La anécdota, en palabras de Manuel Serrano Blanco ayuda a conocer los “pequeños detalles que forman la persona, que la definen y que nos la presentan, unas veces engrandecida como un dios y otras veces amenguada como un lacayo. La anécdota es el espejo del alma, es la visión de la inteligencia, es el reflejo del espíritu, que no siempre queda impreso en las obras trascendentales de la existencia, sino en el fuego vivaz y pasajero, que cae sobre los circundantes con una ligereza y fugacidad de relámpago”. La anécdota es entonces, como bien la definió Pedro Alejandro Gómez Naranjo, “La Sal de la Historia”.

 

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