Enero de 1816
“Francisco Olmedilla derrotó en Guasdualito al realista Francisco López” (Llano, 1995: noticias1).
Sobre el mes de enero dice Restrepo:
Luego de la derrota de los realistas en Guadualito por las tropas al mando del general Ricaurte, se rearmaron con fuerzas de infantería y caballería. José Antonio Páez marchó hacia Quintero con un escuadrón para repeler el enemigo. (Restrepo, 1827, tomo VI: 199).
Pasto. “Sámano asumió la gobernación de la provincia con sede en Pasto.” (Llano, 1995: popayan).
1 de enero. Santafé. Se eligen como alcaldes a Joaquín Romana y José Antonio Leiva y como Gobernador a Ignacio Vargas. (Llano, 1995: santafe2).
Dice Ibáñez: “Al comenzar el mes de enero de 1816 tomó la vara de Alcalde don Joaquín Romana, y estando impedido para hacerlo don Francisco Domínguez, segundo Alcalde, fue reemplazado por don José Antonio Leiva.
También fue nombrado Gobernador el doctor Ignacio Vargas, y Teniente Gobernador don José Tiburcio Echeverría, bogotano patriota y distinguido servidor de la Independencia.”
(Ibáñez, 1891: cap43b).
2 de enero. Valle de Cúcuta. “Sebastián de la Calzada dejó a Pamplona y llegó a Suratá.” (Llano, 1995: pamplon).
El movimiento de Calzada es referido por José Manuel Restrepo, diciendo que el militar traslada su cuartel general conformado por unos 2.200 hombres desde Pamplona a Suratá, en el valle de Cúcuta, desde donde amenazaba con avanzar hacia Girón, Piedecuesta, San Gil y el Socorro. Mientras tanto, en el otro bando:
“El ejército republicano que debía oponérsele, se reunía y disciplinada en la villa de Piedecuesta. El general Urdaneta fue llamado a Santafé para dar cuenta de su conducta en la acción de Chitagá y el general Rovira obtuvo el mando en su lugar. El segundo y mayor general era el coronel Santander. En todo el mes de enero con los refuerzos que se enviaron de Tunja, Socorro y Santafé, aquel ejército se elevó a 2.500 soldados, los 1.600 fusileros con poco más de 100 caballos y el resto armado de lanza. El general y los oficiales trabajaron muy activamente en su disciplina y armamento…” (Restrepo, 1827, tomo VI: 203-204).
Haití. Entrevista de Bolívar con Petión.
3 de enero. Santafé. Se sabe en Santafé que Cartagena fue tomada por Morillo después del terrible sitio. (Llano, 1995: santafe2).
Los detalles de lo que se conoció en Santafé los refiere Caballero:
“En este día han corrido noticias muy malas, las cuales son que Cartagena ha sucumbido y que los españoles han tomado la plaza; que Popayán ha sido tomado por los realistas, en número de 5.000; que Calzada se arrima a Piedecuesta con otros tantos; que por los Llanos vienen más. Esto lo creo yo muy bien, según lo demuestran los gobernantes en el semblante triste y afligido y la alegría de los regentistas, prueba muy bien ser verdad todo. Sólo las tropas tienen un despego marcial, que se puede tener una gran confianza, que confío no entrarán los enemigos, pero para esto han de concurrir dos cosas: la unión verdadera de todos, procurando cada uno de su parte auxiliar con lo que pudiere; y la 2a, que no vaya a haber alguna fechoría de parte del gobierno, esto es, que vendan la plaza o que entreguen la ciudad por miedo, sino que se haga una general resistencia. Dios nos saque con felicidad de este aprieto.” (Caballero, 1974: diario9a).
4 de enero. Cartagena. “Francisco de Montalvo invitó a Pablo Morillo a una conferencia con el fin de definir la forma como se juzgaría a los presos de Cartagena; Anselmo de Bierna y Mazo escribió el proceder contra los reos de rebelión, en su calidad de Auditor de Guerra.” (Llano, 1995: cartagena1).
5 de enero. Cartagena. En esa ciudad es fusilado Pedro Antonio García, quien fuera juez de Turbaco. Estaba acusado de promover un incendio en esa población para evitar que cayera en poder de Morillo. (Llano, 1995: cartagena1).
Provincia de Pamplona. “Los patriotas dejaron Piedecuesta y se dirigieron a Cácota (fundada por Ortún Velásquez de Velasco en 1536), huyendo de Calzada.” (Llano, 1995: pamplon).
Santafé. Preocupados por la seguridad de la ciudad, dice que Caballero que ese día “…se echó bando de que diesen noticia de todos los forasteros que hubiere, pena de $25 (Ni con pena de $ 25.000 darán razón).” (Caballero, 1974: diario9a).
8 de enero. Pamplona. Primera batalla de Cachirí. Santander derrota a los realistas al mando de Sebastián de la Calzada. (Llano, 1995: pamplon).
Restrepo entrega un informe de lo sucedido:
En cinco horas de fuertes enfrentamientos armados, una columna republicana deshizo el contingente dejado por Calzada en su paso hacia Ocaña, en el páramo de Cachirí. García Rovira no persiguió a Calzada por tener descompuestas gran parte de las armas, carecer de víveres y las tropas tener que dormir al raso en la noche de la acción. (Restrepo, 1827, tomo VI: 204-206).
12 de enero. Santafé. En la capital se buscan auxilios para las tropas que luchan contra Calzada.
“Hoy se ha fijado un aviso Al Público, para que los que no puedan tomar las armas para defenderse de Calzada -que se ha internado cerca de Piedecuesta- den algún donativo gratuito para los soldados, y monturas. Se ha comisionado a don Pedro Lastra para la suscripción.” (Caballero, 1974: diario9a).
Sin precisar fecha exacta, pero ubicándolo en el mes de enero, Ibáñez explica las medidas que se tomaron para reclutar hombres contra los realistas:
“El Gobierno organizaba fuerzas activa pero tardíamente, bajo la dirección de don Andrés Rodríguez, Secretario de Guerra, con el fin de auxiliar las tropas nacionales en las líneas defensivas en el No. te, en el Sur y en la Angostura de Nare, en el río Magdalena, hasta entonces defendida, con fortuna, por el Capitán José de la Cruz Contreras.
Continuamente había ejercicios de reclutas, se recogían donativos por medio de don Pedro de la Lastra, se acopiaban armas y municiones, se adiestraban las milicias de caballería de la Sabana, y se guardaban los prisioneros de Chire, todo bajo el comando del Generalísimo José Miguel Pey.” (Ibáñez, 1891: cap43b).
15 de enero. Santafé. Entran a la ciudad prisioneros realistas capturados por los patriotas, además suceden reformas entre las directivas militares.
“Entraron 64 prisioneros de los que cogió don Joaquín Ricaurte a Calzada; entre ellos viene un oficial americano llamado Lucena, y dos españoles, el uno sargento 1° graduado de alférez, llamado Juan Concha, y el otro sargento 2°. Hoy se fue don Antonio Villavicencio, 2° general de reserva, a ocupar el mando que tiene García Rovira, y éste al que tiene don Rafael Urdaneta, y Mantilla al que tiene Villavicencio.” (Caballero, 1974: diario9a).
19 de enero. Santafé. Salieron para Neiva los prisioneros que habían entrado a Santafé el 15. (Caballero, 1974: diario9a).
21 de enero. Haití. “Bolívar solicitó la intervención de Petión para impedir que Aury se apropiara de cuatro goletas granadinas, que el francés cobraba como parte de la deuda que con él tenía la Nueva Granada y específicamente Cartagena. Haití tomó las goletas y se las entregó a Brión.” (Llano, 1995: noticias1).
22 de enero. Cartagena. Morillo escribió una proclama “…pidiéndole a los granadinos el sometimiento a Fernando VII: perdonaré a quien quiera acogerse a las clemencias del Rey. Vuestras vidas y vuestros bienes serán protegidos. Venid a mí como hermanos. El pasado será olvidado. ... Ofrezco paz y protección a los buenos pero seré inexorable a mi justicia para con los malvados…” (Llano, 1995: cartagena1).
26 de enero. Haití. “Petión le ordenó al comandante militar de los Cayos, general Ignacio Marión, la entrega de dos mil fusiles y sus bayonetas a Simón Bolívar.” (Llano, 1995: noticias1).
17 de enero. Haití. “Juan Marimón le pidió a las autoridades Haitianas que le impidieran a la flota de Aury hacerse a la mar, por actos de piratería, a lo cual accedió Ignacio Marión.” (Llano, 1995: noticias1).
Febrero de 1816
En el sitio de Remedios (provincia de Antioquia), Francisco Warleta vence a las tropas patriotas de Antioquia que estaban al mando de Ambrosio Pérez Colmero, quien perdió la vida en esa batalla. (Llano, 1995: antioquia).
Provincia de Pamplona. La presidencia de Pamplona es asumida por el español Francisco Delgado.
2 de febrero. Venezuela. En el hato del Palmarito los republicanos encabezados por Páez dispersaron a las tropas del gobernador Arce e hicieron 25 prisioneros. (Restrepo, 1827, tomo VI: 199).
4 de febrero. Provincia de Pamplona. Las fuerzas republicanas se trasladaron desde Piedecuesta a Cácota con el fin de bloquear los refuerzos a los hombres de Calzada que venían de Venezuela y del ejército expedicionario de Morillo. El movimiento de Custodio García Rovira y Francisco de Paula Santander, alertó a Calzada a marchar a Ocaña por el páramo de Cachirí, dejando a su paso una guarnición con 300 hombres. (Restrepo, 1827, tomo VI: 204).
Funza. En el actual municipio de Funza, entonces llamado Bogotá, se plantó un cerezo como árbol de la libertad.
“Se fue mucha gente a Bogotá y plantaron en dicha parroquia el árbol de la libertad; llevaron un cerezo con tierra y una gorra colorada a la mitad de la plaza, donde había un hoyo dispuesto.” (Caballero, 1974: diario9a).
12 de febrero. Santafé. Aunque sin estar convencido, Caballero dice que llegó a la ciudad la noticia que Bolívar y Mariño habían ganado para los patriotas las ciudades de Maracaibo y Coro. (Caballero, 1974: diario9a).
15 de febrero. Provincia de Cartagena. “Warleta salió de Mompox con destino Antioquia y al mando de 1.500 hombres; El virrey Montalvo tomó posesión de Cartagena.” (Llano, 1995: cartagena1).
16 de febrero. Cartagena. Morillo y sus hombres salen de Cartagena con rumbo hacia Santafé. (Llano, 1995: cartagena1).
La salida de Morillo de Cartagena también la relata Ibáñez: “Organizada la campaña por Morillo y puesta la plaza de Cartagena a órdenes de Francisco de Montalvo, salió don Pablo de allí el 16 de febrero con su segundo Pascual Enrile y rodeado del Estado Mayor del Ejército, por vía de tierra, y llegó a Mompós el día 29.” (Ibáñez, 1891: cap43b).
Provincia de Pamplona. Batalla de Mata de la Miel. Un nuevo enfrentamiento entre realistas y republicanos se dio el sitio de la Mata de la miel, a cuatro leguas de Guadualito. Los republicanos se organizaron de la siguiente manera según José Manuel Restrepo:
“Estos se formaron en tres divisiones; mandaba la primera el jefe de escuadrón Ramón Nonnato Pérez; la segunda y tercera los capitanes Miguel Figueredo y Antonio Mujica. El enemigo apoyando las dos alas de su caballería en dos bosques, ocultó en ellos su infantería con un cañón y aguardó el combate con impavidez. Los soldados republicanos atacaron también con firmeza a pesar del vivo fuego que hacía la infantería emboscada y el cañón. El choque fue sangriento y reñido desde las cuatro de la tarde; pero el arrojo, intrepidez y valor de la caballería de los llanos de Casanare, triunfó de la constancia española y los realistas fueron completamente derrotados. Más de 400 muertos, 190 prisioneros, 100 monturas con 280 caballos fueron el fruto de esta jornada en que el jefe Páez y sus tropas se cubrieron de gloria. La mayor parte de los prisioneros se alistaron bajo de las banderas republicanas, y el pequeño ejército que se llamaba de Oriente, se aumentó con más de 400 hombres, una gran parte de los pueblos vecinos.” (Restrepo, 1827, tomo VI: 200-201).
17 de febrero. Santafé. Para Caballero no es aceptable la conducta del entonces gobernador de la capital.
“…se casó el Mocho Vargas, a pesar de su figurado patriotismo, con la hija de don Mateo Trespalacios, chapetón decidido por la causa de España y opuesto al sistema de independencia.” (Caballero, 1974: diario9a).
18 de febrero. Antioquia. Batalla en el fuerte Rompebotijas. Los realistas comandados por Vicente Sánchez Lima obtienen la victoria sobre las tropas que defendían el fuerte. (Llano, 1995: antioquia).
20 de febrero. Cartagena. Son condenados a muerte varios de los procesados en esa ciudad, además, comienzan los fusilamientos: Pedro Villapol, Liberato Rodríguez, Salvador Cancino y Clemente Carreazo. (Llano, 1995: cartagena1).
21-22 de febrero. Segunda batalla de Cachirí. Pamplona. Esta vez los patriotas comandados por García Rovira y Santander fueron derrotados por los realistas de Sebastián de la Calzada. (Llano, 1995: socorro).
Sobre la batalla de Cachirí relata Restrepo los detalles de la siguiente manera:
“El enemigo le había pasado y viendo que no le perseguían se situó en un punto llamado Ramírez a tres jornadas de Ocaña. Allí recibió el auxilio de 300 cazadores tomados de los diferentes cuerpos del ejército expedicionario. Con este refuerzo completó 2.100 fusileros, una compañía de carabineros de a caballo y una pieza de artillería montada. Las tropas de la unión, que sólo contaban poco más de 1.000 fusileros disponibles y 80 hombres de caballería que se hallaban lejos por la falta de forrajes, estaban situadas en una colina del páramo que el general y algunos oficiales creían capaz de defensa y que otros juzgaban insostenible.
Calzada resolvió atacar a los republicanos en aquella posición, y contramarchó con todas sus tropas. Consiguió en efecto sorprender una partida de observación que se hallaba avanzada, y el 21 de febrero se pareció en nuestros primeros puestos, sin que los patriotas lo supieran hasta que estuvo muy cerca de ellos. Se empeñó la acción a la una de la tarde con pocas fuerzas de una y otra parte. Las españolas manifestaron mucha audacia, y las republicanas defendieron el terreno palmo a palmo conservando el campamento hasta que llegó la noche e hizo cesar el combate. Durante la noche, Rovira ocupó a sus soldados en fortificar la cola en que se hallaba acampado, lo que se verificó mal; pero sin embargo cubrió sus tropas y resolvió situarlas por escalones, parapetarlas, y hacer la defensa a toda costa por lo menos para cansar y debilitar al enemigo. La conducta de los cuerpo que combatieron el día anterior le inspiraba confianza; por esto y por un punto de honro mal entendido no quiso retirarse a la llanura de Bucaramanga como hubiera sido conveniente. Al amanecer las guerrillas enemigas principiaron el ataque. Calzada envió por su derecha a la columna de cazadores al mando del sargento mayor Escuté; por la izquierda otra que mandaba el capitán Llorente, y por el centro a los granaderos de sus batallones que atacaron a la bayoneta. Las divisiones de las dos alas consiguieron flanquear las trincheras y sin embargo los cuerpos republicanos continuaban combatiendo con valor, situándose alternativamente por escalones según el plan de Rovira. Más de una hora había durado el fuego y el enemigo había sido siempre rechazado; pero el oficial que mandaba una de las trincheras fue herido, y pasado el intermedio en que debían relevarle, la trinchera que surgía dos fuegos cruzados fue abandonada y quedó en poder de los realistas. El batallón de Santafé que la cubría se retiró y el de Tunja que debía continuar haciendo la defensa se retiró también; el tercero ejecutó lo mismo y el desorden se introdujo en todos los cuerpos, que desde aquel momento hicieron muy débiles esfuerzos. El enemigo se aprovechó del terror y atolondramiento que se había apoderado de las tropas republicanas, y sus carabineros montados que mandaba el capitán don Antonio Gómez, completaron la derrota dispersándose enteramente las fuerzas de la Unión; que fueron perseguidas por la caballería española hasta la villa de Matanzas, y no se salvaron 30 hombres reunidos. Murieron cerca de 300 republicanos, 300 quedaron prisioneros, entre ellos algunos oficiales, y se perdieron 750 fusiles, el parque y cuanto tenía el ejército. El general y su segundo se retiraron hasta el Socorro a donde no pudieron juntar 200 hombres de cuanto tenían en Cachirí. La pérdida del enemigo fue de 150 hombres entre muertos y heridos…
Las consecuencias de la pérdida de esta batalla fueron las más funestas para la Nueva Granada. Hasta Santafé no había tropas algunas, y en esta capital solo existían pequeños cuerpos. Tampoco tenía el gobierno fusiles con que poder armar nuevos soldados. Esto, unido a la profunda impresión que hizo en todas las Provincias Unidas la toma de Cartagena, que se había sabido con certeza poco antes de aquella época, llenó de consternación a los republicanos que ya no veían esperanza alguna de resistir a los españoles, o de salvarse por la fuga de su bárbaro furor. El enemigo ocupaba todas las costas, y a excepción de la Buenaventura sobre el Pacífico, los republicanos no tenían un solo puerto.
El mismo día en que se perdió la batalla de Cachirí, fue derrotado en Cúcuta por el capitán don Francisco Delgado, la columna republicana que marchó de Cácota al mando de Mantilla con el objeto de apoderarse de los vestuarios y demás artículos que venían de Maracaibo para la división de Calzada.” (Restrepo, 1827, tomo VI: 207-213).
Para Groot, el combate fue reñido:
“Contaba Calzada ya con dos mil y cien soldados de infantería, una compañía de caballería y una pieza de artillería. Rovira llevaba mil hombres de infantería y ochenta de caballería. Situase en unas colinas del páramo que le parecieron ventajosas para batir allí al enemigo si le atacaba; allí lo atacó Calzada por sorpresa, habiéndole cogido por la noche la primera avanzada de observación sin que nadie lo sintiese. El ataque se principió el 21 de febrero por la tarde, se suspendió por la noche y al otro día se continuó. Calzada hizo atacar por los dos flancos los atrincheramientos y por el centro a la bayoneta. Después de una hora de reñido combate, murió de un balazo el Jefe del cuerpo que defendía una de las trincheras, y por no haberse reemplazado inmediatamente el punto, fue abandona al enemigo. Los batallones de Santafé y Tunja se retiraron precipitadamente; esto mismo hicieron los demás que estaban situados por escalones, según el plan de Rovira, y no fue necesario más para ponerlos a todos en desorden y que, cargando los carabineros de Numancia, completasen la derrota. De los patriotas murieron trescientos y se hicieron cerca de cuatrocientos prisioneros. De los realistas quedaron como doscientos entre muertos y heridos. Rovira y Santander lograron escapar y fueron a dar al Socorro, donde reunieron unos pocos de los dispersos que habían alcanzado a salir del páramo escapando a la persecución de la caballería.” (Groot, 1953: 474-475)
Mientras que Indalecio Liévano Aguirre, describe en tono burlesco la derrota de los patriotas en Cachirí:
“Entre tanto, García Rovira y Santander reunían, en Piedecuesta, las dispersas milicias de las provincias de Cúcuta, el Socorro y Tunja y se preparaban, de acuerdo con las instrucciones que se les habían impartido, a obligar a Calzada a comprometerse en una batalla, que estaban ciertos de ganar con facilidad. Para impedir que el Coronel español recibiera refuerzos de Venezuela, García Rovira y Santander se movieron hacia Cácota, lo que indujo a Calzada a retirarse a Ocaña por el páramo de Cachirí, siendo seguido por las tropas del Congreso. En el páramo se iniciaron las hostilidades y en su proximidad se libró la batalla, -si así puede llamarse-, que selló los destinos de la Patria Boba y puso en evidencia las limitadísimas aptitudes militares del General García Rovira y del Mayor Francisco de Paula Santander. Cuando apenas se había comenzado la acción, los regimientos españoles hicieron sonar sus cornetas de órdenes y ello precipitó la fuga desordenada de las tropas de Santander y de García Rovira, que <<repentinamente se creyeron rodeadas del enemigo, -se dijo entonces- pues al frente oyeron el sonido de las cornetas y a retaguardia y en otras direcciones oían los ecos>>. La desbandada se convirtió pronto en verdadera carnicería, porque los bien organizados regimientos españoles se precipitaron sobre los soldados y oficiales que huían despavoridos y no dieron cuartel ni aun a los rendidos. El mismo parte del mano español confiesa que <<las tropas que iban a la cabeza no daban cuartel e hicieron una horrorosa carnicería, en particular la Compañía de Daza, que no se podía contener. Quedó, pues, todo el ejército enemigo muerto, prisionero y disperso… Jamás se ha visto espectáculo más horroroso que el que presentaba el camino de Cachirí a Cácota. Todo él estaba poblado de enemigos, la mayor parte muertos de bayoneta, entre ellos muchos oficiales, de cuya clase había trece en un espacio de dieciséis varas. Los fusiles, cajas, municiones y demás efectos de guerra embarazaban el tránsito, y cada instante había que echar pie a tierra. Cansadas ya nuestras tropas de matar y pasado el primer calor, se ocuparon de hacer prisioneros y se llenaron dos cuarteles>>.
Cuando se supo en Santafé la noticia del desastre de Cachirí y se conocieron sus características humillantes, el descontento contra el gobierno adquirió caracteres de verdadero motín y no solo se acusó al señor Torres de incapaz sino que se generalizaron las burlas contra los Comandantes García Rovira y Santander… Las burlas no fueron menos ingeniosas cuando llegaron, a la provincia de Popayán, algunos de los contingentes que consiguieron escapar de Cachirí, los cuales fueron recibidos con la famosa copla que improvisó el ingenio popular y cuya letra decía:
<<Guerreros de Cachirí,
en Popayán no hay corneta;
calad bien la bayoneta
y no corréis así>>.” (Liévano Aguirre, 1987: 916-917).
Provincia de Pamplona. Batalla del puente del caimán. El realista Francisco Delgado se enfrenta y vence a los patriotas comandados por José María Mantilla. (Llano, 1995. pamplon).
23 de febrero. Cartagena. Francisco Montalvo y Ambulodi da a conocer a la opinión pública la sentencia de muerte de los patriotas presos. (Llano, 1995: cartagena1).
24 de febrero. Cartagena. Son ejecutados: “Martín Amador, Manuel Anguiano, Antonio José de Ayos, Manuel Castillo, Miguel Díaz Granados, José María García de Toledo, José María Portocarrero, Pantaleón de Germán Ribón y Santiago Stuart, quienes siguieron en el patíbulo a 35 anónimos héroes del pueblo…” (Llano, 1995: cartagena1).
Dice Ibáñez: “El 24 de este último mes fueron fusilados en la histórica plaza fuerte nueve ilustres ciudadanos. Entre ellos se contaba el acaudalado comerciante don José María Portocarrero y Lozano, hijo de Bogotá, quien tenía a la sazón treinta y cuatro años. Había unido su suerte con doña Josefa Ricaurte, y él prestaba al Gobierno republicano importantes servicios en el ramo civil; conducía para Santafé un cargamento de fusiles cuando fue hecho prisionero en el partido de Lorica, y fue fusilado.
También fue hecho prisionero en las sabanas de Corozal el benemérito Coronel bogotano Salvador Cancino, y fusilado en Cartagena por orden de Morillo.
Entre los emigrantes de la plaza se contaron, oriundos de Bogotá, don Juan Rozo Vargas y don Manuel Romay Campuzano, aquél, comerciante, y éste, abogado, defensores de la ciudad en el célebre sitio de 1815.” (Ibáñez, 1891: cap43b).
Groot relata así las ejecuciones ordenadas por Morillo:
“Antes de salir Morillo de Cartagena para Santafé con su segundo don Pascual Enrile, ya estaban las cárceles llenas de presos, entre los cuales se contaban muchos de los más distinguidos patriotas; el General Castillo era uno de ellos. Este no había emigrado porque los que quedaban en la plaza no se lo permitieron, diciendo que debía correr su misma suerte, una vez que a él se debía en mucha parte la pérdida del país y su desgraciada suerte. El se ocultó en el convento de las monjas de El Carmen con su familia; más no le valió, porque fue descubierto. El doctor García Toledo, que había sido cogido en la emigración, también se hallaba en la cárcel. Estos y otros fueron juzgados en el Consejo de Guerra permanente y fusilados por la espalda como traidores.” (Groot, 1953: 479).
Para esa fecha dice Restrepo que se realiza en Cartagena el juicio y ejecución de Manuel del Castillo y Rada, Martín Amador Rodríguez, Pantaleón Germán Ribón, José María Portocarrero, Santiago (James) Stuart, Manuel Anguiano Ruíz, José María García de Toledo y Madariaga, Antonio José Ayos Necolaldi y Miguel Díaz Granados:
“Todos habían figurado o tenido parte en los principios de la revolución de Cartagena, exceptuando el último que era de Santafé. Morillo dispuso por medio del virrey Montalvo, que sufrieran un juicio militar por el consejo de guerra permanente: cuando ya estaba todo preparado para su condenación queriendo alucinar a los pueblos y persuadirles que no tenía parte en ella, marchó para Mompox en su viaje hacia el interior. El tribunal los condenó a muerte como a reos de alta traición: Anguiano que había sido militar español, a ser fusilado por la espalda, y los demás ahorcados confiscándoseles todos sus bienes: el virrey mandó ejecutar esta sentencia que cubrió de lágrimas a una gran parte de Cartagena, porque los supuestos reos eran de las primeras familias de aquella ciudad. Después de la partida de Motillo y de su segundo, Enrile, el virrey no continuó los asesinatos jurídicos a que sin duda le indujeron estos jefes. La mayor parte de los presos de Cartagena fueron puestos en libertad y solamente sufrieron multas o pérdida de sus bienes. El virrey hizo publicar también un indulto bastante extenso.” (Restrepo, 1827, tomo VI: 219-220).
28 de febrero. Santafé. Se conoce la noticia de la derrota de Cachirí.
“Se recibió la infausta noticia de haber sufrido nuestro ejército un descalabro y derrota por las tropas de Calzada, en las montañas de Cachirí. ¡Adiós, libertad! ¡Adiós, independencia! ¡Qué mal te han sabido conservar! Batieron la columna que mandaba don Custodio García Rovira, compuesta de 400 hombres, y en seguida los demás. Si éstos no tienen práctica militar, si se han colocado en los empleos es por el sueldo y robar. Ya verán, no les arriendo las ganancias; si no corren como gamos, yo no sé; lo que siento es que paguen justos por pecadores.” (Caballero, 1974: diario9a).
Mompóx. Morillo llega a Mompóx donde es recibido en la casa de la marquesa de Torre Hoyos, María Josefa Isabel Hoyos y Hoyos. (Llano, 1995: cartagena1).
Ibáñez dice que la llegada de Morillo a Mompóx sucedió el día 29. (Ibáñez, 1891: cap43b).
Finales de febrero. Santafé. Para este momento indica Ibáñez las noticias que se recibieron de otros lugares del país: “A fines de febrero recibieron los santafereños la grata nueva de que Miguel Guerrero, unido a José Antonio Páez, habían vencido en Arauca una vanguardia española mandada por Ildefonso Arce, y que como consecuencia las fuerzas del General Ricaurte habían ocupado a Guasdalito. Llegó a la vez la infausta noticia de la derrota que habían sufrido los republicanos a órdenes de García Revira y Santander, en los páramos de Cachiri.” (Ibáñez, 1891: cap43b).
Marzo de 1816
El estado en que se encontraba el territorio de la Nueva Granada en el mes de marzo es descrito por Ibáñez:
“Las circunstancias eran críticas. Las columnas de Morillo, obedeciendo a plan previsor, invadían nuestro territorio por diferentes vías. Una columna al mando de Francisco Warleta sojuzgaba las montañas de Antioquia. Otra al mando del Coronel Miguel de Latorre llegaba a Ocaña y tenía por objetivo unirse a las fuerzas que comandaba Calzada; otra columna subía por el Magdalena y debía apoderarse de Honda; estaba a órdenes de Donato Ruiz de Santa-cruz. Morillo, con su Cuartel General y respetables fuerzas, abandonaba a Mompós y se situaba en Ocaña. Julián Báyer dominaba el Chocó.” (Ibáñez, 1891: cap43b).
Primeros días de marzo. Santafé. “Los primeros días del mes de marzo los ocupó el Gobierno de Bogotá en preparativos de nuevas fuerzas militares para reforzar los restos del Ejército del Norte, y en recaudar un empréstito por medio de los comisionados José T. Echeverría y Joaquín Vargas Vesga.” (Ibáñez, 1891: cap43b).
El Socorro. Juana Ramírez es fusilada en Zapatoca. (Llano, 1995: socorro).
3 de marzo. Tunja. El gobernador Juan C. Vásquez organizó tropas para ponerlas al mando de Serviez y combatir a Morillo. (Llano, 1995: tunja).
Santafé. De la capital salen tropas para reforzar a García Rovira en Bucaramanga: “Salió una expedición de 116 soldados, Dragones de Infantería, para reforzar a Rovira, que se halla en Bucaramanga, con Santander. Todos van bien armados y va de comandante don Carlos Espinosa y don Pacho Ugarte, de capitán mayor.” (Caballero, 1974: diario9a).
4 de marzo. Antioquia. Francisco Warleta y sus hombres llegan a Zaragoza y se posesionan de la ciudad. (Llano, 1995: antioquia).
Provincia de Pamplona. Calzada y sus hombres llegan a Girón. (Llano, 1995: pamplon).
5 de marzo. El Socorro. Sebastián de la Calzada asume la presidencia de la provincia de El Socorro, destituyendo a Miguel Angulo. (Llano, 1995: socorro).
Santafé. “Caldas inició fortificaciones en la hacienda de Techo, previendo la llegada de los españoles de Morillo.” (Llano, 1995: santafe2).
El inicio de los trabajos en Techo, los cita Caballero, sin nombrar a su responsable o director, para el 9 de marzo:
“Hoy han salido la compañía de Zapadores a abrir fosos a Techo. Bien hecho, hacen bien de fortificar esa entrada, pues es la principal puerta, por ninguna otra puede entrar el enemigo, sino es por donde se le dé la muchísima de la gana. No he visto órdenes y disposiciones más acertadas. Peladas y más peladas hasta ensuciarlo todo.” (Caballero, 1974: diario9a).
Sin entregar fecha exacta, pero ubicándose en los primeros días de marzo, dice Ibáñez:
“Por orden del Gobierno se encargó el Coronel de Ingenieros, F. J. de Caldas, de levantar puentes en las llanuras inmediatas a la capital, de montar en ellas baterías y de abrir fosos. Los trabajos empezaron en la hacienda de Techo, ya nombrada.” (Ibáñez, 1891: cap43b).
Por su parte, para ese día Caballero relata las noticias que desde Tunja llegaron a Santafé: “Vino posta de la provincia de Tunja, y según dicen trae muy malas nuevas. Las chispas de los regentistas son: que Calzada ha ganado al Socorro y que sus tropas han internado hasta el Puente Real y Chiquinquirá. También se dice que los padres han recogido todas las alhajas de la iglesia y las de Nuestra Señora, y han emigrado con casi todos los de la villa, los que vienen para esta ciudad. Todo está malísimo y la ciudad llena de terror y de desesperación; pero hoy ha venido un extraordinario de Rovira, que escribe de San Gil, donde ha puesto su cuartel general, con divisiones en Pinchote y en lo interior del Socorro, cuyos soldados andan haciendo correrías por la cordillera, y éstos parecían tropas enemigas, con lo que nos hemos recobrado algún tanto.” (Caballero, 1974: diario9a).
Cádiz. Llega prisionero a esa ciudad Antonio Nariño, es recluido en la Real Cárcel de la ciudad. (Llano, 1995: noticias2).
7 de marzo. Mompóx. José Álvarez reemplazo a Warleta en la gobernación de Mompóx, debido a que el primero había partido para Antioquia. (Llano, 1995: cartagena1).
Para la misma provincia refiere Restrepo que Morillo firma un documento para enviar a España, pero es interceptado en Buenos Aires. Según Restrepo, en el texto, el Pacificador deja ver su pensamiento con respecto a América:
“El 7 de marzo manifiesta mucha previsión y un profundo conocimiento del estado y carácter de la revolución americana. La mayor parte de las predicciones que hizo Morillo se han realizado, y es de admirar como la corte española ha persistido en hacer la guerra tenazmente a la América del Sur, cuando con tales datos debía desesperar de reducirla. Tanto de este oficio como del de Ocaña se manifiesta el carácter y los principios de Morillo: él quería que mientras durara la guerra, solo hubiese tribunales militares y que la autoridad ilimitada se concentrase en una sola persona. Mas, no pretendía extinguir a la santa inquisición que con grande aparato había restablecido ya en Cartagena, la que era muy favorable a sus miras de embrutecer y degradar hasta el polvo a los habitantes de la Nueva Granada y de Venezuela. Pedía también al rey que enviara misioneros, teólogos y abogados de España, concluyendo: <<que si el rey quería subyugar estas provincias, debían tomarse las mismas medidas que al principio de la conquista>>.” (Restrepo, 1827, tomo VII: 8-9).
Santafé. Camilo Torres encarga a Manuel de Serviez del ejército del interior por lo que se le otorga el ascenso a General. (Llano, 1995: santafe2).
11 de marzo. Mompóx. Mientras son capturados los hermanos venezolanos Miguel y Fernando Carabaño, en Mompóx es colgado el patriota Roque Betancour. (Llano, 1995: cartagena1).
12 de marzo. Santafé. Camilo Torres renuncia a la presidencia de las Provincias Unidas, en su reemplazo de se elige a José Fernández Madrid. (Llano, 1995: santafe2).
Caballero, relata lo sucedido dejando notar su aún fuerte devoción por Antonio Nariño:
“Renunció la presidencia don Camilo Torres, y García Hevia de ser gobernador. Eligieron a don Pepe de la Madrid, y no admitió. Todos andan ya Sacando el rabo; antes pelearon por los honores y rentas, y por esa causa dieron dos ataques a esta ciudad, sin más razón que querer apoderarse de ella y destruir a su digno presidente don Antonio Nariño, como al fin lo consiguieron por tener mandos y crecidas rentas. Todo lo lograron al colmo de su deseo, pues ¿por qué no se sostienen? ¿Por qué son ahora esas renuncias de unos y de no querer admitir empleos otros? ¿Cuándo fue la causa que se derramase tanta sangre? De la noche a la mañana se han vuelto unos hombres qué desinteresados; ya no quieren empleos; todo lo desprecian; éstos son de los hombres que debe haber en una república. ¡Ojalá fuera así! Para ver si pueden librarse poniendo pies en polvorosa. Si don Antonio Nariño mandara, quizá otra cosa fuera; pero estos hombres lo perdieron y así han de perderlo todo y perderse quizás, por castigo, por lo que hicieron con el incomparable Nariño. A la noche hubo querella de parte del pueblo, vinieron al congreso y pidieron dictador; el congreso lo ofreció, y dijo se retiraran, etc., y eligieron a don José de la Madrid, el que dijo que la patria iba a perecer en sus manos. Puede que su dicho salga cierto, pues quién sabe si admitió el cargo con su segunda intención. Eligieron por gobernador a don Gregorio Gutiérrez, y no admitió. ¿Qué tal?, A la tarde se presentaron 200 hombres a caballo, del campo, venían con la música de honor, vitoreando al dictador; se pusieron en ala frente al palacio, y el presidente les hizo una exhortación patriótica, invitándolos para que todos fuésemos a la guerra, lo que me agradó mucho, pues uniéndonos todos se puede contar con la victoria. ¡Pero si hay tanto diablo de desafecto! Preguntó que si todos los presentes estaban prontos a morir en defensa de la patria, y respondieron todos que sí, hasta derramar la última gota de sangre. Me llenó de sumo gozo. Estos pueblos de la Sabana son patriotas decididos. La música y voladores no cesaban con los vítores. Tomó la palabra el ciudadano Estévez, e hizo ver lo que importaba el defendernos, y después que hubo hablado, la criada de don Manuel Pardo dijo: "¡Qué bien grita el pregonero!" Apenas la oyó Estévez cuando le descargó con la muleta tales porrazos hasta que la rompió y la hizo pedazos en el cuerpo de la dicha criada, y después la llevaron al divorcio. A estas horas andaba el bando para que reconociesen al nuevo presidente. Vino también la música de Artillería y unida con la de Honor estuvieron tocando gran rato. El presidente publicó una proclama muy política con una incitación para que los que quieran alistarse para la guerra junto con el gobierno, lo hagan de pronto. Toda la gente está contenta con el presidente. ¡Dios quiera que su dicho salga falso y que éste sea el hombre que nos salve de la nueva opresión! Puede ser; Dios lo haga, aunque yo... en fin, no digo nada. Hoy tomó posesión del gobierno de la provincia don Nicolás Ribas (Toparon su cotudo que admitiera el gobierno).” (Caballero, 1974: diario9a).
Sobre la renuncia de Torres, Restrepo no señala fecha alguna, pero ofrece su opinión al respecto:
“…la opinión de que el poder ejecutivo era débil por causa del doctor Torres que le ejercía, se difundió bastantemente y aun llegó a tener defensores en el Congreso, donde se sostuvo en sesiones públicas. Cuando supo esto el presidente, cuyo desprendimiento del mando había sido siempre muy grande, hizo renuncia del primer destino de la república, a fin de que poniéndose en manos más hábiles que las suyas pudiera salvarse el Estado, como lo deseaba ardientemente. Fue admitida la dimisión y el Congreso Eligió en su lugar al doctor José Fernández Madrid, diputado por la provincia de Cartagena, cuyo gobierno debía durar por el tiempo de la voluntad del Congreso, concediéndole las facultades extraordinarias delegadas al gobierno general por los decretos del 1º de julio y el 15 de noviembre de 1815. Madrid era un joven de buenos talentos, elocuente y que en el Congreso hablaba mucho sobre las grandes medidas revolucionarias que era preciso tomar para salvar la patria. Se creyó que poniéndole al frente del gobierno, él las adoptaría, y que sería capaz de hacer revivir la confianza y el espíritu público de los pueblos.” (Restrepo, 1827, tomo VI: 216-217).
Lo ocurrido el 12 de marzo y los días siguientes, también es contado por Ibáñez:
“La prisión del Jefe republicano José María Mantilla, en Cúcuta; las consecuencias de la pérdida de la batalla de Cachiri y la ocupación de las Provincias de Pamplona y Socorro por fuerzas del Rey, alarmaron a los habitantes dé la capital. Muchos pensaban, con acierto, que el Presidente Camilo Torres no era el hombre capaz en estas circunstancias para llevar el bastón del Gobierno. Sabido esto por el Presidente, hizo renuncia formal del alto cargo. Se había llevado a cabo la reforma de las instituciones envejecidas, demasiado lejos, y de ahí las frecuentes oscilaciones para llegar a la organización sólida del nuevo Gobierno.
Torres era hombre austero y el jurista más sabio de aquellos días; pero político idealista, dio el prestigio de su nombre al federalismo y a los Gobiernos plurales, causas principales de la situación creada, que no podía terminar sin sangre y sin lágrimas.
En la noche del martes 12 de marzo de 1816 el pueblo de Santafé pidió al Congreso un Dictador, y esa Asamblea eligió a don José Fernández Madrid, Presidente de la República, con facultades dictatoriales.
También renunció, en la misma noche, el Gobernador Francisco Javier García Hevia. No quiso aceptar este cargo don José Gregorio Gutiérrez Moreno, y tomó posesión de él don José Nicolás Rivas, con ejemplar patriotismo.
…
Sin medios de resistencia, Madrid carecía de autoridad y de prestigio, y aunque muchos patriotas estaban dispuestos a sacrificarse por amor a los ideales de la República, en realidad el Presidente no tenía sólidas fuerzas militares en aquellos momentos de inminente peligro, en los cuales Morillo y sus Tenientes ocupaban las Provincias del Norte, el río Magdalena y las montañas antioqueñas, las selvas del río Atrato e iniciaban la éra del terror, alzando patíbulos en Cartagena, en Mompós, en Ocaña y en Girón.
Tan crítica era la situación, que el Congreso dispuso abrir negociaciones con los Jefes expedicionarios para entregarles de nuevo el Gobierno del país en las condiciones más suaves y más provechosas para los pueblos. El Presidente comisionó al Diputado por Antioquia. José María Dávila, para desempeñar tan penoso y humillante encargo. Madrid a la vez continuaba sus preparativos de defensa. A mediados de marzo envió al ingeniero Caldas a prestar sus servicios en el Ejército del Norte, y tomó providencias para fortificar los caminos de Guanacas y Quindío, que cruzan la Cordillera Central. El Coronel Pío Domínguez, también ingeniero, fue enviado con zapadores, a órdenes de Serviez.
El español Francisco Aguilar, republicano distinguido, marchó a la Angostura de Nare como Comandante de artillería, para reforzarlos fuertes levantados por José de la Cruz Contreras.
Entonces se confió la Secretaría de Guerra, por exigencia de Serviez, al Presidente del Congreso, don José María del Castillo. Las otras dos Carteras las desempeñaban don Crisanto Valenzuela, la de Hacienda, y la de Relaciones Exteriores y Estado, don José María Domínguez.
Dispuso el Gobierno que todos los emigrados de las Provincias del Norte se reunieran en Moniquirá para formar la Legión de Emigrados del Socorro, quedando sujetos al General en Jefe Serviez.” (Ibáñez, 1891: cap43b).
En palabras de José Manuel Groot, el cambio de mando y la situación general de los patriotas y realistas fue como sigue:
“El congreso conoció que el señor Torres no era el hombre de genio a propósito para dominar la situación, y trató de poner al frente del gobierno una persona de más actividad. El doctor José Fernández Madrid había dado a conocer estas cualidades en las discusiones del Congreso sobre planes de defensa; pero esto era antes de la pérdida de las fuerzas con que se contaba para verificar esos planes, mas no para el caso presente, cuando ya no se contaba con nada. Eligiese, pues, al señor Madrid, con esperanzas de que, mejor que cualquiera otro pudiera salvar la nave desmantelada en el naufragio; pero él entonces protestó que no era el hombre extraordinario que el Congreso buscaba con tanta ansia para salvar la República en situación tan extrema, perdidos todos los recursos y perdido el espíritu público; que él no se creía con la virtud de resucitar un muerto, que tan difícil así le parecía la empresa que se ponía a su cargo.
Sin embargo de toda la resistencia que opuso el señor Madrid para admitir la Presidencia, hubo de ceder a las reiteradas instancias del Congreso y de sus amigos, protestando, sí, que aceptaba por la fuerza el cargo que se le confiaba, pero sin responder por los resultados. Encargóse de la Presidencia el día 14 de marzo de 1816; ¿cuál era en esa fecha la situación de la República?
El ejército de Morillo dueño de la plaza de Cartagena; destruida en Chitagá la división del General Urdaneta por las fuerzas de Calzada; el grueso del ejército expedicionario penetrando al interior por las vías de Ocaña y Magdalena; y por último, completamente destruida en Cachirí la división con que se contaba para la defensa de la República por la parte del norte. En la capital y Provincias limítrofes no había más que ciento setenta hombres bisoños de la guardia de honor del gobierno, que jamás habían estado en campaña; y lo que era peor que todo, el espíritu público perdido por el cansancio en que estaban los pueblos con seis años de continuo malestar por las guerras intestinas y las depredaciones producidas por éstas, deseando ya el restablecimiento del antiguo régimen, que antes les proporcionara sosiego, paz y seguridad en sus intereses, porque tal les parecía el resultado del triunfo que facilitaran a los españoles, atenidos a sus proclamas, y que tan caro les costó. A todo esto se agregaba la escasez de dinero, de armas y municiones, y cada cual tratando de ver cómo se acomodaba con los que venían… Con tales elementos era con los que contaba el Presidente Madrid para salvar la República, y tales las condiciones a que se vio sujeta su autoridad en aquella aciaga época.” (Groot, 1953: 475-477).
Por su parte, Indalecio Liévano, cuenta que la situación en Santafé se había vuelto insoportable para Camilo Torres, quien debió renunciar a su cargo:
“Don Camilo Torres consideró que había llegado el momento angustiosamente esperado desde que se le obligó a aceptar la primera Magistratura y se presentó en el recinto del Congreso, tiró en el suelo el bastón simbólico del mando y en una escena de teatro, muy suya, declaro a los legisladores granadinos que les notificaba su propósito de abandonar el cargo si no se le aceptaba inmediatamente la renuncia. Aunque la resuelta actitud del dimitente dejó pocas dudas con respecto a la necesidad de proceder a reemplazarlo, todas las gestiones que se efectuaron en este sentido tropezaron con la negativa rotunda de las personas a quines se ofreció el cargo. Como los notables criollos y sus abogados estaban ya preparando las coartadas del caso para entenderse con Morillo, ninguno se mostró dispuesto a asumir una responsabilidad que podría comprometerlo con las autoridades españoles. Ellos explica por qué hubo necesidad de acudir a un doctor en medicina, a don José Fernández Madrid, para que él se encargara de recibir, sin beneficio de inventario, aquella herencia en quiebra y de pilotear una nave que estaba zozobrando y de la cual comenzaban a huir todos los personajes que se habían encargado de desmantelarla cuando surcaba por aguas tranquilas. No fue fácil vencer, sin embargo, las dudas del señor Fernández Madrid y en las reflexiones consignadas por Caballero en su Diario se pueden seguir los detalles del triste espectáculo que dieron los oligarcas criollos en las postrimerías de la Patria Boba…
El nombramiento del señor Fernández Madrid fue acompañado de las expresas instrucciones que le impartió el Congreso, en las cuales se le ordenaba abrir de inmediato las negociaciones con el General Morillo y capitular en los términos más favorables para la oligarquía criolla. El señor Torres, por su parte, salió huyendo de Santafé y se dirigió a Popayán, donde esperaba que sus familiares, los Tenorio –fervorosos realistas y muy influyentes con las autoridades españolas-, le libraran de las posibles represalias de los pacificadores.” (Liévano Aguirre, 1987: 918-919).
17 de marzo. Nare. “José de la Cruz Contreras logró detener la marcha de Donato Ruiz de Santacruz; Victoria efímera pero importante; Al día siguiente, los patriotas debieron retirarse del sitio de la Angostura de Nare (hoy, Puerto Berrío) y replegarse a Nare.” (Llano, 1995: mariquita).
18 de marzo. Mompóx. Morillo sale de la ciudad, continua su viaje hacia Santafé. (Llano, 1995: cartagena1).
Santafé. Salen 150 hombres de caballería a reforzar la tropa contra Calzada. El mismo día, “…han apresado, en el cabildo, al Mocho Vargas, por habérsele encontrado correspondencia con Calzada.” (Caballero, 1974: diario9a).
Girón. En esa ciudad es fusilado Pedro Arévalo. (Llano, 1995: pamplon).
19 de marzo. Santafé. Sale de la ciudad Antonio Villavicencio con destino a Honda, ha sido encargado de la defensa de esa ciudad. (Llano, 1995: santafe2).
22 de marzo. Antioquia. Batalla en la Ceja Alta de Cancán (hoy Yolombó). Asegurando el poderío realista sobre Medellín, las tropas del rey vencen al batallón Soberbios de Antioquia, que estaba comandado por el venezolano Andrés Linares. (Llano, 1995: antioquia).
La descripción de los acontecimientos, según Restrepo, es como sigue:
“Después de varias escaramuzas atacó a Linares en la Ceja, y este fue batido con pérdida de 1.000 hombres muertos y 150 fusiles, cuya victoria debieron los españoles principalmente a una compañía de húsares de Fernando VII, los que inspiraron terror a las tropas republicanas que jamás habían combatido con la caballería española. Linares se puso en retirada hacia Barbosa en la inteligencia de que había sido atacado por 1.500 hombres. En este errado concepto el gobernador Tejada mandó que la fuerza, el gobierno y todas las personas comprometidas emigraran a la provincia de Popayán, a donde juzgaba que se replegarían los restos de las tropas de la Nueva Granada. Más, pérdida la moral del soldado y de los pueblos, que por lo general deseaba la llegada de los enemigos para descansar, según decían, de las fatigas de la guerra, hubo una dispersión completa en Amagá, seis leguas al sur de Medellín, y sólo sesenta personas escaparon a la provincia de Popayán entre oficiales, soldados y paisanos.” (Restrepo, 1827, tomo VI: 225-226).
23 de marzo. Santafé. Caballero relata de manera irónica la situación de la capital en momentos en que se teme la entrada del enemigo:
“Habiendo entrado el general Calzada al Socorro, se ha recibido aquí la tal noticia con bastante admiración por las horcas de los socorreños, y que se hallan bien comprometidos por haber sido los que más han gritado independencia y los que nos han dado dos guerras civiles y ahora no han hecho nada, bien que en las guerras que dieron tampoco hicieron nada, pues el descalabro que llevaron no lo curan ni lo curarán, pues no se redujo más que a flotadas y baladronadas y salieron como perros con rabia, la cabeza gacha y el rabo entre las piernas, y a cual más corría. Con este motivo y que se van acercando cada día más y más, se están apurando los últimos recursos para la defensa, pero en la más miserable situación que se puede pensar, por estar sumamente escasos de todo. No tenemos más que 500 hombres con fusiles; los soldados son los más bisoños, porque los veteranos buenos han salido todos; al mismo tiempo descontentos porque no se les de el prest corriente, y a todos se les debe lo atrasado. Los Milicianos y Patriotas de ningún modo quieren salir y algunos han fugado. Plata no la hay, ni quien quiera prestarla. Se han hecho todos los esfuerzos posibles para conseguir $ 100.000 aunque sea, sobre las alhajas de las iglesias y no se ha podido juntar nada. No hay un hombre que sepa mandar o tenga influencia para ello. Baraya, aunque está de comandante general, está sumamente avergonzado, porque nadie lo quiere, como que es el principal motor de todas estas desgracias; él y los señores del congreso, pues si las cosas las hubieran llevado con la política que correspondía, ello se hubiera compuesto todo sin haber echado mano de las armas y no haber consumido dinero, hombres y armas, y con este motivo abrirle la puerta al enemigo. El ingeniero Caldas no piensa sino en poner una escuadrilla con cañones ligeros en el río de Nare, y ya está todo listo, y no falta más que es la madera para hacer las embarcaciones, manos que las sepan hacer, herramientas al propósito, dinero para su construcción, cobre para hacer los cañones, un facultativo que los sepa hacer, plata y tiempo, que lo demás está todo corriente. Después de haber multiplicado muchos bandos y órdenes para acopiar cobres, pidiendo cuantos haya en los curatos, hasta las campanas, no se han podido juntar ni diez arrobas. Con todas estas escaseces, los inútiles y multiplicados empleos subsisten, pues aunque se han suprimido los tribunales de justicia en la alta corte, los de cuentas y tabacos, la mayor parte de sus individuos gozan los mismos sueldos con otros nombres, pero especialmente el congreso está tal como la madre que lo parió, las dietas corren y lo que hacen no compone un bollo; algunos de sus miembros se han marchado ocultamente porque no peligre el sueldo. Hoy se ha mandado orden para que vengan de Popayán 500 hombres armados y equipados a toda carrera. Yo me figuro que vendrán por el aire, porque de aquí a que llegue la orden, el tiempo que gastarán en armas y equipar la tropa, y si no están justos los 500 completarlos, y que precisamente han de servir para la defensa, como si hubiese la misma distancia de más acá del Socorro a esta capital, que de ella a Popayán. La orden llegará; los soldados vendrán en papel y la defensa será como la que hizo el señor general Rovira en Cachirí. También hoy ha salido la Artillería para Zipaquirá, al mando de don Pío Domínguez y oficiales caraqueños. Así saldrá ello; saben tanto de artillería como los puercos de freno.” (Caballero, 1974: diario9a).
25 de marzo. Ocaña. Morillo llegó a Ocaña. (Llano, 1995: pamplon).
27 de marzo. Yolombó. La ciudad es ocupada por Francisco Warleta. (Llano, 1995: antioquia).
28 de marzo. Santafé. Se avisa por bando la creación del batallón del Cuerpo cívico, conformado: “de todo ciudadano suelto, y que al toque de llamada con música asistieran al cuartel de Milicias, dentro de diez minutos, y si no serían castigados con las penas de la nueva creación impuestas por el presidente de las Provincias Unidas, don José de la Madrid.” (Caballero, 1974: diario9a).
31 de marzo. Santafé. El presidente Fernández de Madrid expide una proclama dirigida a los ciudadanos, en la que dice que salía con las tropas acantonadas en Santafé para reunirse a las de Serviez con el objetivo de hacer frente al enemigo. (Groot, 1953: 480).
Haití. “Bolívar, acompañado por los Gutiérrez de Piñeres de Mompox, partió de los Cayos de Haití para Venezuela al frente de una expedición de 250 hombres…Había comenzado la reconquista patriota; La goleta insignia de la expedición llevaba el nombre de "Bolívar" y la comandaba el corsario norteamericano Renato Beluche.” (Llano, 1995: noticias1).
Finales de marzo. Santafé. Para este momento, Ibáñez refiere las decisiones tomadas por el gobierno central:
“Para mayor tranquilidad pública, cumpliendo ordenen del Presidente Madrid, el Gobernador organizó una Guarda Cívica y fomentó la organización de escuadrones de caballería en varias poblaciones de la Sabana de Bogotá, a las órdenes del Teniente Coronel N. Dufour.
Don José Antonio Olaya quedó encargado de formar en la ciudad de La Mesa, de donde era rico vecino, milicias disciplinadas. A don Francisco Antonio Ulloa se dio comisión de levantar caballerías en las llanuras de Ibagué y Neiva y en el valle del Cauca.
Trataban los gobernantes de mejorar la mala situación del Ejército patriota. A fines de marzo no existían en la ciudad sino 500 hombres; no había dinero, y no se había podido realizar un empréstito de $100,000, ni ofreciendo en prenda ricas alhajas de las iglesias. Los contingentes que llegaban a la capital, en verdad no eran de soldados sino montoneras de labriegos que carecían de armas y de disciplina.” (Ibáñez, 1891: cap43b).
Abril de 1816
Abril de 1815
3 de abril. Venezuela. En Cumaná desembarca la expedición de Morillo y se encuentra con el que era el ejército de Boves que para entonces estaba al mando de Francisco Tomás Morales.
“La expedición llegó felizmente a las costas orientales de Cumaná en los primeros días de abril, y allí encontró al ejército realista que bajo el mando del feroz y sanguinario Boves, había destruido s los republicanos en varios y reñidos combates. Es cierto que su jefe había perecido en los campos de Urica de una lanzada; pero Don Francisco Tomás Morales, su digno sucesor en la carrera del crimen y de la crueldad, le había reemplazado, elevándose de criado y pulpero a coronel. Su ejército que se componía de cerca de siete mil hombres criollos, la mayor parte negros y mulatos que habían conseguido su libertad haciendo la guerra a muerte, tenía ya bajo del gobierno real todo el territorio de Venezuela. Solamente algunas partidas de guerrilla, se mantenían en las vastas llanuras y desiertos del oriente.” (Restrepo, 1827, tomo VI: 54-55).
7 de abril. Cartagena. Cartagena hace un préstamo a Jamaica para poder continuar con la guerra.
“Por primera vez en la historia de Colombia se recurrió al endeudamiento externo y se libró por parte del Estado de Cartagena de Indias una letra a favor del comerciante Tomás Mashitei, por mercancías adquiridas en Jamaica por el delegado gubernamental José María Pasco. La isla de Jamaica intervino con descaro en nuestros asuntos internos, apoyaba simultáneamente a Cartagena y a su rival Santa Marta para mantener un cierto equilibrio de fuerzas, pues desconfiaba tanto de los españoles y realistas de Santa Marta como de los franceses que acudían en gran número a Cartagena y ayudaban militarmente en su defensa.” (Llano, 1995: cartagena1).
10 de abril. Cartagena. Enfrentamientos militares entre las tropas de Cartagena al mando de Juan Salvador Narváez y las de Bolívar comandadas por Bartolomé Chávez, quien fue vencido.
“El general de la unión, para completar por tierra el asedio de la plaza, envió a apoderarse de Tolú, del Zapote y de toda la costa de Sotavento, de donde principalmente se provee Cartagena de víveres. El coronel Bartolomé Chávez partió con cien dragones; mas cuando llegó a la parte de la provincia que llaman Sabanas, ya los pueblos arrastrados por las proclamas, circulares y manifiestos de los gobernantes de la plaza, se habían decidido altamente contra el general Bolívar, a cuyas tropas que consideraban como enemigos, hacían la guerra por cuantos medios estaban a su alcance: tenían pues que sacar los víveres y los demás recursos con la punta de la bayoneta, vejando por consiguiente a los habitantes de la provincia. Con tales disposiciones le fue muy fácil al teniente coronel Narváez que salió de Cartagena a oponerse a Chávez, el formar en poco tiempo una columna de infantería y caballería superior a la de su contrario. Narváez hizo prisionero a Chávez yendo este a un reconocimiento con una pequeña partida, le remitió a Cartagena y a pocos días batió en el sitio de la Oreja a los dragones, que tuvieron al fin que abandonar las sabanas, aunque con poca pérdida.” (Restrepo, 1827, tomo V: 238-240).
Llano también anuncia los enfrentamientos entre Chávez y Narváez:
“La Junta de Cartagena envió tropas a oponerse a las que había enviado Bolívar al mando de Bartolomé Chávez; Juan Salvador Narváez apoyado por las gentes de las sabanas, derrotó a Chávez.” (Llano, 1995: cartagena1).
Isla Margarita, Venezuela. Las tropas expedicionarias de Morillo tomaron la isla Margarita. Para Liévano Aguirre la acción sucede el 7 de abril y no el 10 como refiere Restrepo. (Liévano, 1987: 893).
“Impuesto el general Morillo del estado del país, y después de dar varias órdenes y disposiciones para realizar sus proyectos, determinó ocupar la isla de Margarita, único punto que sostenían los republicanos en Venezuela. En efecto se dirigió hacia ella con todas sus fuerzas, y no teniendo el general Francisco Bermúdez, que la mandaba sino cuatrocientos hombres para defenderla, fue imposible hacer alguna resistencia. La isla se entregó a discreción escapando Bermúdez con algunos otros a Cartagena, a dar tan funestas noticias. Los demás jefes y personas comprometidas tuvieron que presentarse a Morillo. Como entonces le convenía aparentar generosidad y clemencia para no exasperar los ánimos de la independientes, los trató bien, dejándolos en libertad y en el goce de sus bienes, solamente proscribió a los que n se entregara. Si Morillo hubiera continuado de buena fe esta política, habría hecho con ella más daños a la independencia de la América del sur que con sus armas.” (Restrepo, 1827, tomo VI: 55-56).
12 de abril. Cartagena. “Amador pidió a los pobladores armarse y enfrentar a Bolívar.” (Llano, 1995: Cartagena).
13 de abril. Cartagena. Triunfo de Bolívar y sus tropas en una batalla en el sitio de Pasacaballos.
“Cartagena fue menos feliz en el ataque de la interesante posición de Pasacaballos en la extremidad meridional de la bahía. Una división de lanchas cañoneras con ciento veinte soldados intentó apoderarse de ella: en efecto desembarcó la tropa e hizo retroceder a los soldados de Bolívar, que defendían el punto; pero estos que se habían retirado para atraer a sus enemigos, cayeron de nuevo sobre ellos, mataron la mitad, y la otra mitad se ahogó pues no pudo alcanzar sus buques, que se hallaban distantes haciendo fuego. La pérdida de los soldados de la unión sólo fue de tres muertos y ocho heridos. En el campamento de Alcibia las tropas del general Bolívar eran molestadas frecuentemente por los fuegos de los buques de guerra colocados en el punto de la bahía llamado el Mangle. Entre este y la Ciénaga de Testa, situada al oriente de Cartagena hay un pequeño istmo en que pueden cruzarse los fuegos. Castillo habiendo interceptado una carta del mayor general Carabaño, infirió que el sitiador intentaba subir gruesa artillería al cerro de Popa, acercándola embarcada por la Boquilla. Para impedirlo y hacer más difícil la situación del general Bolívar introdujo con bastante dificultad, y sin que lo entendiesen las tropas sitiadoras, una división de lanchas en la Ciénaga de Tesca por el caño de Juan Angola. Desde entonces estas lanchas incomodaron continuamente con sus fuegos a las tropas de Bolívar, cruzándolos sobre los playones por donde se comunicaban los puntos de Alcibia y la Popa; así fue que ni los víveres ni el agua pudieron ya conducirse del pueblo de Ternera, sino con muchas dificultades. Aunque en el cuartel general de la popa había dos aljibes inmensos de agua recogida de las lluvias, el gobierno de Cartagena para que no sirvieran al general Bolívar, había hecho arrojar en ellos algunos cadáveres y otras materias corrompidas, de modo que el agua quedó envenenada. Por este motivo era necesario traerla desde Ternera.
Fuera de los fuegos de las lanchas, el cuartel general de la Popa era continuamente molestado por las bombas y balas que arrojaba el castillo de San Felipe. Los primeros días todas las bombas fueron perdidas por su mala dirección; pero después no pasaba día sin que algunas bombas reventaran dentro del convento en que se alojaba el general Bolívar, edificio que en mucha parte quedó arruinado. Bolívar quiso batir el castillo pero carecía de artillería gruesa y era imposible el subirla a la Popa en aquellas circunstancias. Como el sitiador no pensó en hacer seriamente la guerra a Cartagena cuando se acercó a la plaza, no llevó consigo los medios de rendirla, entre los cuales era absolutamente necesaria alguna artillería de grueso calibre como pudo tomar en el Magdalena; pero siempre carecía de municiones y útiles, así fue que sus operaciones se limitaron a ocupar los puntos más a propósito para impedir la libre entrada de víveres, y a mantenerse en ellos sobre la defensiva, esperando que de este modo el gobierno y pueblo de Cartagena para libertarse de las molestias de un bloqueo, consentirían en dar las armas y municiones precisas para la expedición a Santa Marta. Consecuente con esta conducta media, Bolívar jamás atacó ninguna posición de Cartagena, y sólo se trabaron pequeños combates cuando los sitiados hacían salidas, o sus avanzadas llegaban hasta las del general Bolívar, quien devolvió cuantos prisioneros hicieron sus tropas. Nada había, pues, adelantado contra la plaza en más de veinte días. Siendo tan dilatada la línea del bloque, y tan corto el número de sus tropas, entraban víveres a la ciudad por la parte de tierra, lo mismo que por la de mar. La situación del general Bolívar era bien crítica, pues para conseguir provisiones y aún el agua tenía que combatir o exponer sus tropas a los fuegos enemigos.
Pero nada era tan perjudicial a los sitiadores como el movimiento general de los pueblos contra ellos. Las proclamas y circulares del gobierno de Cartagena, las patrañas que divulgó contra el general Bolívar y sus tropas, y los crímenes que les atribuyó la rivalidad que de antemano existía en la provincia contra los venezolanos, había sido causa que sus habitantes se hicieran sus enemigos, a pesar de que en los primeros días de la llegada del general le había manifestado amistad y recibido bien. Entonces llevaban a Turbaco y a otros puntos víveres, que les eran pagados por su justo precio; mas habiendo cesado esta comunicación amistosa por las ideas que Cartagena inspiró a los pueblos, los soldados del general Bolívar tenían que salir a buscar los víveres, pues no había quien se los vendiera: los moradores de los campos se ocultaban, y en la dura alternativa de perecer de hambre o de tomar las provisiones por la fuerza, se adoptaba el último partido. Privados los habitantes de sus propiedades se hacían más enemigos, y el gobierno de Cartagena aumentaba sus inventivas de que las tropas de Bolívar saqueaban las haciendas y propiedades de los moradores de su provincia.
Para aprovecharse de la efervescencia popular y hacer una guerra terrible a los sitiadores, el jefe del estado mayor de la plaza Cortés Campomanes, y el mayor Ruiz, habían salido con armas y municiones que iban a distribuir a los habitantes. Amador, Castillo, Marimón y los demás de la facción interna no repararon entonces que la plaza no tenía la dotación de fusiles y de pólvora asignada por el ingeniero Cráter. Con el objeto de hacer la guerra y degollar a sus hermanos, podían sacarse estos artículos de las murallas sin que peligrase Cartagena.” (Restrepo, 1827, tomo V: 240-242; tomo VI: 5-10).
Llano refiere la derrota de Cartagena en Pasacaballos:
“Bolívar derrotó a Manuel Castillo en Pasacaballos; El mismo Bolívar en carta a Juan Marimón y Enríquez, se defendió de los cargos de enarbolar una bandera venezolana, y le escribió: En la Popa no se ha enarbolado ninguna bandera; se han hecho sí, señales con una de un batallón granadino, de colores amarillo, verde y encarnado.” (Llano, 1995: cartagena1).
14 de abril. Jamaica. “Desde Jamaica, González Llorente, por intermedio del arzobispo Sacristán, le escribió al exfiscal Frías una carta pidiéndole ayuda para radicarse en La Habana y haciéndole su propia narración de los hechos del 20 de julio de 1810 en Santafé.” (Llano, 1995: noticias).
15 de abril. Cartagena. Campomanes, Ruiz y Narváez arman a la población de la provincia con el fin de que ataquen a las tropas de Bolívar.
“Compomanes, Ruiz y Narváez, que estaba en las Sabanas, armaron diferentes guerrillas, y dos columnas de tropas que cortaban las comunicaciones, impedían el paso de los víveres y destruían los pequeños destacamentos que encontraran de los sitiadores. El mayor general del ejército de la unión Carabaño, salió a contener estos movimientos de pueblos, a pacificarlos y a ocupar las Sabanas uniéndose a los dragones de Chávez. Consiguió esto, mas no lo primero, pues a cada paso encontró obstáculos y una resistencia muy tenaz de parte del paisanaje, al que tuvo que dar un fuerte combate en San Estanislao, habiéndose trabado otros en la Aguada de Paula y en Villanueva a donde fue asesinado el oficial de Bolívar, Marcos Rivas. Tanto Carabaño como el general de brigada Palacios, disiparon en todas partes las reuniones de los pueblos. Mas declarados una vez contra las tropas del general en jefe, se unían de nuevo en otros puntos, y aquellas no podían separarse a grandes distancias del cuartel general, porque sus comunicaciones quedaba enteramente cortadas. Así fue que Carabaño adelantó bien poco y al fin se reunió el cuerpo principal del ejército bloqueador.” (Restrepo, 1827, tomo VI: 10-11).
Además de lo escrito por Restrepo sobre como Cartagena pidió apoyo a la población de la provincia en contra de Bolívar, Llano asegura que Campomanes reforzó la petición con un documento escrito a los alcaldes de las poblaciones cartageneras.
“Circular de Cortés Campomanes a los alcaldes pedáneos desde el cuartel general de Tolú: El señor general de los ejércitos me ha nombrado para serlo en jefe de las operaciones contra los bandidos de Bolívar: acompaña a Ud. La adjunta proclama de nuestro gobierno, que les dará a conocer la conducta de estos forádicos (sic)... reúnan a su vecindario, y le exhorten a que por medio de donativos o empréstitos ayuden al mantenimiento y subsistencia de este ejército...” (Llano, 1995: cartagena1).
16 de abril. Cartagena. El comisionado Marimón le propone a Bolívar una tregua a cambio que entregue el mando de su ejército al coronel Antonio Vélez y que junto con sus oficiales y soldados venezolanos se retire a Ocaña. Bolívar no acepta la propuesta.
“Al cabo de cerca de un mes de asedio, las enfermedades que tan horriblemente se ceban en las tropas del interior que bajan a la costa, tenían reducidas las del general Bolívar a mil doscientos hombres los trescientos enfermos. En todo aquel tiempo el general de la unión no había cesado de instar muy activamente al gobierno de Cartagena para que hubiese una transacción que dejando a cubierto su honor, le habilitara para marchar contra Santa Marta: había instado también por tener una entrevista con Marimón y con Castillo; mas nada había conseguido. Amador y Castillo le insultaban siempre en sus oficios y en las comunicaciones que dirigían a los pueblos tratándole con los epítetos más denigrativos de su conducta militar y política. La única transacción que le propuso Marimón fue ordenarle que entregara el mando de las tropas de la unión al coronel Antonio Vélez, y que él marchara con los oficiales y soldados venezolanos fuera de la provincia de Cartagena, a situarse en Ocaña a esperar allí las órdenes del gobierno general, prescribiéndole la ruta precisa de Turbaco, Arjona, Mahates, Barranca y Mompóx. Bolívar de ningún modo convino en esta medida indecorosa que iba a destruir a su ejército, y a dejarle sin fuerzas para obrar. Instó de nuevo por una conferencia a que no asintió Marimón, como tampoco quiso el gobierno de Cartagena ni los jefes de su facción concederle un armisticio, antes bien hubo varias quejas de parte del general Bolívar, de que por la plaza no eran respetados sus parlamentarios.” (Restrepo, 1827, tomo VI: 11-13).
Sobre la propuesta hecha a Bolívar escribe Llano:
“Cartagena le propuso a Bolívar que se retirara a Ocaña con sus venezolanos y dejara a los granadinos a órdenes de Francisco de Paula Vélez;…” (Llano, 1995: cartagena1).
17 de abril. Cartagena. En la prensa local se informa el rechazo dado a la propuesta de los realistas de apoyar la causa contra Bolívar a cambio del reconocimiento a Fernando VII.
“Los cartageneros rechazaron la oferta de ayuda del español Francisco Montalvo para derrotar a Bolívar con la condición de reconocer a Fernando VII; La noticia salió en el número 12 del Boletín de Cartagena; Allí también se anunció el apoyo de Malambo, Soledad, Sabanagrande y Sabanalarga a Cartagena contra Bolívar;” (Llano, 1995: cartagena1).
Según José Manuel Restrepo, esta propuesta se conoció algunos días después mientras se negociaba con Bolívar su retiro después de conocer la noticia de la llegada de Morillo a Margarita:
“El titulado virrey de nuevo reino de Granda, don Francisco Montalvo, había querido aprovecharse de las disensiones de los republicanos. Luego que supo el bloqueo de Cartagena envió dos buques parlamentarios ofreciendo al gobierno de la plaza auxiliarle poderosamente para destruir a Bolívar; bajo la condición de que la provincia volviera a unirse a la monarquía española y a reconocer al rey. El gobernador Amador le contestó que las diferencias existentes sólo eran disputas de hermanos, y que ambos partidos estaban resueltos a combatir vigorosamente por la libertad e independencia. Montalvo, viendo que ningún efecto producían las negociaciones, activó la guerra. (Restrepo, 1827, tomo VI: 15-16).
24 de abril. Cartagena. En medio de la lucha contra Bolívar, llega a la ciudad la noticia de la llegada de Morillo a Margarita. Inmediatamente, Marimón se lo comunica a Bolívar quien responde pidiendo armas para su ejército y así poder defender el interior o de lo contrario abandonará el mando del mismo y se marchará al extranjero.
“Por un buque de Curazao se supo haber arribado a la isla de Margarita el general español don Pablo Morillo con diez mil hombres de desembarco, en algunos buques de guerra y más de sesenta transportes. Pacificada ya Venezuela era indudable que aquella expedición se dirigiría contra Cartagena y la Nueva Granada. Marimón comunicó esta noticia al general Bolívar, quien le propuso que se avinieran adoptando inmediatamente uno de tres partidos: primero, que se le franquearan víveres y transportes para marchar contra Santa Marta, poniendo también a su disposición todas las armas y efectos de guerra que había en la línea del Magdalena, los que en otro tiempo se le habían ofrecido; segundo, que con los mismos auxilios marcharía a defender lo interior, si se quería esto más bien, pero llevando consigo todas sus tropas, pues de ningún modo podía consentir en disminuirla; tercero en fin, que de no admitirse alguno de estos dos extremos, dejaría el mando del ejército de la unión permitiéndole embarcarse para un país extranjero con los oficiales que quisieran seguirle.
A estas proposiciones, según el pedimento que hizo Bolívar por medio de su secretario Revenga, se siguieron varias conferencias entre el general de la una parte, y de la otra el comisionado Marimón, el gobernador militar de la plaza coronel Mariano Montilla, y el general Castillo. Las hostilidades cesaron entre los dos partidos y se discutieron los medios de establecer una paz duradera.” (Restrepo, 1827, tomo VI: 13-15).
Llano, reseña el aviso que dio Miramón al ejército de la unión sobre la noticia de la llegada de Morillo y la respuesta que a ello entregó Bolívar.
“Juan Miramón se enteró de la llegada de Morillo a las costas de Venezuela y de inmediato lo comunicó a Bolívar quien se empeñaba en sitiar a Cartagena, con lo cual la debilitó para enfrentar al "pacificador".” (Llano, 1995: cartagena1).
25 de abril. Cartagena. Cartagena derrota a Carabaño.
“Cartagena le envió a Narváez 200 hombres más de tropa, con los cuales derrotó al bolivariano Miguel Carabaño en las sabanas.” (Llano, 1995: cartagena1).
Medellín. “Comenzó a circular el primer número de El Censor, primer periódico que circuló en Medellín” (Llano, 1995: antioquia).
26 de abril. Cartagena. Batalla del pie de la Popa.
“En la batalla del Pie de la Popa, Bolívar derrotó de nuevo a Manuel Castillo.” (Llano, 1995: cartagena1).
28 de abril. Barranquilla. Ante el rechazo de Cartagena al apoyo ofrecido por el virrey Montalvo para derrotar a Bolívar a cambio de jurar lealtad al rey Fernando VII, se ordena atacar a las poblaciones patriotas del Magdalena, el primer ataque y victoria de los realistas se da en Barranquilla.
“El capitán Tomas Pacheco, oficial que siempre había obrado con buen suceso contra Cartagena, salió de la Ciénaga con una columna de tropas reales, atacó a Barranquilla, cuyos moradores habían expelido a Fernando Carabaño, oficial destinado por le general Bolívar, para defenderla y aquella importante villa fue tomada por asalto con multitud de muertes y asesinatos que cometió Pacheco. Las fuerzas sutiles que los patriotas tenían en el Magdalena, las armas, municiones y artillería de la línea, todo, todo cayó en manos de los realistas. Tomaron también inmediatamente a Sabanilla, Soledad y los demás pueblos situados desde Barranca hasta la embocadura del Magdalena.” (Restrepo, 1827, tomo VI: 16-17).
Con otros nombres, Llano Isaza también refiere la pérdida de Barranquilla sufrida por los patriotas.
“Pantaleón de Germán Ribón derrotado en Barranquilla por el realista Valentín Capmany; En esta batalla tuvieron una activa participación las mujeres patriotas Benedicta Vargas, María Josefa Cárdenas, Eulalia Cantillo, Ursula Puentes, Juliana Miranda, María Josefa Gutiérrez y Concepción Martínez.” (Llano, 1995: cartagena1).
29 de abril. Mompóx. Los realistas al mando del español Larruz, se toman varias poblaciones de la provincia entre las que se encuentra Mompóx.
“Entretanto colmó la medida de las desgracias la pérdida de Mompóx: esta ciudad importante del alto Magdalena; la segunda en población de su provincia y la llave del comercio del interior, tenía muy poca guarnición durante el bloqueo de Cartagena: el capitán español Larruz, que mandaba un campo volante sobre Chiriguaná, se aprovechó de la guerra civil: apoderándose de los pueblos que hay desde el Peñón hasta Morales, reunió barquetas, armó algunos buques, y a las cinco de la mañana del 29 de abril atacó a Mompóx con poco más de quinientos hombres, desembarcando por la parte de arriba llamada la Ceiba. Sorprendida la pequeña guarnición hizo una resistencia muy ligera, poniéndose en fuga todos aquellos que se hallaban comprometidos.” (Restrepo, 1827, tomo VI: 19-20).
Llano Isaza refiere la pérdida de Mompóx a manos de los realistas y la huida de uno de los Gutiérrez de Piñeres con su familia:
“Por órdenes de Montalvo y Ambulodi, Ignacio de la Ruz se apoderó de Mompox. Vicente Celedonio Gutiérrez de Piñeres huyó con su familia a pie hasta las riberas del Cauca y en Majagual detuvieron a su esposa.” (Llano, 1995: cartagena1).
30 de abril. Cartagena. Bolívar propone un acuerdo con Castillo para tomarse Santa Marta y defender el Magdalena, la propuesta se acepta pero nunca se lleva a cabo.
“El general de la unión propuso en las conferencias, que debiendo haber quedado desguarnecida la ciudad de Santa Marta, y existiendo buques corsarios en el puerto de Cartagena, si se le franqueaban él pondría a bordo sus tropas e iría a tomar a Santa Marta, y que al mismo tiempo Castillo saliera con las fuerzas de la provincia a obrar sobre el Magdalena. Este plan que estaba muy bien combinado, y cuyo buen éxito habría sido probable, fue adoptado por el gobierno de la plaza; pero a los dos días Castillo dijo que sus tropas querían ir más bien a atacar a Santa Marta, y que el general Bolívar con las suyas obrase en el Magdalena. Aceptando el cambio por este y convenidos ya en todos los pormenores, pasaron muchos días si que ni el gobierno de Cartagena, ni Castillo dieran los pasos activos que se necesitaban para llevar al cabo la empresa en circunstancias tan apuradas. Parece que siempre desconfiaban de las intenciones y buena fe del general Bolívar.” (Restrepo, 1827, tomo VI: 17-19).
Santafé. Desde la capital se envía a Bolívar la orden de enfocar su ataque hacia Santa Marta y dejar las hostilidades contra Cartagena.
“Andrés Rodríguez ordenó a Bolívar cesar toda agresión contra Cartagena y mover sus tropas contra Santa Marta, so pena de ser retirado del mando.” (Llano, 1995: santafe2).
Mayo de 1816
1 de mayo. Chía. El gobierno central seguía tomando medidas para organizar sus ejércitos contra los españoles:
“…el Gobierno estaba en Chía, y desde allí encargó el Presidente al Mayor General del Ejército del Norte, Coronel Santander, que de ningún modo verificara su retirada a Casanare; que llegado el día de hacerla, debía tener por objetivo a Popayán, y que dado el caso de que el General Serviez no abrigara idénticos propósitos, tomara él (Santander) el mando del Ejército y se hiciera reconocer como tal Santander, con prudencia, no hizo uso de esta autorización, porque sabía de manera cierta que la opinión de la Oficialidad de aquella División era decidida por que en caso de retirada, se hiciera a los llanos orientales, bañados por los ríos Meta, Arauca y Apure, y por ningún motivo a las Provincias del sur del país.” (Ibáñez, 1891: cap43b).
Más adelante, el mismo Ibáñez escribe que ese día fue escogido por el Presidente Madrid para dirigirse a Morillo buscando una tregua:
“El Presidente Madrid, habiendo sabido la ocupación de Zipaquirá por las avanzadas del Ejército del Rey, abandono el pueblo de Funza, que entonces-como es sabido- se llamaba Bogotá. El día 1° de mayo se había dirigidlo a Morillo, desde Chía, tratando de establecer una negociación de paz, una transacción amistosa, que sería cumplida fiel mente por las autoridades y tropas del Gobierno republicano.” (Ibáñez, 1891: cap44).
2 de mayo. Santafé. Sale de la ciudad José Acevedo y Gómez, va acompañado de uno de sus hijos y se dirigen hacia la selva de los andaquíes. (Llano, 1995: santafe2).
Para ese día escribe Caballero:
“Este día corrió que entraba el general Serviez, francés de nación, que está de general del ejército, el cual los días anteriores tuvo voces con el presidente, si daba el ataque, y el presidente no quiso, ni tampoco darle las tropas que estaban en Bogotá y Zipaquirá. El francés se enfadó y se fue a Chocontá y se regresó para el Común. Esto sucedió en Chía. El presidente tiene las mejores tropas con la Artillería y Serviez no tiene sino son poco más de 1.000 hombres. Esto indica malos fines: no querer que se dé el ataque; negarle las tropas y auxilios, señal que hay gato enmuchilado. El presidente se ha venido a Bogotá con todo el resto de las tropas. Este día se dijo que Serviez entraba aquí a hacer saqueo, lo que se ha temido con justo motivo.” (Caballero, 1974: diario9b).
Y sobre las diferencias de Serviez y Madrid y los movimientos de las tropas realistas, aunque sin precisar fecha, dice Restrepo:
“Las avanzadas enemigas compuestas de carabineros y cazadores aparecieron finalmente en las cercanías de Puente Real. Serviez dio orden para que después de cortar los puentes del río Suárez, las tropas independientes se retiraran por la villa de Leiva a Chiquinquirá. Así lo verificaron con bastante serenidad, y su buena conducta inspiró a los jefes algunas esperanzas para lo venidero. Reunida la división republicana en Chiquinquirá, ascendió con varios refuerzos que le llegaron, a 700 fusileros de buena calidad, algunos artilleros con cuatro piezas bien servidas, y 1.000 hombres de a caballo mal montados y peor disciplinados, exceptuando un escuadrón instruido anteriormente por Serviez. El ejército realista tenía cerca de 4.000 hombres de tropas aguerridas y victoriosas en España y en Venezuela; era pues muy fácil calcular de parte de quien estaría la victoria en un combate.
El presidente Madrid, que por los partes de Serviez conocía el estado de nuestras fuerzas, y la superioridad del enemigo, resolvió abrir negociaciones con los jefes españoles en virtud de las facultades extraordinarias que le había concedido el Congreso para hacer cuanto considerara útil y ventajoso a la patria. En efecto, cuando se retiraba hacia Chiquinquirá el pequeño ejército republicano, se apareció en la villa de Leiva el miembro del Congreso, doctor José María Dávila, con pliegos para el general Morillo. Dávila iba encargado por Madrid de consultar la opinión de Serviez sobre esta medida, que se decía era con el objeto de ganar tiempo y poder prepararnos mejor para la defensa. Serviez fue de opinión que de ningún modo se dejaran correr los pliegos como en efecto sucedió. Madrid dio cuenta al Congreso que residía en Santafé de haber tomado la resolución de negociar con Morillo, para conseguir el mejor partido posible, porque según los oficios del general, nuestro ejército no podía batirse con el español; pero que Serviez no había dejado seguir los pliegos para Morillo y Calzada. El Congreso discutió la materia en varias sesiones secretas, y sin embargo de la opinión de algunos diputados creyeron no podía sacarse partido alguno capitulando con los españoles, que jamás cumplían su palabra a los que llaman rebeldes, la mayoría acordó <<que el poder ejecutivo llevara a efecto la providencia que había tomado de abrir negociaciones con el enemigo>>.
Luego que el presidente recibió esta resolución, dirigió nuevos oficios a Morillo en que atribuía a los oficiales del ejército la culpa de no haber antes provocado a negociaciones de paz. Los pliegos fueron interceptados en nuestras avanzadas sobre Zipaquirá cuando ya se retiraban las tropas. Así parece que jamás llegaron a poder del enemigo; más, aunque hubieran llegado, ningún efecto habrían producido.” (Restrepo, 1827, tomo VII: 16-21).
Indalecio Liévano, destaca los problemas entre Fernández Madrid y Serviez en la definición del rumbo que tomarían el gobierno y las tropas:
“Como el patricio de Santafé estaba ya resuelto a entregarse a la clemencia de Morillo, el señor Fernández Madrid juzgó indispensable el traslado de la sede del gobierno a Popayán, donde esperaba prolongar la guerra y librarla en condiciones más ventajosas, porque tenía depositadas grandes esperanzas en la colaboración de los patriotas quiteños y en el reciente arribo, a Buenaventura, de algunos buques de guerra de Buenos Aires, al mando del Almirante Brown. Su proyecto tropezó, sin embargo, con la oposición del Coronel Serviez, Comandante de los restos de las tropas desbandadas en Cachirí, quien consideraba más segura la retirada del gobierno y de las tropas a los llanos de Casanare. Como el Presidente carecía de la autoridad necesaria para hacerse obedecer, se vio precisado a convenir en que Serviez se dirigiera a los llanos, mientras él y las escasas fuerzas a su mando proseguían a Popayán. Pedro Alcántara Herrán, quien formaba parte del Estado Mayor de Fernández Madrid, refiere, en los siguientes términos, algunos de los incidentes que se presentaron en el curso de la retirada: <<A principios de mayo –dice- emprendió el Presidente la retirada al sur con dos pequeño batallones que lo acompañaban. Al pasar por el pueblo de Bogotá –que hoy se llama Funza- encontramos en él un desorden desconsolador; se veía mucha gente sin armas, afanada, moviéndose sin objeto en todas direcciones y sin saber qué hacer… La mayor parte de la gente que había ido de Santafé, entre la cual se encontraban hombres notables, se empeñó en persuadir a los oficiales que acompañaban al Presidente, que no siendo posible resistir por la fuerza a las tropas españolas, debía negociarse una capitulación… Algunos de nuestros oficiales y varios individuos de tropa quedaron en Bogotá (Funza), para irse a sus casas; pero lo hicieron porque no tuvieron fuerza de ánimo para resistir a las insinuaciones de sus parientes y amigos y no provocaron acto alguno de insubordinación>>.” (Liévano, 1987: 922).
Tunja. De esa ciudad sale huyendo hacia los llanos de Casanare, el Dominico Fray Juan Antonio de Buenaventura. (Llano, 1995: tunja).
3 de mayo. Santafé. “El presidente Fernández Madrid salió para Popayán, llevándose del tesoro público todo el dinero que pudo para sostener la independencia; los caudales de la Casa de la Moneda le fueron entregados a Nicolás Tolosa, quien después huyo, parte del dinero se lo entregó a Morillo y el resto se lo robó.” (Llano, 1995: santafe2).
A la referencia sobre la salida de Fernández Madrid de Santafé, agrega Ibáñez una lista de sus acompañantes:
“Acompañaban al Presidente Madrid, como guardia de honor, Pedro Alcántara Herrán, Patricio y Juan José Armero y varios jóvenes de conocidas familias. Partían como Secretarios Juan José Mutienx y Pedro Mosquera, y como Edecán, Pedro Esparguet. Iba con el Presidente la Comisión Legislativa permanente, formada por fray Diego Padilla, don José Gabriel Peña, don Emigdio Troyano, don José Antonio Barcenas y el presbítero Juan Fernández de Sotomayor, todos ciudadanos eminentes.” (Ibáñez, 1891: cap44).
Por su parte, Caballero, ubica la salida de Madrid como una huída ocurrida el día 2: “y la noche del día 2 se fue con 400 hombres, con toda la Guardia de Honor y todo el dinero que pudo. Salió cierto el dicho que dijo el día que se recibió, de que la patria iba a perecer en sus manos; se conoce que desde entonces ya tenía la intención.” (Caballero, 1974: diario9b).
En palabras de Restrepo:
“Cuando Madrid supo la ocupación de esta villa por los españoles, abandonó a Bogotá dejando muchos papeles importantes que comprometieron después un gran número de familias, con varios efectos que debían conducirse al sur, y emprendió su retirada hacia Popayán, dispersándose las milicias, y la mayor parte de las tropas regladas que tenía consigo.” (Restrepo, 1827, tomo VII: 29-30).
Chiquinquirá. Por esa ciudad pasan los realistas De la Torre y Calzada. (Llano, 1995: tunja).
Isla Margarita. Llega bolívar procedente de Los Cayos. (Ibáñez, 1891: cap44).
4 de mayo. Zipaquirá. El comandante realista Miguel de la Torre, publica un indulto.
Groot describe de qué se trató y otorga una breve reflexión:
“Las tropas del Rey se acercaban a Santafé y el jefe de ellas, don Miguel de la Torre, publicó un indulto en Zipaquirá, con fecha 4 de mayo, a nombre del Soberano ofreciendo garantías de vida e intereses a los comprometidos de toda especie en la causa revolucionaria que se presentasen voluntariamente dentro del término de seis días, ofreciendo, además, premios y recompensas a los que se presentasen con armas, caballerías o municiones de guerra, o que denunciasen dónde las hubiera. Es digno de notarse este artículo del indulto.
“A los esclavos que aseguren y presenten algún cabecilla o jefe revolucionario, a quien pertenezcan, se les concede su libertad, una gratificación pecuniaria, y además serán condecorados conforme al mérito que contraiga en la prisión del sujeto.”
Esto era provocar, o más bien excitar a los esclavos a la infidelidad y traición para con sus amos. ¿Y a qué abusos no daba lugar esta autorización, hecha a nombre del Rey a los bárbaros esclavos, la que debería entender cada uno según sus más feroces instintos? ¿Cómo entendió el bando del árbol de la libertad el negro de Bailly? Esto era poner a los amos a discreción de todos sus esclavos para que pudieran presentarlos hasta muertos, dejando a su arbitrio la calificación del delito de cabecilla o jefe revolucionario. Quien sepa lo que eran en América los esclavos de las minas y haciendas, graduará las consecuencias de esta autorización y la moralidad y civilización de los jefes expedicionarios de Fernando VII. ¡Y por cometer una acción tan infame y una traición para con sus amos, no sólo se ofrecían premios, sino condecoraciones, las que sólo deben darse a las acciones notables y virtuosas! Esto era un contrasentido en los que venían a castigar en los americanos el delito de infidelidad hacia su amo el Rey; como si la inmoralidad de la infidencia en el un caso no fuese la misma del otro.” (Groot, 1953: 487-488).
El indulto proclamado desde Zipaquirá es juzgado por Ibáñez:
“El día 4 de mayo expidió en Zipaquirá el Coronel Miguel de Latorre un extenso indulto que circuló en la capital esa noche, en el cual ofrecía garantía de vida e intereses para los comprometidos en la revolución, si se presentaban en breve término y entregaban los elementos de guerra que poseyeran. Excitábase a los esclavos, mancha de la sociedad heredada de la Colonia, a denunciar a sus dueños como cabecillas, y se les ofrecían la libertad y gratificaciones en dinero por tan vil acción.
La excitación a los esclavos para ser infieles a los amos a quienes pertenecían, dándoles libertad y gratificaciones pecuniarias, era disposición inmoral, pues hacía a los negros, numerosos en las minas y haciendas, jueces calificadores del delito de patriotismo y amor a la independencia, de que se hubieran hecho responsables sus poseedores.” (Ibáñez, 1891: cap44).
Sobre la proclama escrita por La Torre desde Zipaquirá, escribe también Liévano Aguirre:
“En los primeros días de mayo llegó a Zipaquirá el llamado Ejército Oriental del Magdalena o sea la columna comandada por el Coronel Miguel de Latorre y como el dicho Coronel se separó de Morillo antes de que este se enterara de la sublevación de Arismendi y no esta al tanto, por lo mismo, de los cambios que ese suceso determinó en los planes del General en Jefe, decidió ceñirse estrictamente al texto de las Instrucciones del Gabinete de Madrid y expidió, el 4 de mayo, una Proclama en la que ofrecía el Indulto a todos los santafereños que depusieran las armas y reconocieran la autoridad de la Metrópoli.” (Liévano, 1987: 925).
Santafé. Serviez reúne un consejo de jefes y oficiales en Usaquén, determinando seguir a Casanare por el camino de Cáqueza. (Groot, 1953: 484).
5 de mayo. Santafé. “Serviez, Santander y Córdoba salieron de Santafé para los Llanos por la vía de Cáqueza…” (Llano, 1995: santafe2).
El paso de Serviez por Santafé, es enunciado por Caballero:
“…entró Serviez con toda la infantería, a las diez del día, y en medio de los dos primeros batallones traían a la milagrosa imagen de Nuestra Señora de Chiquinquirá, la original, encajonada y envuelta en un toldo…Todas las religiones salieron hasta San Diego, debajo de cruz alta, a topar a Nuestra Señora, pero no se les hizo caso alguno. Pasaron a Nuestra Señora, vía recta desde San Diego a Santa Bárbara, con una precipitación increíble. Siguió camino derecho por el puente de Santa Catalina, para Cáqueza. Iban dos batallones, que compondrían algo más de 1.000 hombres. El llevarse Serviez la Virgen no sé a qué se pueda atribuir. Yo me parece que el fin que él se propuso fue que como conoció que era una imagen a que todos la tienen en tanta veneración, diría: pues llevándola, todo el mundo la sigue y los soldados pelearán con más valor y confianza, no porque él le tuviese alguna fe a Nuestra Señora, pues según dicen no era cristiano. Pasaron 59 cargas de equipaje y más de 200 caballos y mulas sueltas.” (Caballero, 1974: diario9b).
Sobre el paso de Serviez y sus hombres por Santafé escribe Ibáñez:
“Al día siguiente, a las once de la mañana, llegó a la ciudad el General Manuel Serviez, el vencedor en San Victorino en 1814, huyendo de las tropas del Rey, que estaban en Zipaquirá. Serviez conducía la Imagen de la Virgen del santuario de Chiquinquirá en medio de sus soldados. Dio origen este acontecimiento a variadas sensaciones: los Padres de Santo Domingo reclamaron sin éxito la venerada imagen; las gentes devotas instaron por que se descubriera para tributarle culto; los patriotas que iban a emigrar suplicaban con afán a Serviez para que continuara la marcha; los españoles intrigaban por que se detuviera; todo era alarma y agitación. Partió la tropa patriota seguida de numerosa emigración, aquella misma tarde, con el fin de acampar en Tunjuelo, dejando sumidas en el dolor a las familias de los emigrados, que salían a buscar la incierta suerte de la guerra en deplorables condiciones.” (Ibáñez, 1891: cap44).
Por su parte, Groot también escribe sobre la virgen de Chiquinquirá que traía Serviez, dice que la había tomado en Chiquinquirá contra la voluntad de la gente. Además, el gobierno y las tropas que se encontraban en la capital estaban en retirada:
“El día 5 de mayo pasó Serviez de Usaquén a Santafé, donde entró con la Virgen de Chiquinquirá antes de las once de la mañana. Las tropas españolas estaban en Zipaquirá, y el Presidente Madrid había marchado ya para La Mesa. Antes de esto habia comunicado varias órdenes al Secretario de Estado, quien estaba en la capital, entre ellas la de que recogiese los papeles de los archivos del gobierno y los dirigiese a Popayán, y que si no había tiempo para ello, los quemase; mas esta orden no se cumplió, seguramente por el estado de trastorno y confusión en que se hallaban los espíritus en aquellos últimos momentos.
La llegada de Serviez a Santafé con la Virgen produjo diversas sensaciones. Las gentes piadosas corrían a tributar algún culto a la sagrada imagen, y al mismo tiempo se escandalizaban de que se la condujese de aquella manera. Hubo grandes empeños para que se la descubriese, pero Serviez no lo permitió.
El Prior y comunidad de dominicanos la reclamaron; mas nada consiguieron; lo único que les ofreció Serviez fue que la entregaría en el pueblo de Cáqueza. En ese mismo día siguió el ejército en retirada, y por la noche acampó en Tunjuelo, a una legua de Santafé, con algunos emigrados. Al otro día se halló con tal deserción, que de dos mil hombres que llevaba sólo habían quedado seiscientos.” (Groot, 1953: 484-485).
Según Restrepo:
“No contando ya Serviez ni sus oficiales con ellas para dar una batalla como algunos querían, emprendieron su retirada a los llanos con el designio de entrar por la parroquia de Cáqueza en las cabeceras del Meta. Pasaron por Santafé, y siguieron a pernoctar en Tunjuelo. De 2.000 hombres de infantería y caballería que llevaban, no quedaron en aquella noche más que 600 infantes y 30 de a caballo. El resto se desertó con sus oficiales, viéndose obligados los que permanecieron unidos a arrojar el parque en los fosos y cañadas, porque era numeroso y no tenían bagajes en que conducirle.” (Restrepo, 1827, tomo VII: 30).
6 de mayo. Santafé. El realista Miguel de la Torre que se encontraba en Zipaquirá, entró a Santafé y ordenó seguir a los fugitivos de los Llanos. (Llano, 1995: santafe2).
La entrada de las tropas es contada por Caballero:
“A las diez del día entraron algunos curros a caballo, y a las once entraron los demás, como 200 en todos. En todos los balcones y ventanas pusieron banderas blancas y colchas de lo mismo. Este día fue cuando se conocieron sin reboso los regentistas y realistas, y fue el día de la transfiguración, como allá en el monte Tabor, porque dentro de una hora -que fue de las diez a las once- se transfiguraron todos de tal modo, que todos los resplandores eran de realistas; aun aquellos patriotas distinguidos se transfiguraron, que por los muchos resplandores yo no conocía a ninguno…Las mujeres era cosa de ver cómo salieron como locas por las calles con banderitas y ramos blancos, gritando vivas a Fernando VII, entraron en tumulto al palacio y cubrieron los balcones, y a las once que entraron los curros, ellas desde el balcón les echaban vítores con mucha alegría y algazara. La plaza se llenó de gente, con ser que más de media ciudad había emigrado. A las cuatro de la tarde entró la infantería, compuesta de cuatro batallones; hubo muchos vivas. El 1° y 2° batallones eran de españoles, y los demás de mulatos y negros de la provincia de Venezuela, y varios reclutas de toda la provincia del Socorro y Tunja. Todos escondieron sus haberes en los conventos de frailes y de monjas, y en las iglesias particulares, porque se temía el saqueo; no obstante, esta misma noche se comenzó a sentir el golpe de los robos, lo que ejecutaban con tanto descaro, que por la fuerza llevaban lo que querían, y de donde querían, lo que les daba la gana, y así consecutivamente de día y de noche. La gente, aunque en medio de la alegría fingida que demostraba en los semblantes, estaba poseída de un temor pánico, causado por los insultos y robos que a cada instante se recibían, tanto de los negros y mulatos como de los españoles. Se pusieron por tres noches luminarias. En estos primeros cuatro días estuvieron entrando enfermos y heridos de la acción de Cachirí. No trajeron música, sólo trajeron cornetas y clarines, y éstos tanto servían a la caballería como a la infantería. Venían vestidos unos a lo mosaico, otros a lo moro, y los artilleros a lo genízaro, con una especie de diademas en la cabeza, que llaman cachuchas. La infantería venía vestida a lo húngaro, y los curros a lo gitano, con chaqueta y capote corto; los zapadores venían con barba larga, como capuchinos, y el vestido a lo húngaro, y todos con bigote.” (Caballero, 1974: diario9b).
La entrada de los primeros realistas a la capital también es narrada, aunque brevemente, por Ibáñez:
“Los militares españoles fueron recibidos el 6 de mayo bajo arcos triunfales, con repiques de campanas, riego de flores, cohetes y otras manifestaciones de regocijo. Hasta varios patriotas, cansados ya de las luchas de la República recién nacida, y con ciega confianza en la generosidad de los pacificadores, contribuyeron con su presencia a esta benévola recepción.” (Ibáñez, 1891: cap44).
Groot también asegura que ese día sucedió la entrada a la capital del ejército realista en medio de festejos y buenos augurios:
“El día 6 de mayo entraron las tropas del Rey en Santafé, en medio del más grande regocijo, bajo arcos triunfales, con repiques de campanas en todas las iglesias, cohetes y riego de flores que se les arrojaban desde los balcones. Muchos, aun los mismos que habían sido patriotas exaltados, se daban la enhorabuena. Tal era le aburrimiento y cansancio en que todos habían quedado con los seis años de República federal, y la confianza tan grande en que estaban de que con un pequé, como decía el patriota Carbonell, quedaban perdonados y restituidos a la gracia del Soberano, ¡quien los miraría con la ternura de padre, recibiéndolos entre sus brazos, como el del pródigo del Evangelio! ¡Fatal engaño, que hizo tantas víctimas, tantos enemigos a ese Rey y tanta desgracia al país con la pérdida de tantos hombres eminentes y de tantos buenos ciudadanos!
El mismo Comandante General don Miguel de la Torre dio testimonio de las buenas disposiciones y grandes entusiasmos con que habían sido recibidas las tropas reales en la capital del Reino.” (Groot, 1953: 488-489).
La versión de José Manuel Restrepo de lo sucedido ese día es similar a la de Llano:
El realista Miguel de la Torre entró a Santafé y ordenó perseguir a los fugitivos, que huían hacia los Llanos. “El enemigo que perseguía muy de cerca de los republicanos, entró en Santafé el 6 de mayo y envió en persecución de Serviez una columna de carabineros y cazadores al mando del capitán don Antonio Gómez.” (Restrepo, 1827, tomo VII: 30-31).
Por su parte, Liévano Aguirre resalta los festejes preparados por los santafereños para recibir a las tropas españolas:
“Nada tiene, pues, de extraño, que el día 6 de mayo de 1816, al aproximarse las divisiones de Latorre a los suburbios de Santafé, se encontraran con la inesperada sorpresa de una ciudad que les abría sus puertas y cuyas principales familias, encabezadas por la plana mayor de los “carracos”, se encargaban de presidir los homenajes triunfales que le fueron rendidos a las fuerzas españolas de ocupación.” (Liévano, 1987: 925).
7 de mayo. Santafé. La Torre envía al capitán Antonio Gómez con una partida del escuadrón de carabineros leales de Fernando VII y la cuarta Compañía del primer batallón de Numancia en persecución de Serviez; así como a otros hombres para seguir a los iban hacia Popayán (Groot, 1953: 489-490). Además, ratificó el indulto de Zipaquirá:
“Toda persona que sirviendo al partido revolucionario, ya fuese civil o militarmente, no se presentase en el enunciado término de seis días a gozar del indulto que a nombre del Rey había expedido en Zipaquirá, sería juzgada como traidora y sus bienes pertenecientes al real Erario.” (Groot, 1953: 489).
Chocó. “Julián Bayer derrotó a los chocoanos en el "arrastradero de San Pablo" (hoy, Istmina) y capturó al gobernador de Nóvita Miguel Buch;…” (Llano, 1995: choco).
Sobre el enfrentamiento narra Restrepo:
“Desalentados los independientes que defendían aquella provincia con la pérdida de Antioquia, abandonaron el fuerte del Remolino y retirándose para Nóvita, fueron dispersados en el arrastradero de San Pablo y en otros puntos. El gobernador, ciudadano Miguel Buch, que había manifestado grande energía y patriotismo, casi todos los oficiales y soldados con 250 fusiles, artillería y algunos buques armados cayeron en poder del comandante español Bayer, que usó bien de su victoria y fue dueño del Chocó.” (Restrepo, 1827, tomo VII: 36-37).
8 de mayo. Purificación. A esa ciudad llega el presidente Fernández Madrid y los hombres que lo acompañaban.
“Entretanto el Presidente Madrid, una Comisión del Congreso, autorizada para funcionar con las atribuciones de toda la corporación, la guardia de honor y muchos emigrados, llegaban a Purificación el día 8, y seguían camino para La Plata, dejando como General de retaguardia, en las ardientes llanuras del Tollina, a Custodio García Rovira, y con él al Coronel Pedro Monsalve, Jefe del. Batallón Socorro.” (Ibáñez, 1891: cap44).
9 de mayo. Ubatoque. En el alto de Ubatoque, el capitán Antonio Gómez alcanzó a la retaguardia de Serviez,
“…donde pretendieron hacer alguna resistencia los fugitivos, que ya no eran otra cosa después de tanta dispersión. En el alto de los Gutiérrez tuvieron otro tiroteo, siempre en retirada, perdiendo gente, y así pasaron por el bosque de Quebradahonda y altura de Sáname. Aquí alcanzaron a la Virgen, la que habían dejado en un rancho. La persecución siguió hasta Rionegro, donde se cogieron caballerías, municiones y la gente que no había alcanzado a pasar la cabuya, la que ya estaba cortada por Serviez. Con la Virgen encontraron a los padres Prior y subprior del convento de Chiquinquirá, quienes, con otros dos religiosos, la habían seguido hasta aquel sitio, con ánimo de no abandonarla. De allí la volvieron con la reverencia debida al pueblo de Cáqueza, desde donde dio parte de su hallazgo el Capitán Gómez al Comandante General don Miguel de la Torre.” (Groot, 1953: 490).
10 de mayo. Honda. “José Donato Ruiz de Santacruz con tropas de la reconquista, llegó a Honda y recibió la plaza de manos de Juan Lerchundi.” (Llano, 1995: mariquita).
11 de mayo. Batalla de la Cabuya de Cáqueza. Serviez es derrotado por el español Antonio Gómez. (Llano, 1995: santafe2).
Dice Restrepo:
“Esta alcanzó a Serviez en Cáqueza y en el paso de la cabuya de Rionegro, en donde consiguió dispersar enteramente a los republicanos por el atolondramiento del general, que empeñó la acción compañía por compañía, tomándoles muchos prisioneros, armas, municiones, y todos los equipajes. Sólo 200 hombres quedaron después de aquel combate, los que continuaron su retirada por los llanos de San Martín hacia Pore perseguidos siempre por una columna española.
Cuando Serviez emprendió su retirada, creyendo granjearse el afecto, tanto de los pueblos como de sus soldados, se trajo consigo la imagen de María de Chiquinquirá por la que tienen tan grande veneración los pueblos de la Nueva Granada. La condujo hasta Cáqueza, donde la recuperaron los españoles, los que la trajeron a Santafé y llevaron después a su primitiva iglesia de Chiquinquirá con mucha solemnidad; ellos quisieron hacer creer a los pueblos que los patriotas habían sacado aquella imagen de su iglesia en menosprecio de la religión de Jesucristo. De este arbitrio se han querido valer muchas veces los enemigos de la independencia para hacer odiosa la revolución.” (Restrepo, 1827, tomo VII: 31-32).
Brevemente, Ibáñez escribe sobre el alcance que dieron los realistas a Serviez en la Cabuya de Cáqueza o del río Negro:
“El Capitán español Antonio Gómez siguió las huellas de las tropas que mandaba Serviez, y les dio alcance el día 11 en la cabuya o tarabita del río Negro. Hubo acción de armas favorable para los realistas, y muchos patriotas quedaron prisioneros, los cuales fueron conducidos a la capital.” (Ibáñez, 1891: cap44).
13 de mayo. Popayán. “Sámano movilizó su ejército, desde Pasto, sobre Popayán; Días después, Cabal fue destituido por una junta de oficiales por oponerse al enfrentamiento directo con Sámano, El aconsejaba la guerra de guerrillas.” (Llano, 1995: popayan).
A pesar que el historiador Restrepo no precisa fecha, hace un recuento detallado de lo acontecido en el sur con los patriotas y los realistas:
“Los enemigos interiores de Popayán instruyeron también frecuentemente a Sámano de la derrota de Cachirí y de los demás pasos que daban las tropas reales. En la inteligencia de que los patriotas de Popayán eran ya atacados por el norte, y con noticias equivocadas que tuvo Sámano de que la mayor parte de la división republicana había abandonado aquella ciudad y marchado a Santafé, resolvió, según las órdenes del presidente de Quito, venír a las cercanías de Popayán y fortificarse en ellas. Salió, pues, de Pasto con 400 soldados veteranos y 600 de milicia disciplinadas en esta ciudad. En Patía se le reunieron Sión Muñoz y algunos otros oficiales con sus guerrillas, con las que completó de 1.300 a 1.400 hombres la mayor parte fusileros. Después de una marcha dilatada se acampó en la cuchilla del Tambo sin oposición alguna a seis leguas de Popayán; allí se fortificó aguardando a tener noticias positivas de que las tropas del general Morillo atacaban ya a los republicanos del sur. Muy pronto iba esto a suceder por la columna que había tomado a Antioquia, la que estaba en marcha hacia Popayán con la fuerza de 400 hombres mandados por el coronel Warleta. Otra igual a las órdenes del teniente coronel don Carlos Tolrá marchaba por el valle de Neiva, y debía penetrar por el páramo de Guanacas. La columna de Bayer en el Chocó amenazaba también al valle del Cauca.
En tan críticas circunstancias la división de tropas republicanas que existían en Popayán, sólo contaba 725 hombres, soldados aguerridos y sin duda los mejores de la Nueva Granda. Desde el año anterior, el gobierno general había sacado de Popayán 300 hombres y más de 500 fusiles para defender las provincias del norte, hacia donde había marchado últimamente el coronel Pedro Monsalve con 300 soldados excelentes del batallón Socorro. Esto había reducido el ejército republicano del sur a tan pequeña fuerza. Sus oficiales que se hallaban muy comprometidos con los españoles, y que habían formado juntas o asociaciones secretas para promover los principios republicanos y hacer la guerra a los realistas sin entrar jamás en avenimiento alguno con ellos, viendo en peligro su seguridad y su existencia, comenzaron a deliberar. No estaban contentos con el general de brigada, José María Cabal, ni con su segundo el coronel Caros Montufar, que no habían desplegado la firmeza y energía revolucionaria que se necesita en aquellos momentos, y que dejando fortificar a Sámano perdieron la ocasión más oportuna de destruirle. Cabal juzgaba que sería pérdida la acción si Sámano era atacado, y que las tropas debían repartirse en guerrillas en el valle del Cauca. Viendo el descontento de las tropas renunció la comandancia de armas. Inmediatamente se formó una junta de guerra a que asistieron el presidente de la Unión, Madrid: en ella fue amenazado de que perecería cualquiera que hablase de capitular; entonces Madrid presentando el pecho al capitán Silvestre Ortíz, manifestó que este era su dictamen. Los oficiales aun de grados superiores resolvieron en aquella junta que tomase el mando de las armas el teniente coronel Liborio Mejía, y fue nombrado comandante en lugar de Cabal.” (Restrepo, 1827, tomo VII: 40-44).
Mediados de mayo. Santafé. Inician los preparativos de recibimiento de Morillo y el resto de las tropas expedicionarias. Aunque Liévano Aguirre los ubica para mediados de mayo, Caballero dice que los preparativos iniciaron 3 días antes de la llegada de Morillo, lo que significaría que se dieron a partir del 23 de mayo, un día después de iniciar las prisiones de los patriotas.
“A mediados de mayo se enteraron los santafereños de que el General Morillo estaba para llegar a Zipaquirá y se comenzó a organizar afanosamente los homenajes triunfales con que se deseaba recibirle. Los notables criollos fueron los encargados de preparar las festividades y don José María Castillo y Rada cedió su lujosa residencia, situada en la esquina de la Calle Real con la calle 14, para alojamiento provisional del General español. A estos preparativos se sumaron los festejos públicos ideados para el mismo objeto, de manera que <<se levantaron –dice Monsalve- treinta arcos triunfales desde San Diego hasta la Plaza Mayor, unos de laureles, otros de oliva, otros recamados de flores y ramilletes y todos ellos con profusión de banderitas, vítores y versos dedicados al Rey, al General en Jefe y a las tropas reconquistadoras; en los cuatro ángulos de la plaza se levantaban sendos templetes con cúpulas de media naranja, vestidos de blanco y lujosamente adornados; y se preparó para la recepción un tan espléndido banquete cual no se había visto en la Capital>>.” (Liévano Aguirre, 1987: 926).
16 de mayo. Santafé. De nuevo entra a Santafé la virgen de Chiquinquirá. “…entró Nuestra Señora de Chiquinquirá a esta ciudad, pues Serviez la llevó hasta Chipaque, allí la quitaron las tropas españolas y por la derrota que sufrió hubo repiques.” (Caballero, 1974: diario9b).
17 de mayo. Neiva. La ciudad es tomada por los realistas. (Llano, 1995: neiva).
Santafé. Sucede el primer fusilamiento en la capital, se trata del “negrito” Carvajal. (Llano, 1995: santafe2).
Ocaña. Desde Ocaña, “Morillo ordenó a Pedro Diego Paredes que se encargara de la administración de hacienda de Girón, mientras llegaba el capitán español Antonio Van Halen…” (Llano, 1995: pamplon).
19 de mayo. San Gil. Morillo llegó a la población de San Gil. (Llano, 1995: socorro).
20 de mayo. El Socorro. Morillo llega a El Socorro. (Llano, 1995: socorro).
22 de mayo. Santafé. Por orden de Morillo, La Torre comienza a apresar a los principales patriotas.
Se apresa a José María Carbonell, José Sanz de Santamaría, Miguel de Pombo, José Ramón de Leiva, Vicente Azuero, Emigdio Benítez, Francisco Javier García Hevia, José María Castillo y Rada, Manuel Arrubla, Pedro Lastra, Sinforoso Mutis y Juan Nepomuceno Rodríguez de Lago. Por la prisión de Sanz Santamaría que era el superintendente de la Casa de Moneda, se puso en su reemplazo a Joaquín Serrezuela. (Llano, 1995: santafe2).
Restrepo también denuncia las prisiones ocurridas en Santafé:
“De nada sirvió que La Torre y Calzada le representaran el indulto publicado en Zipaquirá y su palabra comprometida a nombre del rey. Morillo permaneció inexorable no dando valor ni a lo uno ni a lo otro. La Torre tuvo que obedecer, y el 22 de mayo por la noche fueron sorprendidas en sus casas varias personas de las principales de Santafé y puestas en estrecha prisión. Esta providencia inesperada para muchos, difundió una alarma general tanto en la capital como en las provincias. Desde aquel momento ningún patriota creyó ni pudo creer segura su libertad ni su vida, aun cuando hubiera tenido muy pequeña parte en la revolución. La cuchilla española pendía sobre todas las gargantas, y anunciaba que derramaría mucha sangre americana.” (Restrepo, 1827, tomo VII: 63-64).
Sobre la forma en que comenzaron las prisiones y los lugares dispuestos para ello escribe Ibáñez:
“Se acercaban a la capital Morillo y su segundo, Pascual Enrile. El primero ordenó a Latorre que redujera a estrecha prisión a todos los que hubieran tenido parte, por mínima que fuera, en la revolución vencida, y especialmente a los principales cabecillas de los insurgentes, como él los llamaba. Latorre tuvo que plegarse a esa orden, y en la noche del 22 de mayo hizo sorprender en sus casas a muchos distinguidos patriotas miembros de la más alta sociedad santafereña. La alarma fue general. Desde aquella noche ningún republicano creyó en seguridad ni su libertad ni su vida.
Se pensó por muchos que los indultos de los pacificadores eran lazo traidor para prender a los patriotas, y la conducta dura y cruel de los Jefes realistas abonó la sospecha.
En pocos días se vieron colmados los calabozos de presos sindicados de haber prestado el más leve servicio a la revolución. Casi todos eran americanos o criollos, pero no faltaron peninsulares republicanos; todos eran tratados como insurgentes. Hubo americanos espías y los hubo españoles; ellos incurrieron en la villanía a veces infame venganza de denunciar a los vencidos, entonces aherrojados. La zozobra y el desasosiego se veían en todos los semblantes, y la intranquilidad reinaba en los hogares.
Se destinaron para prisiones de Estado, a más déla antigua Cárcel de Corte y de la Cárcel Chiquita, viejas prisiones coloniales, los antiguos claustros del Colegio del Rosario y del convento de la Orden Tercera, anexo a la iglesia del mismo nombre, hoy desaparecido. Otro claustro conventual, el de San Francisco, sirvió de cárcel a los sacerdotes; y una mala casa cercana al Ayuntamiento en la calle 10, fue la prisión de las señoras y de las mujeres del pueblo.” (Ibáñez, 1891: cap44).
El Socorro. Morillo nombró como gobernador de Vélez al teniente coronel Manuel Carmona: “Lo nombro a Ud. gobernador de Vélez, con la condición que ha de pasar Ud. a cuchillo a todo el que se resista a reconocer la autoridad del Rey.” (Llano, 1995: socorro).
23 de mayo. Santafé. Detenido y deportado a Cádiz el sacerdote Fernando Caicedo y Flórez. (Llano, 1995: santafe2).
Groot también relata las prisiones que sucedieron ese día: En la noche fueron aprehendidos varios eclesiásticos y civiles, entre ellos: el doctor don Fernando Caicedo, el doctor Juan Bautista Pey, el provisor doctor Domingo Duquesne. (Groot, 1953: 492).
24 de mayo. Chiquinquirá. Morillo pasa por Chiquinquirá. (Llano, 1995: tunja).
25 de mayo. Ubaté. Morillo llegó a Ubaté. (Llano, 1995. pamplon).
Ibáñez asegura que ese día Morillo también entró a Zipaquirá, donde pasó la noche y fue agasajado con un baile y múltiples manifestaciones de alegría por su presencia. (Ibáñez, 1891: cap44a).
26 de mayo. Santafé. Entrada de Morillo a Santafé. El mismo día es fusilado el coronel Juan Maya. (Llano, 1995: santafe2).
Dice Caballero:
“Esta noche entró don Pablo Morillo, general en jefe de las tropas españolas. Tres días antes se habían puesto arcos triunfales desde San Diego hasta la plaza, que se pusieron treinta fuera de los cuatro de las esquinas de la plaza, que eran de cuatro caras, y una media naranja encima, vestidos de blanco; los demás eran unos de laurel, otros de olivo, otros de flores, otros pintados, en fin, todos diferentes y con banderitas, y en ellos vítores y versos al rey de España, al general y demás tropas españolas, y así se mantuvieron puestos hasta el jueves 30, día de San Fernando. Con motivo de haber sido la entrada del general Morillo de noche, porque no quiso que se le hiciese recibimiento público, pero ni privado lo admitió, se perdió la prevención de refresco y comida, que se habían costeado $ 2.000, que si se hubiera dado, hubiera sido un banquete no visto.” (Caballero, 1974: diario9b).
Restrepo entrega un poco más de detalles sobre el suceso:
“En tales circunstancias se hacían en Santafé grandes preparativos para recibir con mucha pompa a los generales Morillo y Enrile, pensando acaso que de este modo dulcificarían un poco su carácter; pero Morillo sin admitir obsequio alguno, entró en Santafé la noche antes del día en que se le esperaba. Esto dio a conocer cuales eran sus intenciones, y que ninguna clemencia debía esperarse de él.” (Restrepo, 1827, tomo VII: 64-65).
Por su parte, Groot solamente refiere la entrada de Morillo a Santafé. (Groot, 1953: 492). Mientras Ibáñez recapitula los escrito por Caballero y otros cronistas, agregando el dato que indica que Morillo fue hospedado en la casa que era de José María del Castillo. (Ibáñez, 1891: cap44a).
Indalecio Liévano Aguirre, relata paso a paso la forma como Morillo ingresó a la capital:
“… resolvió venirse a Santafé de incógnito, para evadir los homenajes que se le tenían preparados. El Capitán Rafael Sevilla, miembro del séquito del General en Jefe, refiere así el encuentro de Morillo con la cabalgata de damas y de caballeros de la aristocracia criolla santafereña que salió a recibirlo: <<El General –dice- dispuso que el ejército le siguiese a una legua de distancia; se puso un levitón que le cubría todo el cuerpo y parte de la cabeza, un ancho sombrero de paja sin insignias… y acompañado del General Enrile, de su mayordomo y un ordenanza de caballería, se puso en marcha para la Capital… Antes de andar una legua, se encontró ya con una brillante cabalgata de señoras, lujosamente ataviadas, y de caballeros, en fin, con las familias principales. Una buena música acompañaba a dicha numerosa y lujosa comitiva.
<<Al ver aquellos cuatro hombres, las amazonas y sus acompañantes hicieron parar la música y los detuvieron. Una de las señoras que venían adelante, en un magnífico caballo blanco, fue la primera que tomó la palabra… -Caballero, dijo con su voz dulce-, esta comisión de señora y señoritas de la nobleza, que tengo el honor de presidir, así como los caballeros que nos siguen, queremos saludar y felicitar al invicto General Morillo. ¿Nos podría usted decir dónde hallaremos a Su Excelencia?
<<Aludido, después de una breve pausa, respondió: -…El General en Jefe viene detrás-. Y haciendo una cortés, pero fría señal de despedida, continuó su camino.
<<¿Dónde está el General Morillo? Le preguntaban sucesivamente los jinetes que iban encontrando al paso. –Atrás viene-, contestaba S. E., invariablemente.
<<A la entrada de la ciudad y en la calle que había de recorrer para llegar a su habitación, encontró multitud de arcos triunfales y carros con comparsas y banderas españolas, flores, cortinas de damasco en todos los edificios y señales del mayor entusiasmo y acendrado españolismo. El General permaneció impasible ante tan ruidosas manifestaciones. Morales le hubiera dado un abrazo si hubiera ido con él. -¿Cuál es la casa destinada a Morillo?- preguntó a un grupo y habiendo obtenido las señas que solicitaba, se dirigió a ella y se encerró sin saludar a nadie>>.
Esa misma tarde se produjo una desapacible escena entre Morillo y el Coronel Latorre, quien encontró a su superior furibundo por el indulto concedido a los insurgentes de Santafé. Morillo le censuró con acritud por haber aceptado homenajes en la ciudad y le hizo saber que estaba resuelto a desconocer el indulto, cuyos términos consideraba contrarios a los intereses de la Monarquía española. Latorre manifestó al General que su honor estaba comprometido y su palabra había sido empeñada cuando otorgó, a los santafereños, los beneficios del mencionado indulto y entonces se repitió, en términos contrarios, la escena de la isla de Margarita… Con tono altanero y cortante le ordenó a Latorre retirarse y comisionó a su segundo, el General Enrile, para que procediera a elaborar una lista de los principales cabecillas y ordenara sin dilaciones su arresto.
Enrile se instaló en la casa de los Virreyes y una serie de circunstancias le facilitaron, desde el principio, el cumplimiento de su comisión. Descubrió, por una parte, que los archivos de Santafé y del Congreso Federal no habían sido destruidos, como lo ordenó el Presidente Fernández Madrid cuando salió de la Capital, y por la otra contó con la asesoría eficacísima de muchos españoles que habían permanecido en Santafé desde 1810, los cuales se encargaron de suministrarle informes detallados sobre todo lo ocurrido en la ciudad desde el 20 de julio del mismo año.” (Liévano, 1987: 926-929).
28 de mayo. Santafé. Después de estar dos días hospedado en la casa que había sido de propiedad de Castillo y Rada, Morillo se trasladó al llamado Palacio Virreinal, desde donde comenzó a ejercer su gobierno. (Ibáñez, 1891: cap44a).
Mariquita. Se fusila a la joven Carlota Santacruz, aparentemente por negarse a casarse con un oficial español.
“…el ya conocido Teniente Coronel Donato Ruiz de Santacruz, señor de la ciudad de Mariquita, imitando la conducta de José Fábrega y Bartolomé Lizón en 1813, a que ya aludimos en la página 81, manchó su nombre, haciendo fusilar el 28 de mayo en esa ciudad, patria de la heroína, a la señorita Carlota Armero, porque le negó sus favores a un Oficial subalterno.
Carlota, escribe un Oficial patriota, en 1816 era una joven de unos diez y ocho anos. Hermosa como era, un Oficial español de apellido Bernate se enamoró de ella y le propuso matrimonio; mas ella le contestó que no se casaba con tiranos; el tal Oficial Bernate era pariente muy próximo de Santacruz, quien, ardiendo de ira, la hizo fusilar. Carlota se había mostrado muy entusiasta por la independencia. El fusilamiento fue el 28 de mayo 1816.” (Ibáñez, 1891: cap44b).
29 de mayo. Santafé. Se conocen las nuevas medidas de seguridad impuestas por Morillo:
“…se echó bando para que iluminasen las calles por tres noches y que después se pusiese una vela en cada casa todas las noches, y que ninguno saliese sin pasaporte, y que hasta los que se pasasen de una casa a otra avisasen al alcalde de su barrio.” (Caballero, 1974: diario9b).
30 de mayo. Santafé. Las santafereñas pidieron indultos a Morillo para sus familiares presos, solamente obtuvieron la negativa del español; pero lograron que accediera a mejorar las condiciones que vivían en prisión. (Ibáñez, 1891: cap44b).
De la siguiente manera lo relata Groot:
“Acercábase el 30 de mayo, día del santo del Rey, y se dijo que habría un indulto. Las señoras, esposas, madres, hermanas, etc., de los presos creyeron que ésta era la ocasión para encontrar favor cerca de los jefes Morillo y Enrile. Conviniéronse todas ellas en ir a echarse a sus pies pidiendo gracia a favor de los presos. Era demasiado conocido el carácter cruel e incivil de Morillo; pero esto no las arredró, y confiando en los privilegios de su sexo y de sus lágrimas, fueron con la esperanza de ablandar un tanto la dureza del General expedicionario. Los corredores y escaleras del palacio se llenaron de señoras de las demás categoría. Se avisó a Morillo, quien las recibió con la mayor incivilidad, despidiéndolas inmediatamente con tono furioso y voces descomedidas.
En aquel día se redoblaron los cuidados y el duelo entre las familias, porque semejante procedimiento no daba a entender otra cosa sino que los presos iban a ser víctimas de aquel bárbaro furor y encarnizamiento. No obstante, Morillo concedió un indulto en aquel día. Pero, ¡qué indulto! Un indulto irrisorio, porque eran tantas las restricciones y conterillas que le había puesto, cuantas se necesitaban para que no le viniese a nadie. Sin embargo, el exordio era pomposo: “Teniendo presentes las benéficas intenciones de nuestro amado Soberano, el señor don Fernando VII, y que nada es más dulce para su corazón que emplear en todos sus vasallos los efectos de su piedad y clemencia, como también un día de consuelo a las familias a que pertenecen, he venido en publicar este indulto, atendiendo a la festividad de nuestro augusto Soberano, y conceder a su real nombre las gracias, etc.” Eh aquí el lenguaje hipócrita con que Morillo se burlaba de las lágrimas de todo un pueblo que iba a ver conducir a los cadalsos a las personas más queridas. Con esta misma hipocresía escribió sus memorias este bárbaro soldado, para acreditarse en Europa.” (Groot, 1953: 496-497).
Sobre la petición de indulto dice Restrepo que madres, esposas, hermanas e hijos de los patriotas prisioneros pidieron indultos a Morillo, esperando que en la celebración de la fiesta de San Fernando y por ende del rey Fernando VII, se les concediera, pero fueron negadas. (Restrepo, 1827, tomo VII: 69).
31 de mayo. Neiva. Morillo ordena la restitución de Anastasio Ladrón de Guevara como corregidor de Neiva. (Llano, 1995: neiva).
Junio de 1816
Sin precisar fecha exacta, Ibáñez explica la forma en que fue instaurado y compuesto por Morillo el Consejo Permanente de Guerra. Continuando con la temporalidad de los acontecimientos, dicha instalación puede suponerse para los últimos días del mes de mayo ó los primeros (si no el primero) días de junio:
“En aquellos días todas las familias patriotas del país estaban rodeadas de ansiedad y de cuidado porque el Pacificador creó un Consejo permanente de Guerra, como lo había hecho en Caracas, para que en forma sumaria y a usanza militar, se juzgaran los delitos de infidencia. Lo presidía el Gobernador Militar Antonio María Casano, y los Vocales variaban para cada víctima y eran Oficiales españoles del Ejército expedicionario. El papel sellado y el machete se vieron allí en vergonzoso maridaje para burla y escarnio de la justicia. Los Jueces eran ignorantes, a la vez que dependían de voluntades superiores que temían. Allí se juzgaban los civiles de acuerdo con las ordenanzas militares y solo tenían como defensor a un Oficial de los vencedores que miraba a las víctimas con desprecio y que desconocían sus antecedentes y méritos. Las sentencias de ese Consejo debían ser confirmadas por el mismo Morillo con la asesoría del abogado Faustino Martínez, natural de la ciudad de Antioquia. Un Oficial formaba el expediente, y con la indagatoria del acusado y careos con testigos, en su mayor parte realistas, quedaba cerrado el proceso.
Se adivina fácilmente cuál sería el resultado de casi todos esos procesos sustanciados por Oficiales desvincula. dos de todo lazo con los naturales del país y sin relaciones ni nexos de sangre con las familias de los sindicados, contra los cuales estaban prevenidos, a quienes llamaban insurgentes, rebeldes y traidores.
Constituía la defensa la entrega del expediente al Oficial designado por Morillo, por el término de veinticuatro horas Ya entonces los reos no podían buscar pruebas ni documentos que explicaran su conducta política. Les estaba prohibido hablar con el defensor, que las más de las veces era más bien un fiscal acusador, y con sus familias y amigos pues quedaban privados de toda comunicación.” (Ibáñez, 1891: cap44b).
1º de junio. Santafé. Se inicia juicio contra Antonio Villavicencio. “Se hizo consejo de guerra al conde don Antonio Villavicencio, que lo trajeron preso de Honda, el día 29 del pasado, y le salió sentencia de muerte.” (Caballero, 1974: diario9b).
Principios de Junio. Santafé. El pacificador Pablo Morillo remite 11 clérigos para Cartagena, con el encargo al Virrey Montalvo de remitirlos a España. Sin embargo, Montalvo acababa de recibir una orden real que restringía las facultades extraordinarias a Morillo, la cual decía que los jueces eran los únicos que podían juzgar a los reos. (Groot, 1953: 508-509).
5 de junio. Santafé. Degradación del orden militar y ejecución del capitán de fragata don Antonio Villavicencio. (Groot, 1953: 497).
Caballero indica que el 5 de junio fue la degradación militar de Villavicencio y su muerte sucedió el 6:
“A 5 lo metieron en capilla y a 6 lo arcabucearon en la punta de La Alameda, en la misma parte donde se puso la ramada para el famoso refresco que dio el señor presidente Nariño, después del ataque del 9 de enero de 1813, y él refrescó y comió allí. Salió de la cárcel de militar, con el mismo uniforme que tenía. Salió muy entero y llegó donde estaba la tropa, en el camino real de San Victorino; allí lo degradaron quitándole el sombrero, la espada y uniforme, y todo lo botaron con desprecio; después él mismo se sentó en el banquillo y le tiraron por la espalda. Lo llevó el Montepío lo mismo que a cualquier reo de la íntima plebe. Lo llevaron a La Veracruz y lo sepultaron en la capilla de Nuestra Señora de los Dolores. En esta deshonra e infamia murió el que tuvo varios distinguidos empleos en esta capital y aun en España.” (Caballero, 1974: diario9b).
La reflexión de José Manuel Restrepo sobre el hecho y demás ejecuciones que siguieron en los meses siguientes, expresa la crueldad del Régimen del Terror y la pérdida de vidas valiosas para la Nueva Granda:
“Esta sentencia fue ejecutada con mucho aparato para inspirar terror. Desde aquel día funesto, por el espacio de seis meses, apenas se pasó alguna semana sin que hubiera en Santafé o en las provincias, tres, cuatro y aun más individuos fusilados como traidores. Así perecieron los hombres de más saber, los más virtuosos y los más ricos de la Nueva Granda. El objeto de Morillo se propuso fue extinguir las luces, quitar los hombres de influjo, y destruir las riquezas para que en lo venidero no hubiese persona alguna capaz de hacer o dirigir otra revolución.
La Nueva Granda ha deplorado, y llorará por mucho tiempo entre otras víctimas ilustres, Camilo Torres, Joaquín Camacho, José Gregorio y Frutos Gutiérrez, Crisanto Valenzuela, Miguel Pombo, Jorge Lozano, Francisco Antonio Ulloa, y Manuel Torices: entre los militares, al general Custodio Rovira, a Liborio Mejía, y al ingeniero Francisco José de Caldas. La muerte de este célebre matemático y filósofo, fue la más bárbara crueldad de parte de Morillo…
Después de fusilarlos, sus cuerpos eran colgados en la horca, suplicio tenido por infame. Las cabezas y miembros de algunos patriotas célebres como la del doctor Torres, fueron puestos en escarpias y jaulas de fierro por los caminos y lugares más público, para dar testimonio, según decían los pacificadores de la justicia española, y la posteridad dirá que fue para manifestar la crueldad y barbarie de esa misma nación.
Durante el feroz reinado de Morillo y de Enrile en la Nueva Granda, llegó a haber cerca de seiscientas personas solo en las cárceles de Santafé, sin contar las muchas que había en las provincias; pues en Tunja, en Popayán y en otras, se formaron también consejos permanentes de guerra para asesinar a los patriotas. Los caminos estaban poblados de partidas que conducían ya presos para la capital, y a los que iban a ser fusilados en las provincias. Por donde quiera no se veía, pues, otra cosa, que lágrimas, luto y desolación de todas las familias…
En Santafé, y en las provincias llegan a ciento veinte y cinco las personas que murieron fusiladas y ahorcadas por las órdenes de Morillo, confiscándoseles todos sus bienes; pero ciento veinte y cinco hombres de los más célebres e ilustrados que teníamos…
Después de tantas pruebas como las que hemos dado de la crueldad de Morillo y de Enrile, añadiremos otra que puso el colmo a su ferocidad. Las mujeres, las hijas o hermanas de los patriotas que habían perecido en los patíbulos, o que gemían en los calabozos, se hallaban sumidas en la más espantosa miseria sin apoyo alguno, y secuestrados o confiscados todos sus bienes… Morillo y Enrile, confinándolas a otros lugares, algunos remotos de Santafé, haciendo salir dentro de cuarenta y ocho horas a damas delicadas aun a pié si no tenían caballerías. A cada juez y cura del lugar del destierro le dirigieron una circular impresa y firmada por Casano, gobernador militar de Santafé, en que pintaban a las señoras desterradas como impías, irreligiosas y de costumbres depravadas, encargándoles que celasen mucho sobre sus acciones, vestido y moralidad.” (Restrepo, 1827, tomo VII: 78-85).
6 de junio. Santafé. Se da muerte a Antonio Villavicencio.
“El General de Brigada Antonio Villavicencio y Verástegui, hijo de los Condes del Real-Agrado, natural de Quto, ex-Comisario regio y revolucionario convencido, había sido apresado en Honda, donde ejercía altas funciones civiles. Soldado distinguido de la Real Armada española» había tenido a sus órdenes a Pablo Morillo, ahora su poderoso Juez, cuando éste era un simple Sargento en la fragata que Villavicencio mandaba. Arrancado de los brazos de su esposa, doña Gabriela Barriga y Brito, fue conducido a las prisiones de Estado, juzgada brevemente y condenado por el Consejo de Guerra a ser pasado por las armas, por la espalda como traidor al Rey, y a sufrir la pena infamante de la degradacion. El 6 de junio de 1816 fue conducido al cadalso, entre doble fila de soldados, desde los claustros del Colegio deI Rosario hasta el extremo occidental del Paseo del Prado, al sitio mismo donde hoy se levanta la estatua de Colón, entonces lugar desierto. Un Cristo - el cristo de los Mártires, del cual hablamos al tratar de la iglesia de la Veracruz- era llevado a la cabeza de fúnebre procesión por la hermandad del mismo nombre. Rindió Villavicencio la vida como bravo, al cumplir cuarenta y un años de edad, y en el mezquino féretro de los mismos Hermanos, en hombros de cuatro soldados fue levado el ensangrentado cadáver a dormir bajo el techo de la vieja Iglesia de la Veracruz, en una capillita consagrada al culto de Nuestra Señora de los Dolores. Se arrojó el cadáver en una fosa, sin caja mortuoria. Reconstruída la iglesia, se perdió el recuerdo de esa tumba, abrigada hoy por el panteón nacional (Ibáñez, 1891: cap44c).
11 de junio. Santafé. Don Pedro de Ceballos, Ministro de Gracia y Justicia, comunicó a la Real Audiencia la cédula real del 29 de mayo de 1815, en la cual se reestablecía a los jesuitas en los dominios de España. (Groot, 1953: 574).
13 de junio. Santafé. Aparece el primer número de la Gaceta de Santafé, capital del Nuevo Reino de Granada. Morillo puso en la dirección del periódico al presbítero Juan Manuel García Tejada, quien lo escribía con la ayuda de Nicomedes Mora para ser impreso en la Imprenta del gobierno. (Ibáñez, 1891: cap44c).
Mediados de junio. Popayán. Las tropas independientes que aún quedaban en Popayán, reciben noticias de la situación del país y su desalentador panorama.
“A mediados de junio de 1816 supimos que el general Sámano se fortificaba en La Cuchilla del Tambo con más de 2.000 hombres de línea, protegido inmediatamente por 800 guerrilleros de los pueblos situados entre Popayán y Juanambú. Al mismo tiempo supimos que el general español don Pablo Morillo, después de haber ocupado a Cartagena, marchaba sobre Santafé; que el general Calzada se aproximaba también a la capital, que el coronel Warleta, después de pequeños combates, había ocupado la provincia de Antioquia y marchaba sobre nosotros por el Valle del Cauca; que el comandante Plaa se había apoderado de la provincia del Chocó y se dirigía igualmente sobre Popayán. En una palabra, en ese tiempo supimos que ya no había en la república más fuerza independiente que la nuestra, el batallón del comandante Monsalve, que no habiendo llegado oportunamente para tomar parte en la batalla de Cachiri, perdida por los patriotas mandados por el general García Rovira, se retiraba sobre Popayán, disminuido a menos de la mitad de su fuerza (200 hombres) por las enfermedades y la deserción, y como 700 hombres que se habían retirado hacia Casanare con el general Serviez, y de cuya suerte se auguraba mal, y con mucha razón. Todas estas noticias fueron confirmadas por la llegada a Popayán del señor doctor José Fernández Madrid, presidente de la república, con algunos individuos de las reliquias de Cachiri y de su guardia de honor, y por otros oficiales escapados en las acciones que en diferentes provincias habían sostenido contra los españoles que se unieron a nosotros como la última tabla de salvamento. De nuestra parte no había más elementos que patriotismo, honor, resolución, sufrimiento y ambición de gloria. Fuera de esto, todo nos faltaba: hacía mucho tiempo que no tomábamos sueldo. La cantidad de las raciones se disminuía progresivamente, y muchos días no se nos daba ni este pequeño socorro. Nuestro jefe Cabal, hombre tan valiente como bondadoso, no tomaba ninguna clase de medidas enérgicas para aliviar la suerte del miserable soldado, que se veía en la precisión de cortar leña en los bosques o de trabajar como jornalero en los pocos momentos que se lo permitían sus faenas militares, para ganar alguna cosa con qué alimentarse y atender a sus más imperiosas necesidades. Por todas partes nos amenazaba una horrible tempestad; pero en medio de tantas privaciones y rodeados de tantos y tan inminentes peligros, los soldados del Ejército del Sur estaban contentos y no respiraban sino el deseo de obrar maravillas, despejando el horizonte político con sus solos esfuerzos, bien persuadidos que, hasta entonces, nunca los enemigos habían resistido cuerpo a cuerpo sus resueltas cargas a la bayoneta.” (López, 1942: memori7).
16 de junio. Santafé. Comienza a funcionar el Consejo de Purificación, cuerpo creado por Morillo, donde a cambio de dinero se conmutaban las condenas de los acusados por los realistas que no habían obtenido la pena de muerte.
“Morillo creó también un Consejo de Purificación, para los que no eran acreedores, en su justicia, a la pena capital; allí mediante el dinero, se lograba que el reo fuera condenado a servir de soldado o a marchar a destierro. Componían el Consejo los Oficiales Rafael Córdoba, Manuel Santander, Francisco Obando, Manuel Bosch, José María Quero, y era Fiscal Lucas González.
El resultado de los juicios de este Consejo fue que a muchos patriotas se les califico de impuros y de allí salían para las cárceles y quedaban bajo la jurisdicción del Consejo de Guerra, o sea en la antesala de la muerte.” (Ibáñez, 1891: cap44b).
Aunque sin entregar la fecha del inicio de su funcionamiento o de su creación, Ibáñez también describe la Junta de Secuestros, otro tribunal creado por el régimen español para juzgar a los patriotas:
“Otro Tribunal se llamó Junta de Secuestros, y se encargo de dejar en la miseria a los huérfanos y a las viudas délos condenados a muerte, y en la indigencia a los que merecían ir al destierro o a las filas de las tropas del Rey. Componían esta Junta el Gobernador Casano, Martín Urdaneta, Tomas Tenorio, Francisco Aguilar, Fernando Zuleta, Andrés Urquinaona, Antonio Leiva, Fernando Rodríguez, el Canónigo Joaquín Barco y el Cura de Las Nieves, Santiago Torres y Pena. Fue su Secretario Vicente Rojas.” (Ibáñez, 1891: cap44b).
19 de junio. Santafé. Ejecución del doctor José María Vargas, José de la Cruz Contreras, el general español don José Ramón de Leiva y don José María Carbonell.
Dice Caballero:
“En este desgraciado día ahorcaron al patriota doctor don José María Carbonell, que había sido ministro del tesoro público. Buen mozo. Fue uno de los que...(ilegible) animando al pueblo y el que hizo los mayores esfuerzos para que se prendiesen las autoridades y el que ayudó en todo. Llegó a la Plazuela de Jaime, donde se ejecutó el cruel martirio de este joven. Hizo al pie del suplicio una plática que enterneció a toda criatura, menos a sus enemigos. Dijo que guardasen los mandamientos; que temiesen a la justicia divina; que no pensasen que aquel día era infeliz para él sino el más dichoso de toda su vida, por haberle Dios concedido el arrepentimiento de sus pecados; exhortó a la obediencia de las potestades legítimas y que escarmentasen en él, con otras cosas dignas de grabarse en láminas de bronce y mármol; pidió perdón y perdonó a todos, y cuando el verdugo le pidió perdón, dijo: "Yo te perdono de corazón, que tú no tienes la culpa". En fin, dio muchas muestras de su salvación. Lo soltó el verdugo y lo dejó penar, que fue menester que un soldado le tirase un balazo. Al mismo tiempo arcabucearon a los patriotas doctor don Ignacio Vargas, el Mocho, porque le faltaba un dedo, abogado, tuvo varios empleos, entre ellos el de teniente-gobernador. Fue casado con la hermosa joven Ignacia París, que murió de parto el día 7 de octubre del año pasado de 1815, y se volvió a casar el 17 de febrero del presente año con la hija del español don Mateo Trespalacios. No le valió buscar padrinos. ¡Qué desengaño para todo realista! El otro mártir de esta patria fue el doctor don Ramón Leiva, español, secretario que fue de los virreyes Mendinueta, Ezpeleta y Amar, y en el gobierno patriota tuvo varios empleos, pero particular comandante de armas y general en jefe en la expedición del sur contra Pasto, cuando fue el presidente Nariño. Y a un tal Contreras, que había sido comandante en el Magdalena. A todos tres los arcabucearon por las espaldas y los sepultaron en La Veracruz.” (Caballero, 1974: diario9b).
La muerte de Carbonell, también es referida por Groot:
“Este fue sentenciado a la horca; pero el verdugo no sabía el oficio, y como no pudo ahorcarlo, por más que lo estropeó, se mandó a los soldados de la escolta que le hicieran fuego, lo que ejecutaron tan de cerca, que con los tacos le prendieron fuego a la túnica de lienzo con que lo colgaron, y pasando el fuego de ésta a la ropa, le quemaron las carnes antes de morir. Este individuo, que se presentó a la Torre, estaba tan confiado en que con esto no lo habían de matar, que no quiso emigrar, por más que lo persuadía un oficial venezolano de los que se retiraban con Serviez, diciéndole que los godos lo fusilaban, a lo que le contestó Carbonell: que estaba seguro que con un pequé quedaba salvo.” (Groot, 1953: 498).
Ibáñez también refiere las muertes del 19 de junio:
“El 19 de Junio salieron del Colegio del Rosario para el patíbulo cuatro víctimas: don José Ramón de Leiva, anciano de setenta anos, nacido en Cartagena de Levante, que fue soldado en los Ejércitos de España y de Buenos Aires. En Santafé había sido Secretario de Cámara de los Virreyes Ezpeleta, Mendinueta y Amar, desde 1791 hasta la revolución. Su actuación en las guerras civiles de la Patria Boba nos es ya conocida. Ante el Consejo de Guerra, al oír el fallo que lo condenaba al último suplicio, y a degradación, dijo sonriendo: «Ya lo sabía…»
…
De este grupo formó parte el doctor Ignacio Vargas, oriundo de esta ciudad. Tenía borlas de doctor en abogacía desde el 3 de julio de 1794, y era conocido con el apodo de El Mocho, «porque le faltaba un dedo,» dice el cronista. Hemos visto ya que sirvió altos cargos civiles, que fue Teniente de Gobernador y que se le honró con la Presidencia del Tribunal de Vigilancia…
Fue la tercera de estas víctimas el Capitán José de la Cruz Contreras, también padre de familia, prisionero después del desgraciado combate de la Angostura de Nare, donde su pericia y valor quedaron ahogados por la indigna traición de un soldado.
Por último, fue al banquillo ese día otro bogotano, don José María Carbonell. en la flor de la vida, pues apenas contaba cuarenta y un años este brillante adepto a las nuevas ideas, que sirvió desde el 20 de julio con singular energía. Alumno fue del Colegio de San Bartolomé y luego empleado de la Expedición Botánica;…
Llegada la fúnebre comitiva al lugar del suplicio, y mientras ejecutaban la infamante ceremonia de la degradación del General Leiva y tomaban el asiento fatídico Vargas y Contreras, el ex-Ministro del Tesoro, Carbonell, subía a una plataforma para ser ahorcado.” (Ibáñez, 1891: cap44c).
23 de junio. Popayán. Desde esa ciudad, el Congreso acepta la renuncia a la presidencia José de Fernández Madrid, quien es sucedido por Liborio Mejía. Esto sucede mientras Morillo recibe una orden de condecoración por parte de Fernando VII, a la vez que la ciudad de Santafé sufre una epidemia de viruela contagiada a los locales por el ejército español.
“Coincidían estos sucesos con la renuncia que presentó José Fernández Madrid del cargo de Presidente de la República, la que le fue aceptada por la Comisión del Congreso, que actuaba en Popayán el día 23 de junio. Fue designado para reemplazarle el General Custodio Gacía Rovira, pero hallándose ausente, recayó esta elección en el benemérito Coronel Liborio Mejía, oriundo de la ciudad de Ríonegro de Antioquia.
El mismo día que renunciaba Madrid, había recibido Morillo el título de Conde de Cartagena; y él y don Pascual Enrile habían sido condecorados con la Gran Cruz de Isabel la Católica, nueva orden militar creada por Fernando VII para premiar a los Jefes que se distinguieran en la pacificación de las Américas.” (Ibáñez, 1891: cap44c).
24 de junio. Popayán. El ejército patriota que se encuentra en Popayán se entera que un oficial republicano se rindió ante el realista Warleta, que avanzaba hacia el sur.
“El 24 de junio supimos que el comandante Murgueitio, destinado con una partida volante a observar al enemigo en Cartago, había capitulado con el coronel Warleta y entregádole los efectos de guerra que estaban a su disposición, bajo ciertas condiciones favorables a Murgueitio (éste era el primer caso de debilidad que se había presentado en el Sur); que por todas direcciones marchaban cuerpos del enemigo sobre nosotros, y que nuestra situación era sumamente crítica…” (López, 1942: memori7).
26 de junio. Popayán. Los patriotas se enteran del avance del ejército realista, deciden tomar medidas para el ataque y deponiendo del mando a Cabal se decide dar la jefatura a Liborio Mejía quien inmediatamente ordenó avanzar a la madrugada del día siguiente.
“El 26 fuimos informados que el enemigo se aproximaba y que Sámano mismo había resuelto salir de sus atrincheramientos de la Cuchilla del Tambo a estrecharnos en Popayán, para lo cual esperaba ser reforzado por una columna que se había puesto en movimiento de Pasto, mientras que por nuestra parte no había esperanza de la pronta llegada del comandante Monsalve. En tales circunstancias, los oficiales resolvimos reunimos en junta de guerra, cuya medida fue principalmente promovida por el teniente coronel Liborio Mejía, comandante de la infantería de Antioquia, y por el capitán Silvestre Ortiz, ayudante de campo del general Cabal y encargado provisoriamente de nuestro Estado Mayor. En esta junta iniciaron la sesión los expresados Mejía y Ortiz con discursos tan persuasivos, que nos convencieron de la medida única que debiera tomarse para ponernos en disposición de batir al enemigo por donde más conviniese. La proposición estaba reducida a deponer al general Cabal del mando, y confiarlo en el oficial de nuestra elección. Yo fui también en esta vez el primero que votó, manifestando mi asentimiento a todo lo que se proponía, lo que debiera llevarse a efecto en el acto mismo. La opinión fue unánime en este sentido; y, en consecuencia, se invistió del mando en jefe al referido teniente coronel Liborio Mejía, dándole facultades dictatoriales mientras durasen las circunstancias en que nos hallábamos. El comandante Mejía aceptó el mando y protestó desempeñarlo fielmente, manifestándonos que si sus medidas no eran acertadas, al menos no nos dejaría perecer sin gloria y por inanición. Ordenó que todos fuésemos a nuestros puestos a recibir órdenes, lo que así ejecutamos.
La primera que se nos dio fue la de disponernos a marchar a la primera señal; la segunda estaba contraída a ocurrir donde los respectivos habilitados por una paga; la tercera fue la de marchar al amanecer del día siguiente; por la cuarta nos dirigía una alocución patriótica marcial y nos ofrecía varias clases de premios y recompensas, según el grado de mérito que se contrajese en la ardua empresa que íbamos a acometer.” (López, 1942: memori7).
27 de junio. Popayán. Las tropas patriotas avanzan hacia el lugar donde se encuentra ubicado Sámano y sus hombres. José Hilario López describe como estaba compuesto el ejército patriota que se disponía a librar la batalla.
“El 27 emprendimos la marcha con dirección a los atrincheramientos del general Sámano. Toda nuestra fuerza estaba reducida a unos 580 infantes, 30 artilleros con dos piezas ligeras de a 4, y como 70 de caballería, la mitad veteranos y la otra mitad voluntarios de Popayán, que generosamente nos acompañaron, mandados por el valiente capitán de milicias Juan María Medina, nuestro antiguo práctico, de quien he hablado en la relación de la campaña de La Plata a Calibío.” (López, 1942: memori7).
Lo sucedido este día también es relatado por José María Espinosa, abanderado del ejército patriota:
“Resuelto el ataque a la Cuchilla, nos formamos y aprestamos al combate el 27 de Junio, y reunidos ya los cuerpos y tomadas las disposiciones del caso, el ilustre Padre Padilla, que se hallaba allí emigrado, dirigió a la tropa un elocuente discurso, exhortando a los soldados a tener presente la justicia de la causa que defendían, pero también la clemencia con el enemigo, y que su sacrificio no quedaría sin recompensa. Nuestro ejército se componía del batallón Granaderos de Cundinamarca, en que servía yo, el de Antioquia, el escuadrón de caballería, al mando del coronel Antonio Obando, y un piquete de artillería, con pocas piezas. Se presentó entonces el coronel Mejía ya rengó también al ejército en términos enérgicos: “Somos pocos, decía, comparados con el enemigo; pero les excedemos en valor y en decisión por la más justa de las causas!” En seguida marchamos para el pueblo de Piagua, donde acampamos.” (Espinosa, 1997: 127).
28 de junio. Popayán. Mientras los patriotas acampaban en el pueblo llamado Piagua, comienzan las escaramuzas entre los dos bandos.
“El 28 acampamos en una altura, cerca del pueblo de Piagua, a dos horas distantes del enemigo. En este día se escaramucearon las descubiertas de ambas partes, quedando la ventaja por la nuestra. El enemigo no dejó de molestarnos en esa noche, pero estábamos bien persuadidos que, a pesar de su superioridad, no se atrevería a presentarnos un lance formal fuera de sus posiciones.” (López, 1942: memori7).
29 de junio. Popayán. Derrota de los patriotas en la batalla de la cuchilla del Tambo.
“…todos los oficiales tuvieron que desmontarse para entrar en la pelea, porque la naturaleza del terreno quebrado por donde tenían que trepar no permitía que anduviesen a caballo. Toda la gente, desde el Jefe hasta el último soldado, probaron que cumplían la resolución en que estaban de quedar muertos en el campo o vencer. La posición de Sámano era formidable, en una altura fortificada con las obras de campaña que habían construido hábilmente, guarnecidas de artillería. Este mismo Jefe confiesa, en el parte dado a Montes, el impetuoso valor con que fue atacado y la derrota que sufrió su caballería, la que obraba fuera de las trincheras, cerca de las cuales estaban ya los valientes, cuando fueron atacados por la espalda y destrozados por una caballería patiana que se había emboscado de antemano, y es seguro que si el batallón Bravos del Socorro hubiera podido reunirse en Popayán con esta fuerza, Sámano habría sido derrotado, a pesar de la superioridad de sus fuerzas. Pero aquel incidente ocurrido en Neiva, que nos ha hecho saber el General Herrán, no lo permitió…
Doscientos cincuenta muertos quedaron tendidos en el campo de los patriotas; algo más de una tercera parte de su número, en tan pocas horas de combate, prueba su arrojo y las ventajas del enemigo… Mejía se escapó a beneficio de su caballo, con unos pocos oficiales que pudieron montar inmediatamente y fueron a dar a La Plata, donde se reunieron con García Rovira y el Coronel Pedro Monsalve, quien mandaba el batallón Socorro, tan disminuido, que ya no alcanzaba a doscientos hombres. Allí fueron atacados por seiscientos hombres al mando del Coronel don Carlos Tolrá, quien, habiendo logrado cortarlos, pudo vencerlos a beneficio del número, después de oponerle una heroica resistencia. Quedaron prisioneros Mejía, Monsalve y algunos oficiales. García Rovira fue cogido luego, y fusilado en el mes de agosto, como Mejía y Monsalve.” (Groot, 1953: 503-504).
José Hilario López, partícipe de la batalla refiere como sucedió y la forma en que fue hecho prisionero:
“El 29, a las seis de la mañana, marchamos a dar la batalla, divididos en dos secciones iguales: la primera seguía por el camino real con dirección al pueblo del Tambo, y a ella correspondía la caballería; la segunda se encaminaba casi paralelamente por la misma Cuchilla, y a ésta correspondía la artillería. Dos columnas enemigas que observaban nuestros movimientos y oponían resistencia a nuestra marcha, fueron rechazadas hasta su campo. Yo pertenecía a la descubierta de la segunda sección. El enemigo nos esperaba en sus fortificaciones, que se componían de un parapeto de Días de siete pies de elevación y cuatro de espesor, en forma de pentágono irregular, con su respectivo foso que no estaba concluido. Sus fuerzas eran de más de 2.000 hombres bien armados y municionados. Nuestra columna llegó hasta el último mamalón, a medio tiro de fusil del campo enemigo, y allí colocó sus dos cañones, esperando que la primera sección se aproximase Y se diese la orden del asalto por el comandante en jefe que marchaba por el lado del Tambo. Verificada ésta, se dio la señal deseada, a la cual arremetimos violentamente sobre los parapetos, en donde se nos recibió con un fuego de artillería y mosquetería mortífera; pero no por esto dejamos de fijar nuestras banderas al mismo pie de sus atrincheramientos. Sin ninguna clase de instrumentos aparentes, no nos fue posible escalarlos, mas no por eso dejamos de redoblar nuestros esfuerzos, que sólo eran frustrados por la muerte de nuestros valientes compañeros. El enemigo nos temía a pesar de esto, y no se atrevía a hacer una salida sobre nosotros. Un solo oficial se paró denodadamente sobre un parapeto, y yo le quité la vida de un pistoletazo. Por nuestro lado el enemigo había colocado un cañón al extremo del parapeto; el capitán de Antioquia José María Pino, que se condujo bizarramente en esta batalla, me dio orden para que con el alférez Diego Pinzón y cosa de 10 soldados que nos hallábamos casi recostados sobre las trincheras enemigas, tomásemos el referido cañón. Yo obedecí a pesar de la temeridad de la empresa, pero al desembocar a la tronera de dicho cañón, mis soldados cayeron muertos, acribillados de balas. Sólo quedamos vivos el alférez Pinzón, herido, y yo contuso, que fuimos hechos prisioneros por una partida que por primera vez se atrevía a salir de su fuerte, al cual se nos introdujo en el mismo acto y se nos presentó al general Sámano, quien se hallaba a la sazón con un anteojo mirando hacia el pueblo del Tambo. Ya nuestros fuegos apenas se dejaban sentir, y nuestra caballería, que había sido colocada a retaguardia en el camino de Los Aguacates, único punto de retirada del enemigo, perdía terreno lentamente, y Sámano daba orden de salir en su persecución. A pocos instantes cesaron enteramente nuestros fuegos, y los vivas y algazara de los enemigos aplaudían el triunfo, que soto debieron a sus fortificaciones y a la poca previsión de nuestro comandante en jefe, que creyó, sin duda, que sin escalas pudiéramos subir sobre los parapetos enemigos.
…
Por el boletín del ejército real consta que en el campo de batalla quedaron de nuestra parte 280 muertos, 78 heridos y 310 prisioneros. Total, 668; es decir, casi la totalidad de los que atacamos. El enemigo no tuvo sino como 16 hombres fuera de combate. Nuestro comandante en jefe, Mejía, se escapó con pocos oficiales y algunos soldados de caballería que no entraron en combate. En breve diré cuál fue la suerte de este puñado de valientes.” (López, 1942: memori7).
El relato de Espinosa, también partícipe del encuentro, es el que sigue:
“Al día siguiente, una avanzada del enemigo salió a provocarnos y contestamos a sus fuegos; y como llegamos muy cerca del lugar que ocupaban, y ellos se retiraron, los seguimos hasta el pueblo del Tambo. Salió otra compañía nuestra de vanguardia, y el enemigo se replegó a reunirse con el resto del ejército; entonces fueron desplegándose los demás cuerpos hasta llegar al frente de las trincheras de la Cuchilla; allí se generalizó el fuego, y como duraba ya más de una hora sin resultado, y nuestras municiones eran escasas, se dio orden de avanzar al batallón de Granaderos de Cundinamarca. Nuestros soldados se arrojaron con el mayor valor y llegaron al pie de los atrincheramientos; pero viendo que sufría muchas bajas y que comenzaba a ceder fue reforzado con el Antioquia, y últimamente se hizo general el combate, comprometiéndose en la línea de las fortificaciones, casi toda nuestra gente. El un flanco estaba defendido por nuestra artillería, que les hacía bastante daño, y del lado opuesto estaba la caballería, que rechazó completamente la de los realistas hasta los Aguacates; pero esto no impidió que una columna enemiga nos cortase, y envolviese todo nuestro ejército, ya muy diezmado, a tiempo que este se retiraba de los atrincheramientos, cediendo al mayor número. Ya no era posible obrar en concierto: cada cual hacía lo que podía, y nos batíamos desesperadamente; pero era imposible rehacerse, ni aún resistir al torrente de enemigos que, saliendo de sus parapetos, nos rodearon y estrecharon hasta tener que rendirnos. Sucumbimos, pero con gloria: no hubo dispersión, ni derrota propiamente dicha. Grande fue el número de muertos y heridos, y mayor el de los prisioneros que quedamos en poder de los españoles, por una imprudente precipitación en tomar la ofensiva por nuestra parte.” (Espinosa, 1997: 127-128).
Por otra parte, se encuentra la versión de Restrepo sobre la derrota en la Cuchilla del Tambo:
“Puesta en marcha la división, las avanzadas españolas se fueron replegando hasta el campo fortificado de la Cuchilla, y varios cuerpos realistas que empeñaron el combate fuera de las trincheras tuvieron que ceder; entre ellos fue derrotada la caballería de Sámano, que no pudo sostener el choque violento de los republicanos. Así los realistas se vieron obligados a encerrarse dentro de sus trincheras que atacaron los patriotas a las diez de la mañana, por el frente y los costados, eran aquellas elevadas y estaban defendidas con artillería y fusilería, de modo que fue imposible el forzarlas. Allí hicieron los republicanos prodigios de valor, combatiendo con encarnizamiento por tres horas continuas; más, fueron vanos todos sus esfuerzos, y atacados al fin por la espalda por una columna de patianos que se había quedado emboscada, la derrota fue completa: 250 quedaron tendidos en el campo de batalla y 300 prisioneros saliendo muchos heridos. Se perdió también la artillería, los fusiles, pertrechos y cuanto tenía la división. Los pequeños restos que pudieron escapar, unidos a 40 hombres que había de guarnición en Popayán, siguieron con el comandante Mejía y otros oficiales hacia la ciudad de la Plata, situada al pie oriental del páramo de Guanacas. La mayor parte se dispersó en el camino de que estaba perdido por haberse derrumbado la cordillera. Sámano ocupó inmediatamente a Popayán, y su pérdida en la Cuchilla fue muy pequeña”. (Restrepo, 1827, tomo VII: 48-49).
Tomando como fuente a Restrepo, Ibáñez también menciona la batalla de la Cuchilla del Tambo, la que asegura puede ser considerada como la definitiva desaparición de la República de la Nueva Granada:
“A fines del mes, el día 29, un sacrificio heroico salvó el honor de las armas republicanas: el combate de La Cuchilla del Tambo. Vencido Liborio Mejía y sus abnegados-compañeros, desapareció la República de la Nueva Granada. En ese campo quedaron 250 muertos y 300 prisioneros. Esos patriotas fueron enviados a Santafé por orden del vencedor don Juan Sámano y del pacificador Francisco Warleta.” (Ibáñez, 1891: cap44c).
Casanare. Enfrentamiento en la llanura de Guachiria, venciendo los patriotas. No obstante, fueron obligados a retirarse, perdiendo su influencia en la mayor parte de la provincia de Casanare.
“…La Torre se acercó a Pore, y las tropas que allí existían en número de 150 caballos y 56 infantes salieron a reunirse con Urdaneta que estaba en Chire con 400 caballos. Pero la columna de Villavicencio se interpuso trabándose un reñido combate en la llanura de Guachiria. Ambos partidos abandonaron el campo en la oscuridad de la noche. Al día siguiente los patriotas se hicieron dueños de él, y quedaron como vencedores, pues los realistas sufrieron una gran baja, retirándose hasta la cordillera.
Después de esto La Torre entró en Pore, y los restos de las tropas republicanas se concentraron en Guadualito a invitación de Valdes. Así toda la provincia de Casanare y la Nueva Granada entera quedó en poder de los españoles. Solo el jefe de escuadrón, Nonnato Pérez, mantenía algunas pequeñas partidas de caballería en las márgenes del Arauca, con las que frecuentemente molestaba al enemigo, que jamás consiguió destruirlas” (Restrepo, 1827, tomo VII: 53-54).
30 de junio. Popayán. Al día siguiente de la batalla de la cuchilla del Tambo, el ejército realista se desplazó hasta Popayán, la cual ocupó el 1 de julio. Al llegar a la ciudad, despachó parte de los oficiales presos para Quito.
“El 30 se puso en marcha el ejército real para Popayán, adonde llegó el 1° de julio al medio día. Los oficiales prisioneros fuimos conducidos bajo una cuerda estrechamente atados de los brazos, y en la plaza de aquella ciudad se nos paseó de esta manera, ostentando con crueldad los trofeos de un triunfo más glorioso aún para los vencidos que para los vencedores. Los prisioneros de tropa que no estaban heridos fueron conducidos a Quito,…” (López, 1942: memori8).
Julio de 1816
6 de julio. Santafé. Ejecución del doctor Crisanto Valenzuela, don Miguel Pombo, don Francisco García Hevia, don Jorge Tadeo Lozano, el doctor Emigdio Benítez y el doctor José Gregorio Gutiérrez. (Groot, 1953: 498).
Dice Caballero:
“A 6 arcabucearon en la Huerta de Jaime a los sujetos siguientes: al señor don Jorge Lozano, que fue presidente del colegio electoral y el que formó la primera constitución de Cundinamarca; al señor doctor Valenzuela, abogado; al doctor Gutiérrez, al señor Pombo, al doctor García Hevia, que fue gobernador, y al doctor Benítez, abogado.” (Caballero, 1974: diario9b).
Sobre estas ejecuciones escribe Ibáñez una corta referencia:
“La actuación de los hombres civiles, y en particular de los jurisconsultos, en la revolución, fue intensa, especialmente en esta capital. Para Morillo los abogados de Santafé eran principales responsables de la insurrección y merecedores de la pena de muerte. El día 6 de julio fueron fusilados cinco abogados y el ex Presidente Jorge Tadeo Lozano.” (Ibáñez, 1891: cap45).
Venezuela. Aprovechando que Morillo se encontraba en la Nueva Granada con la mayor parte de sus tropas, Bolívar ocupó la costa de Ocumare. (Ibáñez, 1891: cap45).
10 de julio. Provincia de Neiva. Batalla en el río de La Plata, siendo derrotados, por las fuerzas españolas de Carlos Tolrá, los patriotas dirigidos por el comandante Liborio Mejía y el coronel Pedro Monsalve. Así pues, excepto el Casanare, el resto de provincias de la Nueva Granada fueron reconquistadas por el ejército expedicionario de Pablo Morillo.
“Los fugitivos se reunieron en la Plata al coronel Pedro Monsalve, y a los restos del antiguo batallón del Socorro, que había salido de Santafé con el presidente Madrid: unidos, componían poco más de 150 hombres. Sabiendo que el teniente coronel don Carlos Tolrá venia a atacarlos con 400 soldados, se situaron sobre el río de la Plata, ocupando la cabeza de un puente de madera. Tolrá los atacó a las once de la mañana, y duró el combate hasta cerca de la noche, defendiéndose con mucho valor un puñado de hombres contra un número tan superior. Al fin, el enemigo consiguió vadear el río y acometiendo entonces por espalda al pequeño cuerpo de patriotas le destruyó completamente: una parte quedó en el campo, otra cayó prisionera y otra se dispersó por aquellas montañas. El comandante Liborio Mejía, el coronel Monsalve y varios oficiales fueron de los últimos; pero a pocos días cayeron en poder del enemigo porque no pudieron permanecer ocultos ni escaparse por parte alguna.
Después de esta acción, quedaron enteramente pacificadas las provincias de Nueva Granada, exceptuando Casanare.” (Restrepo, 1827, tomo VII: 49-51).
Sobre la derrota de los patriotas y las capturas que le precedieron dice brevemente Ibáñez:
“Don Carlos Tolrá venció a les patriotas en La Plata el día 10. La acción duró desde las once de la mañana hasta cerca de la oración. El parte se publicó en hoja volante en Bogotá y en Antioquia, pocos días después. Al día siguiente cayeron prisioneros el Presidente Liborio Mejía, Silvestre Ortiz, Hermógenes Céspedes y otros militares distinguidos en las filas republicanas” (Ibáñez, 1891: cap45).
14 de julio. Cádiz. Muere el precursor venezolano Francisco de Miranda: “ugestivo sincronismo: el viejo veterano de los ejércitos de la República Francesa, único americano cuyo nombre se lee en el Arco del Triunfo de París, terminaba su gloriosa y desgraciada carrera el día aniversario de la memorable toma de la Bastilla. En Cádiz fue sepultado en la fosa anónima de los presidiarios, sin inscripción alguna, pero su nombre y sus hechos brillan en la historia de Francia, en la historia de la revolución americana, en el monumento grandioso que levantó Napoleón, y sobre todo, en el libro que consagró a su memoria el historiador colombiano Ricardo Becerra.” (Ibáñez, 1891: cap45).
Para Rodrigo Llano Isaza, la muerte de Miranda sucede el 14 de junio, un mes antes de lo propuesto por Ibáñez; sin embargo, los biógrafos del prócer aseguran que sucedió en el mes de julio. Además, Llano dice: Se encontraba recluido en la cárcel llamada La Carraca. Cuatro meses antes había sufrido una apoplejía. (Llano, 1995: noticias2).
Mediados de julio. Casanare. Ante la prisión de Liborio Mejía se decide nombrar como nuevo presidente a Fernando Serrano, como secretario al venezolano Francisco Javier Yánez y como jefe militar a Francisco de Paula Santander.
“A mediados del mes los patriotas que luchaban en los llanos de Casanare se trasladaron a Arauca, y reunidos en junta sus Jefes, resolvieron nombrar un Presidente con un Secretario General, para que ejercieran la autoridad superior, y un Jefe que comandara el Ejército reunido.
Con la prisión de Liborio Mejía el día 11, en La Plata había quedado acéfala la Presidencia de la República. Ahora se le dio el bastón de mando al honrado granadino doctor Fernando Serrano, que había dado pruebas de patriotismo y habilidad en la Gobernación de Pamplona. La Secretaría se le confió al benemérito venezolano Francisco Javier Yánez y Francisco de P. Santander fue nombrado Jefe militar. Esto sucedía en Casanare.
Este Gobierno provisional duró pocos meses, porque el caudillo José Antonio Paez, en medio del humo de los combates, asumió como Supremo Jefe Militar en los llanos de Venezuela y de Colombia, todos los ramos de la autoridad. Serrano sirvió luego como simple militar a las órdenes de Páez.” (Ibáñez, 1891: cap45a).
Popayán. José Hilario López, relata como estando preso se enteró de otra derrota patriota ocurrida en La Plata. El republicano Monsalve no había podido contener a los realistas comandados por Tolrá.
“En uno de esos primeros días sucedió lo siguiente: habiéndose avistado por el páramo de Guanacas algunos soldados con dirección a Popayán, se creyó que fuese Monsalve con su batallón, a cuya noticia el general Sámano hizo tocar la generala por todas las calles y se preparó a recibirlo en la plaza principal. Entre tanto, se redobló la guardia de la cárcel, se nos hizo formar en un largo corredor y se colocó a nuestro frente una escolta de soldados que, cargando sus fusiles en nuestra presencia, nos previnieron que nos pusiésemos con Dios, pues íbamos a morir al primer tiro que se oyese de parte de Monsalve. Así estuvimos por más de dos horas esperando con indiferencia esa muerte, que ya era por nosotros deseada porque con ella acababan nuestros sufrimientos. Pasado ese término, fue un ayudante de Sámano a prevenir al comandante de la escolta que se retirase, pues los soldados avistados eran pertenecientes al ejército real. El expresado comandante nos dijo al despedirse: "Han vuelto ustedes de la eternidad por esta vez". Muy luego supimos lo siguiente: que el comandante Monsalve, con poco más de 100 hombres que le quedaban, había presentado combate en la ciudad de La Plata a una columna de 700 hombres mandada por el teniente coronel Carlos Tolrá; que aquél había hecho una gallarda resistencia, pero que habiendo pasado el enemigo 300 hombres por un vado que se les indicó por un granadino traidor en el río de La Plata, perdida ya una parte de los soldados patriotas, y casi exhaustas sus municiones, había sido preciso a Monsalve abandonar el campo al enemigo y retirarse con algunos pocos a la cima de los Andes, en donde habían sido capturados, igualmente que el general García Revira y el comandante Mejía con los pocos que se habían salvado en la batalla de La Cuchilla. La llegada de Tolrá, que se verificó al día siguiente, nos confirmó las noticias que se nos habían dado de su triunfo sobre Monsalve.” (López, 1942: memori8).
20 de julio. Santafé. Ejecución del general Antonio Baraya y de don Pedro Lastra. Baraya fue degradado como capitán que había sido del Rey. (Groot, 1953: 499).
Sobre esas ejecuciones escribe Caballero:
“A 20, día de Santa Librada, a los seis años de la revolución, arcabucearon, en la plaza mayor, al brigadier don Antonio Baraya, el que vino el 9 de enero de 1813 contra esta ciudad y salió derrotado, y a don Pedro Lastra, hombre de gusto, pues las alhajas que tenía en su casa no las había en otra parte, caballeros nobles y distinguidos. A la tarde arcabucearon en la Huerta de Jaime a un soldado gallego, del cuerpo de Artillería volante, por desertor. Si este tirano no perdona ni a los de su nación, ¿qué esperamos nosotros?” (Caballero, 1974: diario9b).
21 de julio. Antioquia. El realista Vicente Sánchez Lima se posesiona en la gobernación de Antioquia, reemplazando al también realista Francisco Warleta. (Llano, 1995: antioquia).
31 de julio. Santafé. Morillo escribe a Juan Sámano, quien se encontraba en Popayán, para que se presentara en Santafé a reemplazarlo en el mando, mientras él partía rumbo a Venezuela. (Restrepo, 1827, tomo VII: 119).
Agosto de 1816
3 de agosto. Zipaquirá. Fusilados algunos patriotas: “El 3 de agosto fueron fusilados en Zipaquirá: Agustín Zapata, Francisco Zárate, N. Carranza, Juan N. Figuarana, José Gómez, José filado Cortés, Luis Sánchez, Juan E. Valdés y Francisco Zárate.” (Caballero, 1974: diario9b).
8 de agosto. Santafé. Decapitado García Rovira:
“…decapitaron a García Rovira, general que fue de las tropas de la Unión, y el que perdió por su impericia el ataque de Cachirí, pues si él se porta como buen militar, no era Morillo el que había entrado a esta ciudad;…y éste era presidente del gobierno general cuando entró el congreso por la fuerza a esta capital. También decapitaron a un muchacho Céspedes, hijo de un capitán que había sido del Auxiliar; al gobernador de Pamplona, Fulano Peña; a un granadero del regimiento de Victoria que había sido oficial en las tropas patriotas. A éste y a Rovira los colgaron en la horca después de que los pasaron por las armas, y los sepultaron en el cementerio. (Caballero, 1974: diario9c).
Sobre las muertes de ese día escribe Pedro Maria Ibáñez:
“El 8 de agosto se levantaron en la Plaza de los Mártires cinco patíbulos, en los cuales iban a morir el General Custodio García Rovira, el doctor José Gabriel Peña, el Capitán Hermógenes Céspedes, el paisano Marcelino Navas y el mulato Manuel Castor.” (Ibáñez, 1891: cap45a).
13 de agosto. Santafé. Fusilado José de Ayala, quien fuera el encargado del arsenal en las revueltas del 20 de julio de 1810. La forma de su muerte es relatada por Ibáñez:
“Este antiguo compañero de Humboldt, que hemos visto servir en el Ejército de la República desde el 21 de julio de 1810, hasta obtener el grado de Teniente Coronel, marchaba para el patíbulo levantado en la Huerta de Jaime, el día 13 de agosto de 1816, y cuando cruzaba el puente de San Victorino principió a llover, por lo cual el Oficial que mandaba la escolta hizo arrodillar a Ayala ante un muro que aún separa el área de la Plaza de Nariño del cauce del río San Francisco, y allí le fusiló por la espalda (3). El cadáver fue sepultado en el cementerio occidental.” (Ibáñez, 1891: cap45a).
15 de agosto. Cartagena. Sale para Santafé el arzobispo don Juan Bautista Sacristán, quien había regresado de Cuba el 21 de mayo, con el fin de impedir que Morillo continuara con los abusos contra los clérigos. (Groot, 1953: 537).
Mediados de agosto. Santafé. Llega a la ciudad el ex - presidente José Fernández Madrid, a quien Morillo envía a la corte en España junto con su esposa y su hermano. Esa decisión le salvaría la vida pues durante el viaje se quedó en La Habana, no pisando nunca tierra española. (Ibáñez, 1891: cap45a).
19 de agosto. Popayán. Muere fusilado el General José María Cabal. (Ibáñez, 1891: cap45a).
20 de agosto. Popayán. Carta de Camilo Torres a su esposa, en la que le pide actuar con amigos para obtener el perdón de Morillo.
“En los principales apartes de la mencionada misiva decía el señor Torres: <<Después de que te escribí en Buga, con fecha 29 del pasado, me remitió Sámano junto con mis hermano a Popayán, en donde estamos, aunque sin prisiones, en el cuartel de prevención. Me ha dicho (Sámano) que seré juzgado en Santafé; por consiguiente seré remitido allá, y lo que siento son las incomodidades del camino, yendo en calidad de preso. Todo se remediará (se habría remediado) si mi tío Tomás me hubiese podido conseguir un pasaporte o una orden para que se me diese, pero tal vez no habrán llegado las cartas que desde el camino y desde el 18 de mayo estoy escribiendo sobre eso. Es preciso que trabajes con todos nuestros amigos para que dispongan los ánimos en mi favor. Tú y ellos conocéis mis intenciones y sabéis cuál ha sido mi conducta. A nadie le he hecho mal. Y antes sí todo el bien posible, como lo depondrán muchos, aunque en los gobiernos es tan fácil adquirirse enemigos>>.” (Liévano Aguirre, 1987: 935).
29 de agosto. Santafé. Continúan las prisiones y ejecuciones.
“…a las ocho de la mañana, sacaron presos en sillón y con grillos, para Cartagena, a los sujetos siguientes: a don Luis Eduardo de Azuola, brigadier; a don José Santamaría, tesorero de la Casa de Moneda, coronel y comandante del batallón de Patriotas; a don Camilo Manrique, capitán de Patriotas, nieto del presidente Manrique; a don Sinforoso Mutis, teniente coronel de Patriotas, el director de la botánica; a don Pantaleón Gutiérrez, coronel de caballería, hombre rico; a don Dionisio Gamba, abogado y secretario del gobierno; a don José María Castillo, gobernador que fue de Tunja y de esta ciudad; a don Manuel Pardo, ministro del tesoro público; a don Estanislao Vergara, hombre hacendado; a Florencio Ortiz, fabricante de sombreros, que esto fue su más delito. En este mismo día arcabucearon en la plazuela de San Francisco al doctor don Joaquín de Hoyos, abogado, pues no se perdonaba a ninguno que fuese hábil o rico: a los unos, por privar las luces para que siempre vivamos en la ignorancia, y a los otros para echarse sobre sus bienes.” (Caballero, 1974: diario9c).
Sobre los presos que salieron con destino a Buenaventura pero que finalmente llegaron a Cartagena escribe Ibáñez:
“En la mañana del 29 de agosto un extraño grupo cruzaba las calles de Bogotá y tomaba la vía del destierro y el presidio, por el camino real de Occidente. Los reos iban montados en sillones, esto es, en monturas de mujer al uso de aquel tiempo, en las cuales, yendo el preso sentado, podía llevar los grillos y ser atado al mismo sillón con una cadena. Esos reos, que ya habían trabajado en las obras públicas de la ciudad, estaban destinados a las prisiones de Omoa, en Guatemala, hoy Honduras, y eran:
Don Pantaleón Gutiérrez, el patriarca de Bogotá, venerable prócer, de sesenta y un años de edad,…Otro bogotano de familia distinguida, don Camilo Manrique,… don José Santamaría, también hijo de Bogotá, cincuentón, ex-noble, ex-Presidente del Congreso y ex-rico,…don Luis Eduardo de Azuola, distinguido abogado hijo del Colegio de San Bartolomé, y también cincuentón;…
Hacía igualmente parte de la triste comitiva don Juan Dionisio Gamba, natural de Bogotá, viudo, antiguo compañero de Nariño, ex-Secretario de Gobierno y del Tribunal de Vigilancia.
El patriota don Manuel Pardo, nacido en Panamá en 1759, viudo, fue condenado porque Morillo lo calificaba entre los primeros revolucionarios, y por haber conducido preso al Virrey Amar hasta Cartagena.
Andrés Rodríguez, el conocido Secretario de Guerra de la Patria Boba, oriundo de Cartagena, después de sufrir el grillete cinco años, volvió a Bogotá, donde recibió el presbiterado, y aquí falleció en 1834, a los setenta años de edad.
Otro cartagenero, el doctor José María del Castillo y Rada, también recibió el honor del grillete a los cuarenta años, y dejó en la pobreza a su antes opulenta esposa» doña Teresa Rivas.
Don Sinforoso Mutis, botánico, nacido en Bucaramanga en Julio de 1773, compañero de Gamba y de Nariño en la célebre conspiración de 1794 y ex-Di rector de la Expedición Botánica, era otro de los presidiarios. Doña Angela Gama, su esposa, estaba desterrada.
Y cerraban el grupo el Oficial de artillería Florencio Ortiz, Estanislao Gutiérrez y Julián Rincón, cuyos servicios a la Patria han quedado cubiertos por el olvido.
Los reos fueron conducidos hasta Buenaventura y tratados con crueldad por el Oficial conductor, quien los apareaba con unos mismos grillos. Estuvieron en la cárcel de Panamá, y por benevolencia del Capitán General Montalvo, en vez de marchar para el presidio de Omoa, fueron a Cartagena, y allí se les obligó a barrer las calles y a desempeñar otros oficios denigrantes.” (Ibáñez, 1891: cap45b).
Honda. Pasado por las armas Francisco Ramírez. (Ibáñez, 1891: cap45b).
31 de agosto. Santafé. Caballero sigue enlistando: “…arcabucearon en la plazuela de San Francisco al doctor don Ignacio Camacho, abogado, y al doctor don Nicolás Ribas, coronel del segundo escuadrón de caballería. En este mismo día arcabucearon a don Mariano Grillo y a su hijo en Facatativá.” (Caballero, 1974: diario9c).
Buga. Pasados por las armas Carlos Montúfar y Pedro José Ruíz. (Ibáñez, 1891: cap45b).
Facatativa. Se cumple la sentencia de muerte contra Mariano y Joaquín Grillo, padre e hijo respectivamente. (Ibáñez, 1891: cap45b).
Finales de agosto. Popayán. Comienzan a salir con rumbo a Santafé, por la vía del páramo de Guanacas, los que fueron prisioneros en la batalla de la cuchilla del Tambo. (López, 1942: memori9).
Septiembre de 1816
3 de septiembre. Siguen las ejecuciones, aunque no de todos se obtienen los nombres: “…arcabucearon a siete en la plazuela de San Francisco, y entre ellos un español: sus nombres no los he sabido, porque eran forasteros,…” (Caballero, 1974: diario9c).
8 de septiembre. Santafé. Logra huir Miguel Ibáñez y se apresa, entre otros, a Manuel de Bernardo Álvarez. Muere Liborio Mejía.
“…huyó el doctor Miguel Ibáñez del colegio de Santo Tomás, que era la cárcel donde estaban todos los presos y de donde los sacaban para el patíbulo, y que había más de 300. Recibió el parte de la huída del doctor Ibáñez el general Morillo, estando en comedia en el coliseo, pues todos los días de fiesta había comedias y bailes en el coliseo. Por este motivo hizo meter al otro día en capilla a don Bernardo Alvarez, que fue presidente y dictador en el gobierno; a don José María Arrublas, mercader grueso, miembro que fue del tribunal de vigilancia, y a don Manuel García, escribano real que había sido, y en la patria, capitán retirado, congresista. Los arcabucearon en la plazuela de San Francisco el día 10, y este mismo día arcabucearon a un soldadito caraqueño, y degradaron a un oficial, también caraqueño, en un tablado que hicieron en la misma plazuela, un poco antes que llevaran a los otros.” (Caballero, 1974: diario9c).
Además de los sucesos relatados por Caballero, Ibáñez, entrega los nombres de quienes murieron sentenciados ese día, lista entre la que se encuentra el militar patriota Liborio Mejía:
“Otras víctimas nacidas bajo el cielo de América, fueron sacrificadas el día 8 de septiembre. Ese martes se veían siete banquillos en la antigua Plaza de San Francisco de Bogotá, y también se levantaban, uno en la plaza de Ubate y seis en la del Socorro.
Una de las víctimas era Liborio Mejía,…
El Coronel Andrés Linares, que había sido vencido en el Norte de Antioquia por las tropas reales, era otra de las víctimas. El prestó muchos servicios en Venezuela, su patria, y en diversas comarcas de Colombia.
Fue con ellos a la muerte el doctor Martín Cortés, abogado, natural de Ocaña, hombre de letras y de profundas convicciones republicanas, las cuales sostuvo en el Congreso de Tunja.
El Capitán Rafael Niño, antiguo Ayudante de Serviez; el Capitán Silvestre Ortiz, ex-Ayudante de campo del General José María Cabal, natural de Popayán y matemático distinguido, y el Capitán Félix Pelgrón, oriundo de Caracas y subalterno de Liborio Mejía, eran también de la fúnebre comitiva del 8 de septiembre.
Cerraba el convoy el Teniente Pascual Andrux, español, que había servido con decisión a la causa americana, como subalterno de Nariño.” (Ibáñez, 1891: cap45c).
10 de septiembre. Santafé. En la plaza de San Francisco, se da muerte a los patriotas, Manuel de Bernardo Álvarez, José María Arrubla y el escribano Manuel García. (Ibáñez, 1891: cap45c).
11 de septiembre. Santafé. Fue fusilado Dionisio Tejada (Ibáñez, 1891: cap45c) mientras se cumplía el traslado de varios clérigos presos hacia Puerto Cabello.
Groot indica que Morillo envió hacia Puerto Cabello (Venezuela), una partida de 44 clérigos presos, evadiendo las providencias recibidas por el Virrey. Entre estos iban el doctor don Domingo Duquesne, el doctor don Juan Bautista Pey, don Joaquín Pey, don Fernando Caicedo y el doctor Rosillo y Meruelo. (Groot, 1953: 509).
Por su parte, Caballero fecha la partida de los clérigos el 12 de septiembre:
“A 12 sacaron presos para las bóvedas de Puertocabello a los sacerdotes siguientes: al doctor don Juan de Dios Pey y Andrade, arcediano de esta santa iglesia; al señor provisor y vicario general, doctor don Domingo Duquesne, canónigo y gobernador del arzobispado; al señor doctor don Fernando Caycedo, penitenciario de esta santa iglesia, que era el que corría con la obra; al doctor don Manuel Santos Escobar, canónigo de Popayán; al presbítero Pey, hermano del señor arcediano; al doctor Omaña, cura de esta santa iglesia catedral; al doctor don Pablo Plata, cura también de esta santa iglesia; al doctor Castro, cura de Ocaña; al doctor don Carlos Suárez, cura de Firavitoba; al doctor don José Antonio Rueda, cura de Neiva; al doctor García, cura de Tuta; al doctor Pérez, cura de Usme; al doctor Gómez, presbítero, llamado por mal nombre Panela, hombre muy curioso y habilidoso, que en una ocasión lo tuvo preso el obispo Marfil, y le hizo un rosario de marfil de cuentas regulares y escrita en todas las cuentas la Magnífica entera y completa. Usaba sombrero y botas, y tenía otra infinidad de habilidades; al doctor don Antonio Vergara, cura de Puebloviejo; al doctor Cogollos, cura de Barichara; al doctor Rocha, cura de Ramiriquí; al doctor Mendoza, cura de Pore; al señor doctor Losada capellán del Carmen de esta ciudad; al reverendo padre Padilla, prior y provincial que fue varias veces de este convento de San Agustín, y el que fue a Roma al capítulo general ahora 30 años, y que fue presidente del congreso; al reverendo padre Florido, de la Orden de San Francisco.” (Caballero, 1974: diario9c).
Para el día 11, en cambio, indica el nombre de la ejecución ocurrida: “…arcabucearon en la misma plazuela al capitán que había sido del Auxiliar, don Dionisio Tejada.” (Caballero, 1974: diario9c).
Ibáñez, hace una detallada lista de los clérigos que fueron trasladados, incluyendo incluso, algunos de los que enviaron después del 11 de septiembre y relatando, en algunos casos, la suerte que sufrieron después de su destierro. Entre los enlistados se encuentran: Juan Bautista y Joaquín Pey, Domingo Duquesne, Fernando Caicedo y Flórez, Andrés Rosillo, Diego Padilla, Pablo Plata, Nicolás Mauricio de Omaña, Andrés Ordóñez y Cifuentes, Francisco Javier Gómez (alias Panela), Nicolás Mesa, Mariano Longas, Francisco Uribe, Concepción Caicedo, Jorge Mendoza, Andrés Pérez y Vicente Antonio Gómez Polanco.
Además, el autor refiere lo sucedido:
“Ya en el mes de Junio había enviado el General pacificador once clérigos desterrados a Cartagena, para que de allí los enviara el Capitán General Francisco de Montalvo a España. Pero este funcionario y la Audiencia, no encontrando autos en este negocio, no obedecieron la voluntad de Morillo, y dejaron a los clérigos encubertad. Enojado el autócrata militar por la conducta de las autoridades que gobernaban en Cartagena, resolvió enviar, el 11 de septiembre de 1816, cuarenta y cuatro eclesiásticos por la vía de Venezuela. Los condujo como Jefe de la escolta el Capellán de Húsares, don José Melgarejo, el mismo Fiscal en los procesos que instruyó Villabrille, como Juez superior.” (Ibáñez, 1891: cap46).
14 de septiembre. Santafé. La Mesa de Juan Díaz (provincia de Santafé), en la hacienda de El Tigre fallece el arzobispo Sacristán, quien se dirigía a Santafé a impedir que Morillo continuara apresando y enviando sacerdotes a Puerto Cabello. (Groot, 1953: 541).
Mediados de septiembre. Santafé. Llegan del sur varios presos políticos que habían sido capturados en la batalla de la Cuchilla del Tambo.
“Al promediar el mes de septiembre, llegó a la capital una cadena de presos políticos de los vencidos en el combate de la Cuchilla del Tambo. Venía en ella un Joven de diez y ocho anos, don José Hilario López, Oficial de las fuerzas rebeldes, que había sido condenado a muerte en Popayán y que por rara casualidad salvó la vida, como tres de sus compañeros, estando ya sentados en los banquillos, levantados en la plaza de San Camilo, de aquella ciudad. Doce días gastaron en la marcha, a órdenes del cruel Oficial español don José Polit. Este ordenó a la escolta dar muerte al que se fatigara, suerte desgraciada que sufrió Martín Correa, Alférez, hijo de Antioquia, y un soldado de la gleba. El largo camino lo hicieron a pie, por el frío páramo de Guanacas y por las ardientes llanuras de Neiva y del Tolima.” (Ibáñez, 1891: cap46).
La llegada de los presos a Santafé es relatada por el mismo López:
“Antes de las doce del siguiente día entramos en la capital, y en la plaza pública, cayendo un fuerte aguacero, se nos hizo esperar por más de dos horas nuestro destino. Desde los pueblos del tránsito se nos había. anunciado que los presos que se destinaban al Colegio del Rosario no salían de allí sino al patíbulo, mientras que los que iban a las cárceles y a los cuarteles no eran considerados sino como reos de segundo orden, y no tenían mucho riesgo de que se les quitase la vida.” (López, 1942: memori9).
18 de septiembre. Neiva. Son fusilados Luís José García, Fernando Salas, Benito Salas, José Díaz, José María López y Francisco López. (Ibáñez, 1891: cap46).
19 de septiembre. Santafé. Arcabuceados Antonio Ricaurte y otros: “A 19 arcabucearon en la plazuela de San Victorino a don Antonio Ricaurte, a Manuel Cifuentes, a un negrito que fue de Bolívar, y a un tal Ordóñez.” (Caballero, 1974: diario9c).
Para esa fecha, Ibáñez no registra la muerte de Antonio Ricaurte, en cambio, dice que los que murieron en la Huerta de Jaime fueron: Antonio José Vélez, Manuel Cifuentes, Bernabé González, José María Ordóñez. (Ibáñez, 1891: cap46).
Popayán. Se le da muerte por manos españolas al patriota José María Gutiérrez. (Ibáñez, 1891: cap46).
20 de septiembre. Tunja. Fusilados los socorranos José Manuel Otero, Ignacio Plata y Alberto Montero. (Ibáñez, 1891: cap46).
24 de septiembre. Cali. Sacrificado Manuel Santiago Vallecilla. (Ibáñez, 1891: cap46a).
26 de septiembre. Vélez. Los españoles dieron muerte a Santiago Abdón Herrera. (Ibáñez, 1891: cap46a).
Tunja. Es sometido a la pena de muerte Antonio Palacio. (Ibáñez, 1891: cap46a).
Finales de septiembre. Pamplona y Pasto. Sin entregar fecha exacta pero indicando que es por los días en que sucedieron numerosas sentencias de muerte en el mes de septiembre, Ibáñez relata la creación de los batallones realistas Cachirí y Cazadores del Tambo, en Pamplona y Pasto respectivamente.
“Otra calamidad afligió a los patriotas en aquellos días, y fue el reclutamiento de jóvenes para formar nuevos batallones realistas. Morillo tenía bastantes pruebas de la utilidad con que servían los soldados del país, y con el objeto, decía, de «lisonjear el mérito de las gloriosas jornadas de Cachirí y El Tambo, perpetuando el nombre de las beneméritas tropas,» formó dos batallones de cazadores con esos nombres, con Jefes, Oficiales y Sargentos europeos.
El Batallón Cachiri se formó con una base de seiscientos hombres, hijos de las Provincias de Pamplona y Cúcuta, además de viejos veteranos de las tropas realistas, que comandaban Sebastián de la Calzada y Francisco Tomás Morales y algunos peninsulares, resto del Batallón Fijo de Puerto Rico y del Regimiento de Granada Los mandaba el español Manuel Carmona En esas filas se incorporaron, en calidad de soldados forzados, muchos Oficiales patriotas y multitud de personas distinguidas en quienes se castigaba su amor a la República; a éstos se les pasaba por las armas a la menor falta que cometieran. Las cornetas de las bandas del Cachiri eran de plata, y también eran de ese metal los botones de los uniformes. Contaba en Pamplona, antes de salir a campaña, con mil doscientas plazas, y se distinguió en combates con tropas mandadas por Ramón Nonato Pérez, José Concha. José Antonio Páez y Manuel Piar; la fama de esos soldados era reconocida por ambos Ejércitos, en las duras campañas de Venezuela.
…
El Batallón de Cazadores del Tambo se organizó con un personal similar al del Cachirí y tuvo por base las tropas de Pasto y del 3° de Numancia.” (Ibáñez, 1891: cap46).
Octubre de 1816
Sin indicar fecha exacta pero sugiriendo que posiblemente haya sido durante el mes de octubre, Morillo ordenó instalar en Tunja y Neiva, tribunales similares a los que existían en Santafé, “…para facilitar testigos de los delitos de los insurgentes y evitar que por falta de ellos fueran absueltos los reos por los Tribunales de la capital.” (Ibáñez, 1891: cap46).
2 de octubre. Santafé. Entran varios presos que vienen del sur entre los que se encuentran Camilo Torres y el magistral Rosillo:
“…trajeron trece presos de Popayán, entre ellos al señor doctor Rosillo, canónigo de esta iglesia; a los dos presidentes que habían sido de aquí, Torices y don Camilo Torres; al marqués de Casa-Valencia, grande de España, que se había hecho al bando de los patriotas.” (Caballero, 1974: diario9c).
Sobre la entrada de Torres a Santafé, quien iba con Manuel Rodríguez Torices y Andrés Rosillo, entre otros, escribe Ibáñez:
“Dos ex-Presidentes de la República, Camilo Torres y Manuel Rodríguez Torices; un republicano benemérito, don José María Dávila, y un noble, natural de Madrid, Pedro Felipe Valencia, Conde de Casa Valencia, venían en cadena de presos, de Popayán para la capital. Ellos tuvieron la fortuna de que los condujese una escolta mandada por un caballero Torres escribió a su esposa desde La Plata: «Nos conduce un excelente Oficial, don Ventura Molinos, que nos trata con mucha humanidad.»
En la misma cadena venían el Magistral Andrés Rosillo y los Oficiales Rafael Cuervo, Joaquín Quijano, Alejo Sabaraín, Mariano Posse y Antonio Obando.
Después de veintinueve días de marcha llegaron los presos a Santafé el 2 de octubre, y fueron encerrados en los claustros del Colegio del Rosario. El día 4 fueron condenados por el Consejo permanente de Guerra, Torres, Torices, Dávila y Casa Valencia, y del Consejo salieron para la capilla.” (Ibáñez, 1891: cap46a).
5 de octubre. Santafé. Ejecución de don Camilo Torres.
Sobre la muerte de Torres y Torices dice Caballero: “4 se les hizo consejo de guerra a estos tres y al doctor Avila, e inmediatamente que salieron del consejo los metieron en capilla, y el día siguiente los arcabucearon en la plaza mayor. A Torices y a Torres los arcabucearon debajo de la horca, y después los colgaron en la horca, por no haber verdugo, porque la sentencia fue de horca.” (Caballero, 1974: diario9c).
Groot describe brevemente lo que se hizo con el cuerpo de Torres y el de Torices:
“La cabeza del ilustre don Camilo Torres fue expuesta por mucho tiempo dentro de una jaula colocada en alto, a la entra de la ciudad de Santafé, frente al convento de San Diego; y del mismo modo se expuso la de don Manuel Torices, a la entrada por San Victorino.
¡Todos vimos los gallinazos parados sobre esas jaulas descarnando las cabezas de esos dos ilustres americanos!” (Groot, 1953: 511).
Por su parte, Ibáñez describe detalladamente lo sucedido en la ejecución que esta vez se realizó en la plaza Mayor:
“El viernes 5 de octubre, las gentes que llegaban a la plaza mayor, con el fin de concurrir al mercado, veían cerca a la puerta de la antigua Municipalidad, entonces edificio de mezquino aspecto, cuatro banquillos y dos horcas que se levantaban sobre ellos, cubriendo los dos del centro. El mercado solo se permitió aquel día en el área de media plaza, al lado norte; la mitad sur fue ocupada por un batallón, que formó tres lados de un cuadrado, dejando descubierto el en que estaban los banquillos, un escuadrón estaba a retaguardia de la infantería. Antes de las diez de la mañana crecida escolta conducía desde el Colegio del Rosario a las cuatro ilustres víctimas. Marchaba primero el doctor Camilo Torres, el Démostenes colombiano, Presidente de la República siete meses antes; seguíale Manuel Rodríguez Torices, oriundo de Cartagena, también ex-Jefe del Poder Ejecutivo; iba luego el doctor José María Dávila, natural de Bogotá, miembro distinguido de los Congresos y notable institutor; y cerraba la fúnebre procesión el Conde de Casa Valencia, oriundo de Madrid de España, quien había cambiado sus blasones de nobleza por los derechos de ciudadano libre.
Una descarga cortó la vida de las víctimas. La gente que estaba en el mercado corrió llena de curiosidad a contemplar aquel triste espectáculo. Pasado corto tiempo enlazaron los cuellos de Torres y de Torices con sendas cuerdas. En esos momentos el Monte de Piedad alzó los cadáveres de Dávila y de Casa Valencia, para sepultarlos en La Veracruz. Un testigo de vista nos cuenta así la escena macabra que tuvo lugar en ese momento: «Tiraron la soga en que pendía el señor Torres, y como éste quedase sentado, algunas personas de las que estaban muy cerca, y que por lo mismo no se apercibieron de que estaba enlazado, creyeron que aún no había muerto y trataba de pararse, y temerosas seguramente del peligro que corrían si hacían fuego otra vez, procuraban retirarse corriendo, y la gente que por estar más distante ignoraba, el motivo de este movimiento, los secundaba, ocasionando esto desorden y trastorno tales, que a muchas personas se les perdieron muchos objetos, y particularmente los sombreros, lo que también me sucedió a mí.»
El cadáver de Torres, con la cara destrozada por las balas, y el de Torices, que fue herido en el pecho, fueron alzados en las horcas. El Pacificador, después de arrancar la vida a los más ilustres republicanos, ultrajaba los cadáveres y los hacía decapitar. Eran las mismas escenas del tiempo de los Comuneros, que vimos sucederse en esa misma plaza en 1782.
...
A eso délas cuatro de la tarde una escolta volvió a rodearla horca en que estaban suspendidos los cadáveres, y un verdugo los descolgó y les cortó las cabezas, las cuales puso en seguida en unas Jaulas preparadas al efecto, llevando después éstas al calabozo de la Cárcel Chiquita, para que permaneciesen allí aquella noche mientras al siguiente día se las colocaba en los lugares que para ello estaban designados.
Al día siguiente se alzaron picotas…En la primera picota se vio la cabeza de Camilo Torres, y en la otra, la de Torices. Las jaulas en que se exhibían eran formadas por dos óvalos de hierro, que permitían a las aves de rapiña destrozar las carnes en descomposición.…
Nueve días después, cumpleaños del Rey, permitió Morillo que se sepultaran esos despojos de eminentes patricios. El epílogo fue digno del drama.” (Ibáñez, 1891: cap46a).
7 de octubre. La Mesa. Se da muerte “…al Oficial republicano Andrés Quijano y al menor de edad Francisco Julián Olaya,..” (Ibáñez, 1891: cap46a).
Neiva. Muere fusilado el coronel Manuel Ascencio Tello. (Ibáñez, 1891: cap46a).
12 de octubre. Santafé. Es arcabuceado en San Francisco, Salvador Rizo. (Caballero, 1974: diario9c). Sobre esa muerte Ibáñez deja saber que sucedió en la plaza de San Francisco, y también agrega, “Su cadáver fue sepultado por el Montepío, en la iglesia de La Veracruz.” (Ibáñez, 1891: cap46a).
14 de octubre. Santafé. Se ofrece un baile para celebrar el cumpleaños del rey Fernando VII, las mujeres de la sociedad santafereña fueron obligadas a asistir, so pena de infidencia. (Ibáñez, 1891: cap46a).
18 de octubre. Santafé. Muere el teniente Joaquín Morillo, “…oriundo de Santa Rosa de Viterbo, soldado de Nariño, y de Cabal. Prisionero en la desgraciada acción de La Cabuya de Cáqueza, después de varios meses de prisión, en los claustros del Rosario, fue fusilado por la espalda como traidor al Rey, y su cadáver sepultado en el viejo Camposanto, al Occidente de la ciudad.” (Ibáñez, 1891: cap46a).
20 de octubre. Santafé. Salen más clérigos presos hacia Puerto Cabello.
“…llevaron presos también para Puertocabello 22, entre clérigos y frailes, que se ha visto iban custodiados de soldados déspotas, crueles y desvergonzados, que dicen que el tratamiento que les dieron en el camino fue tan malo, que al padre Carbonell, de la Orden de San Francisco, le rompieron la cabeza y lo querían matar. Los trabajos que padecieron en esta cruel jornada ni ellos, que los sufrieron, son capaces de enumerarlos. Lo cierto es que a los lugares que llegaron los encerraban en las cárceles; la ración que les daban de carne y otras cosas era cruda, pues los ponían en fila y les iban repartiendo, pues muchos, después de regar aquella ración con lágrimas, así cruda se la comían, que muchas ocasiones la prisa de la partida, no les daba lugar a rogar quien les cocinase aquello, y si lo daban lugar a comerlo o lo cogían en la mano y por el camino lo iban comiendo, esto es, si daba la suerte que lo trajesen a tiempo, y si no se solían quedar enteramente sin ello.” (Caballero, 1974: diario9c).
Sin precisar fecha, el historiador José Manuel Groot escribe que en octubre fueron enviados hacia Puerto Cabello otra partida de 33 eclesiásticos, y unos días después otros 7, completando 95 sacerdotes sacados presos de Santafé por órdenes de Pablo Morillo, a pesar de los reclamos de las autoridades civiles y religiosas. (Groot, 1953: 510-511).
22 de octubre. Santafé. Es fusilado Francisco Cabal. (Ibáñez, 1891: cap46a).
23 de octubre. Santafé. Entra a la ciudad Juan Sámano que viene del sur. (Caballero, 1974: diario9c).
Sobre la llegada de Sámano a la capital escribe Ibáñez:
“El General Juan Sámano, llamado a Bogotá por Morillo, salió de Popayán el 27 de septiembre y llegó a la capital el 23 de octubre. En la ciudad era muy conocido como antiguo Comandante del Batallón Auxiliar, a cuya cabeza había jurado las banderas de la República. Traía para los realistas el título de haber obtenido el triunfo de la Cuchilla del Tambo.” (Ibáñez, 1891: cap46a).
25 de octubre. Santafé. En un acto organizado por el Tribunal de la Inquisición que entonces existía en Santafé, se queman los documentos relacionados con la independencia y varios libros de artes y ciencias que pertenecían a los prisioneros y ejecutados patriotas:
“…arcabucearon al Curro, capitán de la artillería, español pero buen patriota, y a Monsalve, en la plazuela de SanVictorino. En este mismo día se hizo una hoguera en la plaza y a las once vinieron todos los inquisidores y en medio de ellos traían un carro lleno de todos los papeles así manuscritos como todos los impresos que habían salido en tiempo de la patria, como fueron sermones, gacetas, bagatelas, boletines y demás. De estos papeles tengo algunos que liberté enterrándolos, aunque varios quemé, que después me pesó. En la punta de una vara traían el retrato de un colegial, que era el del doctor don Frutos Gutiérrez, colegial de San Bartolomé, y lo echaron en la hoguera, junto con todos los papeles, y mientras se hizo este sacrificio tocaron las campanas a descomunión.” (Caballero, 1974: diario9c).
Además del acto inquisitorio, Ibáñez indica que ese día fueron fusilados en San Victorino los oficiales patriotas Francisco Aguilar y José Antonio Monsalve. (Ibáñez, 1891: cap46b).
Sobre la hoguera encendida por los inquisidores también escribe Ibáñez:
“os inquisidores encendieron una grande hoguera cerca de la fuente pública de la Plaza Mayor. A ella llegó en carreta acopio de papeles, manuscritos e impresos, que circularon en tiempos de la Patria. Alimentaron el fuego sermones, periódicos oficiales, boletines, La Bagatela, de Nariño, El Anteojo, de Lozano, El Sabatino y El Aviso, del Padre Padilla, y muchas poesías, hasta las del Bibliotecario Socorro Rodríguez.” (Ibáñez, 1891: cap46b).
Pore. El representante de Morillo en Casanare, Matías Escuté, ordenó fusilar ese día a Frutos Joaquín Gutiérrez, Joaquín Zerda, Francisco Olmedilla, Juan Salas, Luís Abad y Luís Báez. (Ibáñez, 1891: cap46b).
26 de octubre. Villa de Leyva. Se cumple condena de muerte para el patriota Manuel José Sánchez, “…su cadáver fue ahorcado y despedazado.” (Ibáñez, 1891: cap46b). Mientras esto sucedía, en la misma Villa, lograba escapar el republicano Juan Gómez. (Ibáñez, 1891: cap46b).
29 de octubre. Pitayó. Muere el patriota indígena Agustín Calambas. “El 29 se alzó un patíbulo en Pitayó, y se dio muerte afrentosa al Cacique Agustín Calambazo, a quien la República le había concedido insignias de Oficial.” (Ibáñez, 1891: cap46b).
30 de octubre. Santafé. Muerto entre otros, Francisco José de Caldas: “…decapitaron en la plazuela de San Francisco al doctor Caldas, gran botánico, al doctor Ulloa, al doctor Montalvo, abogado y el que había corrido con La Gaceta, y a un catalán Buch.” (Caballero, 1974: diario9c).
Pedro María Ibáñez, indica como el 29 de octubre el día en que se dio muerte a Francisco José de Caldas, José Miguel Montalvo, Francisco Antonio Ulloa, y al catalán republicano Miguel Buch.
“Del Colegio del Rosario salieron los cuatro reos en medio del Batallón Tambo, comandado ese día por Manuel Villavicencio. Después de la descarga que los privó de la vida, en la vieja plaza de San Francisco se oyó un largo alarido, último aliento del Sabio, quien recibió ocho tiros, siete en la espalda y uno en la región occipital. Caldas llegó al patíbulo horrorizado y afligido, y no mereció este mártir, en la conocida Relación de Morillo, sino estas frías palabras: «En 29 de octubre- Doctor Francisco Caldas: Ingeniero General del Ejército rebelde, y General de Brigada-Fue pasado por las armas por la espalda, y confiscados sus bienes.»Caldas no fue ni doctor ni general; fue docto e Ingeniero militar.” (Ibáñez, 1891: cap46b).
Noviembre de 1816
1 de noviembre. Honda. Es arcabuceado José León Armero. (Ibáñez, 1891: cap47).
6 de noviembre. Cartagena. A pesar de estar posesionado en su cargo hacía varios meses, fue hasta ese día que Francisco de Montalvo, asumió su calidad de virrey de la Nueva Granada. (Ibáñez, 1891: cap47).
Cúcuta. Fueron fusilados tres patriotas, José Gabriel Gallardo, Luis Mendoza y Ramón Villamizar. (Ibáñez, 1891: cap47).
8 de noviembre. Santafé. En la plaza de San Francisco, “…fueron ultimados en Bogotá el Teniente Coronel José Joaquín Chacón, militar valeroso, y seis soldados americanos, obligados a servir en las tropas realistas…” (Ibáñez, 1891: cap47).
14 de noviembre. Santafé. Sale de la ciudad el segundo al mando de Morillo, Pascual Enrile, “…llevó recomendaciones del Pacificador por sus méritos y servicios, como Jefe de Estado Mayor y Jefe de la Escuadra. El llevó también-como hemos dicho-los objetos que se conservaban de la antigua Expedición Botánica, y varias causas originales seguidas a los infidentes.” (Ibáñez, 1891: cap47).
La partida de Enrile es fechada por Groot para el 14 de diciembre, exactamente un mes después que Ibáñez. Groot dice que salió hacia Cartagena, llevando varios objetos del Instituto Botánica. (Groot, 1953: 551).
20 de noviembre. Santafé. Morillo parte de la capital del Virreinato con destino de Venezuela. Deja encargado del mando político y militar a don Juan Sámano, apoyado en una guarnición de 4.000 veteranos de Numancia y el Tambo. (Groot, 1953: 551-552).
Caballero ubica la salida de Morillo de Santafé el 29 de noviembre:
“…se fue el general Morillo para el norte: llevó un lucido cuerpo de caballería y 20 negros montados de guardia de honor, muy bien vestidos y sobre 1.000 reclutas. En todo el tiempo que Morillo estuvo en esta capital salieron para el norte once mil cargas de diferentes cosas, como de víveres, pertrechos, vestidos, plata y otras cosas, y así acabó con bestias y cuanto pudo.” (Caballero, 1974: diario9c).
Por su parte, Ibáñez, que al igual que Groot asegura que Morillo dejó Santafé en 20 de noviembre, relata así la salida del oficial español:
“El implacable Pacificador llegó a soñar, y lo comunicó-a la Corte de Madrid, que la pacificación había terminado, y que él a la cabeza del Ejército vencedor podría ir al Perú, a Buenos Aires y aun Méjico, si era necesario, para extinguir la chispa revolucionaria. Pronto se desvanecieron esas quimeras. Ya rugía en Venezuela la guerra activa, y a la cabeza de los republicanos se encontraban Jefes decididos y valientes, en la isla de Margarita y en las vastas llanuras de Casanare y del Apure.
Alarmado el Pacificador, se vio constreñido a salir de la capital el 20 de noviembre de 1816. Dejó el mando político y militar al General Juan Sámano, a quien dio por Asesor y Agente Fiscal a don Domingo Orduña. Morillo llevó al doctor Faustino Martínez, el Fiscal del Tribunal de Guerra, puesto en el que manifestó tanta crueldad como Fouquier-Tinville en el Tribunal de Salud Pública de la revolución de 1793, en la ilustre Francia.
Morillo llevó presos, para juzgarlos en el camino, a varios patriotas desgraciados.” (Ibáñez, 1891: cap47).
23 de noviembre. Se cumple sentencia de muerte contra Francisco Morales Fernández, quien en compañía de sus hijos había animado los sucesos del 20 de julio de 1810.
“Estaban presos en el Colegio del Rosario don Francisco Morales Fernández y su hijo don Francisco Morales Galavis, los que fueron causa determinante para que estallara la revolución el 20 de julio de 1810, en asocio de Antonio Morales Galavis, que ahora alacia campaña en el Ejército republicano. Juzgado el padre, en Consejo de Guerra, fue condenado a muerte. Por crueles circunstancias, los dos presos estaban en el mismo calabozo, y don Francisco Morales, hijo, sufrió el martirio de oír leer la sentencia de muerte contra el autor de sus días, y lo vio entrar a capilla y salir, en la mañana del 23 de noviembre, para rendir la vida en un patíbulo, alzado en la antigua plaza de San Francisco. Contaba cincuenta y ocho años, y el cadáver fue sepultado por el Monte de Piedad, en la capilla de La Veracruz. (Ibáñez, 1891: cap47a).
Según Caballero, la ejecución de Morales sucedió el 20 y no el 23 de noviembre:
Es pasado por las armas en la plazuela de San Francisco, Francisco Morales, el que inició el episodio del florero el 20 de julio de 1810. (Caballero, 1974: diario9c).
26 de noviembre. Morillo llega a Tunja y establece su cuartel general. (Ibáñez, 1891: cap47a).
28 de noviembre. Mariquita. Fueron fusilados, José Buitrago y Manuel Montaño. (Ibáñez, 1891: cap47a).
Santafé. En la plaza de San Francisco se fusiló a Nicolás María Buenaventura y al octogenario Miguel José Gómez Plata. (Ibáñez, 1891: cap47a).
29 de noviembre. Tunja. Fueron pasados por las armas los ex – gobernadores de la provincia José Cayetano Vásquez y Juan Nepomuceno Niño y el teniente coronel José Ramón Lineros. (Ibáñez, 1891: cap47a).
Noviembre de 1816
1 de noviembre. Honda. Es arcabuceado José León Armero. (Ibáñez, 1891: cap47).
6 de noviembre. Cartagena. A pesar de estar posesionado en su cargo hacía varios meses, fue hasta ese día que Francisco de Montalvo, asumió su calidad de virrey de la Nueva Granada. (Ibáñez, 1891: cap47).
Cúcuta. Fueron fusilados tres patriotas, José Gabriel Gallardo, Luis Mendoza y Ramón Villamizar. (Ibáñez, 1891: cap47).
8 de noviembre. Santafé. En la plaza de San Francisco, “…fueron ultimados en Bogotá el Teniente Coronel José Joaquín Chacón, militar valeroso, y seis soldados americanos, obligados a servir en las tropas realistas…” (Ibáñez, 1891: cap47).
14 de noviembre. Santafé. Sale de la ciudad el segundo al mando de Morillo, Pascual Enrile, “…llevó recomendaciones del Pacificador por sus méritos y servicios, como Jefe de Estado Mayor y Jefe de la Escuadra. El llevó también-como hemos dicho-los objetos que se conservaban de la antigua Expedición Botánica, y varias causas originales seguidas a los infidentes.” (Ibáñez, 1891: cap47).
La partida de Enrile es fechada por Groot para el 14 de diciembre, exactamente un mes después que Ibáñez. Groot dice que salió hacia Cartagena, llevando varios objetos del Instituto Botánica. (Groot, 1953: 551).
20 de noviembre. Santafé. Morillo parte de la capital del Virreinato con destino de Venezuela. Deja encargado del mando político y militar a don Juan Sámano, apoyado en una guarnición de 4.000 veteranos de Numancia y el Tambo. (Groot, 1953: 551-552).
Caballero ubica la salida de Morillo de Santafé el 29 de noviembre:
“…se fue el general Morillo para el norte: llevó un lucido cuerpo de caballería y 20 negros montados de guardia de honor, muy bien vestidos y sobre 1.000 reclutas. En todo el tiempo que Morillo estuvo en esta capital salieron para el norte once mil cargas de diferentes cosas, como de víveres, pertrechos, vestidos, plata y otras cosas, y así acabó con bestias y cuanto pudo.” (Caballero, 1974: diario9c).
Por su parte, Ibáñez, que al igual que Groot asegura que Morillo dejó Santafé en 20 de noviembre, relata así la salida del oficial español:
“El implacable Pacificador llegó a soñar, y lo comunicó-a la Corte de Madrid, que la pacificación había terminado, y que él a la cabeza del Ejército vencedor podría ir al Perú, a Buenos Aires y aun Méjico, si era necesario, para extinguir la chispa revolucionaria. Pronto se desvanecieron esas quimeras. Ya rugía en Venezuela la guerra activa, y a la cabeza de los republicanos se encontraban Jefes decididos y valientes, en la isla de Margarita y en las vastas llanuras de Casanare y del Apure.
Alarmado el Pacificador, se vio constreñido a salir de la capital el 20 de noviembre de 1816. Dejó el mando político y militar al General Juan Sámano, a quien dio por Asesor y Agente Fiscal a don Domingo Orduña. Morillo llevó al doctor Faustino Martínez, el Fiscal del Tribunal de Guerra, puesto en el que manifestó tanta crueldad como Fouquier-Tinville en el Tribunal de Salud Pública de la revolución de 1793, en la ilustre Francia.
Morillo llevó presos, para juzgarlos en el camino, a varios patriotas desgraciados.” (Ibáñez, 1891: cap47).
23 de noviembre. Se cumple sentencia de muerte contra Francisco Morales Fernández, quien en compañía de sus hijos había animado los sucesos del 20 de julio de 1810.
“Estaban presos en el Colegio del Rosario don Francisco Morales Fernández y su hijo don Francisco Morales Galavis, los que fueron causa determinante para que estallara la revolución el 20 de julio de 1810, en asocio de Antonio Morales Galavis, que ahora alacia campaña en el Ejército republicano. Juzgado el padre, en Consejo de Guerra, fue condenado a muerte. Por crueles circunstancias, los dos presos estaban en el mismo calabozo, y don Francisco Morales, hijo, sufrió el martirio de oír leer la sentencia de muerte contra el autor de sus días, y lo vio entrar a capilla y salir, en la mañana del 23 de noviembre, para rendir la vida en un patíbulo, alzado en la antigua plaza de San Francisco. Contaba cincuenta y ocho años, y el cadáver fue sepultado por el Monte de Piedad, en la capilla de La Veracruz. (Ibáñez, 1891: cap47a).
Según Caballero, la ejecución de Morales sucedió el 20 y no el 23 de noviembre:
Es pasado por las armas en la plazuela de San Francisco, Francisco Morales, el que inició el episodio del florero el 20 de julio de 1810. (Caballero, 1974: diario9c).
26 de noviembre. Morillo llega a Tunja y establece su cuartel general. (Ibáñez, 1891: cap47a).
28 de noviembre. Mariquita. Fueron fusilados, José Buitrago y Manuel Montaño. (Ibáñez, 1891: cap47a).
Santafé. En la plaza de San Francisco se fusiló a Nicolás María Buenaventura y al octogenario Miguel José Gómez Plata. (Ibáñez, 1891: cap47a).
29 de noviembre. Tunja. Fueron pasados por las armas los ex – gobernadores de la provincia José Cayetano Vásquez y Juan Nepomuceno Niño y el teniente coronel José Ramón Lineros. (Ibáñez, 1891: cap47a).
Diciembre de 1816
3 de diciembre. Boca de la montaña de San Camilo y Guadalito, provincia de Pamplona. Los hombres del batallón cazadores de Cachirí y compañías de Numancia y Bravos de Calzada, al mando de Carmona y apoyados por cien hombres de caballería al mando del negro capitán Palomo, vencieron en los Llanos de Casanare a las tropas patriotas comandadas por Donato Pérez. Los hechos los relata el capitán realista Rafael Sevilla:
“Empezamos nuestra marcha el 3; pero a las diez de la mañana vimos replegarse sobre nosotros a nuestros cien exploradores, a brida tendida, perseguidos por triple número de enemigos, lanza en ristre.
Palomo, que nunca empeñaba acción en que pudieran derrotarle, nos advirtió que formáramos en batalla, y abriendo él sus fuerzas en dos mitades, nos rebasaron por los flancos. Inmediatamente que cruzaron los nuestros echamos varios insurgentes a tierra en la primera descarga, y continuando un fuego nutrido y certero, los hicimos detenerse y vacilar; pero en esto llega el zambo rebelde Donato Pérez con 500 caballos más de refuerzo, que lanzaron sobre nosotros, sin hacer caso de nuestro fuego.
-Formen el cuadro –gritó Carmona-; doblen fondo las segundas cuartas; media vuelta a la izquierda.
El movimiento se verificó con la rapidez del rayo. De este modo quedamos en actitud de hacer fuero por vanguardia y retaguardia y de resistir algún tanto el primer ímpetu; pero no había habido tiempo para meter nuestra escasa caballería en el centro, por lo que la dimos por perdida.
-¡Matad, soldados, porque si no morís!
Esta fue toda la arenga del jefe.
Los insurgentes acometieron como fieras, pero nuestro fuero a boca de jarro los diezmó. Varios, ciegos de coraje, lograron meterse dentro del cuadro por los claros que había entre mitad y mitad; pero allí pagaron con la vida su temerario arrojo. Los que escapaban de la infantería los pasaban a cuchillo los cien caballos de Palomo, que se habían colocado al amparo de la retaguardia.
Los bravos del zambo Pérez retrocedieron derrotados. Nosotros formamos en columna cerrada y empezamos a marchar lentamente. En breve nos dieron una segunda carga, tan infructuosa como la primera; sólo algunos asistentes y equipajes que venían rezagados pudieron quitarnos, por lo que nuestra caballería retrocedió a escoltar los bagajes. En esta disposición llegamos a Hato Rubioso, donde pernoctamos con redoblada vigilancia.” (Sevilla, 1983: 131-132).
5 de diciembre. Santafé. Llegada del arzobispo don Juan Bautista de Sacristán. (Groot, 1953: 551).
Sobre la llegada de Sacristán dice Caballero:
“A 5 entró el ilustrísimo señor don Juan Bautista Sacristán, a las once y media de la mañana, al cabo de doce años de electo de arzobispo de esta santa iglesia. Su entrada y recibimiento se hizo este mismo día. El que lo recibió en la puerta de la iglesia fue el canónigo Barco. Se recibió al respaldo del coro; después entró al altar mayor y se arrodilló mientras se cantó el Te Deum; después visitó a Nuestra Señora del Topo; se desnudó debajo del solio para la casa arzobispal.” (Caballero, 1974: diario9c).
Ibáñez también escribe sobre la llegada de Sacristán:
“El día 4 llegó el Prelado a Fontibón, donde recibió diputaciones de los Cabildos eclesiástico y secular y de otras corporaciones. El día 5,ya en la capital, siguiendo antiguas costumbres, pasó por la Alameda, hoy Avenida de Boyacá, se detuvo en el viejo convento de San Diego, y tornó de Norte a Sur, por la calle larga de Las Nieves, rodeado del Ayuntamiento en cuerpo de ceremonia, presidido por el Gobernador Juan Sámano. El cortejo fue solemne, a pesar de lo lluvioso del día.” (Ibáñez, 1891: cap47a).
11 de diciembre. Popayán. Fueron ejecutados Francisco Antonio Caicedo, Joaquín Vallecilla y Francisco Perlaza, “…condenados por Consejo de Guerra que presidió Francisco Warleta, sentencia que mandó ejecutar Pablo Morillo.” (Ibáñez, 1891: cap47a).
12 de diciembre. Ambalema. Muere el patriota Antonio Campuzano. (Ibáñez, 1891: cap47a).
Sogamoso. En esa ciudad son fusilados Salvador Plata y Pedro Miguel Montaña. (Ibáñez, 1891: cap47a).
14 de diciembre. Santafé. En la plaza de San Francisco, junto con otros 13 sentenciados, es pasado por las armas Egidio Ponce, uno de los principales promotores de la revolución en Ambalema. (Ibáñez, 1891: cap47a).
28 de diciembre. Chita. Fusilados Martín Gamboa y Victoriano Valbuena. (Ibáñez, 1891: cap47b).
29 de diciembre. Chita. Fusilado el patriota Juan Nepomuceno Piedra. (Ibáñez, 1891: cap47b).
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