propuso, pues que estando para espirar la dictadura del presidente Alvarez, se prorogase en la persona del mismo. Nadie se atrevió á contradecir esta proposicion, temiendo sin duda á la faccion enemiga del congreso que asi lo deseaba, y que tenia la fuerza á su disposicion. Por tanto quedó sancionado: “Que la dictadura de Alvarez debia durar seis meses mas contados desde el 5 de diciembre próximo, y que esta era absoluta sin sugecion á ninguna autoridad humana ni otra responsabilidad que á Dios”. Así se burlaba la faccion dominante en Santafé de la libertad y los sagrados derechos de los pueblos: los hollaba escandalosamente, entronizaba la tiranía, y se hacia acreedora á que el congreso de la Nueva Granada recurriera á las armas para libertar de la opresion á los hombres de bien, á los verdaderos republicanos, y á la mayoría de los habitantes de la provincia de Cundinamarca, que deseaban llegara el momento de que marcharan las tropas de la union.” (Restrepo, 18127, tomo V: 106-108).
23 de noviembre. Tunja. Reforma de la constitución de las Provincias Unidas y creación de la figura del presidente. (Llano, 1995: tunja).
24 de noviembre. Cartagena. Se instala Colegio Electoral que reforma la constitución de acuerdo a los requerimientos del Congreso de las Provincias Unidas.
“Para cortar semejantes desavenencias17 y arreglar definitivamente el gobierno de la provincia que debia simplificarse conforme al encargo del congreso, se instaló en 24 de noviembre un colegio electoral, revisor de la constitucion. En efecto bajo la presidencia del doctor Miguel Granados, desempeñó el colegio los objetos de su instituto en sesiones pacíficas y regulares. Un gobernador y un teniente que supliera sus faltas: un senado de tres individuos: una cámara de representantes de siete, y un tribunal de justicia de tres miembros, componian las primeras autoridades de la provincia.” (Restrepo, 1827, tomo V: 160-161).
Santafé. Por bando se informa que quienes no estén contentos con el gobierno pueden salir de la ciudad en los próximos ocho días, después de eso, cualquiera que sea escuchado hablando mal del gobierno será condenado con la pena de lesa patria.
“En dicho día se echó bando de que todos los que no estuviesen contentos con el gobierno, se les daría su pasaporte, dentro de ocho días, y si pasados éstos hablaren del gobierno o criticaren su conducta, se les aplicaría la pena de lesa patria. ¿Esto es libertad? ¡Privarles a los ciudadanos hasta el uso de hablar! Esto cada día está de peor en peor.” (Caballero, 1974: diario7).
Por otro lado Rodrigo Llano Isaza informa que para ese día en Santafé, Carbonell es acusado de golpista por la Gazeta Ministerial. (Llano, 1995: santafe2).
28 de noviembre. Tunja. Fue nombrado presidente del triunvirato federal a Custodio García Rovira. (Llano, 1995: tunja; Liévano, 1987: 875).
En la misma fecha, también en Tunja se dejó saber de manera oficial el desagrado por la acción emprendida por las tropas que venían de Cúcuta contra unos españoles en la provincia de Tunja, Bolívar debió responder a los cargos y hacerse cargo del ejéricto que marcharía hacia Santafé.
“Cuando las tropas llegáron á la villa de Santa – Rosa en la provincia de Tunja, el general Urdaneta supo que en los territorios inmediatos de Paypa y Sogamoso residian cinco españoles, entre ellos Jover, bastante conocido por algunas cualidades que le adornaban. Tanto el general como las tropas venezolanas escarmentadas de los males inmensos que los españoles habian causado á su patria, los odiaban de muerte. En consecuencia Urdaneta por sí solo tomó la providencia de enviarlos á prender y de asegurar sus intereses, dando cuenta despues al gobierno general. En efecto asi se verificó y en el camino el oficial conductor les quitó la vida alegando que pretendian escaparse y que iban á hacer muchos daños á la causa de la independencia. Tal fué la disculpa que el general dió al gobierno de la union en repetidos oficios que le pasó á cerca de la materia. Este hecho, el primero de su clase que cometian los republicanos en la Nueva – Granada, fué caracterizado por muchos como un verdadero asesinato; otros creian que era necesario proceder asi y esterminar á los españoles europeos pues que de lo contrario no seríamos independientes. El poder ejecutivo de la union manifestó oficialmente su desagrado, encargandno al general Bolivar á quien habia dado el mando del egército destinado contra Santafé, que tomara todas las providencias oportunas para que la autoridad militar no obrara con depresion de la suprema potestad civil, única manifestación que las circunstancias le permitian hacer. Bolivar contestó el mismo dia, que se hallaba poseido de la mas alta indignacion por un hecho tan escandaloso, el único de su especie en la historia de nuestra guerra, y que no se volveria á repetir por los oficiales de su egército que siempre habian observado la mayor subordinacion. El general Bolivar habia sido recibido en Tunja con mucha consideracion por todos los miembros del congreso y del gobierno federal; á pesar de que algunos de sus enemigos habian procurado desacreditarle atribuyendo á su culpa la pérdida reciente de Venezuela, el gobierno de la union le juzgó un militar desgraciado, pero un hombre grande: tratándole con la mayor confianza le encargó el mando de las tropas que dirigia contra Santafé.” (Restrepo, 1827, tomo V: 99-102).
29 de noviembre. Santafé. Se informa que de nuevo el Congreso ha declarado la guerra a Cundinamarca, se advierte para que todo hombre esté dispuesto con sus armas cuando sea requerido.
“A 29 se echó bando, que el congreso declaraba guerra otra vez contra Cundinamarca, y que todo hombre al oír tocar generala, se presentase en la plaza con las armas que tuviese, o sin ellas; y se despacharon postas a toda la provincia. ¡Bien hecho! Si el señor Nariño no los hubiera largado con tanta nobleza, no se atrevieran ahora a volver a amenazar. Si el señor Nariño hubiera siquiera quitado un par de cabezas de éstos, no pretendieran el querer perdernos, el perderse ellos mismos y perder todo el reino, pues, señor, amenazados por el sur, pues Montes ha intimidado rendición; Caracas y todo Venezuela perdido; el enemigo tanteando nuestra conducta, para decir: Allá voy. ¡Oh congreso! ¡Qué mal te portas! ¡Qué mal piensas! ¡Guerras civiles cuando el enemigo está a la puerta! ¿Y por qué? ¿Por qué quieres ser soberano y déspota? ¿Por qué quieres mandar en la capital de Santa Fe? ¿Por qué quieres sus aduanas, sus tesoros y casa de moneda? ¿Por qué quieres sacrificarnos por sus armas, por las nuestras y después por las de los godos? ¡Ah revolución, ah patria, ah libertad, qué caro vas costando!” (Caballero, 1974: diario7).
Llano Isaza también menciona la declaratoria de guerra:
“Santafé. “Se conoció en Santafé la declaratoria de guerra del Congreso contra Cundinamarca.” (Llano, 1995: santafe2).
30 de noviembre. Santafé. Llega a la ciudad la noticia que Simón Bolívar atacará Santafé con el ejército del Congreso. (Caballero, 1974: diario7).
José Manuel Restrepo informa sobre algunas de las medidas que tomaron el gobierno y los habitantes de Santafé para defenderse del ataque que se avecinaba, igualmente refiere la importancia de los prelados de la iglesia en su participación desacreditando a Bolívar y a sus tropas:
“Luego que se traslucieron en Santafé los preparativos que hacia el gobierno general para reducir por la fuerza á Cundinamarca, la faccion dominante se alarma, y el dictador Alvarez trata de sostenerse por cuantos medios le sean posibles. Publica bandos exigiendo que todo hombre se aliste, reune la oficialidad para comprometerla á que le defienda: llama á los Españoles que residian en la ciudad y convoca á los de fuera para armarlos á todos: procura por conducto de los facciosos desacreditar al general Bolivar con imposturas y calumnias, y arrastra en fin á los calabozos á unos cuantos ciudadanos honrados, que eran conocidos con el nombre de federalistas. Entónces fué cuando algunos eclesiásticos sediciosos, entre ellos Juan Manuel Tejada, enemigos de la paz y del buen órden, prostituyendo sacrílegamente su alto y pacífico ministerio, se presentaron en las calles y en las plazas, predicando la guerra, la desolacion y la venganza. Profiriendo mil imprecaciones y maldiciones horrendas contra el general y los soldados de la union, á quienes atribuyen los crímenes mas atroces: escitando el fanatismo de los habitantes de la capital haciéndoles creer que era una guerra en que se interesaba la religion santa de Jesucristo: y finalmente tratando de persuadir que un egército cuya mision tenia solo por objeto libertar á Santafé de la tiranía, y unirla con las demas provincias sus hermanas, venia á destruir la religion, saqueando los templos, violando las vírgenes, atropellando los sacerdotes, profanando los vasos sagrados.” (Restrepo, 1827, tomo V: 108-110).
Sobre la declaratoria de guerra que hizo el Congreso a Cundinamarca y la reacción de la ciudad de Santafé escribe Ibáñez:
“A la vez se publicó bando de que el Congreso declaraba la guerra al Estado de Cundinamarca, noticia que se confirmó el día último de noviembre. Se apeló entonces al medio de desacreditar al General Bolívar con imposturas y calumnias. Se fraternizó con los españoles europeos, y se llevó a los calabozos a ciudadanos federalistas, beneméritos y honrados.
…
Era el espíritu religioso el medio más eficaz para mover el pueblo de Santafé, y los dirigentes propagaron la idea de que Bolívar era un bandido, enemigo del nombre cristiano, «que mataba sacerdotes, que violaba mujeres, que profanaba templos y vasos sagrados» y que por todas partes esparcía la desolación. El clérigo bogotano Juan Manuel García Tejada, poeta popular que vimos figurar en la primera guerra civil, hizo circular con profusión la siguiente décima:
Bolívar, el cruel Nerón,
Este Herodes sin segundo,
Quiere arruinar este mundo
Y también la religión:
Salga todo chapetón,
Salga todo ciudadano,
Salga, en fin, el buen cristiano
A cumplir con su deber
Hasta que logremos ver
La muerte de este tirano.” (Ibáñez, 1891: cap42b).
15. Nota al pie en el texto original: “N. GARCÍA SAMUDIO, Juan Salías, Boletín de Historia, IX, 355.” (Ibáñez, 1891: cap42b).
16. Nota al pie en el texto original: “M . BRICENO, Cuadro Sinóptico de la vida del Libertador.” (Ibáñez, 1891: cap42b).
17. El autor se refiere a las diferencias que habían ocasionado divisiones tanto en la política como en lo militar entre el partido de los Piñeres y el del presidente Rodríguez Torices.
Diciembre de 1814
Diciembre de 1814
1 de diciembre. Santafé. Se anuncia que los hombres deben presentarse en la plaza con sus armas.
“El 1°, jueves, se tocó la generala y se comenzó a alborotar la gente.” (Caballero, 1974: diario7).
3 de diciembre. Santafé. La ciudad se prepara para un posible ataque.
“Se echaron dos bandos: el uno que se iluminase toda la ciudad todas las noches; y el otro que de todo hombre sospechoso se diese cuenta. Este día se comenzaron a hacer las trincheras.” (Caballero, 1974: diario7).
Los diversos acontecimientos del 3 de diciembre son relatados por Restrepo:
“Tal fué la idea que se dió del general Bolivar y de sus tropas, en el edicto del 3 de diciembre, espedido por los gobernadores del arzobispado doctores Juan Bautista Pey y José Domingo Duquesne, en el que por especies vagas é infundadas se atrevieron á decretar la escomunion contra aquel gefe y contra todos lo que le auxiliaran de cualquier modo. De esta manera y con semejantes artificios consiguieron entusiasmar al vulgo ignorante, y á todos los fanáticos, de que tanto abunda Santafé. Los sacerdotes de uno y otro clero se presentan armados, y los ministros de paz solo respiran sangre. Los españoles y los americanos mas opuestos á la causa de la independencia firman una representacion enérgica ofreciendo sostener la guerra hasta morir el último de ellos: en efecto sacan las armas que tenian ocultas, forman una compañía, y se ponen en estado de dar la ley á los amantes de la libertad, para volver á sugetarlos á la esclavitud de la España. Hasta las mujeres se arman de puñales que les hace repartir el mismo dictador. El sexo débil destinado por la naturaleza á hacer los encantos de la sociedad y á unir á los hombres, concurria entónces á soplar el fuego de la discordia civil.
El mismo dia en que el general Bolivar marchó de Tunja hácia á Santafé al frente de las tropas de la union, el gobierno general dirigió una intimación al dictador de Cundinamarca. Despues de manifestarle por estenso la necesidad que tenia la República de que se uniera esta provincia para defenderse de los enemigos comunes: la multitud de medios pacíficos que se habian empleado ántes de ahora para que se verificara la deseada union, y cuan doloroso era á la confederacion el recurrir al medio funesto de la guerra civil, concluia de este modo. “Si V. E. quiere, pues hacerlo, y dar á la Nueva – Granada un dia de gloria y alegría, en lugar de los de lágrimas que debe temer Cundinamarca si es ocupada por la fuerza, las provincias y su gobierno general se congratularán de estrecharla en brazos de la union fraternal por que suspiran: un velo impenetrable cubrirá entónces las diferencias hasta ahora ocurridas, en razon de las cuales el gobierno ofrece la mas solemne garantía d epersonas y de propiedades. Entre, pues, V. E. por esta puerto al seno de la paz, respondiendo de conformidad, y dentro de seis horas de cómo recibiere V. E. esta intimación, cuya respuesta deberá tener este gobierno en sus manos al tercer dia del espresado recibo: 1º que ese gobierno reconoce y obedece la autoridad del gobierno general de las provincias unidas, como ellas le reconocen y obedecen, según la acta de federacion y reglamentos de reforma que se acompañan; 2º que estan á disposicion del mismo gobierno general las tropas con todas las armas, pertrechos y municiones que hubiere en almacenes ó fuera de ellos, verificando esta sumision con enviar dentro de las mismas seis horas las tropas armadas, municionadas y equipadas á incorporarse fraternalmente con las tropas del general Bolivar, para volar luego á los puntos en que convenga emplearlas para la defensa general; y 3º en fin, que inmediatamente estará reunido el colegio, que acaba de frustrarse ignominiosamente, puesto en libertad de dar los arreglos interiores sobre las bases de la acta y reglamentos espresados”.
El dictador de Cundinamarca, luego que recibió la intimación, convocó lo que llamaba representacion nacional compuesta del senado, la cámara de representantes y del tribunal de justicia. De la asamblea resultó que debian reunirse los padres de familia de la ciudad para que decidieran si querian entrar en federacion ó defenderse del ataque con que se les amenazaba. Por una convocatoria los padres de familia de Santafé se juntaron en el convento de agustinos calzados. Todos los enemigos de la independencia y los que pertenecian á la faccion del dictador fueron los primeros que ocupáron el puesto: estos habian oprimido á cualquiera que hubiese opinado por un avenimiento. Fue por tanto la resolucion, que Santafé debia de defenderse de las tropas de las provincias unidas. Asi contestó el dictador Alvarez á la intimación del gobierno general, tratando á este y al congreso de injustos agresores.” (Restrepo, 1827, tomo V: 110-115).
Sobre los preparativos para defender la ciudad de un posible ataque de Bolívar, el papel que jugó la iglesia y sus representantes en ese momento y sobre la respuesta que entregaron los habitantes de Santafé al oficio enviado por gobierno federal, escribe Pedro maría Ibáñez:
“En los primeros días de diciembre hubo preparativos de guerra en Bogotá. Se publicaron bandos, se tocaron generalas, se hicieron fuertes en San Diego y en San Victorino se repitieron las noticias contra Bolívar v el ejercito de bandidos que comandaba, en 1814.
Los Gobernadores del Arzobispado, don Juan Bautista Pev y don José Domingo Duquesne, con criterio extraviado y con lamentable falta de cordura, expidieron el 3 de diciembre un edicto tan famoso como injusto, en el cual aseveraban que las tropas de la Unión violaban el Derecho de Gentes, que tenían despiadada crueldad v que estaban a punto de atacar la religión en los templos, altares, rentas, alhajas y en las personas y vírgenes del Señor: y decían los Gobernadores:
Teniéndose entendido que gobierna esta expedición el General Simón Bolívar, cuya historia es bien conocida en todo el Reino ; cuya crueldad es notoria a todos estos países a que ha llevado la muerte, la desolación, y cuya irreligión e impiedad ha publicado el mismo y lo ha dado a conocer en una proclama que comienza: Ciudadanos! infeliz del Magistrado......
Firmaron este ardiente documento los Prelados dichos ante el Notario eclesiástico Gregorio Muñoz.
Para resolver en tan difíciles circunstancias las mejores medidas que debían tomarse, y para contestar a la intimación hecha a la ciudad por el Libertador, don Manuel Alvarez convocó una Asamblea, compuesta de padres de familia, los que se reunieron el mismo 3 de diciembre en las salas del convento de San Agustín. A ella concurrió mayoría de españoles y americanos realistas, quienes temían por su vida y no creían en las garantías ofrecidas por Bolívar.
…
Naturalmente se contestó que Cundinamarca conservaba su autonomía y protestaba una vez más contra la federación.” (Ibáñez, 1891: cap42b).
4 de diciembre. Santafé. Gran alboroto en la ciudad porque se avisa la cercanía de las tropas de Bolívar, de las que se dice, vienen con gran crueldad saqueando y torturando.
“Se tocó la segunda generala; fue el día de mayor aprieto, porque dijeron que estaban las tropas enemigas en Torca. Al instante se juntó muchísima gente; en las trincheras se trabajó con admiración, trabajando en ellas los padres de San Diego y San Francisco, que confundía ver a los sacerdotes con sus parihuelas cargando tierra y cespedón, y lo mismo las mujeres —y aun las más señoras y decentes— unas con camisón y otras con sayas de seda, cargaban tierra, trabajaban como el más esforzado hombre, infundiendo ánimo y valor a los cobardes. La causa de este valor y energía lo infundió las noticias que daban de que Bolívar venía saqueando los pueblos, estropeando a los sacerdotes, como que decían que habían colgado de las manos al cura de Chocontá, porque no le daba dinero, y lo mismo había hecho con otros tantos, robando las alhajas de las iglesias, y varias crueldades y atrocidades. Ello puede ser, pero yo no lo creo; si fuera español creería eso y mucho más; pero americano, lo dudo. Lo cierto es que para que las tropas se vigoricen y animen a entrar en un fuerte ataque, se riegan tales voces de que el contrario viene contra la religión, y lo mismo hace el otro allá. Esto lo digo porque he leído varias historias y he visto las intrigas y lo que se desacreditan los enemigos unos a otros.” (Caballero, 1974: diario7).
Sin indicar fecha exacta, José Manuel Restrepo escribe sobre lo que ocurría en Bogotá y en Cundinamarca mientras se alistaba la ciudad para la guerra:
“Entretanto se avanzaban las tropas de la union: estas se componian de mil trescientos hombres de línea y quinientos de milicias de caballería. Apénas se introdujo la vanguardia en el territorio de Cundinamarca, que todos sus pueblos á escepcion de la capital, se declararon por el congreso, de modo que el dictador solamente era obedecido en Santafé. La proteccion decidida que daba Alvarez á los españoles europeos y demas enemigos de la independencia, con los insultos que habian sufrido los representantes de los pueblos, los tenia irritados contra el poder arbitrario del dictador.
En Santafé habia quinientos hombres de línea fuera de novecientos del paisanage, y lleno de entusiasmo por estar persuadido ser aquella una guerra de religion, lo mismo que por el odio que se le habia hecho concebir contra el congreso, cuyas miras se les decia continuamente que eran de arruinar á la antigüa capital de la Nueva – Granada. En general español, Don José Ramon de Leyva, mandaba las tropas de Alvarez, como en otro tiempo lo habia hecho con las de Nariño, y siempre contra el congreso. Por su disposicion se dictan las medidas mas activas de defensa; se hacen anchos y profundos fosos en las entradas principales de la ciudad: se forman atrincheramientos, se apostan cañones de grueso calibre en los puntos por donde se teme el ataque: se obliga en fin á todo hombre útil á que tome las armas.” (Restrepo, 1827, tomo V: 116-117).
Ibáñez, en cambio, al igual que Caballero, refiere lo ocurrido específicamente el 4 de diciembre tanto en Santafé como entre las tropas de Bolívar:
“A la sazón el Libertador, que tenía su Cuartel General en Tocancipá, el día 4 de diciembre hizo ocupar a Zipaquirá por las tropas que mandaba Rafael Urdaneta, y el Puente del Común por las que estaban a órdenes de Bartolomé Chaves.
Los españoles se habían organizado en Bogotá, con anuencia de Alvarez, en una Compañía de a caballo bautizada con el nombre de San Fernando, que comandaba don Lorenzo Arellano, grupo de militares novicios, armados con sables, trabucos y pistolas, los cuales recorrían las calles con gran ruido, como si ya hubieran vuelto vencedores del combate.
Después de 1810 la reorganización de las milicias tenía por cabezas a caudillos americanos, es decir, criollos, y no tenían entrada los españoles si no estaban purificados. Alvarez cometió el grave error de permitir que volvieran los peninsulares, partidarios de Fernando VII, a hacer parte de la fuerza pública.
…
Otros peninsulares, como don Juan Jurado, Ramón de Leiva, Martínez Portillo, José Martín París, Juan Gómez y Melendro, observaron una conducta digna y apoyaron decididamente las autoridades nacidas de la transformación política de 1810.
Al Ejército de la Unión se habían unido todos los pueblos de Cundinamarca, con excepción del de la capital.” (Ibáñez, 1891: cap42b).
Zipaquirá. Ocupación de esta población por parte de Rafael Urdaneta. (Llano, 1995: santafe2).
5 de diciembre. Santafé. Se concluyen los fuertes y se distribuye la tropa para la defensa de la ciudad.
“A 5 se concluyeron los fuertes de San Diego, La Alameda y San Victorino, y se pusieron cuatro cañones de a ocho en San Diego, tres en La Alameda y cinco en San Victorino y seis pedreros arriba de San Diego. Se repartieron las tropas: los Patriotas, a San Diego; Nacionales, a La Alameda; Auxiliar o Defensores de la Patria, a San Victorino, y Milicias en la plaza con cuatro violentos.” (Caballero, 1974: diario7).
6 de diciembre. Santafé. Se sabe que las tropas de Bolívar ya están en Chía y el Puente del Común y que han atacado a varios españoles de la zona.
“El día 6 supimos que habían llegado las tropas a Chía y Puente del Común. Por Chía o Cajicá, toparon a Lorita, un español, médico, y lo mataron; saquearon la casa de Marroquín, otro español pudiente, en la hacienda de la Yerbabuena, adelante del Común. Este día entraron 200 hombres de caballería, del campo, y había ya sobre 3.000 hombres de fuerza armada. No quedó español que no cogiese las armas, por viejo o inválido que estuviese; de los pudientes formaron un escuadrón de caballería famoso y bien armado. Al ver yo el entusiasmo de éstos, se me previno que Bolívar venía contra ellos; porque ¿cómo se arman ahora con tanto ardor a la defensa y cuando vino Baraya no lo hicieron? El haber matado a Lorita y saqueado la casa de Marroquín, sospecho que la causa son de estos hechos. ¿ Quién sabe? Desde el domingo que se tocó la segunda generala no largó ninguno las armas de la mano; hay entusiasmo y ganas de pelear. ¡Quién sabe cómo saldremos!” (Caballero, 1974: diario7).
7 de diciembre. Santafé. Entran a la ciudad tropas enemigas por el lado de Fontibón.
“…entraron tropas enemigas al Puente Grande y Fontibón, y por la tarde se acercaron hasta la casa de Garzón, como ocho o diez cuadras abajo de la ciudad, de suerte que estamos en capilla.” (Caballero, 1974: diario7).
La llegada de Bolívar a Chía y el Puente del Común es referida por Caballero el 6 de diciembre, Ibáñez en cambio la ubica para el día siguiente, 7 de diciembre.
“El día 7 de diciembre salió de Chía el Libertador, y estableció su Cuartel General en el campo de Techo, en las cercanías de Puente Aranda, en una amplia casa de campo que pertenecía a la familia Gutiérrez Moreno.
Entre los prisioneros que traían las fuerzas de la unión se contaba un médico empírico español, de apellido Lorite. Refieren el cronista Caballero y el Cura poeta Torrea y Peña que ese día le dieron muerte al galeno peninsular en los aledaños de Puente Aranda; y el segundo nos cuenta que en la espaciosa casa cural de Fontibón, abandonada por el Cura Joaquín Pey, hermano de don José Miguel y del Gobernador del Arzobispado, se reunieron «los salteadores» y que saquearon dicha casa y la vieja iglesia.
El español José Ramón de Leiva comandaba las fuerzas de Alvarez, o sean los Batallones Patriotas, Nacionales, Defensores de la Patria y Milicias, y dictaba activas medidas para la defensa. Las fuerzas de Bolívar ocuparon la ciudad de Facatativá y el puente de Bosa. Bolívar dirigió una intimación al Dictador, en la cual manifestaba los males que seguirían a un combate fratricida, y ofrecía garantías y seguridades, si el Gobierno de Alvarez accedía a los propósitos del Congreso. También escribió particularmente a don Juan Jurado, su amigo desde que residió en Caracas, y su compadre, interponiendo su influjo para ante los obcecados gobernantes de Bogotá.” (Ibáñez, 1891: cap42b).
Por su parte para este día, Llano Isaza también indica que Bolívar salió de Chía y acampó en Techo. (Llano, 1995: santafe2).
8 de diciembre. Santafé. Se ve el ejército de Bolívar en el camino de San Victorino pero sin emprender acción se retiran. Ese día el general Bolívar envía una intimación a la ciudad donde le aconseja rendirse a las tropas de la Unión.
“A 8 se vio todo el ejército contrario en el camino de San Victorino. Desde las diez del día, de nuestra parte, salió una descubierta; pero no hubo nada y se retiraron. Corrieron todo el campo recogiendo cuanto ganado y bestias había; se les hicieron tres tiros de cañón y algunos de fusil; a las cinco se retiraron. Todas las tropas nuestras dormían en la plaza, porque allí se hizo el fuerte principal, con cañones de a ocho en las bocacalles.” (Caballero, 1974: diario7).
Aunque Caballero indica que la intimación de Bolívar al dictador Álvarez fue enviada el 2 de diciembre, Restrepo y el documento que así lo soporta muestran que el documento se escribió en Techo el 8 de diciembre de 1814. Lo que dice Caballero sobre la intimación es lo que sigue:
“Mandó oficio Bolívar, para que se le entregase la provincia, plata y gente, para la reconquista de Caracas, y que entrásemos en federación, o entraría a sangre y fuego.” (Caballero, 1974: diario7).
Restrepo además sugiere que desde Techo Simón Bolívar envió dos intimaciones a Santafé, una que fecha el 8 de diciembre y otra de la cual no refiere fecha exacta pero al parecer fue posterior:
“El general Bolivar avanzó sin oposicion alguna hasta legua y media de Santafé, sentando su campo en la hacienda de Techo. Desde allí dirigió su intimación al dictador Alvarez, manifestándole todos los males que iban á seguirse de que la ciudad fuera tomada por asalto. Concluia exigiendo el reconocimiento del gobierno general en los mismos términos que las demas provincias lo habian ejecutado, ofreciendo una completa seguridad de honor, vidas y haciendas á todos los habitantes de Santafé, bien fueran americanos é europeos, si evitando la efusion de sangre se admitia la capitulacion propuesta; de los contrario amenazaba que recaerian sobre la ciudad todos los males de la guerra. El general escribió al mismo tiempo una carta particular al español don Juan Jurado, que gozaba en Santafé de influjo y representacion, refutando todas las calumnias que en aquella época se habian difundido contra su honor, especialmente por las crueldades que le atribuian en Venezuela; refutaba tambien las especies vertidas contra las tropas del congreso. Pero ninguno de estos pasos que daba el general Bolivar por el deseo que tenia de evitar el derramamiento de sangre, que necesariamente debia seguirse de una guerra fratricida, produjo los saludables efectos que anhelaba. Por última vez repitió la intimacion ofreciendo las mismas condiciones, y siempre contestó el dictador denegándose á egecutar lo que se exigia, y manifestando la firme resolucion en que se hallaba él y todo el pueblo de defenderse hasta el último estremo si eran atacados.” (Restrepo, 1827, tomo V: 117-119)
9 de diciembre. Santafé. De nuevo se acerca el ejército del Congreso a Santafé, se le envía ataque y se retiran.
“A 9 se volvieron a acercar los enemigos, con más de 1.000 hombres de caballería, y corrieron todos los campos y egidos; se los acometió con varias guerrillas hasta que se retiraron.” (Caballero, 1974: diario7).
Pedro María Ibáñez, explica que ese día el ejército de la Unión marchó sobre la ciudad de La Mesa y en la noche incendió un predio en la zona conocida como Sanfasón. Para ese autor, visible partidario de Bolívar (contrario a Caballero quien era fervientemente Nariñista y centralista), ese encuentro militar era producido por la obstinación y terquedad de Manuel Bernardo Álvarez, presidente de Cundinamarca.
“Alvarez fue rehacio y se negó a entrar en arreglos. El 9 de diciembre fue comisionado el ciudadano Emigdio Troyano para reducir a prisión a muchos españoles que residían en la ciudad de La Mesa. El Ejército déla Unión marchó sobre la ciudad, formado en dos líneas. La primera la componían los Batallones Barlovento, Cazadores y La Guaira; la segunda, El Socorro y Tunja, y las caballerías quedaron como reservas. Parte de esas fuerzas llegó a Sanfasón, en las goteras occidentales de la vieja ciudad. Estas fuerzas volvieron a Techo.
Entre las tropas de Bolívar se contaban Oficiales tan distinguidos como Miguel Carabaño, Mayor General; su hermano Fernando, Carlos Montúfar, José María Serna, Bartolomé Chaves, Joaquín Salas y otros de no menos Hombradía. En las tropas de Leiva obedecían otros distinguidos militares, como Pedro Núñez, Manuel Vásquez Posse, Buenaventura Ahumada, Ramón Lago y José María Uricoechea. Todos eran patriotas, y sin embargo iban a combatir por una obcecación del Presidente Alvarez. Muchas señoras de Bogotá, a cuya cabeza figuraba doña Genoveva Ricaurte de París, enviaban informes al campamento de Bolívar, dirigidos a su hijo Mariano, que se hallaba en Techo.
Las mujeres, que son para esto peores.
Procuran con medios insidiosos
Darle de todo al enemigo aviso,
Y al Gobierno impedirlo ya es preciso,
escribía Torres y Pena.
En la noche del 9 fue incendiada la quinta de la familia París, casa de campo aislada que existía en el sitio de Sanfasón. Sea este el lugar de consignar que en muchos escritos se ha llamado a ese sitio Sans-facons, por haberse creído que un industrial francés establecido en las cercanías de la Pila Chiquita recibía a las gentes con amable hospitalidad, sin cumplimientos ni etiquetas, es decir, sans facons. Seguimos nosotros la versión del publicista bogotano Próspero Pereira Gamba, quien opinó con bases sólidas que el origen de la palabra sanfasón no tiene etimología francesa alguna, y que es un antiguo vocablo indígena.
En esa misma noche del día 9, el Mayor Fernando Carabaño hizo practicable el campo, cegando a la cabeza de zapadores las zanjas desde Puente Aranda hasta los aledaños de la ciudad.” (Ibáñez, 1891: cap42b).
La ocupación de La Mesa y el incendio de San Facon también son referidos por Rodrigo Llano Isaza:
“Por orden de Bolívar, Emigdio Troyano ocupó La Mesa e hizo prisioneros a todos los españoles que encontró; Un incendió acabó con la hacienda Sanfasón propiedad de la familia París.” (Llano, 1995: santafe2).
10 de diciembre. Santafé. Las tropas de Bolívar entran a Santafé por el barrio de Santa Bárbara, se lo toman y comienza una batalla.
“A 10 volvieron a presentarse con toda la fuerza y envistieron por el lado de Santa Bárbara, que era el que se había dejado sin guarnecer. A la una del día se rompió el fuego: dentraron y se apoderaron de todo el barrio de Santa Bárbara. Los nuestros pelearon con ferocidad, haciéndoles perder por varias veces los puntos que habían tomado; fue muchísima la mortandad de la parte contraria; duró el fuego hasta la entrada de la noche, y se retiraron a Belén, donde hicieron su fuerte.” (Caballero, 1974: diario7).
José Manuel Restrepo refiere la entrada de las tropas de la Unión a Santafé, el 10 de diciembre por el barrio Santa Bárbara:
“No habiendo ya otro arbitrio que la fuerza para vencer la terquedad del dictador, se puso en movimiento el egército con el designio de atacar á Santafé. El batallon nombrado el Auxiliar, que estaba acampado en Tucha por el sur de la ciudad fué desalojado el mismo dia retirándose al interior de ella. Las tropas de la union á pesar de la mas vigorosa resistencia que se les hacia de los balcones, ventanas y tejados, ocuparon aquel dia el barrio de Santa Bárbara que padeció mucho, siendo tomado á viva fuerza. Tambien se apostáron cerca de la batería de San Victorino, sin embargo de que los sitiados se defendian valerosamente. Quedó por tanto establecida la línea de circunvalación.” (Restrepo, 1827, tomo V: 119-120)
Los sucesos del 10 de diciembre también son contados por Ibáñez:
“El día 10 el Libertador expidió en Techo una proclama para los habitantes de Santafé. Decía en ella que mandaba un ejército de hermanos, que la guerra se dirigía sólo contra los españoles, y fijaba el término de tres días para gozar de indulto. Allí mismo dio orden especial para prender al Cura de Cajicá, Pedro Bujanda, dueño de la hacienda de Hatogrande, ardiente y activo realista, el que fue enviado a Tunja.
…
El 10 de diciembre a las siete de la mañana marcharon las fuerzas de Bolívar sobre la ciudad, por columnas, a las que acompañaba un Escuadrón de lanceros. Antes de Puente Aranda tomaron una diagonal directa al barrio de Santa Bárbara, el cual no estaba fortificado. «Su Excelencia __dice el diario de operaciones-el General en Jefe, que a la cabeza de las tropas los conducía al campo del honor,» encontró por el lado del Fucha la primera fuerza enemiga, mandada por Pedro Núñez, que estaba situada en el puente de Santa Catalina, al arranque del camino para Tunjuelo.
El combate fue recio.
Entretanto, en algunas iglesias de la ciudad se hacían rogativas y oraciones. La multitud hacía súplicas ante los altares, con corazones atribulados. Un historiador extranjero se expresa así sobre este candido celo religioso:
En la Nueva Granada andan frecuentemente asociadas la política y la religión, y acaso no faltan ejemplos de desaciertos y aun crímenes cometidos en nombre del Todopoderoso. Durante la toma de la ciudad, a cada descarga de artillería prorrumpía el populacho reunido en la plaza con gritos de ¡viva Jesús! y a semejante profanación contestaba desde su balcón una dama del partido de Bolívar, con la blasfemia de «¡muera Jesús!» Esta mezcla de política y religión da a las discusiones civiles de aquel país cierta importancia y estabilidad, que de ordinario va seguida de fatales consecuencias18.
A las tres de la tarde el Capitán Juan Salias, a la cabeza de los Dragones de Caracas, ocupó la Plaza de San Victorino, no obstante activo fuego de artillería. A la vez, Lino Ramírez, granadino, ganando terreno paso a paso, y tomando una a una bocacalles y casas, llegó a las alturas de Belén. Al anochecer estaba organizada la línea de circunvalación.” (Ibáñez, 1891: cap42b).
11 de diciembre. Santafé. Gran batalla en Santafé por toda la ciudad. Al final de la mañana Bolívar decide aceptar un armisticio, se suspende el fuego durante una hora y se entablan negociaciones con la mediación del marqués de San Jorge, sin embargo, no se logra ningún acuerdo y esa misma tarde se reanuda la batalla.
“A 11, día domingo, se volvió a romper el fuego a las cinco y media de la mañana. Este día sí que no se han podido enumerar todos los lances que acontecieron: no cesó el fuego en todo el día hasta las siete de la noche. Ni de una ni otra parte se conoció ventaja, aunque de la nuestra se puede decir que la había, pues al general Bolívar se le habían acabado los pertrechos y municiones, y que había perdido mucha gente y varios oficiales. Por cuantas calles tiene la ciudad se hizo fuego, y fue muy rara la cuadra en que no quedasen enemigos muertos. Hubo esquina, que fue la de abajo de palacio, que en un solo montón había diecisiete cadáveres, y así había regados por todas las calles. ¡Asombraba la mortalidad! Creo que pasarían de 300 oficiales no más. Murieron once de nuestra parte; sólo veintidós entre un sargento y soldados. A los chapetones que cogieron en la fuerza del ataque los mataron a sablazos: dos por Belén; el uno era un tal don Vicente Vidal, que era sobrestante de la catedral, y otro que lo acompañaba; por La Gallera mataron a Quintana, que había sido fiscal real; por Las Nieves, a Balboa; otros por la Calle del Arco, con otros varios. Se suspendió el fuego a eso de las siete de la noche, y ofició Bolívar pidiendo armisticio hasta el otro día a las nueve, y que mientras mandaba por municiones a Fontibón, que si en este tiempo se le ha apretado, se desalojan con facilidad. Ahora pregunto yo: ¿Y la compañía de españoles y regentistas, tan formidable y preparada con tantas armas, que parecía que con ellos solos bastaba para vencer y triunfar de los enemigos, qué se hizo? Lo cierto es que yo no los volví a ver más ni ellos entraron en acción. Lo cierto fue que se escondieron todos y nos dejaron a nosotros metidos en el empeño. Hicieron lo que el capitán Araña, que embarcaba la gente y él se quedaba en tierra.” (Caballero, 1974: diario7).
Restrepo refiere así lo sucedido el 11 de diciembre en Santafé:
“Al dia siguiente se estrechó la línea, y la batería de San Victorino fué tomada por el coronel Serviez, que mandó el ataque y era comandante de la línea esterior. El mismo oficial penetró por aquella direccion hasta la calle nombrada real muy cerca de la plaza mayor: allí fué herido en una pierna, y por su valor mereció un elogio brillante del general en gefe. Este con su mano quitó la lápida que se hallaba en la fuente de San Victorino, para perpetuar la memoria del 9 de enero de 1813 en que fué derrotada el egército de la union, A las once de la mañana ya los sitiados quedaron reducidos al centro de la ciudad, en donde tenian guarnecida la plaza mayor con gruesa artillería. En tales circunstancias el general Bolivar acediendo á la interposicion del antigüo marques de San Jorge, Don José Maria Lozano, volvió á instar al dictador Alvarez, por conducto de aquel, para que se avinieran sobre las diferencias pasadas, que se escuchara la voz de la razon y se economizara la sangre humana. Para que pudiera realizarse una transacción se suspendieron las hostilidades por una hora, armisticio que se prolongó hasta el dia siguiente. Hubo varias contestaciones con Alvarez, pero á pesar de haber ido el general Leyva en clase de comisionado á tratar con Bolivar, nada se concluyó aquel dia y en él mismo se rompiéron de nuevo las hostilidades, que continuaron por una y otra parte con la mayor viveza: un oficial y cincuenta soldados del congreso, que se hallaban descuidados confiando en el armisticio fueron degollados pérfidamente por las tropas de Alvarez. Las de la union tenian que ganar el terreno palmo á palmo, casa por casa, y calle por calle y para cubrirse de los fuegos hubo que tomar en el barrio de Santa Bárbara, muchas manzanas ó cuadras rompiendo por dentro todas las casas hasta salir á la calle inmediata. Estas operaciones costaban la sangre de muchas víctimas, cuyo valor era digno de una causa mas bella. El pueblo bajo oponia una resistencia terrible.” (Restrepo, 1827, tomo V: 120-122)
La cruenta batalla librada en Santafé el 11 de diciembre entre los santafereños centralistas y las tropas de la Unión también es relatada por Ibáñez, quien además explica la forma en que se logró una capitulación sobre cese al fuego mientras se realizaban negociaciones:
“El día 11 el Coronel Serviez, Jefe de las caballerías, avanzó por la calle 12, y al llegar a la Real, fue herido en una pierna.
Según el Boletín Oficial número 4, «el General en Jefe quitó con sus manos la lápida que se hallaba en la fuente de San Victorino, en que estaba inscrita aquella ventaja que habían conseguido los enemigos sobre el Ejército de la Unión.» Y el poeta realista Torres y Peña nos cuenta que las fuerzas que llegaron al oriente de Santa Bárbara, hacían vivo fuego desde La Peña, Los Laches y otras alturas. El dice:
En travesías muchos se ocultaban
Y los más bravos en Belén se alojan
Donde la Pacha Guerra, aquí se fija
La bandera infernal que los cobija.
Bajo los pliegues de esa bandera se encontraba ya vencedor el ilustre General en Jefe.
La tradición ha conservado el recuerdo de la gentil belleza conocida en todo Santafé con el nombre de la Pacha Guerra, entusiasta revolucionaria y ardorosa admiradora del Libertador.
Algunos incidentes de esta lucha civil, que por segunda vez manchó de sangre las calles de la ciudad, merecen consignarse en la historia de la capital. El Coronel Fernando Carabaño, venezolano, mártir de la Patria en 1816, tomó los barrios del norte de la ciudad, acompañado de José María Serna, también muerto después en patíbulo, por conspirador, en 1833. El Coronel Salvador Cancino, bogotano, fusilado por patriota en Cartagena, en 1816, dirigió la artillería en Belén y en el viejo paseo de la Aguanueva. Bolívar personalmente visitó todos los lugares de combate y mandó las fuerzas que tomaron el barrio de Santa Bárbara.
Durante la lucha fue asesinado por los soldados venezolanos, en la Calle de Las Aguilas (hoy carrera 10), el español Joaquín Quintana, no obstante estar rodeado por su familia. «A los chapetones- escribe Caballero-que cogieron en la fuerza del ataque, los mataron a sablazos: dos por Belén; el uno era un tal don Vicente Vidal, que era sobrestante de la Catedral, y otro que lo acompañaba.» Ignacio Arriaga fue muerto en San Victorino, y el gallego Manuel Núñez de Balboa, en la antigua Alameda.
En las calles inmediatas al Hospital de San Juan de Dios hubo recios encuentros: en ellos murió Joaquín Saltas; y allí quedaron numerosos cadáveres.
En el Observatorio se habían encargado de vigilar los movimientos de las tropas de la Unión don Benedicto Domínguez, don Francisco Urquinaona y don Miguel Tobar, los que fueron hechos prisioneros y retenidos como rehenes. La soldadesca destruyó algunos de los libros, instrumentos y dibujos que se guardaban en ese templo de la ciencia, y varios objetos de los que se custodiaban en la casa contigua al Oriente, de la Expedición Botánica. Don José María Lozano, Marqués de San Jorge, en cuya casa señorial de la carrera 6a había establecido Bolívar su Estado Mayor, interpuso su mediación valiosa ante el Libertador; y habiendo encontrado simpática acogida, dio parte al Gobierno de Alvarez en el siguiente curioso oficio, el día 11 de diciembre:
El señor General don Simón Bolívar, que actualmente se halla en casa, y por súplicas mías, accede a que se haga alguna capitulación; y al efecto concederá una hora de suspensión del fuego.
JOSÉ MARÍA LOZANO
Que pueden venir las personas que hayan de tratar.
EL CIUDADANO MARQUÉS DE SAN JORGE” (Ibáñez, 1891: cap42b).
Sobre ese día escribe Llano Isaza que Álvarez nombró al Marqués de San Jorge y a José de Leyva para negociar con Bolívar. (Llano, 1995: santafe2).
12 de diciembre. Santafé. La ciudad de Santafé es entregada a Bolívar y las tropas de la federación. Ese día terminan los enfrentamientos.
“A 12, por la mañana, ya estábamos todos en la plaza, formados, esperando la orden para volver a embestir, pero parlamentaron el señor presidente con el general Bolívar y fueron de parecer (por intrigas de los afectos al congreso), de que se hiciesen paces y se le entregasen las armas y la ciudad al general, lo que se ejecutó a las nueve de la mañana. Las tropas nuestras, habiendo entregado las armas, se dispersaron, que no quedó un solo hombre, y ocuparon los cuarteles las tropas de la Unión, que así se intitulaban.” (Caballero, 1974: diario7).
Lo ocurrido en Santafé el 12 de diciembre y las acciones que vinieron después de la victoria de las tropas del Congreso, es contado por Restrepo así:
“Al fin á las siete de la mañana del dia 12 ya las tropas de la union se preparaban á dar el asalto á la plaza mayor de Santafé, único terreno que estaba por el dictador Alvarez, cuando este viéndose sin agua que se le habia cortado y tambien sin víveres se acercó personalmente en compañia del general Leyva al general Bolivar para tratar de una capitulacion. Ambos partidos estaban cansados de los furores y estragos de la guerra; así qué no tardáron en avenirse. Las condiciones fueron “que el gobierno de Cundinamarca conociera al congreso en los mismos términos que las demas provincias unidas: que pondría á disposicion del general en gefe todas sus armas y cualesquiera artículos de guerra: que se reuniria inmediatamente el colegio electoral de Cundinamarca para que con absoluta libertad hiciera todos los arreglos que juzgara conducentes: finalmente se estipuló una completa garantía de vidas y propiedades á todos los ciudadanos de Cundinamarca sin distincion de orígen, protestando ámbas partes conservar la mas cordial amistad.
Tal fué el resultado de la espedicion dirigida contra Santafé. Según relaciones fidedignas no bajó la pérdida del egército que mandaba el general Bolivar de doscientos hombres, aunque otra cosa digeran los boletines, y cuatro oficiales muertos con cien soldados heridos. Los sitiados tuvieron una pérdida menor. Consistió la de las tropas de la union en que no conociendo bien la ciudad, los soldados se avanzaban en partidas por las calles, y cuando se hallaban descuidados les cortaba el paisanage y tropa de línea de los sitiados, que no les daban cuartel. Santafé á pesar del valor que desplegaron sus defensores padeció mucho en los ataques. Como los soldados de la union se apoderaron de casi toda ella á la punta de la bayoneta, fué impossible contener el saque especialmente en el barrio de Santa Barba: los venezolanos irritados quitaron tambien la vida á algunos españoles europeos. Mas nada fué tan sensible para los amantes de las ciencias, como la pérdida de los manuscritos, libros é instrumentos que los cuidados del célebre doctor Mútiz y del astrónomo Caldas, habian acumulado en el observatorio astronómico del jardin de la espedicion botánica. Un batallon venezolano de las tropas de Bolivar se apoderó de aquella posicion: desde alli incomodaba á los sitiados que colocando un cañon enana galería del antigüo palacio de los virreyes batieron el observatorio. El edificio padeció, y los soldados saquearon ó despedazaron cuanto contenia el observatorio, libros, instrumentos y papeles. ¡Tristes consecuencias de las discordias civiles! El congreso practicó despues de la terminacion de la guerra las mas activas diligencias para recoger todo lo que se habia perdido; mas fueron vanas, pues muy poco se pudo recuperar aun ofreciendo premios á los que presentaran los efectos substraidos.
El general Bolivar dio cuenta inmediatamente al gobierno general, de la capitulacion de Santafé, manifestando los motivos poderosos que le habian impelido á conceder unas condiciones tan decorosas á Cundinamarca. El gobierno general recibió con el mayor alborozo tan plausible noticia; aprobó la capitulacion, decretando regocijos públicos y acciones de gracias en cada una de las provincias por la incorporación de Cundinamarca. Este acontecimiento se miraba justamente como de una vital importancia para la consolidacion de la República.” (Restrepo, 1827, tomo V: 122-127).
Pedro María Ibáñez refiere la forma en que terminó la lucha entre Santafé y el ejército de la Unión y explica como después de las batallas unos y otros trabajaron juntos para limpiar los desastres de la guerra:
“Después de varias contestaciones entre Alvarez y Bolívar, el primero, acompañado del General Leiva y de don Ignacio de Herrera, firmó las capitulaciones en la casa del Marqués, el día 12.
Las tropas de los dos Ejércitos, que ya fraternizaban, se ocuparon en sepultar los cadáveres, ya en el panteón anexo a la iglesia de Santa Bárbara, ya en el cementerio del occidente de la ciudad, ya en el amplio atrio de San Diego, cerca a la monumental cruz de piedra que allí existe, y junto a las fosas donde fueron enterrados los muertos en el combate del 9 de enero del año anterior.
Coadyuvaron a calmar las pasiones los Gobernadores del Arzobispado, los que habían excomulgado a Bolívar el día 3. Encabezaban su resolución reparadora, a que dieron publicidad en hoja volante, con el siguiente título que consignamos como curiosidad:
Nós los ciudadanos Juan Bautista Pey de Andrade, Arcediano, y José Domingo Duquesne, Canónigo de esta santa iglesia metropolitana, Gobernador de este Arzobispado, etc....
Anularon los Prelados y dieron por de ningún valor la excomunión fulminada contra Bolívar en días anteriores. El asunto terminó con cantar un Tedeum en todas las iglesias de la ciudad.
Concluída la guerra, todos se miraron como hermanos, y el orden y la fraternidad reinaron en la capital.
…
Establecida la paz, fue disuelta la fuerza militar del Gobierno de Alvarez. Los vencedores ocuparon los edificios de la Audiencia, el antiguo cuartel de artillería, el Seminario de San Bartolomé y la amplia casa que construyo el Virrey Solís, al frente oriental de la torre de San Francisco. Bolívar ocupó el Palacio de los Virreyes.
…
Contaba el Libertador treinta y un años de edad. uno de sus biógrafos lo pinta así:
Era un caballero de noble y bella presencia. No se podía sin trabajo fijar los ojos en otra fisonomía que la suya en cualquier reunión en que se encontrara. Un magnetismo irresistible, que más tarde dominó a sus enemigos mismos, aun a los más resueltos, irradiaba de su personalidad. Bajo los párpados, un poco caídos y adornados de largas y negras pestañas, brillaban los ojos a veces con sonrisas y a veces con fuegos sombríos que nacían en sus pupilas. Tenía el color oscuro y dorado, la frente alta y angosta hacia las sienes, mejillas flacas, nariz larga, recta, suavemente encorvada, boca firmemente delineada y delicadamente levantada en la comisura de los labios, los cuales eran moderadamente coloreados y salientes: el superior notablemente prominente, estaba sombreado por un negro bigote; el mentón era bajo, cuadrado y en el centro hundido. Patillas semirrubias, contrastaban con una cabellera negra que caía sobre el cuello en bucles encrespados, rodeando el largo óvalo de la cara. La talla era media, el pecho estrecho, las piernas largas, y sin embargo era esbelto y bien conformado, y era muy elegante en sus actitudes y en sus maneras. La vivacidad de sus gestos, la agilidad de su marcha y su voz aguda y sonora, se adaptaban mal al teatro estrecho de una sala y muy bien en el vasto escenario de un paisaje al sol19.
Los enemigos de Bolívar en Bogotá, entre los cuales se contaba en primera línea el versificador Torres y Peña, pretendieron retratar al ilustre militar en los siguientes versos, debidos a la pluma del Cura de Tabio:
Mozo
Con aspecto feroz y amulatado,
De pelo negro, y muy castaño el bozo;
Inquieto siempre y muy afeminado,
Delgado el cuerpo y de aire fastidioso,
Torpe de lengua, el tono muy grosero,
Y de mirar turbado y altanero.
Es curioso comparar este retrato con las muchas apoteosis y semblanzas que del gran guerrero han hecho las plumas más insignes y verídicas.
A Palacio vinieron desde Fontibón, donde habían permanecido durante la lucha, don Camilo Torres y don José María del Castillo, miembros del Congreso, y el General Antonio Baraya, a presentar sus felicitaciones oficiales al vencedor.” (Ibáñez, 1891: cap42b - cap43).
Para el 12 de diciembre refiere Llano Isaza que sucede la ocupación y saqueo de Santafé por las tropas federalistas de Bolívar. Con él llegaron Camilo Torres, Antonio Baraya y José María del Castillo y Rada, comisionados del Congreso. (Llano, 1995: santafe2).
Sin indicar fecha, Liévano Aguirre expone una muy breve narración sobre la toma de la capital y su saqueo:
“A Bolívar no le quedó, por tanto, otro recurso que el de tomar la ciudad por asalto y la resistencia que se le ofreció durante tres días, no le permitió contener a sus soldados y particularmente a las tropas venezolanas que se entregaron, en las postrimerías de la lucha al pillaje y la rapiña, y dieron muerta a numerosos españoles.
El Libertador trató de borrar, con la generosidad de los términos el Tratado de rendición, la adversa impresión que dejaron estos excesos y sus principales condiciones se redujeron a exigir un tratamiento severo para los peninsulares y el clero monárquista. Otra cosa pensaban el señor Torres y los notables de Santa Fe, a quienes inspiraron poca simpatía las amplísimas garantías otorgadas por Bolívar al pueblo de la Capital y no vacilaron en oponerse francamente a la severidad con que él pretendía tratar a los españoles.” (Liévano, 1987: 876).
13 de diciembre. Santafé. Ese día se conocieron dos bandos, uno en el que Bolívar garantizaba la integridad y bienestar de los habitantes de la ciudad y otro en el que ordenaba que debían presentarse todos los soldados dispersos si no querían ser pasados por las armas.
“A 13 se echó bando por el general Bolívar de que a todo ciudadano se garantizaba y que no se les seguiría daño ni perjuicios; y que los que andaban dispersos bien podían venir. A 13 se echó otro bando de que se presentasen todos los soldados dispersos, pena de pasarlos por las armas, si no se presentaban dentro de tercero día.” (Caballero, 1974: diario7).
14 de diciembre. Santafé. Bolívar liberó a Carbonell y lo restituyó en su cargo de jefe del Tesoro Público. (Llano, 1995: santafe2).
15 de diciembre. Santafé. Mientras se cumplían las condiciones de las capitulaciones y Santafé entregaba al congreso sus armas, hacienda y demás especificaciones convenidas, el Congreso envía a Bolívar un comunicado en el que por primera vez lo nombran como Capitán General de los Ejércitos de la República.
“Bolivar por la sabiduría, tino y valor con que habia drigido la campaña, le envió el gobierno de la union el despacho de capitan general de los egércitos de la República, acompañado con expresiones lisonjeras, y dignas del ilustre gefe á quien se dirigian. “Pueda, terminaba el oficio, el registro á que da principio el nombre de V. E. continuar con otros igualmente ilustres.” Era el primero y único despacho que hasta entónces se habia espedido de capitan general.
Fueron muy considerables los frutos de la victoria y pacificacion de Santafé. Dos mil fusiles, mas de cuatrocientos pares de pistolas, cuarenta piezas de artillería con una cantidad considerable de pertrechos y municiones se entregáron inmediatamente á las órdenes del general en gefe de la union. El congreso y el gobierno general fueron reconocidos por el presidente Alvarez y por todas las demas autoridades de Cundinamarca. En consecuencia la casa de moneda y otros recursos asi pecuniarios como militares, quedaron á disposicion del congreso. Lo principal era union y fuerza física y moral que debia adquirir la República, desapareciendo los gérmenes de la guerra civil, guerra funesta y fratricida que habia hecho perder miserablemente cuatro años de revolucion y las mas bellas oportunidades para consolidar la independencia sobre bases indestructibles; pero dias tan preciosos habian desaparecido para no volver á presentarse sino despues de haber corrido torrentes de sangre y de haber sido sacrificadas mil víctimas.” (Restrepo, 1827, tomo V: 127-129).
17 de diciembre. Cartagena. Se reúne el Colegio Electoral para elegir los nuevos cargos de acuerdo a la reforma constitucional realizada el 24 de noviembre pasado, sin embargo por un levantamiento del partido de los Gutiérrez de Piñeres, terminan los representantes encerrados en el salón en que se ejercían las elecciones. La situación genera descontento en las poblaciones de la provincia y al mando de Castillo se planea un ataque armado contra Cartagena.
“El 17 de diciembre se procedió á la operacion difícil de nombrar los funcinarios que debian llenar los empleos de la nueva reforma. El doctor Pedro Gual obtuvo la mayoría de sufragios para diputado en el congreso. Inmediatamente se procedió á elegir gobernador y resultó electo el doctor Garcia Toledo. Iba ya el colegio á nombrar el teniente gobernador, cuando el doctor Ignacio Muñoz, uno de los miembros de la asamblea, se salió de ella protestando contra la eleccion de Toledo. En el momento otros miembros del colegio hicieron igual protestas. Con esto se alentaron trenta ó cuarenta espectadores de la faccion de los Piñerez, los que á gritos decian no querer otro gobernador que á Gabriel Piñerez, profiriendo al mismo tiempo mil injurias y amenazas contras los electores. El doctor German Piñerez era uno de los que con mas ardor sostenia que su hermano debia ser el gobernador por ser un patriota conocido y de mucho mérito, en lugar de que Toledo tenia contra sí algunas pruebas de que no amaba la independencia. Crecia por momentos el ruido, las amenazas y el tumulto de la asamblea. En vano el presidente del colegio, Granados, reclamó el órden y pidió al poder egecutivo en que presidia Gabriel Piñerez, que le enviara fuerza armada; solo recibió la promesa del comandante de armas d´Elhuyar de que iria si era necesaria. Entretanto por disposicion de uno de los alcaldes ordinarios de la ciudad, Castillo Ponce, se cerraron las puertas de la sala y los representantes quedáron á disposición de los facciosos que no desistian de su primer designio. Entónces propuso German Piñerez que se eligiéran dos cónsules, los que precisamente debian ser Toledo y Piñerez, cuya posicion fué adoptada. A pesar de las protestas de algunos diputados por la falta de libertad, se resolvió que continuaran haciéndose las elecciones de los demas funcionarios. El consulado apénas duró dos dias y al cabo de ellos el colegio que continuaba sin libertad alguna dispuso que se llamaran gobernadores. Ambos hicieron renuncia, para cortar según decian, el principio de la discordia: pero el colegio la envió á la legislatura que debia reunirse el 1º de enero inmediato.
Mientras acaecian estos sucesos en la plaza de Cartagena, se difundieron en la provincia las noticias de lo acaecido el 17 de diciembre y de los insultos que habian sufrido los representantes de los pueblos. Varias municipalidades requirieron al gefe de las tropas que defendian la línea del Magdalena contra los enemigos de Santa – Marta, para que marchando sobre Cartagena restituyera la libertad á sus representantes ultrajados. El coronel Castillo que era partidario de Toledo, no dejó escapar tan plausible motivo para arruinar la faccion de los Piñerez, y por una proclama anunció la resolucion de seguir con sus tropas contra la plaza. Un grande entusiasmo se difundió por todos los pueblos de la provincia, uniéndosele muchos voluntarios y franqueándose por los mismos pueblos cuantos recursos necesitaba. Apénas ha habido discordia civil en que los americanos del sur no hayamos desgraciadamente manifestado la mayor energía, carácter y fuerza del alma.” (Restrepo, 1827, tomo V: 161-165).
Santafé. Bolívar impuso un empréstito obligatorio a los habitantes. (Llano, 1995: santafe2).
19 de diciembre. Santafé. Se instaló el Colegio Electoral, su presidente fue José Sanz de Santamaría. (Caballero, 1974: diario7).
José Manuel Restrepo también refiere lo sucedido el 19 de diciembre en la instalación del Colegio Electoral y los nombramientos del día siguiente, de acuerdo a lo acordado en las capitulaciones del 12 de diciembre pasado:
“La capitulacion del 12 de diciembre se cumplió religiosamente por una y otra parte. El presidente Alvarez convocó sin demora el colegio electoral de Cundinamarca, que se instaló con absoluta libertad, presidiéndole el señor José Santa – Maria. Por él fué reemplazado Alvarez, y nombrado interinamente para gobernador de la provincia, el brigadier José Miguel Pey, y para su teniente el doctor Ignacio Vargas. El mismo colegio envió una comision de tres diputados de su seno, para cumplimentar en Tunja á la autoridad nacional, é invitarla á que se trasladara á Santafé, como la primera ciudad de la Nueva – Granada en donde podia obrar con mas actividad, teniendo á la mano todos los recursos que ofrecia por su poblacion y riqueza.” (Restrepo, 1827, tomo V: 129-130)
Por su parte, Pedro María Ibáñez fecha la instalación del Colegio Electoral el 29 de diciembre:
“El 29 de diciembre se instaló el Colegio Electoral, el cual eligió Presidente a don José Santamaría. Ocupó la silla de Gobernador del Estado don José Miguel Pey, quien hizo celebrar honras fúnebres en honor y memoria de las víctimas de aquella lucha de hermanos, en la iglesia de San Agustín.” (Ibáñez, 1891: cap43).
Sobre la instalación del Colegio Electoral precisa Llano Isaza que es Elegido José Sánz de Santamaría y Prieto como su presidente. (Llano, 1995: santafe2).
20 de diciembre. Santafé. Se nombra gobernador del Estado de Cundinamarca a José Miguel Pey y de “juez político al Mocho Vargas.” (Caballero, 1974: diario7).
Llano Isaza también informa lo sucedido el 20 de diciembre:
“José Miguel Pey nombrado gobernador de Santafé. Bolívar le escribió al presidente de las Provincias Unidas recomendando al exOidor Juan Jurado, su amigo de vieja data: La conducta que el ciudadano Juan Jurado ha observado en estos últimos acontecimientos, lo ha hecho acreedor a mi particular estimación y la del ejército.” (Llano, 1995: santafe2).
Finales de diciembre. Santafé. Sin entregar fecha exacta, José Manuel Restrepo refiere lo sucedido en Santafé y las decisiones tomadas porr Bolívar, su regreso a Tunja y su siguiente plan de ataque contra los realistas. Todo esto después de la instalación del Colegio Electoral en Santafé.
“Mientras que se daban estos pasos importantes para consolidar la union, el general Bolivar recibia en Santafé los testimonios mas distinguidos de aprecio y consideracion. Entre otros los gobernadores del arzobispado doctores Pey y Duquesne, desengañados de todas las mentiras y patrañas que contenia sue dicto en que escomulgaban al general Bolivar y al egército entero de las provincias unidas, declarándoles por herejes é impíos, tuvieron que retractarse por otro edicto en que levantando las escomuniones confesaban que el general y las tropas de la union eran tan católicas como los demas fieles de la Nueva – Granada. He aquí un paso que influirá poderosamente en diminuir el fanatismo religioso de los pueblos. Estos no creerán otra vez las escomuniones de los eclesiásticos fulminadas en materias políticas, cuando los han visto cantar la palinodia del modo mas solemne. Este abuso, que en todos tiempos se ha hecho de la religion, debe quedar desacreditado para siempre, y aunque tanto el partido realista como el republicano han querido llamar á su favor á la religion de Jesucristo, imputando al otro que pretende echarla por tierra, los pueblos han abierto los ojos y ven que la contienda actual solamente se dirige á saber: “si los americanos serán independientes, ó los españoles continuarán egerciendo su despotismo civil y religioso, en la mayor y mas bella parte del hemisferio que descubrió Colon”. Digan lo que quieran los fanáticos é hipócritas, no es otra la gran cuestion de la América ántes española.
Haciendo dado el general Bolivar sus disposiciones para la organización del egército y para mantener la tranquilidad en Santafé, partió para Tunja con el objeto de acordar con el gobierno general los planes de campaña que juzgaba conducentes á la defensa de la República. El se decidió por la toma de Santa – Marta, para marchar despues sobre Rio – Hacha y Maracáybo, asegurando así la costa del Norte. Para realizar estas empresas, Cartagena debia franquear una parte de los muchos elementos militares que encerraba. Este sabio plan se apoyaba en razones las mas poderosas, fué adoptado por el gobierno general. Se espidieron en consecuencia las órdenes para reunir en Santafé un cuerpo respetable de tropas que debia marchar á las órdenes del general Bolivar, y rendir la plaza de Santa – Marta, en donde habia en aquella época muy pocas fuerzas realistas. Al mismo tiempo debia salir otro cuerpo á reforzar la garnicion de Popayan, al mando de los coroneles Serviez y Montufar, y una division á recuperar á Cúcuta bajo las órdenes del general Urdaneta. Una columna enemiga de setecientos hombres mandada por el coronel realista Remijio Ramos, habia ocupado aquellos hermosos valles. La guarnicion que existia en ellos y que solo era de cuatrocientos hombres á cuya cabeza estaba el coronel Santander, se retiró según las órdenes del gobierno á las alturas fortificadas de Chopo, garganta preciosa para avanzar de Cúcuta á lo interior de la Nueva – Granada. A pesar del hambre, la desnudez y las muchas deserciones que debilitaron su pequeña division, el coronel Santander se mantuvo en aquel punto que el enemigo no se atrevió á atacar, sin embargo de que era muy superior en número.” (Restrepo, 1827, tomo V: 129-134)
22 de diciembre. Mariquita. Mariquita declaró su independiente de Cundinamarca y de España, eligiendo como presidente a José León Armero. (Llano, 1995: mariquita).
26 de diciembre. Mariquita. La provincia de Mariquita declara su independencia.
“El 26 de diciembre se declaró libre e independiente la República de Mariquita, y eligió por su Presidente a don José León Armero, patriota ilustre y autor de la liberal Constitución que se dio el nuevo Estado.” (Ibáñez, 1891: cap43).
29 de diciembre. Popayán. Vidaurrázaga ocupó a Popayán en calidad de gobernador enviado por Toribio Montes desde la ciudad de Quito. (Llano, 1995: popayan).
Sobre la entrada de Vidaurrázaga a Popayán escribe Restrepo:
“Desde la derrota de Nariño continuaba mandando las tropas reales en Pasto, el brigadier Don Melchor Aymerich. Montes no estaba contento con sus operaciones, especialmente con la retirada que hizo de Pasto el 10 de mayo, en que sin duda no manifestó valor confiando á subalternos la defenza de aquella ciudad. Entónces Montes le pasó algunos oficios furos y á consecuencia de ellos, Aymerich pidió licencia para retirarse á su gobierno de Cuenca; mas careciendo Montes de oficiales no se la concedió por algun tiempo. Aymerich tenia ya pronta la division que marchaba á las cercanías de popayan é iba á ponerse á su frente, cuando le llegó órden que entregara el mando al teniente coronel de milicias Don Aparicio Vidaurrázaga; lo hizo en efecto y se retiró con mucho disgusto. Estando todo preparado, Vidaurrázaga se puso en camino con trescientos cincuenta soldados, los que despues de unidas las tropas de Patía ascendiéron á quinientos cincuenta. Con esta columna entró en Popayan el 29 de diciembre sin oposicion alguna, tomó el mando de la ciudad y dirigió intimaciones á los gefes republicanos del valle del Cauca, á los cuales decia haber traido dos mil hombres. Pensaba aterrarlos y que se rindieran; pero ellos estaban muy léjos de tener ese pensamiento y por el contrario esperaban ser reforzados para recuperar á Popayan, espeliendo de allí á las tropas reales.” (Restrepo, 1827, tomo V: 147-149).
18. Nota al pie en el texto original: “J. MANCINI, Bolívar, 139.” (Ibáñez, 1891: cap43).
19. Nota al pie en el texto original: “D. F. O’LEARY, Memorias, I, 238” (Ibáñez, 1891: cap42b).
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