Mujeres en la Independencia
Las mujeres el 20 de julio
Ellas también tuvieron una activa participación
Pedro María Mejía Villa
Departamento de Comunicación y Publicaciones. Universidad Central, Bogotá.
Cuando se leen los relatos sobre los acontecimientos ocurridos aquel viernes 20 de julio de 1810 en la capital del Nuevo Reino de Granada, generalmente se recuerda como protagonistas a los varones.
Se dice que Antonio y Francisco Morales fueron a pedirle el florero a Llorente y prendieron la trifulca. Que José María Carbonell avivó los ánimos entre los santafereños; recorrió los barrios de la capital neogranadina en plan de convocatoria para que las gentes se sumaran al motín.
También se da cuenta del teatral y arriesgado acto de José Acevedo y Gómez, quien, cuando anochecía, les gritó a los concurrentes, en el cabildo abierto: “Si perdéis estos momentos de efervescencia y calor, si dejáis escapar esta ocasión única y feliz, antes de doce horas seréis tratados como insurgentes: ved (mientras señalaba la cárcel) los calabozos, los grillos y las cadenas que os esperan”.
También –refiere el historiador Pedro María Ibáñez– los estudiantes de San Bartolomé abandonaron las aulas para unirse al tumulto popular: “Uno de ellos, Francisco de Paula Santander, escribió luego: 'Presté el día 20 de julio y siguientes aquella cooperación que cabía en mi edad de diez y ocho años, y como estudiante'”.
Igualmente, casi todos libros de historia que hacen referencia a este acontecimiento patrio notifican sobre los 53 patriotas que firmaron el Acta de Independencia en la madrugada del 21 de julio.
¿Y las mujeres qué papel tuvieron en este magno acontecimiento?
Precisamente, el historiador citado hace esta relación: “Las señoras Eusebia Caicedo, Carmen Rodríguez, Josefa Lizarralde, Andrea Ricaurte, María Acuña, Joaquina Olaya, Melchora Nieto, Juana Robledo, Gabriela Barriga, Josefa Baraya, Petronila Lozano, Josefa Ballén y Petronila Nava fueron los capitanes de la insurrección mujeril”.
Y asegura que en las variadas escenas del 20 de julio, “que tuvieron por teatro las plazas y calles de la ciudad, matronas y señoritas, despreciando prerrogativas de vanidad social, fomentaron el alzamiento contra el gobierno español”.
De la misma manera, en un relato publicado en El Mosaico, el 16 de mayo de 1860, se publica lo siguiente: “El 20 de julio de 1810, dos voces de mujeres vitoreaban a la patria, en la plaza mayor de Bogotá, en altas horas de noche, cuando la fatiga había rendido ya a los hombres, que se habían alejado momentáneamente de aquel lugar glorioso. Una de esas dos mujeres es la que hemos llevado hoy al sepulcro: la otra era la madre de Rafael Eliseo Santander. El esposo de la primera las encontró exhalando así su impetuoso amor patrio”.
En definitiva, la participación de la mujer durante el grito de independencia no fue menor. Referencias históricas dan cuenta de que representantes de toda clase y condición, “viejas y jóvenes, amenazaban a los soldados aquel día”.
El testimonio de Ibáñez es evidente: “Las mujeres de la plebe, llamadas entre nosotros revendedoras, y en la Madre Patria, verduleras, fueron las que se manifestaron más encarnizamiento contra los nativos de España”. Y en otro aparte agrega: “Las monjas, en el tranquilo retiro de sus monasterios, dejaron las celdas, y agrupadas y temblorosas, oyendo el rugido de los tumultos populares, dirigían sus miradas húmedas hacia el altar; y todas, en sencillo pero imponente concierto, rogaban a la Divinidad por que sus padres y hermanos alcanzaran éxito feliz”.