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Mayo 2010

“Canto a Bucaramanga” con motivo del Bicentenario de la Independencia

Considerado por los críticos como uno de los compositores colombianos más importantes del siglo XX, el maestro Jesús Pinzón Urrea vino al mundo en Bucaramanga, el 10 de agosto de 1928, en el seno de la familia que formó el músico José María (Chepe) Pinzón con la señora Rebeca Urrea. El padre componía para las iglesias salves, trisagios y villancicos. Muy pronto sus hermanos (Gabriel, Carmen, Alfredo, Ernesto y Cecilia) descubrieron en él su talento musical: a los cinco años tocaba el piano que el padre había traído a casa, sin que nadie le hubiera enseñado. Así que fue enviado a la Academia Departamental de Música con los maestros Luis María Carvajal y Martín Alberto Rueda, quienes ante la presencia de un niño prodigio aconsejaron su envío al Conservatorio de Música que por entonces funcionaba en la capital del país. Como la familia no tenía recursos, este proyecto se pospuso hasta 1948, precisamente el año en que fue destruido por los vándalos el Conservatorio que funcionaba en San Victorino.

Mientras esperaba la reapertura, se dedicó a ganarse la vida como pianista de música de moda en cuanto salón nocturno lo contratase, como el Salón Monteblanco. En 1954 integró el Trío de Jazz y al año siguiente contrajo matrimonio con Lilian Antonieta Gruter. Al comenzar la década de 1960 fue abierto el Conservatorio en el seno de la Universidad Nacional y así pudo iniciar sus estudios de composición musical y dirección de orquesta. Vino el magisterio de los maestros Olav Roots, Fabio González Zuleta, Andrés Pardo Tovar, Roberto Pineda Duque, Jesús Bermúdez Silva, José Rozo Contreras y de la pianista rusa Tatiana Gontscharova. De allí emergió en 1967 con el título de maestro en composición y dirección de orquesta.

En una reunión de sus maestros hizo gala de su extraordinario talento para la composición: durante una hora improvisó pasillos en el piano, acontecimiento excepcional en la historia musical colombiana que recientemente repitió en el auditorio León de Greiff de la Universidad Nacional. Un inventario reciente de su producción musical arroja el siguiente resultado: 7 composiciones para orquesta, 8 para orquesta, coros y solistas; 6 para instrumentos solistas y orquesta, 4 obras para piano, 3 para orquesta de cuerdas, una para orquesta de cuerdas con solista, 22 obras para diversos conjuntos de cámara, 3 para conjunto de percusión, 6 obras corales a capella y 2 para coro e instrumentos. Además ha escrito 5 monografías de tema etnomusical colombiano.

Fue el director fundador de la Orquesta Filarmónica de Bogotá y director invitado de la Orquesta Sinfónica de Colombia, así como director de la Banda Sinfónica de la Policía Nacional. A propósito, el himno de la Policía Nacional fue compuesto por su maestro de infancia en Bucaramanga, Luis María Carvajal. Ejerció la actividad docente en los departamentos de Música de las Universidades Nacional, Pedagógica y de América. Su actividad como instrumentalista de otros compositores se extiende a 14 himnos de instituciones, 12 obras colombianas, 17 obras orquestales, 4 versiones de música popular para percusión y de 9 obras de José A. Morales para voces infantiles y orquesta sinfónica.

Preocupado por los sistemas de grafía musical y por la aproximación de los legos a la música, diseñó  dos novedosas propuestas musicales: la primera, nominada “Música para ver y oír” o Sonóptica, reemplazó la grafía tradicional sobre pentagramas por ideogramas agrupados en conjuntos pictóricos, a partir de los cuales el instrumentista debía improvisar el sentimiento que la visión del cuadro le despertaba. La segunda, llamada “Música endógena”, intentaba lograr que jóvenes sin ningún conocimiento de la grafía musical pudieran contribuir con un instrumento a aportar su música interior a un concierto que organizó en el Teatro Colón. Es que la experimentación musical siempre fue una de las obsesiones del maestro Pinzón, el tratamiento moderno de las tradiciones musicales colombianas, tal como siempre lo demostró al piano improvisando pasillos de gala (Lilian Antonieta, Bucaramanga, Bogotá, Antioquia, Humorada, Recóndito y Santa María) o músicas “del nuevo milenio” bajo la formas de una suite (Tocata americana) o de la extroversión de los sentimientos, como en los dos preludios meditativos llamados Reflexión y Búsqueda.

Otros ejemplos de esa experimentación musical permanente son “La muerte de Cristo”, una obra para orquesta escrita solamente con el sonido de la nota La; la “Creación vallenata”, también para orquesta y basada en la estilización del aire popular de la región de Valledupar; y el “Concierto para cinco timbales y orquesta” que en 1984 le encargó la Orquesta Filarmónica de Bogotá. También hay que mencionar las “Exploraciones para clarinete y cinco quintetos de arcos”, un encargo del clarinetista Roberto Mantilla que fue cumplido en 1971. Durante el año 1972 fue invitado por el Instituto Italo-Latinoamericano a representar en Roma su “Test sicológico musical para tres intérpretes”, en el marco de una exposición de partituras, un ejemplo de su propuesta sonóptica.

La crítica musical siempre fue generosa con el maestro Pinzón. El comentarista del Conservatorio de Música de Baltimore escribió en 1991 que “Jesús Pinzón Urrea es sin duda uno de los mejores compositores latinoamericanos, comparable con Villa-Lobos del Brasil y Ginastera de Argentina”. El clavicembalista Rafael Puyana escribió en El Tiempo sobre la asombrosa seguridad en sí misma de su ejecución musical, de tal suerte que “a través de su paleta se refleja el carácter del siglo en que vive, apareciendo el poeta, el músico de verdad”. Alberto E. Montenegro escribió en la Carta Universitaria de la Universidad Nacional que el maestro Pinzón representa para la música colombiana “lo que Gabriel García Márquez representa para nuestra literatura”.

Los premios a sus obras tampoco le han faltado. En sucesivos concursos nacionales de música convocados por COLCULTURA obtuvo los premios con sus obras para orquesta tituladas “Estructuras” (1971), “Bico Anamo” (1976) y “Cantata por la paz” (1981). En 1982 su obra para coro mixto y orquesta titulada “Goé Payary” fue premiada en el Caracas por el Concurso Internacional Bicentenario del Libertador. Su obra para quinteto de cámara titulada “Ensemble I” fue premiada durante el año 1976 en el Instituto Goethe de Munich. La Fundación Arte de la Música premió en 1978 y 1979 dos de sus obras: una para conjunto de cámara, titulada “Exposición”, y otra para orquesta de cuerdas llamada “Tripartita”.

Buena parte de las grabaciones de su obra han sido editadas y financiadas por él mismo. A sus 81 años y en compañía de su segunda esposa, Linda Lucía Muñoz, el maestro Pinzón aún cree que puede seguir experimentando la composición del pasillo colombiano, un género muy caro a sus afectos. Talento natural felizmente cultivado, seguridad en sí mismo, sentido musical crítico, anhelo de experimentación y generosidad: estas cualidades pueden definir con algo de aproximación al maestro Pinzón. Su excepcional memoria para los sonidos provocó la admiración del párroco que escuchó a su infantil monaguillo recitando los diálogos en latín de la misa anterior al Concilio Vaticano II, y su prodigio musical hizo que toda su familia de músicos lo empujara al Conservatorio bogotano.

Su espíritu crítico lo hace cuestionar las burocracias del sector cultural que derrochan dineros en proyectos muy costosos y de escaso impacto social, y su afán de experimentación con la música aún no se ha apagado. Su generosidad, demostrada en el proyecto de fabricación de una nueva iglesia y 20 casas para familias pobres en el municipio de Albán, así como con sus partituras y su tiempo dedicado a la formación de niños y jóvenes, ha sido bien reconocido por la sociedad musical bogotana que lo sigue allí donde ejecuta el piano o dirige una orquesta, pese a algunos sinsabores que la ingratitud humana pueda haberle causado en contadas ocasiones. Católico devoto, ha ordenado su vida conforme a la ética que le corresponde y se ha esforzado por amar a sus prójimos. “La muerte de Cristo”, una obra para orquesta con el único sonido de la nota La, es un buen ejemplo de la fusión de sus dos facetas existenciales: la ética del cristianismo y la experimentación musical. En síntesis, el maestro Pinzón aprovechó, con laboriosidad y disciplina personal, el tiempo de su vida.

Por encargo del director de la Revista de Santander, el maestro entregó durante el mes de mayo de 2010 la partitura de su “Canto a Bucaramanga”, una obra para orquesta, coro y declamador escrita para cuatro movimientos titulados Loor a los grandes, El eco de los campeones, Solos de tambores y declamador, y Archivados están rencores y venganzas. El texto de la letra de esta obra es el siguiente: “Loor a los grandes gestores que con sangre y valentía, con el fervor de aquellos días, nos legaron Patria y Libertad. Ciertas historias fenecen, otras, muchas otras, se olvidan; mas en nosotros no muere el eco de los Campeones. Hoy archivados están rencores y venganzas, sólo queda el recuerdo y el deseo de vivir, de vivir y compartir, para un buen morir”.

Escrita con ocasión del Bicentenario de la Independencia Nacional, se espera su estreno el próximo 20 de julio de 2010 en la Plaza Cívica Luis Carlos Galán de Bucaramanga, la tierra nativa del compositor, con una gran orquesta que reunirá los mejores músicos de las dos escuelas universitarias de la ciudad, bajo la batuta del maestro Sergio Acevedo Gómez.

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