BIBLIOGRAFÍA
GROOT, José Manuel. Historia eclesiástica y civil de Nueva Granada. Tomo IV. Bogotá. Editorial A B C. 1953.
LECUNA, Vicente. Cartas de Santander. Edición del gobierno de Venzuela. Tomo I. Caracas. Litografía y tipografía del Comercio. 1942.
LÓPEZ D., Luis Horacio. A los colombianos: Proclamas y discursos 1812-1840. Bogotá. Biblioteca de la Presidencia de la República. 1988.
MORILLO, Pablo. Las memorias del general Pablo Morillo. Traducidas del francés por Arturo Gómez Jaramillo. Bogotá. Senado de la República. 1985.
O’LEARY, Daniel Florencio. Memorias. Bogotá. Ministerio de Educación Nacional. Tomo III. 1952.
RESTREPO, José Manuel. Historia de la revolución de Colombia. Tomo IV. Medellín. Editorial Bedout, 1969.
SANTANDER – BOLÍVAR. Cartas Santander – Bolívar 1813-1820. Tomo I. Bogotá. Biblioteca de la Presidencia de la República. 1988
"Las citas textuales en el cuerpo del texto y notas al pie correspondientes a documentos escritos en el siglo XIX son copiadas sin modificación del documento original, se conserva la ortografía y redacción."
Enero de 1820
Sin precisar fecha exacta, pero indicando que se trata del primer mes del año de 1820, José Manuel Restrepo, explica la situación en que se encontraba Colombia en lo que se refería a crédito externo y las implicaciones que esto tuvo para el ejército libertador:
“El Ministro Zea, otro negociador colombiano, había residido en la Gran Bretaña y en París, él hacía esfuerzos continuos para que Colombia adquiriese crédito en Europa. Como el gobierno republicano había carecido y aún carecía de fondos con que pagar sus deudas contraídos por suministros para el ejército, enganchamientos y transporte a las costas de Venezuela de oficiales y soldados extranjeros, que costaron, el crédito de la República no existía. Algunos de sus comisionados, como López Méndez y otros, contrajeron inconsideradamente empeños de pagar sumas cuantiosas a determinados plazos; no pudieron cumplir, y su falta se atribuía a la mala fe del gobierno de que dependían.
Los agentes para enganchar tropas habían contribuido también muy eficazmente a desacreditar primero al Gobierno de Venezuela y después al de Colombia. Ellos abrieron en diferentes lugares de Inglaterra una almoneda de despachos de oficiales, dándolos al que más ofrecía. Con este vergonzoso tráfico adquirieron sumas considerables, pero desacreditaron al Gobierno a cuyo nombre se decía que obraban…
Para cortar de raíz semejantes abusos, el Libertador había expedido un decreto en septiembre último, prohibiendo admitir al servicio de la República más tropas y oficiales extranjeros. Fundábase esta providencia en que tenía ya las fuerzas suficientes de naturales del país, y en que las extranjeras costaban mucho y sufrían bajas enormes por los nocivos efectos del clima.” (Restrepo, 1969, tomo IV: 204-205).
7 de enero. Santafé. Santander escribe a Bolívar remitiéndole noticias de la Nueva Granada y expresando su preocupación por no tener todo el dinero y los artículos que le requieren.
Parte de la misiva dice:
“Oficialmente doy a usted razón de nuestro estado, y aquí debo añadir, que no tenemos disensiones, que la opinión pública se aumenta en razón de los progresos de nuestras armas, y que no se conoce ni el aciago nombre de guerrilla. No se a que atribuir el que usted no haya recibido infinidad de pliegos que le he dirigido.
¿Qué haré para tener mucho dinero? Todos, todos me piden. El ejército de Cúcuta debe recibir 12.000 pesos que le he mandado hace ocho días. La factoría de tabacos de Pie de Cuesta me pide 60.000 para pagar tabacos, y apenas podré enviarle 10.000 pesos, de Popayán verá usted lo que han contestado todos los Cabildos, y ver5á lo que me dicen de Tunja y de Cúcuta. En esta vez enviaré a usted de 40 a 50.000 pesos en dinero y castellanos de platina que entre los ingleses sabe usted el aprecio y valor que tiene este metal.
Sépase usted mi General, que conociendo la importancia de enviar a usted mucho dinero, no me descuido en buscarlo; pero nada consigo que satisfaga sus designios y mis deseos. Yo contemplo que hacemos demasiado pues cuando todo el Reino estaba unido bajo el Virrey, cuando los caudales de Quito y de las Aduanas de Panamá, Cartagena y Santa Marta aumentaban el tesoro Real, usted sabe que Morillo perecía en Venezuela, que la tercera división no recibía socorro en Nueva Granada y que sólo 30.000 pesos se enviaron de aquí a Morillo. En fin, con estas comparaciones nada haremos ahora; pero me sirven para no incurrir en la nota de apático. Para febrero veremos que puedo mandarle. Envíeme de por allá un oficial que lleve dinero, pues aquí no tengo sino hombres inexpertos que no sirven para el caso.
Para lograr tener caballos de servicio casi he tenido que comprarlos, y los estoy manteniendo atados, a fuerza de gastos. Creo poder evitar el mal que hemos experimentado con la caballería de línea. Los pueblos fueron extorsionados con las requisas de caballos, se perdieron para sus dueños cerca de 1.500 bestias según dice Lara, y la caballería ha quedado desmontada.
Para contar con ganados en Cúcuta, que sufraguen la subsistencia del ejército, para aliviar a los pueblos, y reponer tanto ganado que hemos consumido con riesgo de hacer desaparecer hasta la crías, he mandado un comisionado a Guasdualito con 12.000 pesos (del dinero recogido) para hacer compras de esta especie y remitir a Cúcuta. He declarado libre de derechos la exportación del ganado de Casanare y su importación para provocar a que nos los traigan, y para conceder este pequeño alivio a unos pueblos a quines la necesidad nos ha obligado a continuarles exigiendo las mismas contribuciones, los mismos víveres, y los mismos o más reclutas que antes se les exigía por los españoles. Espero que usted no mirará mal esta medida.” (Lecuna, 1942, tomo I: 104-105)
16 de enero. San Juan de Paya (Venezuela). Pasa Bolívar por San Juan de Paya en su viaje a Santafé para promover la adhesión de las provincias neogranadinas a la ley fundamental decretada por el congreso de Angostura en el pasado diciembre. Despacha una carta al general Antonio José de Sucre para que adquiera armas en las Antillas. (O’Leary, 1952, tomo III: 295).
20 de enero. Bogotá. El dinero no era la única preocupación de Santander en los inicios de 1820. La situación militar se mostraba amenazadora y sobre ello el vicepresidente DE LA Nueva Granada informaba a Bolívar:
“En Popayán se decía generalmente que el enemigo volvía sobre la ciudad reforzado con tropas, armas y dinero que le ha remitido el presiente de Quito y con la gente que ha reunido, favorecido del obispo. Esto no es improbable, Aquel gobernador tiene orden en todo caso de evacuar a Popayán, pueblo poco patriota y mal situado, y hacer la más vigorosa y obstinada defensa en el exaltado Valle del Cauca. Yo con nada puedo auxiliar aquella división.
El enemigo a la vez ha invadido a Antioquia, por Zaragoza; a la provincia de Honda, por el Magdalena, y a Pamplona por Cácota., directamente de Ocaña. Esta última partida, que ocupó a Suratá, ha sido perseguida en el acto por una columna organizada en el cantón de Girón. La que amenaza por el Magdalena será indefectiblemente estrellada contra los fuertes de la Angostura, quien tiene artillería dotada, infantería, municiones y cinco buques de guerra. La que amenaza a Antioquia me da únicamente algún cuidado, porque si los 400 hombres que se dirigían a Zaragoza se reúnen por San Bartolomé y Remedios con los que vienen por el Magdalena en 17 buques de guerra, forman una división regular. Sólo municiones he podido enviar a Antioquia, pero ni un fusil. Córdova estaba a la muerte y en su reemplazo ha salido de aquí por la posta el teniente coronel Ricaurte, oficial de carácter, de disposición y de un valor singular.
De aquí inferirá vuestra excelencia los apuros en que me estoy viendo no porque invadan todos los puntos descubiertos, sino porque en razón de ser multiplicados y teniendo pocos fusiles, somos débiles en todos ellos. Esto sólo sirve para dar a vuestra excelencia una idea del estado actual del país, de la extrema y absoluta necesidad de fusiles y del aumento de gastos que son de hacerse, pero no de que la Nueva Granada vuelva a sucumbir sin que antes yo haga, si es necesario, morir a la mitad de sus habitantes, defendiendo el territorio, para que la otra mitad sea libre.
…
La recluta se ha estado enviando a los llanos y en todo este mes quedarán completos los 4.000; debe haber habido deserciones, pero creo que siempre podrá vuestra excelencia contar con los 3.000 que quería introducir. En su remisión se ha entendido exclusivamente Padrón. Se va haciendo difícil reclutar: las gentes huyen y se esconden, las partidas se suelen sublevar para fugarse, no hay soldados veteranos con quienes hacerlo todo y tiemblan de oír nombrar llanos. Vuestra excelencia demasiado ha conocido que estos pueblos detestan de los españoles, pero no sé si detestan más del servicio militar y mucho más fuera de su país. A pesar de todo, vuestra excelencia cuente con que yo estoy por el pie de sacrificar cuanto hay al honor y seguridad de la República.
La adjunta copia le impondrá de nuestro favorable estado en las costas de Nueva Granada, sobre el Pacífico. Pero sin fusiles, toda empresa es aventurada y efímera. (Santander – Bolívar, 1988: 277-278).
Cuartel general de San Juan de Payara (Venezuela). El mismo día que Santander informaba a Bolívar del estado de los preocupantes asuntos de la Nueva Granda, el libertador, enfocado en los asuntos militares remitía una solicitud hacia Santafé:
“Recomiendo a vuestra excelencia la remisión a mi cuartel general de todos los soldados ingleses que han quedado enfermos en esa capital, luego que estén restablecidos; vuestra excelencia hará que vengan pagos y vestidos.
El dinero que no se haya empleado del cuño de esta provincia, que remití a vuestra excelencia, lo hará venir inmediatamente a la disposición del señor general Páez, para con ellos pagar las tropas inglesas que quedan aquí: como igualmente una docena de barras, seis de machetes y demás hierros necesarios para el cuerpo de zapadores.” (Santander – Bolívar, 1988: 280).
24 de enero. Popayán. Al mando de 1.000 hombres, el comandante realista Calzada toma por sorpresa la ciudad de Popayán durante las horas de la madrugada. Sobre aquel encuentro bélico dice Groot:
“Calzada marcha sobre Popayán y toma la ciudad por sorpresa el día 24 de enero al amanecer, cuando trasnochados de un baile dormían los jefes y oficiales de la guarnición, que no constaba más que de 400 hombres del batallón Tiradores, los que fueron atacados en su cuartel por más de mil hombres cuando se tocaba la diana. El Comandante General, Coronel Antonio Obando, se escapó escondido en casa de unos realistas que lo favorecieron. También escapó la mayor parte de los soldados del batallón, peleando con bravura. De los oficiales, unos escaparon y otros quedaron prisioneros, entre ellos dos jóvenes Cadetes de corta edad, a quienes después de pocos días hizo fusilar, sin forma de juicio, el Coronel español don Basilio García, Comandante del batallón de Aragón, agregando la crueldad de hacer que cada uno de ellos cavase con sus propias manos la sepultura donde iba a ser enterrado su cadáver.” (Groot, 1953, tomo IV: 113).
Febrero de 1820
1 de febrero. Cuartel general de Guasdualito. Bolívar escribe a Santander, mostrándole su preocupación por el estado de las tropas:
“Hace tres días que he llegado aquí y mañana llegará la división del general Valdés, que continuará sus marchas por Chita a Soatá. No va a Cúcuta porque no hay víveres con que mantenerla, y si esperamos aquí que llegue el ganado, allí desertará toda o la mayor parte como ha sucedido ya con más de 1.000 hombres desde su salida de Maturín.
…
Yo marcho ahora mismo a Cúcuta por San Camilo, más bien a evitar un desastre que activar las operaciones.
…
El hospital y el ejército de Apure es muy grande, y desde que circula moneda ya nadie quiere servir ni dar nada de balde, y por consiguiente se necesitan por lo menos 20.000 o 25.000 pesos en la caja militar del general Páez para continuar pagando las tropas inglesas y los gastos de los hospitales. Por consecuencia, ordeno a vuestra excelencia envíe a dicho general la suma que acusa la cantidad en la moneda macuquina que no corre en Cundinamarca y tenemos en la casa de moneda. También espero que vuestra excelencia enviará al vicepresidente de Venezuela, a Guayana, todas las sumas que pueda recolectar de la moneda corriente, aunque sea en vieja macuquina, que pasa muy bien aún en las colonias con alguna pérdida, y en Guayana la reciben los acreedores por su valor.
…
Prepare vuestra excelencia y envíe al sur con el señor coronel Salom todas las municiones que haya disponibles en Cundinamarca, el batallón Albión con cuantos hombres y fusiles haya también disponibles, y el escuadrón de Guías que está en Honda, aumentado cuanto se pueda…
…
Yo me lisonjeo con los resultados más felices si mis órdenes se cumplen con la prontitud que yo deseo y vuestra excelencia sabe ejecutar.” (Santander – Bolívar, 1988: 287-289).
5 de febrero. Santafé. Santander informa a Bolívar que se ha enterado de la muerte de Obando en la provincia de Popayán, sucedida a manos de los realistas. Le da a conocer también las disposiciones militares que ha ordenado para defender los puntos de la Nueva Granda que son amenazados por los enemigos, especialmente en las provincias de Popayán y Antioquia
7 de febrero. Santafé. En carta escrita por Santander al Coronel Pedro Briceño Méndez, se dejan ver las múltiples acciones que debía realizar el encargado jefe de gobierno para cumplir con los requerimientos que llegaban de todas partes de Colombia.
“Declama usted contra el olvido que el Gobierno ha tenido de los predilectos hijos de Casanare, cuando estaban destruyéndose por una horrible peste. ¡Declamación justa, pero injusta! Explicaré esta contradicción de palabras. Justa es por cuanto merecen los de Casanare toda la consideración del Gobierno en cualquiera suerte, y mucho más, cuando la muerte los amenaza en todas direcciones. Y es injusta, porque sucediendo anualmente catástrofes semejantes a la que usted refiere, acostumbrados los llaneros a curarse a su modo, con sus propias drogas o yerbas, y con sus médicos o curanderos indígenas todo auxilio del Gobierno sería infructuoso y lo quitaría del ejército con su perjuicio. ¿Ha visto usted a algún físico ser llamado en los Llanos para curar una calentura? ¿Ha visto usted aplicar el emético, la jalapa para purgar? ¿No se acuerda usted que los llaneros no tienen método para preservarse contra su mortífero clima y contra sus eternas e indígenas fiebres? Para qué, pues, ir el Gobierno a emprender gastos superfluos en un tiempo en que se quisiera que las papas fueran doblones para subvenir a los inmensos que tiene la República! No se si usted me concederá un poco de razón; pero si no fuese así, conténtese con que voy a probar con esta nueva experiencia mis cálculos. Irá médico y botiquín al llano de Casanare.” (Lecuna, 1942, tomo I: 109-110)
15 de febrero. El Socorro. Simón Bolívar recibe una epístola de Santander, en la que le anticipaba que la ley fundamental de Colombia había sido aceptada por los granadinos. (Groot, 1953, tomo IV: 115).
Marzo de 1820
3 de marzo. Santafé. Entrada de Bolívar a Bogotá, también conocida como Santafé. De inmediato inició su proyecto de unir las repúblicas de la Nueva Granada y Venezuela. (O’Leary, 1952, tomo III: 297).
José Manuel Groot, ubica la entrada de Bolívar a la capital de Cundinamarca, un día después:
“El Vicepresidente, con una gran comitiva de empleados civiles y militares y muchísimos particulares, salió a recibirle hasta Usaquén. El concurso popular, como una gran cadena en movimiento, se extendía hasta Chapinero, y todos los balcones y ventanas de la carrera por donde se hacía la entrada estaban llenos de gente. Como no se había anunciado con anticipación sino algunas horas antes, no hubo tiempo para más preparativos que los de disponerse los honores militares y el adorno de los balcones y ventanas de las calles; pero la alegría y el entusiasmo de las gentes valía por todo.
La tropa se tendió en dos hileras y la artillería se formó en San Diego. El estallido del cañón anunció la llegada del Libertador y fue la señal de los repiques de campanas y de un movimiento general en todas las gentes. A las cinco de la tarde entró en medio de un acompañamiento numeroso que llenaba las calles, pues se le habían reunido multitud de campesinos de los pueblos del tránsito. Todos los ojos le buscaban ansiosos, como si fuera la primera vez que se viese al héroe de Boyacá, o como si se viese después de una larga ausencia. El, con su genial viveza, saludaba para todas partes, enternecido el semblante al ver tanto entusiasmo y tantas muestras de amor; y por entre una lluvia de flores que descendía de los balcones, al mismo tiempo que los repiques de campanas y aclamaciones del pueblo llenaban los aires, se dirigían hacia la plaza del palacio en medio del brillante cortejo del Vicepresidente, distinguiéndose de todos por su traje, que parecía de oficial de posta, con su casaca vieja y las insignias militares ennegrecidas con las intemperies de la campaña. Inmediatamente, en pos suya, se veía al catire, su fiel paje, con el morral a las ancas, único equipaje que el Libertador Presidente y padre de la patria acostumbraba.” (Groot, 1953, tomo IV: 115-116).
8 de marzo. Santafé. Proclama de Bolívar en la que insiste en la unión de Cundinamarca y Venezuela. El texto completo del discurso pronunciado por Bolívar es el que sigue:
“¡La República de Colombia, proclamada por el congreso general, y sancionada por los pueblos libres de Cundinamarca y Venezuela, es el sello de vuestra independencia, de vuestra prosperidad, de vuestra gloria nacional!
Las potencias extranjeras al presentaros constituidos sobres bases sólidas y permanentes de extensión, populación y riqueza, os reconocerán como nación, y os respetarán por vuestras armas vencedoras; os estimarán por la justicia de vuestra causa, y os admirarán por vuestra consagración a la patria. España misma al veros montados sobre las inmensas ruinas que ella ha aglomerado en el ámbito de Colombia, conocerá que sois hombres capaces de gozar de vuestros derechos, y de la eminente dignidad a que son destinados todos los mortales por la intención de la naturaleza. Sí, la España agotada de recursos, y en paciencia, abandonará nuestra patria al curso de su destino, recobrará la paz de que ha menester para no sucumbir, y nosotros recobraremos el honor de no ser españoles.
¡Colombianos! Los crepúsculos del día de paz iluminan ya la esfera de Colombia. Yo contemplo con un gozo inefable este glorioso período en que van a separarse las sombras de la opresión de los resplandores de la libertad. Tan majestuoso espectáculo me asombra y encanta; con anticipación me lisonjeo de vuestra colocación política en la faz del universo, de la igualdad de la naturaleza, de los honores de la virtud, de los premios del mérito, de la fortuna, del saber y de la gloria de ser hombres. Vuestra suerte va a cambiar; a las cadenas, a las tinieblas, a la ignorancia, a las miserias, van a suceder los sublimes dones de la Providencia divina, la libertad, la luz, el honor y la dicha.
¡Colombianos! Yo os lo prometo en nombre del congreso; seréis regenerados; vuestras instituciones alcanzarán la perfección social, vuestros tributos abolidos, rotas vuestras trabas; vuestras virtudes serán vuestro patrimonio, y sólo el talento, el valor y la virtud serán coronados.
¡Cundinamarqueses! Quise ratificarme si deseabais aún ser colombianos: ¡me respondisteis que sí, y os llamo colombianos!
¡Venezolanos! Siempre habéis mostrado el vivo interés de pertenecer a la gran República de Colombia, y ya vuestros votos se ha cumplido. La intención de mi vida ha sido una: la formación de la República libre e independiente de Colombia entre dos pueblos hermanos. Lo he alcanzado: ¡Viva el Dios de Colombia!” (López, 1988: 127-128).
Añadió O’Leary:
“Por una coincidencia singular se publicó esta alocución, el mismo día en que Fernando VII aceptó la constitución de Cádiz, proclamada por el autor de la insurrección de la isla de León, y en el mismo día en que los diputados al congreso de Buenos Aires fueron arrestados por haber intentado subvertir las instituciones republicanas de aquel país, ofreciendo una corona al príncipe de Lucca.” (O’Leary, 1952, tomo III: 299).
9 de marzo. España. Tras la insurrección dirigida por el comandante don Rafael Riego a principios de enero, el Rey don Fernando VII tuvo que jurar la Constitución de 1812. (Groot, 1953, tomo IV: 126).
11 de marzo. Santafé. Bolívar decretó la creación de la Provincia del Cauca con capital en Cali, mientras Popayán, con los pueblos de su jurisdicción, formaba un cantón de la provincia al igual que Buga y Cartago. (Groot, 1953, tomo IV: 118).
12 de marzo. Riohacha El coronel Montilla ocupa Riohacha para la causa patriota. (O’Leary, 1952, tomo III: 300).
Groot, también anuncia la llegada al puerto de Riohacha de los catorce buques mayores y menores con más de mil hombres de infantería y tropa de marina al mando del coronel Montilla para someter la provincia. El gobernador español, don José Solís denegó entregar la plaza y en horas de la noche, la abandonó dejando encendido fuego a la población. (Groot, 1953, tomo IV: 129).
13 de marzo. Riohacha. Entrada de las tropas independentistas a la ciudad de Riohacha en las horas de la mañana, apagando el incendio. Se nombró como gobernador al coronel Ramón Ayala, segundo de Montilla. (Groot, 1953, tomo IV: 129-130).
20 de marzo. Santafé. Salida de Bolívar para Cúcuta por requerírsele allí con más urgencia.
“Los cuerpos del ejército estacionados en esta frontera al mando del general Urdaneta, estaban en perfecto estado de disciplina. Al llegar al Rosario de Cúcuta destacó al coronel Lara con una columna compuesta del batallón Rifles y de un escuadrón de caballería a ocupar el Valle de Upar para hacer una diversión en favor de la expedición del coronel Montilla que había ocupado a Riohacha sin oposición el 12 de marzo, a los siete días de haber salido de Margarita…” (O’Leary, 1952, tomo III: 300).
La partida de Bolívar también es relatada por Groot, aunque sin indicar fecha exacta, anuncia solamente que se trata de finales del mes de marzo: Bolívar parte de Bogotá rumbo a Venezuela. (Groot, 1953, tomo IV: 118).
Abril de 1820
Sin precisar el día, el historiador Groot menciona que en el mes de abril los padres franciscanos quisieron obsequiar y dedicar un acto literario a Bolívar, bajo la dirección de Fray Francisco Florido. El encabezamiento decía:
“AL JEFE SUPREMO;
AL HÉROE INCOMPARABLE;
ESPANTO DE LA IBERIA Y GLORIA
DE SU PATRIA;
AL GUERRERO INVICTO,
AZOTE DE LOS TIRANOS Y PROTECTOR
DE LOS HOMBRES.
AL GENIO DE LA EMPRESA,
SERENO EN LA DVERSIDAD,
MODESTO EN LA ELEVACIÓN
Y SIEMPRE GRANDE,
SIMÓN BOLÍVAR,
LIBERTADOR PRESIDENTE Y GENERAL
DE LAS ARMAS DE LA REPÚBLICA DE COLOMBIA.
LA PROVINCIA DE FRANCISCANOS DE CUNDINAMARCA,
EN SEÑAL DE GRATITUD, OBSEQUIO
Y ADQUISICIÓN
O. D. C.” (Groot, 1953, tomo IV: 120).
19 de abril. San Cristóbal. Bolívar celebra los diez años del nacimiento de Colombia, dirigiendo una proclama a sus hombres:
“Diez años de libertad se solemnizan este día. ¡Diez años consagrados a los combates, a los sacrificios heroicos, a una muerte gloriosa…! Pero diez años que han librado del oprobio, del infortunio, de las cadenas, la mitad del universo.
¡Soldados! El género humano gemía por la ruina de su más bella porción: era esclava y ya es libre. El mundo desconocía la pueblo americano, vosotros lo habéis sacado del silencio, del olvido, de la muerte, de la nada.
Cuando antes era el ludibrio de los tiranos, lo habéis hecho admirar por vuestras virtudes; lo habéis hecho respetar por vuestras hazañas, y lo habéis consagrado a la inmortalidad por vuestra gloria.
¡Soldados! El 19 de abril nación Colombia; desde entonces contáis diez años de vida.” (López, 1988: 129).
Mayo de 1820
Durante el mes de mayo, se supo en Santafé que la monarquía había jurado la Constitución de 1812 y proclamado las Cortes generales, lo que impidió que un gran ejército reforzara a Morillo en territorios Americanos. (Groot, 1953, tomo IV: 126-127).
20 de mayo. Provincia de Santa Marta. Batalla entre los hombres comandados por el coronel republicano Montilla y el realista Sánchez Lima. (O’Leary, 1952, tomo III: 301).
25 de mayo. Laguna Salada, Provincia de Santa Marta. Montilla bate la tropa realista de Laguna Salada que se encontraba al mando de Sánchez Lima. (Groot, 1953, tomo IV: 133).
Sobre el encuentro, O’Leary añade que:
“A nada condujeron estos triunfos a causa de la insubordinación de una parte de la legión irlandesa, cuya conducta fue tanto más de sentirse, cuanto que impidió la reunión de Montilla con la columna de Lara, quien después de vencer los obstáculos de todo género, había logrado penetrar en el Valle de Upar. (O’Leary, 1952, tomo III: 301).
Junio de 1820
4 de junio. Riohacha. Los jefes patriotas Montilla y Luis Brión dejaron Riohacha, lo cual fue aprovechado por los irlandeses que apoyaban la república, pero que meses antes estaban sublevados, para saquear la ciudad. Se había dispuesto que aquellos extranjeros permanecieran en sus cuarteles hasta que se les embarcara en buques mercantes que los llevara a Jamaica. (Groot, 1953, tomo IV: 132).
La versión de O’Leary es diferente y sucede un día después de lo indicado por Groot: Montilla llega a Riohacha luego de licenciar a los irlandeses insubordinados. Lara continuó con las operaciones de someter el Valle de Upar, abriéndose paso hasta Chiriguaná. (O’Leary, 1952, tomo III: 301).
6 de junio. Pitayó, Provincia del Cauca. El ejército patriota triunfa sobre los realistas, obteniendo el completo control de la provincia del Cauca. La batalla decisiva es como sigue:
“El cuerpo que conducía el General Valdés para Guanacas se encontró el 6 de junio con la fuerza enemiga en Pitayó, donde su Comandante López, americano y el mejor oficial de los de Calzada, esperaba a Valdés al salir del páramo, con casi seguridad de batirlo, trayendo su gente estropeada. Situado ventajosamente, atacó la vanguardia con tal intrepidez que la hizo replegar. El General Valdés opuso la audacia a la audacia, y haciendo cargar a la bayoneta a doscientos soldados de Albión y cincuenta Guías, con su Comandante Carvajal, el enemigo no pudo resistir esta carga y quedó completamente destrozado. Tuvo ciento treinta soldados muertos y cuatro oficiales; se hicieron prisioneros ciento cincuenta y tres soldados con tres oficiales; cogiéronse 349 fusiles, multitud de cartucheras, seis cajas de guerra, cornetas, cartuchos y cuanto tenía en carga. López escapó con muy poca gente, por haber salido la caballería de Valdés sumamente estropeada del páramo. Calzada había quedado en Piendamó esperando la noticia de haber sido destruido el ejército patriota para seguir al valle.” (Groot, 1953, tomo IV: 127).
9 de junio. Cartagena. Se hizo la jura de la Constitución española. Después del el golpe político que el general Riego realizó a Fernando VII en Madrid. En Cartagena, el virrey Sámano se negó a realizar la jura y prefirió en cambio encargar el mando político al oidor Mosquera y el militar al gobernador Torres. (Groot, 1953, tomo IV: 137).
17 de junio. Tenerife. Córdoba y Maza atacaron Tenerife y los 300 hombres y 11 buques de guerra que defendían la posición. Luego ocuparon a Barranca y se pusieron en comunicación con Montilla, quien se encontraba en Soledad. De esta manera se recuperó Mompós, las Sabanas de Corozal y el río Magdalena para la causa republicana. (Groot, 1953, tomo IV: 128-129).
La misma acción es registrada por O’Leary con fecha del 22 de junio:
“Montilla, con el resto de la legión irlandesa y los otros cuerpos de su mando, salió de Riohacha con rumbo a las bocas del Magdalena, y desembarcando en Sabanilla siguió orillando el río hasta Soledad, donde se le reunió el coronel Córdoba. Dio allí breve respiro a sus tropas, avanzó luego al interior de la provincia de Cartagena y forzó al enemigo a encerrarse dentro de las murallas de su capital.” (O’Leary, 1952, tomo III: 301).
Venezuela. Caracas. Desde su cuartel general en Caracas, Pablo Morillo expresa las intenciones del rey don Fernando VII de restablecer la paz en América. En sus propias palabras dice:
“Compenetrado con el dolor que producen los males que desgarran esta provincia de sus vastos reinos, el Rey para interpretar su corazón paternal, ha querido abrir todos sus tesoros de su bondad y poner en obra los medios necesarios para restablecer la paz. Así su primer movimiento ha sido dirigir a sus pueblos en la proclama que V. Señoría encontrará adjunta, en ella se reconocerá una moderación y una bondad que merecen a la vez el reconocimiento de los súbditos de Su Majestad y la admiración de los pueblos extranjeros.
El Rey no ha querido fijar estrechos límites a la generosidad de sus votos; y me ha autorizado a ponerme en trato particularmente con los gobiernos disidentes y a entenderme con ellos para borrar hasta el recuerdo de los tristes sucesos que han tenido lugar.
Con el propósito de cumplir enteramente las intenciones de Su Majestad y satisfacer mis deseos personales, me dirijo hoy a las autoridades que administran diferentes partes de esta provincia y les envío comisarios con los poderes suficientes para terminar de la manera más deseable y menos equívoca, discordias que se han interpuesto entre hermanos.
Pero como no es posible entenderse en medio del desastre de la guerra, una suspensión de hostilidades se hace indispensable para calmar un instante las pasiones y permitir que la razón sea escuchada. En consecuencia, doy orden hoy a los comandos de las diferentes divisiones de mi Armada y a las fuerzas navales de interrumpir toda hostilidad y encerrarse en los territorios que ocupan. Esta suspensión deberá durar un mes, a partir del día en que V. Señoría reciba el presente despacho.
Como es igualmente imposible que el gobierno del cual dependéis, os comunique su resolución, tan pronto como fuera de desear, la noticia de esta medida tan necesaria, he creído mi deber dirigirme directamente a V. Señoría. Y espero que reconozca en la franqueza de este procedimiento la pureza de mis intenciones y la bondad de un Rey cuyo solo deseo es ver su gran familia unida y feliz.” (Morillo, 1985: 140-141).
Con menor detalle, Groot referencia la circular escrita por Pablo Morillo, dirigida a los jefes patriotas, Páez, Bermúdez, Saraza, Monagas, Cedeño, Montilla y otros, expresándoles la disposición de negociar la paz. (Groot, 1953, tomo IV: 146-147).
Finales de junio. Cartagena. El virrey Juan Sámano, el obispo, Cano y Warleta se embarcaron para Jamaica. (Groot, 1953, tomo IV: 137). Con esta acción los poderes virreinales comienzan a abandonar la Nueva Granada.
Julio de 1820
2 de julio. Cartagena. Las tropas patriotas al mando de Montilla encierran la ciudad de Cartagena. (Groot, 1953, tomo IV: 152).
4 de julio. Cúcuta. Se presenta el teniente coronel don José María Herrera, ayudante de campo del general La Torre, con pliegos para el Libertador, en que solicitaba un armisticio de un mes para celebrar un encuentro personal con Morillo. (O’Leary, 1952, tomo III: 308-309).
Las intenciones de negociar la paz de Morillo, son ubicadas por Groot tres días después, según el historiador, Bolívar recibe la carta del español en la Villa del Rosario de Cútuca, el 7 de julio. (Groot, 1953, tomo IV: 147).
20 de julio. Santafé. Celebración de la fiesta patria:
“Llegado el 20 de julio, fue celebrado en Cundinamarca el aniversario de la transformación política del país, no sólo en la capital sino también en los pueblos. Las gentes estaban de buen humor, alegres y contentas, sin divisiones ni rencillas y por consiguiente dispuestas a divertirse. En la capital se celebró el aniversario con una fiesta solemne en la iglesia Catedral, con Te Deum y gran asistencia oficial… Por la tarde hubo corrida de toros, y por la noche dio el Vicepresidente un famoso baile y ambigú en el palacio.” (Groot, 1953, tomo IV: 138).
Mientras tanto, en Cúcuta, Bolívar celebraba la fiesta patria:
Bolívar se encontraba en Cúcuta, cuando se celebró el décimo aniversario de la revolución. Con motivo de tal acontecimiento, publicó la siguiente alocución:
“Diez años de libertad se solemnizan este día. Diez años consagrados a los combates, a los sacrificios heroicos, a una muerte gloriosa…!! Pero diez años que han librado del oprobio, del infortunio, de las cadenas a la mitad del mundo.
Soldados! El género humano gemía por la ruina de su más bella porción: era esclava y ya es libre. El mundo desconocía al pueblo americano: vosotros lo habéis sacado del silencio, del olvido, de la muerte, de la nada. Cuando antes era el ludibrio de los tiranos, lo habéis hecho admirar por nuestras hazañas, y lo habéis consagrado a la inmortalidad por vuestra gloria.
Soldados! El diez y nueve de abril nació Colombia: desde entonces contáis diez años de vida”. (O’Leary, 1952, tomo III: 307).
21 de julio. Cúcuta. El Libertador Simón Bolívar contesta a Morillo sus deseos de negociar la paz y el reconocimiento de Colombia como nación independiente. (O’Leary, 1952, tomo III: 310).
Agosto de 1820
1 de agosto. Londres. Se realiza una reunión en la que se logra un convenio para pagar a los acreedores extranjeros a través de vales de rentas nacionales:
“Deseaba ardientemente el Ministro Zea restablecer el crédito de la República, del todo arruinado por los motivos antedichos. El formó en Londres una reunión de los acreedores de Colombia, que nombraron de comisionados a los señores Carlos Henrring, Guillermo Graham y Juan Diston Ponles. Con éstos celebró Zea en 1º de agosto de este año un convenio por el cual se comprometía a expedir a favor de los acreedores vales o pagarés que se llamaron Deventures, con un diez por ciento de interés anual, si éste se pagaba en Inglaterra, y un doce en caso de pagarse en Colombia. Para satisfacer el principal e interese de estos vales se hipotecaron especialmente la renta del tabaco y la de quinto del oro y plata que se extrajeran de las minas de la República. Los intereses debían pagarse por cuartas partes cada tres meses y establecerse en Colombia una comisión de liquidación; tres de sus miembros serían nombrados por la que residía en Londres. Dicha transacción contenía otras varias condiciones onerosas y degradantes al Ministro que las otorgara, pero éste daba en aquel tiempo la excusa de que era preciso restablecer nuestro crédito a cualquiera costa, en lo que no le faltaba razón, mas no la tenía para degradar su representación pública.” (Restrepo, 1969, tomo IV: 206).
Por la misma época, el mismo ministro Zea, hacía gestiones para que fuera reconocida la soberanía colombiana, sin obtener una favorable respuesta por parte de España:
A la vez que el Ministro Zea concluía dichos arreglos con los acreedores de Colombia, emprendía otra importante negociación. Tal era la de transigir la gran cuestión del reconocimiento de la Independencia de Colombia. Inició al efecto una correspondencia privada con el Duque de Frías, Embajador de Espala en Londres, en la que se tributaron mutuamente grandes elogios Habiendo adquirido Zea la seguridad de que el Duque recibiría y transmitiría a su Gobierno el proyecto de transacción que había concebido, lo desenvolvió en una larga y bien meditada nota. Reducíase a que el Gobierno de Fernando VII reconociera espontáneamente la independencia de Colombia, de Chile y Buenos Aires, y la ofreciera a sus demás provincias ultramarinas, bajo la condición de que Colombia y las otras Repúblicas formaran una vasta Confederación, cuyo jefe sería el Rey de España. El Ministro respectivo del Gobierno español contestó al Duque de Frías “que la base principal de aquella propuesta, y por consiguiente toda su naturaleza, era absolutamente inadmisible”. Así terminó este proyecto, que tampoco fue aprobado en Colombia, cuyos hijos querían ser del todo independientes de la España, Cuando el Gobierno de la República supo esta negociación, la improbó en todas sus partes, como contraria al decidido pronunciamiento de los pueblos por la independencia absoluta.” (Restrepo, 1969, tomo IV: 207-208).
2 de agosto. Santafé. El general Santander recibe comunicaciones del general Mariano Montilla, jefe de la división del Magdalena, en que lo mantenía al tanto del sitio de Cartagena desde principio de julio. (Groot, 1953, tomo IV: 152).
7 de agosto. Santafé. Celebración del triunfo patriota en el puente de Boyacá:
“Llegado el memorable día 7 de agosto, se anunció la salida del sol con salvas de artillería y un repique general de campanas, recorriendo al mismo tiempo la música militar las calles principales. A las nueve el Vicepresidente con todas las corporaciones pasó a la Catedral, que permanecía en la iglesia de San Carlos. La gente no cabía en el tempo. Se cantó la misa con la mayor solemnidad y predicó el presbítero Manuel Fernández Saavedra…
Concluida la fiesta, el Vicepresidente, con todo le cortejo oficial, volvió al palacio, donde recibió las felicitaciones de los altos empleados en elocuentes y expresivos discursos, a que contestó el Vicepresidente con propiedad y con aquella elocuencia que la naturaleza inspira en situaciones como la presente tratándose de un hecho tan glorioso, y en que la persona que contestaba a los que lo recordaban con entusiasmo, había sido uno de sus principales actores.
A las tres de la tarde se sirvió en el palacio una comida de sesenta cubiertos, cuya mesa ocuparon los altos empleados y los ciudadanos más distinguidos. La República, la Unión, el Libertador, los vencedores de Boyacá fueron los objetos preferentes en los brindis…
Mientras se estaba en el banquete, se dio al pueblo diversión de toros, en la plaza. A las ocho de la noche se empezó un gran baile en palacio, al cual asistió la flor de Bogotá. ¡Cómo se recordó en este baile el día del santo del Rey, a que Morillo hizo asistir a las viudas y dolientes de los patriotas fusilados!” (Groot, 1953, tomo IV: 140-141).
8 de agosto. Santafé. Continúan las celebraciones de la Batalla de Boyacá:
“El día 8 por la mañana una de las alamedas se cubrió de barracas, adornadas de flores y ramas, para que bajo de ellas comieran las personas que quisiesen concurrir con sus familias. Los cuerpos militares tuvieron también sus grandes enramadas para el mismo efecto. De las damas, unas presentaban coronas de laurel al Vicepresidente y otras a los demás jefes. El General Santander hizo coronar de guirnaldas a cinco soldados, únicos que existían en la ciudad de los del ejército vencedor en Boyacá; y en presencia de todo el pueblo tomó con ellos una copa, brindando al valor y constancia que desplegaron en aquella campaña. La alameda estaba cuajada de gente y todos comieron allí en el mayor regocijo y con la mayor confianza, como si hubiera sido de una misma casa y familia. La tropa comió, a uso de campaña, terneras asadas, y luego hizo ejercicio de fuero y varios movimientos bien ejecutados. Todo esto terminó a las seis de la tarde, y a las siete de la noche ya estaba el teatro que no cabía de gente a ver representar la tragedia titulada La Alsira, cuya ejecución desempeñó con perfección y gran lujo en los vestidos una compañía de aficionados. Los dos primeros papeles fueron ejecutados por la señora Bárbara Cuervo y el doctor Policarpo Uricoechea. A la presentación precedieron canciones patrióticas en honor del Libertador. (Groot, 1953, tomo IV: 141-142).
9 de agosto. Santafé. Entre las celebraciones patrióticas, se destacó la cabalgata por las principales calles encabezada por el general Santander, la comida en la plaza mayor y el baile nocturno en el Coliseo. (Groot, 1953, tomo IV: 142).
10 de agosto. Santafé. Celebración del aniversario de la entrada de Bolívar a la ciudad con máscaras. Al que se encontrara con traje común se le castigaría en el cepo que se pondría en la plaza. Sólo los militares fueron exceptuados de dicha disposición. En la noche la gente asistió a un baile de máscaras en el Coliseo. (Groot, 1953, tomo IV: 142-143).
18 de agosto. San Cristóbal, Venezuela. Se reúnen en San Cristóbal representantes de Bolívar (Urdaneta y Briceño) con los de Morillos para negociar el final de las hostilidades. (O’Leary, 1952, tomo III: 312).
26 de agosto. Provincia de Cartagena. Bolívar llega a Turbaco en donde se encontraba el cuartel general de la división que sitiaba a Cartagena. Había acordado con Montilla y Brión, en Soledad y Barranquilla, las operaciones que se debían ejecutar sobre Cartagena. (O’Leary, 1952, tomo III: 316).
Septiembre de 1820
1 de septiembre. Cartagena. Son derrotados los republicanos sitiadores por el regimiento de León que cuidaba Cartagena. Los realistas sólo lograron dispersar las tropas patriotas temporalmente. (O’Leary, 1952, tomo III: 317-318).
4 de septiembre. Bogotá. En el mes de septiembre, son numerosas las comunicaciones entre Santander y Bolívar. En ellas se observa como Santander no se limita únicamente a informar el estado de los asuntos de la república, también entrega sus opiniones al libertador sobre algunas de las decisiones que deben tomarse. Así se ve en varios apartados que escribe el mismo Santander en la siguiente carta dirigida a Bolívar:
“Recibí su carta de Ocaña. Es muy fuerte y poderosa la reflexión de usted sobre armisticio. Es verdad que la revolución de España es inestimable. Comprendo bien el conflicto en que lo ponen a usted los extremos de, o exponer a Colombia en una batalla, o poner en agonía a Cundinamarca. A mí me parece que si sacamos de Popayán el ejército y se logran sucesos sobre las provincias de esa costa podemos ocurrir al ejército de Cúcuta, que es el mejor y nuestro verdadero antemural. Para proveer a todos tres, sin duda que no alcanzamos, aunque aquí viniera Warleta a ser Vice-Presidente; pero desahogados de dos no me parece muy difícil proveer al tercero.
…
¿Qué hará usted con Aury? El debe de buena fé querer pertenecer a una República para que no lo traten como pirata. Nosotros ganaríamos bastante aprovechándonos de sus buques. Espero una resolución favorable a todos, y no desagradable a nuestro buen Almirante, que ha sufrido las alternativas de la fortuna.
…
No se acuerde usted de Diego Gómez por allá; si usted quiere que vaya comisión, pienso que éste sea uno de los dos comisionados únicos, que me parecían necesarios para Quito; observará usted que yo cuento mucho con la libertad de Quito; pero tengo más fundamentos que los que tenía en Paya de esperar la de Cundinamarca. Con 2.500 fusiles liberta a Quito cualquiera, hasta Alcántara.
…
Se me olvidaba ofrecer a su consideración, que importaría muco requerir al Obispo de Santa Marta a venir a esta ciudad a hacer órdenes y consagrar óleos. Las viejas y fanáticos de la ciudad no han visto Obispo en tiempo de la República, y convendría mucho que lo vieran ahora. Ese señor Obispo aseguran todos que es patriota; él es de esta ciudad, hermano de un cura que tienen preso en España; es fraile.” (Lecuna, 1942, tomo I: 113-114)
Sin indicar fecha, Restrepo relata lo sucedido con el corsario Aury:
“En aquellos días Aury, que se había hecho tan célebre en los mares de las Antillas como jefe de corsarios independientes con bandera de Buenos Aires, y que ocupaba la isla colombiana de Vieja Providencia, solicitó que se le admitiera con sus buques y como Jefe de Escuadra de la marina de Colombia. Con este objeto hizo un viaje a Bogotá a fin de verse con el Libertador. Empero nada pudo conseguir, y éste le mandó salir inmediatamente con sus corsarios de los puertos de la República. El alto grado de la marina, que exigía Aury, varios actos de piratería que se le atribuían, su antigua rivalidad con Brion y el no haber auxiliado a Bolívar en los Cayos, fueron los motivos de esta repulsa inesperada.” (Restrepo, 1969, tomo IV: 209-210).
19 de septiembre. Bogotá. Mientras Bolívar pensaba la posibilidad de un armisticio con Morillo, Santander se enfrentaba a una naciente república sumida en la pobreza, con problemas que iban más allá de la guerra. A continuación, algunos apartes de una carta en la que informa a Bolívar la situación del país:
“Tengo la mesa del despacho llena de representaciones de todas las provincias clamando sobre que se les alivie en las exacciones. La del Socorro entera ha declarado que le es ya insoportable el peso de las contribuciones. La del Cauca eleva sus gritos hasta el cielo manifestando que no es posible sufrir tanto. La del Chocó no le va en zaga. La de Pamplona llora como una Magdalena. ¿Qué hago o qué hace usted? La capitación del Zulia no la han podido recoger en algunas provincias. La que debía cobrarse en octubre la he diferido para noviembre, porque me duele estirar tanto la cuerda del arco, y exponernos a un disgusto general. Sin embargo, yo haré en todo lo que usted mande. Añada usted que el Socorro, es decir, la provincia, está acometida de fiebre maligna, que si se extiende a otros lugares, quedaremos muy divertidos.
No me atrevo a decir nada sobre armisticio; usted es el encargado de nuestra suerte, y usted sabrá bien lo que hace. Es una verdad que si Morillo nos gana una batalla se suspenden las negociaciones y desaparecen todas las esperanzas.
…
Dentro de ocho días podré enviar algún dinero para el ejército del Magdalena…Ha sido absolutamente imposible completar los 180.000 para Cúcuta. Es más imposible enviar a Brion y Montilla los 130.000 pesos. Ahora nos quedan cuatro batallones que mantener y ese ejército del Sur de donde no hay día que no me pidan subsistencias. Yo estoy loco, mi general; estoy aburrido y deseo con ansia la instalación del Congreso para que pongan aquí quien pueda resistir con paciencia nuestro actual estado. Hago justicia a usted en creerlo igualmente desesperado; pero siquiera no toca inmediatamente los millares de inconvenientes que tocamos los ejecutores de las órdenes.” (Lecuna, 1942, tomo I: 117-118).
21 de septiembre. San Cristóbal, Venezuela. Bolívar escribe a Pablo Morillo sus deseos de admitir un armisticio, con tal que diese a Colombia garantías. El Libertador propuso como sitio de reunión a San Fernando de Apure. (O’Leary, 1952, tomo III: 319).
El texto de la carta de Bolívar es el que sigue:
“V. E. nos ha convidado con un armisticio cuyo objeto parecía ser la paz de América. Pero un armisticio semejante, sin ofrecer siquiera el reconocimiento de nuestro gobierno, es demasiado perjudicial a los intereses de la República, cuando ella se lisonjea de un triunfo final y completo, según todas las posibilidades. La continuación de las hostilidades debe producirnos la ocupación del resto de Venezuela y Quito, libertándonos al mismo tiempo de las erogaciones que nos causa un ejército demasiado numeroso para Colombia; y la suspensión de ellas en el tiempo más propio para la guerra y en momentos críticos para nuestros enemigos trae consigo la pérdida de todas las ventajas que podrían resultarnos de nuestros constantes, prolongados y dolorosos sacrificios. Sin embargo, el Gobierno de Colombia quiere manifestar a V. E. y a toda la nación española que prefiere la paz a la guerra, aún a su propia costa, y propone, en circunstancia entrar en comunicaciones con V. E. para transigir las dificultades que ocurran sobre el armisticio con que se le ha convidado, siempre que en calidad de indemnización, se le den a Colombia las seguridades y garantías que ella exija como gaje de este empeño.” (Morillo, 1985: 144-145).
Bogotá. Desde el palacio de gobierno, el vicepresidente Francisco de Paula Santander emitió un discurso que recordaba el año de mandato que llevaba en las provincias neogranadinas:
“¡Cundinamarqueses!
Un año hace hoy que os anuncié haber obtenido el mando de estas provincias. Entonces os protesté que no volveríais a ser subyugados por la influencia de los vicios que, en el fatal año de 1816, os sometieron al poder español; y vosotros habéis visto que he cumplido mi palabra.
¡Pueblos de Cundinamarca!
El gobierno ha sido ayudado superabundantemente con vuestros esfuerzos; vosotros habéis cumplido con vuestros deberes y con mis recomendaciones, y a ese desprendimiento generoso es debida, en gran parte, la ventajosa situación en que os halláis. Recibid los votos de mi satisfacción, y no os detengáis en hacer en adelante cualquier esfuerzo, con la seguridad y esperanza de que no está lejos el día en que os pueda anunciar con placer no ser ya necesarios más sacrificios.
¡Compatriotas!
En el brillante estado en que hoy aparece en el globo la República colombiana, no me es dado gloriarme de otra cosa que de haber procurado cumplir con las órdenes del Libertador, y de haberme proporcionado ocasiones frecuentes de recibir las más ardientes pruebas de vuestro patriotismo, de vuestro celo, obediencia y afecto. Vosotros os habéis ganado el derecho de pertenecer a la nación colombiana. Os anuncio que el sacrificio de mi vida nunca será tan grato como cuando lo demanden la libertad e independencia de los cundinamarqueses.” (López, 1988: 130-131).
22 de septiembre. Bogotá. Apenas unos días después de haberle escrito a Bolívar anunciando su desespero, Santander vuelve a escribir al Libertador sobre el tema, reiterando, una vez más, la difícil situación en la que se encuentra y lo complicado que resulta proveer todo el dinero que le solicitan.
“A principios de octubre mandaré a Cúcuta veinte o treinta mil pesos, y al Almirante y Montilla casi otro tanto. Esto ya es casi de los últimos esfuerzos que he hecho. Discúlpeme usted, pues si en estos seis meses últimos no me he vuelto loco, ya confío de no serlo jamás. Si usted supiera de cuántos arbitrios me he valido en estos días, se había de reír porque no he perdonado nada ni de lo más escondido. Todo legalmente y sin engañar a nadie, pero bien contra lo que esperaban los egoístas.
Todos los diputados del Congreso, que hasta ahora han sido nombrados, son empleados en el Departamento. O van, y esto queda manga por hombros, o no van y no hay Congreso, Gritará entonces la comisión permanente, se reunirá el que se llama Congreso de Colombia y harán primores. El caso está apurado y más apurado cuando no hay con qué mantener los diputados en Cúcuta. Yo también soy diputado elegido por los señores Casanareños, única parte en donde se han acordado de mí.” (Lecuna, 1942, tomo I: 119).
29 de septiembre. Puente de Chama, Venezuela. Bolívar alcanzó el puente de Chama, “…fuerte posición que el enemigo abandonó después de intentar en vano destruir el puente.” (O’Leary, 1952, tomo III: 319).
30 de septiembre. Puente de Chama, Venezuela. Bolívar cruza el río y emprende la persecución de los enemigos con dos batallones de infantería ligera. Los realistas abandonan Mérida. (O’Leary, 1952, tomo III: 319).
Bogotá. En una de las últimas cartas que escribe Santander a bolívar en el año de 1820, trata diversos temas concernientes a la república.
“¿Cómo haremos para saber en qué se gasta el dinero? Yo no veo en trece meses cuentas de nadie que pertenezca a ejército; aquí hay un Tribunal Mayor donde se debieran revisar y nada se le presenta; los pueblos dan y dan, y nunca les decimos en que se gasta. El malvado puede robar sin embozo, seguro de que nuestra Administración militar está muy descuidada. Dicen que sin estos enredos se ha hecho Patria y a fe que tienen razón. Sigamos, pues, lo mismo.
En los papeles de París de principios de Julio he visto cartas de Madrid asegurando, “que el Congreso, usted y las tropas ansiaban por reunirse a la monarquía constitucional de España”. Esto debe habernos causado bastante perjuicio. Por una fatalidad las mentiras de los godos nos perjudican y las verdades nuestras no nos favorecen.
Aquí he estado en chambranas. Desertores de Alcántara armados se habían convertido en salteadores alrededor de la ciudad; hombres de uno y otro pueblo (orejones) mal contentos estaban convidando a formar guerrillas y robar la Salina, a pretexto de que usted iba a Cartagena derrotado por Morillo; los tímidos anunciaban una conspiración en la capital. Yo tomé el partido de despreciarlo todo en público, pero secretamente tomé las medidas convenientes. Logré aprehender a los sediciosos, y a un español escondido en el monte desde Boyacá; cayeron los desertores después de un tiroteo en que me hirieron dos húsares y todo lo he descubierto quedando tranquilo por esta parte. El banquillo ha comenzado a ser visitado y lo ocuparán algunos…” (Lecuna, 1942, tomo I: 127).
Octubre de 1820
1 de octubre. Mérida, Venezuela. Entrada de Simón Bolívar a Mérida en compañía de su estado mayor. (O’Leary, 1952, tomo III: 319).
14 de octubre. Carache, Venezuela. El presidente de Colombia, Simón Bolívar, y el ministro interino de guerra, Antonio José de Sucre, emitieron un discurso sobre el ofrecimiento de paz que hicieron los jefes españoles:
“Dos provincias han entrado en el seno de la República. El ejército libertador ha marchado por entre las bendiciones de estos pueblos rendidos a la libertad. Caracas verá bien pronto un grande acto de justicia, volviendo nuestros enemigos a su patria, y la nuestra a sus hijos. La paz o la victoria nos dará el resto de Colombia.
Se nos ha ofrecido constitución y paz; hemos respondido paz e independencia; porque sólo la independencia puede asegurar la amistad de los españoles, la voluntad del pueblo y sus derechos sagrados. ¿Podríamos aceptar un código enemigo, prostituyéndole nuestras leyes patrias? ¿Podríamos quebrantar las leyes de la naturaleza, salvando el océano para unir dos continentes remotos? ¿Podríamos ligar nuestros intereses a los intereses de una nación que es nuestro suplicio? ¡No, colombianos!
Nadie tema al ejército libertador, que no viene a romper sino cadenas; que en sus banderas lleva los colores del iris, y que no desea empañar sus armas con la muerte.” (López, 1988: 132).
20 de octubre. Cuartel General de San Carlos, Venezuela. Morillo da respuesta a una carta de Bolívar. Le dice entre otras cuestiones, sus intenciones de reunirse personalmente con él para finiquitar la paz:
“Acabo de recibir de manos del Coronel Don Juan Tello, la carte de V. E. con fecha del 21 de septiembre último. Ella me anuncia que vais a encontraros hacia el fin de este mes en San Fernando de Apure para facilitar nuestras comunicaciones relativas al armisticio que le he propuesto a nombre del Gobierno Nacional para poner fin a los horrores de la guerra y cimentar la paz de este continente mediante el reconocimiento de la Ley Fundamental de la Monarquía Española. He confiado mis instrucciones al Brigadier Don Ramón Correa, jefe político superior de estas provincias, a Don Juan Rodríguez de Toro, Alcalde Constitucional de Caracas, Don Francisco González de Linares quienes se pondrán en camino hacia Calabozo y San Fernando, en donde deberéis encontraros entonces. Me resta tan solo desear que el éxito de su misión sea tan feliz como lo exige la salud de estas regiones para las cuales deseo vivamente la felicidad y la prosperidad.” (Morillo, 1985: 145).
26 de octubre. Trujillo, Venezuela. Bolívar propone a Morillo varias condiciones para pactar el armisticio:
“Daré a Ud. una idea cabal de las bases que propongo para el armisticio, con el objeto de que si son asequibles, mande V. E. sus diputados a tratarlo y concluirlo en mi Cuartel General.
1. Habrá un armisticio general por cuatro o seis meses en todos los Departamentos de Colombia.
2. este ejército ocupará las posiciones en que se encuentre el acto de la ratificación del tratado;
3. La División de la Costa tomará posesión de las ciudades de Santa Marta, Riohacha y Maracaibo, sobre las cuales está en marcha y probablemente debe rendirlas;
4. La División del Apure tendrá por línea divisoria todo el curso de la Portuguesa desde donde le entre el Río Biscocuy hasta el Apure cuyas aguas también la dividirá el territorio español, por consiguiente, toda la Provincia de Barinas y el territorio de Guanare, abandonados ya por los españoles, será ocupado por nuestras armas;
5. La División de Oriente conservará el territorio que ocupe el acto de la notificación del tratado;
6. La División de Cartagena conservará las posiciones que ocupe el acto de la notificación del tratado;
7. La División del Sur conservará el territorio que haya dejado a su espalda en su marcha a Quito y conservará las posiciones en que se encuentre el acto de la notificación.” (Morillo, 1985: 146).
28 de octubre. Venezuela. Bolívar escribe una carta a Morillo, en los siguientes términos:
“Aunque tuve el honor de ofrecer a V. E. ir a San Fernando a fines de este mes, no me fue posible, por haber enfermado el señor general Urdaneta, que debía mandar este ejército. Como no he recibido respuesta a mi comunicación de San Cristóbal, relativa al armisticio que se nos ha propuesto, sin duda por haber contado V. E. que mi marcha sería por Apure, me ha parecido conveniente dar ahora este paso, a fin de abreviar el término de esta negociación.” (O’Leary, 1952, tomo III: 321).
Santafé. Celebración del día de San Simón en honor al Libertador. José Manuel Groot cuenta brevemente cómo fue dicha fiesta:
“Llegado el 28 de octubre, día de San Simón, la ciudad de Bogotá no podía pasar el cumpleaños de su Libertador sin hacer la manifestación de su agradecimiento. El Ayuntamiento, varios cuerpos militares y algunos particulares, hicieron una lucida función exponiendo el retrato del Libertador con muchos adornos e iluminación de toda la ciudad por dos noches, sin que hubiera sido necesario prevenirlo por bando. El Vicepresidente dio baile en palacio.
La autoridad eclesiástica, siempre animada por el espíritu patriótico, dispuso una solemne misa de acción de gracias el día 28, por la salud del Libertador y prosperidad de las armas de la República…” (Groot, 1953, tomo IV: 162).
29 de octubre. Barquisimeto. Morillo responde a la epístola de Bolívar del pasado día 26 en los siguientes términos:
“Ninguna de las proposiciones que me hace hoy V. E. conviene a los intereses de la Nación Española y no me creo autorizado a admitirlos. Pero los comisionados que espero en mi Cuartel General y quienes se dirigirán inmediatamente al vuestro, discutirán todos los artículos en cuestión. Ellos abrirán la negociación en virtud de sus poderes y de las instrucciones que llevan con ellos. Y convendrán definitivamente las bases sobre cuáles se fundamentará el armisticio, la paz y la unión que desea tanto el Gobierno Constitucional de la Monarquía.” (Morillo, 1985: 147).
Noviembre de 1820
9 de noviembre. Angostura, Venezuela. El Congreso de Angostura ordena el traslado del gobierno de Colombia a la Villa del Rosario de Cúcuta. (Groot, 1953, tomo IV: 182).
10 de noviembre. Ciénaga, Provincia de Santa Marta. Ataque de las tropas republicanas al pueblo de Ciénaga. La victoria independentista definió el sometimiento de la provincia de Santa Marta. Groot destacó el papel de tres héroes de la patria -Carreño, Padilla y Brión- quienes dirigieron la batalla:
“Pero los realistas de Santa Marta y su Gobernador Porras confiaban mucho en el valor de los indos del pueblo de Ciénaga, el cual se había fortificado por todas partes con buena artillería. Los patriotas sabían bien todo esto, y Carreño decidió atacar las diez y nueve fortificaciones de la Ciénaga el día 10 de noviembre a las nueve de la mañana. La marina, al mando del Almirante Brión, las fuerzas sutiles mandadas por el Coronel Padilla y el ejército por el Coronel Carreño, debían obrar al mismo tiempo cada cual por el punto conveniente. La división de este último, antes de diez minutos, había tomado las baterías de Puebloviejo, dejando a su espalda los cañones que las defendían. Mas los indios, obstinados en la defensa, protegidos por ventajosas posiciones y orgullosos por sus antiguos triunfos, renovaron dentro de la población y sus cercanías un fuego bien nutrido y certero, que causó bastante daño, pero que en lugar de acobardar a los soldados republicanos los llenó de tal furor que, cargando de un modo el más audaz y ciego, no fue posible evitar la mortandad, principalmente la que hizo la caballería llanera, que cruzaba el pueblo en todas direcciones repartiendo la muerte entre aquellos valientes indios, que primero se dejaban matar que rendir las armas. “Aseguro a V. E. (decía el parte de Montilla) que he visto el campo, y está esterado de cadáveres”: cuatrocientos indios quedaron muertos.
Mientras tanto el Coronel Padilla, cuyo deber era tomar las baterías de La Barra y Puebloviejo, con las fuerzas sutiles y tropa de la división de Carreño, obró con tal actividad y denuedo que en muy pocos minutos tuvo en poder los buques de guerra del enemigo que coadyuvaban a la defensa de las fortificaciones, y marchando luego por tierra con la infantería y una parte de sus marineros, se reunió con las tropas que habían tomado posesión de la población de las sabanas. El Almirante Brión estaba con la escuadra al frente de Santa Marta esperando al Coronel Padilla, quien saliendo por La Barra fue a reunírsele.
Destruido el enemigo, ordenó el Coronel Carreño al Comandante Maza que con una columna siguiera persiguiendo los restos hasta apoderarse de las baterías; lo cual verificó este jefe, mientras el cuerpo del ejército, después de recogidos los despojos del campo, se puso en marcha siguiendo los movimientos de la columna de vanguardia.
A las doce de la noche se presentó el Coronel Narváez, a quien tenían prisionero los realistas, con dos miembros del Ayuntamiento de Santa Marta, pidiendo suspensión de armas. Carreño ordenó a Maza suspendiese sus movimientos. Mientras tanto el Gobernador de la ciudad se fugó, dejándola abandonada a la anarquía y abandonados al vencedor todos sus partidarios, lo cual verificó en una goleta que, visitada por la escuadra, burló su vigilancia entrándose en el puerto y logró escaparse sin ser vista.”(Groot, 1953, tomo IV: 168-170).
11 de noviembre. Santa Marta. El Almirante Brión ocupa la ciudad de Santa Marta. (Groot, 1953, tomo IV: 170).
15 de noviembre. Santa Marta. El coronel Mariano Montilla expidió una proclama a los samarios increpándoles su obstinación, indicándoles las ventajas de la república y pidiéndoles eligieran representantes para el congreso constituyente de Colombia. (Groot, 1953, tomo IV: 170-171).
25 y 26 de noviembre. Trujillo, Venezuela. Conclusión de los tratados de paz por los delegados republicanos Antonio José de Sucre, Pedro Briceño Méndez y José Gabriel Pérez con los realistas don Ramón Correa, don José Rodríguez Toro y don Francisco González de Linares. (Groot, 1953, tomo IV: 173).
Sobre la conclusión de los tratados, la versión de O’Leary es la que sigue:
“En el primero se ajustó un armisticio por el término de seis meses; cada uno de sus artículos favorecía a los colombianos. El segundo, que se tituló “Tratado para la regularización de la guerra”, hace tanto honor a los sentimientos humanitarios de Bolívar, que fue quien lo propuso y redactó, como a Morillo que lo aceptó y ratificó.” (O’Leary, 1952, tomo III: 329).
Sobre el tratado de paz escribe Restrepo:
“El armisticio y la regularización de la guerra eran ya un principio consolador que anunciaba llegaría no muy tarde aquella gloriosa época. El Coronel Justo Briceño, colombiano, y el capitán español don Manuel Landa fueron los escogidos para cumplir dichos tratados en las costas de Cundinamarca. Encontraron en Santa Marta al Coronel Montilla; firmose allí el convenio que demarcaba los límites respectivos. Algunos pueblos de la Provincia de Riohacha fueron fueron cedidos a los españoles, y éstos mandaron desarmar la fuerte guerrilla de seiscientos hombres que ocupaba a Ocaña y demás puntos del Cantón. Convínose también en que el Valle Dupar y otros pueblos quedaran neutrales.
Respecto de la Provincia de Cartagena hubo muy graves dificultades para arreglar el armisticio. Origináronse éstas del Jefe político y Militar Torres, que se negaba a devolver a Lorica y otros lugares de la costa de sotavento, que habían sido ocupados por el Capitán español don José Cándamo, después de haberse anunciado el armisticio, apoderándose también de cuatro bongos de guerra que se hallaban en Tolú. Acordose, al fin, que los pueblos de la disputa quedaran neutrales durante el armisticio, y en depósito los buques. También se estipulo que las fuerzas sutiles de los patriotas pudieran apostarse en el río Sinú. Hecho esto, se abrieron las comunicaciones amistosas y se canjearon los prisioneros.
La Provincia de Riohacha quedó toda entera bajo el dominio español, mas hallándose habitada en gran parte por hombres que deseaban la Independencia, varios pueblos no quisieron someterse a las autoridades puestas a nombre del Rey, especialmente Camarones; aquí se habían retirado y pensaban establecerse los habitantes de la capital, después que ésta fue quemada por los irlandeses. El jefe de Cartagena envió al oficial Herrera a fin de que tomara el mando, y no fue admitido. Bolívar no aprobó la cesión de aquellos pueblos, y menos el que se les obligara a someterse de nuevo al Gobierno español. Tampoco se les hizo la guerra, y durante armisticio aquellos habitantes gozaron de una especie de independencia.” (Restrepo, 1969, tomo IV: 208-209).
26 de noviembre. Santa Marta. Las corporaciones civiles y religiosas de la ciudad de Santa Marta reconocieron y juraron lealtad a Colombia. No obstante, muchos fieles vasallos de España de los pueblos de la provincia se alzaron en guerrillas, como Los Colorados en Ocaña, contra quienes se organizó una división al mando del coronel Manuel Manrique. (Groot, 1953, tomo IV: 171).
27 de Noviembre. Santana, Venezuela. Entrevista personal entre Bolívar y Morillo para ratificar la paz. (Groot, 1953, tomo IV: 173).
O’Leary, testigo de los acontecimientos, narró el encuentro como sigue:
“En la mañana del 27 de noviembre se presentó el general Morillo en el lugar señalado, con una escolta compuesta de un escuadrón de húsares y acompañado por cosa de cincuenta oficiales de rango, entre los cuales se hallaba el general La Torre. A poco rato llegué yo a anunciarle al general Morillo que el Libertador estaba en camino y no tardaría en llegar. El general me preguntó qué escolta traía el jefe de la república, contéstele que sólo venían en su séquito diez o doce oficiales y los comisionados realistas, y que no traía escolta. “Bien” dijo Morillo, “muy pequeña creía yo mi guardia para aventurarme hasta aquí; pero mi antiguo enemigo me ha vencido en generosidad; voy a dar orden a los húsares para que se retiren”. Así lo hizo inmediatamente. Preguntóme luego quiénes eran los oficiales españoles particularmente odiosos al presidente, y habiendo satisfecho yo la pregunta, observó que ninguno de ellos estaba presente.
Poco después se divisó la comitiva del Libertador, en la colina que domina el pueblo de Santa Ana. Morillo, La Torre y los principales oficiales se adelantaron a encontrarle. El general español iba de riguroso uniforme, llevando las órdenes militares y demás insignias recibidas del soberano por sus servicios. Al aproximarse las dos comitivas, quiso Morillo saber cuál era Bolívar. Al señalárselo exclamó: “¿Cómo, aquel hombre pequeño de levita azul, con gorra de campaña y montado en su mula?” No bien había acabado de hablar cuando el hombre pequeño estaba a su lado, y al reconocerse los dos generales, echaron ambos en el acto pie a tierra y se dieron un estrecho y cordial abrazo. Después de este saludo se dirigieron a la mejor casa del pueblo, donde el general Morillo había hecho preparar un sencillo banquete en honor de su ilustre huésped.
En el curso del día y durante la comida, se habló alegremente sobre los sucesos de la guerra. Sentimientos de noble generosidad fueron el tema de las conversaciones de aquel día que vino a ser tan memorable en los anales de Colombia. Los principales personajes dieron ejemplo de mutua tolerancia; Bolívar parecía perdonar la equivocada fidelidad que había privado a la patria de tantos de sus distinguidos hijos, y Morillo con igual tacto, respetó la política rigurosa adoptada por su rival para asegurar la independencia de Colombia. Cada cual admiró la constancia de su adversario en vencer los obstáculos que se le opusieron, pues parecía que los hombres y la naturaleza se hubiesen esforzado en contrariar sus designios. De ambos lados se concibieron esperanzas de que ningún incidente desgraciado les obligaría a renovar las hostilidades. Bolívar quiso que en caso de duda sobre algún punto del tratado, se sometiera y decidiera por un arbitramento de comisionados nombrados al efecto, y por su parte dijo que escogía desde luego al general Correa, español de nacimiento, hombre de honor y justiciero. El general Morillo propuso la erección de un monumento en el sitio en que había abrazado a su rival, para recordar a las generaciones futuras la sinceridad con que los beligerantes, representados por sus jefes respectivos, en el primer momento de calma, había relegado al olvido sus rencores personales y la nacional antipatía. Esta idea generosa fue acogida por Bolívar con placer, e inmediatamente pusieron manos a la obra los oficiales patriotas y realistas allí presentes, y uniendo sus esfuerzos arrastraron una gran piedra cuadrada hasta el sitio indicado, para que sirviera de base a la columna propuesta. Sobre esa piedra, los jefes que por tan largos años habían combatido como adversarios con tanta saña, renovaron sus ardientes votos de concordia y humanidad. La noche puso fin a los regocijos del día, pero no separó a los generales rivales. Bajo un mismo techo y en un mismo cuarto durmieron profundamente Bolívar y Morillo; desquitándose tal vez de las muchas noches de vela que mutuamente se habían dado.” (O’Leary, 1952, tomo III: 335-338).
28 de noviembre. Santa Ana, Venezuela. Bolívar y Morillo se despidieron en el mismo sitio donde se habían saludado por primera vez. (O’Leary, 1952, tomo III: 338).
Diciembre de 1820
2 de diciembre. Puerto Cabello, Venezuela. Proclama del general Pablo Morillo con la cual se despedía de sus hombres, dado que había sido relevado. Lo reemplazó el brigadier don Miguel de La Torre. Se embarcó para España en Puerto Cabello. (Groot, 1953, tomo IV: 177).
7 de diciembre. Barinas, Venezuela. Bolívar anunció a su ejército el tratado que había firmado con el general Morillo. (O’Leary, 1952, tomo III: 341).
Las palabras de Bolívar fueron:
“El primer paso se ha dado hacia la paz. Una tregua de seis meses, preludio de nuestro futuro reposo, se ha firmado entre los gobiernos de Colombia y de España. En ese tiempo se tratará de terminar para siempre los horrores de la guerra y de cicatrizar las heridas de Colombia. El gobierno español, ya libre y generoso, desea ser justo para con nosotros, sus generales han mostrado franca y lealmente su amor a la paz, a la libertad, y aun a Colombia. Yo he recibido en nombre de vosotros los testimonios más honrosos de la estimación que les merecéis.
¡Soldados!, la paz hermosea con sus primeros y espléndidos rayos el hemisferio de Colombia, y con la paz contad con todos los bienes de la libertad, de la gloria y de la independencia. Pero si nuestros enemigos por una ceguedad, que no es de temer ni aun remotamente, persistieren en ser injustos, ¿no sois vosotros los hijos de la victoria? (López, 1988: 133).
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