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CONTEXTO HISTÓRICO
Especiales

Las Batallas Urbanas en Mompós durante La Independencia

“SER LIBRES O MORIR”

“Si a Caracas debo la vida a Mompox debo la gloria
de haber libertado a la ciudad de mi nacimiento,
colocando la bandera del gobierno de la Unión
en la cumbre del Avila, llena de
triunfos y de glorias.” (Bolívar, 1814)


José María Córdoba, comandante que recuperó Mompós para el bando republicano el 19 de junio de 1820.
Imagen tomada de: http://www.lablaa.org/blaavirtual/biografias/images/cordjose.jpg

El surgimiento comercial experimentado por Mompóx en el siglo XVIII, y su ascenso a provincia por cédula real, promovida por el rey Carlos III en 1774, le valieron pugnas con Cartagena por la primacía provincial. Cuando la villa se adhirió a la junta suprema de gobierno de Santafé, el 6 de agosto de 1810, no se independizó de España, sino de Cartagena. Esta decisión del cabildo momposino irritó a la junta suprema de Cartagena, que envió un contingente armado a someter y reducir dicha población. Es aquí donde iniciaron las guerras en Mompós durante el período que definió la independencia colombiana, en las cuales se enfrentaron patriotas momposinos con cartageneros, y luego con realistas.

En el mes de enero de 1811 las tropas de Cartagena comandadas por Antonio José de Ayos tomaron la villa, iniciando una severa represión, detención de varias personalidades y poniendo en fuga a don Vicente Celedonio Gutiérrez de Piñeres, prestigioso dirigente local y hermano de Germán y Gabriel, dirigentes políticos asentados en Cartagena. Los pormenores del asalto de los cartageneros son como se transcriben a continuación según el momposino Pedro Salzedo del Villar:

“Con tan pobres recursos hicieron frente los patriotas momposinos a la fuerte expedición de la Junta de Cartagena, que componían más de cuatrocientos veteranos del Fijo bien armados y equipados con numerosas flotillas y artillería de treinta cañones metálicos de diferentes calibres. La expedición salió de Cartagena el 6 de enero de 1811, el mismo día en que terminaba en aquella ciudad las solemnidades mandadas a celebrar, por el reconocimiento de las Cortes Generales y extraordinarias instaladas en la Isla de León; y venía a las órdenes del Comisionado Director Dr. D. Antonio José de Ayos vocal de aquella Suprema Junta. El punto de “La Quinta” sobre la orilla izquierda del río de la Magdalena en la misma banda en que está asentada la Villa, a poco más de dos millas al noroeste de ella, fué el escogido para hacer la resistencia, procurando evitar a la población los azares y los peligros del asalto. Allí fueron levantadas trincheras, abiertos fosos, que habían de servir para resguardo de aquellos valientes. Regíalos D. Pantaleón Ribón Comandante del Batallón de voluntarios Pardos, y vocal de la Junta; el Teniente Valets que lo era del de Voluntarios Blancos mandaba la improvisada batería: el Presidente de la Junta, Doctor D. Celedonio Piñeres se halló también presente a  aquella cita del patriotismo y el honor momposino…

Avistóse el enemigo al amanecer del día 21 de enero un grito de emoción y de aliento se levantó del campo de los nuestros, que señalaba a los contrarios la bandera roja de la Cruz Blanca, que ondulaba sobre las trincheras. Ayos requirió inmediatamente a nuestro Comandante para que los dejase subir al río, amenazándolo con que si no le contestaba dentro del premioso y exacto término de 15 minutos con una señal de paz, procedería a allanarse todos los obstáculos que encontrase, por medio de la fuerza. Que usara de ella, fue la categórica respuesta a tan osado mensaje, y al instante se rompieron los fuegos por ambas partes, eran las siete de la mañana y el combate duró hasta las 10 en que fueron rechazadas siete lanchas enemigas y dos champanes con algunos muertos y heridos. A la tarde, se repitió el fuego, colocados a una distancia que no podía alcanzar la impotente artillería de los patriotas. El día siguiente 22 hubo algunas escaramuzas, mientras los enemigos colocaban en tierra algunos cañones, para mejor dirigir sus tiros favorecidos detrás de los árboles y al amanecer el 23 empezó nuevamente el fuego sostenido sin interrupción hasta las once de la noche; con pérdida de tres hombres de las tropas de Cartagena y cuando no quedaba ya a los momposinos agotadas casi por completo sus municiones, sino un solo cañón muy pequeño que el otro también de hierro habíase inutilizado, rota su cureña, y los de guadua habían reventado a pocos tiros. Advirtiendo el Comandante del destacamento que trataban de cortarle la retirada, la efectuó, al favor de la oscuridad y en tanto órden que no se apercibieron de ella los contrarios. Vueltos a la población a pesar del entusiasmo del pueblo y de la tropa, que pedían con instancia resistir hasta la muerte, la Junta Patriótica, aunque poseída unanimamente de aquel patriótico ardor juzgó prudentemente en aquella conflictiva situación y acordó ceder en vista de la carencia de recursos para la defensa, y la superioridad de las fuerzas veteranas y los elementos de que disponía el enemigo queriendo además evitar a la población, mayores males que le trajera el asalto. La noche la evacuación de la plaza y la emigración general del pueblo quedando el lugar casi enteramente desierto al apuntal la melancólica luz del otro día.

Tan obstinada y bizarra fue aquella resistencia, que desde que hubo cesado el fuego;  pensando el enemigo que fuera una estratagema, y temiendo que los patriotas le vienen a la espalda, se retiró del campo replegándose al pueblo de San Zenón que está dos leguas abajo distante de aquí, y a la opuesta orilla del río. Ayos y sus tropas, a pesar de su fuerza, no se atrevieron a ocupar a Mompox sino el 25, después de ajustado el día anterior un convenio, que honra el nombre y el valor momposino, el cual se firmó en aquel sitio, y en el que tomó la voz por los patriotas ya dispersos y ausentes el respetable sacerdote Doctor D. Luis Serrano y Díaz, Cura interino de la Villa. “La ocupación de la Villa por los vencedores se verificó con bastante orden de la tropa”…

Posesionado Mompox “el célebre Ayos”, como lo tituló Nariño, aludiendo a su conducta en esta Villa, procedió a formar nuevo Cabildo… nombrando para sus miembros, individuos casi todos españoles… Levantó el Comisionado Director causa criminal contra los miembros del Cabildo del 6 de agosto y de la Junta Suprema Provincial como contra los demás patriotas que habían tomado alguna parte en aquellos memorables sucesos, confiscando sus bienes a favor de la Real Hacienda, y repartiendo otros a los del partido vencedor; y siguió contra los vencidos la más tenaz y desalmada persecución…

Durante aquel reinado de terror, tiñeron los patriotas momposinos que estar fugitivos u ocultos, el Doctor Piñeres dió al Socorro, Ribón y Valest llegaron hasta Santafé, Nájera, Guillín, Villa, León Vigil, Dr. Casimiro Martínez, D. Felipe Sánchez de Movellán Vocal de la Junta Patriótica y Procurador Síndico General que fue de la Villa en 1813… y tantos más que sería largísimo el citar y muchos de las familias de ellos, se mantuvieron en las provincias vecinas aguardando el suspirado día de la vindicación.” (Salzedo del Villar, 1987: 115-117).

Como Mompós quedó sumida a la autoridad de Cartagena, dispuso de su arsenal armado y sus tropas para apoyarla contra los realistas samarios. Así pues, en 1812 los momposinos incursionaron sobre terreno enemigo, haciendo estragos. Pero el contra-ataque de Santa Marta llegó hasta el recinto urbano de Mompós con más de 400 hombres dirigidos por el capitán Esteban Fernández de León. La villa no tenía sino 280 milicianos para su defensa y la flotilla compuesta de once buques armados, dado que muchas de sus fuerzas se encontraban acantonadas por fuera o en otras comisiones militares. El ataque se produjo desde el 16 de octubre de aquel año hasta el día 19, en el cual las tropas realistas desembarcaron e iniciaron las hostilidades en la batería Momoposina. Empero, no lograron someterla, en su lugar salió bien librada de la acción armada, lo que le valió el título de “ciudad valerosa”. La defensa de la villa fue bien promovida por los oficiales Pantaleón Germán de Ribón, Juan Bossa, Pedro Manuel Nájera, José de los Santos Cabarcas, Diego Salaices y Pedro Guillín. Los sucesos son descritos por Camilo Riaño con palabras del corregidor de Mompós Vicente Celedonio Gutiérrez de Piñeres:

“En los días 16, 18 y 19 del corriente, dice Vicente Celedonio Gutiérrez de Piñeres, corregidor de Mompós, a los diputados del congreso de Santafé, Mompós ha derrotado completamente al enemigo en otros tantos combates que ha sostenido contra ellos. En los dos primeros encaminándose a su propio territorio, de donde fueron desalojados, huyendo vergonzosamente, y quedando reducidos a ceniza, después de saqueados por nuestras tropas los sitios de Zenón, Pigilno, y posesión de Cabrera, sin que quedase siquiera una ranchería. Indignados por esto los enemigos apostados en Guamal, amanecieron el 19 atacando esta villa con una expedición compuesta de más de 400 hombres de infantería, siete buques de guerra, y cinco de transporte, soñando vengarse de los momposinos. El combate por agua, y por tierra, ha sido el más cruel y sangriento que hasta ahora se ha tenido en la guerra con Santa Marta. Duró desde las cinco de la mañana hasta las nueve del día, en que quedando estropeados considerablemente sus busques con los tiros de los nuestros, y habiendo tenido multitud de heridos y varios muertos, huyeron precipitadamente, y después de no haber tenido por nuestra parte la mayor desgracia, nos apoderamos de dos violentos, dos champanes que condujeron un considerable botín, con más de 50 prisioneros, y entre ellos dos comandantes principales de la expedición; de forma que la derrota ha sido completa y tan gloriosa la victoria de Mompós, que será tal vez la más distinguida y señalada en la historia de nuestros sucesos.” (Riaño, 1971: 194).

Del mismo modo, los sucesos militares del 19 de octubre son relatados por el historiador Salzedo del Villar como sigue:

“La aurora hizo lugar al sol ya no se levantaba reluciente sobre el horizonte. A las seis de la mañana de aquel día propició a la cabeza de los invasores los Tenientes Coroneles Fernández de León Jefe de operaciones y Capmany, desembarcaron en el Barranco Colorado, del lado de arriba de la población, eran trescientos sesenta de los veteranos de la “Albuela” y “Fieles al Rey Fernando VII”, y de Milicias todos bien armados y suficientemente municionados, y conducidos además por oficiales expertos y valientes… Mientras se verificaba el desembarco, su Flotilla, constante de 6 bongos de guerra y cuatro violentos, mandada por el Comandante Militar de El Banco, D. Agustín Capdevilla… descendía a tomar sitio enfrente, arriba del punto de San Judas Tadeo de Pertaca para encararse a la patriota que señoreaba el río.

Eran los defensores de la Villa en número de doscientos ochenta solamente, ya se ha dicho, regidos por en Jefe por el Teniente Coronel Ribón Comisionado Director de la guerra…

El ataque comenzó a las 7 de la mañana, hacia el lado arriba del Fuerte, sobre cuyo muro ondulaba la bandera tricolor del Estado, rompiéndose los fuegos con algunos de los Fusileros del Batallón Milicias Reguladas de Infantería de la Villa que habían sido colocados a trechos a la vera del camino, los cuales se batían en retirada hasta el foso, incorporándose al grueso con ardor de ambas partes. Entretanto las fuerzas sutiles de los patriotas contrarrestando a la vez que a la corriente a las del enemigo, impedían el paso a los buques que conducían alguna tropa destinada a desembarcar por abajo  y emprender el ataque de aquel lado frustrando de este modo el plan. “Al tronar de los cañones y los estampidos de la fusilería uníanse los gritos de guerra que animan el combate y voces de aliento resonaban de todas partes. Hubo un momento en que pareció decidirse la victoria por las armas realistas”. Pudieron algunos de la “albuela” cooperados eficazmente por otros de Milicias regidos por el Capitán D. Benito Domínguez, conocedores muchos de éstos de la localidad, cortar por espaldas del Fuerte y sorprender a los Granaderos de los nuestros, que con una parte de los Fusileros defendían por el frente la ribera; e introducido entre ellos el alarma y el desorden, juntamente que en los Dragones, lograr empujarlos bien que con mucha dificultad porque aquellos resistían obstinadamente hasta el malecón de San Anselmo y la Calle de San Miguel, como a mil metros de distante de la Batería, que casi desamparada, a los vivos ataques del enemigo redoblaba sus fueros con sostenido ardor. Parecía ya consumada la derrota más de pronto por un esforzado aliento de los momentos supremos , al ver que se les escapaba un triunfo que había de coronarlos de perpetua gloria, vuelven cara los nuestros, y no solo contienen sus perseguidores sino que arremetiéndoles los llevan arrollados hasta casi al pie del Fuerte; allí se traba una lucha tenaz, casi cuerpo a cuerpo que combatía el furor diabólico del que mira abandonarle la fortuna y el ánimo intrépido que fortalecen el anhelo y la esperanza, hecha de la cual quedaron vencedores los patriotas. Acometen éstos seguidamente de la otra parte donde los “Fieles al Rey” y el resto de los otros veteranos disputaban el éxito, más fueron también vencidos y puesto en derrota logrando en esta empresa hacer prisionero al caudillo español, este lance feliz completa la victoria. Cuando los nuestros eran acosados hasta el punto referido, el Teniente Coronel Valest maniobrando con su acertado aplomo, descendió con tres de sus buques hasta la cabeza de la Isla de Quimbay, hostilizando provechosamente a los que ya parecía se holgaban de la victoria; y cuando éstos cedían al empuje denonado de sus contrarios se abalanzaba con toda la flotilla sobre la de los enemigos a la que los cañones de la Batería habían hecho replegar sobre la ribera opuesta  dándole alcance, la dispersa y la rinde, cooperando así muy eficazmente a  aquel hermoso triunfo de las ilustres armas de la República.” (Salzedo del Villar, 1987: 129-130).  

A las 7 de la mañana del día siguiente, los combatientes momposinos dieron gracias a Dios por la victoria conseguida. Se cantó el Te-Deum en el templo mayor, por el padre Juan Fernández Sotomayor y Picón, asistiendo las autoridades civiles y militares, los principales vecinos, las tropas y el numeroso pueblo que colmó la plaza mayor de la villa. Ahora bien, como los samarios situados en El Guamal trataron de aproximarse una vez más a la “ciudad valerosa”, fortificándose en San Sebastián, los comandantes Ribón y Bossa atacaron con 150 hombres el 9 de noviembre. El éxito fue difícil dadas las continuas lluvias, la creciente del río Magdalena y el ataque confuso a las tropas de Guillín que causaron cuatro bajas y cinco heridos. No obstante, el enemigo se vio obligado a retirarse dejando entre sus hombres cuatro muertos, siete heridos y la pérdida de cinco fusiles.

Como el río había quedado desbloqueado, los momposinos se concentraron en facilitar la provisión de víveres por el río Cauca. En efecto, Ribón destinó dos pequeños destacamentos, uno al mando de Pedro Ramírez, y otro dirigido por los tenientes Guillín y Cavarcas, para desalojar las lanchas enemigas apostadas en las bocas de El Guamal y Loba. El 19 de noviembre las fuerzas de Ramírez ocuparon Magangué. Más de un mes después, Bolívar inició una fugaz reconquista de las poblaciones ribereñas, empezando por la ocupación de Tenerife entre el 23 y 24 de diciembre de 1812, lo cual despejó la zona para los intereses de Mompós. Recibió el apoyo político y armado de la ciudad ribereña en pertrechos, elementos de guerra y tropas, desde donde comenzó operaciones sobre El Guamal el 29 de diciembre, para continuar sobre Ocaña y Cúcuta.

Durante 1813 y 1814 la villa de Mompós no presentó cruce de disparos en sus contornos y calles. Sólo hasta abril de 1815, reanimadas las fuerzas realistas con la llegada de la expedición del pacificador Pablo Morillo a tierras americanas, Mompós sintió el rigor de la guerra. Por orden del general Montalvo, el capitán La Rus atacó el Peñón el 3 de abril. Luego se dirigió contra Mompós, apoderándose de la plaza el 29 del mismo mes. La división realista la componía unos 600 hombres de diferentes compañías urbanas de Chiriguaná y Riohacha que desembarcaron en el punto La Ceiba. Como la ciudad se hallaba desguarnecida, La Rus no halló resistencia. Así pues, los realistas cortaron la comunicación y comercio de víveres y municiones entre Cartagena y el interior de las Provincias Unidas, e incorporaron la villa a la provincia de Santa Marta para facilitar su administración. La infortunada derrota de los momposinos es relatada como sigue:

“Al quebrar los albores del sábado 29 de abril, que iba a ser día de grandes desventuras de la Ciudad Valerosa, de duelo para la patria, la expedición realista descubrió en la boca de Guanaca, una legua arriba de la Ciudad dos bongos de guerra de nuestra flotilla, avanzados allí, los cuales rompieron inmediatamente los fueros de sus dos piezas que montaban cada uno, más embestiados con arrojo por los buques contrarios, éstos lograron abordarlos y hacerlos presa, ya casi bajo los cañones de la Batería Momposina, constante de seis piezas, dos de a 24. A las 5 de la mañana, el enemigo había desembarcado 200 hombres por el Barranco Colorado, bajo la dirección del Jefe de las operaciones el Coronel La Ruz, y enseguida lo fue el resto de la infantería. El subteniente D. Antonio Fortich estaba encargado del mando de sus fuerzas sutiles. El Teniente D. José Urrea, del Regimiento Fijo con 20 Cazadores, y el Subteniente D. Antonio Farelo, con número igual de Granaderos, se adelantaron hacia la Batería, y rotos los fuegos por ésta, en firme decisión, el mismo La Ruz, animado de entusiasta fervor a la cabeza de aquellos y de algunos Dragones, se arrojó sobre ella con notable denuedo, logrando vencer la heroica resistencia de sus pocos defensores, y posesionarse del Fuerte, siendo de los primeros que entraron con él, por encima de los marrones, los soldados granaderos José Jesús Hoyos y Pedro Rodríguez, cuyo valor los hace dignos de mención. Seguidamente fueron los patriotas perseguidos hasta el Cuartel de Artillería que defendían apenas dos piezas ligeras, que fueron tomadas a la bayoneta, y la plaza Santa Bárbara, donde estaba levantada otra Batería, solo ya defendida por un cañón pequeño y destacado. Desalojados de allí, mas no abandonados del valor y la esperanza, se replegaron a la plaza principal de la Concepción, y de aquí, al edificio del Colegio de San Pedro Apóstol, en cuya esquina sur en la carrera de Atrás hicieron la última desesperada resistencia. Allí hubo de admirar un hermoso rasgo de patriótico entusiasmo y sereno valor; cuando ya sobre los patriotas los enemigos que acometían impetuosos desmontado el pequeño cañón que tenían en aquel punto, pues la cureña había sido hecha pedazos por los tiros contrarios, el Sargento Lucas Pérez sosteniéndolo en sus brazos hizo que así se disparase contra el enemigo y fue ese último tiro de los defensores de la ciudad aquella jornada por demás infeliz. A pesar del esfuerzo de éstos que defendieron palmo a palmo la tierra patria, los agobió el mayor número de sus enemigos y los recursos bélicos con que contaban…” (Salzedo del Villar, 1987: 156-157).

Los habitantes de Mompós vieron en los dos días siguientes de la ocupación realista, como eran víctimas de saqueos, asesinatos a sangre fría, barbarie, incendios y acciones criminales contra sus bienes y personas. Algunas honradas familias patriotas comenzaron a abandonar la villa, mientras los que quedaron fueron obligados a alojar, mantener y asistir a los oficiales y sus hombres, privándoles de la tranquilidad y reposo. Finalmente, los patriotas que lograron sobrevivir salieron a la orilla derecha del Cauca y organizaron una pequeña fuerza a órdenes del coronel Ribón. Con el fin de batirlos y terminar de asegurar la zona.  El 6 de mayo, La Ruz se dirigió contra Magangué para evitar ser atacado sorpresivamente. La acción fue favorable al bando realista, pero el comandante español fue herido en una pierna por una bala de metralla, lo que lo obligó a regresar a Mompós, no sin antes dejar hombres en distintos puntos estratégicos.

Como el coronel La Ruz quedó incapacitado del mando, Montalvo dispuso que el teniente coronel Onofre Gutiérrez de Rosas, tomase la autoridad de la villa. El nuevo jefe llegó a Mompós a finales de mayo, trayendo municiones y elementos de guerra. Luego, en septiembre de 1815 llegó el brigadier don Pedro Ruíz de Porras comandante de la División Volante del Magdalena, encargado de las operaciones de Mompós y de su gobierno, hasta que lo reemplazó el coronel Warleta.

Con el arribo del pacificador Pablo Morillo a las costas caribeñas de la Nueva Granada y la realización del sitio de Cartagena, el 5 de septiembre de 1815 Pedro Ruiz de Porras se dirigió hacia Mompós con el fin de gobernar el Alto Magdalena. Según José Manuel Restrepo:

“Al mismo tiempo que el general Morillo se hizo a la vela de Santa Marta, salió el brigadier don Pedro Ruiz de Porras, con una división de mil hombres, a situarse en Mompóx para obrar con el alto Magdalena, y sobre las sabanas del Corozal.  Debía ponerse en comunicación con la quinta división expedicionaria, que según las órdenes de Morillo había de ocupar los valles de Cúcuta y la ciudad de Ocaña. Avanzando desde Barinas en donde la organizaba el coronel don Sebastián de la Calzada, en número de dos mil hombres.  Inmediatamente que Porras llegó a su destino marchó el capitán de Húsares de Fernando VII, don Vicente Sánchez Lima, con dirección a las sabanas, llevando ciento cincuenta húsares.”  (Restrepo, 1827, tomo VI: 118-119).

El 28 de diciembre tomó la jefatura civil y militar el coronel Francisco Warleta, quien inauguró el régimen del terror en “la ciudad valerosa”. Dos meses después, el 28 de febrero de 1816, llegaría Morillo en su paso hacia Santafé en un ambiente casi desolado, pues la mayoría de la población adepta a la causa patriota había preferido abandonar sus hogares. El general en jefe de los ejércitos de la Reconquista partió el 18 de marzo. Durante la permanencia del pacificador, la represión y escarmientos llegaron a tal punto que los momposinos que aún permanecían en la villa, presenciaron la inhumana ejecución del coronel venezolano Fernando Carabaño. Su triste final llegó el 11 de marzo, cuando su cadáver fue amarrado a la cola de un caballo para ser arrastrado por las calles, decapitado, su cabeza puesta en una jaula y desmembrado, ante la vista de su hermano Miguel, quien tendría un final similar en la ciudad de Ocaña el 9 de abril del mismo año.

Con el triunfo de los patriotas el 7 de agosto de 1819 en el campo de Boyacá, las autoridades españolas de Mompós solicitaron al gobernador de Cartagena un numeroso tren de artillería, pertrechos y otros elementos de guerra, con el fin de fortificar la plaza ante la inminente amenaza de los tenientes republicanos. Por otro lado, los patriotas momposinos se reunían clandestinamente con el objetivo de llevar a cabo una conspiración, que no tuvo lugar. Llegado junio de 1820, la recuperación de Mompós le correspondió a José María Córdoba el día 19, quien luego de tomar la provincia de Antioquia y las Sabanas de Corozal, emprendió hacia Mompós una división de 300 hombres. Las autoridades realistas y los españoles de vieja data, salieron despavoridos rumbo a Cartagena y Tenerife, no sin antes saquear las arcas de la Real Hacienda y Aduana, la Iglesia y a los propios habitantes de la villa. Al día siguiente el coronel Córdoba nombró autoridades, para a continuación, emprender su camino a despojar a Tenerife, Santa Marta y Cartagena del dominio de los realistas. En un informe escrito el 20 de julio al ministro de guerra (coronel Pedro Briceño Méndez), Córdoba sintetizó la campaña del Bajo Magdalena y Mompós:

“El 10 de mayo me pusé en marcha con 300 hombres; el 29 ocupé el punto interesante de Henchí que esta sostenido por 100 hombres; el 27 ocupé a Majagual, habiendo la descubierta de 40 granaderos, batido un cuerpo de 120 hombres que con 3 buques de guerra la atacó a mi llegada; 4 oficiales, 55 soldados españoles los hice pasar por las armas con algunos soldados europeos; el resto de prisioneros americanos fue agregado a la División.

El 3 de junio ocupé a Magangué; el enemigo, forzado por mis movimientos, concentró sus fuerzas del Magdalena y del Cauca en esta villa; el 19 se retiró a Tenerife y el 20 entré yo a esta villa de Mompox; (ya de Magangué había mandado 25 Dragones y 50 infantes a ocupar las sabanas); el 22 se me reunió el Teniente Maza con la escuadrilla y cien fusileros; el 25 ataqué a Tenerife, destruí completamente al enemigo y por esta entera victoria 200 hombres que salieron de la plaza de Cartagena a batir al Sr. Coronel Mariano Montilla en Sabanalarga con 70 que de Santa Marta venían a reunísele a los 200, se retiraron precipitadamente a la plaza, de modo que los ríos Cauca y Magdalena y la mayor parte de la provincia quedaron libres…”  (Tisnés, 1976: 388-389).

De esta manera terminó la autoridad realista y los enfrentamientos bélicos por la libertad e independencia en la villa de Mompós. Muchos de sus habitantes que habían huido durante el dominio de los hombres del Rey pudieron regresar con un alto costo económico y en vidas, siendo la orfandad, la viudez y la pobreza el común denominador. Evidentemente, la independencia le costó a varias de las familias beneméritas de la Nueva Granada su desestructuración. En Mompós, patriotas como Pantaleón Germán Ribón y los hermanos Germán y Gabriel Gutiérrez de Piñeres, invirtieron sus vidas en la conquista de la autonomía política del dominio español.

 

BIBLIOGRAFÍA

RESTREPO, José Manuel.  Historia de la revolución de la república de Colombia.  Tomo III.  Paris.  Librería Americana, Imprenta de David.  1827.

RIAÑO, Camilo. Historia extensa de Colombia. Volumen XVIII. Historia militar. Tomo I. La Independencia (1810-1815). Bogotá. Ediciones Lerner. 1971.

SALZEDO DEL VILLAR, Pedro. Apuntaciones historiales de Mompox. Edición conmemorativa de los 450 años de Mompox. Cartagena. Gobernación del Departamento de Bolívar. 1987.

TISNÉS J., Roberto M. La Independencia en la Costa Atlántica. Bogotá. Editorial Nelly, 1976.

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