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Contexto
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CONTEXTO HISTÓRICO
Personaje del mes

ANTONIO NARIÑO ÁLVAREZ

(Santa Fe, 1765 - Villa de Leyva, 1823)

Antonio Amador Josef Nariño y Álvarez, nació en Santafé el 9 de abril de 1765, hijo de los españoles Vicente Nariño y Vásquez y Catalina Álvarez del Casal. Fue el tercer de siete hermanos: José, Juan Nepomuceno, Joaquín, los mellizos Manuel y María Dolores, Cayetano y Benita. A la edad de 20 años se casó con Magdalena Ortega y Mesa, dos años mayor que él y con quien tuvo 6 hijos: Gregorio, Francisco, Antonio, Vicente, Dolores e Isabel.

No asistió al colegio como sus hermanos, al parecer por motivos de salud, estudiaba en su casa, lo que no le impidió ser intelectualmente adelantado para su edad y para su época. Desde muy temprana edad fue reconocido entre los hombres de letras por poseer una gran colección de libros que hacía traer, algunas veces, de manera clandestina, desde Europa, además, la importación de libros era una de las ramas del comercio a las que estaba dedicado desde 1782, lo que le valió la relación con importantes abogados y sacerdotes y en general con los letrados de la provincia. Sumado a esto, su residencia fue lugar de reunión para la realización de tertulias conocidas bajo el nombre de Círculo literario a la que asistían los simpatizantes de la independencia. Fue fundador de una sociedad de ideas llamada El arcano sublime de la filantropía, espacio destinado para la discusión de ideas desde 1789 hasta 1794.

En 1788, a la edad de 23 años, ocupó su primer cargo público, fue nombrado alcalde de segundo voto en Santafé, posteriormente fue nombrado tesorero de diezmos. Paralelo a esto continuaba con sus negocios, actividad que había debido asumir a la muerte de su padre en 1778.

En 1792 fundó la que hasta 1794 se llamaría Imprenta Patriótica, que era manejada por Diego Espinosa de los Monteros, en ella, en 1793 realiza la impresión de la traducción del francés al español que había realizado de la Declaración Universal de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, lo que le merece una condena de 10 años de presidio, que debía cumplir en África, la condena además ordenaba la confiscación de todos sus bienes y el destierro a perpetuidad. Con Nariño fueron sentenciados también José Antonio Ricaurte quien se había encargado de firmar la defensa como abogado, “…porque seis abogados nombrados por Nariño y uno por la Audiencia se habían excusado, le tocó la peor parte; le confiscaron sus bienes y una noche en que salía del Coliseo (2 de Agosto de 1795) le apresaron y enviaron á las bóvedas de Cartagena. Allí murió en la mayor pobreza y abandono lejos de su familia y de sus amigos.”1. También se ordenó la prisión de Diego Espinosa de los Monteros, el impresor, sentenciado a 3 años de prisión en Cartagena, destierro por siempre de Santafé y la imposibilidad de volver a ejercer su oficio, él también murió en la cárcel.

En noviembre de 1795, después de 15 meses de prisión en Santafé, parte para España donde debía ponerse a órdenes del rey para el cumplimiento de su sentencia, sin embargo, en 1796, se fugó de sus custodios al llegar a Cádiz. De allí partió a Madrid, donde logró entrevistarse con Godoy, luego, en junio de 1796, partió a Francia, disfrazado de comerciante español y bajo el nombre de Francisco Simón Álvarez de Ortú. En Francia buscó ayuda con influyentes personajes, exponiendo la necesidad de liberar a la Nueva Granada del imperio español.

Después de Francia, en agosto de 1796, Nariño viajó a Inglaterra, continuaba buscando ayuda en Europa para lograr la independencia de la Nueva Granada. En Francia, logró entablar comunicación con el Ministro de Estado, de quien no obtuvo alentadoras respuestas. Sintiendo que en vez de apoyo obtendría un cambio de colonia, y enterado que en Madrid aún no se resolvía su causa, Nariño decidió regresar a América y se embarcó en diciembre de 1796.

El 5 de abril de 1797 llegó de manera oculta a Santafé. En el mismo mes, decidió viajar al norte del país donde pretendía reunir a todos los habitantes que apoyaran la causa de la independencia, sin embargo, sus intenciones se vieron frustradas cuando en julio de 1797 el oidor de Santafé Juan Manuel Hernández de Alba recibió una carta en la que aseguraban haber encontrado a Nariño, éste a su vez comisionó a Andrés Barros y Francisco Carrasco para verificar la veracidad de los datos que le entregaban en el dicho documento.

De nuevo perseguido, y preocupado por la seguridad de su familia, especialmente de sus hermanos y hermanas que le sirvieron de escondite mientras eran vigilados por las autoridades, decidió presentarse ante el virrey Mendinueta para pedirle un indulto el 19 de julio de 1797. Su presentación fue mediada por un comunicado escrito por su amigo, el arzobispo Baltasar Jaime Compañón al mismo Mendinueta, donde le aconsejaba lo indultara. El virrey aceptó la solicitud y prometió respetar la vida de Nariño mientras llegaba la resolución de la Corte ordenando su absolución, mientras tanto lo dejó preso en el cuartel de caballería hasta 1803.

“Nariño permaneció preso en su patria hasta 1803, cuando logró salir debido a su precario estado de salud, bajo fianza dada por Juan de Vergara y por el doctor Andrés Otero. Se estableció en “Montes”, finca de propiedad del doctor Otero. En 1804 Nariño y su esposa recibieron un regalo fabuloso. El padre Francisco Mesa, tío de doña Magdalena, compró por $11.000 una finca, curiosamente denominada “La Milagrosa”, también en el valle de Fucha, y s las cedió con un arreglo que ante todo perseguía garantizarle tranquilidad a su sobrina y a los hijos de ella y Nariño. En esos años cuidando los huertos, recolectando quina y levantando ganado, Nariño se recuperó físicamente. Envió a sus dos hijos mayores a La Habana, teniendo bajo la mira algunos negocios de comercio, y pensando en que sus hijos fueran estableciendo bases para su porvenir.”2

De nuevo vuelve a prisión el 23 de noviembre de 1809, cuando el virrey Amar y Borbón decide recluirlos a él y a oidor de Quito Baltasar Miñano. Sin darles notificación alguna de la causa de su encierro, son trasladados inmediatamente a Cartagena, “…sin permitirle cambiar de vestido, á pie y sin recursos pecuniarios ningunos. Felizmente se apiadó de él el Alferez que mandaba la escolta, llamado Angel González, y no tuvo inconveniente en que uno de sus hijos le llevara un caballo, algún dinero que le envió su mujer y además que le acompañara en su viaje en vía para la costa. En Honda supo que la Virreina le aborrecía tanto que había dado orden de que le metieran en un calabozo de Bocachica, privado de comunicación con el mundo exterior y también de alimentos hasta que muriese de hambre. Aquella noticia le hizo hacer todo esfuerzo para fugarse en la navegación del Magdalena, como lo hizo efectivamente.”3

Su escape fue infructuoso pues el 20 de diciembre fue apresado de nuevo, junto con su hijo Antonio, mientras se encontraban en Santa Marta. De allí fueron llevados a Cartagena, su hijo fue puesto en libertad y Nariño conducido al castillo de San José de Bocachica. El hijo en libertad buscó ayuda en Enrique Somogar, quien sin conocer a Nariño se encargó de llevarle la alimentación y sustento que le era negada por los guardias cumpliendo órdenes de la virreina.

Cuando Antonio Villavicencio llegó a Cartagena en 1810 se encargó de ver por la causa de Nariño, logró que fuera trasladado a un calabozo en el tribunal de la inquisición y evitó que el preso fuera remitido a Puerto Rico como lo había dispuesto el gobernador de la provincia de Cartagena, Antonio de Montes. El 27 de mayo de ese año, Nariño envía un memorial a la Junta provincial de Gobierno, exponiendo sus sufrimientos y el desconocimiento de la causa de su prisión, debido a este, se le concede la libertad pero se le indica que no puede salir de la ciudad de Cartagena. Después de los acontecimientos del 20 de julio de 1810, Nariño intenta regresar a Santafé pero la pobreza en que se encuentra se lo impide, comienza entonces una reclamación al gobierno por los bienes que le fueron confiscados por orden del virrey Amar y Borbón, pleito que se sancionó a favor de Nariño cuando él ya era presidente de Cundinamarca en 1811.

Recolectando dinero entre familiares y amigos, Antonio Nariño logra viajar de Cartagena a Santafé en diciembre de 1810. En el mismo mes fue nombrado, junto con Crisanto Valenzuela, secretario del Congreso neogranadino que se instaló en Santafé el 22 de diciembre de 1810.

En julio de 1811 Nariño funda el periódico La Bagatela, en el que expresa su inconformidad con la forma de gobierno de Santafé y argumenta su posición en pro de obtener la libertad total de España. Dicho periódico circularía todos los domingos desde el 16 de julio de 1811 hasta el 12 de abril de 1812. Un mes antes de salir a la luz el primer número de La Bagatela, el 16 de junio de 1811 muere Magdalena Ortega y Mesa, esposa de Antonio Nariño.

El mismo año, aparece como presidente de la provincia de Cundinamarca, cargo que ocupa por elección de la población de Santafé, después de la renuncia de Jorge Tadeo Lozano ocurrida el 19 de septiembre, instigada por una edición extraordinaria de La Bagatela, que fue titulada Noticias muy gordas. Desde la presidencia defendió de manera acérrima las ideas centralistas para el establecimiento del gobierno en la nueva república, razón por la que se vinculó activamente en una guerra civil con las provincias del reino que optaban por la causa federal que era liderada por Camilo Torres.

El 19 de julio de 1813, logra del Colegio Electoral de Cundinamarca la declaración de independencia del Estado de Cundinamarca del cual aún era presidente, y el 21 de septiembre del mismo año parte como comandante del ejército de Cundinamarca que participaría en la Campaña del Sur contra los españoles. Estando allí, libró las batallas del Alto Palacé (diciembre de 1813) y Calibió (enero de 1814) de las que salió victorioso, sin embargo, en mayo de 1814, después de haber logrado cruzar el río Juanambú en medio de una batalla, y mientras se dirigía hacia Pasto, fue derrotado en los ejidos de Pasto y abandonado por sus tropas, razón por la que decidió entregarse a Aymerich. Aymerich incapaz de matarlo a pesar de lo que pedía la población de Pasto, donde estuvo preso por trece meses, envió a Nariño hasta Quito, luego a Lima y finalmente a España donde, al llegar a Cádiz, el 6 de marzo de 1816, fue recluido en prisión durante 4 años.

Al salir de prisión, el 23 de marzo de 1820, y estando aún en Europa, donde se ocupaba de recopilar libros, máquinas y conocimientos que pudieran ser útiles en Colombia, se enteró del triunfo de Bolívar sobre los españoles y del logro de la total independencia de la Nueva Granada.

A su llegada a Colombia se encontró con Bolívar en Achaguas (31 de marzo de 1821) quien lo nombró vicepresidente de la república, cargo en el que debía abrir e instalar el primer Congreso que se celebraría en Cúcuta. Estuvo en su cargo de presidente interino hasta el 5 de julio, cuando debido a las fuertes oposiciones que encontró en el Congreso y a su débil estado de salud decidió renunciar para regresar a Bogotá. A pesar de su renuncia fue nombrado senador miembro del Congreso.

De nuevo en Bogotá y a pesar de la orden de quietud indicada por el médico, Nariño regreso a la vida pública a través de la prensa, a través del periódico Los toros de Fucha, criticaba el gobierno del entonces vicepresidente Francisco de Paula Santander, quien para responder a Nariño fundó el periódico El Patriota. Para ese entonces, Nariño era criticado por apoyar una constitución federal, cuando diez años atrás, e incluso con las armas, defendía una posición centralista.

Actuando como senador en el Congreso de Cúcuta, en los primeros meses de 1823, fue acusado por Diego Fernando Gómez y Vicente Azuero, de ser indigno miembro del cuerpo legislativo, se le acusaba por estar fuera de la república durante 6 años, por su voluntad y sin permiso del gobierno, además se alegaba que no se había realizado un consejo de guerra después de su entrega en Pasto en 1813. La defensa que presentó ante el Senado le valió la absolución total de los cargos.

Después de ser absuelto se retiró a Villa de Leyva donde esperaba reponerse del más estado de salud que aún conservaba por los sufrimientos en prisión, estando en aquella ciudad murió el 13 de diciembre de 1823. Cuentan que Nariño supo que la hora de su muerte había llegado, siendo así que en la mañana del 12 se despidió de sus amigos de la Villa y en la tarde mientras se encontraba en compañía de su médico, “sacó su reloj de bolsillo y vió que eran las cinco de la tarde y dijo: Ya es tiempo; hizo la señal de la cruz y espiró.”4

Resumiendo el carácter de Nariño se lee en el Papel Periódico Ilustrado: “Puede considerarse á Nariño bajo muy diversas faces. Gobernante, enseñó prácticamente cómo se rige un país conciliando el órden y la libertad; con su inmortal campaña de Pasto se creó altísimo renombre militar; como orador, nos dejó su defensa ya citada; de su habilidad como escritor, nos dan testimonio las páginas de la Bagatela. Conocia, ademas de la literatura latina, que por entónces era felizmente la base de los estudios, la francesa y la castellana, y hablaba varios idiomas vivos. Era versado en filosofía y habia estudiado jurisprudencia, aunque nunca ejerció la profesion de abogado. Conocia la agricultura y sabia no poco de medicina.”


1. “La defensa de don Antonio Nariño”, en: ACOSTA DE SAMPER, Soledad. Biografía del general Antonio Nariño. Pasto. Imprenta departamental. 1910.

2. GARRIDO, Margarita. Antonio Nariño. Cuadernillos de historia. Bogotá. Editorial Panamericana. 1999. Página 50.

3. “Tercera y cuarta prisión de Nariño 1809”, en: ACOSTA DE SAMPER, Soledad. Biografía del general Antonio Nariño. Pasto. Imprenta departamental. 1910.

4. CARRASQUILLA, Rafael. “Nariño”. En: URDANETA, Alberto. Papel periódico ilustrado. No.2, año I, 1 de octubre de 1881. Cali. Carvajal & Cía. 1976. Página 25.

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